Capítulo 2:

Contigo Estaré…

"El amor no es algo que encuentras. El amor es algo que te encuentra a ti"
Loretta Young

Circuito de Sugo, Murata, Japón.

El fotógrafo de cabello azul sujeta las manos de la joven rubia mirándose en sus ojos azules con intensidad.

-Por favor, sólo dime, no importa si es un poco, o sólo una vez, dime si pensaste en mí.-suplica con sus ojos color de mar el chico.

-Siempre…-balbucea la rubia subyugada por el tono en el que él dice aquellas palabras, y al momento, se da cuenta de que ha hablado de más, y se sonroja con mayor fuerza.

-Eres adorable cuando te sonrojas. Lamento no tener mi cámara a la mano.-asiente él.-Mira esto.-explica tomando un sobre amarillo que hay sobre la mesa, debajo del florero, y se lo alarga a Serena. Ella lo abre y saca las fotografías, mirándolas impactada.- ¿Y bien? ¿Te gustan?

-Owen…son…increíbles… ¿De verdad soy yo?-incrédula de la belleza artística de la fotografía.

-Lo eres, no sé de qué te asombras, mi lente sólo captó una milésima parte de tu belleza.-galante el joven de cabello aguamarina, tomando la mano de ella y depositando un beso en su dorso. La joven rubia siente que aquel beso tiene la capacidad de quemar su piel a límites extremos.

-Owen.-susurra, confundida por el cúmulo sensaciones que despierta el contacto de los labios del fotógrafo en su mano.

-Serena, sé que quizá no me creas, pero desde que te vi por primera vez en el parque, tras el lente de mi cámara, algo muy especial se despertó en mí. Creo que desde ese instante supe que estaba enamorado de ti. Fue por eso que me decidí a ir a la estética, una tarjeta se cayó de tu bolso en el parque.-confiesa él.- Y mirándote ahora, aquí delante de mí, quiero creer que es posible que tú sientas, así sea un poco de cariño por mí…¿Es así?

-Es curioso ese afán tuyo por quererlo saber todo de antemano.-ríe nerviosa Serena ante esa declaración inesperada que la hacía sentir una sensación abrumadora en la boca del estómago, y arder las mejillas.

-No necesito palabras para saber si sientes algo por mí, Serena.-decidido el fotógrafo.

-¿Ah no? Y si no es con palabras, ¿cómo serí….-pero no puede terminar la palabra porque siente posarse sobre ella los labios de Owen, y se queda con los ojos muy abiertos, sin saber cómo reaccionar. Es un beso sencillo y dulce, casi una caricia que la deja paralizada y terriblemente ruborizada. Él acerca su mano a la mejilla de Serena y le sonríe.

-¿Te convencen mis métodos? -cuestiona Owen, pero en ese momento, una discreta tos del mayordomo hace que se separen.

-Thalassa sama, señorita. El desayuno.-ofrece él, poniendo los apetitosos platos sobre la mesa. Los dos jóvenes desayunan entonces, en un silencio muy significativo, mientras sus ojos de vez en cuando se cruzan en elocuentes miradas.

Una semana después.

El chico de cabello azul se halla en su taller revelando las fotografías de su cámara bajo la luz roja de su estudio, remojando éstas con cuidado en el líquido para revelar, y luego colgándolas en un lazo, donde poco a poco, la imagen de la hermosa joven de cabello rubio, aparece en ellas. Son fotografías de su viaje a Sugo: Serena sonriendo sonrojada bajo su sombrero de ala ancha; Serena arriba de la motocicleta; Serena con Rei y Nataku derramando champán en la improvisada pole luego de la carrera; y la que más le gustaba: la rubia en la popa del barco que tomaron para el paseo en las islas Maysushima. El joven fotógrafo sonríe al ver la imagen de la mujer que un flash de su cámara trajo a su vida, y que ahora, la llenaba por completo de luz. En ese momento llaman a la puerta con insistencia y Owen deja el bote con líquido para revelar fotografías arriba de una tabla junto a sus materiales, para salir después hacia la sala de su apartamento, quitándose el mandil y acercándose a la puerta.

-¡Voy! -grita él y abre la puerta para encontrarse con la chica rubia de sus sueños, que, usando un impermeable amarillo y estilando agua debido a la fuerte tormenta, tiene en sus manos una bolsa y en la otra un paraguas, y le sonríe.

