Como siempre, los personajes no son mios, son de Meyer... :)

CAPITULO II


Bella POV

Así que Cullen. Increíble. Nunca me imagine que existiera otro integrante de la familia. Y menos aún, uno tan guapo. ¿Cómo es que no había escuchado jamás de él?

Hermanos… eso era pues, bastante inesperado. No había conseguido sacarles demasiada información a las chicas, excepto porque Edward era hermano de Emmett y Jasper, que él era el mayor y que prácticamente era un sicópata o algo así, por lo que la familia renegaba de su existencia como la peste. Vivía solo hacia tiempo y había vuelto a vivir a Forks hacia un par de meses, luego de mucho tiempo en una institución que vería su "problema". Y eso fue todo. No me quisieron explicar a qué clase de problema se trataba o a que se referían con "institución". ¿Es que acaso Edward era una clase de loco? No estaría libre si fuese el caso… ¿o sí?

Ellas se habían negado a darme mayores detalles, pero me habían advertido hasta el cansancio que me mantuviera alejada de él lo más posible.

Bueno, pues ellas habían hecho todo mal. Si pretendían alejarme de él con su exigua información, consiguieron todo lo contrario. Ahora estaba más intrigada que antes. Además le daba cierto morbo eso de que era un supuesto sicópata… ¿a que se referían? Realmente no concebía que ningún sicópata o enfermo fuese tan atractivo. Para ser sincera no me importaba lo que fuera: él seguía en mi radar y yo me formaría mi propia opinión. Así que me decidí a conocerlo y a que me conociera, sin importar lo que dijesen las chicas. Había visto su rutina varias veces luego de aquella primera vez y nunca había visto que alguna chica no saliera de su casa… lo que si sucedía era que todas invariablemente se largaban diciéndole maldiciones y no en muy buenos términos. Así que un asesino no era… más bien podía ser alguien con alguna perversión sexual o algo así. Y eso no me disgustaba en lo absoluto… al contrario, creo que hasta lo hacía muchísimo más emocionante. Excitante.

Luego de varios días fisgoneando y viéndolo aparecer de tanto en tanto con alguna chica, decidí dar el paso y darme a conocer. Quizás tuviera suerte y yo le gustara. Uno nunca sabe.

Espere a que estuviera en casa y lancé intencionalmente mi fresbee(*) hacia su patio. La idea era que al necesitar recuperarlo debería ir a su casa, golpear y pedírselo y con suerte el me haría pasar o podríamos conversar…

Así fue como, decidida, me puse unos ajustados jeans y una blusa ceñida, con varios botones abiertos, lo cual permitía mostrar el suave encaje blanco de mi ropa interior. Solté mi cabello y me maquillé suavemente. Para cuando salí a la calle, mi corazón ya galopaba como loco. No entendía a que se debía tanto nervio. Nunca me había sucedido que entrara en pánico o dudase con ninguna de mis decisiones, sobre todo si estas involucraban personas del sexo opuesto. Deseché mis pensamientos y me dirigí con decisión hacia la casa de mi vecino. Pase al lado de su automóvil y lo admire. Era un Volvo. Todo un lujo, lo cual era indicador de que mi vecino, tenía dinero. Guapo y adinerado. Esto no podía ser mejor.

Pase de largo y caminé por su descuidado jardín hasta llegar a su puerta. Una vez allí, mi mano tembló levemente. Respiré hondo y me infundí valor a mí misma. Era ahora o nunca. Así que utilice toda mi confianza y golpee la puerta, decidida. Pasaron unos segundos incómodos, en los cuales dude que me abriera la puerta. Pero entonces, sonó el picaporte y finalmente abrió.

Dios mío.

Mis apreciaciones sobre su apariencia se habían quedado cortas por mucho. El hombre que estaba frente a mí, era simplemente irreal.

Su cabello revuelto era de un particular color castaño rojizo, que me recordaba al bronce. Se veía suave y llamaba a ser acariciado. O jalado, depende de la situación. Sus ojos eran hermosos, y yo equivocadamente había pensado que eran oscuros, pues tenían un tinte verde intenso que me dejó idiotizada. Y su cuerpo. Su cuerpo, era increíble.

