Tengo que hacer una puntualización que debí hacer en su momento, cuando publiqué el primer capítulo: este fanfic se escribió antes de emitirse Broken. Comencé a escribirlo días después del final de la 5ª temporada y lo terminé justo al comienzo de la 6ª, así que si mi historia no concuerda con lo que hemos visto en la serie, es únicamente por ese motivo, porque lo escribí cuando todo lo que podría ocurrir en la 6ª temporada no eran más que meras especulaciones.

Sin más, os dejo leer.

Ah! Gracias por los reviews, son siempre bien recibidas.

DREAMER VII

"Te amo y nunca podré dejar de amarte; te amo sin saber cómo ni por qué. Te amo así porque no conozco otra manera. Si tú no existes, yo tampoco puedo existir."

Marc Levy –La próxima Vez

Mientras caminaba por el largo pasillo del centro y observaba los colores del atardecer, que se colaban por la ventana, pensó que hacía una buena tarde-noche para ver el cuadro que pintaba el sol al esconderse.

De nuevo era domingo, día de visitas en Mayfield y aunque ya la tarde estaba llegando a su fin, todavía permitían pasar a familiares y amigos.

Y nuevamente, después de varias semanas solo, Gregory House había recibido una visita y aunque se dijera a si mismo que no quería ver a nadie, lo cierto era que sentía deseos de charlar con alguien que no fuera un enfermo o algún médico del centro.

Llevaba ya varias sesiones de terapia conjunta con el doctor Nolan y la doctora Gable, que se las habían arreglado para que la junta del hospital aprobase su proyecto de terapia a dos bandas y lo cierto era que estaba progresando mucho, tanto que por primera vez en mucho tiempo, se sentía orgulloso de sí mismo.

Amber seguía junto a él, pero ya no se dejaba ver tan a menudo y su presencia, lejos de intranquilizarle, comenzaba a resultarle divertida e incluso grata; los malos recuerdos ya no le impedían coger el sueño; participaba en algún deporte de equipo, aunque aun se le resistían las terapias de grupo; y estaba avanzando tanto, que como premio había recibido un nuevo bastón, aparte de las felicitaciones de sus médicos, por supuesto.

Así que podría decirse que todo marchaba relativamente bien… o casi.

Llegó hasta la entrada del centro y el ajetreo de familiares y pacientes, empezó a agobiarle. Odiaba esas reuniones a gran escala, porque se sentía como un presidiario, ya que debía recibir sus visitas en una sala común, con el resto de enfermos y familiares y sólo le faltaba el cristal blindado y el teléfono para poder comunicarse.

Entró en la sala de reuniones, dándose ánimo para aguantar un rato de grititos de mamás que veían a sus creciditos niños después de meses de reclusión y entonces le divisó en el centro de la habitación, sentado alrededor de una pequeña mesa que compartía con una señora mayor bastante arreglada y que parecía darle una aburrida conversación.

-Hey… -Le saludó su mejor amigo, levantando la mano para indicarle que se acercara.

-¡¿Dónde has estado las últimas semanas, putero adúltero?! –Gritó, atrayendo hacia ambos las miradas de la concurrencia. -¿Con quién me has engañado esta vez? Era más guapo y más alto que yo, ¿verdad? Y seguro que te gustaba más su culito que el mío…

-¡House! –Un abochornado Wilson le lanzó una mirada asesina, rezando todo lo que sabía, para que la tierra se abriera y le tragara.

-Ya ve, señora –Dijo House, emitiendo un quejido lastimero, mientras se sentaba junto a la anciana, que le miraba escandalizada. -Me encierra aquí y a la primera de cambio ya me engaña con el primer culito que se le cruza por delante y luego dice que estoy loco… ¡Claro que estoy loco! ¡Loco de amor y celos!

-Jejeje discúlpele –El pobre Wilson, con el color subido hasta las orejas, se levantó de la silla que ocupaba y tiró de su brazo para obligarle a ponerse en pie. -Aun no se ha tomado la medicación. –Le arrastró hasta la mesa más apartada de la sala, que daba a un gran ventanal por el cual podía ver la entrada al centro psiquiátrico y House, se sentó, esperando que le cayera el sermón -Qué, ¿te has cansado ya de montar el numerito?

-¿Y tú de follarte a la enfermerita de turno?

-Si sigues hablando con ese tonito, las decenas de pares de ojos que aun nos miran tendrán más motivos para pensar que estás celoso.

-Pues claro que lo estoy, me abandonas por el primer par de piernas que ves, eres un puto traidor. –Su amigo sonrió, alegrándose de que House siguiera siendo el mismo.
La última vez que le visitó le había encontrado algo decaído y más amargado que de costumbre, pero ahora parecía que tras su ironía y mal humor, se escondía algo muy parecido a la tranquilidad.

