Recuerdad que esta historia no es mía, esta basada en las historias de Stephanie Meyer y Alex Finn!! puesto que siempre olvido decir esto, pido disculpas por los capítulos anteriores si he podido ofender a alguien y he decidido poner el autor del libro verdadero, sólo espero que sigan apoyándome en mi historia! Disfrutad la lectura :P


La Bestia

Era una bestia.

Me miré fijamente en el espejo. Era un animal... no completamente lobo u oso o gorila o perro, sino de alguna horrible especie que andaba erecta, que era casi humana, pero no del todo. Los colmillos habían crecido en mi boca, mis dedos se habían convertido en garras y me crecía pelo por cada poro. Yo, que había despreciado a la gente con granos o halitosis, era un monstruo.

—Estoy permitiendo al mundo ver cómo eres realmente —dijo Jane—. Una bestia.

Y entonces me lancé sobre ella, arrastrando mis garras por la carne de su cuello. Era un animal, y mi voz de animal no formaba palabras, pero sí sonidos que no podría haber emitido antes. Mis garras de animal desgarraron su ropa, luego su carne. Olí la sangre, y supe sin ni siquiera tener palabras para ello que podría matarla como el animal que era.

Pero alguna parte humana de mí me hizo decir:

—¿Qué has hecho? ¡Cámbiame de nuevo! Cámbiame de nuevo, o te mataré. —Mi voz estaba más allá del reconocimiento cuando aullé—: Te mataré.

Entonces, de repente, sentí que estaba siendo despegado de ella. Comencé a ver su carne curarse, después su ropa se reparó a sí misma como si nunca hubiera sido rasgada.

—No puedes matarme —dijo—. Simplemente pasaría a una nueva forma, tal vez un pájaro o un pez o un lagarto. Y volver a cambiarte no me corresponde a mí. Todo depende de ti.

Alucinante. Alucinante, simplemente alucinante! Este tipo de cosas no le pasaban a la gente de verdad. Era un sueño provocado por ver la obra escolar de En los Bosques y demasiadas películas de Disney. Estaba cansado, y todo el Absolut que había bebido con Tanya no ayudaba. Cuando despertara, estaría bien. ¡Tenía que despertarme!

—No eres real —le dije.

Pero la alucinación me ignoró.

—Has vivido tu vida siendo cruel. Pero en las horas anteriores a tu transformación, tuviste un pequeño gesto amable. Por ese atisbo de bondad veo adecuado ofrecerte una segunda oportunidad, por la rosa.

Entendí lo que quería decir. La rosa. El ramillete que le había dado a esa freaky en el baile. Sólo se lo había dado porque no sabía qué otra cosa hacer con él. ¿Contaba eso? ¿Era esa la única cosa agradable que había hecho alguna vez por alguien? De ser así, era bastante patético.

Me leyó la mente.

—No, no es mucha bondad. Y no te he dado una segunda posibilidad demasiado grande tampoco, sólo una pequeñita. En tu bolsillo encontrarás dos pétalos.

Busqué en mi bolsillo. Allí estaban los dos pétalos que había metido en él cuando se habían caído de la rosa. Ella no podía haberlo sabido, lo cual tal vez demostraba que todo estaba en mi mente.

Pero dije:

—¿Y?

—Dos pétalos, dos años para encontrar a alguien dispuesto a mirar más allá de tu horrible fealdad y ver algo bueno en ti, algo que amar. Si tú correspondes a ese amor y si ella te besa para demostrarlo, el hechizo se romperá, y serás atractivo otra vez. Si no, permanecerás para siempre como una bestia.

—Desde luego no es gran cosa como oportunidad.

Una alucinación, un sueño. Tal vez me había puesto algo en la bebida, ¿un ácido? Pero como todos los soñadores, seguí la corriente. ¿Qué más podía hacer, ya que no me despertaba?

—Nadie podría enamorarse de mí ahora.

—¿No crees que alguien pueda amarte si no eres guapo?

—No creo que alguien pueda amar a un monstruo.

La bruja sonrió.

—¿Prefieres ser una serpiente alada de tres cabezas? ¿Una criatura con el pico de un águila, las piernas de un caballo, y las jorobas de un camello? ¿Un león, quizás, o un búfalo? Oye, al menos puedes caminar erguido.

—Quiero ser como era antes.

—Entonces tendrás que esperar hasta encontrar a alguien mejor que tú y ser capaz de ganar su amor con tu bondad.

Me reí.

—Sí, bondad. Las chicas piensan que la bondad es realmente atractiva.

Jane me ignoró.

—Ella tiene que amarte a pesar de tu apariencia. Todo un cambio para ti, ¿verdad? Y recuerda, tú tienes que corresponder a su amor... esa será la parte más difícil para ti... y probarlo todo con un beso.

Un beso, de acuerdo.

—Mira, esto ha sido realmente divertido. Ahora cámbiame otra vez o lo que sea que hayas hecho. Esto no es un cuento de hadas... es la ciudad de Nueva York.

Ella sacudió la cabeza.

—Tienes dos años.

Y entonces desapareció.


Eso fue hace dos días. Ahora ya sé que fue real, ni un sueño, ni una alucinación

Real.

—¡Anthony, abre la puerta!

Mi padre. Llevaba evitándole todo el fin de semana, a Esme también, acampando en mi cuarto, viviendo de aperitivos que tenía almacenados. Ahora, miré alrededor del cuarto. Casi cada objeto que podía romperse estaba roto. Había comenzado con el espejo, por motivos obvios. Después había seguido con el despertador, mis trofeos de hockey, y cada pedazo de ropa de mi armario... de todos modos nada me servía. Recogí un fragmento de cristal y me miré fijamente en él. Horrible. Bajé el cristal, considerando una rebanada rápida en la yugular que terminaría con todo esto. Nunca tendría que enfrentarme a mis amigos, a mi padre, nunca tendría que vivir como aquello en lo que me había convertido.

—¡Anthony!

Su voz me sobresaltó, y dejé caer el cristal al suelo. La sorpresa fue lo que necesitaba para recobrar el juicio. Papá podría arreglar esto. Era un hombre rico. Conocía a cirujanos plásticos, dermatólogos... lo mejor de Nueva York. Él arreglaría esto.

Y si no podía, aún quedaría tiempo para lo otro.

Me dirigí hacia la puerta.

Una vez, cuando era pequeño, paseaba por Times Square con mi niñera, levanté la mirada y vi a papá en el JumboTron, allá arriba, por encima de todo el mundo. La niñera intentó meterme prisa, pero yo no podía dejar de mirar fijamente, y noté que otra gente alzaba la vista hacia la televisión también, mirando a mi papá.

