Disclaimer: Hetalia, LatinHetalia, blablablá.

Advertencia: Malas palabras.

Pareja: UKxChile. ArgentinaxChile.

Agradecimientos: Los Simpson, Los diarios, Wikipedia-sama, y a Chibisiam por la idea. Basado en la gran gira de Europa del Presi Piraña, digo Piñera xD.

Actualizo rarpido verdad? Ya tengo a media el de Francia, muy LOL! xD

Ah! Cometi un gran error con el fic de M&M llamado "Cosas que Pasan", me equivoque en cambiar el capitulo con el fic "Cosas de Familia" y la embarré bien grande, asique el de M&M ya no se encuentra, lo tuve borrar DDD: ¡Gomenasai!


EuroTour

.-Inglaterra, Parte III.


La noche caía de apoco, el frío se mantenía, los ruidos de desastres dentro del palacio también.

Las ventanas, bueno, ya no había ventanas y el aire entraba helando el hogar.

Su majestad yacía recostada en un sofá que sobrevivió antes las cuchillas de esos salvajes. La servidumbre le preparó una taza de té para poder calmarse. Tenía pensando en deshacerse de todas las espadas adornadas en la pared por precaución.

En otra parte del palacio, los tres países seguían corriendo y chocando sus espadas. Arthur llevaba de la mano al moreno, mientras que por detrás los perseguía Martín lleno de insultos argentinos. El mayor pensó en esconderse en algunas de las habitaciones, total, eran tantas puertas que Argentina se perdería. Entonces actuó a entrar tirando rápidamente a Manuel y cerrar la puerta.

― ¡Mierda! ¡¿Dónde se han metido, che? ―por suerte los perdió.

―Aquí estaremos bien… o al menos eso creo. ―dijo Inglaterra en voz baja y entrecorta por el cansancio.

― ¿Cuánto durará esto? Tengo que llegar al hotel. ―mencionó Manuel.

―No lo sé. No creo que Martín se rinda tan fácilmente.

Crack. Crack. Crush.

Una espada comenzó a romper la puerta donde se encontraban ambos.

― ¡Los encontré! ¡Soy re-grosso! ―era Argentina dando patadas y espadazos para verlos y llevarse a su chileno a casa.

― ¡Atrás Manuel! ―el aludido obedeció. Tomó su arma con ambas manos esperando al rubio latino, y entró. Martín, lo primero que hizo fue en visualizar al europeo, alzando su espada para atacar. El mayor respondió en defensa propia. Y así continuaron, en una guerra.

― ¡Deténganse! ¡No soy un trofeo o algo así! ―nadie lo escuchó.

Duraron diez minutos atacándose ya sea con puños y patadas, hasta una escoba y floreros, y un peluche que emitía un sonido: "Las hadas existen. Muack."

En un momento, el argentino logró derribarlo hacia los escombros.

―Boludo ―pronunció como si hubiese ganado. Volteó a ver a Manuel. Se acercó. El moreno iba retrocediendo―. Manuuu~.

― ¡Aléjate de mí! ―aterrorizado por describirlo de alguna manera retrocedía hasta que su espalda llegó al final del camino.

El argentino sonreía felino, con la guardia baja. ―Mi Manuuuu~~.

Justo en ese momento, Arthur le dio una patada haciéndolo atravesar la pared. Pobre pared.

―Go to hell ―susurró, luego extendió la mano al menor la cual accedió―. Vayamos a fuera, si seguimos acá dentro destrozaremos todo… antes de que despierte este tipo.

―Awawawaaa~… ―Martín estaba noqueado.

Continuando con la pareja, salieron de la habitación.

El rubio del rizo iba despertando con dificultad. Se sobó la cabeza a causa del dolor. Ese maldito inglés le había golpeado bien fuerte. Trató de levantarse, mirando que esos dos ya no se encontraban.