Mis ojos lo analizaron sin vergüenza alguna, bajando de su impecable rostro hasta su pecho y luego un vistazo rápido hasta sus piernas, para volver a subir hasta su torso. Se adivinaba la firmeza de sus músculos, la blanca piel de expuesta sus antebrazos se marcaba por la definición de ellos bajo su piel, la cual estaba cubierta de un suave vello también algo rojizo. Volví a vagar sobre sus piernas, largas y firmes, que me hicieron nublar el cerebro, que se perdió en fantasías innombrables. Su piel blanca se me antojo suave, y hubiese querido acariciarla. Mis ojos volvieron a subir y se quedaron prendados al delicado carmín de sus labios entreabiertos, los cuales estaba curvados en un suave gesto que no supe, ni pude definir.

Me golpeé mentalmente por quedarme pegada mirando y finalmente me salieron las palabras.

- Hola, soy Bella Swan, tu vecina de enfrente… se me ha caído algo en tu patio… ¿podría pasar y buscarlo?

El me quedo mirando y no me dijo nada. Sentí como sus ojos me examinaban casi tan descaradamente como lo había hecho yo, deteniéndose momentáneamente en algunos puntos. De pronto me sonrió levemente y pude escuchar su voz, por primera vez dirigida a mí.

- Yo soy Edward Cullen, Bella. Es todo un placer. Si te quedas aquí un momento, yo mismo iré y te traeré aquello que has perdido-

- Gracias- dije con mi mejor sonrisa.

Su mirada verde se pego unos momentos en el escote de mi blusa, y pude ver con deleite que un brillo libidinoso aparecía en sus ojos.

Se dio la vuelta y desapareció unos instantes.

Dios, no podía creer que había podido por fin hablar con el… ¡y esa voz! Acariciaba con su tono, sensual e insinuante. Y él había pronunciado mi nombre. Cuando lo hizo, sentí un frío recorriendo toda mi espina dorsal. Mis piernas temblaban levemente, pero trate de que no se me notara. Eché un vistazo hacia dentro de su casa, y pude ver la ornamentación suave y elegante, al igual como lo era él, junto con un montón de ropa acumulada sobre el sillón.

Pronto sentí los pasos de Edward acercarse de nuevo y me compuse, tratando de parecer casual. El volvió con mi fresbee en su mano y me dedicó una sonrisa torcida. Casi me orino encima, sobrepasada por la emoción. Pero oculté lo que sentía estupendamente.

- Acá está tu disco, Bella- dijo él

Levante la mano para cogerlo y rocé sus dedos. Esto envió una descarga a través de todo mi cuerpo. Me sentí ahogada de pronto y el rubor trepo rápidamente a mis mejillas.

Edward también dudó luego del contacto, como si hubiese sentido lo mismo. Volvió a mirarme una vez más con un leve brillo de contrariedad en su mirada. Luego, frunció el ceño, repentinamente molesto. Ni siquiera me miro otra vez o se despidió. Solo lo vi suspirar con fuerza y lanzar una maldición por lo bajo, mientras cerraba la puerta con fuerza en mi propia cara. Parpadeé confusa y me moví de la entrada de su casa. No entendía bien que había sucedido, pero lo que si tenía claro es que deseaba a ese hombre con toda mi alma. Era condenadamente sexy y lo quería para mí. Quizás el había sentido lo mismo que yo.

Corrí de vuelta a casa, apretando el fresbee un poco más de la cuenta. Chillando como una boba. C8uando llegue a mi habitación me lance con fuerza sobre la cama y suspire extasiada. Era lo más emocionante que había hecho en mi corta vida. Y quería más, mucho más.

Al menos ya sabía mi nombre y él me había dicho el suyo. No era lo mismo que te lo contaran a escucharlo de sus sexys labios. Ahora no lo dejaría en paz hasta conseguí mi objetivo. Alice y Rosalie me miraban con recelo en nuestras clases, y no me creían nada cuando yo les decía que no sabía nada de Edward. Claro que sabía, me había hecho el firme propósito de averiguar todo lo posible de él, pero no quería que las chicas se entrometieran. Seguramente me darían una cátedra de lo mal que estaba lo que yo hacía, pero no deseaba clases de moral y mucho menos de ellas.

Fisgoneaba por las noches y m pasaba tardes enteras buscando información en internet referente a él. No encontré mucho, pero algo pude saber.

También me paseaba muchísimo por fuera de su casa, siempre vestida en forma sugerente, buscando atraerlo de alguna forma. Me había topado con él un par de veces, pero ni siquiera me había mirado. Qué clase de sicópata era este si yo me ofrecía y el no me hacia el menor caso.

