Disclaimer: Hetalia, LatinHetalia, blablablá.
Advertencia: Malas palabras. Falta de ortografía, lo escribí apurada y sin revisar.
Pareja: Uhm… ArgentinaxChile…Lemon…no tan explícito.
Agradecimientos: Los Simpson, Los diarios, Wikipedia-sama, y a Chibisiam por la idea. Basado en la gran gira de Europa del Presi Piraña, digo Piñera xD.
EuroTour
.-Alemania, Parte II.
Todo era un error. La noche era un error. Un despecho, pero con un grave error. Analizando fue producto del alcohol, sí, porque si estuviera lucido no haría eso. O por lo menos eso creía; pensaba.
Prusia se movió bajo las sabanas. Él lo miró mover. Se maldecía mil y un veces la tontería que había hecho ayer. Maldita sea, era Gilbert, el amigo de su padre, el hermano de Ludwig, donde le había ayudado en muchas cosas, no era motivo para pasar la noche con él.
Tenía que volver en sí. Lo primero que tenía que hacer era coger su celular, prenderlo y ver llamadas…
Mierda.
2 llamadas perdidas: Arthy.
20 llamadas perdidas: Presi Seba.
La primera no le tomó importancia, en cambio a la segunda… ¡Lo llamó veinte veces! Su superior debe encontrarse muy enojado para llamarlo tantas veces.
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― ¡No me ha contestado! Tengo que inaugurar el Seminario Económico. ―el presidente Sebastián se sentía nervioso al no saber nada de nada de nada de nada de nada de Manuel desde ayer.
―A lo mejor viene en camino. ―dijo su esposa intentarlo calmarlo, pero él no hizo caso y volvió a marcar.
―Por favor, por favor, por favor… contesta. ―suplicaba sosteniendo el celular en su oído.
―Buenos días. ―la voz logró escucha desde el otro lado, era inconfundible, era Chile.
―Gracias al cielo. ¿Dónde has estado? Te llamé mil veces.
―Salí con Prusia y se me pasó la cuenta.
―Chiquillo por dios… ¿Dónde te encuentras ahora?
―Eh… ―le oyó, al parecer, buscando algo convincente― Estoy en un hotel o algo así…
―Bien. Necesito que te apresures, tenemos que ir a inaugurar el Semi-
―Sorry Presi, pero no creo que alcance ―interrumpió―. ¿A qué hora es la junta con la canciller?
―Al medio día.
―Okey. Estaré allá, nos vemos. ―se despidieron.
― ¿Y? ―preguntó ella.
―Está con el señor Prusia, vendrá a juntarse con la canciller.
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Tuvo que hacer la llamada en el baño, así no despertar al prusiano. Votó el aliento bastante cansado, deseaba terminar con todo esto y regresar a su país, tal vez Martín estaría con él como siempre, mal que mal, era su vecino y no tardaba ni media en cruzar la cordillera para verlo. Guardó su celular en el pantalón y salió del baño. Entró al cuarto si expresión en su rostro, ni siquiera cuando la cama yacía vacía, Gilbert se levantó, pero no estaba en la habitación. Arqueó una ceja con indiferencia pensando que el mayor le haría preguntas de lo de anoche o lo molestaría con hacerlo otra vez, lo conocía muy bien después de todo. Movió un pie, luego el otro acercándose a la ventana. Vaya ánimos para saludar al Papa, se mencionó sarcástico.
―Buenos días, pensé que te habías ido. ―volteó enseguida sin sobresaltar ni un músculo. Gilbert estaba apoyado en el umbral, vestido.
No quiso decir nada hasta no estar seguro de que le podía decir, entonces supo. Quería aclarar todo esto antes de que se malinterpretara. ―Prusia, lo de anoch-
―No fue nada, lo sé ―le quitó las palabras de la boca, dejando al chileno al fin con una expresión de sorpresa―. Fue culpa del alcohol. Al principio pensé, en que no resiste a mis grandiosos encantos ―sonrió―. Solo puedo decirte, esta noche no sucedió, no pasó nada. Esto queda entre los dos y nadie lo va a saber. ―sonrió de nuevo.
Manuel había bajado la mirada al solo oírlo, se sentía vulgar, una puta usada.