―Tch. ―frunció el entrecejo. Manu era suyo, solo suyo. Derrotaría a Arthur y se llevaría a su esposa ya sea –como dice Manuel– por la razón o la fuerza. Esta última le suena más conveniente. Dejando de lado sus pensamientos, decidió a buscarlos. Corrió, corrió y corrió, parece como si se los hubiera tragado la tierra ya que no los encontraba. Maldición, no se daría por vencido.

― ¡Lord Kirkland! ¡Lord Kirkland! ―se oyeron ruegos y gritos desde un pasillo. Enseguida fue a ver si estaban allí, y los encontró, pero… rodeados de periodistas.

― ¡Please! ¡On one side! ―pidió Inglaterra tratando de huir de ellos.

De repente, Manuel vio a Martín. Ambos sintieron el amor.

La verdad no.

― ¡Martíí~n! ¡Ahí está Martín! ―Chile le señalo para que su amigo inglés lo viera.

― ¡Los tengo! ―exclamó yendo a ellos.

― ¡Ahhh~! ―Arthur cogió la mano de Manuel, corriendo como sea entremedio de los periodistas.

― ¡A un lado! ¡Soy el caballero re-grosso que salvará a la princesa de las malvadas garras de ese pirata! ―dijo como si estuviera en un cuento de hadas, pero bien rarito el cuento. En fin, solo atinó a seguirlos.

Arthur había llegado a las afueras del palacio. Por lo menos aquí no destrozarían nada.

― ¡Arthur, soltá a mi esposa, che!

La pareja giró a observarlo. El mayor le soltó la mano para frenar al argentino y seguir escapando. Colocó su espada en posición horizontal deteniendo el avance del menor, éste fruncía el ceño. Para rematar, el británico le dio una nueva patada seguida de un puñetazo lanzándolo lo más alejado de ambos. En ese instante, Manuel caminó hacia atrás encontrándose con las escaleras, tropezándose.

Arthur volteó y reaccionó enseguida en sostenerlo por la cintura. Ambos inclinados.

―Por poco. Me recuerdas aquella vez que salvé a una bella dama en la edad media.

―Bien por ti ―dijo de malhumor. Luego miró al transandino levantarse―. Ma-Martín…

Rápidamente se incorporaron bajando las escaleras, no obstante Manuel se detuvo.

― ¿Sucede algo? ―preguntó Arthur.

Estaba hastiado con todo. Hastiado en correr y correr, ser perseguido, y tratado como si fuera un trofeo para el ganador. Se cansó. Levantó la vista a él, decidido.

Soltó del agarre. Giró sobre su cuerpo viendo cómo se acercaba su vecino de toda la vida.

También se detuvo, notando la mirada oscura que conocía desde hace muchos años. Aunque se sentía extrañado.

La cosa era así, la escena o el paisaje: Martín, Manuel y Arthur.

―Quiero que termine esta pelea absurda. Voten sus armas.

―Pero Manu…

― ¡Voten las armas! ―insistió enojado juntando ambas cejas.

El sonoro del metal tocando el suelo resonó.

―No van a seguir con esto. No soy un trofeo. Escucha Martín, vine aquí por mi superior, por nada más. Te guste o no, debo terminar la gira. Si no te gusta, vete a tu país y ya. ―había metido sus manos en el bolsillo del pantalón, dando un semblante determinado y serio.

Martín observaba. Luego sonrió levemente. A Manuel no le pareció nada gracioso.

―Sos… un gran pelotudo, ¿sabes? ―dijo rascándose la cabeza―. ¿Mañana vas a Francia?

―Uhm. Sí.

―Me tranquiliza un poco. Bueno… no tengo nada más que hacer aquí ―suspiró agotador―. Perdonáme Manu, no pude resistir cuando te vi en la televisión con… este tipo ―miró directo al nombrado. El otro procedió hacer lo mismo―, tuve que venir. Perdonáme, ¿che? Me quedo feliz con que me perdones, para irme a la Argentina, el país más grosso de todos.

―Tch. Esta bien, esta bien. Si con eso te vas… ―lo observó por un momento. Cerró los ojos y los abrió―. Acepto tus disculpas, ahora vete.