-Hace una semana que se me acabó el porno y el tabaco, así que o me das la mercancía y te largas o me cuentas por qué me has tenido abandonado tanto tiempo.

-Estuve… ocupado… -Repuso, misterioso, ganándose una mueca de desesperación del nefrólogo. No entendía esa manía de Wilson de no hablarle de sus ligues, cuando él sabía de sobra que a su mejor amigo le bastaba que una mujer le sonriera más de cinco segundos seguidos, para perderse entre sus piernas. Cuando estaba casado, podía entender que callara, pero ahora que estaba solo, seguía siendo el mismo reservado de siempre al que tenía que sacarle la información con cucharita.

-¿Cómo es?

-¿Quién?

-Oh venga ya, Wilson, cómo es tu nueva adquisición, descríbemela y ponme los dientes largos, que llevo meses a palo seco.

-Es Molly, una vieja amiga de Cuddy, vino de visita hace unas semanas y como ella no podía acompañarla en su estancia, me pidió que le hiciera el favor de mostrarle la ciudad… y eso hice.

-La ciudad, ¿eh? Yo diría que más bien le mostraste tu cama. –Compartieron la sonrisa cómplice de dos camaradas que recuerdan viejas batallas, hasta que el rostro de House cambió, adoptado una expresión de miedo. -¿Y… Cuddy?

-Bien, como siempre. –Contestó, pensando muy bien cada palabra que iba a pronunciar. Sabía lo duro que estaba siendo todo el proceso de rehabilitación mental para House y temía que cualquier palabra mal medida le hiciera volver a caer en su miseria personal y en aquellos momentos, Cuddy resultaba un arma de doble filo. Hablarle de ella podía aumentar sus ganas de recuperación o todo lo contrario. -Está bastante liada en el hospital, la junta hizo un recorte presupuestario y ha estado varias semanas intentando que cuadraran las cuentas, además los familiares de un paciente golpearon a un médico de Urgencias y ya sabes, denuncia, juicio…. Y bueno, luego está la niña que también le da bastante quehacer…

-Wilson… -Suspiró con un ápice de derrota en su voz. -No hace falta que me pongas excusas baratas, no viene porque no quiere.

-House… las cosas no son así…

-¡Wilson! –Elevó la voz sin querer, atrayendo de nuevo hacia ellos, curiosas miradas ajenas. -No hay excusa posible. Mírate, tú has estado ocupado tirándote a su amiguita y también tienes trabajo que hacer y un hermano más loco que yo y en cambio aquí has estado todo este tiempo… pero de ella no he recibido ni una visita, ni una llamada… absolutamente nada en cuatro meses. -Se masajeó la pierna, que rápidamente había comenzado a dolerle más de la cuenta. –No le importo una mierda…

-House… estás siendo injusto con Cuddy… no tienes ni idea…

-Déjalo, si no quiere saber de mí, yo tampoco quiero saber de ella. –Replicó el ahora paciente, cruzándose de brazos, como un niño enrabietado por no tener su juguete favorito.

-Te estás comportando como un crío, ¿sabes?

-Psss. –El nefrólogo perdió su mirada a través del cristal de la ventana, viendo como ya se iban algunos familiares, que a veces se llevaban con ellos a algún paciente, aparentemente recuperado.
Wilson le observaba en silencio. Verle así, con los brazos cruzados, el ceño fruncido y la mirada perdida en algún lugar indeterminado del paisaje, le hacía demasiada gracia, porque parecía un niño malcriado.

-He empezado la terapia. –Dijo su amigo, de repente, despertándole del sueño despierto en el que se había sumido.

-Lo sé, tu nuevo médico me lo contó. Dice que en las últimas semanas has hecho grandes progresos

-Qué majo, pero ¿a que no te contó que le pillé montándoselo con "la piernas", eh?

-¡¿Qué?!

-Ya ves. Menudo cabrón con suerte, para una tía buena que hay en el hospital va y se la tira él. En fin, supongo que al menos alguien en este antro, disfruta.

-Y a ti también te llegará el turno, cuando salgas. Te acompañaré al Stars, me han dicho que han traído dos rubias impresionantes, 90-60-90… aunque si ahora te van las morenas…

-Wilson… -Le reprendió, indicándole que no quería seguir por ese camino. Hablar de Cuddy no era una buena idea, no sólo porque le resultara demasiado doloroso el hecho de que no se hubiese puesto en contacto con él en todos esos meses, es que ya ni siquiera se dignaba a visitarle en sus viajes mentales e incluso comenzaba a escabullirse de sus sueños. No tenía a la Cuddy real y había perdido también a la imaginaria.

