PRIMERA PARTE - EL PORTAL

Capítulo II - La mucama prófuga

2

Fue una sorpresa ver aún oscuro parte del cielo, apenas faltaban unos minutos para el amanecer y las campanas de la plaza continuaban sonando, se preguntó si los vecinos no les molestaría levantarse tan temprano a causa del ruido, pero pronto recordó que la mayoría de ellos no eran campesinos como él, sino comerciantes que se dirigirían a la plaza para levantar sus puestos y vender sus mercancías, mismas que su y él madre cultivaban a cambio de un bajo salario. Suspiró pensando en la dudosa ventaja de los suyos.

El desierto de Fiona no era muy extenso, en tres o cuatro horas podría cruzarlo a pie tomando un atajo para llegar a Porre, haría una hora en el Ferry que no tomaría, aunque si usaba el dinero que le dio su madre… ¡No! No podía gastar ese dinero, se lo regresaría en cuanto volviera a casa, era muy activo por lo que no le costaría mucho llegar, pero era muy temprano aún. Tal vez si se dejaba caer en Plaza Leene para echar una ojeada, ¿por qué no? No demoraría nada. Sentía curiosidad por ver la plaza desierta para después verla en la tarde abarrotada de gente y puestos.

Una media hora después llegaba al cerro donde la Plaza había sido construida hace ya casi cuatrocientos años a un lado de un cañón en una zona montañosa. Tal y como imaginaba el sitio estaba desierto, salvo por un hombre y una chica que nunca había visto en el pueblo. La chica tendría quizá unos veinte años, probablemente la nieta del hombre que lucía más viejo. Era rechoncho, tenía un inmenso bigote canoso y vestía extravagante: un traje azul con todo y chaleco, quizá un mercader noble; usaba unos anteojos azules y un inmenso sombrero que a Crono le recordaba una corona, pero echa de tela.

El viejo desenvolvía con cuidado unos paquetes alargados mientras la chica montaba el puesto, Crono se acercó curioso de forma disimulada para averiguar lo que el viejo vendería. Una empuñadura se asomó de uno de los paquetes seguido de una gran, imponente y brillante hoja. Sin recato, se acercó al anciano maravillado por la espada.

—¡Buena mañana! Disculpe, señor.

—¡Oh, el primer cliente! —Exclamó la muchachilla al verle— Se lo dije señor Melchor, que en el reino Guardia conseguiría clientes de manera rápida.

El viejo gruñó sin darle importancia a las palabras de su ayudante sin dejar de desenvolver el resto de las espadas. La chica arrastró a Crono al puesto a medio construir mostrándole algunas de las espadas que Melchor ya había colocado en exhibición.

—¡Mira esta maravilla, muchacho! Es una espada de latón muy resistente, ideal para la defensa contra monstruos. Tienes que llevártela, tan solo cuesta doce piezas de plata.

Eso era justo lo que su madre le había dado, pero seguía decidido a no gastarse ese dinero, además ya tenía contemplado comprarse una espada de hierro en Porre y el alcalde le había prometido treinta piezas de plata y dos de oro; aunque la de hierro no lucía tan mal, la de la hoja que brillaba le llamaba la atención.

—Disculpa, ¿cuánto cuesta esa?

—Cincuenta piezas de oro —contestó el anciano sin despegar su vista de los paquetes.

Crono se quedó helado, esa cantidad no la había visto nunca junta, no podría pagar eso. Quizá Sir Dianos fuera el único capaz de pagarla pero él no. La vendedora notó el asombro en su posible cliente, por lo que añadió de nuevo.

—Como te decía, la de latón es muy útil para la defensa personal, si sabes algo de esgrima te podría ser…

—Ah… no, disculpe. Creo que me daré una vuelta después. Gracias.

—Por nada, si quieres cambiar de opinión en cuanto a la espada, solo pregunta por Melchor el herrero o Sofía. También compramos joyas de cualquier clase.

—¿Compran joyas?

—Sí, este tipo paga buen dinero por joyas como anillos, pendientes, aretes y otras cosas similares.

—Solo joyería fina —añadió Melchor de mal modo aún ordenando las espadas.

Con esfuerzo, el joven se alejó lo que pudo de Sofía que parecía decidida a venderle algo. Sin duda eran de Choras, pueblo de comerciantes, aunque el anciano no parecía tan entusiasmado como la chica, quizá él fuera de algún otro lugar, de cualquier manera no tenía ninguna joya para empeñar. ¿Adónde iría ahora? Lo más probable era que Lucca no llegara hasta dentro de un par de horas más. Temió estar perdiendo tiempo valioso por estar fisgando por ahí en vez de comenzar su marcha hacia a Porre. Sería mejor irse, pero antes se daría una vuelta rápida por el campanario central para coger un poco de suerte.

