Disclaimer: Hetalia, LatinHetalia, blablablá.

Advertencia: Malas palabras. Desde ahora pasa a rating T.

Pareja: Uhm… Leve AlemaniaxItalia. Lime PrusiaxChile. ¡Perdónenme Austria y Hungría! No soy fans de ellos, pero lo necesito para el despecho de Manu y prefiero usar a Gilbo antes que a Lud u.u

Agradecimientos: Los Simpson, Los diarios, Wikipedia-sama, y a Chibisiam por la idea. Basado en la gran gira de Europa del Presi Piraña, digo Piñera xD.


EuroTour

.-Alemania, Parte I.


¡Gilbert, ¿adónde vas?

¡A recibir a Manuel en el aeropuerto!

¡¿Was? (¡¿Qué?) ¡Pero…!

¡Acompáñame! De todas formas mañana debemos estar con la canciller.

De acuerdo, lo vamos a recibir… recién acabamos de llegar…


6 llamadas perdidas: Arthy.

2 mensajes de textos: Arthy.

Primer mensaje:

Hola Manuel. Sé que te fuiste sin despedirte, quizás estabas apurado. Te llamé 2 veces y no contestaste. Te llamaré más tarde, espero que me contestes. Cuídate.

Segundo mensaje:

Hola de nuevo. ¿Manuel te sucede algo? Te llamé 4 veces y no contestaste. Eso equivale a 6 llamadas. ¿Estás enojado por no haberme despedido? Quizás sea idea mía… o debes estar durmiendo… Sea como sea, te llamaré nuevamente, y espero que esta vez contestes. Bye.

Había revisado las llamadas y los mensajes en su celular. Estaba en el vuelo.

'Y hoy te vas, te vas, te vas, te vas, te vas…'

El celular sonaba por séptima vez. Dejó pasar cinco segundos debatiéndose en contestar o no, de todas formas quería que Arthur le dejara de llamar y para eso, debería contestar.

―Aló. ―llevó el aparado al oído.

―Hasta que al fin contestas. ¿Qué sucede? ―Arthur sonó preocupado desde el otro lado.

―No… nada. No te contesté porque estaba durmiendo. ―mintió para no preocuparlo y no seguir con hablando con él.

―Ah…La voz se te escucha extraña, ¿te sucede algo? ―insistió.

Maldición.

―Es solo el sueño. Oye… no te preocupí por no haberme despedido, no alcancé.

―Ya lo sabía.

―Em… te tengo que cortar, voy aterrizando en Berlín. Nos vemos, adiós. ―cortó enseguida dejando a Arthur con la palabra de despedirse. Bien, eso fue raro; no le dio importancia, tal vez estaba apurado.

Aeropuerto Internacional Tegel, Berlín.

Aterrizaron en la última escala del viaje por Europa.

El presidente Piñera y sus amigos y su señora y su nación, dieron los primeros pasos por suelos alemanes siendo recibirlos por autoridades locales. Desde unos metros, se oyeron gritos como llamando a alguien.

― ¡Manuel, aquí! ―el aludido debió la vista a la persona gritona, era Prusia sosteniendo un gran letrero de bienvenida "Willkommen in Deutschland, Manuel", acompañado por su hermano menor quien estaba bastante avergonzado. Prusia corrió hacia el sudamericano, dándole un fuerte abrazo.

―Hey, hey, no me abraci tan fuerte. ―pidió entre una tonta risilla teniendo los brazos pegados a la espalda.

― ¿Cómo no te voy abrazar? ¡Eres el único que mantiene vigente mi doctrina…y la de West! ¡Te quiero! ―totalmente emocionado le piñizcó las mejillas.

Su superior y la primera dama miraban atónitos aquella acción.

―Hermano, ya suéltalo. ―le sugirió Ludwig, resultando positivo.

―Aush… ―Manuel expresó el dolor acariciándose las mejillas―… ¿Para qué vinieron a recibirme?