-Vale, vale. Pero quiero recordarte que ahora estás aquí escondido, pero algún día saldrás y el reencuentro será inevitable… no podrás seguir huyendo, ni de ella ni de ti mismo. –Sabía que su amigo tenía razón. Tarde o temprano se verían las caras y el solo hecho de imaginar como sería aquel primer encuentro le hacía estremecerse.
Tenía demasiado miedo y no sólo de que le hubiera olvidado, también de que sus expectativas acerca de una posible relación con ella, se transformaran en posos de decepción cuando saliera del psiquiátrico y comprobase que la vida afuera seguía siendo demasiado hostil para él.

Se repitió que no quería seguir pensando en ella, porque su no relación con Lisa Cuddy le hacía sentirse vulnerable y no pretendía que su mejor amigo y mucho menos el resto de la sala, le viesen derrumbarse. Para eso ya estaban sus noches de soledad.
Además, Wilson había ido hasta allí sólo para verle y eso le hizo recordar que tenía que emplear con él una de las tareas que implicaba el tratamiento: la sinceridad.

-Tengo que confesarte algo.

-Sé qué me quieres, no hace falta que te declares en público.

-Nos hemos vuelto graciosillos, ¿no?

-Alguien debía tomarte el relevo mientras estés aquí.

-Sabía que me echabas de menos. –Sonrió, para instantes después volver a adoptar una expresión dura. -Quería confesarte que… lo siento.

-¿El qué? –Insistió Wilson, sin saber muy bien a qué se refería.

-Lo de Amber. –Mientras pronunciaba su nombre, paseó la mirada por la sala, esperando encontrarla, pero la difunta debía andar demasiado ocupada perdida en los recovecos de su mente, que no se dignaba a aparecer en aquel momento de confesión, ni siquiera para burlarse. -Siento lo del accidente y siento que la perdieras.

-House, ¿a qué viene esto ahora? –Preguntó, extrañado de que sacara a colación aquel triste suceso que tanto dolor le producía.

-A que lo siento y lo digo en serio. Siento que perdieras a Amber… sé que la querías. Wilson miró a su amigo y no pudo evitar sentir una punzada de dolor en el órgano vital que llaman corazón.
Sí, la había querido y aun la quería. Tantísimo que perderla había sido el peor momento de su vida y con su muerte había tenido que empezar la dura tarea de aprender a vivir sin ella, sin sus planes de futuro, sin su sonrisa estridente, sin sus besos nocturnos y su mal humor mañanero.
Amber había sido todo para él y el dolor por perderla le había cegado tanto que incluso estuvo a punto de tirar por la borda años de insana amistad con Gregory House.

-No te culpo, House. –Tomó aire, conteniendo sus tremendas ganas de llorar, mientras sentía que aquella charla que debieron tener tiempo atrás, también era un bálsamo para sus heridas. -Sé que lo piensas. Sé que crees que te responsabilizo por ello, pero en realidad no es así. En su momento estaba demasiado cegado y enfadado con el mundo por su muerte y lo único que quería era estar solo y alejado de todos, especialmente de ti porque tu forma de ser me recordaba bastante a Amber. Por eso intenté culparte, para alejarte y tratar de llevar mi dolor en soledad, pero siempre tuve claro que no fue responsabilidad tuya. –House no pudo evitar respirar con alivio, sintiendo que se estaba desprendiendo de un enorme peso que cargaba sobre sus espaldas desde hacía más de un año. –Creo que en el fondo te caía bien, te divertía haber encontrado a alguien como tú.

-¿Puedo confesarte también que quise tirármela?

-¿Puedo confesarte yo que quise tirarme a Cuddy?

-Cabrón. –Masculló Greg, con falso enfado, para adoptar en seguida, una actitud de pasotismo que en realidad no sentía. –Bah me da igual, tíratela si quieres, Cuddy no me interesa.

-¿Seguro?

-¿Por qué habría de interesarme? Ya tiene arrugas y canas, aunque intente disimularlas tiñéndose el pelo cada poco y se le está poniendo un culo…

-¡Genial! Le diré a Bill que tiene el camino libre.

-¿Quién es Bill? –Gritó, dando un pequeño saltito en su asiento. Sólo le había bastado oír un nombre masculino relacionado con Lisa Cuddy, para que el pulso se le acelerara y sintiera deseos de echar la puerta del psiquiátrico abajo, robar alguno de los coches del aparcamiento y conducir hasta llegar al Princeton y partirle la cara a su posible sustituto en el corazón de su jefa.
¿Sería posible que ella hubiese encontrado a otro? ¿Qué ya hubiera dejado de quererle?