― ¿Por qué? ―articulo cabizbajo― Ahora podrías abusar de mí, siempre lo has querido.
― ¿Qué? Keseseseses. No ―negó a lo que hizo al menor mirarlo―. Haber pequeño, ven aquí ―Manuel no obedeció―. Aff. Bien, bien. El grandioso yo te tiene mucho aprecio, no solo porque Ludwig es dueño de tus piernas…
―No es dueño de mis piernas.
―Es una forma de decir. No soy un experto en el amor, pero te voy a dar un concejo: Habla con Arthur, soluciona las cosas. Y con Martín am…uhm… Es difícil. Veo que te gustan ambos rubios. Te recomiendo conversar con él, si eso. Conversar, aclarar ciertos puntos…y…me estoy enredando…
―…
―En fin. Te hice el desayuno. Sé que al medio día debemos estar con la canciller.
―Gilbert…gracias.
―Agradece que no estoy saliendo con Romano, él te mandaría la mafia entera aunque fueses su hijo.
―Pero tú le fuiste infiel a Austria.
― ¿Infiel? ¡Jajajajaja! ¡No, para nada! El señorito y el grandioso yo no tenemos nada formalizado, solo tenemos nuestras noches calientes y locas de vez en cuando, pero solo eso. Ah sí, también he tenido mis locuras con Francia y tu papá España, pero eso fue antes de tu nacieras. Qué vida la que tuve.
―Ah. ―se encontraba mudo. ¿Su padre hacía esas cosas? Se lo esperaba con Lovino, pero no con esos dos.
―Y…hay algo tienes que saber, va a sonar un tanto duro ―pausó, dejó de apoyarse en el umbral y miró seriamente al menor―. Me imagino que has escuchado que Arthur suele cambiarse de bando cuando le conviene, es verdad. No te negaré que es un maldito pirata con ambiciones. Antes de que tú nacieras, se aliaba con el bando donde no se encontraba Francia, y cuando va perdiendo se cambia de bando o se retira. A todos nos ha tocado en Europa, y ahora eres tú. ¿España te lo había dicho, verdad?
―Sí…me… ―la dificultad en el habla le hizo tragar saliva― Antonio me golpeó cuando chico por juntarme con él.
―Eso no lo sabía…―se había sorprendido. Ese maldito de España si era un tirano― Lamento eso. En todo caso, ahora que sabes un poco más de Arthur, cuando hables con él, ten cuidado, puede jugar con las palabras.
―Entiendo.
―Hey, cambia la cara pareces salido de esas películas de zombi que hace Alfred. ¿Te digo un secreto? No se lo cuentes a tus hermanos menos a España. ―sonrió divertido.
― ¿Qué cosa?
―Eres uno de los hijos de Antonio que más adoro ―le guiñó el ojo―. Te esperare para tomar desayuno, y quiero que bajes con una cara alegre, ¿de acuerdo? No quiero tener problemas con West.
―Okay. ―trató de sonreír. Notó a Prusia sin moverse de la entrada, captó lo esperaba. Caminó a salir de la habitación y su hombro fue abrazado dándole ánimos para que dejara ese lado tan gruñón que lo caracterizaba. Tomaron desayuno con el inicio de una conversación de Prusia para alegrar el ambiente, pero solo alagaba de lo grandioso que era logrando sonrisas en Manuel.
Dejaron el hotel de baratija. Manuel prefirió ir a la casa de Alemania, para que fueran todos donde la canciller. A Gilbert no le pareció mala idea, llamó a su hermano avisándole que irían para allá.
Se apresuraron, moviendo las piernas como un maratón de África, no crearan que solo se fueron corriendo, también tomaron una vehículo donde Prusia reclamaba que se apurara por ser grandioso y la hora es grandioso, lo cual no se puede hacer esperar, o algo así era.
Al llegar, Chile se sorprendió al ver a Argentina en casa del alemán. No hizo esperar ningún segundo para rodeas los brazos en el cuerpo del castaño, este debatía en alejarlo con uña y mugre, sin embargo ni caso había.
― ¡Mi Manu, no sabés cuándo te extrañe! ―no dejaba de abrazarlo.
― ¡Suéltame! ¡No pedí que vinierai!
―Che, no te mentís más, vos me deseas. ―le susurró sensualmente en el oído, el menor se estremeció por el contacto.
