The Crying for Edward Contest
Nombre del mini-fic: El Amanecer de la Luna
Autor: Cris as Bella Cullen
Categoría: M
Summary: Cada año, una sola noche de verano, en Forks ocurre lo más mágico y hermoso que puede ocurrir en aquel aburrido pueblo: una lluvia de estrellas ¿Qué ocurrirá cuando Edward la lleve a ver aquel precio fenómeno? Para Bella será la el mejor día de toda su vida.
Número total de palabras: 2,298
Espero que os guste,
Creo que este capítulo solo confirma mi adicción a la saga crepúsculo
Admito que me estoy estudiando Amanecer, quiero saberme todos y cada uno de los diálogos que habrá en la película.
Ya vi Eclipse, por tercera vez.
No os entretengo más,
Se despide vuestra siempre tímida pero increíblemente risueña autora,
Cris
-Bella… –sentí una fría caricia en mi frente, mis mejillas, mi nariz y finalmente mis labios-. Bella, amor, despierta…
Me removí entre sus brazos, aun estaba medio dormida… Sentí sus labios en los míos, me dio un beso para nada inocente, al que no pude evitar responder a pesar de mi cansancio. Nuestros labios justos, nuestros alientos entremezclados, nuestras lenguas acariciando al otro hasta que me obligué a parar por el bien de ambos.
-Bien ya me he despertado ¿ahora qué? –pregunté fingiendo enfado.
-Bueno pues son las ocho de la tarde, está empezando a oscurecer, has dormido bastante. Todavía queda algo de tiempo hasta tu sorpresa ¿porqué no comes un poco?
-Hora de cenar… para los humanos –dije mirándole de reojo con una pequeña sonrisa.
Le vi sonreír ante el recuerdo de la broma que le hice hace unos meses.
Cené los sándwiches sobrantes de la comida, unas cuantas fresas y un zumo de naranja. Al acabar, Edward miró la hora en su reloj, recogió todo a velocidad vampírica y lo dejó bajo un árbol.
-¿Preparada para tu sorpresa? –preguntó.
-No puedo esperar un segundo más –dije, de verdad que estaba ansiosa por saber que era lo que me tenía preparado, no cabía en mí de nervios, pero me tenía que controlar, no quería tropezar y caer.
Edward comprobó de nuevo su reloj y miró el cielo, negó con la cabeza. Se acercó rápidamente a donde yo me encontraba y me cogió en brazos para luego subirme a su espalda.
-Agárrate fuerte –advirtió.
-Siempre lo hago –dije y echó a correr.
En pocos segundos llegamos a nuestro prado, quedé asombrada. Sobre el pasto se encontraban varias mantas y algunas velas colocadas estratégicamente para que no abundase la luz de estas y la luz de las estrellas iluminase el prado.
Me bajó de su espalda con cuidado y delicadeza, me cogió de la mano y me arrastró hasta el centro del prado, donde se encontraban las mantas. Nos sentamos, tomó una de las mantas, la dobló y la colocó a un lado.
-Túmbate –ordenó y yo le obedecí-. Ahora mira al cielo –dijo tumbándose a mi lado-. Una vez al año, en Agosto, hay en Forks una lluvia de estrellas, es hoy –dijo mirándome solo a mi.
-Gracias, Edward –dije echándome a sus brazos.
-¿Gracias, porqué? Soy yo el que te tiene que dar las gracias, Bella, te has convertido en la razón de mi existencia. Te amo Bella, te amo más que a nada en el mundo, eres mi todo Bella –dijo con sinceridad. Sentí las lágrimas bajar rodando por mis mejillas.
-Gra… gracias, Edward. Por estar conmigo, por compartir este increíble momento conmigo, po haber hecho de este día un día inolvidable. Gracias por amarme, sobretodo porque yo te amo incluso más puede que más que tu a mi –finalicé bromeando.
-Te amo –susurró en mi oído, se puso sobre mi sin dejarme sentir ni un gramo de su peso, y juntó nuestros labios.
Nuestros labios se movían despacio, con lentitud y cariño, con amor y pasión demostrando en cada movimiento cuan grande era nuestro amor. Su lengua rozó mi labio inferior y automáticamente abrí mis labios para recibirla. El beso comenzó a volverse más salvaje con nuestras lenguas explorando curiosas la boca del otro y nuestros alientos mezclándose.
De repente, cerré mis dientes entorno a la lengua de Edward. Gimió y juro que fue el sonido más maravilloso que había escuchado alguna vez. Nos separamos para que yo pudiese tomar aire, sentí como se intentaba levantar, lo retuve.
-No, Edward… por favor –susurré con la voz ronca y entrecortada.
-Bella… es demasiado peligroso… debemos parar –dijo con la voz ronca.
-Por favor, Edward, yo te amo… no huyas, por favor…
-Te amo –susurró antes de volver a juntar nuestros labios.
Mis manos volaron a sus cabellos desordenándolos y dando leves tirones. Sus manos se quedaron en mi cintura y, en cuando intensificamos el beso, se coloraron bajo mi blusa de manga corta he hicieron dibujo sobre la piel de mi cintura.
