Como siempre, los personajes no me pertenecen, son de Meyer... por ahora, yo solo los pervierto... :)
Capítulo IV
EDWARD POV
Había vuelto a Forks hacía dos meses y estaba tratando de hacer mi vida normal. Y digo tratando, porque no se me hacía nada fácil. Yo tenía un problemita… bueno, no sabía realmente la definición de lo que me sucedía, pero lo que si sabía es que no era normal. Un problema de tipo sexual.
Esto no fue realmente un problema hasta que cumplí los 16 años. Hasta ese entonces yo era alguien muy normal, un adolescente promedio. Pero a esa edad tuve mi primera vez… y todo resulto un desastre.
No podía dominarme. Yo simplemente era demasiado rudo con las chicas. Demasiado.
Esa vez, todo fue bien, la chica era mayor que yo y ella fue la que me llevo a su habitación. Hasta que sentí aquello. No era deseo, era algo más. Parecido a la locura, había dicho mi médico. Me gustaba el sentimiento de violencia, de fuerza, de dominación. Era un maniaco sadomasoquista. Es por eso que seguí forzando a la chica aun cuando me golpeó. De hecho, eso me excitó aun más. Y claro, ya era tarde para cuando pude reaccionar. Había cometido un grave error, cegado por una lujuria devastadora.
Ella me acuso de violación, a pesar de haber sido ella la que prácticamente me arrastró a su habitación. Al final no me condenaron, por ser menor de edad y por falta de méritos. Pero hubo una segunda vez y una tercera… y ya no hubo condescendencia conmigo.
El juez estimo que necesita ayuda médica. Así es como fui internado en un instituto de salud mental por tres largos años. Nunca me sentí realmente enfermo, pero me deje hacer, para que no dijesen que no lo había intentado. Yo era todo normalidad… hasta que tenía sexo. Allí me volvía un animal.
No creo que lograran demasiado conmigo, pero me dieron el alta finalmente al cumplir los 21 años. Volví con mis padres y todo estuvo bien, unos meses… hasta que recaí.
Mis padres hicieron lo posible por tapar el escándalo, pero la confianza de mi familia estaba rota, ellos ya no creían en mí y yo no los culpaba. Solo mis hermanos siguieron apoyándome. Aun así, me fui de casa. Estuve fuera de Forks cuatro largos años, estudiando y trabajando, matándome por conseguir mis objetivos. No fue nada e fácil, pero para cuando por fin volví, tenía mi título de Arquitecto y mi propio dinero. Pero la confianza jamás volvió.
Había decidido comprarme una casa en un barrio tranquilo de Forks, varios meses antes de llegar. Hacía más de un año que no vivía ningún "episodio", Había aprendido cierto control. Cuando estaba con una chica, si me ponía violento, y ella se quejaba o lloraba, yo la dejaba ir. No la forzaba a nada y aunque se fueran odiándome a menos era consciente de que no les hacia ningún daño. Había conseguido tener sexo un par de veces, pero siempre con prostitutas, a quienes no les importaba mucho lo que les hiciera mientras les pagara. Pero no era lo que yo buscaba. Además, tenía otro pequeño problema. Como no me encontraba pleno en mi búsqueda, no podía llegar a culminar la relación, es decir, tenía sexo sin orgasmos. Quizás ellas si los tenían, pero yo no. Me era imposible. Y no había podido nunca, excepto por mi primera vez o cuando me masturbaba.
Bueno, siempre supe que el anormal era yo.
Así que me encontraba bien, en resumen. A pesar de toda mi frustrada vida sexual. AL menos sentía que sin mis episodios, tenía algo de normalidad.
Hacía poco había finalizado un proyecto urbano muy importante con el cual la firma en la que trabajaba había ganado muchísimo dinero. Me felicitaron y me dieron por fin mis muy merecidas vacaciones. Para celebrar, fuimos todos a un bar de la ciudad. Varios tragos más tarde me iba a casa con una rubia muy hermosa, de la cual jamás supe el nombre. Sentía que era mi noche, estaba feliz y eufórico y con algunos tragos encima quizás podía controlarme.
La lleve a casa en mi nuevo Volvo y hasta allí, todo fue bien. Fui lo más amable y atento que pude, y una vez que llegamos la hice pasar a casa. Por el camino habíamos reído mucho y ella había logrado excitarme, tocando mi pierna y dándome una generosa vista de su escote.
Cuando entramos, le ofrecí una copa y ella acepto feliz, aun riéndose conmigo. Trate de controlarme y deje que ella dominara la situación.