-¿A caso tendrá asilo para una pobre refugiada, señor Thalassa? -pregunta Serena.

-Eso depende de si la refugiada en cuestión piensa pagar la aduana con muchos besos, caricias, abrazos, y sobre todo, sonrisas.-reitera el joven. Serena sonríe y se lanza sobre él sin pensar que está mojada, abrazándolo con fuerza, y en un instante, los dos se besan en el dintel de la puerta con mucha fuerza.

Cuando se separan por la falta de aire, la rubia sonrojada, que ha perdido ya el gorro de su impermeable, acaricia el cabello azul del joven, y ambos se miran con adoración que demuestra todos sus sentimientos, pero luego, ella se da cuenta de que está mojada y se aparta de él.

-¡Gomen! ¡Owen, Gomen! No me fijé que estaba mojada…yo…lo siento…-al verlo ahora a él mojado.

-No tiene importancia, si es el precio por besarte.-determina él, y es ahora quien se acerca y la atrapa por la cintura, repitiendo el beso de hace un momento. De nuevo se separan y Serena, sonrojada, murmura.

-Traje ramen para cenar.-balbucea tímidamente.

-Maravilloso, iré a cambiarme y cenamos, déjalo en la cocina.-indica él y se aleja hacia su habitación. Serena se quita el impermeable y se acerca a la cocina, quitando las bolsas.

Saco los paquetes con el ramen caliente y busco dónde ponerlos. Al abrir la alacena y buscar un sartén, miro mi imagen en el metal platinado de ésta, aún estoy sonrojada… ¡Si seré idiota! ¿Cómo pude mojar así a Owen?

-¿Y puedo saber por qué la bella refugiada ha recurrido a este país extranjero?-escucho a lo lejos la voz de mi lindo "Fotógrafo sexy", como lo llama Rei.

-¡Claro! Pasa que cuando regresé de la clase de italiano, me encontré con el apartamento a media luz, velas encendidas, una cena maravillosa, pétalos de rosa sobre los sillones y nada menos que Rei Hino, mi escéptica amiga que no cree en el amor, usando un despampanante vestido negro con falda corta y tacones altos… ¿Te imaginas?-respondo yo mientras preparo nuestra cena.

-¡Vaya! Así que esa era la razón por la cual Nataku me abandonó. Hoy era nuestra noche de GRAN TURISMO. Es un videojuego de carreras de autos, siempre jugamos online la tarde del sábado, pero claro, mi compañía comparada con la de tu amiga Rei con un diminuto vestido negro… No era dudoso qué elegiría mi amigo.-levanto la cabeza al escuchar la voz de Owen más cerca de mí ,y casi derramo el tazón con ramen al ver cómo se termina de poner una camiseta blanca, y por momentos puedo mirar su abdomen perfecto y musculoso… ¡Kami, Serena, qué demonios te pasa! ¡Te estás poniendo nerviosa!

-Sí…eso mismo pensé yo.-me doy la vuelta intentando que él no note mi sonrojo.-Así que sin decirle nada a Rei, tomé mi impermeable y salí a la calle, no se me ocurrió otro lugar para venir a refugiarme que éste ya que Jed está en su clase de danza.-respondo yo mientras miro a Owen acercarse a la alacena y sacar una botella de vino y dos copas.

-Pues agradezcamos a la noche romántica de Rei y Nataku el que nos permita tener esta linda velada. ¿Te gusta el vino tinto?

-¿Vino tinto con ramen? No creo que combine bien.-le explico yo.

-Entiendo, pero podemos intentar.-descorcha él, y sirve las copas, alargándome una a mí la cual. -Kampai, porque el destino te trajo a mí en una fotografía con la luz de tu mirada.

-Kampai, porque el mismo destino me unió a ti y me dio la oportunidad de conocer la felicidad.-respondo yo, chocamos nuestras copas y luego bebemos. La cena se desliza con tranquilidad, y cuando comienzo a comer me doy cuenta de que después de todo, el ramen y el vino no parecían tan malos.

-¿Sabes qué creo? Que Rei y Nataku se están tomando las cosas muy de prisa. Desde el día de la carrera de motos, entiendo que se flecharon, pero besarse ese mismo día en el barco… Luego, que tu amigo la esperara al día siguiente a la salida de la estética, y ahora esta cena romántica…que ya me supongo cómo va a terminar…-hablo yo.

