PRIMERA PARTE - EL PORTAL
Capítulo II - La mucama prófuga
1
En plaza Leene las campanas comenzaron más temprano aquél repique que se escuchaba siempre por todo Truce por las mañanas, pero esta ocasión parecían darle más intensidad a su melodía y de forma más prolongada debido al gran día que era. El comienzo de la feria celebrada en honor al cumpleaños número Mil del reino de Guardia.
La señora Tamara Degjel, una mujer joven de cabello castaño con las fachas de una campesina, subió a la habitación de su hijo, la noche anterior le había pedido que lo levantara temprano en caso de no poder despertarse, algo que le extrañó un poco, siendo que ese día todas las actividades se suspenderían por estar feriado; supuso que el muchacho deseaba disfrutar desde temprano la celebración de la Feria Milenaria, aunque daba igual siendo que duraría dos semanas enteras debido a la importancia del milésimo aniversario.
Arriba, tal y como lo profetizó él mismo, estaba profundamente dormido y el repique de las campanas lo escuchaba apenas como un lejano tintineo.
—Crono… —Le llamó— ¡Crono!
El pelirrojo mostró la cara de entre las sábanas, estaba un poco ojeroso. Su madre le miró conteniendo la reprimenda.
—Bueno días, Crono.
—Buenos días, Mamá.
—¿Puedo saber por qué estas desvelado? —Su hijo palideció—. Adivino. Estuviste tan impaciente anoche por que llegara el día de la feria, que no lograste dormir, ¿verdad?
—No puedo ocultarte nada mamá.
Por lo bajo, agradeció que su madre no sospechara sobre sus intenciones referentes a conseguir dinero para una espada. Ella no consentiría que se costease una auténtica aunque tuvieran dinero de sobra; consideraba las armas bastantes peligrosas. De por sí con esfuerzo, aceptaba que Sir Dianos le instruyera en las artes del kendo y esgrima.
—No te preocupes, cielo. Este día no hay que levantarse a trabajar, todo mundo estará celebrando en plaza Leene. —Mencionaba ilusionada abriendo las cortinas de la habitación segando a Crono unos instantes— Había olvidado lo bonito que hacen sonar las campanas durante los aniversarios de guardia. ¿A que no hubieras imaginado nacer para ver los mil años del Reino?
—Sí, eso creo. Mamá, ¿no te molestaría que fuera desde ahora a la feria?
—Por supuesto que puedes, aunque no entiendo por qué, a esta hora no hay nada aún, es muy temprano.
—Es un capricho que me nació de ser el primero en asistir.
—Entonces ve, pero antes deja que te prepare un rápido desayuno.
Crono salió de la cama, tenía poco tiempo para desayunar e irse a Porre deprisa. Después de haber hablado ayer con Lucca, se encontró en la alcaldía de Truce al alcalde de Porre, por suerte aún no conseguía para la fiesta de su hijo Edgar, un bufón que aceptara el trabajo en días festivos por la miseria que ofrecía. Crono le pidió el trabajo y sin más remedio, el alcalde aceptó teniéndole en claro que lo quería temprano, la fiesta sería en la mañana porque después la familia iría a la feria Milenaria. Así que se dio prisa poniéndose una playera blanca, unos pantalones azules crema y un chaleco del mismo color. Las prendas de tela barata estaban algo roídas pero daba igual, en Porre el alcalde le daría un traje de bufón y se cambiaría de todas maneras. Hizo un par de sentadillas para despejarse y cogió su espada de madera, aunque en el desierto de Fiona no hubiera monstruos, no estaba de más andar preparado. Haría calor en el desierto y su cabello largo solo incitaría la incomodidad, por ello se colocó una cinta blanca en la frente para que el cabello no le callera por el rostro o el cuello.
Cuando bajó al comedor, su madre estaba metiendo en un pequeño morral parte de la tarta de fresas de la cena pasada. "Tigre", el gato cetrino que tenían por mascota intentaba alcanzarlo con sus patas, pero su madre lo alejaba. Una vez lista, la madre le entregó la prenda, Crono se la pasó por el cuello para que le quedara colgando en el brazo. Una vez más, le agradeció a su madre. Ella estaba muy entusiasmada desde anoche, cuando le contó la forma que reconcilió su amistad con Lucca.
—Ve con cuidado, Crono. ¡Ah, casi se me olvida! —La buena mujer le entregó unas monedas que extrajo de los bolsillos de su faldón— Toma.
—Madre, no lo necesito, en verdad.
—Pero yo te lo quiero dar, además me has ayudado mucho en las cosechas de esta temporada, es justo que tomes un poco para que te diviertas. Quizá puedas invitarle algo a Lucca ahora que volvieron a hablarse.
—Mamá. En serio no lo necesito, y lo de Lucca… bueno.
—Ya sé que quedaron como amigos, pero no importa, después de todo, tú mismo dijiste que ha comenzado a llamarte la atención. Así que insisto.
Su hijo le besó en la mejilla agradecido por las monedas de plata. Apenas estaba por salir, cuando sintió un poco de remordimiento al haber recibido dinero siendo que iba por más para sus propios propósitos. Tigre lo observó con sospecha, emitiendo un débil maullido.
—Mamá… yo —se contuvo a tiempo—, lamento haberte decepcionado con el compromiso.
—Anda, hijo que ya te has disculpado de sobra. No te negaré que me hubiera agradado verme pronta con nietos, pero no hay cuidado, yo sé que un día estarás listo para formar tu propia familia. Tengo fe en ti, quiero que te comportes.
—Gracias.
CHICAVICTORIA - Muchas gracias en verdad por seguir la historia. Espero mantener tu interés a lo largo del relato que va para largo. Saludos.