Así que no hice nada cuando se acerco a mí y prácticamente me arranco la copa de la mano.
Me abrazo y me beso ansiosa y yo apreté mis puños, rogando no descontrolarme. La abrace y deje mis manos vagar por su espalda semidesnuda, mientras espiraba el perfume de su piel. Hacia tanto que no tocaba a una mujer que temblé, notoriamente sobrepasado por la ansiedad. Ella siguió besándome y casi di un salto cuando sentí su mano apretando mi erección.
Gruñí por el contacto.
Mis manos volaron a sus senos, apretados en el lujoso vestido de noche. Quise arrancárselo, pero luche contra el instinto primario. Sentí sus pezones endurecerse bajo mi toque y luego ella gimió en mi oído.
Creo que eso fue todo.
La tome con violencia por la cintura y la arrincone contra un mueble, el cual se tambaleó por nuestro impetuoso movimiento. Un adorno de vidrio cayó desde lo alto, quebrándose sonoramente en el suelo.
Ella rió.
- ¿Ansioso?- murmuro, besando mi cuello. La levanté entre mis brazos y la lleve como pude, entre besos a mi habitación. Una vez allí, ambos rodamos sobre la cama.
Respire hondo y trate de calmarme un poco. Estaba alterado y hervía en deseos de apretarla, rasgarle la ropa y poseerla hasta que gritara de dolor o placer. Traté de enfocarme en ella y me posicioné sobre su cuerpo, mientras levantaba su vestido. Quité de en medio su estorbosa ropa interior con el mayor cuidado que pude. De todas formas salió rota. Me estaba reprimiendo tanto que mis dedos temblaban.
Decidí tocarla y perdí mis dedos en su húmedo sexo, procurando darle todo el placer que fuese posible. Ella comenzó a gemir. Yo trate con todas mis fuerzas de enfocarme, pero mi erección se estaba haciendo incomoda y podía sentí como el monstruo sexual en mi pugnaba por salir. Salir y tomarla, de la peor forma.
Seguí hundiendo mis dedos en su sexo, apreciando como ella se contraía y los estrujaba, a punto de llegar a su orgasmo. La envidie un poco por esto. Mi cuerpo temblaba y yo sudaba profusamente, aun sin haber hecho cosa alguna.
Entonces, ocurrió.
Ella gimió con violencia, tanto que probablemente debieron oírla de otras casas. Pero desato el monstruo en mí, sin remedio. Saqué mis dedos de ella, y subí hasta verla a la cara, jadeando. La mire a los ojos y no sé que vería ella en los míos, pero supe en seguida que se atemorizó. Trató de sonreírme, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. La tome por los brazos y aprese sus muñecas. Ella se revolvió, mirándome inquieta, pero ahora no me importaba su opinión o lo que pensara.
Abrí con furia el cierre delantero su vestido, rasgándolo. Sus senos saltaron ante mis ojos, y me relamí con apetito. Me apodere de sus senos, mordiéndoles con mis dientes, mientras mi lengua se deslizaba de mi boca saboreando su piel. Ella gimió de dolor y trato de soltarse, pero yo apreté más fuerte y no se lo permití. Mi mano libre se perdió y toque de nuevo su sexo, enterrando mis deseos con furia. Quería que gritara mi nombre…
Pero yo hacía todo mal. No media ni mi fuerza ni mi forma de hacer las cosas y siempre me salía algo mal. Esta no sería la excepción. Aspire su aroma y saque mi miembro, tratando de enterrarme en ella mientras se movía frenética, tratando de impedirlo. Mi mente estaba nublada de lujuria, por demasiado tiempo contenida. Sentí que ella lanzo un gemido ahogado, mientras trataba de penetrarla, pero comenzó a patear con furia. Yo la solté de los brazos, tratando de acomodarme mejor y me fui a sus piernas, para apresarlas y levantarlas.
Ese fue mi error.
Ella utilizó mi descuido en su favor y con su pierna derecha me dio de lleno en el pecho. Caí de espaldas y ella se levantó, mientras yo trataba de detenerla. La tome de un brazo y ella al sentirse atrapada, lanzo un grito muy fuerte, y me dio de lleno con una botella en mi espalda. Caí nuevamente al suelo, mientras me gritaba algunas incoherencias, dentro de las que distinguí que no me había detenido aun cuando me lo había rogado. Lance un par de maldiciones, adolorido. Sinceramente, no oí que me hubiese dicho ni una sola palabra.