― ¿No te gustó? ¿No te agradó? ―Gilbert colocó una cara de tristeza, pero no tanto.

―Sí… pero… se supone que nos íbamos a ver mañana.

―Prusia insistió en darte la bienvenida. ―dijo el alemán sin más.

― ¡Manuel, debemos irnos! ―avisó la primera dama.

― ¿Tan rápido? ―se preguntó Prusia. Luego se ella se les acercó.

― ¿Adónde vamos? ―preguntó Manuel.

―Sebastián tiene pensado ir a dar un discurso en la Universidad de Humbolt ―dijo. Después visualizó a ambos alemanes―. Muy buenas tardes, soy la primera dama, Cecilia Morel.

―Mucho gusto. Soy el grandioso Prusia… el cual ya no existo… formo parte mi hermano West y…

―No se preocupe, sé sobre su historia.

― ¿Enserio? ¡Genial! Pero sé que algún día regresaré con gloria, majestad y grandiosidad. Keseseseseses. ―una gran cantidad de ego se le subió a la cabeza.

―Mucho gusto, yo soy Alemania, y él es mi hermano mayor. ―presentó como respondía. Conociendo a Gilbert, en unos minutos comenzaría alagándose de lo grandiosos que es. La mujer correspondió cordial el saludo, a seguir con el aviso de irse a la primera visita del mandatario.

Los tres países accedieron ir. Fue aburrido según Gilbert. Fue educativo según Ludwig. Fue… normal para Manuel. Conocieron a jóvenes estudiantes provenientes de más de cien países. Era increíble, con razón eran unas de las mejores universidades en Alemania. Dentro, el presidente preparó su discurso sobre desafíos, innovación y futuro para Chile.

Todavía se mantenía el sol en las calles de Berlín. El aire dejando todo atrás aquel terrible y melancólica época de guerras. Todo era diferente. Caminaban por la capital, terminando las dos actividades conclusas.

―Hey, Manuel ―acaparó la atención del nombrado el prusiano―, ¿tienes algo esta noche o ahora? ―preguntó. Las tres naciones iban atrás del superior de Chile.

Por fin había preguntado, se le estaba olvidando en ir a tomar una buenas cervezas alemanas y, olvidar, según decían, para olvidar las penas, pero Manuel no sentía pena… tal vez sí.

―Sí. ¿Por qué no ahora? ―de verdad quería tomar, si fuera posible no saber nada de nada―, y quiero comer algo…

― ¿Ahora? ¡Genial! Por eso me agrada tu compañía. ¿Te apuntas West?

―No puedo, más tarde vendrá Italia, quiere que veamos una película o algo así. ―dijo sin ninguna expresión. Tenía ganas de ir, pero… vendría él, y le imposible negarle una cita… ¿una cita? No, no era una cita, solo planes del italiano, además si le decía que no a última hora, lloraría, luego vendría Romano a encararlo por hacerlo llorar… Eso no quería.

― ¿Ver una película? Sí, claro. ―se burló Prusia. Ante esto, el rubio se sonrojó.

― ¿Q-Qué tratas de decir? ―a lo que reaccionó a defenderse.

―Nada. Tú solo te estas revelando. ―atacó directo avergonzando aún más a su propio consanguíneo. Hasta Gilbird pió a favor de su grandioso dueño. Al lado del prusiano yacía regulando la caminata el chileno sin dejar de observarlos, les causaba gracias ese par de hermanos. Uno se cree grandioso y el otro totalmente opuesto, serio. Era como…él y Martín.

Martín…, pensó. Sacudió la cabeza olvidándolo, no era el momento para pensar en esas cosas. Hoy se embriagaría, conversaría con Gilbert, bailaría con alguna alemana y para pedir un poquito más una noche con ella. A todo esto… ¿traía condones? Después revisaría y si no tenía, bueno se compraría uno.

