Cap. 3

Mirando en la oscuridad

"Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito"

Al fin logro escuchar algo a mi alrededor. Es muy extraño, quiero abrir los ojos y no puedo hacerlo, sólo veo todo negro y siento mis párpados pesados. Me levanto de golpe, e instintivamente me llevo las manos a la cara.

-¡No lo hagas, Serena! ¡Calma! ¡Regresa a la cama! -escucho una voz que conozco bien.

-¿Okka san?- pregunto.- ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué me pasó?

-¿No recuerdas nada? -me dice ella.

-No del todo, me duele la cabeza muchísimo… ¿Qué tengo en los ojos? -pregunto ansiosa, sintiendo la tela que los cubre.

-Unas vendas, no te muevas, te vas a lastimar, llamaré a la enfermera.-dice ella, y siento sus manos empujar mis hombros hasta recostarme.

-¿Enfermera? ¿Estoy en un hospital?-pero no me responde.

-Diga usted...- escucho el sonido de pasos y una voz extraña.

-Señorita, ella ha regresado de la anestesia.-dice la voz de mamá.

-Ahora informaré a la doctora Mizuno.-responde la voz desconocida.

-Okka san… ¿Qué me pasó?

-Te lastimaste con el ácido de revelar fotografías, cayó en tus ojos. Anoche, Owen te trajo aquí.-en ese momento, imágenes difusas del taller de Owen, del momento que levanté mi mano palpando arriba del estante y un líquido que cayó sobre mí, vienen a mi mente.

-Cierto…ahora recuerdo…

-Tsukino san, con su permiso.-escucho otra voz femenina.- ¿Serena? Soy la doctora Mizuno, ¿cómo te sientes? -me pregunta esa voz y toma mi mano.

-Me duele la cabeza… y siento que me arden los ojos.-respondo yo.

-En parte, es normal.

-Doctora… ¿puedo quitarme las vendas? - pido ansiosa.

-De preferencia no, Serena, al menos no hasta que tengamos los resultados de los exámenes. Tsukino san, ¿puede acompañarme afuera?

-Vamos, Doctora. Serena, por favor, quédate tranquila, ahora regreso.-me deja mi madre. Escucho los pasos que se alejan, y suspiro hondo. Mi cabeza es una hoya de grillos, una total vorágine de imágenes difusas.

-¿Sere?... ¿Puedo pasar? -escucho la voz de mi amiga.

-¡REI! ¡Rei, ven aquí! -digo emocionada, alzando las manos hasta que siento las de mi mejor amiga sobre las mías, y siento su cabeza sobre mi pecho mientras me abraza.

-¡Me asusté tanto por ti! -dice en un sollozo.

-¿Rei? ¿Estás llorando? -pregunto al sentir la humedad en mi sábana, asombrada de aquel milagro, ya que Rei nunca lloraba.

-¿Y qué querías, Serena tonta? Eres mi mejor amiga, tenía mucho miedo de lo que te pudiera pasar.-me responde ella.

-Arigatou, Rei chan.-digo conmovida.

-Si pudieras ver la cantidad de flores que hay en tu habitación. Las chicas de la estética y Luna te las enviaron, también los chicos de la universidad, todos están pendientes de ti. Jed estuvo ayer, y se quedó en la noche a acompañarme mientras tía Ikuko iba a dormir un poco.

-¿Y Owen? -no puedo evitar preguntar yo, ansiosa.-Dile que entre, que quiero verlo…-un silencio de mi amiga.- ¿Rei? ¿Qué pasa?

-Owen no está aquí.

-Pero tú puedes llamarlo, ¿no es cierto? -sigo ansiosa, percibiendo algo muy extraño en el silencio de mi amiga.-Rei…dime la verdad… ¿Por qué Owen no está?

-Sere, no quisiera preocuparte de más, pero creo que debes saber algo: Owen se puso muy mal con lo del accidente, siente que es su culpa.-me responde ella.

-¡Owen!-balbuceo conmovida.

-Nataku lo fue a buscar, y los dos vinieron por la mañana, pero tío Kenji…

-¡Qué hizo papá! -grito ansiosa.

-Tío Kenji lo corrió. Él estaba muy alterado, le dijo que se fuera y que no quería verlo otra vez cerca de ti. Perdóname por alterarte así, Serena, tía Ikuko no quería que supieras, pero yo no quería mentirte, prometimos ser sinceras siempre.-me dice mi amiga tomando mi mano. ¡Gran Kami! Si pudiera llorar, seguramente lloraría, pero me arden tanto los ojos, que no sé si lo que siento son lágrimas, o sólo el mismo dolor.

-Gracias, Rei, sabía que podía contar contigo…Hazme un favor: trata de buscar a Owen, dile que quiero verlo…-luego me doy cuenta de la palabra tan irónica que había usado.-Que… quiero tenerlo cerca.

-Te lo prometo, Nataku y yo lo vamos a buscar.-me dice ella. Puedo oír el sonido de la puerta que se abre.

-Hija, la doctora Mizuno va a llevarte a hacer los estudios que necesita. No te asustes, estaré contigo.

-Está bien, Okka san.-digo resignada.

