PRIMERA PARTE - EL PORTAL

Capítulo III - Comienza la feria Milenaria

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Se despidieron dejando a Lara aparentemente tranquila. Una vez afuera, dirigiéndose hacia la feria del Milenio, Marle le preguntó.

—¿Qué fue lo que le ocurrió a la señora Gendius?

—Lucca me contó algo sobre un accidente hace mucho. Sus piernas se quebraron, aunque no estoy seguro cómo. Esa silla la hizo el señor Taban para permitirle trasladarse por su cuenta de un sitio a otro sin tener que caminar, por eso tiene ruedas a los costados.

—Me refería a la acusación que te lanzó cuando llegamos. Preguntó si yo fui el motivo de algo ¿Por qué quería saber mi relación contigo con tanta urgencia?

El pelirrojo lanzó un suspiro antes de contestar.

—Tuvo un malentendido, pero entiendo su motivo. Es incómodo de explicar. Digamos que su hija y yo tuvimos un altercado. Casi nos casamos, pero… no fue así. Hubo una "confusión" por llamarlo de algún modo, pero ahí y el culpable fui yo.

—Entiendo. ¿No aceptaban que cortejaras a su hija por tu nivel social, cierto?

—No. Ese fue el problema, lo aceptaron… pero yo no. La estimaba como amiga, pero no más lejos que eso.

Aquello pareció divertir a Marle más que sorprenderla.

—No sé porque te quejas de tu clase. Por lo que veo tienes la aceptación de una familia de nobles, fuera del malentendido que se haya suscitado. ¿Escuchaste cómo te llamaba hijo? Eso es algo que no creo volver a escuchar de los labios de otro noble hacia un campesino.

Por un momento el muchacho meditó esas palabras encontrándole la lógica. Aunque le costara trabajo ganarse la confianza de los Gendius, en efecto era extraño lo cerca que estuvo a punto de dar un paso tan grande al entrar en su familia. Sin duda, por esos años desde que había entrado a la mayoría de edad la suerte del bastardo de Truce cambiaba.

—Da igual. Creo que debí, o debería casarme con Lucca de todas maneras. Por lo que sé, ella si me aceptó en su momento. Así me convertiría en un noble.

—Tampoco lo hagas para tener más posición —le recriminó.

—Eso es sólo un motivo posible. Por la reputación que el pueblo me da, sin importar mi estatus o el del resto, quizá ella es la única joven que ha llegado a interesarse en mí.

—No digas tonterías, habrá muchas por ahí, sólo que se dejan cegar por esas tontas creencias. Yo soy de clase media y estaría orgullosa que fueras mi pareja.

Ambos cesaron sus pasos tras esas palabras. De reojo, Crono observó el rostro de la muchachilla por primera vez tornándose rojo por la vergüenza de uno de sus propios actos impulsivos. Tratando de parecer desentendida, la joven mucama cambió el sentido de la conversación dándola por concluida.

—¡Vamos, llegaremos tarde con la señorita Gendius! Démonos prisa por favor. Recuerda que mañana me enfrentaré a las autoridades de Guardia por mis delitos.

—Es… es verdad vamos.