Luego, la oí tomado sus cosas y se largó. La oí dar un furioso portazo, mientras yo quedaba tirado en el piso de mi dormitorio. Bufé, enojado conmigo mismo. Me lo merecía, por pendejo e irracional. Salí del dormitorio, poniéndome de pie como pude y me pare en frente de la ventana de la sala, que permanecía a oscuras. Alcancé a ver como la chica desaparecía calle abajo y entonces vi de reojo como se removían las cortinas de la casa vecina. Gruñí molesto por los vecinos fisgones. Nunca faltaban. Pero la cortina pronto dejo de moverse. Quizás no era nada. Me dirigí al baño y me di una ducha. Había cometido otro error. Nunca conseguiría tener una pareja de esta forma. Me cambie de ropa y apague la luz del dormitorio, acostándome y tratando de dormir. Tuve una noche muy larga.
Pasaron varios días en los que intente diferentes métodos para tratar de dominar mi instinto destructor. Insistí en traer chicas a casa, tratando de ensayar diferentes formas de acercarme a ellas. Todo fueron esfuerzos infructuosos. Cada chica que tenía no hacía más que encontrarse con mi instinto animal salía huyendo. No había otro patrón. Estaba destinado a ser un maldito solitario. Quizás no existía otra persona para mí. No lo creía posible de todas formas, pues nadie sería capaz de soportar semejante vejación. Y yo no podía controlarme. ¿Sería tan malo eso realmente?
Pasaron de esta forma algunos días y estaba totalmente sumido en mis pensamientos, tratando de ver de qué forma podría dirigir mi vida, cuando sentí que golpeaban mi puerta.
Al principio creí que me había equivocado y que esos golpes provenían de algún otro sitio que no fuera mi casa, pues nadie me visitaba. Pero luego de unos segundos decidí ir a mirar, de todas formas no perdía nada verificando.
Al abrir la puerta, creo que el mundo ceso de girar por unos brevísimos instantes.
Si estaban golpeando a mi puerta. Y a mi vida.
En frente de mi estaba la chica más hermosa que había visto. Era como una dulce aparición. NO sabía que hacia ella aquí y desee preguntárselo, pero de mi estúpida boca no salió ni siquiera aire. No pude más que mirarla con el ostro idiotizado. Ella me miro con cierto dejo de asombro y la vi morder su labio inferior. En toda mi maldita vida había visto algo más sexy.
¡Pero era tan joven! Probablemente una niña que no pasaba de los dieciséis o diecisiete años… yo no podía estarla mirando como lo hacía. No era ético ni correcto. ¿O quizás si?
Una estúpida sonrisa se colgó de mis labios y me di cuenta de que mi boca estaba abierta. Aun no podía hablarle. Ella me sonrió y movió su cabello, y decidió hablarme.
- Hola, soy Bella Swan, tu vecina. Se me ha caído algo a tu patio… ¿puedo ir por él?-
"Puedes ir por mi también" pensé, embobado, mirando su figura. La deseé enseguida, tal y como te tientas con una fruta madura en un escaparate. Este era mi demonio o mi ángel. Quizás ambas las cosas. Sonreí por mis ideas idiotas y decidí hablarle. Estaba siendo muy maleducado.
- Yo soy Edward Cullen, Bella. Quédate aquí y yo traeré lo que has extraviado-
Ella me sonrió antes de que me diera la vuelta, y sentí que las piernas se me volvían de gelatina. Increíble. No pude ser menos obvio y mis ojos se pegaron en la suave curva de su escote. Dios, que mierda de pervertido era.
Caminé hasta mi patio y no me costó mucho encontrar lo que debía ser de Bella. Cuando cogí el disco, vi que estaba escritas las letras del nombre de Bella. Deslicé mis dedos sobre las letras escritas como una caricia. ¡Qué chica tan hermosa!
Volví por donde vine, inconscientemente tratando de arreglar mí cabello y ordenar mi ropa. Ella estaba allí, esperándome y le sonreí de pura emoción. Luche contra el estúpido deseo de acariciar su cabello, que se veía tan suave como la seda.
Le tendí el disco y nuestras manos se rozaron…
Sentí que moría en vida.
Un escalofrío me recorrió la espalda y mi corazón se acelero, desbocado. Esa sensación yo la había tenido antes. Locura. Desenfreno. Pero nunca, jamás, la había sentido solo rozando a alguien. Solo había sentido su piel por un segundo y ahora me sentí como un animal en celo. La miré, sin creerme que esta criatura fuese capaz de desatar tanto en mi con tan poco. Me enfurecí de pronto, sin creer que no pudiese vivir en paz. El deseo llamaba a mi propia puerta. El peligro. Ella era peligrosa.
