DREAMER IX

Te he pagado así mis deudas
Con mi yo
Soy tan pobre,
Soy tu amor.

Canción de Desamor -Cecilia

-¿Y quién es Cuddy?

Resultaba curioso, pero nunca se había hecho esa pregunta, aparentemente tan sencilla.
¿Quién es Cuddy?

-Mi jefa. –Fue lo primero que salió de sus labios, precisamente por ser lo más sencillo de explicar. "Mi jefa", técnicamente así era aunque en la realidad distara mucho de ser ese su único cometido. Se volvió lentamente hacia ella, temeroso de ver asomando la decepción en sus ojos y casi pidiéndole perdón con la mirada, por ser tan cobarde y no confesar aquella realidad que escapaba a su comprensión, porque "mi jefa", era lo más simple y fácil de responder, pero también una media verdad.

Sí, Lisa era la decana del hospital, quien le contrató, firmaba sus cheques cada mes, quien daba la cara por él ante la junta de médicos y batallaba diariamente para que pasara consultas y cumpliera fielmente con su trabajo.
Hasta ahí todo normal a ojos de cualquiera e incluso de él mismo. Oficialmente, el lazo que les unía se trataba de una simple y llana relación laboral, sin embargo, reducir el papel que ella representaba en su vida a esa definición, era no ser consecuente con la realidad, pues en si en algo había destacado Lisa Cuddy en todos aquellos años, era en excederse en sus límites profesionales, hasta llegar a rozar e introducirse, en terrenos más personales.

Cometió perjurio por él y en más de una ocasión arriesgó su carrera y su puesto por negarse a despedirle, por no hablar de las innumerables veces que había cedido en todas y cada una de sus pretensiones. Ella siempre se escudaba en el hecho de que era su mejor médico, pero él admitía que había cientos de buenos médicos en cualquier rincón del país, deseosos de ocupar su puesto y aun le costaba entender, como no le había puesto de patitas en la calle, pese a que despedirle y contratar a otro que ocupara su lugar, sería más rentable no sólo en términos económicos, sino de salud mental.
Cuddy había tenido mil y una oportunidades para echarle y sin embargo, nunca lo había hecho y aunque él muchas veces se repetía que en el fondo le mantenía allí debido al sentimiento de culpabilidad que la embargaba por haberle dejado cojo y por una antigua confraternidad universitaria, mezclada con algo de sexo juvenil y complicidad de viejos camaradas, tampoco podía decirse que fueran realmente amigos.
Se conocían desde hacía años, habían sido compañeros de clase y de cama y cuando a él aun no se le había amargado su agrio carácter, habían compartido alguna copa al acabar la jornada.
Por no olvidar, que ella siempre había estado ahí cuando la había necesitado, le había apoyado y ayudado en todo momento y ni siquiera aquel compañerismo justificaba su lealtad hacia él, el hecho de estar ahí a cada momento y sobre todo, seguir manteniéndole en su puesto pese a los motivos que había tenido para dare el finiquito. Por no hablar de todas las veces que la había herido en lo más profundo y su mano no le dio la bofetada que se merecía.

¿Quién es Cuddy?

Se repetía una y otra vez la misma pregunta, sin hallar una respuesta satisfactoria que pudiera frenar aquel martilleo incesante en que se había transformado su cabeza en tan sólo unos instantes.

La puerta se abrió de repente, como un vendaval , sobresaltándole y sacándole de golpe de sus reflexiones inconclusas. El doctor Nolan entró en el despacho, murmurándole a su compañera una rápida disculpa a la cual ella respondió con una mirada de reproche.

-Gregory me estaba contando que su jefa está aquí, con él, en este momento. –Le explicó Caroline, aun molesta, poniéndole al corriente de la situación. El doctor asintió casi sin ser muy consciente de lo que acababan de contarle, mientras se ponía su bata impecablemente planchada y tomaba su cuaderno de notas y una silla, para sentarse muy cerca de su amante, casi rozando su rodilla.

-¿Tu jefa también está muerta?

-¡Que va! Está bien viva… -Contestó, dando un descarado repaso visual a la anatomía de su alucinación, deteniéndose en aquellas zonas que más loco le volvían, si es que acaso había algún lugar de aquel cuerpo femenino que no le volviese más loco de lo que ya estaba.

-Gregory, creo recordar que comentó que había alucinado que mantenía relaciones sexuales con su jefa…

-¡¿Alucinaste que te tirabas a tu jefa?! –Interrumpió el doctor Nolan, casi escupiendo el cigarrillo que acababa de encender.