Una vez choqué con el directamente y casi caí de cabeza al suelo. Sus brazos hábiles me tomaron antes de que llegara al suelo y me sentí apretada contra su cuerpo. Mis ojos buscaron los suyos y debo decir que quede prendada. Todo en el me llamaba y yo no me quería negar a ese llamado. Las piernas me temblaron y sentí la leve presión de sus manos en mi cintura, mientras se crispaban sobre mi espalda. Allí estaba él, tan cerca, tan a la mano. Y su boca. Quería besarlo con toda mi alma. Su aroma intoxicante y masculino se coló en mi recuerdo de una vez y para siempre. Su toque me quemó. Me aferré con fuerza a sus brazos y jadeé desesperada por su cercanía. Nunca antes me había tocado, ni menos de ese modo.

Por unos exquisitos segundos nos conectamos. El me miró y juraría que vi el deseo en sus ojos. Yo respondí su mirada con ansias. Sin darme cuenta deslicé mi mano por su brazo, en una inconsciente caricia. El dio un salto, asombrado de pronto y sin previo aviso me soltó de golpe, con lo que caí sentada en el suelo, dándome un fuerte trastazo.

Lo mire furiosa. El había roto el hechizo.

- Idiota- bufe por lo bajo, adolorida

- Podrías fijarte por dónde vas, niñita- dijo el, frunciendo el ceño

¿Niñita? ¿Es que este hombre era ciego?

- ¡No fue mi culpa!- le chille- tu tampoco miraste... ¡y además me soltaste! ¿Qué hombre decente hace eso?

- No soy nada decente – gruño él, levantándome con violencia de un brazo

- ¡Ouch, cuidado…! - me queje – ¡Que bruto eres!-

- Yo soy así- dijo el apretando los dientes- Si no te gusta, vete al diablo niña- me dijo, dejándome allí de pie, mientras se subía a su volvo y aceleraba.

Este tipo realmente era extraño. Tenía un temperamento muy bipolar y por momentos podía jurar que le agradaba, pero luego parecía odiarme.

Decidí que me había dado una excusa excelente para volver a hablar con él y que le pediría algún tipo de explicación. No pensaba dejar que este pequeño incidente minara mi confianza. Lo atacaría por todos lados y le ganaría aunque fuese por cansancio.

¿Qué es lo que creería él? ¿Que su actitud me asustaba? Por favor, no tenía ni idea de lo que yo era capaz para alcanzar mis objetivos.

Esa misma tarde iría a su casa. Me preparé y me vestí sugerentemente. Espere a que volviera y cuando la hora en que él solía llegar ya estaba cerca me pare en frente de su entrada, hasta que finalmente llegó. Le sonreí y vi algo de confusión en su rostro al verme allí de pie. Se bajó elegantemente de su vehículo y me quedó mirando.

- ¿Que deseas Bella?- dijo áspero- No tengo tiempo para perder contigo-

Me acerque a él lo suficiente como para que tuviera que retroceder. Sus ojos verdes se abrieron, asombrados.

- ¿Se puede saber porque me odias? – le pregunte de una vez y sin rodeos.

Me miró asombrado, parpadeando un par de veces. Sus ojos observaron mi cuerpo de arriba abajo y lo vi dudar en su respuesta.

- No te odio… precisamente- lo escuché susurrar, mientras se alejaba de mí y se dirigía hacia su puerta.

Lo seguí.

- Pues algo te sucede conmigo – le dije con seguridad, aunque no tenía nada seguro en ese momento.

- Nada sucede- le escuche gruñir, mientras abría la puerta- Ya vete a casa, niñita-

- No soy una niña, ya deja de llamarme así – le discutí- Soy una mujer y quiero cosas de mujeres…-

Lo vi mirarme con un brillo renovado en sus verdes ojos. Luego volvieron a endurecerse. Me tomo del brazo con demasiada fuerza, pero no me importó. Al menos me estaba tocando.

- Mira Bella- dijo, con voz ronca y contenida- Tú me caes bien, en serio. Eres una linda chica y te diré esto por tu propio bien. Aléjate de mí. No soy nada bueno para ti… ni para nadie-

Lo miré desafiante mientras me aprovechaba de su agarre para cercarme un poco más a él. Podía sentir el cosquilleo de su tibio aliento en mi rostro.

- Me gustaría decidir eso yo misma, si no te importa – le dije, acercándome aún mas, peligrosamente. Sus labios me llamaban y yo quería besarlos.

