Con serios problemas de continuidad, eso es algo que debo mejorar, pero espero que les guste la continuación de una historia que tengo muy abandonada (como el resto de las que no he terminado

OoOoOoOoOoOoOo

-Ya han pasado dos años, dos largos años y aun duele como si fuera ese mismo día. Leanne y Sirius se casaron ese mismo invierno, Remus ha estado viviendo entre licántropos desde entonces y yo, yo he intentado vivir una vida que no me sabe a nada- le dijo James a Alice, ahora ella se arrepentía de haberle hecho plática.

-Eso… lo… yo, bueno…- Alice no había visto a James desde un día después de su fatídica boda, todos lo evitaban porque no sabían cómo hablarle o qué decirle.

- ¿Más té, Alice?- intervino Leanne y Alice se lo agradeció en silencio- Frank te está buscando en la cocina, la junta ya va a comenzar- dijo guiando a los dos hasta la cocina.

Alice se adelanto inmediatamente, no podía soportar un minuto más en la deprimente presencia de su antes vivaracho amago; Lily lo había destruido por completo.

-James…

-Déjalo, Leanne- le pidió- No tengo ánimos de que me animes- James se desprendió del brazo de Leanne y la dejo plantada en el mismo lugar. Quería como a nadie a su amiga pero ese día no se sentía con ánimos de fingir que estaba bien, que no le dolía el hecho de que el amor de su vida lo había abandonado.

-Es un día malo- le dijo Sirius mientras la abrazaba- Hoy se cumplen dos años del día en que Lily se marchó. Dale espacio, es lo que necesita.

Leanne quiso ponerse a llorar ahí mismo, quería ponerse a gritar que todo era su culpa, que Lily no lo había abandonado, que ella era una maldita traidora pero no lo hizo, en lugar de eso se trago sus palabras y sus lágrimas y continuo como si nada hubiera sucedido.

La guerra no había retrocedido ni un ápice, al contrario, se había intensificado hasta el punto de casi llevarlos a la derrota. Ya habían perdido a muchos de sus amigos y sabían que aún podían perder a muchos más. James, Leanne, Kingsley, Alice y Frank estaba en la división de aurores junto con Moody; Remus se la vivía entre licántropos, Sirius entre mortifagos y Peter, Peter obtenía información de diversas fuentes. Su grupo se estaba cerrando cada vez más y sólo era cuestión de tiempo para que todo se viniera abajo.

Leanne lo sabía, lo sabía desde hace tiempo pero no había dicho nada, ¿por qué? No lo sabe, pero ella sabía que James estaba de un humor suicida y todo era por su culpa. Es el que más se arriesga en las misiones, él que lucha hasta con tres mortifagos y uno que otro dementor al mismo tiempo, él que llega crudo (borracho) y con olor a cigarrillo al trabajo y que le gasta bromas pesadas a Moody sólo por hacerlo aún sabiendo que puede matarlo sin dejar una sola evidencia; él que ya no piensa en divertirse, en estar con sus amigos, en ser el viejo James que ella tanto amaba y al que ella destruyo.

-La situación es cada vez más delicada- dijo el profesor Dumbledore una vez que todos hubieron ocupado sus lugares- La guerra no nos da ni un solo respiro pero confió en que la situación mejore con la información obtenida por nuestros espías- señalo a James, Leanne, Kingsley, Alice y Frank, Moody, Remus, Sirius y Peter.

El profesor Dumbledore continúo hablando pero Leanne no le puso mucha atención, aún estaba pensando en el sufrimiento que le estaba causando a James, ya se había torturado durante esos dos años pero sabía que continuaría haciendo hasta el final de sus días.

-Yo lo haré- la voz decidida de James la sacó de sus cavilaciones.

Leanne miró preocupada a Sirius pero este pareció no notar nada así que volteo su vista a Kingsley, quien no hizo más que preocuparla aún más.

-Gracias, James, no esperaba menos de ti- le sonrió paternalmente el profesor Dumbledore- Ahora, ya todos sabemos lo que tenemos que hacer. Buenas noches- se despidió y en cuanto salió por la puerta, Leanne se lanzó sobre James.

-No me digas nada- le dijo- Me iré a Francia sin importar lo que digas.

Leanne casi se pone a llorar de la alegría, ¡una misión a Francia! Eso es lo mejor dentro de lo peor.

-Creo…- dijo intentando ocultar el llanto de alivio que sentía en su voz-… que es una buena idea, alejarte te va a sentar bien.

-Lamento ser un insensible contigo, nada de esto es culpa tuya- le dijo James dándole un beso en la frente.

-Sí…- alcanzo a decir Leanne antes de que James desapareciera tras los pasos del profesor Dumbledore.