― ¡Mi Manuuu~~! ¡Soy tan feliz! ―así de rápido en cambiar de actitud, abrazó al chileno. A Arthur le subieron los celos.

― ¡Suéltame, fleto! ―trataba de zafarse.

― ¡Dame un besito! ―dijo formando sus labios listos para probar los del moreno.

― ¡Nunca! ¡Suéltame! ―caminaba hacia atrás, apoyando sus manos en el torso de Martín para alejarse a pesar de que no servía de nada.

― ¡Deténgase! ¡Cuidado con el carrua…!…je… ―Inglaterra advirtió en que no siguieran yendo para atrás, porque yacía el carruaje de la reina. Sintió el terror.

La pareja latina también miraba con terror al notar lo que habían hecho.

Hicieron caer le carruaje de la reina, destrozándole las ruedas y los vidrios.

―Oh no… ―murmuró el inglés.

En la entrada, en las puertas del hermoso palacio se encontraban mirando la escena los periodistas, el Presidente y compañía, y la reina Isabel II.

―Che… esto no me incumbe… Quiero un beso.

― ¿Eh? ―Manuel volteó el rostro que estaba mirando el carruaje hacia Martín. Con sorpresa, el argentino le cogió el rostro y le sembró un beso. Abrió los ojos de par a par. El argentino, enseguida introdujo la lengua. Se sentía desesperado en probar la boca de su adorado chileno malhumorado pero que se puede domesticar con dedicación. Fue acelerado y profundo.

Arthur sentía las ganas de golpearlo tan fuerte como lo hace con Francis cada vez que intentaba hacerle cosas pervertidas, sin embargo, le ganaron. Así es, le ganaron.

Manuel lo mandó a volar de un puñetazo a quien sabe a dónde. Deseaba con que aterrizara en Argentina y que no volviera. Su rostro se tornó rojo como los tomates de Antonio.

― ¡Imbécil, aweonao, fleto, hijo de puta! ―le gritó al cielo donde iba volando Martín.

― ¡Aaaaaaaaaaahh~~!

Arthur estaba desconcertado.

― ¡Oh my God! ¡Help me! ¡La reina se desmayó otra vez! ―la gente del palacio se alteró otra vez. Comenzaron a darle aire y despertarla, pero nada sucedía―. ¡Aaah! ¡Que atroz, que atroz!

― ¡My Queen! ―Inglaterra corrió en seguida a revivirla.

Manuel se mantuvo ahí, pensando que su superior lo retaría dejándolo no ir a la Villa Olímpica.

― ¡No puedo con esto! ¡Es demasiado para mí! ¡Le doy el cargo de presidencia al Ominami! ―el presidente le había dado un ataque de locura, mal que mal, todo era culpa de su nación, pero también de la nación vecina. Corrió adentro del palacio.

― ¡Sebastián, mi amor! ¡Regresa! ―le siguió su esposa para calmarlo.

―Así no más poh. ―se dijo asimismo Chile al escuchar el escándalo, encogiéndose de hombros.

Cuando se calmaron las cosas, todos dispusieron a tomar té así calmar los nervios.

Arthur atendía con todo lo necesario a la reina para que no sufriera otro desmayo. Pobre señora, era bastante para su edad.

Luego, la visita regresó al hotel.

Mientras tanto en el oscuro cielo de Europa.

―Mierda. ¿Hasta cuándo seguiré volando, che? Ese Chile golpea fuerte ―Martín seguía volando manteniendo piernas y brazos cruzados―. ¡Ashuuu! Muero de fríooo~. Quiero mate…

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A la mañana siguiente en el Hotel, Manuel no se había levantado, en realidad no tenía las ganas de hacerlo. Se escondía entre las sabanas. Además era parte del castigo de su superior por todo el desastre en el palacio, no iría a la Villa Olímpica de los Juegos Olímpicos para el 2102.

―Ya me voy Manuel, ¿deseas algo? ―le preguntó entrando al cuarto de su nación.

―Un regalo para Rapa Nui… Si ves a Arthy dile si te puede regalar algo… no sé… Libros de Harry Potter o qué sé yo… ―apenas se escuchaba por estar bajo las sabanas.