Me miro con furia y me alejo un poco de él.

- Vete a casa – dijo él, soltando mi brazo y empujándome levemente. Se dio la vuelta y me dio la espalda.

"No cariño, no huiras de mi" pensé

Antes de que cerrara la puerta, puse una de mis manos en su espalda y él se dio la vuelta. Estaba molesto, se notaba en su rostro. Pero sus ojos verdes parecían inundados en dudas y el brillo de ellos me cautivó. Nuestras miradas se quedaron así, prendadas por unos largos e interminables segundos y bueno… ¡al demonio!

Antes de que pudiese arrepentirme, me alcé de puntillas y lo besé. Atrapé su boca de un solo gesto, devorándolo. Sabía que no tendría otra oportunidad así que lo hice con toda mi alma. Su sabor me volvió loca. Sentí como un calor devastador golpeaba mi cuerpo. No estaba preparada para algo así, para esta abrumadora sensación Mi lengua impetuosa penetró en su asombrada boca y enrede nuestras lenguas, levemente. Sentí como mi cuerpo vibraba ante su puro contacto. Estaba en el cielo, pero me duró muy poco.

Edward me tomó por los hombros y me separo de él con brusquedad, mirándome confuso.

- ¿Qué estás haciendo Bella? ¿Qué pretendes?- me dijo, con la voz temblorosa de furia. Sus manos grandes apretaron mis brazos, demandando mi respuesta. Me dolió, pero esto era lo que yo buscaba. Una vía hacia él. Era ahora o nunca.

- Te quiero a ti- dije susurrando, mientras me apretaba más a su pecho- Me gustas y quiero tenerte… quiero que me toques, que me abraces… te deseo… y quiero que seas tú mi primer hombre-

Me miró horrorizado. Su labio inferior temblaba levemente y se notaba complicado. Estaba dudando y yo podía notarlo. Sus ojos verdes me miraban insistentemente, como si buscara algún atisbo de locura en ellos. No estaba loca, a menos que fuese por él. En ese caso, ya estaba perdida.

- ¡Apenas me conoces! – siseó remeciéndome como si quisiera hacerme reaccionar.

- ¿Es que acaso yo no te gusto? – pregunté, haciendo uso de todo mi arsenal de seducción.

Retrocedió cuando lo toque, como si mi roce le hubiese quemado. Su respiración se aceleró visiblemente y vi sus ojos obscurecerse por el deseo. Se tornaron de un verde intenso e intimidante.

- Si me gustas- dijo roncamente – Y es precisamente por eso que debes alejarte de mí. Te arrepentirías, te lo aseguro.

No, ahí estaba equivocado. No me importaba nada de lo que él me dijera. Yo no le tenía miedo en absoluto. Deseaba sentirlo, acariciarlo… sentir su piel contra la mía.

- Vamos- dije haciendo puchero infantil y acariciando su pecho, mientras descendía en mi caricia con cuidado- Te propongo algo… dame un beso. Solo un beso. No puede ser algo tan malo. Si no te gusta, te prometo que te dejaré en paz-

Suspiró, aún alejándome con sus manos, moviendo la cabeza en negación. La mano que tenía sobre él siguió descendiendo, hasta llegar a su muslo, en donde le di un pequeño apretón. Lo sentí tensarse, y un pequeño gruñido escapó de su pecho. Pero no quitó mi mano de su pierna. Me deleité acariciándolo y sentí sus músculos firmes y tensos, tal y como los había imaginado. Su aroma volvió a golpearme, casi aturdiéndome de pura excitación. Mi cuerpo reaccionó, estremeciéndose, deseoso. Si en ese momento decidía tomarme allí mismo, yo no opondría resistencia alguna. Al contrario. Muy al contrario.

Me apreté a él con todo mi cuerpo, sin importarme ya nada. Gemí despacio al sentir su firme erección rozando mi vientre. El sí que me deseaba. No parecía hacerlo, pero esto era una muestra inequívoca de ello. Ahora ya no podría negarlo.