A la mañana siguiente, papá estaba en albornoz, hablando con mi madre sobre la gran historia que había estado retransmitiendo la noche anterior y que había hecho que todo el mundo levantara la mirada. Me asustó incluso mirarle. Todavía podía verlo, más grande que todo y por encima de mí, una parte del horizonte, como un dios. Tenía miedo de él. En la escuela ese día, les dije a todos que mi papá era el hombre más importante del mundo.

Eso había sido hacía mucho tiempo. Ahora sabía que papá no era perfecto, no era Dios. Yo había entrado en el cuarto de baño después de que él hubiera estado allí, y sabía que también lo apestaba. Pero tuve miedo de nuevo cuando caminé hacia la puerta. Me detuve, con la mano en el pomo, mi cara peluda cerca de la madera.

—Estoy aquí —dije muy suavemente—. Voy a abrir la puerta.

—Entonces ábrela.

Tiré de la puerta para abrirla. Al parecer, todos los sonidos de Manhattan se detuvieron y pude oír ese momento como si estuviera en los bosques: la puerta de mi dormitorio raspando contra la alfombra, mi respiración, el latido de mi corazón. No podía empezar a imaginar lo que mi padre haría, cómo reaccionaría al ver a su hijo convertido en un monstruo.

Pareció… molesto.

—¿Qué...? ¿Por qué vas vestido así? ¿Por qué no estás en la escuela?

Por supuesto. Creía que era un disfraz. Cualquiera lo haría. Mantuve la voz suave.

—Esta es mi cara. Papá, no llevo una máscara. Esta es mi cara.

Me miró fijamente, luego se rió.

—Jaja, Anthony. No tengo tiempo para esto.

¿Crees que malgastaría tu precioso tiempo? Pero hice lo que pude por mantener la calma. Sabía que si me disgustaba, comenzaría a gruñir y pifiar, pateando el suelo como una bestia enjaulada.

Papá agarró un pedazo de piel de mi cara y tiró con fuerza. Grité, y antes de poder siquiera pensarlo, mis garras estaban fuera, cerca de su cara. Me detuve cuando mi pata tocaba su mejilla. Me contempló, había pánico en sus ojos. Soltó mi cara y retrocedió. Pude ver que estaba temblando. Dios mío, mi padre estaba temblando.

—Por favor —dijo, y vi que sus rodillas comenzaban a doblarse. Tropezó con la puerta—. ¿Dónde está Anthony? ¿Qué has hecho con mi hijo? —Miró detrás de mí, como si quisiera abrirse pasó de un empujón, entrar, pero no se atreviera—. ¿Qué has hecho? ¿Por qué estás en mi casa?

Prácticamente estaba llorando, y yo también, viéndole. Pero mantuve la voz estable cuando dije:

—Papá, soy Anthony. Soy Tony, tu hijo. ¿No conoces mi voz? Cierra los ojos. Tal vez así la reconozcas. —Aunque justo cuando lo dije, un pensamiento horrible surgió. Tal vez no lo hiciera. Habíamos hablado tan poco en los últimos años. Tal vez no reconociera mi voz. Me echaría a la calle con este aspecto, y diría a la policía que su hijo había sido secuestrado. Me vería obligado a huir, a vivir bajo tierra. Me convertiría en una leyenda urbana... el monstruo que vivía en el sistema de alcantarillado de Nueva York.

—Papá, por favor. —Extendí las manos, comprobando si todavía tenía huellas dactilares, si seguían siendo las mismas. Le miré. Tenía los ojos cerrados—. Papá, por favor di que me reconoces. Por favor.

Los abrió otra vez.

—¿Tony, eres realmente tú?

Cuándo asentí con la cabeza, dijo:

—¿No estás gastándome una broma? Porque si lo estás haciendo, no creo que tenga gracia en lo más mínimo.

—No es una broma, papá.

—¿Pero qué? ¿Cómo? ¿Estás enfermo? —Se pasó la mano por los ojos.

—Fue una bruja, papi.

¿Papi? Había vuelto a la palabra que había utilizado en los dos minutos entre que aprendí a hablar y comprendí que Aro Masen no era de nadie. Papi.

Pero dije:

—Hay brujas, papi. Aquí mismo en la ciudad de Nueva York. —Me detuve.

Me contemplaba como si se hubiera convertido en piedra, como si yo lo hubiera convertido en piedra. Entonces, lentamente, se desplomó en el suelo.

Cuando volvió en sí, dijo:

—Esto... esta cosa… esta enfermedad… condición… sea lo que sea lo que te pasa, Anthony... vamos a arreglarlo. Encontraremos un médico, y lo arreglaremos. No te preocupes. Ningún hijo mío va a tener este aspecto.

Entonces me sentí aliviado, pero nervioso. Aliviado porque estaba seguro de que si alguien podía arreglar esto, ese era mi padre. Mi padre era famoso. Era poderoso. Pero nervioso porque había dicho: "Ningún hijo mío va a tener este aspecto".

Porque, ¿qué me sucedería si no pudiera arreglarlo? No creía ni por un segundo en la segunda oportunidad de Jane. Si mi padre no podía arreglarlo, estaba acabado.

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Papá salió, prometiendo estar de vuelta para el almuerzo después de investigar un poco. Pero el reloj avanzó lentamente más allá de la una en punto. Las dos. Esme salió a comprar. Descubrí que era casi imposible comer los cereales del desayuno si tienes garras. Era difícil comer cualquier cosa, en realidad. Alimenté mi cara de bestia con un paquete entero de Jamón Boar's Head. ¿Empezaría pronto a comer carne cruda?

A las dos y media, supe que papá no iba a volver a casa. ¿Estaba intentando algo para ayudarme? ¿Pero quién le creería? ¿Qué iba a decir: "Oiga, mi hijo ha sido transformado en una especie de bestia de cuento de hadas"?

A las tres, había ideado un plan de reserva. Desafortunadamente, incluía a Tanya. La llamé al móvil.

—¿Por qué no me has llamado? —¿Necesito añadir que lloriqueó?

—Te estoy llamando ahora.

—Pero se suponía que tenías que llamarme antes, el fin de semana.

Contuve mi molestia. Tenía que ser amable con ella. Era mi mejor oportunidad. Ella siempre estaba diciendo que me amaba. Si me besara, esto podría acabar antes de que papá consultara con el primer cirujano plástico. Comprendí que era una locura creer que un beso me cambiaría, como creer en la magia. ¿Pero cómo podía no creer en la magia ahora?