- ¿Crees que sea buena idea?- le preguntó Sirius- Con lo mal que ha estado, me preocupa que haga una tontería.

-No lo se- le respondió Leanne- Tal vez sea bueno que se aleje y piense en otras cosas donde el recuerdo de Lily no la asalte a cada momento.

-Moody debe saber más respecto a la misión, iré a preguntarle- Sirius no espero respuesta alguna de su esposa y se marcho.

Leanne permaneció mirando el lugar por donde había desaparecido James segundos antes. Por su mente no dejaban de pasar toda clase de pensamientos pesimistas que siempre terminaban con James regresando a casa en un féretro. Todo era por su culpa, si ella no hubiera sido tan estúpida al alejar a Lily de su amigo, si no hubiera sido cruel e inhumana, nada de esto estuviera pasando.

- ¿Y a ti qué te pasa?- la profunda voz de Kingsley la sacó de sus pensamientos pesimistas- Has estado muy rara desde hace meses.

-Nada, sólo estoy preocupada por James y por el hecho de que pueda cometer una tontería- le respondió Leanne evitando la mirada de su amigo; lo último que necesitaba ahora era que él se enterara de la verdad.

-James no es un niño y ya debería de saber que su conducta lo puede llevar a la tumba- dijo con algo de reproche hacía Leanne también- Ya pasaron dos años, nadie debería sufrir por tanto tiempo por alguien que no lo merece.

-Sí…- de nuevo, fue lo único que pudo atinar a decir Leanne. Parte de lo que le decía Kingsley sabía que iba dirigido a ella, no precisamente por sus sentimientos por James, sino por los sentimientos de ella hacía Kingsley.

-Candence me espera. Nos vemos luego- se despidió Kingsley.

A Leanne se le formó un nudo en la garganta, de pronto sintió como si todos los que alguna vez había amado la abandonaban de a poco y todo era a causa del sufrimiento que le había causado a su amigo.

-Tienes una actitud muy sospechosa- Remus la miraba desde la entrada al recibidor, ella se había quedado como tonta a medio camino hacia la salida, viendo como todos se iban de su vida.

-No creo que sea en nada diferente a la de los demás- le dijo con una sonrisa que no tenía ganas de dar; sus sonrisas se habían ido apagando poco a poco en esos dos años y ahora se dedicaba a regalar falsedades.

Remus la había tratado con mucho cuidado después de lo sucedido dos años atrás, él ya no era el mismo que era antes de que Leanne hiciera lo que había hecho; ya no mantenían charlas interminables en medio de la noche, ni comían cantidades obscenas de chocolate sólo porque sí, ya no sentían la agradable comodidad que da saber que son más que amigos, sino hermanos; ahora eran sólo dos viejos conocidos que hablaban de temas triviales y se ocultaban las cosas importantes.

-Tienes razón- le dijo encaminándose a la puerta.

- ¡Remus…!- le gritó Leanne desesperada, no podía verlo marcharse de esa forma, como si también la estuviera abandonando, como sí la estuviera castigando por lo que hizo aún cuando no lo sabía- ¡No te vayas!- le pidió al borde de la desesperación- ¿Por qué no podemos volver a ser lo que éramos antes? ¿Por qué ya nada es lo que solía ser?

-Tal vez porque ya no somos los mismos que hace dos años, porque la guerra se encargo de transformarnos a todos o porque te acuse de algo que tú no cometiste- le respondió cabizbajo- Ya no me siento cómodo llamándote amiga cuando no confié en ti y te acuse de algo muy grave.

A Leanne se le detuvo el corazón y la respiración la abandono por completo; era una maldita estúpida, todo era su culpa y merecía el peor de los castigos.

-Podemos dejar todo eso atrás- le dijo intentando mantenerse serena- Era… es algo que me merezco- dijo ahogando el llanto que la atacaba.

-Yo no puedo olvidar que te traicione, lo lamento pero no merezco una amiga como tú- le dijo antes de darle un beso en la mejilla y marcharse también.

Leanne estuvo a punto de derrumbarse, de ponerse a dar gritos como una loca y confesar todos sus pecados pero en lugar de eso se quedo callada y se trago nuevamente todo su sufrimiento, ella no merecía sufrir, ella merecía la muerte.

Los primeros días fueron un infierno para James, no conocía a nadie, la comida le parecía horrible, el clima no era el mismo y la misión avanzaba a cuenta gotas. Paris no era lo mismo que cuando la visitó con sus padres.

A partir de la segunda semana comenzó a ver avances y eso lo animo mucho, tanto que se decidió a tomarse un café en una plaza soleada y pintoresca, un lugar que rebosaba de la belleza de Paris.