―Dejando sus cariños de hermanos ―procedió hablar Ludwgi―, debemos apresurarnos. ¿Feliciano, te vas a quedar aquí?
―Sí. ¡Capitán, cuidare su casa con mi propia vida! ¡Ve~! ―frunció el entrecejo en una posición militar.
―Danke. ¿Martín, tú iras?
― ¡Sí! No puedo dejar a mi esposa solita.
― ¡No soy tu esposa!
― ¡No hagas tonterías Italia-chan!
― ¡No lo haré! ¡Ciao, cuídense!
― ¡Ciao tío Feli!
― ¿Desde cuándo aprendiste italiano, Martín? ―preguntó Manuel.
―Estudio, cosa que vos no haces.
Manuel le dio un zape por tratarlo de estúpido.
Antes de llegar a la sede de la Cancillería Federal, el presidente miraba la hora completamente preocupado si llegaría o no su nación. Tal vez quiso darse cinco minutos más para seguir durmiendo, y conociéndolo esos cinco minutos equivalen a dos horas. Caminaba de un lado para otro observando el suelo y luego subiendo la vista si es que vendría, hasta que al fin Manuel apareció junto con las tres naciones… ¿tres? ¿Qué hacía Martín aquí? Recordó que se fue volando por el cielo cuando estaban en Inglaterra, producto del chileno.
― ¿Debería llamar a la presidenta de Argentina? Tal vez no sepa que su nación anda en estos lugares. ―dijo su superior a su señora, ella negó.
Después de unas cuantas presentaciones y disculpas, los hermanos germanos se apresuraron a entrar a la Cancillería, pues ellos tenían que acompañar a la canciller recibiendo a sus invitados.
Los chilenos y argentino esperaban afuera de las puertas, ordenados y con el pecho afuera para dar una buena impresión, incluso Manuel amenazó de muerte a Marín si hacía alguna tontería como agarrarle el trasero. Procedieron a dar los primeros pasos, lentos y precisos por el camino hacia la sede. Los militares tocaron el himno nacional. Manuel lo tarareaba mentalmente. Martín se sentía extraño con cierto temor, ya que el himno, a pesar de no ser el suyo, era estremecedora la interpretación. Se notaba que estaban en Alemania, sin falta de respeto obviamente. Luego se dieron cuenta que era un ensayo. Menos mal. Tan solo al escuchar, se imaginaba a un Manuel completamente diferente, un tirano de tomo y lomo.
La canciller Ángela Merkel les dio las bienvenidas junto con su nación y Prusia. Les pidió pasar al edificio. Ambos platicaron de temas económicos para pasar a uno que le interesaba a la canciller: Los mineros. Pero antes se preguntó que hacía la nación de la señora "K" acompañándolos, siendo contestada por Chile.
―Es ist ein Erfolg für die Menschheit. (Es un éxito para la humanidad) ―alagó. Después le entregó al presidente, un regalo, una camiseta del jugador Mario Gómez que se llamaba igual que uno de los mineros rescatados. La tela era roja del equipo Bayern Munich, el jugador naturalizado alemán, llevaba el número treinta y tres marcado en la espalda.
Manuel encontró extraño que su superior no hablara tanto, hasta solo le regaló la dichosa piedra quien las regaló "Súper Mario". No mostró el papel. Raro.
Luego Merkel pidió si era posible colarse la camiseta, a lo que él contestó: "Paso. ¿Quieres Manuel?"
―Sí. ―no le costó para nada negarse. Ahora tenía las de Inglaterra más una de Alemania. Por cierto…Francia no le regaló ninguna ¡Maldito, fleto culiao y cagao más encima! Se puso la polera, se tomó fotos con Martín de colado, y se la sacó.
El día continuó. Ofrecieron una conferencia de prensa conjunta. Hablaron sobre la nueva economía alemana que llegará a su país y de las buenas relaciones, y entre otras cosas más, simplemente beneficiosas como firmar la Sociedad Fraunhofer. Manuel sonrió por el firmado. Martín sintió celos, él debería estar firmando eso, era el país más re-grosso de Sudamérica… ¡Ese boludo le iba ganando! Y para colmo se aburría. Los superiores siguieron hablando sobre las relaciones de ambos países, del fututo y blablablá.