—Nena, lo siento. No me sentía bien. En realidad, creo que ya estaba incubando algo el viernes. Por eso estaba de tan mal humor. —Tosí unas cuantas veces.

—Debió ser eso.

Lo cual me cabreó, pero dije:

—Lo sé. Fui un capullo, y lo arruiné todo, ¿verdad? —Inspiré profundamente y dije lo que sabía que ella quería oír—. Y estabas tan guapa el viernes. Dios, eres la chica más guapa que he visto nunca.

Soltó una risita.

—Gracias, Tony.

—Todo el mundo se moría de envidia, viéndome contigo. Tuve mucha suerte.

—Aja, yo también. Escucha, estoy en el SoHo, comprando con Victoria y Irina. Pero podría pasarme después, tal vez. Tu padre no está en casa, ¿verdad?

Sonreí.

—Cierto. Pon la oreja realmente cerca del teléfono. Quiero decirte algo, pero no quiero que Victoria y Irina lo oigan.

Rió de nuevo.

—Vale. ¿Qué?

—Te amo, Tanya —susurré—. Te amo tanto...

—Yo también te amo —dijo, riendo como una tonta—. Nunca lo habías dicho tú primero.

—No me has dejado terminar. Te amo tanto, te amaría incluso si no estuvieras tan buena.

—¿Eh?

—Es cierto. Te amaría incluso si fueras fea. —Oí a Esme trasteando fuera de mi puerta. Bajé la voz para que no pudiera oírme—. ¿Tú me amarías incluso si fuera feo?

Otra risita.

—Tú nunca podrías ser feo, Anthony.

—Pero si lo fuera. Si tuviera, por ejemplo, un enorme grano en la nariz, ¿podrías seguir amándome?

—¿En la nariz? ¿Tienes un grano en la nariz?

—Es sólo una pregunta retórica. ¿Todavía me amarías?

—Claro. Esto es raro, Tony. Te estás poniendo raro. Tengo que irme.

—Pero vendrás, ¿vendrás después?

—Claro. Ajá. Pero ahora tengo que irme, Tony.

—Vale. Te veo luego. —Y se separó del teléfono, la oí reír más alto, diciendo a sus amigas "Ha dicho que me ama". Todo iría bien.

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Eran las seis. Le dije a Esme, a través de la puerta, que si venía Tanya, la enviara a mi habitación. Estaba sentado en mi cama, con las persianas bajadas, las luces apagadas excepto la del armario. Esperando. En la oscuridad, con suerte, puede que Tanya ni siquiera reparara en mi aspecto. Llevaba un par de vaqueros viejos de papá, más grandes que los míos, para cubrirme mejor, y una camisa de manga larga. Todo lo que necesitaba era un beso. Amor y un beso, había dicho la bruja. Entonces, todo se arreglaría. Sería de nuevo mi yo hermoso, y esta broma cósmica terminaría.

Finalmente, se produjo un golpe en la puerta.

—Entra —dije.

Ella abrió la puerta. Yo había trabajado a fondo, recogiendo el papel y los cristales rotos. Había encontrado los dos pétalos y los había escondido bajo la lámpara de mi escritorio, así no se perderían.

—¿Por qué está todo tan oscuro? —dijo—. ¿Qué, no quieres que vea el grano?

—Quería que resultara romántico. —Palmeé un punto sobre mi cama. Intentando mantener la voz nivelada—. Quería arreglar lo del viernes. Te quiero mucho, Tanya. No quiero hacer nada que haga que te pierda.

—Disculpas aceptadas —soltó una risita.

—Genial. —Una vez más, palmeé la cama para que se sentara—. ¿Podemos pasar el rato o... algo? Mi padre está en la tele, así que estará fuera un rato. —Finalmente se sentó y puse mi brazo cubierto por la camisa a su alrededor, la empujé más cerca.

—Oh, Anthony. Me encanta cuando me rodeas con tus brazos. —Sus propios brazos se movieron hacia abajo por mi camisa y...

No. Iba a por la entrepierna otra vez. El pelaje me delataría. Todo lo que necesitaba era un beso rápido antes de que reparara en él.

—Sólo besémonos un ratito.

Y la besé justo en la boca. Esperaba sentir algo, como cuando había cambiado la otra noche. Pero nada.

—Ough, Tony. Pareces muy peludo. Tienes que afeitarte.

Me arrastré lejos de ella, intentando quedarme entre ella y la ventana.

—No, no me he afeitado hoy. Te dije que había estado enfermo.

—Bueno, ¿te has duchado? Porque no llegarás a ninguna parte conmigo si no lo has hecho.

—Por supuesto que me he duchado.

—Déjame encender la luz. Quiero ver. —Extendió la mano hacia la lámpara.

La luz se encendió.

Entonces oí un grito.

—¿Quién eres? ¿Qué eres? —Comenzó a golpearme. Me acobardé, temiendo matarla con mis garras—. ¡Aléjate de mí!

—¡Tanya! Soy yo, Anthony.

Siguió golpeando. Practicaba karate, y se notaba. Dolía.

—¡Tanya, por favor! ¡Sé que es una locura, pero tienes que creerme! Esa chica gótica... era una auténtica bruja.

Tanya dejó de golpearme y me miró.

—¿Una bruja? ¿Crees que soy estúpida? ¿Esperas que me crea que era una bruja?

—¡Mírame! ¿De qué otro modo puedes explicar esto?

Tanya estaba extendiendo la mano, como para tocar mi cara peluda, cuando la retiró de golpe.

—Tengo que salir de aquí. —Comenzó a avanzar hacia la puerta.

—Tanya... —Fui tras ella y le bloqueé el paso.

—¡Apártate! No sé qué pasa contigo, pero apártate, ¡monstruo!

—Por favor, Tanya. Tú puedes arreglar esto. Ella dijo que me quedaría así hasta que alguien me amara y me besara para probarlo. Tenemos que intentarlo de nuevo.

—¿Quieres que te bese ahora?

Esto no estaba funcionando. Pero tal vez mejoraría ahora que ella lo sabía. Tal vez tenía que saber que estaba besando a una bestia.

—Bésame, y volveré a ser normal. —Me sentía temblar, como haces cuando estás a punto de llorar. Pero eso era patético—. Dijiste que me amabas.

—¡Eso fue cuando estabas bueno! —Intentó pasar a mi lado, pero la bloqueé de nuevo—. ¿Qué te ha pasado de verdad?