Lo siguiente que recuerdo es el sonido de aparatos, voces, que me trasladaban a una camilla y me llevaban a otro lugar; pero mi mente y mi corazón sólo deseaban una sola cosa: a Owen a mi lado… ¿Por qué sentía una gran angustia en mi pecho cuando pensaba en él?

Circuito de Sugo, Murata, Japón.

La motocicleta azul avanza esquivando peligrosamente a las otras tres, al llegar a una curva, todos los motociclistas giran para dar la vuelta y el conductor de la motocicleta azul pasa a su lado, empujándolos y tomando la delantera.

-¡Mierda! ¿Qué le pasa a Thalassa hoy?-se queja el conductor de una motocicleta amarilla que casi ha salido de la pista ante el empujón del de la Honda azul. Al fin, llegan a la meta, y todos los caballos de acero se detienen en seco. El de la moto amarilla corre y se encara con el chico de cabello aguamarina que baja de la moto azul, y lo empuja del pecho.

-¡Se puede saber qué diablos pretendías hacer un momento! ¡Matarnos o matarte! –furioso, el joven pelirrojo, sujeta del traje al de cabello azul. Una sonrisa de este.

-Más bien la segunda opción, Shinji.-responde éste.

-¡Shinji! ¡Déjalo! -llegan los demás y los separan, pero el pelirrojo aprovecha, y le lanza un puñetazo al rostro a Owen, tirándolo al suelo con el labio reventado.

-¡Si quieres morir, muere tú solo y no nos pongas en peligro, o no regreses más, Thalassa! -estalla el pelirrojo.- ¡No me importa que seas el mejor amigo del jefe, si vas a seguir conduciendo como demente, vete mucho al infierno! -Owen se levanta del suelo y limpia sus labios con el dorso de su mano, luego, saca las llaves de su bolsillo y las lanza al joven que lo ha golpeado, quien las sujeta en el aire.

-Tienes razón, Shinji. Dile a Nataku que dejaré el equipo.-termina, dándose vuelta y caminando hacia la zona de vestuario, ante la atónita mirada de los demás.

-¿Qué le pasa a Owen? Él no es así.-determina uno de ellos con extrañeza.

Departamento de Owen Thalassa.

El joven de cabello aguamarina sale de la habitación con la maleta en su hombro y se acerca al desayunador, donde la deja. Luego, camina hacia el refrigerador y saca un bote con jugo de naranja, del cual toma; cierra la puerta de éste, y sus ojos se clavan en la fotografía recortada y pegada con trozos de cinta adhesiva; el ceño fruncido de su cara se relaja y despega la fotografía.

-Serena…-murmura, cambiando el tono de su voz. Luego, con sus manos despega ambos recortes separando el rostro de Serena del suyo, y arruga ambos pedazos de papel, lanzándolos al suelo. Al momento, unos golpes fuertes en la puerta lo llaman a la realidad.

-¡Owen! ¡Owen, ábreme, maldita sea! ¡Ya sé que estás allí!—oye él la voz de su amigo.- ¡Vamos, deja de hacer el tonto y ábreme! ¡Los chicos me dieron las llaves en Sugo! -al fin, la puerta se abre y Nataku mira a su amigo a los ojos. Parece que Owen se ha derrumbado en una sola noche, las marcas azulosas alrededor de sus ojos delatan su insomnio, y su rostro serio y terrible, da cuenta de la tormenta de emociones negativas que cruzan por su alma.

-¿Qué quieres? -dice fastidiado.

-¿Qué quiero? ¡Te hemos estado buscando desde que te fuiste del hospital! -entra Nataku al apartamento, empujando a Owen dentro, y cerrando la puerta- ¿Tienes idea de lo preocupados que estábamos?

-Francamente, Nataku, no me importa.-reitera el de cabello azul dándole la espalda a su amigo pero este lo jala del brazo.

-¡Alto! ¡No vas a dejarme hablando solo! Tienes que oírme. Serena volvió de la anestesia.-Owen levanta sus atormentados ojos hacia los de su amigo.-Así es, ella regresó y quiere que estés a su lado. Rei me lo dijo, y por eso vine por ti. Vamos al hospital.

-No iré.-decide él con voz ronca.-No puedo ir, Nataku, no luego de lo que pasó con Tsukino san, ni con Serena…Soy responsable de su accidente, le arruiné la vida.-se zafa él del contacto y llega al desayunador, del que toma su maleta.

-No eres responsable de nada, fue eso, un accidente. Cierto que su Padre se exaltó, y es normal, pero ahora no te echarán porque ella misma pide que vayas, además, la doctora les ha dicho que hay una posibilidad de que Serena pueda volver a ver: un trasplante de córnea.-dice Nataku. El de cabello azul se detiene en seco y mira a su amigo.-Owen, ella te necesita mucho a su lado, no puedes irte.

-Aún con eso, yo no puedo más. Nataku, si no me voy de aquí a reordenar mis ideas, voy a terminar por hacer algo indebido, y no quiero.-termina el chico, y pone su mano en el hombro de Nataku.- Dile a Serena que lo siento mucho, pero no puedo verla, no hasta que no sienta que me he redimido.

-¿Entonces, te vas? -pregunta el de cabello plata.

-Sí.

-¿A dónde?