Llegó en un punto en el que nuestros labios se separaron para que yo pudiese respirar. El no necesitaba aire, no necesitaba respirar. Sus labios bajaron por mi cuello hasta mi clavícula dando leves mordidas, besos y jugando con su lengua. Sus manos bajaron al borde de mi camiseta. Se separó ligeramente de mí y me miró a los ojos pidiendo permiso.
-Hazlo –susurré.
Sus manos tiraron de mi camisa hacia arriba hasta sacarla por encima de mi cabeza, la tiró a algún lugar, pero ahora eso era lo de menos, lo importante éramos nosotros, los dos, vampiro y humana, demostrándose no solo sentimentalmente si no que también físicamente, su amor, el amor que sentíamos el uno por el otro, ese amor que nos uniría para siempre, para toda la eternidad.
Sus manos acariciaron tímidamente la piel de mi cadera. Su tacto era frío, era el de un vampiro, pero esa delicado y suave, para mi no era frío, es más, para mí parecía el toque de una llama, una llama que intentaba abrasar mi piel pero lo único que hacía era acariciarla lentamente, con cuidado, con cariño, con amor…
Me incorporé, sentándome bajo su cuerpo, pero al mismo tiempo en frete de él, mis manos volaron a su cuello y comenzaron a bajar lentamente, acariciando todo, por sus hombros, por su pecho, sintiendo sus marcados y fuertes pectorales bajo las palmas de mis manos, continuaron bajando por sus fríos abdominales, sintiendo su fría piel con mis manos, hasta llegar al final de su camiseta. Hice lo mismo que él y le miré a los ojos, tímidamente, pidiendo permiso, él me dedicó esa sexy y hermosa sonrisa torcida que tanto adoraba y mis manos agarraron fuertemente su camisa sacándola por encima de su cabeza y lanzándola junto a la mía.
Rápidamente juntamos nuestros labios en un beso voraz cargado de lujuria y pasión. Sus manos volvieron a quedar en mi cintura y las mías volaron a su nuca, ambos caímos nuevamente sobre la manta, el sobre mí pero sin dejarme notar su peso, pero si su presencia, la de él y la de algo más abajo que estaba duro y erecto: su miembro. Por lo menos sabía que no era solo yo la que estaba excitada, seguro que Edward podría oler el olor de mi excitación desde kilómetros de distancia.
Una de las manos de Edward bajaron por mi pierna acariciándola de arriba abajo provocando que pequeños gemidos de placer se escaparan de mi boca, gemidos que él acallaba con sus labios. Su mano levantó ligeramente mi pierna y la puso alrededor de su cintura. Ambos gemimos ante el contacto de nuestros miembros aun a pesar de los insignificantes centímetros de ropa que nos separaban.
Las manos de ambos volaron al botón de los pantalones vaqueros (jeans) del otro y con ayuda del otro, nos despojamos de ellos quedando en ropa interior.
-Eres hermosa –susurró Edward observándome mientras el rubor se apoderaba de mí.
-No más que tú –murmuré antes de juntar nuestros labios.
Sus manos se movieron por mi espalda despacio, con ternura mientras su lengua jugaba con la mía, al final llegó a su objetivo, el broche de mi sostén. Lo abrió, con un poco de mi ayuda y me lo quitó lentamente, lanzándolo junto a la pila de ropa que habíamos comenzado a hacer hace no mucho y que se encontraba en algún punto de nuestro prado. Instintivamente, me intenté cubrir, pero sus manos me lo impidieron.
-Bella, amor, por favor, no te cubras… Eres perfecta –murmuró.
Sus labios besaron los míos castamente y bajaron por mi cuello de manera lenta y torturosa, estaba agonizando. Llegaron a mi clavícula y se detuvieron allí. Su nariz rozó de lado a lado mi clavícula, delineándola mientras sus labios iban dejando un rastro de besos. Sus labios continuaron bajando y llegaron a mis senos. Los besó con ternura y rozó su lengua contra mi pezón provocando que un gemido, más alto que los anteriores escapara de entre mis labios. Lamió, chupó, succionó y mordió ligeramente la punta de mis pezones, provocando que perdiese el control de mis gemidos. Su fría piel contra la mía, ardiente, solo provocaba que ambos nos excitáramos más.
Mis manos bajaron pon su pecho y ejercieron un poco de presión. Edward me miró sin entender hasta que comprendió cual era mi objetivo, nos giró y quedé encima de él, sentada a horcajadas.
Moví ligera y tímidamente mi cintura y ambos gemimos ante la fricción de nuestros sexos al rozarse. Lo volví hacer, pero esta vez más rápido y fuerte. Edward no paraba de gemir, jadear y maldecir cosas incoherentes y eso era como música para mis oídos.
Mis manos bajaron hasta su pecho y acariciaron sus músculos, sus muy bien marcados pectorales, sus fuertes abdominales… Rocé ligeramente, con la uña de uno de mis dedos la V de su cadera.