Lance una maldición, me sentía furiosos, pero más aun frustrado. Tenía que ser ella. Mierda. Me di la vuelta y cerré de golpe la puerta, sin importarme que fuera grosero o algo peor. Por su bien y por el mío debía mantenerme lejos de mi hermosa vecina. Esperaba de corazón poder hacerlo. A partir de ese día, todo lo demás comenzó a ser un martirio para mí.
Resultaba patético, pero estaba ocultándome. No quería ver a mi vecina, ni que me viera. No, esa era una maldita mentira. En realidad añoraba verla a ella y a su belleza, pero temía de mis reacciones. Si había sentido tanto con solo rozarla, no quería n imaginarme lo que sería abrazarla o besarla… o tal vez….
¡No! Me golpee mentalmente por dejar volar mi imaginación hacia tales cosas. Ella era una chica linda, hermosa y era inalcanzable para mí. No solo no tenía su edad, ella era pura, inocente, se notaba en su mirada, y yo era un maldito enfermo lujurioso. Ninguna buena combinación podía salir de eso. Éramos como agua y aceite.
Me lo repetía una y otra vez, y todo se hacía más difícil cuando ella se paseaba en frente de mi casa, como si lo hiciera a propósito. Vestía ropa ligera y sugerente y a mi literalmente se me caía la baba cada vez que la observaba. Lo hacía desde mi casa, cada vez que llegaba, ocultándome como un ladrón tras las cortinas, empañando los vidrios con la furia de mi deseo. La miraba juguetear con su cabello, morder sus labios y yo gruñía dentro de casa, como un poseso. ¡Podría al menos usar otra ropa!
Maldita la hora en que vino a la puerta de mi casa y me robó la poca paz que tenía. Cuando me tropezaba con ella, trataba de ser indiferente, como si no la viera, pero eso no era más que una pose falsa. Me hervía la sangre hasta la última de mis células.
Era primera vez que me sucedía algo así con una mujer…. Bueno, con una chica. Ella no era aun una mujer del todo, pero alborotaba mis hormonas como una. Eso era definitivo. En una de esas ocasiones, yo había estacionado fuera de casa y me baje con rapidez de mi vehículo, evitando mirar y en mi rapidez no note que alguien venía en sentido contrario y chocamos.
Mis brazos atraparon a la persona antes de que cayera en un reflejo innato, pero cuando vi a quien tenía entre mis brazos se escapo todo el aire de mis pulmones.
Ella.
Me perdí en sus grandes ojos marrones y sentí que todo desapareció a mí alrededor. La tenía en mis brazos. El deseo me golpeo con fuerza, inhabilitando mis sentidos. Mis manos se crisparon y las empuñé con fuerza, para evitar sucumbir ante el deseo de tocarla. Ella jadeó por mi abrazo. Sentí que el corazón se me saldría del pecho cuando se aferró a mí, quemándome con su calor.
Nunca antes me había tocado.
La miré y me miró. El brillo de sus ojos, la frescura de sus labios, su cabello alborotado. Esto era el cielo. O el infierno. Para el caso, lo mismo. Ella deslizo su mano por mi brazo, acariciando y la sorpresa que me causo su gesto me trajo a la realidad de nuevo. "¡No, que haces con ella!" gritó mi conciencia
Me aterré de mi mismo y la solté, con bastante poca delicadeza, debo añadir. No era mi intención dejarla caer, sino solo dejar de sentirme tan desesperado. Pero no medí mi reacción y ella cayó al suelo, dándose un gran golpe. Rayos.
Ella me miró furiosa desde el suelo. No era para menos.
- Idiota- escuche que murmuró por lo bajo.
Mi ego se sintió pasado a llevar. No me gustaron sus palabras.
- Podrías fijarte por dónde vas niñita- le dije tratando de parecer molesto. Con suerte, ella se ofendería y no volvería a topármela.
- No fue mi culpa – me gritó. Pensé en lo hermosa que se veía toda furiosa – Tu tampoco miraste… ¡y me soltaste! ¿Qué hombre decente hace eso?
Ninguno. Pensé automáticamente. Pero yo era lo más lejano a la decencia que existía. Tenía que advertírselo.
- No soy decente- le dije casi gruñendo, a la vez que la le3vantaba del suelo casi con furia. Otra vez estaba siendo poco delicado.