-Oh no es nadie importante… Sólo es el abogado que ha estado llevando el tema de la denuncia. Él y Cuddy han pasado mucho tiempo juntos preparando lo del juicio, pero no tienes de qué preocuparte, no es nada del otro mundo, ya sabes, treinta y pocos, alto, rubio, ojos azules, cuerpo atlético… bah no te llega ni a la suela de los zapatos… -El bueno de James vio la expresión sombría que se adueñaba del rostro de su amigo y a duras penas intentó contener la risa. Si tuviera una cámara a mano, le tomaría una foto, para mostrarle al mundo la evidencia de la existencia del pánico en estado puro, que no era ni más ni menos que lo que reflejaba la cara de House en ese momento.

-Jajajajajaja –Wilson no pudo aguantar más y estalló en una sonora carcajada, provocando de nuevo, que las miradas de los visitantes se dirigieran hacia ellos.
Estaba claro que se habían convertido en la atracción del día.

-¡Gilipollas! –Gritó el nefrólogo, haciendo un intento de arrojarle el bastón, cuando al fin comprendió que todo se trataba de una broma. –¡No tiene ni puta gracia!

-Jajajaja deberías haber visto tu cara –Repuso James, intentando controlar el ataque de risa que le había causado le reacción de su amigo. -Jajajaja sí, sí, me ha quedado bien clarito que Cuddy no te interesa.

-Me largo. –House se levantó, indignado y tomó su nuevo bastón, dispuesto a marcharse para recluirse en su habitación, donde no tuviera que aguantar las burlas de nadie. -No tengo tiempo para escuchar tus idioteces.

-Ohh vamos, House, no te lo tomes así…

-Imbécil… -Susurró, mientras salía de la sala, dejando atrás a su mejor amigo, que aun intentaba controlar sus carcajadas. Sin duda alguna, lo primero que haría cuando House volviese al hospital, sería encerrar a sus dos mejores amigos en los baños del parking, que casi no usaba nadie y luego escondería la llave, para no dejarles salir hasta que se confesasen lo que sentían.

Mientras tanto, Gregory House avanzaba con paso decidido, sin detenerse, hasta llegar a su habitación, donde se encerró, dando un fuerte portazo que hizo temblar la madera.
Arrojó el bastón al suelo y se tumbó sobre la cama, sintiéndose molesto, aliviado, contento y triste al mismo tiempo... y al final no pudo menos que reírse de sí mismo y de su patetismo.
Después de todo, las visitas de Wilson siempre eran de agradecer, porque lo pasaba bien en aquellos pequeños momentos de fraternidad.

-¿Qué tal la visita de Wilson? –Elevó la mirada hacia el escritorio, donde su alter ego se había sentado, volviendo a desesperarle por aparecer sin avisar.

-Genial –Ironizó. –Está más capullo que de costumbre. Y más putero. Tendremos que atarle en corto cuando salga.

-Tendrás. –Puntualizó Amber, haciendo que el doctor se incorporara, mirándola con extrañeza.

-¿Te vas?

-Sí, creo que va siendo hora de ir hacia la luz… -Susurró, bajándose del escritorio y alisándose la falda.

-Ahora que empiezas a resultarme menos molesta… -El doctor se levantó y se acercó cojeando hasta quedar frente a ella, no sabiendo muy bien si debía confesarle que la echaría de menos.

-Cumplí mi misión aquí, querido. Ahora que has empezado a entender que tú no tuviste nada que ver con mi muerte, te toca a ti seguir avanzando en el camino hacia tu recuperación… sólo tienes que tener presente que todo fue una putada del destino.

-No creo en el destino.

-Pues deberías, porque a veces, no es tan negro como el mío. Hay ocasiones en las que el destino está lleno de momentos bellos…

-Esas cursiladas sólo ocurren en los culebrones y yo aquí ni sé como va Hospital General, así que…

-Querido, Greg. –Repuso, con una sonrisa enigmática. -Aun tienes mucho que aprender de ti mismo, pero yo ya he cumplido con mi misión y no tengo intención de volver a salvarte el culo. Así que intenta no meterte en líos y no me fastidies más, que estaba muy feliz perdida en el mundo de los muertos, sin nubes, sin dioses y sin angelitos risueños. Así que sé un buen chico… y disfruta de la vida, que es corta. -Le dio un leve apretón en el brazo, que él percibió como un simple roce y como si de un rayo al caer se tratase, desapareció ante sus ojos, sin darle tiempo a susurrar un adiós que murió antes de ser pronunciado.