En Porre había una leyenda sobre las campanas que el rey Guardia XXI mandó a construir para su esposa, la reina Leene. Se decía que si uno hacía una oración al pie de éstas traerían buena suerte, ahora sí que necesitaría y mucha. Observando el suelo por las escaleras mira su sombra, eleva el rostro y se da cuenta que poco a poco está comenzando a amanecer, ¡sería mejor que corriera si no quería que se le hiciese muy tarde con el alcalde!

Sube aprisa las escaleras, a unos escasos metros de la cópula del campanario corre, y… ¡Choca! Una persona que como él iba deprisa hacia las campanas desde otra dirección se le encontró de forma inesperada. El chico no se dio cuenta de mucho, sólo que cuando iba corriendo algo bastante macizo le golpeó el pecho y ya estaba en el suelo. Cree haber escuchado algo caerse además de él.

Levanta medio cuerpo con cuidado pues el pecho le duele, observa del lado opuesto a una persona que tiene las manos sobre su rostro intentando levantarse tambaleante, sin duda fue su cabeza lo que lo golpeó de aquella manera. La persona echa la cabeza hacia atrás y deja al pelirrojo un espectáculo poco común a sus ojos

Ese cuerpo solo podía pertenecer a una mujer. Llevaba unos pantaloncillos blancos traslúcidos, una atrevida camiseta que solamente cubría su busto en grácil desarrollo, dejando a placer visual su contorneada figura juvenil y su ombligo. La persona regresa su cabeza hacia delante y Crono enmudece al ver a una hermosa jovencita como de catorce años de ojos verdes, con su cabello rubio castaño agarrado por un listón. Un tanto atontada aún, se dirige hacia el muchacho que ya se esperaba un regaño de su parte por correr a ciegas.

—Lo siento mucho, perdóneme ¿no le lastimé?

—Ah… no. No tiene por que disculparse.

—En verdad tengo qué, fue mi culpa pues estaba corriendo sin ver a donde.

—Descuida, está bien. Creo que yo hacía lo mismo.

Un poco más centrada, la chica se sacude el polvo, se lleva una mano al pecho y de pronto palidece al bajar su mirada, observa con desesperación a su alrededor siguiendo sus pasos desde donde había llegado. Sin entender su reacción, Crono se levanta y va hacia el campanario para pedir suerte y partir, cuando un brillo desvía su mirada hacia al suelo. A sus pies se encuentra un pendiente con una hermosa piedra verde grisácea brillando. Lo levanta tratando de descifrar que es esa piedra, quizá un ópalo o una esmeralda, era algo finamente tallado, más no en exceso permitiéndole un aire natural mineral. Vuelve su mirada hacia por donde se fue la joven y no la encuentra, quizá eso era lo que buscaba. Está seguro que esa joya debe de valer mucho dinero sin duda, podría… ¿por qué no? Si llevaba esa joya, esa niña debía de ser una noble, su padre seguramente tenía dinero suficiente para comprarle otra.

Baja aprisa las escaleras para encontrarse con Sofía, la ayudante de Melchor que continuaba haciéndose un lío para montar el puesto, pero cuyos ojos se abrieron al observar de nuevo al joven cliente de hace un momento acercándose con miedo.

—¡Pero hola de nuevo! Parece que has cambiado de opinión en cuanto a la espada de latón. Estoy dispuesta a hacerte una rebaja por solo diez piezas de plata.

—Anda, que no vine a comprar sino a vender. ¿Cuánto me darías por esto?

Los ojos de Sofía se maravillaron con el pendiente que Crono le mostró. Lo examina un instante confusa, y dudosa por calcular el precio sin reconocer qué clase de piedra es esa, termina llamando al herrero para que le auxilie.

—Melchor. Por favor, ayúdame que no puedo evaluar esto.

Con fastidio, el viejo se acerca y toma la joya. Al verla el rostro de Melchor palideció tanto como el de la chica del campanario cuando se vio sin su costosa prenda.

—¿Dónde has conseguido esto, truhán? —Le pregunta amenazante.

—Yo, ah… ¿importa? Cua… ¿Cuánto me dará por él? —Contesta inseguro a la acusación del herrero.

—No puedo comprarte esto. Esta joya es más valiosa de lo que has pensado al apañártela ladronzuelo.