Entonces, cedió. Vi sus labios rojos entreabrirse y sentí como su cuerpo se curvaba hacia mí, acomodándose a mi altura. Sus brazos apretaron mi cintura con firmeza y su erección palpitó, en anticipación a lo que sucedería, mientras yo gemía sin ningún pudor. Su tibia lengua entró en mi boca, deseosa y el beso que Edward Cullen finalmente me dio, fue intoxicante. Mi lengua también devolvió la caricia, enredándose en la suya. Creí que moriría de placer. Jamás un beso me había hecho sentir tantas cosas a la vez. Sus labios firmes se movían con destreza sobre los míos, bebiéndome en una danza lujuriosa. Me mojé en seguida y no me avergüenza reconocerlo. Lo único que quería era que, además de besarme, me penetrara allí mismo. Mis dientes apresaron su labio inferior y su garganta me regalo un dulce y ahogado gemido. El beso fue finalmente, mil veces mejor de lo que imaginé.

Mi boca no quería dejarlo ir, y la abrí aun mas, devorándolo con todas mis ansias acumuladas. Sus manos firmes acariciaron la curva de mi espalda, y sentí que tendría un orgasmo sólo con su toque.

Finalmente me separé de él sin ganas, jadeando y con los labios ardiendo. Miré los suyos y estaban rojos y brillantes. Los besaría eternamente si pudiera.

- ¿Satisfecha?- lo oí preguntarme con voz ronca, sacándome de mi ensoñación.

- Ni un poco- murmuré, aún sintiendo su excitación pegada a mi cuerpo.

- Pues, lo lamento por ti, no me involucro con niñas – dijo sonriéndome torcido, mientras se metía las manos en los bolsillos, tratando de ocultar lo que ya no era ocultable. Luego se metió en la casa y cerró la puerta.

Me quede allí, estática. Mi corazón latía tan fuerte que casi podía oírlo Edward era mucho más que un hombre guapo o un capricho. El era un completo vicio. Ya hora que ya sabía que él me deseaba, todo sería más fácil. Estaba segura de que sería mío. Y más pronto de lo que creí en un principio.

Ahora comenzaría con la segunda etapa de mi plan. Lo atormente y lo seguí tanto que estaba segura que extrañaría el verme.

No me deje ver por toda una semana y Dios sabe lo mucho que me costó hacerlo. Lo veía ir y venir, oculta en mi dormitorio y veía con sumo placer como me buscaba con la mirada, mirando hacia mi casa, anhelante. No lo volví a ver acompañado y eso me llenó de dicha. Aun así la luz se mantenía encendida en su casa hasta muy tarde.

En una de esas noches fue que decidí escurrirme de mi dormitorio para echar una mirada hacia una de sus ventanas. Salí de casa ágilmente, saltando por el árbol y pronto estuve bajo la ventana de su casa. Por fortuna para mí, su dormitorio se encontraba en la planta baja. Escudriñe como pude por entre el espacio que me dejaban sus cortinas, y se alcanzaba a ver sus piernas recostadas sobre la cama. Estaba sobre ella, y no sabia porque no se acostaba si eran ya casi las dos de la madrugada. Me removí desde mi punto de observación y quede en un sitio ideal, que me permitía ver en todo su esplendor su cuerpo recostado. Al parecer, estaba viendo televisión.

Di un suspiro de resignación. Hasta el momento mi vecino no tenía nada de raro y pensé que esa noche vería algo de acción. Pero el solo estaba allí, recostado. En todo caso se veía hermoso y recordé con lujuria el poder de su beso. No quería ni imaginar cómo sería que me hiciese alguna otra cosa. Estaba a punto de irme cuando mi corazón dio un vuelco. Quizás estaba loca, pero estaba segura de haberlo visto acariciándose el miembro sobre el pantalón. Se me secó la boca y jadeé involuntariamente. Mis ojos se abrieron en expectación.

Y efectivamente, mi vista no me engañaba. Edward Cullen se estaba masajeando por sobre el pantalón, mientras tenía su vista fija en la pantalla. Comencé a dudar que lo que estuviese viendo fuese algo muy sano, pero no tenia forma de averiguarlo desde mi posición.

Bueno, eso no importaba por ahora. Mis ojos se clavaron en su rostro, el cual estaba contraído, en total concentración. Finalmente vi como sus largos dedos abrían los broches de sus jeans y se quitaba el cinturón, mientras deslizaba su pantalón y sus bóxers hasta sus rodillas dejando en libertad a su amigo.

Dios.

Creo que la boca se me hizo agua al momento, como si tuviese al frente de mí la más exquisita comida. No podía creer que ningún hombre tuviese algo así entre las piernas.

Su pene firme y grande me excitó hasta casi caerme al suelo. No podía creerlo y me entró un golpe de calor muy difícil de soportar. Gracias a Dios estaba tras un arbusto y no me veían desde la calle, porque esto se hubiese visto muy, pero muy mal.

