Bueno lo siento mucho por abandonar este fic por casi un mes, bueno sin más preámbulos acá esta el 1ºcap.
Que lo disfruten .
Cerezos y Ciruelos
Capítulo I
Ya había pasado una semana y para Hinamori era suficiente no podía no podría soportar más tiempo en aquel lugar porque:
1.- Kuchiki-taicho no la saludaba cuando venia; Aizen-taicho si lo hacia
2.- Kuchiki-taicho no permitía que lo ayudara a pesar de que tenía mucho papeleo; Aizen –taicho lo aceptaba gustoso
3.- Kuchiki-taicho era muy frio con ella; Aizen-taicho era muy amable con ella
4.- E incluso cuando le ofrezco algunos dulces, como para tratarnos mejor, me los rechaza; mientras que Aizen-taicho me agradecía cuando le daba algunos
¡Él no es igual que Aizen-taicho!
Mientras nuestra pobre shinigami pensaba en entras cosas se regañaba así misma ya que Aizen-taicho ya no estaba y tendría que dar lo mejor para, aunque no sabría si podría hacerlo, seguir intentando llevarse bien con Kuchiki-taicho.
Todo lo "malo" de Kuchiki-taicho que ahora conocía era por aquel día, aquel maldito día
—Si soy la teniente del sexto, entonces significa que seguiré siendo una shinigami, ¿de verdad será la mejor opción? … pero yo…
—Tiene algún problema Hinamori-fukutaicho— aquellas palabras la sorprendieron
—Ninguno Kuchiki-taicho—
—Entonces puede hacer su trabajo en vez de estar mirando a los demás trabajar—dijo con seriedad
—H-hai—
Después de eso no pudo conversar muy bien con él, bueno nunca pudo, conversar tan bien que digamos ya que si le dirigía la palabra era porque tenía que entregarle algunos papeleos más después de eso nada nunca había visto a alguien como él no sabía cómo hacia Renji par-
— ¡Eso es!—pensó en alto— debo ir con Abarai-kun — Hinamori se fue en dirección al tercer escuadrón.
Mientras tanto en la sala del tercer escuadrón, se encontraba Renji, el nuevo capitán de la tercera escuadra, sentado en su silla, bebiendo una taza de té, y milagrosamente sin ningún papeleo.
—Todo está tranquilo en aquí— decía algo tranquilo Renji
Al parecer su inicio como capitán de la tercera escuadra iba ser de lo más normal, hasta que…
— ¡Abarai-kun! — Momo al entrar así de repente cerró la puerta de golpe lo cual provoco que el té de Renji se le cayera en su blanco Haori — Tengo una pregunta —
— ¡Hinamori! Te das cuenta de lo que hiciste — el pelirrojo se paró de su asiento y le mostro la mancha que le dejo el té
—Abarai-kun, que cochino que eres, no llevas ni un día con tu Haori y ya lo ensucias — decía una Momo un tanto molesta
—Es-tu-cul-pa — decía entre cortante pero al parecer Momo lo ignoraba
— Ahora Abarai-kun, deja de ser tan quejón — le decía un con una pequeña molestia hinchando un poco sus cachetes —tengo una pregunta muy importante ¿Cómo hago para acercarme a Kuchiki-taicho? —
Renji solo suspiro porque sabía que no valía la pena pelear con ella.
—… ¿Qué es lo que intentaste hacer para acercarte a el? — le miro sin ninguna motivación
—Bueno… — se puso el dedo en la barbilla —Intente ayudarle con el papele…
— ¡Mal! — y saco un abanico de papel que solo Dios sabe donde estuvo — Tu tienes tu propio papeleo —
—Pero… —
— ¡Nada de peros! ¡Dime por que estas aquí! —
—Etto…para acercarme a Kuchiki-Taicho — se sobaba la cabeza
— ¡Ahora deja de comportante tan inútilmente y haz lo que te digo! —
—No te pases Abarai-kun — le miraba ya muy molesta — Estoy aquí para que me aconsejes no a que me pegues — ella agrandaba su figura y le salía una aura molesta
—H-hai — pronuncio algo asustado, el sabia que Momo era sensible a cambiar sus emociones y si se molestaba de verdad cosas malas podrían ocurrir.
Afuera de las sala se podía oír lo que decían y por la ventana se vei lo que hacían (ya saben las discusiones).
Al cabo de tres días Hinamori ya no sabía qué hacer su discusión con Renji no la llevo a ningún lado, así que tomo sus cosas y se fue…
En la escuadra seis se encontraba el flamante capitán se encontraba sentado, el había acabado su papeleo, estaba sin ninguna preocupación pero noto algo extraño.
— ¿Qué es? — se pregunto el capitán al ver un pequeño sobre y una pequeña bolsa hecha a mano.
Se puso a leer el sobre que decía
—"Por motivos personales, he decidido ausentarme.
Bueno no tengo nada más que decir.
Bye
PD: Como creo que no le agradan los dulces le dejo algunos ciruelos en la bolsa de ahí"
El pelinegro abrió la pequeña bolsa y encontró, como dijo la carta, unos ciruelos. El capitán se acomodo en su asiento y cerro lo ojos.
El mismo pronuncio unas palabras en murmureos casi inaudibles.
Lo sé es algo corto, pero mi cabeza no da para más.
Espero que las personas que me apoyaron en el prologo me apoyen en este corto primer cap.
Prometo hacerlo un poco más largo el siguiente capítulo.
