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(Primera parte) Pesadilla

– Jaque mate. – Pronunció débilmente, derribando con un caballo color marfil al rey de ematite. Enseguida, una voz más enérgica que la suya propia, felizmente, confirmaría la victoria. Tampoco es que fuera la primera vez que sucedía. Para hacer iustitiam, debemos aclarar la intensa, innegable similitud que había entre esa escena de triunfo del niño de cabello blanco y lo definido por el término deja-vu.

En ese momento, el sol lo iluminó.

No, no Helios; no la estrella; no aquello que tanto dolor le causaba al tomar contacto con su dermis, sino su sol.

Su sol, que poseía forma de media – luna y color de perla, enmarcada por finas líneas de tonalidad rosa bebé. Su sol y fuente de energía, de calor, esa sonrisa muy cercana a ser asfixiante de tan agradable, y única , desde la de su madre, que había logrado causar en su propia boca, poco acostumbrada a hacerlo, a imitarle.

Claro que la suya nunca igualaría a la otra (a sus ojos, porque alguien en la misma sala no opinaba lo mismo bajo ningún punto de vista; jamás estaría de acuerdo).

– Eres increíble, Nate – Escuchó claramente mientras una mano, con sus largo y delgados dedos, cuidadosa y amorosamente alborotaba su cabellera de gruesas, fuertes (diferentemente del resto de su cuerpo) hebras blancas cual nubes en un día de los que quienes disfrutan del sol y el aire libre llamaría bello.

A modo de respuesta simplemente se quedó quieto y miró a la nada.

En su cabeza repasaba la situación, quién sabe por qué.

Por algún motivo, el angelito se alegraba más cuando era él quien ganaba; incluso si era contra él (como siempre sucedía), y fuera esto en la disciplina que fuese – claro que su campo de destrezas se ubicaba únicamente entre los elementos pertenecientes o netamente ligados al campo de la actividad sináptica neuronal destacada.

Mihael prefería verle ganar.

De todas maneras esto no significaba que le dejara ganar; no eran, sus victorias, un regalo.

Después de todo, Mihael luchaba, sino con todo, con buena parte de su arsenal, y era irrefutable la capacidad de pensar acertadamente de su querido, al punto que Near dudaba haber conocido y/u oído hablar de alguien más diestro a la hora de deducir, recapacitar u simplemente pensar que él. (Incluyendo a aquellos supuestos grandes hombres sobre cuyas obras había puesto sus ojos). Por supuesto en esta comparación caían ciertos patanes farsantes, empero también muchos genios, y aún de esta manera Mihael sobresalía notoriamente.

…y de alguna manera, buscaba transferirle algo de esta destreza.

Near no podía, por muchas vueltas que le diera al asunto y mucha inteligencia que Mihael deseara cultivar en él (No olvidemos que no se puede educar a alguien sobre como entender las relaciones interpersonales). Pero casi llegaba a pensar que lo estaba entrenando, aunque… ¿Para qué?

No, seguramente solo quería "iluminarlo" un poco, en forma diferente a la que siempre lo hacía; por su bien y para volverlo una compañía más grata que la que sería un Near ignorante.

– No podría encontrar a nadie mejor que tu… – Comentó como si no hubiera notado que hablaba hasta que sus propios oídos percibieron, para su sorpresa, las ondas emitidas por él mismo y que produjeron en su cerebro la sensación del sonido característico de aquellos vocablos. Sus iris, brillando fuertemente con ilusión infantil, se fijaron en el albino que acababa de vencerle (para su orgullo y felicidad), empero este no se había percatado de nada.

Su cabeza se inclinó ligeramente, expresando la confusión que paseaba ahora por su mente ágil.

– ¿Nate?... ¡Na-ate! – Canturreó, tratando de devolverlo al mundo real… Aunque se viera tan tierno perdido en sus pensamientos.

– Oh, lo… Lo siento.

– ¿En qué pensabas?

– En el partido.

– Ah. –

Su anterior quasi-euforia se vio entonces reemplazada por una calmada sonrisa; la clase de mueca que uno concibe al reconocer algo a lo que está agradablemente acostumbrado se instaló sólidamente en él, cambiando su expresión de manera equivalente a un giro de 180º en una línea. Sus ojos, que gradualmente (pero rápido) se habían vuelto opacos,

Enfocaron algún punto tras la nuca del blanquito.

– Mihi… – Comenzó, mas era tan poco común que él no le entregara su completa atención al instante que no continuó.

– ¡Mihi! – "Gritó"… O eso intentó, pero le faltaba la costumbre como para que sus cuerdas vocales estuvieras adiestradas lo suficiente como para gritar.

– Mihael, ¿Qué miras?