Repentinamente ya estaban los dos solos. Ambos superiores de Manuel aceptaron para que pase un buen rato con Prusia, donde Ludwig dijo que se haría cargo de cualquier incidente o inconveniente en la nación menor. Eso los calmó.

― ¿Adónde quieres ir? ¿A comer o a tomar? ―Prusia habló sacándolo de sus pensamientos.

―A comer, por supuesto. No he almorzado.

―Te llevaré a uno de los grandiosos restaurantes de Berlín… ¡La comida es grandiosa! ―alzó los brazos porque el latino compartirían el almuerzo alemán, y después a tomar, ¿Qué más podría pedir?

'Du. Du hast. Du hast mich. Du. Du hast. Du hast mich. Du hast mich. Du hast mich gefragt…´

―Scheiße. ¿Quién se atreve a llamar al grandioso yo estando tan ocupado? ―maldijo sacando su celular del pantalón. Atendió la llamada.

― ¡Kono obaka-san ga! ¡¿Dónde demonios te has metido? ¡Te he estado buscando todo el día! ―esas palabras sonaron tan fuerte logrando darle un gran dolor de oído al prusiano.

―No me grites… me duelen mis grandiosos oídos.

― ¡Se supone que hoy día almorzaríamos juntos!

―Lo siento mucho señorito. Te había dicho que vendría Manuel en su famosa gira, y en este grandioso momento voy almorzar con él.

― ¡¿Qué? ¡Oye…! ¡Nosotros…! ―Prusia le cortó dejando a Austria con las palabras furiosas en la boca―. ¡El maldito me colgó!

― ¿Vamos? ―preguntó cambiando el semblante a uno sonriente a pesar de los griteríos del austriaco.

Manuel afirmó con la cabeza.

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Norte de Italia.

Martín había llegado sin inconvenientes a casa de Feliciano, sano y salvo. Mantenía en su cabeza las horrorosas menciones de España a Romano de aquella noche. No era para menos, su propio colonizador le iba hacer eso donde su otro colonizador estaba de acuerdo con eso. Ahora sentiría más tranquilo al lado de su tío Feli. Lo recibió muy contento preguntándole que hacía aquí. Martín atinó a contestar que venía a visitarlo y que lo echaba mucho de menos, jamás le diría sobre lo ocurrido.

Ahora se encontraba viendo la televisión.

―Martín, saldré. No creo que regresé hasta mañana. ―le informó Feliciano.

― ¿Eh? ¿Adónde vas? ―lo pilló por sorpresa.

―Ve~, donde Alemania. ―se le formó una gran sonrisa colorando las mejillas.

― ¿Alemania? ―se preguntó. Luego procesó la información―. ¡Che, ahí debe estar mi Manu!

―Sí. Lud me dijo que hoy llegaría.

― ¿Puedo ir con vos? Decime que sí~.

―Bene. (Bueno)

Minutos más tarde, pasando por la frontera de Suiza hasta llegar a Alemania con muchos inconvenientes (véase Vash), llegaron. Ludwig se sorprendió con ver al argentino, de igual manera los dejó pasar.

― ¿Dónde está mi Manu? ―preguntó Martín examinando la casa en busca de su amando vecino.

― ¡Alemaniaaa~! ―justo cuando le iba a responder, el italiano se lanzó a los brazos del alemán― ¡Te extrañé tanto!

―Solo nos separamos por cuatro horas Italia. ―dijo haciéndolo a un lado.

― ¿Ve~? Pero yo te extrañé mucho. ―hizo un puchero queriendo no alejar de Ludwig.

―Salió con mi hermano a beber cervezas. ―le contestó al argentino.

―Tch. Se la pasa tomando ese chileno boludo.

― ¡Alemaniaaa~! ¡Traje películas!

Con lo dicho, Ludwig acomodó las cosas preparando el "cine". Martín fue el primero en sentarse en el sillón, mientras que Italia se encontraba en la cocina sacando palomitas de maíz.