Al terminar, el mandatario se le acercó a Chile, apoyando sus manos en los hombros de él. El "menor" le miró extrañado arqueando una ceja.
―Tú; nuestro sueño se está cumpliendo ―dijo―. Vas a poder estar con los países europeos, como tanto lo has querido. Porque eres leal, honesto y al mismo tiempo siembras esperanzas.
―La última frase no era necesaria decirla. Pero gracias, ahora estaré más unido a la Unión Europea. Aunque sigo manteniendo mi pensamiento, todos son unos fletos. ―enmarcó una sonrisa.
Antes de salir de la sede, dio entrevistas.
Gilbert se le pidió curiosear la piedra regalada por el presidente chileno en las manos de Merkel, se lo entregó advirtiéndole que tuviera cuidado, pues no todos los días se le regalan piedras de una mina.
Continuaron con sus actividades en Berlín, visitando el edificio del Reichstag, sede del parlamento alemán o Bundestag, después tendrían pensado finalizar la jornada con una reunión con el alcalde de Berlín y Ministro Presidente de ese Estado Federal, Klaus Wowereit.
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Inglaterra.
Llamó a Manuel y le cortó. Lo volvió a llamar y sonaba apagado. ¿Qué demonios sucedía?
Sus labios se juntaron con el borde de la taza, se arqueó para deslizar el té a su boca.
Cogió su celular. Ayer lo había llamado dos veces, donde esas dos veces le cortó. Decidido volvió a llamar, mientras esperaba la contestación, pensaba a lo mejor que Manuel se sentía acosado por tantas llamadas, lo cual lo presionaba. Suspiró. Sería la última llamada y no lo molestaría más, por lo menos hasta que acabase su gira.
'Tu, tu, tu…'
Cortó.
―Tch. Shit. ―sería la última, pero no podría dejar de preocuparse por el latino. Muy bien, ¿ahora qué haría? Estaba aburrido, no iría donde sus hermanos para que lo molestaran. Hablando de molestar, ¿por qué no ir a hacerle una visita al idiota del vino? Parece buena idea. Le agradaba tanto molestar a ese pervertido, pero no se descuidaría en cuidar su trasero.
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Francia.
Alfred se quedó alojar en casa de Francia, afortunadamente no sucedió nada en arrebatarle la "inocencia".
Ahora ordenaba sus cosas para ir a visitar a Inglaterra. Se ordenó un poco el cabello y se acomodó los lentes. De la nada pudo sentir un nudo, un molesto peso en su cuerpo. Sabía que era, pero deseaba tanto a Arthur que no le importaba nada. Deseaba tocarlo, besarlo, sentirlo, olerlo, todo. Deseaba pasar el día con él. Esperaba que se alegrara al verlo y discutir un poco, como siempre lo era.
―Mon petit Alfred, ¿ya te vas?
―Yes.
― ¿Y por qué no te quedas un rato más? Necesito de tu compañía. ―se aproximó a él con intenciones del concepto de amour.
Alfred se alejó al instante. ―Atrás Francia. Un centímetro más y llamo a los hombres de negro.
―De acuerdo, de acuerdo. ¿Pero estás seguro que no quieres quedarte? ―insistió casual.
―Voy a visitar a Arthur. Ahora que no se encuentra con Manuel, quizás tenga una ventaja. ―sonrió.
―No fue nada. Todo es por el amour de ustedes dos, a cambio me lo tienes que pagar. ―surcó los labios y sus pómulos mostraron el tono rojizo. Para el menor no era para nada bueno con que debería pagar.
― ¿Te tengo que pagar con dinero?
―Non, non. Matthew, quiero a Matthew. ―su cara era una poesía de la depravación.
― ¡Olvídalo, no te pagare con my brother!
―Aff. Sabía que te negarías, asique…no quiero sonar amenazante…si no me das a mon petit Matt, puedo ir y contarle todo a Arthur.
―No juegues conmigo Francis. Lo haces y adiós a tu hermosa París.
― ¡Eres bien cruel! ―tan varonil, mordió un pañuelo― Deberás agradecerme después de ayudarte.
―Lo haré Francia, lo haré, pero cuando vuelva a mi país. Aunque…sigo sintiéndome mal por lo ocurrido, siento que jugué sucio.