-Pues no le veo nada de malo, linda, Nataku es un buen tipo, algo calavera y vago, si quieres, pero respondo por él, tiene un buen trabajo, un buen futuro y me parece a mí que tu amiga le impactó desde la primera vez…¿Por qué te preocupa? ¿A caso Rei no es una buena chica?

-Lo es, la mejor que conozco, es como mi hermana, es sólo que me preocupa que lleven todo tan rápido. Los dos son muy impulsivos-termino metiendo los palillos en la sopa, y comiendo un poco más.

-Más bien deberías preguntarte por qué nosotros vamos tan lento. Si Rei y Nataku tendrán su noche apasionada este fin de semana… ¿Por qué no seguimos su ejemplo? -habla Owen tomando mi mano encima de la mesa, debo tener la cara más roja que un tomate porque siento que arde horriblemente, y para colmo, me atraganto con la pasta, tosiendo horriblemente.- ¿Serena? ¿Estás bien? –asustado, Owen se acerca a mí. Cuando mi ataque de tos pasa, lo miro a la cara.

-Si yo…Owen, es que…-no pueden salir las palabras de mi boca.

-Tranquila, sólo dije eso como broma, en verdad no soy tan pervertido como para insinuarte algo así en serio.-me responde él.-No es que no me muera de ganas de estar contigo,-reitera acariciando mi mejilla.-pero sólo será hasta que los dos lo decidamos, estamos iniciando esta relación y quiero que la disfrutemos al máximo, así que no te preocupes.

-Discúlpame, Owen, de verdad. Soy una tonta.-me excuso yo, levantándome de la mesa de golpe, apenada. Pero sólo he dado unos pasos, cuando siento las manos de él aprisionar mi cintura, mientras descansa su barbilla en mi hombro. Su voz dulce y varonil me dice al oído.

-No lo eres, eres adorable, hermosa, sensible, lo mejor que me ha pasado en esta vida.-responde mi atractivo y perfecto fotógrafo, y bajando su rostro hacia el mío, me da un beso en la frente.-Además, tú me has contado todo lo que te pasó con ese hombre del que te enamoraste antes, sé que tu corazón aún está sanando y le tendré toda la paciencia que sea necesario para que se cure por completo, porque una vez que ese hermoso corazón esté sano, lo robaré y será sólo para mí.-a lo lejos suena un relámpago, pero creo que mi corazón tendría éxito en callar el trueno, porque lo escucho golpetear como tambor ante el contacto de Owen y sus dulces palabras. Sin poder contenerme más, giro la mirada y lo abrazo de frente, con fuerza, colocando mi cabeza sobre su pecho.

-Ya lo es, Owen, ya es tuyo.-le aseguro yo. Y los dos nos abrazamos, puedo sentir el calor de Owen rodeándome y me siento segura y protegida, me siento completa. Este tipo de amor, en donde puedes ser totalmente sincera, aceptada, querida sin exigir nada a cambio, es de verdad amor, y no el espejismo que vivía antes, donde sólo sufría y era infeliz pensado en cómo agradar a quien no merecía la pena. Allí estaba Owen, un fotógrafo exitoso, guapo, famoso y con un corazón maravilloso, quien me pedía a cambio de su amor, sólo mi corazón… ¿Podía ser más perfecto? En ese momento, él toma mi barbilla y levanta mi rostro hasta que miro sus hermosos ojos color de mar ,que desde que la vez primera, me hipnotizaron, y coloca su frente junto a la mía.

-Ahora entiendo perfectamente el significado de "Esperar a la Persona Correcta", porque tú eres la persona correcta, Serena, lo sé, quiero estar contigo siempre.-promete él, y yo puedo ver en el fondo de sus ojos que me dice la verdad. Sin decir más, hago algo de lo que jamás me creí capaz, lo sujeto del cuello, y alzándome de puntitas, lo beso en los labios. Mi beso es rápidamente correspondido, y cuando un relámpago ruge otra vez y la luz de apartamento se va, ni yo ni Owen nos quejamos mucho.