—Te lo he dicho, fue un...

—¡No vuelvas a decirlo! ¡Como si yo creyera en hechizos, perdedor!

—Soy el mismo, por debajo, y si me besas, todo será como debería ser. Dominaremos la escuela. Por favor. Sólo un beso más.

Me miró como si fuera a hacerlo. Se inclinó hacia mí. Pero cuando me incliné para besarla, se agachó bajo mi brazo y salió corriendo de la habitación.

—¡Tanya! ¡Vuelve! —La perseguí por el apartamento, sin pensar siquiera en Esme ni en nada—. ¡Por favor! ¡Te quiero, Tanya!.

—¡Aléjate de mí! —Abrió la puerta—. Llámame si superas esto. —Salió corriendo al vestíbulo.

Yo corrí hasta la puerta.

—¿Tanya?

—¿Qué? —Estaba acribillando el botón del ascensor, intentando meterle prisa.

—No se lo cuentes a nadie, ¿vale?

—Oh, créeme, Tony, no se lo contaré ni a un alma. Pensarían que estoy chiflada. Debo estar chiflada. —Me miró de nuevo y se estremeció.

Llegó el ascensor, y se fue. Yo volví a mi habitación y me tendí en la cama. Todavía podía oler su fragancia, y no olía bien. No había amado a Tanya, así que no era una sorpresa que ella tampoco me amara a mí. Debía ser por eso que el beso no había funcionado. La bruja había dicho... yo tenía que estar enamorado.

Nunca había amado a nadie, ni siquiera cuando era normal, nunca había tenido a nadie que quisiera estar conmigo, a no ser que fuera por quién era, las cosas que tenía, y lo bueno que era montando fiestas. No me había importado mucho antes. Yo sólo quería lo mismo que querían las chicas, pasar un buen rato. Ya habría tiempo para otras cosas después.

¿Pero qué probabilidad había de encontrar a alguien que realmente me amara ahora? Y tal vez amarla a cambio sería la parte más difícil de todas.

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A saber: Los médicos no pueden curar que seas una bestia.

Durante las siguientes semanas, mi padre y yo viajamos por todo Nueva York y hablamos con una docena de médicos, los cuales nos dijeron en diversos idiomas y con diversos acentos que estaba jodido.

Viajamos fuera de Nueva York y visitamos a brujas y también a expertos en vudú. Todos dijeron lo mismo: No sabían cómo me había convertido en lo que era, pero no podían curarlo.

—Lo siento, señor Masen —le dijo a mi padre el último médico.

Estábamos sentados en una oficina en medio de ninguna parte de Iowa o Idaho o tal vez Illinois. El viaje en coche había durado trece largas y silenciosas horas, y en cuánto nos habíamos bajado en un área de descanso me había vestido como una mujer de Oriente Medio, con túnicas cubriéndome el cuerpo y la cara. El médico trabajaba en un hospital de una ciudad cercana, pero papá lo había arreglado para que nos recibiera en privado, en su casa de fin de semana en el campo. Papá no quería que nadie me viese. Miré por la ventana. La hierba era de un verde que nunca antes había visto, y había rosales de todos los colores. Los miré fijamente. Eran hermosos, justo como Esme había dicho.

—Sí, yo también.

—Realmente disfrutamos con usted en las noticias, señor Masen —dijo el doctor Báthory—. Mi esposa, especialmente, parece sentir algo por usted.

¡Dios mío! ¿Este tipo estaba pidiendo un autógrafo o sugiriendo un trío?

—¿Podría ir a un colegio para ciegos? —interrumpí. El médico se detuvo en medio de su propuesta, o proposición.

—¿Qué, Anthony?

Él había sido el único en llamarme por mi nombre. Había habido un tipo vudú en el East Village que me había llamado engendro de diablo (lo cual, pensé, era tanto un insulto para papá como para mí). Había querido largarme en ese momento, pero papá siguió hablando con él hasta el amargo final cuando... sorpresa, sorpresa... no pudo ayudarme.

No era que realmente culpase a alguien por no querer cargar conmigo. Yo no hubiese querido cargar conmigo tampoco, razón por la cual creía que lo que estaba sugiriendo era tan brillante.

—Un colegio para ciegos —dije—. Tal vez podría ir a uno de esos.

Sería perfecto. Una chica ciega no podría ver lo feo que era, así podría poner en marcha el encanto Masen y hacer que me amase. Luego, una vez fuera transformado, podría simplemente regresar a mi antiguo colegio.

—Pero no eres ciego, Anthony —dijo el médico.

—¿Pero no podemos decirles que lo soy? ¿Que perdí la vista en algún insólito accidente de caza o algo?

Negó con la cabeza.

—No es que no comprenda lo que sientes, Anthony.

—Sí, claro.

—No, de verdad. Lo comprendo, un poco. Cuando era adolescente, tenía un cutis muy malo. Probé cada medicación y preparado que existía, y mejoraba un tiempo, luego empeoraba otra vez. Me sentía muy feo y tímido, estaba seguro de que nadie se fijaría nunca en mí. Pero con el tiempo, crecí y me casé. —Señaló una foto de una bonita mujer rubia.

—¿Con el tiempo quiere decir después de terminar la carrera de medicina y hacer una tonelada de dinero de modo que las mujeres pasaran por alto su aspecto? —dijo papá con brusquedad.

—Papá… —dije. Pero yo había estado pensando lo mismo.

—¿Está comparando esto con el acné? —dijo papá, gesticulando hacia mí— Es una bestia. Se despertó una mañana y era un animal. Seguramente, la ciencia médica…

—Señor Masen, tiene que dejar de decir esas cosas. Anthony no es una bestia.

—¿Cómo lo llamaría usted? ¿Qué terminología hay?

El médico sacudió la cabeza.

—No sé. Pero lo que sé es que es sólo su aspecto físico el que se ve afectado, lo que es en el exterior. —Puso su mano sobre la mía, cosa que nadie había hecho— Anthony, sé que es difícil, pero estoy seguro de que tus amigos aprenderán a aceptarte y a ser amables.

—¿En qué planeta vive? —grité—. Porque definitivamente no es la Tierra. No conozco a nadie amable, doctor Báthory. Y es más, no quiero conocer a nadie así. Suenan como perdedores. No tengo algún problemilla. No estoy en una silla de ruedas. Soy un completo y total monstruo. —Me di la vuelta para que no pudiesen ver como perdía el control.