―Dans l'amour et la guerre, todo se vale.
―Sí pero…
―De todas formas tarde o temprano Manuel tendría que saber la cruda verdad, darse cuenta que Arthur se inclina por asuntos que le benefician.
― ¿Pero contarle que le uso contra sus hermanos? No lo encuentro correcto. ―dijo y Francia no pudo creer lo que estaba diciendo, ¿ese era Alfred o era Tony disfrazado? o, mucho mejor ¿Matthew?
― ¿Te has juntado mucho con mon petit Matthew, cierto?
―Em…un poco. ―esa era la razón.
― ¿What? ―la pregunta era en inglés, sin embargo no provenía de Alfred. Ambos rubios giraron sus cabezas enseguida al escuchar. Observaron con asombro y desconcierto a la persona yaciendo bajo el umbral de la sala.
Estados Unidos únicamente articulo a decir el nombre.
― ¿Qué mierda le dijeron a Manuel? ―juntó las cejas, arrugando la unión― Escuché la mitad de la conversación para darme cuenta que le dijeron. ¿Quién fue? ¿Acaso fuiste tú, Francia?
―No. Fui yo. ―justo antes que Arthur apretara sus puños, el americano contestó.
El británico lo pudo creer.
―Yo…los dejo solos para que conversen. ―como un cobarde, Francis salió apresuradamente de la sala, pasando por el la lado del inglés.
La tensión y el silencio se mezclaron.
Arthur caminó a paso lento hacia su ex-colonia, con la mirada baja, se detuvo al llegar.
―England…
―You…Pensé que habías madurado. ―subió la vista. Sus verdes orbes penetraban al contrario. Se podía sentir la frustración.
―No quería, pero Francia me convenció-
― ¡Y tenías que seguir el juego! ¡Es un juego, sabes que Francia siempre ha tratado de hacerme la vida imposible!
―Yo…me aconsejó para estar contigo, para no perderte. Quería que eligieras, pero estaba perdiendo. Solo te quiero para mí…
― ¡Hay otras formas de conquistarme, imbécil! ¿Sabes lo que has causado? Primero no debiste hacerle caso el idiota del vino. Y Segundo, pensé que me dejarías elegir. Ahora, a lo mejor mi relación con Manuel se fue a la misma mierda. Reconozco que no fui un santo con él cuando era un niño y cuando era bastante joven, pero tenía pensado contarle esto por mí propia boca para que no hubiera problemas. Thank you very much, Alfred. Si no te has dado cuenta, puede dejar de ser mi aliado, y si deja de ser mi aliado, también va para ti. Y la economía se va al hoyo máximo.
―No…no sé lo que hice…Arthur perdóname…
― ¡No te quiero escuchar! Regresa a tu país, cuando todo esto se resuelva, conversaremos muy seriamente, ahora no tengo tiempo.
Tragó saliva. Mantuvo sus ojos sobre el cuerpo del mayor dándole la espalda. ― ¿Adónde vas?
―Alemania, a resolver todo esto. Pero primero mataré a Francia.
Diez minutos después, Francis se encontraba amarrado en lo más alto de la Torre Eiffel, desnudo, pidiendo ayuda y maldiciendo a Arthur.
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Alemania.
En la sede del parlamente, grata fue la sorpresa al ver a Pueblo Mapuche protestando con algunas de su gente… ¿lo siguió hasta aquí?
― ¡Mis tierras, quiero mis tierras!
― ¡Deja de seguirme por la chucha!
― ¡Eres igual que tu estúpido padre! ¡Quiero mis tierras!
―Suegrita, cálmese.
― ¡No me llames suegra! ¡Argentino con el ego más idiota del mundo!
― ¡Oiga señora! ¡Nadie me trata así, vieja de…! ―para su mala suerte, la mapuche le jaló el rizo― ¡Ay, mi rizo! ¡Soltalo, che! ¡Soltalo! ―y lo soltó, yéndose satisfecha sin antes decirle unas cuantas cositas "dulces" a su hijo. El pobre de Martín lo habían violado y sus fuerzas se debilitaron. Ese era su punto débil.
― ¿Esa es la señora que enamoró a Antonio? ―se preguntó Gilbert.
―Sí. ―respondió Manuel.