—¿Por qué asegura que la he robado?

—Porque bien pudiste encontrarla en un pozo, pero eso no la hace tuya. Esta joya solo tuvo, tiene y tendrá un dueño. Ahora lárgate y llévate el pendiente.

Sofía miraba atónita la disputa entre Melchor y Crono, nunca había visto al herrero tan agresivo como ahora. Asustado por que el viejo podría acusarle con algún guardia, cogió el pendiente y se alejó subiendo las escaleras a la parte superior de la plaza dejando a los comerciantes de espadas.

—¡Por qué le regresaste el pendiente si dices que se lo robó! Pudiste habértelo quedado, o me lo pudiste dar si no lo querías. —Le restregó en cara su joven ayudante.

—Ese es mi asunto, no me hagas preguntas y has de cuenta que nada pasó.

Ella obedeció temerosa de enfrentarlo, pero no se dejó engañar. A partir de ese momento el herrero estuvo con aire ausente y perturbado el resto del día.

Buscando, buscando, Crono finalmente encontró a la jovencita que perdió el pendiente. La muchacha aún continuaba buscándolo, la halló agachada debajo de una tarima. El pelirrojo resintió fuerte su acción con culpa. Sin duda su madre y Lucca se decepcionarían de él si supieran lo que intentó hacer. Por lo menos ese era un error que sabe puede enmendar a tiempo.

—¡Oye, disculpa!

La chica se golpeó de nuevo en la cabeza al intentar salir de debajo rápidamente, Crono sintió un cosquilleo en el pecho recordando el encontronazo que se dieron. Ella le reconoció, y con una mano en la cabeza le saludó.

—Ah, hola. ¿No eres al que golpeé por accidente hace un rato?

—Sí, el mismo. Disculpa, ¿y no has sido tú quien ha perdido esto?

Le mostró el pendiente en su mano. Ella recuperó su color y con un leve sonrojo se dirigió corriendo hasta él haciéndolo temer que le embistiera de nuevo, pero la joven se detuvo a tiempo para mirar el pendiente en la mano del chico un momento pensativa. Tras unos incómodos segundos para Crono, ella gritó con gran entusiasmo asustándolo un poco sin querer.

—¡Sí, es mi pendiente!

—¿Estás segura? —Preguntó sarcásticamente palpándose el pecho.

—Así es, es una reliquia de mi familia. Ya estaba asustada porque creí que lo había perdido. ¿Me lo devolvería?

—Ah… mejor no, es que está muy bonito —bromeó alzándolo para dejarlo fuera de su alcance, viendo el dulce rostro casi inocente de la muchachilla.

—Por favor. Me meteré en líos si regreso sin él.

Por el rabillo del ojo, el muchacho se dio cuenta que Sofía estaba espiándole desde las escaleras, debió de darse cuenta que fue descubierta porque bajó de inmediato a su puesto sin ser disimulada. No queriendo tener problemas con esa chica y el viejo, le regresó el pendiente a la jovencita entregándoselo en sus manos.

—Solo bromeaba, toma. No era mi intención robártelo.

—¿Una broma? Lo siento, no soy muy buena para convivir con la gente ordinaria, ¡Quize decir…! ¡No insinuaba…! Por favor señor, discúlpeme por mi modo de hablar, soy un poco boba —Contestó apresurada con un sonrojo en sus mejillas.

—Descuida, no te disculpes que ya sabes que es de mala educación que un noble se disculpe con un campesino.

—¡Es usted un campesino! Nunca había visto uno, ¿ara la tierra? ¿cultiva verduras?

—Ah… sí. Con mi madre, cosechamos zanahorias y tomates.

—¡Increíble!

El muchacho estaba sorprendido por la reacción de esa chiquilla, realmente era más ingenua de lo que se había imaginado. ¿Qué clase de nobles eran sus padres? Pero no estaba para discutir la manera en que los de clase alta criaban a sus vástagos, se le hacía algo tarde para la fiesta del alcalde. Aunque de repente le daba temor dejarla sola, cualquiera podría secuestrarla para pedir un rescate. Se veía tan delicada además que no parecía valerse mucho por sí misma.

—Bueno, sabes, tengo que irme. ¿Acaso has venido sola a la feria?

—Sí, pero cuando llegué no había nadie.

—Es porque es muy temprano.

—¿Entonces por qué ha venido usted?

—A perder el tiempo en lo que voy a hacer un trabajo a Porre.

—¡Vas a Porre, el pueblo del sur! ¡Nunca he estado ahí! ¿Me diría como se llega?