-Ni yo mismo lo sé, Nataku, sólo me voy. Gracias por ser mi amigo, por apoyarme y por preocuparte por mí, pero no lo merezco.-termina el chico, y se aleja abriendo la puerta. Nataku sale tras Owen, quien ya baja las escaleras hasta la calle, donde lo aguarda un taxi, al parecer, llamado con anterioridad. El muchacho deja la maleta, luego, toma las llaves de su saco y las alarga a Nataku.-Toma esto, cuida de mi casa, aunque dudo que regrese rápido, y gracias por todo.- Nataku toma las llaves.

-Te estás equivocando, Owen, huir es de cobardes.-ofendido el de cabello plata.

-Entonces, tómame como uno, ya no me importa, ya nada me importa.-termina éste, entrando al taxi , el cual arranca por la calle.

Tokio Metropolitan Matsuzawa Hospital, tres semanas después.

Estoy sentada en la cama de la habitación del hospital, siento mi corazón latir con fuerza, aunque continúo sin ver nada.

-Bien, Serena, hemos cerrado las cortinas de la habitación porque la luz fuerte puede dañarte. Ahora procederemos a quitarte los vendajes, cuando lo haga, no abras los ojos de golpe, mantenlos cerrados, y cuando te diga, los abrirás lentamente.- escucho la voz de la doctora.

-Serena, hija escucha a la doctora, por favor, y trata de obedecer.- escucho también a mamá.

-Luego de abrir los ojos, es posible que tardes en enfocar, Serena, pero cuando lo hagas, dinos todo lo que veas o sientas… ¿De cuerdo?

-Así lo haré, Mizuno san.-digo, sintiendo latir mi corazón con fuerza.

Toda mi familia, Rei, Nataku y mis amigos me habían dado ánimos estos días horribles, y se habían movilizado para encontrar el donador de córneas, de miles de formas. Los chicos de la universidad, habían hecho una campaña en varios centros comerciales y por internet; Nataku, aprovechando sus amistades, había investigado en las listas de espera de hospitales cercanos; Rei y mi familia habían hecho labor en el tempo del abuelo de Rei; Luna, Jed y las chicas de la estética, habían cooperado para un espectacular en Shinjuku. Mi amiga me contaba todas las tardes que venía a cuidarme, lo que estaban haciendo para conseguir que me aliviara, y no podía fallarles a todos, no cuando gracias a ellos había conseguido esta nueva oportunidad de ver, una nueva oportunidad que un alma generosa me había obsequiado.

Sin embargo, aún tenía miedo, la doctora había sido clara conmigo al decirme que el trasplante era una moneda al aire, y que igual era posible que no resultara, pero yo me había decidido. Ahora que sentía las manos de la doctora quitando las vendas, me preguntaba ansiosa qué pasaría cuando intentara abrir los ojos… ¿Luz? ¿Oscuridad?... ¡Gran Kami! ¡Dame fuerzas!

-Listo, ya no tienes vendajes, mantén tus ojos cerrados.-me pide la doctora.- Ahora sí, lentamente, ábrelos.-me pide ella. Suspiro hondo y reúno el valor que me queda, lentamente abro mis párpados, pero no hay nada, sólo oscuridad…

-¡No veo nada, doctora Mizuno! -grito aterrada.

-Espera un poco, es normal, dale tiempo a tus ojos de acostumbrarse.-escucho la voz de ella, y tiene razón, porque poco a poco una imagen se forma ante mí, primero borrosa, pero poco a poco, mucho más nítida.

-¿Okka san? ¿Rei? -cuestiono yo, al ver a mi madre y a mi amiga delante de mí. Al lado de ellas, una mujer muy joven de cabello azul, gafas y bata blanca, me sonríe.

-¡Serena! ¿Puedes vernos? -salta emocionada mi amiga.

-Claro que puedo ver… ¡Puedo ver!-me doy cuenta, y me levanto emocionada de la cama, corriendo hacia mi amiga. Las dos nos abrazamos emocionadas.

-¡Gracias al gran Kami! -dice mi Madre, limpiando las lágrimas que corren de sus ojos. –Arigatou, Mizuno sama.-se inclina ante la doctora.

-No agradezca, Tsukino san, es mi trabajo, además, ella puso de su parte, y sobre todo, Ustedes que consiguieron ese donador.-al oír esas palabras, reacciono.

-Doctora, mamá, Rei…quiero saber sobre el donador.

-Lo sentimos, Serena, pero ese tipo de información es confidencial, lo único que debes saber es que toda tu familia y tus amigos hicieron hasta lo imposible por conseguirlo.-me dice la doctora Mizuno.-Ahora sí, Tsukino san, señorita Hino, hagan favor de salir, porque debo examinar a mi paciente.

-Te esperamos afuera, Sere.-me dice mi amiga, soltando mi mano. Rei y mamá salen de la habitación, y la doctora se acerca a mí.

-Ahora, vamos a ver cómo te quedaron tus nuevas córneas Serena.-dice ella llegando a mi lado y agachándose a ver mis ojos. Mientras, yo sólo puedo pensar que lo único que falta para que mi felicidad sea completa, es volver a ver a mi Owen… ¿Por qué en todas estas semanas no ha venido?...Seguro por su pleito con papá, pero ahora que puedo ver, todo será diferente, él sabrá que no tuvo la culpa de nada, y aún mejor, sabrá que lo sigo amando…

Departamento de Owen Thalassa.

