Aquí tienen, y no quiero oir comentarios sobre el título u.u xD
Enjoy!
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(Tercera parte) Llamas y llamados.
Toc – toc –toc.
Un suave pero firme golpeteo le llegó, aunque atenuado por el sopor de quien recién despierta; no estaba seguro de lo que oía.
Instintivamente, se cubrió más de lo que ya estaba con las blancas, resistentes sábanas y giró sobre su almohada, escondiendo su rostro lo más posible, creando una ilusión en la que todo lo visible: cabellos, piel y telas, era perfectamente blanco.
Pasaron alrededor de siete minutos, quizá más, en los que no podría especificar si se hallaba más cercano a la conciencia o al sueño, y luego volvió a percibir, esta vez si no más claro al menos más real – ahora podía decir con certeza que no lo estaba soñando – ese ruido de nudillos gentiles sobre la madera de su puerta.
Miró a su alrededor. El típico resplandor del sol, en aquella fracción de habitación a la que jamás se dirigía, exceptuando las noches, penetraba clamo y al mismo tiempo potente, con una luz clara, limpia. Aún así no se detuvo mucho a contemplarlo; enseguida logró identificar ese sentimiento que había estado zumbando molesto, disimuladamente indistinguible en su cabeza o su corazón desde que había despertado. Su nombre era falta, y su causa, Mihael.
No había vuelto, o eso parecía.
Terminando de aclararse, dio vuelta su tórax y, estirándose por no tomar el camino fácil y largo de levantarse y caminar hasta allí, alcanzó un reloj despertador en la 7ª repisa, junto a ya muchas veces releídos libros.
Las barras de luz azulada, todas iguales pero combinadas de manera en que cada una representaba, en forma perfectamente entendible, un horario, le informaron sobre las consecuencias de sus pesadillas y del ya casi olvidado (después de todo, no había trascendido el mero dolor físico, y había sido accidental) evento de hacía no-tanto-aunque-no-tan-poco.
13:57
No creía haber dormido tanto desde que Mihi había decidido que ya estaba recuperado de la experiencia "traumática" en la que había resultado su relación con su madre.
Generalmente él le despertaba y entretenía con actividades que le resultaran producentes. Empero hoy no estaba allí, por cualquier motivo que fuese.
Un último intento resonó contra su puerta. Regresando del interior de sus pensamientos matutinos… O mejor dicho de pasado el mediodía, saltó torpemente del colchón para finalmente incorporarse, correr entre tropiezos adormilados a la entrada y atender a aquel que lo buscaba.
Lo primero que vio fue una espalda correspondiente a alguien apenas mayor que él en altura. Suficientemente pronto, la persona enfundada en aquellos jeans de elástico y camiseta verde asomó sus ojos por sobre el hombro, y demostró algo de sorpresa, gratamente recibida, al encontrarlo allí.
Near sólo le miró fijamente, con grises orbes profundos.
– ¡Hola! Llegué a creer que no atenderías… No sabía si tomas siesta, yo… ¿Te desperté? Si es así lo lamen…
– Sí.
– Oh, bueno, disculpa…
El silencio tomó posesión del lugar. Near se preguntó si debía agregar algo, como que no le molestaba que lo hubiesen despertado, sino más bien lo agradecía. Mas no tenía idea… Mihael no le había enseñado a interactuar con otros. Incluso se podría decir que lo había aislado más.
–Eh… Yo… Esto… Quería pedirte disculpas por lo de la otra vez… Realmente no pensamos que podíamos hacerte daño… No lo pensé. – Se corrigió como si de repente dudara de si podía enunciar sus anteriores palabras sin romper ningún voto de verdad.
– Entiendo.
– Mira, sólo queríamos ver si salías a jugar si te mostrábamos que nada ocurría saliendo al jardín. Pensamos que tal vez nadie te había invitado nunca y por eso no ibas. No es justo que por unos rumores pagues como si fueran verdad…
– Son verdad.
– Ah… Oh… bueno, pero de todas maneras eso no tendría que impedirte disfrutar los días.
Le sorprendió bastante que no se escapara de él traro ir que realmente no había invento en lo que cada tanto rumoreaban sobre él, sobre su pasado.
– Ya veo.
Otra vez cayeron en el silencio opresor, hasta que algo pareció encajar en la mente del más bajito y comprendió –o intuyó - que quizás lo que el otro quería era algo como…
– No te preocupes, no fue nada.
No podría jurar al 100% que había acertado, pudo haber sido por cualquier otro motivo o incluso no haber sido y solo comprender un juego ilusorio de su cerebro, pero creyó ver en los ojos de su interlocutor una chispa de alegría encenderse.