—Doctor Báthory —dijo mi padre—, hemos visitado a más de una docena de médicos y clínicas. En algún momento… —se detuvo—. Usted me vino altamente recomendado. Si es cuestión de dinero, pagaré lo que sea para ayudar a mi hijo. No será un trabajo pagado por la aseguradora.

—Lo entiendo, señor Masen—dijo el médico—. Desearía…

—No se preocupe por el riesgo. Firmaré una renuncia. Creo que ambos, Anthony y yo, estamos de acuerdo en que preferiríamos arriesgar… cualquier cosa antes de que siga viviendo así. ¿No, Tony?

Asentí con la cabeza, aunque comprendí que mi padre estaba diciendo que preferiría verme muerto antes que vivo con este aspecto.

—Sí.

—Lo siento, señor Masen, pero en realidad no es cuestión de dinero o riesgo. Es simplemente que no hay nada que hacer. Creí que quizá con injertos de piel, incluso un trasplante de cara, pero hice algunas pruebas, y…

—¿Qué? —dijo mi padre.

—Fue de lo más extraño, pero la estructura de la piel permaneció inalterada ante todo lo que hice, casi como si no pudiese ser cambiada.

—Eso es absurdo. Todo puede ser cambiado.

—No. No se parece a nada que yo haya visto nunca. No sé lo que lo pudo haberlo causado.

Papá me lanzó otra mirada. Sabía que no quería que le contase a nadie lo de la bruja. Él mismo no lo creía todavía. Aún pensaba que yo había sufrido una enfermedad un poco extraña que podía ser curada mediante la medicina.

El doctor Báthory continuó:

—Realmente me gustaría hacer algunas pruebas más, con propósitos de investigación.

—¿Ayudarán a mi hijo a parecer normal?

—No, pero nos podría ayudar a aprender más acerca de su condición.

—Mi hijo no será un conejillo de indias —dijo papá con brusquedad.

El doctor asintió con la cabeza.

—Lo siento, señor Masen. Lo único que puedo sugerir es que usted lleve a Anthony a terapia, para que aprenda a tratar con esto lo mejor que pueda.

Mi padre mostró una débil sonrisa.

—Sí, desde luego, eso haré. Ya lo he estado investigado.

—Bien —El doctor Báthory se giró hacia mí— Y Anthony, lamento mucho no poder ayudarte. Pero tienes que entender que esto no es el fin para ti a menos que dejes que lo sea. Muchas personas con discapacidades logran un gran éxito. Ray Charles, un hombre ciego, tenía tremendas habilidades musicales, y Stephen Hawking, el físico, es un genio a pesar de su enfermedad de las motoneuronas.

—Pero ese es el problema, doc. Yo no soy un genio. Soy simplemente un chico.

—Lo siento, Anthony. —El doctor Báthory se puso de pie y me palmeó el hombro otra vez, como diciendo a la vez "vamos, vamos" y "por favor, sal de aquí". Entendí y me levanté.

Papá y yo apenas hablamos en el coche de regreso a casa. Cuando llegamos, papá caminó conmigo desde la limusina hasta la puerta de servicio trasera de nuestro edificio. Me quité el oscuro velo de la cara. Era julio y hacía calor, y aunque intentaba mantener el pelo de mi cara recortado, éste volvía a crecer casi instantáneamente. Papá me hizo gestos para que entrase.

—¿No vienes? —dije.

—No, llego tarde. He perdido bastante trabajo por esta mierda. —Debió ver mi cara porque añadió: —Es una pérdida de tiempo si no logramos nada.

—Claro —Entré. Papá comenzó a cerrar la puerta, pero yo dejé que esta me golpeara la espalda.

—¿Todavía seguirás intentando ayudarme?

Estudié la cara de papá. Mi padre era un locutor de noticias, así que era realmente bueno en poner cara seria aún cuando estaba diciendo sandeces. Pero ni siquiera papá pudo evitar que los labios se le crispasen cuando dijo:

—Por supuesto, Tony. Nunca dejaré de intentarlo.

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Esa noche no podía dejar de pensar en lo que el Doctor Báthory había dicho, sobre que no podía ayudarme porque yo no podía cambiar. Ahora tenía sentido... cómo tan pronto como me cortaba el pelo, éste volvía a crecer. Lo mismo que con mis uñas... garras ahora.

Papá no estaba en casa, y Esme se había ido a pasar la noche. Papá le había aumentado el sueldo y la había hecho jurar mantener el secreto. Así que saqué un par de tijeras de cocina y una navaja de afeitar. Corté el pelo de mi brazo izquierdo tan corto como pude, luego afeité el resto hasta que estuvo tan liso como antes de mi transformación.

Esperé y observé fijamente mi brazo. No pasó nada. Tal vez el secreto era hacer que estuviera tan al ras como fuera posible, no recortado, sino eliminado de raíz. Incluso si papá tenía que pagar a alguien para que vertiera cera caliente sobre mí cada día, valdría la pena si podía parecer un poco más normal. Volví a mi habitación, sintiendo una oleada de... esperanza... que no había sentido desde ese primer día en que llamé a Tanya para convencerla de que viniera a besarme.

Pero cuando regresé a la luz brillante de mi dormitorio, el pelo me había vuelto a crecer.

Me miré los brazos. Si acaso, el pelo de mi brazo izquierdo parecía más espeso que antes.

Había algo... tal vez un grito... atascado en mi garganta. Me precipité hacia la ventana. Quería aullar... a la siempre amorosa luna, como la bestia de una película de terror. Pero la luna se ocultaba entre dos edificios. De todos modos abrí la ventana y rugí al caliente aire de julio.

—¡Cállate! —Llegó una voz desde el apartamento de abajo. En la calle, una mujer se apresuró, agarrando su monedero. Una pareja se distinguía entre las sombras lejos del poste de alumbrado. Ellos ni repararon en mí.

Corrí a la cocina y escogí el cuchillo más grande de la tabla de cocina. Después me atrincheré en el cuarto de baño y, apretando los dientes contra el dolor, corté de un tajo una sección de mi brazo. Me quedé mirando como fluía la sangre de la incisión. Me gustaba el rabioso dolor rojo de esto. Deliberadamente, aparté la mirada.

Cuando volví a mirar, el agujero se había curado. Yo era indestructible, inmutable. ¿Significaba eso que era sobrehumano, que no podía morir? ¿Y si alguien me pegaba un tiro? Y si así fuera, ¿qué sería peor... morir, o vivir para siempre como un monstruo?