La cerradura de la puerta se abre y el joven de cabello plata enciende la luz, el departamento entero se alumbra, así como la lejana zona de pantallas y reflectores del estudio. La chica rubia entra y camina por aquel lugar, mirando todo con nostalgia, poniendo sus manos sobre los sillones y las mesas. Nataku se queda parado en la entrada, dejando en el suelo la maleta, y Rei entra tras él.

-¿Hace cuánto se fue? -pregunta Serena con un leve temblor en su voz.

-Dos días después del accidente.-responde Nataku.

-Ya veo.-afirma ella, y luego camina hacia la cocina, llega al desayunador, y sus ojos azules se clavan en el refrigerador, buscando algo. Mira abajo, y ve en el suelo las fotografías arrugadas, se agacha y las levanta.-Owen…-murmura mirando los dos pedazos de fotografías, y sus ojos se llenan de lágrimas al entender a qué grado el chico se sentía culpable. Rei intenta entrar y llegar junto a su amiga, pero Nataku la detiene del brazo negando con la cabeza.

-Sere… ¿Aún estás segura de quedarte aquí?-cuestiona inquieta Rei.

-Muy segura, Rei chan.-asiente ella limpiando las lágrimas de sus ojos con el dorso de su mano, y sonriendo forzada a sus amigos.-No tengan miedo ni tú ni Nataku, que no haré nada tonto, menos luego de haber recuperado un don tan valioso como la vista. Ahora valoro mucho más mi vida, lo único que quiero, es estar cerca de él de una forma o de otra, porque yo se que va a regresar… ¿verdad? -cuestiona ella, llegando al lado de la pareja.

-Claro que va a regresar, Serena, tiene que volver.-anima Rei a su amiga, tomándola del hombro.

-Y cuando él regrese, estaré aquí, esperándolo, y le diré que fue un tonto al irse así, que no tiene la culpa de nada, que lo amo y que no quiero que estemos separados nunca más.

-Verás que él sólo necesita tiempo, Serena.-apoya Nataku.-Pero de igual modo, lo que sea que necesites, sabes nuestro número. Llámanos.-amable el joven de cabello plata.

-Gracias, Nataku, Rei, a los dos; son los mejores amigos del mundo.-sonríe la rubia.

-Sere, si te sientes con ánimos, paso por ti mañana para ir a comer, pero te llamo antes. Ten mucho cuidado.-añade Rei.

-Vayan tranquilos, estaré bien.- Nataku y Rei se despiden y se alejan cerrando la puerta, dejando sola a Serena en aquel lugar que tantos recuerdos dolorosos y a la vez felices le traía. Serena toma la maleta en su mano y llega al sillón, toca con su mano el asiento de éste, recordando aquella noche en que ella y su Owen se quedaron allí, durmiendo juntos. Después, deja la fotografía rota que lleva en su otra mano sobre la mesa, y tomando más cinta, vuelve a unir los dos pedazos, como estaban antes. Al terminar, se levanta y vuelve a pegarla en el refrigerador, en el mismo lugar, suspirando hondo. Camina luego al dormitorio, se quita los zapatos, tira al suelo la maleta y se lanza en la cama llorando convulsa, abrazando una almohada que aún conserva el aroma varonil y tranquilizante de él. -Owen… ¿Dónde estás? ¿Por qué me dejaste sola?-reclama Serena antes de hundir de nuevo su cara en la almohada, sollozando con fuerza.

Miro el calendario, y tacho el siguiente día; hoy hace seis meses que no sé nada de él.

A pesar de los esfuerzos que habíamos hecho Rei y Nataku y yo por encontrarlo, no había rastro de él. Aunque yo, ésta, como todas las mañanas desde que vine a vivir a este apartamento que era suyo, me despertaba con la esperanza de que hubiera regresado. Cada que alguien toca a la puerta, cada vez que suena el teléfono, o que alguien me llama por mi nombre, no puedo evitar pensar que es él, que ha regresado a mí; aunque luego me convenza de lo contrario, y la decepción sea cada vez mayor.

Camino hacia el refrigerador para tomar algo de leche, y al hacerlo, no puedo evitar mirar la fotografía de nosotros dos, la que yo había recortado, y que era como mi última esperanza de que él volviera. Saco la leche y la sirvo, tomo un sorbo, y termino suspirando hondo… ¿Será verdad, como dice mi madre, que debo regresar a mi vida normal, salir de este apartamento y olvidarme de él?...A veces, más últimamente, me estoy convenciendo de que puede ser una opción viable.

-Hija, si continúas con esa vida, despertarás un día en veinte años, sola, vieja y preguntándote por qué dejaste escapar la vida esperando a alguien que jamás regresará.-

Las palabras de mamá resonaban en mi mente, una parte de mí sabía que tenían razón, pero otra parte, quizá la más fuerte, me decía que debía tener esperanza, creer en Owen, en lo que sentíamos los dos, y en que no podía irse, dejándome sola. Mi plazo para una decisión había expirado hace una semana, el día de la boda de Rei y Nataku.