Creyó oír un ruido sordo tras él.

Seis segundos después, al voltearse, la comprensión de cuál era el objeto de observación de Mihael y también el origen de lo que ahora distinguía como activos pasos lo dejó en estado de shock:

Niños; no él o Mihael, niños del orfanato.

Vio desesperado como se aproximaban a él a considerable velocidad (que era aún mayor considerando el hecho de que no quería que le alcanzaran en ningún momento). Casi se abalanzaban sobre él, o eso le parecía.

En un parpadeo estuvieron sobre él, en derredor… En todos lados.

Emitían un murmullo estridente, producto de la suma de risas, comentarios, gritos, alaridos y carcajadas con o sin sentido…

¿Dónde estaba Mihael? A solo unos pasos, pero a muchos niños y miles de kilómetros espirituales de distancia. Seguía observando la abertura en la pared (que si prescindiera de ella sería un inmaculado lienzo blanco) por la que habían entrado todos los "invasores".

Solo la primera de sus reacciones negativas fue una exhalación como la de quien recibe un golpe certero en el medio de su estómago cuando las que parecieron miles de manos lo usurparon, haciéndolo sin cuidado.

Extendió, mientras pudo, con todas sus fuerzas, sus brazos hacia Mihi, mas nada.

Lo recorrieron seguidos espasmos al considerar siquiera…

Y eso sucedió. No le habría resultado peor (como podría uno pensar) si le hubiesen otorgado el tiempo para considerar la probabilidad y sentirse aterrado de cada pequeña probabilidad en su contra que encontrase, aferrándose desesperado a lo positivo (fuera esto verosímil o no). Como en todo sueño demasiado real y a la vez tortuoso, inexplicablemente tenía claro lo que ocurriría. Prontamente, demasiado prontamente, estaba retorciéndose de dolor, en el suelo, atrapado y demasiado confundido por la atinada recreación que su mente le regalaba de lo sucedido más temprano como para poder emplear su razonamiento aprendido y notar la falta de congruencia en el espacio-tiempo, el hecho de que claramente todo era producto de su afectada mente o que mágicamente todo lo que podía estar a su alrededor e incluso los limites del lugar, salvo el suelo que le dolía contra la cabeza golpeándose convulsionada, había desaparecido, cual si el gran globo de fuego con sus rayos los hubiera evaporado.

Sentía deseos de arrancarse la piel con sus propias uñas, empaparse hasta con su sangre… Lo que fuera por detener aquel martirio.

Temblaba.

Finalmente, cuando creía que moriría (o del dolor o por suicidio), abrió los ojos para encontrarse a Nelly, cuyas cara y posterior actitud demostraron cuanto tiempo le había tomado zarandear sus hombros hasta que despertara. No hablaron mucho, lógicamente, sin embargo, en ese corto intercambio de palabras Near pudo enterarse de que Tony, quien al parecer había ido hasta allí preguntándose si sería bueno intentar disculparse por el anterior "incidente", notó delicados pero preocupantes sonidos desde el interior de la habitación. Por eso, ante la persistencia de estos, fue en su búsqueda.

La mujer, tras comprobar que el pequeño estaba ileso, y dejarle un plato de arvejas guisadas con el fin de que por una vez se alimentara como debería un niño de su edad – incluso uno con tan escasa contextura física – se marchó, alegando que también tenía que alcanzarle uno a Tony, que se había perdido la cena por ir hasta allí.

Un segundo luego de que la puerta estuviera nuevamente junto a su pareja, el marco, del aire se volatilizó un rubio ángel con cara de intensa tortura que, apenas dándole tiempo de dejar el plato a un lado para que no se quemaran ambos, lo abrazó como si el diablo quisiera llevárselo lejos de él, al infierno.

– Lamento no haber estado aquí… Como pude… Tanto tiempo.

¿Estaba llorando?

– Mihi…

– Lo… Siento… - Gimoteó.

– Mihi… – Near no era tan iluso como para creerse un don con las palabras, así que tras considerarlo por un tiempo, decidió que lo mejor sería simplemente corresponder como pudiera el abrazo, y flexionando los brazos a los lados del rostro de Mihael, quien era más alto que el por lo que estaba encorvado al poner su cabeza en el hombro de Near, enredó sus dedos en el rubio, suave cabello, finísimo y dorado.

Mihael se sorprendió, alegrándose muchísimo, e intentó detener su llanto.

– Lo lamento… – Insistió, tratando de no moquear y calmar su respiración.

– Todo está bien.

Lo abrazó de la forma correcta, con tanto ímpetu que lo derribó sobre la cama, llorando nuevamente, pero más abiertamente esta vez.

NA: Cualquier crítica es bienvenida ¿La dejarían? Merci-