―Feliciano ―el alemán entró a la cocina, viendo como el italiano alistaba todo para pasar con gusto la película―, ¿Por qué trajiste a Martín?

―Bueno… es mi sobrino. ―simplemente contestó.

―Lo sé. Pero se supone que pasaríamos la tarde juntos.

―No puedo dejar solo a Martín en casa, es mi responsabilidad mientras no esté con mi fratello. ¡Listo! ―exclamó al llenar algunos platos de papas fritas y entre más.

― ¿Qué hacía en tu casa?

― ¿Ve~? No lo sé. Llegó de repente diciendo que me extrañaba… y que deseaba ver al otro hijo de hermano España.

―Te refieres a Manuel.

―Sí… ¿Pasa algo?

―No, nada.

―Oh, ya comprendí. Mañana prometo hacer el amor contigo.

― ¡No digas tan fuerte! ¡Martín te puede oír!

― ¡Ve~! ¡Perdono!

Y así, con un Ludwig completamente sonrojado y un Feliciano feliz, se sentaron en el sillón dejando al argentino entre los dos.

― ¿No les interrumpo? ―preguntó incomodo Martín.

―No. ―confirmó muy cómodo y sonriente Feliciano.

―No… ―claro que le molestaba a Ludwig. ¡Meint Gott! ¡Hoy deseaba ver películas con él y pasar una maravillosa noche! ¡Juntos, los dos! Pobrecito…

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Alemania.

―Se llama Steckrübeneintopf ―dijo Prusia mencionando el plato que almorzaban―. Es muy típico en Baja Sajonia, te encantará.

―Eso parece… y… am… ¿Aquí sirven té? ―preguntó un poco tímido después de dar el primer bocado al plato. El mayor pestañó desentendido―. Es que me gusta tomar té después de almorzar.

― ¡Ah! Ya entiendo. Sí, creo que sí. ―era como tener a otro Arthur en la mesa. Sonrió para sus adentros.

La tarde fue pasando. Después de terminar, Manuel pidió su taza de té. Al volver a terminar, dispusieron a irse del restaurante. Prusia, aparte de invitarlo a almorzar lo llevó a un bar de cervezas.

Las mezcla de alcohol y tabaco ocupaban el espacio del bar. Hombres y mujeres bebían sin control. Risas y carcajadas se apreciaban, y conversación en alemán.

Chile y Prusia tomaron asiento en uno de los puestos vacíos, donde encontraban de vecinos a un grupo, atrás y adelante.

―Hallo ¿Was wollen? (Hola ¿qué desean?) ―una mesera les acercó sosteniendo en sus manos una pequeña libreta de anotaciones.

―Hallo schön (Hola preciosa) ―piropeó Gilbert―. Ich möchte ein großes Bier. (Quiero una grandiosa jarra de cerveza)

― ¿Und Sie? (¿Y usted?) ―le preguntó a Manuel tomando anotaciones.

― ¿Qué dijo? ―no comprendió ni una sola palabra de la chica. Por suerte Gilbert aprendió algo de español por juntarse tanto con Antonio.

― ¿Qué quieres tú? ¿Quieres que el grandioso yo traduzca?

―Sí. Dile que… ¿si tiene cervezas artesanales? ―dijo. La joven los observaba extrañada sin comprender el dialecto español.

― ¿Haben Sie Bier hausgemacht? ―tradujo.

―Ja. (Sí)

―Dijo que sí.

―Pídele dos jarras, bien llenas y cigarros. ―Manuel no quería absolutamente nada. Sarcasmo.

― ¿Dos? Waw, sí que tienes sed pequeño ―estiró los labios con suma ironía―. Zwei Biersorten, voll. Und Zigarren. ―tradujo.

La joven alemana acertó, caminó a pedir los pedidos. Minutos más tarde, tres jarras de cervezas y una cajetilla de cigarro llegaron a la mesa.

El menor, enseguida dio el primer sorbo, un extenso sorbo acaparando la atención del ex-reino.