Mis labios besaron los suyos y continuaron bajando por su barbilla hasta su cuello, el cual mordisqueé, besé y lamí. Continué bajando hasta su clavícula, la cual acaricié con las yemas de mis dedos y mi lengua. Seguí mi camino de besos hasta sus pezones, los cuales lamí y mordisqueé, ambos por igual. Lamí todos y cada uno de sus fríos abdominales como si de una tableta de chocolate congelado se tratase.
Mis manos bajaron hasta la cintura de sus boxers y jugaron con el elástico por largo rato, nunca admitiría que me encantaba torturarle. Mis manos, traviesas, se colaron a acariciaron su duro y erecto miembro mientras él se retorcía de placer bajo mi cuerpo.
-Bella –gimió antes de girarnos y juntar nuestros labios.
Sus manos bajaron por mis costados, rozando mis senos, hasta el borde de mis braguitas, las cuales desaparecieron en cuestión de segundos, seguidos por los boxers negros de Edward. Los dedos de Edward rozaron mi centro provocando que los gemidos escapasen altos de mi boca y muriesen en la suya.
-Edward –gemí.
-Bella… -sus manos ahora estaban en mi cintura mientras el se colocaba entre mis piernas -¿Estas segura? –preguntó jadeante mientras me miraba fijamente con sus ojos negros debido a la lujuria, el deseo, la pasión y el amor del momento.
-Estoy segura de ti, Edward. Hazlo –murmuré.
Nuestros labios se juntaron en una lenta danza en la que nuestros gemidos acallados por la boca del otro, eran la música. Sentí su duro miembro adentrarse poco a poco en mi interior, provocando un liguero dolor que se iba intensificando poco a poco mientras él se iba hundiendo en mí. Topó con mi barrera y gemí de dolor.
-No, Edward, no te detengas, por favor… -dije viendo sus intenciones de parar -. Abrázame, Edward, abrázame más y más fuerte… por favor Edward… por mi…
Él me abrazó fuerte y arremetió contra mí. Ahogué el gritó de dolor en sus labios. Se detuvo, dejando que mi cuerpo se adaptase a su nuevo y gran visitante mientras sus dedos limpiaban las lágrimas que mis ojos dejaban caer.
-Te amo –susurramos ambos antes de continuar.
Se comenzó a mover lentamente y luego un poco más rápido. Los gemidos y jadeos que anteriormente escaparon de nuestros labios no eran nada comparados a los de ahora. Creo que todos los animales del bosque nos podían oír.
Apoyé mis manos en su pecho y nuevamente, le presioné para poder girarnos. Quedé a horcajadas sobre él. Me mecía de arriba a bajo con las ayuda de las manos de Edward que eran las que marcaban nuestro ritmo. De vez en cuando, dejaba caer mi cuerpo más rápidamente, o hacía un movimiento circulas y ambos soltábamos un pequeño gritito de placer.
Sentí una extraña sensación formarse en mi bajo vientre y como mis paredes se iban estrechando entorno al miembro de Edward. Ambos jadeamos ante aquella nueva y extraña sensación de placer, estábamos cerca de llegar al clímax, al inevitable final, al orgasmo. Mis paredes se apretaron más entorno a él y sin poder aguantarlo más, ambos nos corrimos.
-Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo… -repetí contra sus labios.
-Bella… -susurró la aterciopelada voz de Edward después de un rato.
-Um
-Te amo… -sus ojos me miraron fijamente a los ojos-. Gracias por compartir esto conmigo.
-No lo hubiese hecho con nadie más Edward. Tú eres y siempre serás el único y el primero. Siempre te amaré… gracias por no haberte contenido y haberme hecho el amor –murmuré contra sus labios.
Me abrazó y al cabo de unos instantes, salió de mí para poder tumbarse mejor junto a mí. Apoyé mi cabeza en su pecho y lo besé.
De repente, una luz nos cegó.
-Mira –murmuró Edward señalando el cielo.
Aun con la cabeza y más de medio-cuerpo apoyado en él, me giré y ambos contemplamos la lluvia de estrellas. Era algo mágico, algo único, algo… especial, como lo que habíamos hecho hace algunos minutos. Desgraciadamente, las cosas buenas son las que antes acaban y, poco a poco, la lluvia de estrellas fue cesando, hasta que se volvió a ver, el despejado cielo de aquella preciosa noche de Forks. Un cielo despejado y lleno de estrellas.
-Sin duda, hoy a sido el mejor día de mi vida –susurré mientras me giraba para mirar a Edward.
-Puedo decir que el mío también –sonrió y juntamos nuestros labios.
-Edward, abrázame –susurré -. Abrázame fuerte –quería estar lo más cerca posible de él, quería que volviésemos a ser uno.
Y entonces, los gemidos y los jadeos volvieron a inundar nuestro prado como la más mágica y romántica de las melodías.
Espero que os haya gusta,
desgraciadamente, ya sospecharéis lo que ocurrirá en el siguiente capítulo,
ya que se supone que en alguna parte de la historia debe ocurrir...
Por favor, dejarme vuetros reviews,
vuestra opinión es muy importante para mí,
no sabéis cuanto,
sin vuestros reviews, nunca habría historias,
los reviews son los que nos mueven,
vuestras opiniones son las que nos animan a seguir escribiendo cosas nuevas.
Besos,
Cris