―De acuerdo, conseguiré algún recuerdo.

―Oye… ―salió de las sabanas para sentarse. Su cabello se desordenó por completo―… Le voy a dar un consejo: Deje de mostrar ese papelito.

― ¿Eh? Ah, tranquilo muchacho, todo estará bien. Recuerda que eres un país honesto…

―Leal, transparente, y al mismo tiempo siembras esperanzas… Sí, ya lo sé. ―continuó sin ánimos. Ya se sabía todas las frases típicas de su superior.

―Bien. En dos horas pasaran por ti para ir al aeropuerto, estaré allí esperándote para ir a Francia.

―Bueno…

―Nos vemos.

―Chao… ―de verdad no quería saber nada del mundo ni de los viajes. Su superior salió de la habitación cerrando la puerta―. A Francia… tendré que estar con ese fleto peor que Martín. Uhmmm, dormiré diez minutos más.

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España.

―Maldición ―murmuró enojado Romano―. ¡Deja de llorar! ¡Desde ayer que estás llorando como una niña, maldición! ―le gritó a Antonio.

― ¡Waaaaaaaah! ¡Soy un mal padreeee!

― ¡Tienes toda la habitación llena de pañuelos con tus mugrosos mocos y lágrimas! ¡Deja de llorar! ¡Che palle!

― ¡Sniff! ¡Necesito abrazo mi Romanoooo! ¡Mis hijos, mis adorados hijos me dejaron en vergüenza! ¡Waaaaaah! ―el español había pasado toda la noche lloriqueando por lo mal padre que era, y por dales una pésima educación, por lo menos eso pensaba.

Romano tuvo que soportarlo toda la noche, tapándose los oídos con algodones, con tomates, con lo que sea con tal de no escucharlo y poder dormir tranquilo. A final de cuentas, fue a dormir a la sala, sin embargo el español rogaba que deberían estar juntos para afrontar la crisis familiar que se vendría. El menor pensó que estaba mal de la cabeza, entonces, le amarró la boca con una cinta adhesiva, y funcionó. Pudo soñar muy lindo, donde lo pisoteaba.

― ¡Waaaaaah~! Sniff… ¡Waaaaaaah~!

― ¡Maldición! ¡Ni siquiera has hecho el almuerzo, bastardo!

En ese preciso momento, algo traspasó el techo, destrozándolo, cayendo en el suelo de la habitación. Por suerte la pareja se encontraba sentaba en la cama.

― ¿Q-Qué fue eso, maldición? ―Romano tenía miedo―. Ve a ver bastardo.

― ¿Eh? ¿No ves que tengo una crisis emocional de un padre?

―Eres un idiota.

―Ay… mi cabeza… ―se oyó la voz de la cosa que cayó en el cuarto, la cual se fue quitando los destrozos de su cuerpo.

Lovino pudo reconocer la voz y se acercó con cautela.

― ¿Mar-Martín?

―Ay… ¿Uh? Mamí Lovino…

― ¿Qué te pa-?

― ¡Mi Martincito! ―España fue abrazarlo dejando caer todas sus lágrimas, sí, aún tenía―. ¡No sabes cómo estuve preocupado viendo las noticias sobre que estabas en Inglaterra! ¡Manuel fue muy duro contigo, lo sé!

― ¡Oye idiota, déjalo en paz! ¡Viene mal herido! ―le exclamó un preocupado "madre".

Antonio miró al argentino, Romano tenía razón, el menor tenía algunas heridas no muy graves pero las tenía.

― ¡Romano, trae esa cosita cuadrada para los primeros auxilios! ―se puso de pie señalando la salida de la habitación. Enseguida, el italiano de mala gana obedeció, no por el español, si no por el heredero de su rizo. España volvió a sentarse.

―Papi Antonio…

― ¿Cómo te encuentras? ¿Qué hacías en Inglaterra? ¿Te hizo algo Arthur? ―preguntó apresurado.