Yo misma me había dicho que si Owen se enteraba de esto, regresaría, si no por mí, por su amigo; la boda fue demasiado publicitada, tratándose del hijo de una familia como esa, y de la hija de un político tan importante como el papá de Rei; y yo, me emocionaba pensando que mi Owen, en donde quiera que estuviera, podía leer el periódico y enterarse de la boda, y de que yo, Serena Tsukino, sería la madrina, que estaba bien, sana, a salvo, que podía ver de nuevo, y de que no había razón para que se siguiera culpando.

El día de la boda, yo había estado más nerviosa y emocionada que Rei. Buscaba con ojos ansiosos en todos los rostros y en todos los invitados, esperando encontrarlo, pero no vino…ni siquiera a la boda de su mejor amigo, boda que él debió haber apadrinado conmigo…

Desde ese día, mi tristeza y mi nostalgia habían aumentado, agudizadas por la ausencia de Rei, cuando se fue a la luna de miel me esforcé por parecer feliz y tranquila, por no amargarle el momento, aunque ella sospechaba, y me preguntó varias veces si estaría bien. Le mentí. No lo estoy.

Termino mi leche, y dejo el vaso encima del desayunador. Luego, tomo las llaves y salgo del apartamento. Afuera hace algo de frío y neblina, en esta época del año, en Tokio siempre la hay, mucho más a estas horas de la mañana; así que me pongo el gorro que cuelga de mi sudadera y comienzo a correr en dirección al parque. Sólo el ejercicio me da algo de paz y calma, me despeja la mente; y mientras más fuerte corro, mientras más rápido corro, mi tristeza parece aminorar.

La joven de traje deportivo blanco corre por el parque a un paso constante y veloz, el frío de la mañana hace que de su boca escape un ligero vapor que delata su esfuerzo. Los primeros rayos de sol alumbran el escenario de árboles tupidos de ese lugar, y poco a poco, van disipando la neblina.

Se detiene al ver el espectáculo del sol pintando de amarillo y naranja las nubes, y jadeante, se quita la capucha de su sudadera, dejando que su cabello rubio, sujeto en dos coletas, salga de esta. Respirando agitada se detiene de la baranda que da hacia el lago, en donde ya nadan algunos patos, hasta que algo la golpea por la espalda. Sorprendida, ella se vuelve, sólo para ver una pelota de goma que fue la que ocasionó el golpe, y se agacha por ella.

En ese instante, se escucha un ladrido y un hermoso perro labrador café sale de entre los arbustos y se acerca a ella, moviendo la cola.

-Hola amigo.-sonríe Serena, agachándose hacia él y acariciando el cabello del animal, quien emite pequeños gruñiditos de satisfacción cuando ella lo acaricia.-Eres muy lindo… ¿Tienes nombre? -pregunta mirando el collar con forma de hueso dorado, donde se lee "NAIAD".- ¿Quieres esto? -pregunta mostrando la pelota que el animal sujeta con el hocico. Enseguida, el perro se aleja, pero se detiene luego, dejando la pelota en el suelo, y mueve la cola como esperando que ella lo siga.- ¿Qué pasa, Naiad? ¿Quieres que vaya contigo? -el labrador, por toda respuesta, ladra.

Serena sonríe y sigue al perro, que tomando la pelota, ha atravesado otra vez los arbustos por donde llegó, y mira, sentado en una banca, a un hombre de gabardina café y boina, que está de espaldas. El perro llega y deja la pelota junto a los pies de su amo, ladrando. Serena siente una sensación extraña al ver la silueta de aquel desconocido. En ese instante, un fuerte viento se deja sentir en el parque, y un papel, que estaba al lado de la banca del dueño de Naiad, flota en el aire, y cae a los pies de la rubia.

Serena clava sus ojos azules sobre la fotografía que está en el suelo, que no es otra que la que un día, por accidente, Owen le tomara en ese mismo parque. Aterrada por aquello, se cubre la boca con las manos para contener un grito de asombro.

-¿Regresaste, Naiad? ¡Qué bien! ¿Dónde está tu pelota? -la voz, esa voz, entra en las memorias de Serena y la sacude de pies a cabeza; si tenía duda, ya no la tiene. Se agacha al suelo y levanta la fotografía, luego, camina hacia la banca, lentamente, mientras su corazón late aceleradamente, hasta que se coloca delante del hombre de la boina.

-¡Owen! -no puede reprimir un grito. Al escuchar esa voz, el hombre de lentes negros se levanta de la banca como si hubiese tenido un resorte. Su boina cae al suelo, y el cabello aguamarina es hondeado por el viento. -¡Owen! ¡Regresaste! – Serena no puede evitar gritar, abrazándolo con fuerza entre, lágrimas. El chico permanece serio y callado, no responde al abrazo.- ¡Yo sabía que ibas a regresar! ¡Lo supe siempre! ¡Nunca perdí la esperanza de que volvieras!

-Serena…no…no debes…

-No me interesa por qué te fuiste, tienes que saber que no te guardo rencor por nada, tú no fuiste el culpable. Además, no hay motivo para que te alejes de mí, estoy curada, los chicos consiguieron un donador de córnea, ¡puedo ver otra vez, Owen! ¡Puedo verte ahora! -emocionada ella. Una sonrisa ambigua del joven.