―Por suerte no duraron mucho. Keseseseses, lo molestaré con este tema.
Horas más tarde:
Todos alegres se tomaban fotos frente a la Puerta de Brandenburgo. Se hacían señas del famoso "conejito". Estaban los amigos del Presidente, más su mujer, el alcalde de Berlín y los países personificados.
Era de noche y el frío hizo presencia.
Cuando llegaron a la Puerta de Brandenburgo, hubo un acto. Este lugar no se encontraba permitido hacer ninguna clase de concierto, pero esta vez fue la excepción de la visita. El mandatario no dejaba de blandear la bandera chilena. Manuel todavía se mantenía serio, donde Prusia lo despabiló cogiéndole la mano para hacer nuevas poses para la cámara. Ante esto se les unió Martín. Luego comenzó una riña prusiano-argentino en saber quién era el más grandioso. A Manuel le causó gracia, no perdió el tiempo en seguir posando para la cámara. Fotos y más fotos junto a Ludwig, Gilbert y Martín. Eran algo poseras en el castaño, un tanto…un toque de foto pokemona, muy poseras, otras flaites, pero esas eran sus raíces de los jóvenes de su país, ¿Qué le iba a hacer? Al fin al cabo, solo eran fotos del recuerdo.
―Martín ―lo llamó Chile―, yo me voy a ir al hotel.
― ¿Qué? Lo estamos pasando re-copado, no podes irte así como así.
―Estoy bastante cansado. Mañana también tengo trabajo, nos juntaremos con el presidente a desayunar y otras weas más.
― ¡West, mira mi nueva pose! ¡Es toda grandiosa! ―exclamó con una gran sonrisa Gilbert. Los dos latinos lo observaron y soltaron una pequeña risilla. Al albino le sonó el celular― ¡El grandioso Gilbert al habla! ¿Eh? Ah, eres tú, ¿Qué demonios quieres?... ¡No me hables así, podrido señorito! ¡¿Así?... ¡Ya veras, después de esto iré a tu casa y te haré el amor lo bastante fuerte!... ¿Qué no quieres nada?... ¡Lo será tu abuela! ¡Púdrete! ¡De todas formas iré a invadirte tus regiones vitales! ¡Cállate! ¡Nos vemos, adiós! ―vaya forma de ponerse de acuerdo para una cita.
Chile le informó a su superior que se iría al hotel donde estaban alojando, no obstante él pidió a Martín que lo acompañara. El menor no quiso darle vuelta el asunto en reclamar, estaba cansado para eso. Deseaba sentir la almohada en su cabeza, las sabanas sobre su delgado cuerpo y dormir. Eso era todo.
Las ex-colonias del Jefe España recorrieron Berlín hasta llegar al hotel. Entraron. Manuel buscó la habitación donde se instalaron su superior y la primera dama. Introdujo la llave abriendo la puerta.
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En esos momentos en blanco, no se sabía cómo describirlo. Lo único, ahora, besaba a Martín.
El otro estaba tan contento respondiéndole, una nueva invasión en el territorio chileno, una noche más en su lista. Lo abrazó, lo atrajo a su cuerpo. Era de las pocas veces que Manuel se encontraba fuera de la influencia del alcohol, y era mucho mejor tenerlo así, ya que sus sonrojos eran más naturales que en estar ebrio.
Cerró la puerta con pestillo, sin dejar de besarse del uno al otro. Los labios hacían sus movimientos de lado a lado, algunos mordían, algunos apresurados y desesperados. Las manos de Manuel sostenían el rostro del argentino, subiendo y subiendo a tocarle el rizo.
―Ugh…
Martín gimió.
―Tení razón Martín… ―susurró entre el húmedo ósculo― Arthur no vale la pensa…
No paró el tocarlo. Con el índice lo enredó, lo tiró suavemente provocándole ciertos nervios en él. La dificultad debajo del ombligo le tembló. No esperó más a que le siguiera tocando el rizo, como buen domador, lo lanzó a la cama rebotando.
Lo besó.
Se besaron.
Lo acarició.
Se acariciaron.
Lo desvistió.
Se desvistieron.