-Es que el poder me pone a cien… -Replicó, encogiéndose de hombros. –Además peor es lo tuyo que te tiras a tu compañera y encima es real, yo al menos sólo lo hago en mi imaginación. –Repuso el nefrólogo, con un deje de amargura… y es que no había nada que le doliera más que comprobar que cada nueva visita y cada palabra que ella pronunciaba, sólo existían en su mente.
-Es que está muy buena. –Se defendió el psiquiatra.

-¡Y mi jefa también! Si vieras el par de gemelas que tiene…

-¡House! –Le gritó su Cuddy imaginaria, soltando su mano y dándole una leve palmada en el brazo, simulando un enfado que en realidad no sentía.

-Eso lo dices porque no has visto a Carol desnuda…

-¡Basta! –Exclamó Caroline, más como reproche, que para poner un poco de orden en aquella pérdida de papeles tan absurda.

-Está celosa porque tu delantera es mejor que la suya. –Le susurró a la decana al oído, deteniéndose durante unos instantes en aspirar, extasiado, el aroma de su cabello.

-¿Por qué alucinó que se acostaba con su jefa?

-Mmm ¿por qué está muy buena?

-Supongo que diariamente se cruza con mujeres atractivas, ¿alucina también que se acuesta con cada una de esas mujeres?

-No.

-Ya veo, sólo con su jefa entonces. –Contestó Caroline, anotando una especie de garabato en su cuaderno.

-¿Qué insinúas?

-Que si alucina que se acuesta con su jefa y no con otras mujeres y además está aquí, a su lado, es porque siente por ella algo más profundo de lo que normalmente suele sentir un empleado por su superior. –House no pudo evitar bajar la mirada, avergonzado y sonrojado hasta las orejas, como un niño pillado en una mentira. Porque había mentido y lo sabía, no en vano era el más firme defensor del lema "todo el mundo miente" y él acababa de solarle una trola tremenda a sus terapeutas. No soñaba e imaginaba que le hacía el amor a Lisa Cuddy porque ella estuviera muy buena, ni tampoco ella era simplemente su jefa. Y lo sabía. Y también lo sabía la Cuddy irreal, y por supuesto, su terapeuta. Y entonces la sola idea de que sus sentimientos estuvieran reflejados como la narración de un libro abierto, a la vista de cualquiera, le estremeció.

-¿Es la primera vez que ella se le aparece desde que está internado?

-No. –Intentó mostrarse cortante, contestar con monosílabos que evitaran profundizar en su interior; respuestas simples y casi vacías de contenido era la táctica ideal para empecinarse en su manía de no dar apenas explicaciones que comprometieran el secreto a voces que guardaba bajo siete llaves.

-¿Cuántas veces la ha visto desde que está aquí?

-Demasiadas.
-¿Y por qué viene?

-No lo sé. –Murmuró, encogiéndose de hombros y desviando la mirada hacia el acuario que adornaba uno de los muebles del despacho, intentando concentrarse en el movimiento de los peces y las burbujitas que quedaban encima del agua, para así dejar de sentir la mirada de desesperación de Cuddy, clavándose en su nuca.

-¿No lo sabe? –Preguntó Caroline, con falsa sorpresa, pues era plenamente consciente de los miles de secretos que su paciente escondía y se negaba a revelar. -¿Qué explicación le da cuando se la ve?

-Ninguna.

-Ya veo… -Inquirió pensativa. -¿De qué hablan entonces?

-Del tiempo.

-¿Y qué hacéis mientras, bailar bajo la lluvia o darle forma a las nubecitas como en las comedias pastelosas de Julia Roberts? –Replicó el doctor Nolan, mostrando una mueca burlona.

-Pues no, graciosillo, no hablamos porque nos dedicamos todo el tiempo a follar como conejos. ¿A que te mueres de la envidia?

-¿Nunca le ha dicho por qué viene a verle? –Volvió a preguntar Caroline, ignorando su comentario.

-Ya te he dicho que no y tampoco se lo pregunto, estoy más ocupado en otros menesteres…

-Supongo que en este momento no está alucinando que mantiene relaciones sexuales con ella, ¿por qué no le pregunta por qué está aquí?

-Mira que eres pesada… porque no quiero preguntárselo, no me interesa saberlo.

-¿Y no será que en el fondo sí lo sabe pero tiene miedo de aceptarlo? –Pillado nuevamente, desvió la mirada hacia el zócalo de la pared, mientras jugueteaba con su bastón y notaba como los dedos de Lisa se entrelazaban nuevamente con los suyos.

-¿Qué está haciendo ella ahora?