—¿Es que no conoces nada de nada?

—Yo… soy nueva en Truce, sabe. No conozco mucho de por aquí.

—Pues que problema, serías propensa a perderte sin orientación.

—Ahora que lo dice, sí es verdad ¿No le incomodaría pedirle acompañarle un poco, señor? No le sería un problema.

Esta sensación era extraña para Crono. Después de Lucca, esa joven era la segunda que se dirigía a él sin hablarle grosero, más la primera en tratarle con tan cuidado respeto.

—Pero… una noble no debería andar acompañada por un bastardo como yo. —Mencionó a propósito para quitársela de encima sin culpabilidad; los nobles por lo general no son muy tolerantes con los hijos ilegítimos o fuera de los matrimonios, y en ocasiones con los campesinos. Si le permitía acompañarle, tarde o temprano la chiquilla comenzaría de remilgosa y hasta ahí llegaría el respeto que le tomaba en ese momento. Sería mejor terminarlo de una vez.

—No le entiendo ¿Por qué dice esas cosas, señor?

—Pues, verás. Soy un hijo sin padre. ¿Entiendes?

—Eso sí, pero por qué cree que soy una noble, señor.

No hablaba en serio, la noticia de que era un bastardo no parecía afectarle en lo más mínimo. Consternado, le señaló el lujoso pendiente como una pista a su suposición como noble.

—Ah, esto. Es la única joya de mi familia. Se ha pasado de generación en generación, por lo que no cuenta mucho. En realidad yo soy una mucama.

—¿De verdad? ¿Pero en donde sirves?

—Solía servir en el Castillo Guardia.

Eso era una sorpresa, nunca se imaginó que ella trabajara en el castillo. Crono cerró la boca al darse cuenta que todavía la mantenía abierta.

—¡En el castillo! Pero se supone que no permiten la entrada de los pueblerinos.

—Lo que pasa es que la servidumbre vive en el castillo, en los aposentos del segundo piso, pero yo ya no trabajo ahí, señor.

—Entiendo, pero deja de tutearme y llamarme señor. Yo soy quién debería de hacerlo pues a leguas se ve que tu casta es superior a la mía.

—No diga eso, nadie es superior a nadie solo por la posición que tiene. No me dirá que en serio cree en esas tonterías. Además, ¿cuál es entonces su nombre?

—Ah… lo siento. Mi nombre es Crono Degjel, y usted es…

—Pero que bonito nombre. ¡Eh! Bueno, yo soy… Marle, ¡sí! Marle… Q'bey. Un placer Crono.

—El placer es mío, Marle.

—Entonces me permitirías acompañarte.

—No lo sé. Es una travesía muy larga la que haré a Porre, y solo iré a un pequeño trabajo como bufón en una fiesta infantil y luego regresaré.

—¡Un bufón! Me gustan los bufones, me gustaría participar como una al menos una vez.

La cara de Marle irradiaba encanto. Aunque sus reacciones parecían a momentos exageradas, su entusiasmo era auténtico. Había algo que la muchachilla irradiaba atrayendo misteriosamente a Crono.

—Vamos, acéptame por lo menos como tu ayudante en la fiesta, te aseguro que no te defraudaré. Por favor.

—No tienes por qué rogarme. Privilegio el que me das a mí por desear mi compañía. Por supuesto que puedes acompañarme en este momento, si no te importa el caminar mucho.

—¡Eres un todo un caballero! Gracias, Crono. Le seguiré con su permiso.

—Vuelves a tutearme, en serio que no es necesario —de hecho lo hacía sentir algo engreído e incómodo—. Entonces démonos prisa, que llegaremos algo tarde.

Los dos salieron de la plaza siendo seguido Crono por la mirada sospechosa de Sofía. Crono la ignoró dándole un vistazo rápido al anciano Melchor a quien a su suerte ya le daba igual la suerte del chico. Marle se mantuvo ignorante del asunto.


CHICAVICTORIA - Muchas gracias por seguir la historia. Aunque no merezco por completo el crédito de la trama, me alegra saber que soy capaz de aportarle un lado más humano a la historia a través de las subtramas personales de los protagonistas.

NISHA ATHALWOLF - Gracias por tus comentarios. Trataré de tener más cuidado con la ortografía, deseo que este proyecto se vea tan pulcro como si se tratase de la autentica novelización oficial. Lo continuaré tratando de mantener la mayor fidelidad al juego, al mismo tiempo de escribir un punto de vista único del mismo.