Las parisinas le dedicaban hermosas sonrisas que rivalizaban con su belleza física y él respondió unas cuantas con esas sonrisas gamberas que solía usar en sus años en Hogwarts.

Un aroma florar y silvestre le lleno los pulmones, un aroma que creyó que nunca más volvería a oler. El aire jugueteaba alegremente con el cabello castaño ondulado de una joven sentada a unas mesas de distancia. James se quedo como idiotizado durante unos segundo observando la danza de cabellos que ocurría delante suyo, noto su bella piel bronceada y deseo acercarse, todo en ella le parecía increíblemente familiar como desconcertante.

-Bonjour, belle. Je peux aller avec?- le preguntó James con una de sus mejores sonrisas. La sonrisa y el rostro de la joven parecían decirle algo más que lo que veían sus ojos, algo que era increíblemente importante pero que escapaba completamente a su inteligencia. Sus hermosos ojos azules opacaban la belleza del cielo pero también parecían invitarlo a que buscara más allá de ese color. (Buenos días, hermosa. ¿Puedo acompañarla?).

- Bien sûr, monsieur. Il serait un honneur- le respondió la joven. Había algo en ese muchacho de sonrisa triste que le inspiro mucha confianza; era casi como si lo conociera de algún lugar aunque sabía que nunca en la vida lo había visto. (Por supuesto, caballero. Sería un honor).

-Mi nombre es James Potter, soy de Londres- le dijo; había detectado en el hablar de la joven el mismo acento que en el suyo.

- ¡Que casualidad! ¡Yo también soy de Londres!- le dijo sonriente la joven- Mi nombre es Leila, Leila Emerson.

Ya habían pasado dos meses desde que James se había marchado a Paris para realizar la misión de espionaje y conseguir magos aliados que le había asignado Dumbledore. Leanne apenas sí había tenido noticias de su amigo y lo poco que había escuchado de él era gracias a los informes presentados semanalmente por el profesor.

Esa mañana esperaba que fuera tan monótona como las anteriores pero el picoteo incesante de una lechuza lo cambió todo.

- ¡Sirius!- gritó Leanne como loca desde la habitación- ¡Sirius, hemos recibido carta de James!- volvió a gritar sólo para escuchar las pesadas pisadas de su esposo apresurándose por el pasillo.

- ¿Qué cuenta?- preguntó falto de aire y derrapando a unos centímetros de la cama.

-No la he abierto, pero ahora lo hago- le respondió Leanne llenada de entusiasmo.

En el sobre, James había escrito el nombre de Leanne y Sirius con su mejor caligrafía, él sólo se esforzaba de esa forma cuando estaba realmente emocionado y se trataban de cosas importantes para él. Leanne abrió el sobre con cuidado para no romper la carta e inmediatamente se puso a leer.

Bonjour, mes chers amis!

- "¡Hola, mis queridos amigos!"- le tradujo Leanne a Sirius.

-Se lo que significa- le dijo sonriendo en broma.

Lamento no haber podido escribir en todo este tiempo pero como saben, la situación no era la más conveniente, mi misión era muy importante y no la podía arruinar.

Los extrañe montones estos seis meses pero no estaremos separados por mucho más tiempo; ¡Regreso en dos días! Sí, ya se que están tan emocionados como yo pero hay algo que me emociona aún más y se que a ustedes también los emocionara.

¡Conocí a alguien!

Es la mujer más inteligente, divertida, hermosa, carismática, en fin, creo que es perfecta y la amo. ¡J'aime! ¡La amo como un loco!

La conocí en Paris y me muero porque ustedes también la conozcan. Llegamos el domingo por la noche y quiero presentárselas inmediatamente.

Su nombre es Leila Emerson, también es de Londres, bruja, de mi edad, estudio en el Instituto Salem pero hace poco más de dos años se fue a vivir a Australia (su prometido falleció y eso la destrozo por completo, pero gracias a mi ya se encuentra mejor, Canuto sabe a lo que me refiero) y después de mudó a Paris a trabajar como auror. ¡No es genial!

Se que la van a querer porque es la persona más dulce y divertida que puedan imaginar. Me muero por que sea domingo.

Con cariño

James

Leanne termino de leer e inmediatamente deseo que todo eso fuera una mentira. ¿Cómo podía ser posible? ¿Es qué acaso se trataba de un castigo divino?

-Mira, envió una foto también- le dijo Sirius sonriente.

Eso fue lo último que necesito Leanne. La fotografía mostraba a James y a Leila muy sonrientes y abrazados tomando café en una plaza parisina. El problema era que Leila era…

- ¿No te parece genial qué James encontrara de nuevo el amor?- le preguntó Sirius completamente feliz.

-Sí…- fue lo único que atino a decir Leanne.