―Me duele un poco la cabeza. Fui porque sé, que ese pirata le hiciera algo pervertido a mi Manu. Solo me golpeó. ―respondió.

― ¿Pero…?

― ¿Cómo llegaste aquí? ―Romano entró con un pequeño botiquín, no cosita cuadrada como le llamó el español.

―Manu me mandó a volar, y no lo digo literalmente. Me mandó a volar, che. ―dijo para cuando el mayor del rizo lo ayudó a levantarse y sentase en la cama para sanarle las heridas.

― ¿Y por qué, hiciste algo que lo enojara? ―preguntó España, por fin detuvo sus lágrimas.

―Am… estaba peleando con ese pirata afueras del palacio, de repente Manu nos hizo detenernos, dijo un pequeño discurso, me perdonó por haberlo tratado como si fuera parte de mi propiedad. Entonces no pude aguantar mis ganas de darle un beso… y se enojó ese boludo. Aush… ―se quejó al sentir que Romano le limpiaba el brazo con alcohol.

―Mi Martincito… Nosotros dos sufrimos tanto por nuestros amores…

―Cállate idiota. ―le insultó Italia del Sur.

―Pero creo que Manu ya me perdonó. Asique cuando regrese a Chile, le daré un lindo regalo ¡Che! ―sonrió feliz, fantaseando una escena no apta para menores con su tsundere favorito―. ¿Pero cómo supieron que andaba en Inglaterra?

―La televisión. ―dijeron ambos padres.

La "mamá" le estaba vendando la muñeca.

―Ah, por cierto, la reina se había desmayado ¿cómo se encuentra? No es que me importe.

―Supe que se encuentra bien. Pobre señora. ―respondió Antonio.

―Ella es inmortal… ―murmuró estúpidamente el argentino.

― ¿Y cómo llegaste? Digo… Te mandó a volar Manuel, pero… ¿desde ayer? ―preguntó su "madre".

― ¡Che! Duré toda la puta noche volando para llegar aquí. Por lo menos caí donde mis papis. ¿Cómo se encuentra tío Feli?

―De maravilla, mi estúpido fratello está con el macho patatas ese. ―dijo resentido, enojado, como siempre cada vez que su tonto hermano va visitar a ese alemán―. Bien, ya terminé.

―Gracias mami. ¿Adónde más tiene que viajar mi Manu?

―Uhm… creo que a Francia. Debe viajar hoy para allá. ―le dijo España.

―Pero… tío Francis no se encuentra muy bien por las 'nuevas revoluciones'.

―Francis está acostumbrado, estará bien, hijo.

―Gracias papá.

―…maldición… esto parece como si fuéramos una familia… maldición. ―mencionó Lovino al notar la linda escena de padre e hijo.

―Oye papá, ¿vos crees que tío Francis se portará bien con mi Manu? ―su duda de marido celoso.

― ¡Pues hombre, claro que sí! Recuerda que Francis no tocaría algo que sea tuyo, de eso no tengo dudas. ―levantó el dedo pulgar en señal de piensa positivo.

― ¿Enserio? ―preguntó dudoso a pesar de que sonaba convincente.

― ¡Sí! ¡Créele al jefe! ¿Quién más conoce a Francis que tú adorado padre?

―Vos.

― ¡Sí! Él no tocaría algo que sea de tuyo. Confía en tu padre.

―Muy bien. ¡Te creo! ―Martín parecía convencido, llegando a abrazarlo.

Soy un mal padre… ¿cómo le puedo mentir a mi propio hijo? Sniff… ¡Francis no durará en hacerle hago pervertido a mi Manueeeel! Sniff… ¡Soy un mal padre! ―Antonio lloraba por dentro por la gran mentira. Al francés sea lo que sea lo que pusieran al frente, no dudaría en darle amour.

No puedo creer lo mentiroso que eres bastardo. ―pensó Lovino al oír toda la mentira del español. Pensaba lo mismo que él sobre el francés.

― ¿Qué tal si te cocino algo? ―le preguntó Antonio antes de volver a llorar porque no aguantaba las ganas mentirle a su ex-colonia―. ¿Una rica paella?