―Parece que de vedad tenías mucha sed, ¿eh? Keseseses. ―río. Con la surda tomó la jarra aproximando a la boca. Cerró los ojos, así sentir la sensación y el sabor de la bebida.

―Tengo mucha sed y… ―dijo y quedó en pausa. ¿Debería contarle? Más razonable sería pedirle consejos a España, quien lo conocía más y a Martín, sin embargo se pegaría el viaje para ir donde ese idiota del tomate. Incluso pensó en Francia, sabe todo lo relacionado con el concepto de amor, no obstante prefería tener precaución, asique estaría descartado. La otra alternativa era Ludwig, para desgracia suya se encontraba con Feliciano, aunque también le podría preguntar mañana… Espera, si lo pensaba detenidamente, él no sabía de estas cosas, le incomodaban. Y la última alternativa era Suiza, por lo menos él no lo atacaba con armas y todo eso, de todas formas, no creía que le sea bueno. Él único cercano hasta el momento era Gilbert. Suspiró. No era en dar concejos amorosos…

― ¿Y? Oye… te noto extraño. ―pronunció Gilbert bastante preocupado. Manuel estaba serio, más serio que de costumbre.

―Tengo un gran problema… necesito de tu grandioso consejo. ―levantó la vista siendo fruncida debilidad directa a los orbes carmesí.

Prusia entrecerró los ojos por el momento acariciando su jarra de cerveza.

― ¿Problemas del corazón? Veamos… ―bajó los parpados pareciendo un filósofo o pensador profundo― ¿Martín, Arthur, Miguel o, quizás yo? ―sonrió con autosuficiencia al nombrarse.

―Los dos primeros.

―Muy bien, soy todo oídos.

Antes de comenzar con el relato, Chile dio dos sorbos de la primera jarra, ya no le quedaba casi nada. Luego partiría por la segunda.

Prusia lo escuchaba atento. Maldecía internamente a su amigo Francis en meterse en asuntos que no eran de su incumbencia, menos dañando a uno de los hijos de Antonio y a su mejor amigo de cervezas alemanas artesanales y más. Bebió de su jarra. Seguía escuchando. ¿Qué mierda le iba a decir? No tenía ningún consejo preparado, ni Gilbird lo tenía; se encontraba durmiendo sobre su melena, no era de mucha ayuda que digamos. Podría llamar a Hungría, ella es experta en esto, pero eso significaba rebajarse, el cual la húngara se burlaría de él al pedirle ayuda. No, eso jamás. ¿Austria? Él estaba enojado, tampoco. Pensó en llamar a su hermano. Por instinto negó. Pues se encontraba con Feliciano haciendo quien sabe qué cosa y no le interesaba tampoco, y menos los quería interrumpir en cualquier cosa estuviesen haciendo.

Manuel ya iba por la segunda jarra, acompañado por un cigarro. Después pidió una tercera.

Inesperado, el celular del castaño sonó ante una llamada. Lo sacó del bolsillo de pantalón.

Arthur.

Murmuró un insultó sin ser escuchado. No contestó y lo apagó. No quería saber nada de él. Tendría el día de encararlo y darle una buena golpiza por ser un maldito pirata y un maldito maricón. Esa era la palabra exacta para describirlo. Sabe que hay más pero no quería pensar un buscar, únicamente beber y desahogarse.

Continuó con su triste historia.

En el tercer gran vaso con el contenido amarillento del alcohol, el efecto de mareo, en resumen los síntomas de ebriedad se hacían presentes en el cuerpo de Manuel.

― ¿Cachaí o no?... ―demasiado para el gusto de Prusia―… El weón de Martín… tenía razón… ¡Y yo como un aweonao le seguí a Inglaterra!

―Suficiente, deja de beber. ―con la determinación en su zurda le arrebató la cerveza.

―No… oye… déjame tomar… ―reclamó.

―Ya te estás comportando muy molesto, y la idea era venir a pasar el rato, no a que te emborracharas. Mañana tenemos una junta con la canciller.

