¿Desde cuándo tenía memoria? No lo recordaba, pues nunca se había planteado la pregunta. Toda su vida se había reducido a hacer su monótona rutina de salpicar y mirar al cielo mientras esperaba a que algo cambiara. ¿Por qué ahora se lo planteaba?

Se acercó a la superficie y contempló las albas nubes pasear por toda la cúpula celestial. Tenían suerte, ellos eran libres y podían ver el mundo; él estaba condenado a permanecer en el mismo lago. Si por lo menos pudiera cambiar su aburrido destino...

Empezó a propulsarse por encima del agua; era la única manera de contemplar durante unos pocos segundos la naturaleza que existía sobre el medio acuático. Mientras volaba se sentía feliz momentáneamente, pero, por su desgracia, no llegó a caer jamás a su lugar de origen.

Abrió los ojos y vio que volaba. Se extrañó, pero el graznido del Pidgeotto le devolvió a la realidad. Estaba cumpliendo su sueño de libertad antes de dar su último coletazo en el nido repleto de Pidgeys.

Cerró los ojos. A partir de ese momento el Magikarp comenzó a sumergirse en un nuevo mundo de oscuridad perpetua.