Me aferré a la rama de un arbusto cercano tan fuerte, que no sé cómo no se quebró. Me excité en seguida, a pesar de ser todo tan sórdido. Me gustaba lo que estaba viendo. Pero a la vez, me daba mucha rabia que tuviera la necesidad de hacer eso, habiendo ya quedado claro lo que yo deseaba de él… no tenía más que decírmelo y yo estaría en su lugar, acariciándolo…

Vi como Edward apretaba su miembro con una sola mano, mientras la otra la llevaba hacia la mesita de noche y sacaba algo con lo que untó sus manos. Me pareció que era aceite o algo así. Frotó su miembro despacio, cuidando de esparcir el líquido por toda su extensión. El miembro de Edward brillaba, y me deleité en ver como su mano era empuñada sobre ese hermoso pene y el empezaba a subir y bajar por su extensión, primero lentamente, pero poco a poco, comenzó a aumentar el ritmo.

¡Edward se estaba masturbando!

Mierda.

Esto era lo más sexualmente retorcido que hubiese visto. Principalmente, porque no sabía muy bien que hacia mirando hacia la casa de otra persona...y mucho menos, fisgoneando su intimidad. Pero no podía quitarle los ojos de encima, ni a él, ni a su amigo. Creo que la boca se me quedo abierta, mientras las piernas me temblaban y sentía la humedad en toda mi ropa íntima. Nunca había visto algo tan sexy.

Seguí mirando, mientras Edward se mordía los labios, sacando la lengua y humedeciéndolos, haciéndome desear que fuera yo la que hiciera todo eso. Mi vista se pegó a su sexo, que era remecido por sus movimientos rápidos y constantes. Abrí los ojos emocionada, deseando que tuviera su clímax, para poder verlo. Apreté mas mis manos, acercándome mucho a la ventana, lo suficiente como para empañar el vidrio. Estaba segura de que llegaría, el estaba jadeando mucho y lo hacía cada vez más rápido…

Entonces, hizo algo más bien raro.

Vi como se llevaba su antebrazo a la boca y lo mordía, lo cual no era tan extraño… lo que si era extraño era que cuando movió el brazo, tenía sangre en los labios. Se había dado una mordida tan fuerte que se había roto la piel. Y no parecía molestarle en lo absoluto. Lo vi relamerse, mientras dejaba caer sangre de la herida en su cuello y en su boca…

Y entonces, se me rompió la maldita rama.

Me caí de cabeza al suelo, haciendo un estruendo.

Mierda.

El terror de ser descubierta me abrumó y salí corriendo a todo lo que daban mis piernas hasta mi jardín, lanzándome sobre los arbustos y dándome un tremendo golpe.

Desde mi escondite sentí que se abría la puerta de mi vecino y pasos en la calle. Me apreté detrás de las ramas, reteniendo la respiración, para que no me oyera. Luego de algunos minutos sentí que se alejaron sus pasos y se cerró la puerta. Deje pasar varios minutos antes e atreverme a asomar la cabeza. La luz de su casa estaba apagada. Mala señal. Me arrastré como pude por mi jardín y me di la vuelta para entrar por la parte más oscura de mi casa.

Para cuando al fin llegue a mi habitación, yo era un asco. Llena de barro, tierra, ramas, hojas y full revolcada. Me reí un poco de mi misma.

Me dirigí al baño y di el agua para darme una ducha rápida. Me saque toda la suciedad y me enfunde en la toalla blanca, lanzándome sobre la cama y agradeciendo que Charlie jamás pasara en la casa, por su trabajo de policía.

Apague la luz y me apreté contra la ventana, para mirar donde mi vecino. No se veía nada… excepto por mi lindo vecino parado en plena calle y mirando hacia mi casa.

¡Dios!

Me escondí de golpe tras las cortinas, y luego de unos segundos volví a mirar. No había nadie. Bueno… quizás me había equivocado y no estaba él en la calle hace un rato. Preocupada, me metí en mi cama y trate de dormirme. Nada.

Me aferré a las sabanas y me puse a pensar en lo que había visto. Era tan excitante, que no pude evitar tocarme un poco. Bueno, más que un poco. Pero lo que me llamaba realmente la atención, fue ese extraño movimiento masoquista de haberse mordido a sí mismo. Y de disfrutar al sangrar. Eso no lo había visto nunca antes, pero en vez de asustarme… me gusto más todavía.