-Sé que puedes verme, Serena; pero en cambio, yo a ti no.-dice él, y se retira los lentes negros. Serena mira las pupilas aguamarina que tanto amaba, ahora vacías y sin luz, y al fin lo entiende. Aterrorizada por el significado de todo aquello, da unos pasos atrás; los lentes oscuros, el perro, el bastón doblado que descansa a un lado de la banca…

-¡Gran Kami! ¡Owen!... ¿Por qué? -balbucea ella.

-Yo no quería que lo supieras, le hice prometer a Tsukino san que no diría nada por el bien de todos…

-¿A Papá?... ¿Por qué a papá?...Owen… ¿a caso tú…a caso tú…?-intenta Serena ordenar en su mente el significado de todo aquello.

-Era lo único que podía hacer para reparar mi culpa, Serena, te amo demasiado como para aceptar que hubieras perdido la vista. A los pocos días que me fui del apartamento, vi la campaña que estaban haciendo tu familia y tus amigos, y me decidí. Si por mi causa perdiste la luz de tu mirada, yo mismo iba a hacer que la recuperaras, a costa de todo.-las lágrimas corren por los ojos de Serena ante esta revelación.-Así que contacté a tu Padre, aunque al principio se negó a verme, cuando nos entrevistamos y le dije mi decisión, se mostró muy conmovido, y me ayudó a hacerlo de forma discreta. Nadie supo que las córneas donadas eran mías, más que los médicos y tu padre. Le pedí que jamás te dijera la verdad, y me alejé esperando que el saberte de nuevo feliz, fuera suficiente para vivir lo que me quedaba de vida. Habría dado mi corazón por ti, si fuera preciso. Y aunque no quería que lo supieras…creo que el destino es muy cruel a veces, ¿cierto?...Me mudé a Saitama para que no me encontraras, y ahora, que vengo a Tokio por primer vez en meses, es que nos encontramos.

-Es que nadie puede huir del destino, Owen, y el nuestro está ligado desde ese día en este mismo lugar, en que me crucé en tu camino…

-¡Maldito día que te causó tanto dolor! Ojalá no me hubieras conocido…

-¡No digas eso! -salta ella, abrazándolo con fuerza, y luego, sujeta su rostro con sus manos.- ¿Cómo puedes decirlo cuando sabes que ese día encontré la felicidad? ¡Te amo, Owen! Nada va a cambiar eso, y mucho más te amo ahora, ahora que sé todo lo que eres capaz de hacer por mí. ¡No dejaré que te vayas jamás de mi lado!

-Pero…Serena…ahora yo soy un…un inválido… ¿Cómo es que quieres hacer tu vida conmigo? Sería terrible, tú mereces ser feliz. Ahora que puedes ver, debes encontrar a alguien a quien amar, a alguien que valga la pena…no a mí…-dolido el joven, pero no puede terminar de hablar, porque unos labios cálidos y dulces se apoderan de su boca, y unas manos delicadas y frías se cuelgan de su cuello. Él no puede evitar responder a aquel beso que tanto había anhelado esos meses de infierno, y aprisiona la cintura de la mujer entre sus brazos, sintiendo la humedad de las lágrimas de ella sobre su propio rostro. Cuando el beso termina ella, se recarga en el pecho del joven.

-Espero que eso te haya dejado claro quién es mi única felicidad. Te amo, Owen Thalassa, te amo mucho más que a mi vida, y no permitiré que me dejes otra vez, así quieras o no.-decide ella, aferrándose al abrazo, como quien desea demostrar sus palabras con hechos.

-No merezco tu amor, Serena…soy un cobarde…

-Quien no merece tu amor soy yo, y no puede ser un cobarde el hombre que es capaz de perder su propia vista, y su vida si es necesario, por la mujer que ama. Así que deja de huir, y vamos a casa.-decide ella sonriendo y sujetándolo del brazo. Owen toma el bastón de la banca y llama al perro. Naiad se acerca y le coloca una correa.- Naiad es hermoso. Él me trajo a ti, de no ser por él, quizá jamás nos habríamos encontrado.

-Es un gran amigo. Le debo muchísimo, de no ser por él, quizá no me atreviera a salir solo.-reitera él mientras caminan por el parque.-Serena…algo más, ¿a dónde vamos?

-A tu apartamento, a nuestro hogar.

-¿A mi apartamento? ¿Tú vives allí? -asombrado el invidente.

-Desde que salí del hospital me quedé allí. He conservado todo como tú lo dejaste porque siempre pensé que ibas a regresar por mí.-declara ella orgullosa.-Sólo algo cambió, la fotografía que arrugaste, la nuestra, la reparé. Así quiero reparar nuestra vida, y que estemos juntos, como en esa foto.-decide feliz la rubia.

Al llegar al apartamento, Owen no puede evitar detenerse y tomarse unos momentos. Ahí, en la entrada, trata de percibir el lugar. Sabe perfectamente dónde está y cómo moverse, y aún así, el estar ahí no deja de impactarlo. El olor ha cambiado, lo sabe porque ahora lo percibe como una mezcla entre la casa que dejó, y los olores de las cosas que han pasado día a día y que él aún no conoce; la impresión que Serena ha dejado allí.

