PRIMERA PARTE - EL PORTAL
Capítulo I - La hija del inventor
3
Al salir del bosque, Crono acompañó a Sir Dianos hasta el muelle, donde tomaría el Ferry para regresar a su hogar en Porre. Tras la despedida, tomó el caballo de su maestro llevándolo consigo al establo del alcalde donde se lo guardaban. Andaba tranquilo en su tarea, cuando se encontró frente a la casa a una persona de espaldas que no recordaba haber visto antes.
—¿Se le ofrece algo?
La persona al darse la vuelta dejó atónito al pelirrojo; pudo reconocerla después de todo. Vistiendo pantalones negros, una blusa azul y sus anteojos: era Lucca, pero había algo diferente en ella. Su cabello, su largo cabello no estaba igual que antes, ni agarrado con una mariposa como de costumbre, estaba suelto un par de centímetros por debajo de su nuca. Se lo había cortado.
—Lu… Lucca —gesticuló recordando el último día que la había visto, cuando llevaba un vestido de novia llorando camino a su habitación.
—Crono —Respondió al saludo bastante serena sin perder su serio semblante.
—Ah… ¿cómo has estado? —ella frunció el ceño, siendo obvia la respuesta después del último evento, cuando rompió su compromiso con ella a dos semanas de la boda—. Ah… digo. ¿Qué ocurre?
—Quiero hablar contigo. El alcalde me dijo que partiste con Sir Dianos al bosque, supuse que regresarías a guardar los caballos, pero el tuyo regresó solo. ¿Qué pasó?
—Un contratiempo con los monstruos del bosque. Sir Dianos hizo…
—No importa. Vine a hablarte sobre… lo nuestro.
Ambos se permitieron un breve silencio. No tenía caso escapar de aquella conversación, razonó Crono, tarde o temprano ocurriría de cualquier manera. Lucca parecía tan nerviosa como él, se esforzaba por hablar de ese tema tan incómodo, pero necesario. Permitiéndose unos minutos para guardar el corcel de Sir Dianos, los dos tomaron asiento dentro del establo.
—Quiero saber el por qué, Crono.
—¿Por qué rompí el compromiso?
—No, eso me lo dejaste claro ese día. Quiero saberlo todo desde el inicio. ¿Por qué aceptaste casarte conmigo?
—Dejémoslo así, no quiero lastimarte más.
—Me lastimarás más si me dejas más tiempo con la duda encima.
El muchacho bajó la mirada, pero de inmediato la alzó al recordar las palabras de su maestro sobre ver a los ojos a la gente cuando se les habla.
—Sabes que la posición social en que estamos mi madre y yo es deplorable. Toda la gente, incluso Fritz, Elaine, tu padre en un tiempo, todos la señalaban a ella como a una cualquiera y a mí como su hijo bastardo.
—No te negaré que eso hicieron algún día mis padres hace mucho, pero mucho tiempo, pero yo nunca…
—Lo sé. Cuando éramos niños a ti nunca te importó mi condición, no sé si fue porque eras muy joven y no la comprendías, no lo sé. Pero con el pasar de los años te vi como mi única amiga, te quise y te quiero como si fueras mi hermana, pero el resto de la gente continuaba atormentándome. El día de tu cumpleaños tu padre te presentó en sociedad, como acostumbran ustedes los nobles al llegar a los quince, y sin embargo nos invitó al evento a pesar que no pertenecíamos a su clase. Créeme, me llevé la sorpresa cuando me preguntó si no quería ser yo la persona que te desposara. De veras fue muy impactante para mí, aunque no es justificación para excusar el no haber pensado con calma y claridad. Eras mi amiga, y por eso pensé que podría resultar. Cuando dos personas de diferentes clases se casan, se convierten por igual en una rama de la familia de clase superior. No pensé en lo que hacía, solo me dejé llevar por el prestigio del asunto y acepté. Entonces tu padre anunció a todos en la ceremonia que yo acababa de pedir tu mano y él había aceptado nuestro compromiso, tarde me di cuenta de lo que hice, y aún así callé esperanzado por una solución sencilla.