Un rayo de sol sobre sus ojos la hace despertarse lentamente, y se da cuenta de que no está en su casa, sino en otro lugar… ¿Es un sofá donde está recostada?...pero… ¡No está sola! Está recostada sobre algo…más bien sobre alguien, alguien que la tiene abrazada con fuerza por cintura. Ella se vuelve lentamente y mira dormido al hombre de cabello azul, sonrojándose con fuerza al recordar la forma tan especial en que sus almas se habían conectado en la noche anterior. Realmente, sólo se habían dado un beso y habían terminado en el sofá, pero sin decirse nada, sólo abrazados, disfrutando del silencio, del sonido de la lluvia y de la compañía del otro. Jamás en su vida se había despertado así de feliz, ni el día que Rei la despertó en su casa y, saltando encima de su cama, le dio la noticia de que habían entrado a Todai.

-Owen.-murmuró ella apartando un mechón de cabello aguamarina del rostro del fotógrafo, y luego, lentamente, como quien temiera despertarlo, se deshizo de su abrazo, poniéndose de pié. Caminó hacia la cocina y sirvió un vaso con agua, luego de tomarla, se acercó a su bolso, el cual había quedado olvidado sobre el desayunador, y tomó su móvil. Vio en este que tenía algunas llamadas perdidas de su amiga y sonrió alejándose hacia el taller de Owen, y entrando en él, enciende la débil luz que alumbra todo.

-¿Serena? ¡Por qué diablos se te ocurre llamar ahora!

-Lo siento… ¿Te desperté?-responde la rubia.

-No…no a mí…

-¡Ohhhh! ¡Rei! ¿Qué pasó entre Nataku y tú anoche? ¡Quiero saber todos los detalles!

Shhh! No te diré nada hasta que estés aquí, no quiero hablarlo por teléfono.

-No te puedo ver pero apuesto a que estas toda roja.-burlona Serena.

-¿Quieres dejar de cuestionarme? Ayer estaba preocupada por ti, aunque al inicio acepto que te corrí… Fui una egoísta, discúlpame.

-No te preocupes, entiendo, parece que las cosas con Nataku van bien… ¿Cierto?

-¡Maravilloso! Serena, no se de verdad cómo agradecer el que me hayas llevado ese día a Sugo y lo haya conocido

-No me agradezcas, me alegra…Sólo me preocupa que quizá estés actuando demasiado rápido con él.

-No voy de prisa Sere, sólo me dejo llevar por mis impulsos, porque créeme que con Nataku, eso es fenomenal y… Oye ¡Un momento! hay algo que aún no me queda claro… ¿dónde dormiste anoche? ¿Con Jed?

-No…yo…me quedé con Owen.

-¿Qué, qué? ¿Y luego dices que soy yo la que voy de prisa? ¡Serena!

-No me digas "SERENA" de esa forma, Rei, nada pasó. Sólo nos quedamos dormidos en el sofá.

Sí, claro! ¿Quieres que te crea que pasaste la noche con tu fotógrafo sexy, y que sólo se quedaron dormidos como niños buenos?

-No me interesa si me crees, o juzgas mis actos desde tu perspectiva, no todos somos dos hogueras ardientes como Nataku y tú.

SERENA!

-Ya, ya, créelo, o no, no paso nada más entre Owen y yo… Nada más que darme cuenta de cuánto lo amo, y de que quiero estar con él siempre y disfrutar de este amor, porque me lo merezco.

-¡Felicidades, Odango! De verdad creo que las dos lo merecemos, ya nos hacía falta que la vida nos enviara a estos chicos maravillosos, porque yo tampoco quiero dejar ir a mi tigre.-responde ella por el teléfono.

-No lo dejes ir amiga, yo tampoco dejaré a Owen. Nos vemos, disfruta de tu tigre y ya hablamos detenidamente cuando nos veamos. Mándame un mensaje cuando pueda volver a casa y no sea indiscreta ni interrumpa nada interesante. ¡SAYOUNARA!

-Adiós a ti también.-cuelga su amiga el teléfono, Serena suspira hondo y, caminando por el taller de Owen, se detiene al mirar las muchas fotografías de ella que tenía colgadas de pinzas por todos lados.

-¿Te gustan?-dice alguien tras ella, la rubia siente los brazos de su amado fotógrafo rodear sus cintura como el día anterior, y sonríe.