-Está sentada aquí, en el sofá. Me ha tomado la mano y juega con mis dedos. –Susurró, tragando saliva con dificultad, evidenciando el esfuerzo sobrehumano que le suponía tener que admitir algo así.

-¿Siempre le da muestras de afecto?

-Sí…

-¿Qué tipo de relación les une, aparte de la laboral? ¿Está enamorado de ella? –Aquella pregunta inesperada le dio un vuelco al corazón y le erizó la piel. Enamorado. De Cuddy. Le habían preguntado si estaba enamorado de Cuddy y él era incapaz de procesar nada más que no fueran aquellas tres palabras enlazadas. ¿Si lo estaba? Claro que lo estaba, aunque intentara negárselo, pero ¿qué podía responder? La verdad implicaba abrir su alma a alguien que ni siquiera le conocía y pasar más noches en vela maldiciéndose por su mala suerte. ¿Y si lo negaba? ¿Qué pasaría si callaba y sus labios no dejaban salir aquel secreto que le quemaba la boca?
-No… -Susurró, notando como su mano se quedaba fría, al dejar de sentir el contacto de su piel y ni siquiera se atrevió a comprobar si ella aun seguía allí, por temor a encontrarse con el reflejo de la decepción frente a él.

-No está enamorado de ella pero en su imaginación, no sólo tienen sexo, sino que además se muestra cariñosa con usted. ¿Qué explicación tiene para ello?

-Tú eres la psiquiatra, no yo. Explícamelo tú.

-No, Gregory. Yo no puedo darle una respuesta de la que sólo usted es conocedor.

-Ella no ha venido a verte desde que estás ingresado, ¿verdad? Me refiero a verte en la realidad, los domingos durante el horario de visita. –Si alguna vez había albergado algún tipo de simpatía hacia su nuevo doctor, aquel sentimiento se había esfumado de golpe, pues cada vez que abría la boca, de ella salían dardos envenenados, directos a hacer sangrar su órgano más vital.

-No ha venido, no…

-¿Le gustaría que lo hiciera? –El nefrólogo asintió, luchando para que las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos permaneciesen retenidas. -¿Por qué quiere que le visite? Si sólo les une una relación de jefa y empleado por qué quiere que venga?

-¡No sé por qué quiero que venga! –Gritó con desesperación, sin poder controlarse ni un minuto más. -¡Sólo sé que la echo terriblemente de menos! Que extraño que me regañe por llegar tarde, que me obligue a pasar consultas y me ponga a trabajar en casos que no tienen ni pies ni cabeza, echo de menos que me grite por jugar a la PSP en horario laboral, negociar con ella mi hora de salida, extraño observarla tras el cristal de su despacho mientras ella firma papeles y finge no saber que estoy allí, añoro su perfume, su risa, sus gritos, su histeria y que me salve el culo cuando más lo necesito, pero sobre todo echo de menos como se arregla el cabello y se desabotona un par de botones de la blusa justo antes de entrar en mi despacho… -Enumeró todo lo que añoraba de ella de corrido, casi sin respirar y sin ser consciente de lo que estaba diciendo.

-¿Cómo sabes que hago eso? –Preguntó Cuddy, extrañada de que él supiera el ritual que seguía cada vez que iba a verle. Daba igual que fuera para llevarle un caso, para gritarle por no pasar consulta o para negarse a firmar alguna prueba estrafalaria, siempre se aseguraba verse lo más atractiva posible… para volverle tremendamente loco.

-Te sorprendería saber todo lo que sé de ti. –Contestó el doctor, con una enigmática sonrisa que hacía tiempo que no mostraba.

-Me gusta que me mires y me halaga que me encuentres atractiva.

-¿Qué le está diciendo? –Preguntó Caroline, con interés.

-Que adora que piropee a las gemelas.

-¿Desde cuando te sientes sexualmente atraído por tu jefa?

-Umm… Desde hace unos veinte años.

-¿Hace veinte años que es tu jefa?

-¡No, idiota! La conocí hace veinte años, fuimos compañeros en la universidad.

-¿Y alguna vez ha pasado algo entre vosotros? ¿Algo más que una mera alucinación por tu parte? –Le preguntó el doctor, con más curiosidad cotilla que interés profesional.

-Más o menos…

-¿Tuvieron una relación?

-No exactamente… nos acostamos un par de veces, luego cada uno siguió su camino, años después volvimos a encontrarnos, ella me contrató… y hasta ahora.

-¿Y nunca más ha vuelto a ocurrir nada?

-Hace un año más o menos nos besamos.