- Auch cuidado… ¡que bruto eres!- me gritó.
Y tenía toda la razón. Eso es lo que yo era. Un bruto. Un enfermo. Un maldito idiota. Me enfade conmigo mismo.
- Soy así y si no te gusta, vete al diablo niña- le dije dando énfasis a la palabra "niña" y huyendo como el vil y sucio cobarde que yo era. Subí a mi Volvo y arranque a todo lo que daba el acelerador.
No supe ni donde estaba para cuando me detuve, pero necesitaba oxígeno. Respirar y organizar mis ideas. Me baje de mi vehículo y aspire el aire con fuerza. Sentí que no había suficiente oxigeno en el planeta.
Dios, no era normal lo que esa chiquilla me hacía sentir. Nunca me imagine en la situación en la que estaba. ¡Obsesionado con una niña! Muy lindo Cullen, mereces un premio al infeliz más grande del planeta. Y ella no tenía la culpa más que por ser demasiado hermosa…
Me frote los ojos y me jale el cabello con fuerza, como si con esto fuese a quitármela de la mente. Solo quería volver el tiempo atrás y volver con mi absurda y miserable vida. Pero sus ojos estaban allí, mirara donde mirara. Si seguía cerca de ella, terminaría por dañarla… y era lo último que quería. Demasiado bella para mí, demasiado delirante. No podía acercármele.
Me debatí entre mis deseos toda la tarde, hasta vaciar por completo mi cajetilla de cigarrillos y mi mente. Decidí que no me dejaría dominar por una pequeña demonio. Yo podría con ella, podría con su sensualidad, con su presencia. No me intimidaría más. Decidido y con nuevos bríos, tome mi Volvo y me dirigí de vuelta a casa. No podía ni imaginarme lo que me esperaba al llegar.
Fue muy tarde cuando me percaté que ella me estaba esperando. Era muy evidente. Estaba en la entrada y se veía hermosa, creo que más de lo que recordaba. Al demonio todas mis buenas intenciones. Ni siquiera pude evitar excitarme.
Baje del automóvil, dando un portazo, molesto por ser tan débil. La observe tratando de mostrarme lo mas frio e indiferente posible.
- ¿Que deseas Bella? – pregunte, notando que mi voz temblaba levemente. Para evitar especulaciones, agregue- No tengo tiempo para perder contigo-
Ella no pareció oírme en realidad. Se cruzo de brazos y no se le movió un solo pelo al preguntarme
- ¿Se puede saber porque me odias?-
No me podía creer su personalidad y desplante. Me trataba como un igual. Como si no fuese una maldito. ¿Cuál era su interés en hablarme? ¿Estaría ella interesada en mí? La analicé con la mirada, viendo que quizás podría odiarla por hacerme todo esto, como ella insinuaba…No, eso era vano. Jamás podría odiarla.
- No te odio- le dije con seguridad – precisamente – murmure luego, tan bajo que dude que me hubiese escuchado. Me dirigí a la puerta, inútilmente tratando de huir. La oí justo detrás de mí. Era tenaz y había que reconocérselo.
- Pues algo te sucede conmigo- dijo con su voz segura y firme
Suspire. Si supiera. Me creería un maldito lunático. Volví a molestarme.
- Nada sucede- gruñí, abriendo la puerta- Ya vete a casa niñita- le dije. "Por favor" agregue mentalmente.
Ella no se movió de donde estaba.
- No soy una niña- la oí gritarme- Soy una mujer y quiero cosas de mujer-
¿Cosas de mujer? Pensé, mientras mi corazón se aceleraba. ¿A que se estaría refiriendo? Dios, no… no puede ser eso… mi mente esta tan retorcida… "Eres un idiota Cullen" me dije. Esto había que detenerlo aquí y ahora.
La tome de un brazo y trate de hablarle fuerte y claro. Y con toda mi verdad.
- Mira Bella, tú me caes bien. Eres una linda chica y te diré esto por tu propio bien. Aléjate de mí. No soy bueno para ti.
Me costó lo inimaginable decir eso. No quería decirlo. Ella se alejaría de mí, pero era lo mejor.
- Me gustaría decidir eso yo misma, si no te importa- dijo ella
Se acerco a mí y su dulce aroma me agobio hasta el límite. Me estaba tentando demasiado. Me di la vuelta, tratando de no mirarla. No me hacía nada de bien su presencia. Sus labios estaban demasiado cerca de los míos.
- Vete a casa- le dije sin fuerzas, tratando de terminar la conversación. Estaba chica me estaba matando sin saberlo.