-Todo lo que haces me gusta.-termina ella.

-¿Qué te cuenta Rei?

-Muchas cosas, parece que ha encontrado la horma de su zapato con tu amigo, está feliz. Como yo.

-Me alegro. ¿Vamos a desayunar? Me muero de hambre.-pide Owen. Serena se gira, y tomando el rostro del chico, lo besa en los labios fugazmente.

-Vamos.-termina, y tomándolo de la mano, sale con él, cerrando la puerta del taller.

Tres semanas después.

-¡Owen estoy en casa! -resonó la voz de la chica al abrir la puerta del apartamento. El joven, que estaba encerrado en su taller revelando las nuevas fotografías del festival anual de Kyoto, encargadas por un importante diario local, escuchó esa voz y sonrió, tomando el líquido de revelar fotografías, y lo dejándolo descuidadamente en la orilla de la tabla donde guardaba sus materiales. Se quitó ansioso el mandil y corrió hacia afuera, abrió la puerta y vio a la hermosa chica rubia que dejaba su mochila sobre el sillón y se quitaba el abrigo. Sin esperar respuesta, corrió hacia ella, y abrazándola por la cintura, la atrajo a él y la besó con fuerza en los labios, beso que ella correspondió. Cuando se separaron, los dos se miraron intensamente.

-Te eché mucho de menos.-murmuró él contra la frente de la chica.

-No seas exagerado, nos vimos ayer.-responde Serena.

-Todo el tiempo que no te tengo es horrible, me siento vacío, sin luz en mi día… ¿Estás segura de que no quieres venir a vivir en mi apartamento? -propone él.

-Owen, ya habíamos hablado de eso. Te adoro, y lo sabes, pero hay que ir con calma. Al menos hasta terminar la universidad…por favor.-pide ella. Owen toma sus manos y las besa en el dorso.

-Como quieras, discúlpame por insistir.- en ese momento el teléfono móvil de él suena y responde.- ¿Nataku? Sí, soy yo… ¿Qué pasa?... ¡Oh, vaya! ¿Así que a visitar a tus Padres? Me sorprende de verdad y me alegra que vayan, en serio, Rei y tú hacen una linda pareja y ya te estaba haciendo falta centrar cabeza…-se aleja él hablando por teléfono.

Serena se sienta en el sillón y mira las muchas fotografías de Owen y ella que estaban sobre la mesa de la sala. Había pasado sólo un mes desde que estaban juntos, pero había sido el mes más maravilloso de su vida. Owen la había llevado a muchos lugares, la torre de Tokio, Kyoto, Saitama… y en todos le tomaba muchas fotografías, le gustaba cómo era su vida al lado de él, todo era tan alegre y tan perfecto… El fin de semana anterior habían ido a una parrillada a casa de Serena, y su Madre y Padre habían quedado encantados con el fotógrafo, hasta Shingo se había llevado bien con él, y eso que era una molestia siempre. Su Padre estaba sorprendido de que el famoso fotógrafo griego-japonés Owen Thalassa, que había expuesto en varias ciudades de Europa, fuera tan joven, y además que estuviera saliendo con su hija. Serena se sentía orgullosa de tener un hombre como él a su lado, uno que además la amaba tanto.

Miró la fotografía en que ella estaba en el jardín de su casa, fingiendo dar un beso al aire, y en la que el experto lente de Owen la había capturado. Sonriendo, tomó unas tijeras que había sobre la mesa, y recortó la fotografía, dejando sólo su cara dando un beso de lado. Luego, tomó cinta adhesiva, y otra foto del rostro de Owen, pegando encima la suya en donde estaba dando el beso, sonrió mucho más al ver el resultado, parecía de verdad que ella estaba besando la mejilla de Owen.

-Listo, terminé, ¿sabías que Nataku iba a llevar a Rei esta noche a conocer a sus Padres?

-Sí, lo sabía, por eso vine aquí luego de la universidad, no habría nadie en el apartamento.

-¿Te confieso algo? Con los antecedentes de Nataku, jamás creí que fuera a tomarse en serio la relación con tu amiga, pero para llevarla a presentar con la mismísima familia Yamada, es que está decidido y muy enamorado.-termina él, sentándose al lado de Serena y pasando su brazo por sus hombros, ella se acurruca en el pecho del chico y le muestra la fotografía.