-¿Y qué sintió cuando la besó?

-No sabría explicarlo… me pilló de sorpresa y creo que no fui plenamente consciente de lo que estábamos haciendo.

-¿Qué siente al recordarlo? –Inconscientemente cerró los ojos y se llevó una mano a la boca, rememorando el momento vivido doce meses atrás.
Labio contra labio. Su lengua rozando la suya dejando un rastro de saliva imposible de borrar. Su brazos apretándola con fuerza contra él…

-Un maremágnum de sensaciones… -Murmuró, como si estuviera en trance.

-Descríbamelas

-Confusión, excitación, nostalgia, nerviosismo, ternura, enfado…

-¿Le gustaría repetir ese momento? –Asintió como un acto reflejo, sin detenerse a evaluar la respuesta. -¿Ha vuelto a intentar que ocurra?

-No…

-¿Por qué no? Si le apetece besarla de nuevo, ¿por qué no lo hace? –Aquella pregunta le hizo despertar de nuevo a la realidad, borrar la imagen de aquel beso y centrarse en una cuestión que le golpeaba desde que sus labios se unieron aquella fatídica noche.

-Porque no es tan sencillo…

-¿El qué no es tan sencillo, admitir que sientes algo especial por ella?

-¿Quién dice que siento algo especial por ella? –Bramó a la defensiva.

-Tú mismo lo acabas de admitir. Imaginas que os acostáis, te sientes atraído por ella, te gustaría que viniera a visitarte y quieres volver a besarla… si eso no es sentir algo especial por esa mujer, que baje Dios y lo vea.

-Me gusta, ¿vale? –Admitió, al sentir las tuercas apretándole demasiado fuerte. –Pero nada más…

-¿Y eso no es sentir algo especial?

-Pero no estoy enamorado de ella…

-¿Gregory por qué le es tan difícil admitir que siente algo por su jefa? ¿A qué teme?

-Yo sé de qué tienes miedo. –Susurró Cuddy, acariciando su mejilla con sus finos dedos y tomándole de la mano, volviendo a dibujar círculos imaginarios en su muñeca. Se volvió a mirarla y dejó que la profundidad de sus ojos le ahogara.

-¿Para qué voy a decírselo a ella? Si lo sabes tú…

-Porque ella no te conoce como yo y necesita oírlo.

-No puedo decírselo. –Dijo, aferrándose a su mano como si le fuera la vida en ello, apretándola tan fuerte que sus nudillos se emblanquecieron y casi no notaba la sangre circular.

-Sí que puedes, en estos meses has admitido tus sentimientos por Amber, por tu padre, por Kutner… ¿por qué no ibas a poder ahora?

-Porque no es lo mismo… eres tú…

-¿Y qué soy yo? –Preguntó, sonriendo con la mirada. "¿Qué soy yo?". Tenía la palabra exacta para definirla, apenas cuatro letras unidas, pero le daba demasiado miedo pronunciarlas…

-¿Por qué me haces esto? ¿Por qué te empeñas en que diga algo que no estoy preparado para decir?

-Porque es la única forma de empezar un nuevo ciclo… tienes que admitirte lo que sientes por mí.

-No puedo… -Cuddy se levantó, enfadada, quedando frente a él con los brazos en jarras.

-Dilo. –Susurró con firmeza y House pudo notar por su tono de voz, como su enfado iba aumentando por momentos… pero él no podía ceder…

-No…

-Eres un jodido cobarde, ¿lo sabías? –Escupió. -Te las das de machito pero demuestras ser muy poco hombre, ¿qué clase de tipo sería tan gallina para asustarse de su propia imaginación? No tienes lo que hay que tener para dar la cara y enfrentarte a mí aunque sabes de sobra que no soy más que una proyección imaginaria de la Cuddy de carne y hueso. Temes a la real y también temes a la que ha dibujado tu mente, ¿entonces por qué coño me has traído? –El nefrólogo desvió la mirada hacia el suelo, temiendo ver la cobardía reflejada en sus ojos y ella, desesperada por su nula reacción, le tomó de la camiseta y le zarandeó violentamente. -¡¿Por qué te empeñas en alucinar una y otra vez conmigo si no tienes cojones de admitirme la verdad?! ¡¿Por qué me sueñas?! ¡¿Por qué besas mi boca, me abrazas con fuerza y me pides que me quede a tu lado?! ¡¿Por qué actúas así?!