Cuando regresé a la ventana, no había nadie en la calle. Las dos en punto. Quise conectarme, chatear con mis amigos como acostumbraba. Había seguido con la historia de papá sobre la pulmonía hasta que la escuela terminó, después les había dicho a todos que me iba a Europa a pasar el verano, y después a un internado en otoño. Les dije que los vería antes de marcharme en agosto, pero era una mentira. No me importaba. Apenas si me habían enviado algún e-mail. No quería volver a High School Twilight, desde luego no como un monstruo.

En High School Twilight, habíamos tratado mal a la gente si usaban zapatos baratos. Se habrían lanzado sobre mí con picas y antorchas, por mi aspecto. Creerían que sufría alguna enfermedad como pensaba papá, y se alejarían de mí. E incluso si no lo hicieran, no podría soportar ser un monstruo en una escuela donde solía ser uno de la Gente Guapa.

Calle abajo, un indigente avanzaba trabajosamente con una enorme mochila sobre los hombros. ¿Cómo sería ser él, que nadie esperara nada, que nadie quisiera nada de ti? Lo observé hasta que desapareció, como la luna, entre los dos edificios.

Finalmente, me derrumbé sobre la cama.

Cuando mi cabeza golpeó la almohada, había algo duro allí. Deslicé mi mano bajo la almohada y saqué un objeto, luego encendí la luz para ver.

Era un espejo.

No me había mirado en un espejo desde mi transformación, no desde el día en que había roto el que tenía en mi habitación. Recogí éste, un espejo de mano cuadrado con un marco de plata, el mismo que Jane había sostenido ese día en la escuela. Pensé en romperlo en tantos pedazos como fuera posible. Tienes que encontrar satisfacción donde puedas.

Pero capté una visión de mi rostro en él. Era mi propio rostro... mi viejo rostro, esos ojos azules, la cara perfecta que aún era la mía en mis sueños. Sostuve el espejo más cerca, utilizando ambas manos, como si fuera una chica a la que estaba besando.

El reflejo se esfumó, y allí estaba mi rostro de bestia otra vez. ¿Estaba loco? Levanté el espejo.

—¡Espera!

La voz llegaba del espejo. Despacio, lo bajé.

El rostro dentro de éste había cambiado otra vez. Jane, la bruja.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—No rompas este espejo —dijo ella—. Tiene poderes mágicos.

—¿Sí? —dije—. ¿Y qué?

—Lo digo en serio. Te he estado observando desde hace más de un mes. Veo que has comprendido que no puedes salir de esto con el dinero de papi... dermatólogos, cirujanos plásticos. Tu padre incluso llamó a esa clínica en Costa Rica donde se hizo su último tratamiento ultra secreto. Todos te han dicho lo mismo… "Lo siento, chico. Aprende a vivir con esto. Ve a terapia".

—¿Cómo…?

—También vi tu jugada con Tanya.

—No fue una jugada. La besé antes de que me viera.

—Ella no te volvió a cambiar, ¿verdad?

Negué con la cabeza.

—Te lo dije, tienes que amar a la persona. Ella tiene que amarte. ¿Amas a Tanya?

No respondí.

—Creo que no. El espejo tiene poderes mágicos. Mira en él, y podrás ver a quien quieras, en cualquier parte del mundo. Piensa en el nombre de alguien, en uno de tus antiguos amigos quizás… —En el espejo, pude verla mofarse cuando dijo "antiguos"—. Pide, y el espejo te mostrará a esa persona, en cualquier parte donde pueda estar.

No quería hacerlo. No quería hacer nada que ella dijera. Pero no pude evitarlo. Pensé en Tanya, y rápidamente, la imagen en el espejo cambió para mostrar el apartamento de Tanya, que seguía como había estado el día del baile. Tanya estaba sentada en el sofá, besuqueándose con algún tío.

—Vale, ¿y qué? —grité, antes de preguntar si Tanya podía oírme.

El rostro en el espejo cambió otra vez a Jane.

—¿Puede ella oírme? —susurré.

—No, sólo yo. Con todos los demás, es de una sola dirección como un monitor de bebé. ¿Alguien más a quién quieras ver?

Comencé a decir que no, pero otra vez, mi subconsciente me traicionó. Pensé en Mike. El espejo volvió al apartamento de Tanya. Mike era el tío que estaba conTanya. Después de un minuto, Jane dijo:

—¿Qué harás a continuación? ¿Volverás a la escuela?

—Claro que no. No puedo ir a la escuela como un monstruo. Estoy más unido a papá. —Miré la hora. Eran más de las diez, y papá no estaba en casa. Me evitaba.

Las pocas semanas con los médicos eran el tiempo más largo que habíamos pasado juntos en… bueno, jamás. Pero yo sabía que no duraría. Volvería a mi antigua vida de ver a papá sólo por televisión. No me había importado antes, cuando tenía una vida. Pero ahora no tenía nada ni a nadie.

—¿Has dedicado algún pensamiento a cómo vas a romper el hechizo?

Me reí.

—Tú podrías cambiarme.

Ella apartó la mirada otra vez.

—No puedo.

—No quieres.

—No, no puedo. El hechizo, sólo tú puedes romperlo. La única forma de deshacerlo es cumpliendo sus términos... que encuentres el verdadero amor.

—No puedo hacer eso. Soy un monstruo.

Ella sonrió un poco.

—Sí, así te consideras, ¿verdad?

Sacudí el espejo.

—Tú me has hecho así.

—Eras un cabrón odioso. —Hizo una mueca—. ¡Y deja de sacudir el espejo!

—¿Te molesta? —Le di otra sacudida—. Qué pena.

—Tal vez no me equivoqué al transformarte. Tal vez me equivoqué al considerar el ayudarte ahora.

—¿Ayudarme? ¿Qué clase de ayuda puedes darme que yo quiera? Quiero decir, si no puedes cambiarme.

—Puedo darte consejos, y el primero es, no rompas el espejo. Podría serte útil algún día.

Y luego desapareció.

Puse el espejo... suavemente... sobre la mesita de noche.

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A veces, cuando caminas por Nueva York... probablemente en cualquier parte, pero sobre todo en Nueva York debido a que está tan atestado... ves a esa gente, tíos en sillas de ruedas con muñones de piernas que apenas sobresalen, o gente con quemaduras en las caras.