―Bueno.

Antonio se levantó corriendo muy contento a cocinar.

―No te muevas de aquí Martín. ―le advirtió Lovino siguiendo al español.

―Bueno mami.

Al bajar a la cocina, España preparaba los ingredientes para la paella, incluso tarareaba.

Luego llegó el italiano.

―Martín estará tan feliz en comer algo preparado del jefe. ―mencionó pelando unos tomates.

―Eres un mal padre España, le mentiste sabiendo que ese depravado de Francia puede hacerle cualquier cosa a Manuel. ―lo atormento sicológicamente más de lo que ya estaba.

― ¡Lo sééé~~! ¡Soy un mal padre que les miente a sus hijos! ―volvió a llorar para esta vez apuntándose al corazón con el cuchillo―. ¡No debo vivir! ¡No merezco el cariño de mis hijos! ¡Adiós mi Lovi-love, adiós lindos tomates que me acompañaron cuando descubrí a todos mis niños!

― ¡Idiota! ¡Deja ese cuchillo, maldición! ¡Hazlo por Martín! ―se apresuró en detenerlo.

―Sí… tienes razón. ¡Debo cocinarle! ―cambió drásticamente para volver a cocinar.

―Idiota.

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América, Estados Unidos.

― ¡¿What? ¡¿Arthur hizo qué cosa? ―sobre saltó Alfred―. ¡¿Besó a Manuel? ¡¿Peleó con Martín? ¡What the fuck! ¡Voy a hablar con Arthur! ¡Tony, prepárame un avión!


¿Eh? ¿Le petit Manuel vendrá a France? Claro que lo atenderé bien. Le daré amour como buen hermano mayor.


Continuará…


N/A: ¡Con sobre peso por culpa de las hamburguesas, entra Alfred F. Jones más conocido como The Hero! =D. Ahora nos toca ir al país del amor. Por ahí me dieron unas ideas, gracias ^^. Ninguno de los personajes salió herido menos la reina. Esa señora es inmortal xD. Me alegra que les haya gustado el capítulo anterior, enserio gracias. España sigue sufriendo, pobrecito, y Lovino lo sigue atacando psicológicamente o sicológicamente, ya se usan de las dos formas -.-

Respondiendo a conniekirkland: Solo le puse "niño 31 minutos" porque es programa nacido en Manuel. Es como Arthur llamando "niño Disney" a Alfred. Solo por eso xD.

Sobre la canción de Gilbo, hice otra más, primero subiré esta, luego subiré más para los otros capítulos. La canción se llama "Ratoncitos" de 31 minutos, a ver si se acuerdan:

España: Hola, hola, hola, hola, ho.

Francia: Bonjour,bonjour, bonjour, bonjour, bo.

Prusia: Hallo, hallo, hallo, hallo, ha.

Bad Frieds Trio, Bad Frieds Trio!

España: Hola amiguitos, gracias por venir.Mueve tu tomatito como colibrí.

Francia: Dale amour a tus padres al amanecer.Corre por tu casa desnudo hasta desfallecer.

Bad Frieds Trio, Bad Frieds Trio!

Prusia: Silesia es de ore-sama, no de Roderich.Vuela como Gilbird, come awesomei-id (?)

España: Sube a mi tomate de la diversión. Y cantemos juntos esta canción! Fusosososos!

España: Hola, hola, hola, hola, ho.

Francia: Bonjour,bonjour, bonjour, bonjour, bo.

Prusia: Hallo, hallo, hallo, hallo, ha.

Bad Frieds Trio, Bad Frieds Trio!

Francia: Acaricia tu *censurado* siempre al despertar.

Prusia: Lava tu pollito antes de emborrachar.

Francia: Abre bien las piernas para poder *censurado*. (dice: entrar. xD)

España: Sube al tomate de la fusosidad.

Somos Bad Frieds Trio nos gusta ligar.

Somos Bad Frieds Trio nos gusta amarte… a ti~!

Olé!

Lol! xDD

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