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(Parte 2) Punto.

Antes de irse, se había aferrado a lo único que sus manos habían podido encontrar entre tanta desesperación: Un mechón del cabello de su madre y la foto de muestra que había en un portarretratos que les habían obsequiado en una tienda.

El sonido de una campanada estridente seguida del ajetreo de niños le anunció algo de lo que hubiera preferido no enterarse.

La puerta de su alcoba se abrió de un portazo momentos después. Tres niños a los que solo conocía de vista entraron por ella y lo rodearon.

Siempre eran niños nuevos, los que por algún motivo dejaban de tenerle miedo.

– ¡Near!

Los ignoró, al menos en apariencia.

–¡Vamos! ¿Por qué no respondes? ¿Por qué nunca te mueves de aquí?

No obtuvieron reacción alguna de su parte.

– ¿Será tonto? – Preguntó uno de los que lo zarandeaban y gritaban en sus oídos.

– ¡Pero si hasta los tontos hablan! Yo he conocido varios, y hablaban incluso más que los otros. – Le respondió uno de sus compañeros, un niño morocho de pechas y mirada intensa.

– Tal vez nunca le enseñaron…

– No, no. Yo lo he visto hablar con la señora Percy. – Comentó el tercero. Era cierto, Near si hablaba, pero solo si era estrictamente necesario, lo que se resumía al ama de llaves - la señora Percy – y, esporádicamente, al dueño y director de aquella casa, Torben Spike.

– Tal vez esté enfermo…

Los otros dos consideraron la idea por unos instantes. El que hubiera sido 3ro en hablar no parecía demasiado conforme con la idea, pero a falta de una mejor explicación, la aceptaron.

El que la propuso se sintió animado al ver que los demás tomaban por buena su idea.

– ¡Es por pasar tanto tiempo aquí encerrado! Deberíamos hacerlo salir para que le de algo de sol y toma ai…

Los ojos de Near se dilataron en sorpresa por una fracción de segundo. No podía permitir que lo hicieran salir. No pensaba moverse…

– Tienes razón. Deberíamos llevarlo al jardín.

No lo invitaron, simplemente lo tomaron por los brazos y arrastraron hasta el parque – a pesar de las pataletas y bruscos movimientos que el niño daba para safarse. Pero era 1 contra 3, y no una demasiado atlético.

Pronto, el niño que encabezaba al bulto que formaban entre los cuatro puso el primer pie a la luz del sol. La mirada de Near se clavó en el punto, la franja más bien, de suelo en la que el sol comenzaba a quemar.

Hasta que lo sacaron.

La piel le ardía intensamente. Sus ojos estaban cegados por el fuerte resplandor del sol veraniego. ¿Por qué esto le ocurría a él? ¿Es que los otros no notaban cómo se calcinaba vivo? ¿O estaban buscando que sifriera?

Se movió desesperadamente, tratando de conseguir la libertad, mas sus "secuestradores" daban buena pelea. O tal vez él era muy débil.

–Oye, tranquilo. Deja de moverte así.

–Tony, espera. Mira su rostro. – No fue sorpresa que quien notara por fin su dolor fuera el único niño del lugar que hasta entonces había demostrado algo de inteligencia.

Sus ojos eran agudos, las cejas gruesas, del mismo color naranja que su despeinado cabello lacio. Llevaba una pulserita que lucía el nombre "Christian", en una pulcra aunque desgastada letra cursiva. Probablemente fuera un recuerdo de cuándo no era huérfano. De todas maneras, la gente del lugar, incluso los directivos, lo llamaban Max. "No era de extrañar" había pensado Near al notarlo, ni bien entró al orfanato "la gente tonta tiende a simplificarse las cosas que considera no son importantes".

Sin embargo, Near no estaba en posición de recordarse todas sus deducciones en ese momento.

El interpelado se preguntó por qué su compañero le decía eso, pero al instante lo comprendió. Las facciones de Near estaban casi desfiguradas por el dolor y el esfuerzo que estaba haciendo. Casi daban miedo, parecía que se lo quería llevar un demonio.

Rápidamente lo soltaron

Rápidamente lo soltaron calló duramente al césped. Le tomó 3 respiraciones agitadas el poder levantarse, tiritando, para luego salir disparado hacia la casa.

Solo quería que dejara de doler. Escapar a ese bolka tan intenso que hacía girar su cerebro en todas direcciones.

Al fin su manito alcanzó el frío pomo de bronce de la puerta. Lo giró apresuradamente y empujó con todas sus fuerzas. Solo que para cuando su cuerpo buscó la oposición de la madera lacada en verde, esta ya no estaba. El pobre niño siguió de largo, hasta tropezar con quien había la había abierto realmente. Su cuerpo delgado y pequeño rebotó contra unas fuertes piernas para luego caer otra vez al suelo. Al levantar la cabeza apreció ante sus confundidos ojos nadie más que Torben Spike.

Uno pensaría que era su salvación. No era así. Si el 70% de los niños lo veía con mala cara porque se había corrido el rumor de que no comía ni hablaba y de que lo había encontrado bañado en sangre, el hombre sabía que esto último era cierto, tenía la imagen en su mente, y lo observaba casi con afectación, aunque siempre cuidadoso de cubrir todo con un denso velo de indiferencia. No tenía opción más que mantener al niño en su casa, pero siempre podía fingir que no estaba alli.

Lo observó por unos segundos, murmuró algo similar a "qué más da" y siguió su camino como si hubiese visto una sobra. A fin de cuentas, eso era Near allí, una sombra. Un punto en un plano. Apenas detectable y solo si se lo buscaba se advertía su presencia.

Volvió a su habitación y se aovilló en su cama, cuidando extremadamente de trabar la puerta (con un sistema que había inventado él mismo, ya que no les ponían cerraduras) y de esquivar el reflejo del sol al pasar.

– Mihael… – Llamó, con voz queda.