De momento, el chico percibe a la rubia, quien pacientemente espera a que él se aclimate, y se gira hacia ella con una sonrisa. Serena sonríe de regreso, pero enseguida se da cuenta de que él no puede verla, así que camina hasta él y le coge de la mano, en un gesto de compresión.

Owen, siente repentinamente una ráfaga que lo recorre y que lo lleva a moverse por el lugar, aminorando de golpe su velocidad, al ser nuevamente consciente de su estado.

-Ve con confianza, todo está igual.- lo anima Serena. El muchacho la escucha, y sigue su recorrido, tocando de vez en vez los muebles y objetos a su paso, como haciéndose un mapa mental. Mientras él sigue con su tarea, Serena sirve un recipiente con agua, y lo pone al lado de la puerta para el perro, sin dejar de prestar atención a Owen. Éste, por su parte, se gira al escuchar al perro beber.- Le he dado algo de agua, tenemos que pensar cómo nos acomodaremos los tres ahora.-

-¿Qué quieres decir? Naiad puede hacer de lo que mejor le parezca su cama, y tú y yo en la alcoba.- aquello no era más que un simple comentario, pero logra sonrojar un poco a Serena, quien no pretendía meterse en esos terrenos con su comentario, pero que ahora se da cuenta de que aquello era un tema ineludible. Owen, aún sin mirarla, se imagina perfectamente su reacción, y su risa limpia inunda el lugar, para cambiar enseguida de tema.- ¿Me podrías ayudar a servirme un poco de agua? ¿O sólo Naiad es digno de tus favores?-

La muchacha, enseguida responde afirmativamente, y se gira para buscar un vaso. Una vez que su novio hubo entrado en la cocina, se lo extiende, notando nuevamente su torpeza y tocando su mano para indicarle dónde estaba el vaso. Owen, sin embargo, antes de tomar el vaso, dirige su tacto al rostro de Serena, delineando su nariz y sus pómulos, para finalmente intentar tomar el agua. Cuando busca el recipiente, una mezcla entre su invidencia y el nerviosismo de Serena, hace que éste se derramara, mojando al chico por completo, siendo alcanzado con peripecias por ella, para evitar que se rompiera.

-¡Lo siento, Owen! ¡Soy tan torpe!- se desespera ella, buscando algo para limpiar.

-¡Hey!- la detiene.- No pasa nada, es sólo agua.- la tranquiliza él.

-Será mejor que te cambies esa camisa.- propone ella, ayudándolo a quitársela, para después tenderla en una silla, y tomar a Owen de la mano para que la siguiera a la habitación.- Conservo aún las cosas que dejaste, vamos a buscar una camisa limpia.- Ambos entran al cuarto, y Serena se dirige al armario para buscar la prenda. Sin pensarlo mucho, se gira un momento a ver al muchacho y lo que traía puesto, para elegir el color de la camisa, y es hasta ese momento que se da cuenta de que su pecho está desnudo. No puede evitar mirarlo detenidamente con una nueva seguridad, quizá fuera el hecho de que después de lo que había pasado, sentía que ambos se pertenecían, o quizá fuera algún tipo de excitante regocijo en el hecho de que él no sabía que lo miraba, un estado febril que la llevó segundo antes, cuando ayudó a Owen a quitarse la camisa, y tocó su piel, aunque sin prestarle atención en ese momento que ahora regresaba cobrando importancia. Como fuese, tan concentrada está en aquello, que deja caer la camisa que tiene en la mano, haciendo que la percha sonara al caer.

El chico de cabello aguamarina reacciona ante el sonido y se aproxima hacia su causa, intentando recoger lo que se cayera, pero ella ya lo ha hecho.

-Lo siento.- reitera Serena.- Yo estoy… un poco….es decir….yo.- intenta excusarse.

-Shh… no pasa nada.- responde él, tomando su mano y acercándola a sí, sin poder evitar reaccionar al oler su cabello.

-No sé qué me pasa, yo…- habla ella nuevamente, aún más nerviosa por la cercanía de Owen, quien nuevamente posa sus manos en su rostro, comenzando con su barbilla, y delineando posteriormente sus ojos, sus labios… para acabar con ambas manos en su cuello, antes de besarla suavemente.

Serena responde lentamente al beso, sin abrir los ojos, mientras que el muchacho no deja de sentir su cuello, sus hombros, su rostro, como formándose una imagen mental de todo aquello que sus yemas van tocando. En el beso, ambos se desplazan hasta quedar recargados en el armario, estando ella atrapada entre éste y Owen. Aquello pasa casi desapercibido por ambos, que están completamente poseídos por el beso.

Owen continúa con su recorrido por el cuerpo de Serena sin dejar de besarla; sus manos pasan por su cintura, por sus caderas…era casi como si no necesitara verla, como si la viera mejor aún con sólo tocarla. Todo lo que sus otros sentidos le decían, era más que suficiente; el olor que ella despedía, su respiración algo agitada, la forma en que sus cuerpos encajaban perfectamente, la tela de su ropa, la forma en que él sabía que ella lo estaría viendo.

Ella, sin ser del todo consciente, posa sus manos sobre su pecho, moviendo apenas sus dedos, y notando cómo la temperatura de Owen se va elevando bajo su tacto. El sentir el tacto de Serena, multiplica la velocidad a la que su temperatura sube, y sólo puede atinar a hundir su rostro en el cuello de la rubia, lo que ocasiona que le premie con el mejor de los sonidos: un gemido que sin permiso escapa por la garganta de Serena, para intentar ser callado por ella, sin tener éxito en ello, ya que él no se detiene, y ella empieza a ceder.