Notó sus ojos humedecerse y nuevamente se maldijo por su sensiblería… se estaba volviendo un blandengue…
Volvió a tumbarse en la cama, con los brazos bajo la cabeza, mientras en la oscuridad de su habitación, intentaba dibujar marionetas en la pared con los juegos de luces y sombras. Era ya de noche y no le apetecía bajar a cenar, así que perdería el tiempo durmiendo.

Cerró los ojos, mientras rememoraba cada momento del día vivido, concentrándose en cada buen recuerdo, hasta que notó un ligero peso a su lado, en la cama y un dulce aliento que le hacía cosquillas en el rostro.

-¿No te habías ido? Ayssss si es que en el fondo me quieres…

-Me alegra que lo tengas tan claro. –Abrió los ojos de golpe, sintiendo como su corazón comenzaba galopar al ritmo de un jinete en plena competición y se encontró de frente con su maravillosa sonrisa, que le desarmó.
Estaba tan guapa que pensó que debía estar penado como delito pasearse por el mundo portando tal belleza, despertando celos y pasiones.
Llevaba el cabello más rizado que la última vez que la vio y al estar inclinada sobre él, sus rizos caían divertidos sobre su frente. Y sus ojos… ¡Dios! Podría morir perdido en esos ojos, que ahora se encontraban tan cerca él que casi podía ver su imagen reflejada en ellos.

-¿Qué haces aquí? –Tartamudeó, nervioso por tenerla tan cerca de él que podría besarla con un mínimo movimiento.

-Te echaba de menos.

-Bonita forma de demostrarlo. –Dijo, intentando parecer enfadado, pero le resultaba tremendamente difícil, porque estaba preciosa, porque la había echado terriblemente de menos y sobre todo, porque la quería.

-House… -Susurró, acariciándole el pelo. –No discutamos, ¿vale?

-Llevas meses sin dar señales de vida, incluso has estado totalmente ausente de mi loca imaginación, ¿y ahora quieres que actúe como si nada hubiese ocurrido? ¿Pretendes acaso que me tire a tu cuello y te bese como si nunca me hubieses dejado?

-No estaría mal. –Sonrió la decana, acercándose aun más a él, tanto que a sus labios sólo les separaban unos milímetros de distancia.

-No voy a besarte, estoy enfadado… -Fingió, haciéndose el duro, pese a que no había nada en el mundo que le apeteciese más que unir su boca a la de ella.

-Vale, eres libre de no besarme… pero no podrás impedir que lo haga yo. –Cuddy acortó la distancia que les separaba y le besó.
Acarició sus labios con ternura, depositando pequeños besos, hasta que instantes desués, notó como su mejor médico la tomaba de la cintura, estrechándola contra él y obligándola a abrir su boca, para dejarle paso a su lengua y profundizar el beso.

Se acercó más su cuerpo, si acaso eso era posible, acariciando su mejilla rasposa y alargando el beso más de lo permitido.

Estuvieron así instantes que a ellos se le antojaron demasiado breves, hasta que percibieron que comenzaba a faltarles el aire y sus labios se fueron separando, pero no así sus cuerpos, que permanecían abrazados… ella sobre él, en una posición que para cualquier ojo observador hubiera resultado un tanto incómoda, pero para ellos era perfecta.

Cuddy hundió la cabeza en el cuello de su empleado, repartiendo pequeños besos y susurrándole palabras que House no alcanzaba a comprender.

-Sigo enfadado… -Susurró él en su oído, mientras acariciaba su sedoso cabello y la recostaba sobre su pecho.

-¿Te quedarás mucho tiempo? –Preguntó, temeroso de conocer la respuesta.

-Sólo hasta que te duermas… pero volveré. –El doctor suspiró con tristeza, mientras rezaba para que sus ojos no se cerrasen, pese a que por culpa de la medicación, se encontraba bastante cansado.
No quería dormir, no quería despertar y encontrarse la cama vacía. Quería que quedarse así para siempre, con su cuerpo junto al suyo, notando sus dedos dibujar formas imposibles en su pecho, escuchando su respiración acompasada y respirando el aroma a vainilla que desprendía su cabello.
Era un momento perfecto, el único de paz que había tenido en mucho tiempo y no quería dormir… no quería…
Pero por más que lo intentó, por más que trataba de mantener los ojos abiertos, los párpados comenzaron a pesarle y poco a poco empezó a notar como se adueñaba de él un estado de sopor que le obligaba a subir al tren que habría de llevarle al mundo de los sueños… pero no quiso dormir… no hasta pedirle que cumpliera su mayor deseo…

-Quédate para siempre…

Continuará