-Mira, no sólo tú puedes ser un artista con las fotografías.-presume la rubia, el joven griego ríe de buena gana.

-Es verdad, está hermosísima. La pegaré en el refrigerador. Gracias hermosa.-acaba él, Serena besa la punta de la nariz de Owen, quien se levanta y se acerca a la cocina para pegar la fotografía. Serena intenta recoger las demás fotografías que dejó desordenadas, pero al hacerlo derrama el contenido de un vaso que estaba sobre la mesa y su blusa se moja.

-¡Diablos! -dice ella la ver su ropa blanca manchada del líquido naranja del jugo.

-¿Qué pasó?

-Me mojé con tu bebida, cariño.

-No te preocupes, olvidaste una blusa morada el otro día, la guardé en el armario, espera.-decide él, y se aleja hacia la habitación. Serena entonces, mira en torno y contempla en el otro sillón una camisa azul de botones de Owen, y sonriendo, se quita la blusa blanca manchada y se pone aquella prenda.-Listo, aquí la tengo, Sere…na…-nervioso al verla abrochar su camisa, ya que, por un momento, se puede mirar por la abertura de la camisa el blanco sostén de la hermosa joven y su piel de porcelana. El fotógrafo se queda paralizado, sintiendo su corazón latir con fuerza y sonrojado, ella lo nota y sonríe, le gusta esa mirada en aquellos ojos color mar, y siente una nueva audacia que jamás había sentido antes.

-¿Ves algo que te guste, Owen?-acaba ella, sin terminar de abrochar el último botón y caminando hacia él, lo sujeta de la mano.

-Todo.-sonríe él.-Me gusta tanto lo que veo que no puedo evitar desear capturar tu belleza y tu sensualidad por siempre.-añade él, tomando la cámara que está en el sillón, y enfoca a la chica, pero al intentar disparar, se da cuenta de que ésta no tiene rollo. Abre el compartimento y lo comprueba.-Espera, iré por un rollo.

-No deja, iré yo, tú termina de limpiar y después me tomas todas las fotografías que quieras.-insiste ella.

-Pero, Serena…yo puedo…ir…-sin embargo, no puede detener a la espontánea chica que ya corre hacia su taller.

-¡¿Dónde tienes los rollos nuevos?-grita desde allí Serena.

-¡En el estante de arriba de la mesa! -Owen mira por el lente y lo mueve enfocando la ventana donde quiere hacer las fotografías de Serena, hasta que se pronto, un terrible grito acompañado de objetos que caen lo hace tirar al suelo la cámara y correr hacia el taller.-¡SERENA! -grita al llegar y ver a la chica tirada en el suelo con las manos sobre los ojos, gimiendo de dolor y con todas las cosas del estante de madera derribadas sobre la mesa de trabajo. En el suelo, está tirado el bote con el líquido de revelar fotografías con el ácido derramado.- ¡Serena! -grita él hincándose a su lado, y entendiendo lo terrible de la tragedia.

Tokio Metropolitan Matsuzawa Hospital.

El chico de cabello azul está recargado en la pared del pasillo del hospital. Su mirada está perdida en la nada, tratando de asimilar todo lo que ha pasado, cuando el sonido de agitados pasos se escucha en el lugar.

-¡Owen! Amigo, ¿qué ocurrió? -se oye la voz del joven de cabello plateado, que vistiendo un esmoquin negro, como quien llega de una fiesta. Lleva del brazo a la hermosa chica de vestido rojo y tacones altos, igual que él, vestida de manera elegante.-Taro nos trajo en cuanto recibí tu llamada.

-Nataku…Rei…perdón por sacarlos así de su cena, pero yo…no sabía a quién más llamar…-abatido él. Rei, aterrada, lo toma de los hombros.

-¿Qué le pasó a Serena? ¿A qué accidente te referías?

-Serena…ella…ella…-no encuentra palabras el abatido joven.

-¿Ella qué? ¡Maldita sea!-estalla la impaciente pelinegra.

-Amor, calma…déjalo explicarse.-la detiene Nataku de las manos, obligándola a soltarlo-Owen, ¿qué ocurrió?-cuestiona él a su amigo.