― ¡Pero Gilbert…! ¡Vo no cachaí ni una wea!

―No te entendí nada de lo que dijiste. ―a pesar de no haber comprendido nada de nada, se dio vuelta y le entregó la cerveza de Manuel a un tipo de atrás quien la recibió muy contento. En el momento de levantarse, ayudó al chileno en hacer lo mismo.

―Oye… ¿Cómo está esa amiga tuya…? La… am…Bélgica se llama… ―ya deliraba siendo sostenido por el prusiano. Solo era verle las sonrojadas mejillas para darse cuenta de su ebriedad―… Es súper rica… ¿Por qué no la invitaí?… Hip… También me gustan sus cervezas…

―El grandioso yo no puede, está con su hermano Niederlande.

―Ah pero… con ese weón me llevo bien po… no es tan pasea'o el loco… ―comenzó a dejar salir todo su dialecto muy difícil de comprender, más conocido El Manu flaite que lleva bien adentro. Estaba siendo cargado, llegando a la salida.

―Ajam… Porque no lo conoces.

―Si lo conozco… es buena onda… ―insistió saliendo del bar― Hip.

―Se hizo de noche. ―observó el cielo.

― ¿Somo amigo… o no somo amigo? ―Prusia conocía esa clásica frase de Manuel cuando se encontraba en ese estado tan deplorable.

―Somos amigos. ―finalizó procediendo a dar los primeros pasos y pensando en donde dormirían. No recorría todo Berlín para llegar a casa y con Chile en ese estado, y para colmo recibir los regaños de Alemania… y para más colmo se suponía que estaba con Italia… ¡Mierda!

Tomó un taxi. Su única idea era un hotel o hospedaje lo más barato que sea. Acomodó al "enfermito" en el asiento trasero, luego subió él.

Minutos más tardes encontró el más barato hospedaje que pudo haber encontrado. Entró, aun llevando a Manuel, que apenas caminaba.

―Una habitación con dos camas, por favor. ―pidió. Para su buena suerte del día, quedaban esas habitaciones. ¿Por qué no dos? Simple: No dejaría solo a Manuel todo borracho, podía hacer cualquier cosa estúpida. Le entregaron la llave. Se les ofrecieron a ayudar a Prusia con cargar al menor, mas ese negó, porque puede hacer todo solo y era grandioso. Únicamente fue guiado a la habitación. Al entrar, cerró la puerta y lo recostó en seguida encima de la cama.

―Ah… am… uhmmm… ―murmuraba esas tonterías. Abrió los ojos y se incorporó. Se sintió mareado, como si navegara por el océano, todo le daba vueltas― Mi cabeza… ―acarició su frente, por lo menos ahora se encontraba un poco con los pies la tierra. Miró a Gilbert quien estaba de espaldas frente a un escritorio dejando sus pertenencias―… ¿Qué hací?

―Duérmete. ―dijo en seco.

No apartó la vista oscura en él.

Pensó…

…pensó en Martín y en Arthur.

Maldita sea, no podía quitarse a esos dos de la cabeza y más encima darle la razón ese argentino fleto.

Algo andaba mal.

Algo andaba muy mal.

Seguía observando al prusiano de pies a cabeza y cabeza a pies.

Sintió un peso, una pesadumbre en el pecho. Remordimiento se le podría llamar. No lo sabía bien. Únicamente se levantó con los tragos en la cabeza volteando a Gilbert.

Tan inesperado fue, que no pudo captarlo. Tan sorpresivamente… sus labios contactaron con otros que no eran suyos. Sintió sabor a cerveza. Sus orbes se abrieron de par a par completamente sorprendido por lo que estaba haciendo Manuel ¡Lo besaba, lo besaba! ¡Mein Gott! Hasta introdujo la lengua sin permiso.

Intentó apartarlo sin resultados.

Chile lo atrajo más a su cuerpo, y una mano descendió a cierto bulto del prusiano.