Tal vez sus piernas volaron en mil pedazos en una guerra, o alguien les tiro ácido encima. En realidad nunca había pensado en ellos. Y si lo hice, lo que pensé fue en cómo pasar a su lado sin que me tocaran. Me daban asco. Pero ahora pensaba en ellos todo el tiempo, cómo en un minuto puedes ser normal... hermoso, incluso... y entonces podía pasar algo al minuto siguiente que cambiaba eso. Podías lesionarte más allá de toda reparación. Un monstruo. Yo era un monstruo, y si me quedaban cincuenta, sesenta, setenta años, los pasaría como un monstruo debido a ese minuto en que Jane me lanzó el hechizo después de lo que hice.

Nota curiosa sobre ese espejo. Una vez miré en él, quedé obsesionado. Primero, observé a cada uno de mis amigos (antiguos amigos, como Jane había dicho), cogiéndolos en momentos extraños... regañados por sus padres, hurgándose la nariz, desnudos, o generalmente sin acordarse de mí. Observé a Tanya y Mike otra vez. Estaban juntos, sí, pero Tanya tenía otro novio, un tío que no era de la escuela. Me pregunté si me habría engañado a mí también.

Entonces comencé a observar a otra gente. El apartamento estaba vacío en esas largas semanas de agosto. Esme hacía mis comidas y las dejaba para mí, pero yo sólo salía si oía el sonido de su aspiradora en otra parte de la casa, o si se iba. Recordé su comentario de que temía por mí. Probablemente, pensaba que me lo merecía. La odié por pensar eso.

Inicié un juego en el que sacaba mi anuario y escogía una página, luego señalaba a alguna persona al azar... por lo general a algún perdedor al que habría molestado cuando estaba en la escuela. Leía su nombre, luego miraba en el índice para ver qué actividades realizaban. Creía conocer a todo el mundo en aquella escuela. Pero ahora veía que no había conocido a la mayoría. Ahora me sabía todos sus nombres.

El juego al que jugaba era elegir a una persona, luego intentaba decidir dónde estarían con el espejo. A veces era fácil. Los tecnogenios estaban siempre frente al ordenador.

Los deportistas estaban generalmente fuera, dando vueltas por ahí.

Domingo por la mañana, la foto escogida era Isabella Swan. Me parecía familiar. Entonces comprendí que era la chica del baile, a la que le había dado la rosa, la que se había emocionado tanto, la que me había ganado mi segunda oportunidad. Nunca había reparado en ella en la escuela antes de ese día. Ahora ojeé sus páginas en el anuario, parecían un currículum vitae: Matrícula de Honor Nacional, Matrícula de Honor en francés, Matrícula de Honor en inglés… bueno, todo matrículas de honor.

Debía estar en la biblioteca.

—Quiero ver a Isabella —dije al espejo.

Esperé la biblioteca. El espejo por lo general mostraba la localización, como en una película. Luego esperé una imagen de los leones de cemento, después a Isabella, estudiando aunque fuera agosto.

En cambio, el espejo mostró un vecindario que nunca antes había visto... y que no habría deseado ver. En la calle, dos mujeres con tops tipo tubo muy desgastados discutían. Un drogadicto se derrumbó en un umbral, totalmente drogado. El espejo recorrió un umbral, atravesó una puerta, subió una escalera con un peldaño roto y un portalámparas desnudo con cables colgando de él, para luego aterrizar en un apartamento.

El apartamento tenía la pintura desconchada y suelo de linóleo. Había cajas en lugar de estanterías. Pero todo lo que veías estaba limpio, y Isabella estaba sentaba en medio de esto, leyendo. Al menos había acertado en eso.

Pasó una página, después otra, y otra. Debía llevar observándola leer diez minutos. Sí, era aburrido. Pero era más que eso. En cierto modo era genial que pudiera leer así, y no prestar atención a lo que la rodeaba.

—¡Oye, chica! —llamó una voz, y me sobresalté. Todo había estado tan callado hasta entonces que no había notado que había alguien más en el apartamento con ella. Isabella alzó la vista de su libro.

—¿Sí?

—Tengo... frío. Tráeme una manta, ¿eh? —Isabella suspiró y dejó su libro bocabajo. Eché un vistazo al título. Jane Eyre, se titulaba. Tan aburrido estaba en aquel punto que pensé que tal vez lo leería algún día.

—Vale —dijo ella—. ¿Quieres algo de té, también?

Ya estaba de pie, caminando hacia la cocina.

—Sí. —La respuesta apenas fue más que un gruñido—. Date prisa.

Isabella abrió el grifo y lo dejó correr un rato mientras sacaba una tetera roja abollada. Llenó el recipiente y lo colocó sobre la estufa.

—¿Dónde está esa manta? —La voz sonaba enfadada.

—Voy. Perdón. —Con una mirada hacia atrás, hacia su libro, se dirigió al armario y desdobló una raída manta azul. Se la llevó al hombre echado sobre un viejo sofá. Estaba cubierto con otra manta, así que no pude verle la cara, pero temblaba aun cuando era agosto. Isabella colocó la manta alrededor de sus hombros.

—¿Mejor?

—No mucho.

—El té ayudará.

Isabella hizo el té, y buscó algo en el principalmente vacío refrigerador, se rindió, y llevó el té al hombre. Pero él se había dormido. Se arrodilló junto a él un segundo, escuchando. Luego extendió su mano bajo el cojín de sofá como si buscara algo. Nada. Volvió a su lectura, se bebió el té. Yo seguí observando, pero nada más pasó.

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Por lo general, sólo observaba a una persona una vez. Pero durante la semana siguiente, seguí volviendo a Isabella. No es que fuera sexy o que hiciera algo interesante.

La mayoría de la gente de Twilight estaba fuera de campamento, o incluso en Europa. Así que podría haber observado a alguien en el Louvre si hubiera querido. O, mejor aún, podría haber visto el cuarto de las duchas de un campamento lleno de chicas desnudas... vale, eso lo hice. Pero por lo general, observaba leer a Isabella. ¡No podía creer que leyera tanto en verano! A veces se reía, leyendo su libro, y una vez incluso gritó. Yo no sabía cómo alguien podía sufrir semejante obsesión con los libros.

Un día, mientras estaba leyendo, había habido un ruido... golpes en la puerta. La vi abrirla.

Una mano la agarró. Me sobresalté.

—¿Dónde está? —exigió una voz. Una forma grande y pesada apareció a la vista. No podía verle la cara, sólo sabía que era grande. Me pregunté si debería llamar al 911.

—¿Dónde está qué? —dijo Isabella.

—Sabes muy bien qué. ¿Qué hiciste con ella?

—No sé de que hablas. —Su voz era tranquila, y se retorció, liberándose del apretón para volver otra vez a su libro.

Él la agarró de nuevo y tiró de ella.