El no poder ver, no merma la acción ni la inspiración del peliazul; al no poder ver, no está consciente de nada a su alrededor, no sabe qué puede pasar, no controla la situación, no hay nada que importe más que aquel momento; y si acaso algún pensamiento cruza por su mente consciente, es la certeza de que aquello era mejor que cualquier experiencia anterior que hubiera tenido; la desquiciada idea de que así era como Hacer el amor tenía que ser; y por primera vez desde que dejó de ver, se sintió agradecido por su estado, pues tenía la oportunidad de experimentar algo que muy pocos podían: perderse en el momento.

De cualquier modo, aquella extraña certeza, que no llegaba a ser un pensamiento, abandona el mundo de los mortales cuando el muchacho siente los dedos de Serena aferrarse a su cabello y a su cuello, y la estrecha aún más contra sí mismo, sintiendo los pechos de la chica apretarse contra su torso, aún a través de la ropa; y haciéndola a ella consciente de su excitación.

Ambos gimen, no valía de nada tratar de ocultarlo; era perfecto, como una danza… Ninguno conoce los pasos, pero ambos siguen al fin el mismo ritmo; no es un momento fotográfico, ningún medio humano hubiera tenido éxito en capturar lo que allí acontecía. Dos personas encontrando su lugar en medio de un mundo raro, tanto juntas, como por separado, a través del otro.

Y entonces, la pasión toma prioridad, el lugar donde las palabras no caben, y donde nada es imperfecto o equivocado. Owen se gire, y gira a Serena con él, deslizándose lentamente, hasta que las piernas de ella topan con la cama. Ella, lentamente se sienta, teniendo enfrente la perfecta imagen de Owen sin camisa, jadeante, bañado por un leve rocío de sudor. Lo toma de la mano, y lo invita a seguirla. Él, sin embargo, posa sus manos en los hombros de la chica y los delinea, subiendo por su cuello y llegando hasta su rostro, deteniéndose un momento en sus labios, hasta sentir que Serena besa sus dedos lentamente. Vuelve a bajar por el cuerpo de ella, hasta llegar a al borde de su blusa y comienza a subirla. Serena alza sus brazos y lo ayuda a deshacerse de la prenda, que pronto queda en el suelo, esperando ser acompañada por las demás, mientras Owen sube una de sus rodillas a la cama, reclinando a Serena sobre ésta, sin dejar de recorrer su cuerpo, de oler de su cabello, de probar su piel. La rubia cierra los ojos inconscientemente, quedando en igualdad de condiciones al sentir el contacto de sus pieles desnudas, dejando de lado, de una vez y por todas, el mundo exterior de las cosas insignificantes.

Unas horas después, el sol cae en Tokio. Serena mira ausente la luz que poco a poco se va perdiendo, que se lleva al día con ella. Siente un leve movimiento al lado de ella; Owen ha despertado, y acerca aún más su cálido cuerpo al de ella. Lo que tiene ante ella es inmenso, no es solamente una vida al lado del hombre que ama; es una vida en la que, continuamente, ambos conocerán el mundo a través del otro, y no puede más que suspirar profundamente.

Él no dice nada, sólo siente como ella recarga su cabeza en su hombro y pasa su brazo por la espalda de Serena, sintiendo que su corazón lastimado estaba bien otra vez, por vez primera en meses. De verdad, Nataku tenía razón al decirle que huir era de cobardes, pero no se repetiría, jamás iba a alejarse de ella de nuevo. Nunca. Y aunque no podía ver con los ojos físicos, Owen sentía la calidez y la luz que emanaba de ambos cuando estaban juntos, y bendijo esa luz, que era ahora su felicidad.

FIN

NOTAS FINALES:

Seiryu: Nunca pensé que escribir un lime así fuera tan complicado, tardé más de lo normal pero aquí está! Espero que lo disfruten y que le encuentren ese puntillo de magia que me invadió cuando lo escribí, y que no me dejó ir más allá, para perderme en lo que podría ser un mundo así, sin apariencias. O sea, me salió una cursilada y ni yo me reconozco, hablando en términos mortales, y no sé ni cómo explicármelo a mí misma, pero ya que los cumpleaños sacan lo más extraño de nosotras, yo no me podía quedar atrás. Les prometo algo más sexoso la próxima vez…hahhaha. Las quiero. La Reyna Dragón, ha hablado!

Suzaku: Bueno no me queda mucho más que decir. Solo esperamos que les haya gustado, tratamos de hacer una historia para el gusto de nuestras amigas del lado del Yin pero con el toque del lado Oscuro, las dos nos divertimos mucho haciéndola y esperamos haya valido la pena, gracias por la paciencia y por esperarnos, con todo cariño para quienes equilibran el Tao y no nos dejan ser tan malditas…(¿TAAAN?)jajajaja… Bien, nos leemos en alguna otra locura que se nos ocurra. Lady Phoenix.

P.D. Anexamos link del video en youtube que nos inspiró a escribir esta linda historia. /watch?v=wFSGBBNmbIc