»A partir de ahí, cada día me mataba el remordimiento de mi acción, me comprometí no por amor sino por ambición con mi mejor amiga. Intenté decirte esto muchas veces, pero me acobardaba. La boda se acercaba mucho, tenía que reparar mi error antes de que fuera más tarde. Fui a tu casa ese día para deshacerlo en lugar de tener que hacerlo frente al altar.
Durante toda su explicación, Lucca había mantenido la mirada firme, aunque poco a poco fue bajándola, al final unas lágrimas corrieron por debajo de sus gafas. Su amigo sintió el impulso de ir a abrazarla intentando consolarla, pero prefirió contenerse al no saber la reacción que tendría.
—También yo tuve la culpa… —murmuró la joven.
—¿Cómo?
—Yo tampoco te amaba cuando acepté el compromiso, y ahora estoy pagando el precio por haberme callado intentando dejar de amarte.
Las palabras impresionaron al muchacho. ¿Cómo que no lo amaba el día del compromiso? Si recordaba lo feliz y emocionada que se puso cuando su padre le avisó sobre la petición de su mano. ¿Qué era eso de intentar dejar de amarlo?
—¿Sabes cuantos chicos me quisieron cortejar el día de mis quince años? ¿O cuantos lo intentaron antes?
Su amigo negó en silencio.
—Ni uno solo. Mírame. No soy atractiva, no soy femenina. Nada.
»Desde los doce años esperaba conocer a un muchacho que le gustara y viera en mí más allá de lo que aparentaba, pero eso nunca ocurrió; la única persona que se me acercaba desde siempre fuiste tú. Los demás niños y niñas me decían rara, por eso me emocioné cuando te conocí siendo niños. No sabía el por qué, sólo que como yo, estabas siendo rechazado por la gente, por ello supe que seríamos grandes amigos, y lo fuimos; yo también te consideraba como el hermano que nunca tuve.
»Cumplí quince años. Fui presentada en sociedad y los chicos, hijos de nobles, me dieron la impresión de asistir con el propósito de quedar bien con mi familia, por obligación con sus padres, no aparentaban estar realmente interesados en conocerme. Luego mi padre interrumpió la ceremonia casi al término de la misma, para dar el aviso sobre alguien que le había hecho una propuesta de matrimonio hacia mí, hasta mucho después me contó que fue él quien te lo sugirió, pero en ese momento pensar el ser capaz de llamarle la atención a alguien para querer casarse conmigo fue suficiente para ilusionarme, ¿pero quién? Eras tú. Cuando lo supe más me emocioné suponiendo que no me vería con sorpresas de comprometerme con alguien desconocido, serías tú a quien conocía de toda mi vida. No te amaba, es verdad, pero no me importaba.
»Durante las semanas que siguieron a partir de eso, yo misma me propuse aprender a amarte, pues dejabas de ser mi amigo para convertirte en mi compañero de por vida. Lo conseguí al final. Sin mucho esfuerzo conseguí sentir por ti mucho más que amistad o hermandad. Cuando llegaste ese día de los arreglos del vestido, ya me había convencido a mi misma totalmente que eras el hombre de mi vida con quien me quería casar, sin embargo fuiste a verme para romper el compromiso. De no obligarme a enamorarme de ti, esto no hubiera sido tan difícil.
Crono no supo que decir ante la revelación de su amiga, se sentía más miserable por todo lo que ocasionó. Por lo menos Lucca había hecho un esfuerzo en amarlo, él no pensó nunca siquiera en intentarlo. Se sentía peor que los patéticos Rollys encontrados por la mañana huyendo de los insectos.
—Lucca, lo siento mucho.
—Yo también, el cabello me lo corté como un recordatorio y purga a mi error. Pero sabes, el cabello crece y regresará, y yo… quiero que como mi cabello todo regrese también como estaba antes. No quiero esto.
—¿He?
—¡No quiero que esta tontería interfiera con nuestra amistad! Quiero que las cosas continúen como antes, que seamos amigos, que bromees conmigo, que te mueras de miedo cada vez que te muestro uno de mis inventos como siempre lo haces. Ambos tuvimos la culpa, ambos estamos arrepentidos y ambos hemos pedido perdón.