—Dámela.

—Ya no la tengo.

—¡Zorra! —La abofeteó con fuerza. Ella tropezó y se cayó—. La necesito. ¿Crees que eres mejor que yo, que me puedes robar? ¡Dámela!

Comenzó a avanzar hacia ella para agarrarla otra vez, pero Isabella se recuperó, se puso de pie, y corrió a ponerse detrás de la mesa. Agarró su libro y lo sostuvo delante de ella, como si de un escudo se tratara.

—Mantente lejos de mí. Llamaré a la policía.

—No echarías a la policía sobre tu propio padre.

Me tensé ante la palabra padre. ¿Esta piltrafa era su padre? ¿El mismo a quién había arropado la semana anterior?

—No la tengo —dijo ella. Su rostro tenía la mirada implorante de alguien que se esfuerza por no llorar—. La tiré, la eché por el váter.

—¿La tiraste? ¿Cien pavos de caballo? Tú…

—¡No deberías haberla tenido! Prometiste…

Se lanzó hacia ella, pero su andar era inestable y Isabella consiguió escapar y corrió a la puerta. Sosteniendo aún su libro, salió del mugriento apartamento, bajando la escalera agrietada llena de telarañas hacia la calle.

—¡Escápate! —gritó tras ella—. ¡Igual que las guarras de tus hermanas!

Isabella corrió por la calle hasta la estación del metro. La vi bajar las escaleras, hasta que se subió a un vagón. Sólo entonces rompió a llorar.

Lamentaba no poder ir con ella.

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Señor Swan: Gracias por venir. Hoy, hablaremos de vuestras expectativas de vida después de la transformación.

Ranita: a mi jms me gstrn las charcas & no van a gstrme ahra

DamaSilenciosa: Ranita, por qué no?

Ranita: xq no??? stan mojads!!!!!

DamaSilenciosa: Pero tú eres un anfibio

Ranita: Y???

DamaSilenciosa: Así que consideras que vivir en tierra firme sería preferible al agua, aun cuando puedes respirar bajo el agua. ¿Por qué? ¡Realmente quiero saber!

Ranita: por 1 cosa, mi grsa m hace fltar!

BestiaNYC se ha unido al chat

BestiaNYC: Ya podéis empezar. Estoy aquí.

DamaSilenciosa: Ya empezamos.

BestiaNYC: Estb bromeando

Señor Swan: No siempre estamos seguros contigo, Bestia. Pero bienvenido.

BestiaNYC: Me mudo este finde. Este lugar no es seguro.

DamaSilenciosa: Tengo un pequeño anuncio para hoy

Señor Swan: Qué, es Muda?

DamaSilenciosa: He decidido seguir adelante

Ranita: intntr la trsnfrmcin?

DamaSilenciosa:

BestiaNYC: Por qué ibas a hacer una cosa tan estúpida?

Señor Swan: Bestia, eso no es cortés.

BestiaNYC: Pero es estúpido! Por qué arriesgarse con un encantamiento cuándo no tiene xk?

DamaSilenciosa: Lo he pensado largo y tendido, Bestia.

ChicoOso se ha unido al chat

DamaSilenciosa: Sé que estoy corriendo un riesgo, un gran riesgo. Si no consigo al tipo, quedaré reducida a espuma de mar. Pero creo que es un riesgo que aceptaré por amor verdadero.

ChicoOso: Espuma de mar?

Ranita: su amr lo vale

BestiaNYC: Puedo decir algo?

Ranita: Alguien pde evtarlo?

BestiaNYC: Todos los tíos somos idiotas. Podrías estar arriesgándote por un tipo que no lo merece. Nadie vale que te conviertas en espuma de mar.

DamaSilenciosa: Ni siquiera le conoces!

BestiaNYC: T tampoco. Estas bajo el mar & él sbr la tierra!

DamaSilenciosa: Sé todo lo que necesito saber. Es perfecto.

Ranita: stoy sguro de q lo es

BestiaNYC: Yo sólo estoy siendo realista… puede que ni siquiera se fije en ti. No dijiste que debes entregar tu voz?

DamaSilenciosa: Le salvé de ahogarse! Oh, olvídalo.

Ranita: bstia es un bstia, dama. N djs k t dsanime

DamaSilenciosa ha abandonado el chat

BestiaNYC: lo siento, pero es realmente duro ser una bestia en NY


Bueno, amigos/as gracias por leerme una vez más :P quiero dar mi mas profundo a mis seguidores:

Kotte-kun: Gracias por tu extensisisisisisisimo Rewiew, de veras, no me lo esperaba :D me alegro de que te esté gustando la historia y toda la super reflexión que hiciste en ella, veo que no soy la única que ha sabido interpretarlo de ése modo, y eso me alegra. Espero que te siga gustando la historia.

Ale Samaniego: Gracias por ponerme el icono de la carita :P me hizo gracia jeje.

Petalos de Furia: Gracias por tu advertencia :O no había caido hasta que tu lo dijistes! Espero que sigas mi historia ;)

Marie Sellory: Gracias por dejar Rewiew! Y gracias por seguir mi fic, y debo de responderte que Sí, si lo es (si relees tu review comprenderás :) ).

lokaporCullen97: muchachaaaaaaa!!! jajaja ya van 2 review tuyos!! no sabes como me alegro ^^ gracias por seguirme incondicionalmente :)

A AliciaConi y Yeyet Cullen les agradezco también su pequeña aportación :) no os penséis que me olvido :)!!

Bien, pues como habéis visto, este capítulo es más largo dado que no he subido en una semana y media y se acerca navidad, así que quiero ser un poco generosa, puesto que después de las fiestas tendré examen y quizás el próximo capítulo tardaré en subirlo o lo subiré un poco más corto, no sé, no aseguro nada :S depende de como os portéis así tendré vuestros regalos jajaja!!

En cuanto al chat, el internauta que más se acerca (ya que nadie ha vuelto a especular acerca de ello aún habiendo dado la pista de que bella no esta en ese chat y que puse otra pequeña porción) Sigue siendo lokaporCullen97. Felicidades ;)

Bueno, por si no nos vemos, os deseo a todos/as felices fiestas y un prospero año nuevo en compañía de vuestros seres queridos, y que no os olvideis de pedir un Edward o Jacob por navidad XD!!

Y recordad, dejad reviews y dadle a GO!!

Byeeeeeeeeeeeeeeee!!!

P.D: siento mucho si han salatdo las alarmas de la historia 2 o 3 veces pero no podia subir el capítulo correctamente, lo siento!!!