Me imagine que él me mordía a mí, y que me hacia sangrar. No le veía nada de malo a que sus labios se posaran sobre mí y me probaran… en realidad lo encontraba muy excitante. Como los vampiros. Con mis pensamientos retorcidos, y deseando que no se hubiera dado cuenta de que había sido yo la que lo espiaba y luego de mucho darle vueltas al asunto, finalmente, me quedé dormida.

Esa semana las chicas en el instituto me acosaron con preguntas. Pero yo, hábil, no solté palabra. Sabía lo que me dirían. Ellas se mostraban preocupadas por mí y me seguían insistiendo en que él era peligroso. Yo en realidad, no le veía nada de peligroso. Quizás era muy raro y todo eso, pero no era peligroso para mí. A mí me gustaban sus supuestas perversiones. Luego de diez interminables días que me costaron una enormidad dejar pasar, volví a dejarme ver. A la hora que Edward llegaba, decidí dejarme ver, saliendo a leer afuera de mi casa, con aire despreocupado. Me senté en una pequeña silla y esperé.

Lo vi llegar en su Volvo y descender. En cuanto bajó, supe que me vio, pues pude ver cómo me sonreía.

Le hice una seña de saludo y para mi asombro, vi que me llamaba. Dejé mi libro en la silla y camine hacia él, contoneándome lo más que pude y dándole mi mejor sonrisa. Parecía segura, pero mi corazón latía a mil por hora, presa de los más terribles nervios. ¿Qué me diría? ¿Me habría descubierto fisgoneando o no?

Me acerque a él y lo vi sonreírme mientras se quitaba sus anteojos de sol.

- ¿Cómo estás Bella? – me dijo

- ¿Bien Edward… y tú qué tal? – pregunté, jugueteando con mi pelo.

Mi vista se dirigió sin disimulo hacia su brazo, el cual estaba vendado.

- Solo un pequeño rasguño- dijo mirándome fijo, mientras se pasaba la mano por el pelo

- Oh- dije al verme atrapada mirándolo- esta bien, yo me caigo todo el tiempo

- Mmmmm- dijo él, mirándome- ¿es así como te hiciste eso?

Mi mirada bajo hasta mi pierna izquierda y vi con vergüenza, como había tres rasguños marcados, que me había hecho al lanzarme a los arbustos. Mi rostro enrojeció al momento.

- Bueno, si… algo como eso- balbucee, nerviosa

- Oh…- dijo él, sonriendo y sacando sus cosas del automóvil

- No te había visto hace algunos días – murmuró, mirándome con ojo clínico

- Bueno- dije yo- he estado ocupada-

El cerró su Volvo y volvió a sonreírme. Sentí que me derretía.

- ¿No te gustaría pasar a tomar algo? – dijo él, indicando su casa con una seña

Grité de felicidad por dentro. Pero no podía hacérselo tan simple. Por simple orgullo y amor propio.

- Ahora no puedo- le dije y sonreí al ver el dejo de decepción en su rostro- Pero te vendré a hacer una visita en cuanto menos lo esperes- le lancé sonriendo.

El asintió, algo contrariado y al moverse para dirigirse a su casa, no pude evitar dirigir una mirada a su entrepierna… ¡y vaya sorpresa!

Al parecer yo lo provocaba bastante más de lo que él estaba dispuesto a admitir. El estaba evidentemente excitado. Duro. Se le notaba mucho, y eso, me excitaba a mí. Jadeé despacio al verlo. El frunció el ceño al verse descubierto y se dio la vuelta incómodo, para luego entrar a su casa y cerrar la puerta con un fuerte golpe. La visita seria mucho antes de lo que él esperaba.

Esa misma noche arregle todo en mi casa para mi gran asalto. Fingí estar enferma para que Charlie me dejara tranquila. De todas formas metí una almohada en la cama, por si se le ocurría echar un vistazo.

Me arregle como nunca, vestí una falda corta y una blusa apegada al cuerpo. Busque mi ropa interior favorita y me la puse. Use un poco de perfume y me calce mis zapatillas deportivas de siempre. Decidida, salí por la ventana, a eso de la medianoche. Me dirigí a la casa de Edward y con alegría, vi que había luz. Me dirigí silenciosa hacia allí, cuidando que no se percatara de mi presencia. Llegue a su puerta y note que estaba entreabierta. Genial, así la sorpresa seria aun mayor. Me cole hacia el interior y seguí mi instinto para encontrarlo. De pronto, creí oír un leve gemido ahogado, pero no estaba segura. Seguí el sonido hasta llegar a una puerta, que tenía que ser su habitación, por lo que recordaba de mi fisgoneo anterior. La puerta estaba casi abierta y fue entonces que lo vi. Y no estaba solo. Maldito.