—Yo quiero seguir siendo tu amigo, Lucca. Pero temo que esto ha cambiado en parte las cosas.
—¡No digas eso! He convencido a mis padres para que no te guarden rencor. Deberías de ver todo lo que hice con mi padre…
—Además de eso… temo que yo también estoy comenzando a… sentir algo por ti.
Lucca entró en una parálisis causada por la impresión de las palabras dichas en los labios de su mejor amigo, el chico que amaba. Crono no mentía, con trabajo le costaba admitir que tras escuchar la confesión de la joven, escuchar sus sentimientos, los acontecimientos del compromiso, lo hicieron acercarse sentimentalmente a ella más de lo que hubiera previsto.
La muchachilla se levantó y caminó hacia su amigo. Tomó con sus manos su cabeza y la recargó contra su vientre. Él no supo cómo reaccionar correctamente, casi por instinto rodeó su cintura con sus brazos, se sentía muy bien aquello, no recordaba estar tan cerca de Lucca o de alguna mujer en esa forma tan íntima. Lucca levantó el rostro de Crono para verse reflejada en ambos ojos, los dos sonreían de forma pasiva con cierta picardía.
—Hagamos un trato —Le propuso Lucca—, seamos amigos solamente. Si no encontramos a alguien que nos ame en unos años, recordaremos que aún nos tenemos el uno al otro.
—¿Hasta entonces?
—Sería un poco extraño, tonto y peligroso si le pidieras a mi padre reanudar nuestro compromiso de nuevo, además, lo mejor es esperar y probar lo que venga.
Se separaron y Lucca besó la mejilla de Crono provocando el sonrojo de su amigo así como el de sí misma, era la primera vez que hacía eso. Ella se dio la vuelta y caminó en paz, el pelirrojo estaba por irse con todas esas nuevas emociones en su corazón, cuando la muchacha se frenó para llamarle.
—Casi lo olvido. Crono, ¿recuerdas el proyecto secreto en el que había estado trabajado hace unos meses?
—Sí. ¿No lo habías abandonado ya?
—Bueno, sí, es porque me comprometí y le di prioridad a otras cosas —gruñó un poco, haciendo lamentar al chico preguntar—. Como sea, estos días para distraerme lo continué y ya pude terminarlo. Pienso montarlo en la feria Milenaria, ¿Quieres ir a verlo mañana por la mañana? Serías el primero antes que el resto durante la exposición de la noche.
—Lo siento, pero estaré ocupado haciéndole un trabajo al alcalde de Porre.
—Entonces ven en la tarde, en lo que termino de montarlo para entonces.
—Por supuesto, iré. Gracias.
—Pero vas.
—No me lo perderé por nada, sé lo que significa para ti —le sonrió con gallardearía.
—No hablo de eso galán. ¡Es porque este invento será el del siglo, revolucionará la era de la tecnología y cambiará a todo el mundo!
Lucca o se daba cuenta que Cromo temblaba.
—No abras usado electricidad, ¿o sí? Recuerda lo que pasó la última vez.
—Eso fue hace meses. El vapor es cosa del pasado, la electricidad es el futuro.
—Pero el vapor no pica tanto el cuerpo —murmura al recordar la fuerte descarga eléctrica recibida en el anterior invento fallido de su amiga.
—Ya lo verás, tú ve. Estoy segura que muchos quedaran sorprendidos.
Se marchó tras despedirse de Crono, dejándolo más tranquilo y feliz por la conversa que habían tenido. El muchacho comenzó a arrepentirse un poco por haberse echado para atrás en respecto al compromiso, aunque por otro lado Lucca tenía razón, un poco de tiempo para dar orden a sus sentimientos haría maravillas; eso y que hubiere tenido que sufrir por adelantado unas dosis extra de las creativas excentricidades de su mujer. A la larga piensa podría acostumbrarse. Le vino el temor que durante la espera alguien gane el corazón de la joven inventora. Pese a lo que ella crea, no es como él, que por sí mismo piensa nunca encontrará a otra mujer que llegue a amarlo.