– ¡Me alegro mucho de que no estés enojado! Como te decía… ¿Quieres venir a jugar conmigo?
– No… No me apetece exponerme a los rayos ultravioletas.
Nuevamente le sorprendió que el otro comprendiera.
– Ya he pensado en eso. Allá afuera hay un bosque en el que se da muy bien jugar a las escondidas, si quieres te lo muestro… ¡Vamos! ¡Ven!.
Lo tomó del brazo, y Near no encontró motivos para hacerlo, o quizá simplemente decidió no poner resistencia.
…
En algo más similar a una plantación escasa que un bosque natural de abetos se encontraron pronto. Él otro lo llevaba velozmente – al menos para lo que él acostumbraba – y encontraron un claro. (Near lo encontró por primera vez frente a los ojos, aunque era claro que Tony lo conocía tan bien como al camino para legar).
Se detuvo al comprender que caminaban hacia la luz. Enseguida, como no podía ser de otra manera, el que lo llevaba de su manga lo percibió.
– No te preocupes, no iremos al sol, solo nos vamos a sentar en el borde de la sombra para que puedas contemplar lo bella que puede ser la luz de las estrellas.
– ¿Sabes que el Sol es una estrella?
– ¡Claro! Mi padre era astrónomo y cada tanto nos enseñaba algo a mi o a mi hermana, aunque creo que sólo a mi me interesaba de verdad. – Comentó, alegre. Al parecer el tema le agradaba.
– ¿Tienes una hermana?
– ¡Sí! Su nombre es Linda, quizá la has visto antes. Debe de tener tu edad… Tienes como 8 ¿No? Lleva siempre coletas con adornos rosas.
– No creo que la haya notado…
– Bueno, luego puedo presentártela. ¡Ya se! Juguemos a las escondidas.
No era una sugerencia, sonaba a orden.
Interpretando el silencio como un sí que de todas maneras el albino no iba a reprochar, comenzó con lo básico del juego.
– Mira, tu te escondes por ahí mientras yo cuento hasta… 100 ¿Te parece? Así podrás elegir bien, ya que eres un novato. Luego yo tengo que encontrarte.
Sin terminar de verle la gracia, Near sólo asintió.
– Muy bien, yo contaré en este árbol. ¿Ves esa marca? La hicimos nosotros… Es decir, yo, Linda y otros amigos, para identificarlo, siempre contamos aquí. Ahora ve… Me cubriré los ojos. 1, 2, 3…
Near comenzó a caminar, primero unos pocos pasos errantes sin decidirse a qué hacer. Después comenzó a evaluar sus posibilidades en cada escondite. De a poco, fue entrando en clima y percibiendo la emoción del juego.
Terminó por decidirse por un hueco entre las raíces de un gran y viejo árbol, observando hacia el oeste como, lentísimo, el sol descendía de a poco…
Al final, dejó de oír los números gritados al aire y escuchó pasos que se acercaban o alejaban según el otro buscaba. Así estuvieron unos minutos, Near prestando singular atención, divertido, a los movimientos de su "sabueso".
Hasta que estos dejaron de oírse, y notó por qué. El aire había sido desplazado por una densa capa de humo.
Se reveló, y siguió como pudo la silueta de Tony que empezó a correr hacia el borde del bosque.
Ninguno pudo evitar reaccionar pasmado por lo que vieron.
El orfanato, se consumía en llamas.
Contempló en las dilatadas pupilas de Tony las llamas alcanzándolo todo, hasta que él salió corriendo hacia la estructura abrazada, dejando detrás un entrecortado "Linda" escapado de sus labios, aterrado.
Hubiera querido seguirlo, si no fuera pro esa espantosa sensación que le recordó asomar tan solo su pie a la luz.
Se quedó allí, mirando la destrucción presentarse frente a él en toda su gloria, hasta que un par de manos lo tomó por los brazos y alejó como si de una muñeca se tratara.
En esa conocida vos oyó estas palabras:
– Que bueno que estás bien, vamos, debemos irnos.
De vuelta, no se resistió.
Todo lo demás sucedió despreciablemente apaciguado.
Tras un tiempo –demasiado en su opinión. "Hicieron lo que pudieron" opinaría luego Mihi – Aparecieron las insufribles sirenas de los camiones de bomberos, las ambulancias y patrullas. Lo encontraron allí y atendieron. Lo cubrieron con una manta.
¿De qué servía eso ahora? No era él quien se consumía en llamas.