-¡Porque te quiero! –Aquel grito desgarrador salió de su boca sin pensar, llegando a cada rincón de la estancia y al oído de los presentes. Sólo fue consciente de lo que había dicho cuando terminó de pronunciar la última o e inmediatamente se sintió tan avergonzado, al sentir dos pares de ojos clavándose en él, que sólo deseó que la tierra se abriese bajo sus pies y le tragase.

-Y no está enamorado… -Murmuró el doctor Nolan.

-Gregory… ¿acaba de admitirle a la doctora Cuddy que la ama? –Caroline mostraba su incredulidad por lo que acababa de oír. House tomó aire y contó hasta diez, intentado que su agitada respiración se normalizara. -¿Le asusta tener una relación sentimental con ella?

-No, no quiero una relación con ella, sólo le he dicho eso porque es una pesada y quería hacerla callar. –Dijo, intentando dar por zanjada la conversación que ya comenzaba a resultarle difícil de mantener. –Yo lo único que quiero es echarle un polvo.

-¿Y por qué no quiere una relación? ¿Teme acaso lo que ello implica?

-Tiene una niña… -Replicó encogiéndose de hombros.

-¿Y eso es un problema para usted?

-Sí. Llora, hay que cambiarle los pañales y darle biberones y estar pendiente de que no meta los dedos en un enchufe… demasiados quebraderos de cabeza.
-¿Y no será que tienes miedo de verte desempeñando el rol de padre? –¡Maldito psiquiatra! ¿Por qué siempre acertaba con él? ¿Es que acaso era transparente a sus ojos?–Según admitiste tú mismo, tuviste una infancia traumática, provocada en gran parte por la figura paterna, ¿temes reproducir el papel de tu padre?

-Yo no soy el padre de esa mocosa ni quiero serlo. –Dijo enfurruñado, cruzándose de brazos.

-Tal vez no, pero creo que no entablas una relación con tu jefa porque temes implicarte emocionalmente con ella y no estar a la altura, no ser capaz de ofrecerle a esa mujer lo que espera de ti.

-Ehh que las putas se van bien contentas, ¿eh?

-Porque les pagas. –Replicó Cuddy, evidentemente molesta.

-Pues a ti no te pagaba y bien satisfecha que quedabas.

-No me refiero a una satisfacción sexual, sino emocional. –Volvió a intervenir el doctor, cortando aquel absurdo diálogo entre el médico y su cabeza. -Temes que tu jefa te exija un compromiso que no sabes si vas a poder cumplir, ya sabes, formalizar una relación, convivir, construir un futuro juntos… Tienes miedo de dar amor y me atrevería a decir que temes recibirlo.

-¿Podemos terminar ya esta conversación? –Suplicó, tomando su bastón y levantándose rápidamente.

-Por supuesto que sí. –Contestó Caroline viendo que ya se acercaba la hora del almuerzo. –Pero que no quiera hablar de ello, no significa que ese sentimiento vaya a desaparecer. No va a dejar de amarla porque no la mencione o porque no se permita admitirlo. –House asintió, no demasiado convencido, pero no quería seguir hablando del tema. Simplemente no podía. Lo único que deseaba era cerrar aquella maldita puerta que había abierto la Caja de Pandora y meterse en la cama, cobijarse hasta las sábanas y dormir hasta que cuando despertase, varios años después, nadie recordase lo que habían pronunciado sus labios.

Caminó por los largos pasillos del centro hasta su habitación y al llegar, arrojó el bastón al suelo y se sentó en la cama, masajeando su pierna, que volvía a dolerle demasiado.

-¿De qué te ríes? –Preguntó extrañado, al ver a la decana frente a él, portadora de una amplia sonrisa.

-Me has dicho "te quiero"… -Susurró, aun incrédula. -¿Te das cuenta de que es la primera vez que me lo dices?

-Que te lo diga a ti, no significa que vaya a decírselo a tu gemela real. –Repuso con acritud. Ella se agachó frente a él y se inclinó levemente, depositando un dulce beso en sus labios, que a él se le antojó demasiado corto.
-Pero lo has dicho y en voz alta. Y eso es bueno porque necesitabas decírtelo a ti mismo. Durante todos estos meses te lo has negado, cada vez que la palabra "amor" cruzaba tu mente, la desechabas de inmediato y te convencías de que sólo era atracción sexual, pero hoy has sido capaz de reconocerlo.

-Me gustaría decírselo a la Cuddy real… -Admitió, besando sus dedos, dejando que el sabor de su piel se quedase para siempre en su boca.

-La Cuddy real no necesita que lo digas, sólo necesita que se lo demuestres.

-No sé si sabré demostrárselo…

-Sabrás, sólo tienes que olvidar todos tus miedos y dejarte llevar…

Continuará