Esto comenzaba a ser nada bueno. Manuel se encontraba ebrio, no sabía lo que hacía; aquellas palabras en la mente de Prusia. Una vez más trató de frenarlo, no obstante su entrepierna sintió una presión, más presión y caricias. Maldición, le excitaba. Quería detenerlo y a la vez seguir, tampoco ansiaba aprovecharse, sin embargo las circunstancias le estaban cambiando el aparecer de las cosas. Y…

…respondió a cada beso, a cada exploración del chileno.

Mañana de maldeciría por esto.

Posteriormente, Manuel guió sin dejar de besar al mayor recostándolo sobre la cama más cercana. Entonces se acomodó sobre el cuerpo del Gilbert quitándole la chaqueta, desabrochándole la camisa, el pantalón. Lo tocó. Lo acarició. Lo excitó para encontrar la humanidad erecta, y así darles sus respectivas caricias. Quizás yacía ebrio, sabiendo lo que hacía, sí… lo sabía. Sabía que lo tocaba, sabía que lo besaba, sabía todo.

Se desnudó y se preparó a dar el siguiente paso con suma urgencia. Ser penetrado por el grandioso Prusia.

Tal vez haya sido calentura.

Ta vez haya sido culpa del alcohol.

Tal vez haya sido por despecho.

Tal vez… no, no hay un tal vez.

Es así. Así fue y las cosas están hechas.

Porque lo hizo con Gilbert, y ahora, en este preciso instante lo observaba con melancolía, con culpabilidad. Dormía, respirando cada dos segundos a su lado. Los rayos del sol iluminaban las cortinas sin darle el permiso de entrar a las paredes e iluminar el cuarto completo. Manuel bajó la mirada, formando puños contra las blancas sabanas que cubría a ambos.

No hizo el amor.

Solo fue sexo del momento.

Solo… sexo.

Solo… estaba caliente.

Despecho.

Continuará…


N/A: Antes de comentar sobre el capítulo, quiero decir lo siguiente… ¡Se fue Bielsa! ¡Manu va llorar! ¡Martín se va a provechar! ¡Se fueee~! Me voy a matar, me tirare del primer piso *se prepara en el primer piso para lanzarse* Regresaremos a ser los malitos del futbol, siempre yendo hacia atrás… Espero que el próximo sea el Borgi, por último D:

Ahora sobre el capítulo; pueden lanzarme todo lo que quieran por el PruxChi, no me gusta cómo se ven juntos, pero lo necesitaba… ¡Piedad!

Y… nueva canción por supoto. Es esa que se llama "Ríe, ríe" y le puse "Ríe, ríe Austria", dedicada Rode por Gilbo. ¡Disfruten!

Prusia: Hoy vi un pollito, un pollito hambriento en la calle muriendo de frió y con garrapatas, a su lado, el abuelo Germania que ya estaba ancianito, y en la radio vi una guerra de vodkas y hamburguesas... Cuando venía en la locomoción colectiva, un pequeño Ludwig me preguntó... ¿Qué podemos hacer con este mundo tan cruel?Y ore-sama le dijo...

Austria: o.O? *desentendido*

Prusia: Ríe, ríe, aunque no tengas Silesia, solo

Ríe, ríe, ríe como un América, solo…

Ríe, ríe, aunque no se pueda, solo

Ríe, ríe, lleno de problemas, agobiado y sin Silesia.

Porque en la vida señorito siempre vas a fracasar, Keseseseses.

Porque mañana también estarás bien violado.

Porque no eres awesome, porque no eres tan awesome.

En la vida siempre vas a fracasar, Keseseseses.

Austria: ¬¬# *enojado*

Prusia: Ríe, ríe, si te esté violando solo…

Ríe, ríe, ríe como un señorito solo…

Ríe, ríe, aunque ya estés muerto, solo

Ríe, ríe, ríete con awesomeidad.

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Gilbert es tan romántico xD

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