Edward estaba sobre una rubia, que pateaba con impotencia, mientras él le tapaba la boca con una mano y la otra se perdía entre sus largas piernas. Su boca mordía uno de sus pechos y había manchas de sangre sobre ellos. La pobre chica tenía todo el maquillaje corrido de tanto llorar. Ella no lo estaba haciendo por su voluntad, eso era evidente.

No me podía creer lo que veía. No sabía si estaba más asombrada o furiosa. Di un grito ahogado y me lleve la mano a la boca demasiado tarde. Sentía rabia, pero no me explicaba el motivo de ésta.

Entonces Edward notó mi presencia y se puso de pie de golpe, con el rostro contraído en una mueca de horror. La chica aprovechó el momento para ponerse de pie, sollozando, mientras buscaba nerviosa algunas prendas esparcidas a sus pies y a los lados de la cama. Mientras, mi mirada y la de Edward se cruzaban por unos segundos eternos.

Edward de pronto se había quedado sereno, de pie y sin ninguna expresión en su rostro. Tampoco su expresión varió cuando la chica se paro en frente de él y le dio la bofetada más fuerte que he visto en mi vida. Le dio vuelta el rostro, pero el siguió estático e inmutable. Como una estatua.

- ¡Maldito degenerado Cullen… vete al demonio!- chilló ella.

Y salió casi corriendo de la casa, sin mirarme ni a mí ni a nadie.

Solo quedamos Edward y yo en la habitación.

Yo estaba realmente furiosa, y por primera vez algo asustada. ¿Así que Edward no era más que un violador? Por eso es que ninguna chica se quedaba con él jamás, porque él las obligaba. Era por eso que todas se iban asustadas y confusas en medio de la noche.

Y yo estaba allí, con él. Y lo odiaba por haber estado con esa chica. El no estaba feliz conmigo, eso podía verse en su mirada. Temblé, repentinamente arrepentida de estar allí y di dos pasos hacia atrás, para intentar largarme de una vez. No fue una buena idea.

En dos segundos estuvo Edward a mi lado, aferrándome con tal fuerza el brazo, que creí que me lo arrancaría. Estaba demasiado furioso.

- ¡Qué mierda haces en mi casa!- gruño, zamarreándome con furia

- ¡Suéltame!- chillé, tratando inútilmente de soltarme de su agarre.

- Te gusta meterte en problemas ¿no? - me dijo, acercándose a mi peligrosamente

Me revolví desesperada, sin contestarle. Quería irme de allí. Maldito, no era más que un bruto y degenerado que se saciaba con cualquier zorra que se le atravesaba… Debí escuchar a Rosalie y Alice… ¡Dios, en que me había metido!

- ¡Eres un puto degenerado! – le grite, furiosa

- ¡Y tu una estúpida entrometida! – me contesto de vuelta

El se apretó a mí, buscando que me quedara quieta. Me vi reflejada en sus ojos verdes. A pesar de la furia en su mirada y todo lo retorcido de la situación, no pude evitar reaccionar ante su presencia.

Mi cuerpo se tensó, y se me escapó un gemido muy comprometedor. Ni yo misma me lo creía. Mi cuerpo era un puto traidor. Después de todo lo que vi… ¿todavía lo deseaba?

Y lo peor fue que él me escuchó. Su mirada dejó de ser furiosa, para sorprenderse un momento y luego, apretándose más aun a mí, deslizó su mano hasta mi cintura, y el también gimió.

Los ojos se me abrieron como platos. "Dios", pensé, "no me hagas esto… no me dejes desearlo… ¡no ahora!


*Fresbee : Disco volador, que se utiliza en las playas o para lanzar a los perros.


OMG! no se... lo unico que puedo decirles es que el proximo capitulo se viene el lemmon.. y no sera nada cariñoso... relax... a Bella si que le va a gustar... jajajajaja XD! que creen que es lo que le sucede a Edward? que problema es el que tendra? sera masoquista...o sadico... o un poco de ambos... o quizas otra cosa? les dejo la duda... Y Bella va por el mismo camino... se los aseguro.. :)

mordiscos!