Y ahora, Martín embestía arriba del castaño, donde este le abrazaba con fuerza dejando salir los lamentos excitantes y sensuales compartiendo con los chillidos de la madera de la cama contra la pared, golpeándose al ritmo de los segundos hasta agotarse. Dejaron sus posiciones para cambiar. Chile estaba arriba. Argentina estaba abajo.
Sostuvo sus caderas produciendo circulares movimientos, luego pasando a subir y bajar constantemente, entrando y saliendo el miembro del argentino cuantas veces sean necesarias.
―Manuel… ―abrió los parpados, deleitándolo―…Manuel…decime mi nombre…
Lo oyó. Un remolino sintió en el estómago siguiendo en su acción de sexo.
―Di mi nombre…Manuel…
No podía. No podía como en las ocasiones anteriores, pronunciando "Martín…Martín…" diez veces o más.
Cerró fuertemente los ojos, no quería mirarlo. Había visto la mirada de Martín de caer poco a poco.
¿Qué demonios estaba pasando?
Ahora que se encontraba en sus cincos sentidos…
Lo detuvo.
―Suficiente ―pronunció el rubio. Hizo de lado a Manuel de forma brusca, este no entendía o no quería entender―, no sé qué te pasa, pero no sos vos. ―se levantó y procedió a vestirse.
―Martín… ¿por qué me hiciste a un lado? ¿No que te gusta hacerlo conmigo? No se supon-
―Si estás haciendo esto para olvidar a ese puto pirata, estás muy equivocado. Puedo acosarte mil veces, pero vos para mí no sos un juguete, jamás te he tratado como un juguete. Ahora vos me estás usando como un juguete ―se vistió―. Dormiré en el sillón. Buenas noches. ―se fue.
Weón; hermosa palabra para describirse. Un gran weón.
Dicen por ahí, que Chile es un regala tierras, quizás era cierto.
Había regalado…no. Se regaló al primero que se le cruzó por delante. Lo hizo ayer solamente, ¿tan caliente estaba? O… ¿Era por Arthur? Tenía rabia. Martín tenía toda la razón. Pensaba que en Alemania estaría más tranquilo, mas no fue del todo así. Mañana era el último día…
¿Debería regresar a Chile sin arreglar las cosas? ¿Qué Martín le odie por usarlo como un juguete?
Se colocó los calzoncillos y se recostó, llevando las sabanas a su cuerpo. Lo único que tenía claro, antes de cerrar los ojos, seguir el concejo no tan sabio de Prusia.
Continuara…
N/A: Aasdadasdasd, la cosa dramática, un toque de teleserie nocturna =D. Me costó terminarlo, no sabía cómo y la inspiración se me iba, asique corté algunas escenas… ¡Perdón!
Aquí otra canción, no está muy buena… pero di todo mi ser x3. La letra era "Señora interesante" ahora pasa a ser "Hungría yaoista.":
Sabes tú para qué son los doujinshis.
Sabes tú por qué hay semes y ukes.
Eso no lo sé, solo sé… que es muy yaoista.
Sabes tú por qué vuelan nuestras imaginaciones.
Sabes tú porque tengo que espiar a Rode.
Eso no lo sé, solo sé… que es muy yaoista.
Los semes sirven para violarse al uke.
Los doujinshis, el señor Rode para verlo violar.
Las imaginaciones son para decir… que todo es yaoista.
Todo es muy yaoista.
Sabes tú por qué tienes mucho material USAxUK. [inserte cualquier pareja]
Sabes tú por qué lees tantos Franada. [inserte cualquier pareja]
Eso no lo sé solo sé… que puede ser yaoista.
Sabes tú lo que comen los austriacos.
Tienes tú la idea de lo que hay dentro de un prusiano.
Eso lo sabré y podré hacerme la yaoista.
Con Franada y USAxUK, el FrUK puedes matar. [inserte cualquier pareja]
De austriacos y de prusianos tienes que conversar.
Con el tiempo puedes ser un señor yaoisto.
O señora yaoista.
Alguien muy yaoista.
Pero si un día no leo más doujinshis… (Chalalalá)
Y Prusia me roba todos mis materiales...
Si no lo golpeó más con mi sartén... (Chalalalá)
Abandonando el saber yaoi.
También será yaoista. (Chalalalá)
Un asunto yaoista.
Porque soy una yaoista (chalalalá)
Hungría yaoista.
Chalalalá~ xD
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