-Ella…fue al taller por un rollo nuevo pero…el ácido para revelar las fotografías…se cayó sobre sus ojos. ¡Es mi culpa, Nataku, es mi culpa! -estalla Owen mientras presiona los puños, y unas lágrimas escapan de sus ojos.- ¡Fue por mi descuido que todo esto pasó!

-¡Gran Kami! -aterrorizada Rei, da unos pasos atrás cubriendo su boca. Nataku tampoco sabe qué decir.- ¿Dónde está ella ahora? ¿Cómo está? -es Rei la que reacciona primero.

-No lo sé, la traje aquí lo más rápido que pude y entró a emergencias, pero no me han informado nada… ¡NADA! – golpea la pared con el puño el joven fotógrafo desesperado.

-Tía Ikuko y tío Kenji tienen que saber.-insinúa Rei.

-Llámalos, yo me quedo con Owen.-decide Nataku, y la chica de cabello negro se aleja tomando el móvil de su bolso y marcando un número pregrabado. Nataku y Owen se quedan solos en el pasillo del hospital.

-Si algo malo le pasa Nataku…

-No digas eso.

-Si algo malo le pasa jamás me lo perdonaré.-decide el chico de cabello aguamarina.

-¿Usted trajo a la señorita del accidente del ácido acético?-se oye una voz femenina a sus espaldas. Los dos muchachos miran atrás a la joven doctora de cabello azul y gafas que sostiene un block en sus manos.

-Sí, doctora…yo la traje… ¿Cómo está Serena?-ansioso Owen.

-Lamento decirle esto joven, pero ella no está bien, la cantidad de ácido que cayó sobre sus ojos ha sido demasiada, tiene quemaduras severas en la retina, y lo más probable es que no pueda volver a ver- determina la doctora. Owen siente que su mundo se derrumba ante las últimas palabras de la mujer, que resuenan en su cabeza con un eco acusatorio interminable.

-Lo más probable es que no pueda volver a ver…no pueda volver a ver…a ver…

-¡Owen! -lo detiene Nataku al verlo tambalearse y casi caer.- Amigo, ¿te sientes bien? -asustado el joven de cabello plata.

-¡DÉJAME! -ruge el de cabello azul como fiera acorralada, y da un terrible empujón a su amigo, lanzándolo contra la pared, para después salir corriendo por los pasillos, empujando a unas enfermeras, y derribando un carrito metálico con material médico.

-¡OWEN! ¡Regresa! -intenta detenerlo Nataku. Rei llega en ese momento.

-Nataku… ¿Qué pasa? ¿Ese que salió corriendo era Owen?

-Señor, necesitamos que alguien de la familia de la paciente esté presente para que autorice los análisis que requerimos.-insiste la doctora.

-Vendrán enseguida, doctora…Pero, dígame… ¿Qué tiene mi amiga?

-Rei, Serena no podrá volver a ver.-es Nataku el que toma la iniciativa, y entonces, la chica de ojos amatista siente que las lágrimas se agolpan en sus ojos.

-¡No es verdad! ¡Serena! -grita Rei dolida, su novio la abraza y la estrecha contra su pecho, en donde llora convulsamente.

-En cuanto lleguen los familiares, búsquenme en recepción, pregunten por la doctora Mizuno. Lamento mucho su situación; de momento, las noticias son desalentadoras, pero aún faltan los estudios de rigor para decidir un curso de acción viable a su caso, así que no pierdan la fe. Con su permiso…-acaba, alejándose, la joven médico de cabello azul, dejando atrás a un preocupado Nataku que sigue consolando a su afligida novia.

-Owen, amigo…sólo espero que no hagas una tontería.-murmura preocupado el de cabello plata.

NOTAS FINALES: Si, aquí el lado más oscuro de Four Ladies, las gemelas malvadas, reportándose. Prometimos no tardar más que lo que llevara la edición y los ajustes y cumplimos, como dijimos ya esta historia está bien pensada y terminada así que en cuanto tengamos la edición y arreglos del último chap lo subiremos.

Con todo nuestro cariño para el lado del Yin, léase el tigre y la tortuga, y para todos los demás lectores que apoyan nuestras locuras (y vaya locuras que nos dan cuando nos juntamos nosotras dos) se despiden de Ustedes hasta el último capítulo de esta historia:

FENIX Y DRAGON…¡HVA FAEN!