Sentí su pequeña mano sobre mi espalda. Su toque me inundo de éxtasis. Me di la vuelta, solo para encontrarme con sus ojos brillando de una extraña emoción. Era tan malditamente hermosa…
Y entonces me besó. No lo vi venir, lo reconozco, y su actuar me dejo petrificado. Pude sentir la suavidad de sus labios presionando los míos, su lengua delineando mi labio tímidamente…
No puede ser. Esto estaba muy mal. Esta chica quería estar conmigo… y yo le haría daño irremediablemente… ¡No, mierda!
La tomé por los brazos, separándola de mí. Mis labios latían y solo había sido un roce. El corazón casi se me salía por la boca y debo haber tenido un gesto desquiciado. Me sentía desquiciado. No podía hacer esto, por más que lo deseara.
- ¿Qué estás haciendo Bella? ¿qué pretendes? – le pregunte. Presioné sus brazos, tratando de que soltara alguna respuesta, lo que fuera, pero que me dijera algo que me alejara de ella… ¡no que me acercara más!
- Te quiero a ti- me dijo en un susurro, mientras mis ojos veían sus labios moverse- Me gustas y quiero tenerte… quiero que seas tú mi primer hombre…
No podía creerme lo que había escuchado. Sentí que temblaba en una mezcla de ira y horror contenidos… y euforia. Ella me quería. A mí. Me deseaba…. Y ella no había sido de nadie… Dios… mi corazón casi se detuvo. Tenía que ser un error.
- ¡Apenas me conoces!- le dije, tratando de que cambiara de opinión al darse cuenta lo errada que estaba. La remecí sin querer.
- ¿No te gusto?- pregunto, mirándome con profundidad y mordiéndose el labio. Tuve una furiosa erección. Esto tenía que estarlo soñando. Por el bien de todos…
- Si me gustas- le aclaré – y es por eso que debes apartarte de mí. Te arrepentirías, te lo aseguro.
Ella sonrió, con seguridad. No cedió un solo milímetro de su posición.
- ¡Vamos!- dijo ella, demasiado cerca para mi gusto. Una de sus manos bajo por mi pecho, acariciando, y rogué para que no notara como me temblaba el cuerpo- Dame un beso, solo un beso… si no te gusta, te dejare en paz.
Suspire, cansado de alejarme, cuando mi cuerpo decía lo contrario. Negué con la cabeza, demasiado débil para hablar.
Su mano siguió bajando y me tense, absolutamente impactado. Era increíble lo que esta chica podía causar en mí. Estaba seguro de que ella no estaría haciendo nada de esto si supiera lo peligroso que yo era. Llego a mi muslo y me dio un suave apretón. Se me escapo un gruñido demasiado comprometedor, muy a mi pesar. Mi cuerpo me traicionaba.
Se apretó a mí, mientras me acariciaba y fui incapaz de alejarla. Sabía que notaria mi erección. Y lo hizo. Ella soltó un gemido y fue todo. Dios, la quería para mí. La mire. Qué más daba. Sería solo un beso. No haría mal a nadie.
Miré sus labios y ardí en deseos de besarla. Realmente quería hacerlo. Quería sentir su suavidad de nuevo. Hipnotizado, me incliné hacia ella y la tome por la cintura, tratando de controlar mi respiración. Mi erección se enterró en su vientre al juntarnos, haciéndome agonizar de deseo. Ella gemía ante mi contacto y eso me volvió loco. Mucho más loco.
Tome sus labios y me lengua entro en ella, tratando de luchar contra el deseo de devorarla. Explore su cálida boca y su lengua se enrosco en la mía, enviando oleadas de placer que no creí posibles.
Estaba muriendo de placer.
Mis manos acariciaron la curva suave de su espalda e inhale su aroma frutal e intoxicante. Hubiese deseado poseerla allí mismo, pero en un último atisbo de cordura, recordé donde estábamos. Fue una suerte que nadie reparara en nosotros, a decir verdad.
La separe de mí sin ganas. Observe su rostro, dulcemente ruborizado, sus labios dulces y rojos, para finalmente perderme en sus ojos. Sus hermosos ojos chocolate. Estaba perdido. Desde ese mismo minuto. Debí saberlo.
- ¿Satisfecha?- me aventure a preguntar, con un tono juguetón. Ya sabía la respuesta.
- Ni un poco – contesto ella, aun pegada a mí.
Trate de evitar que una sonrisa subiera a mi rostro.
- Pues lo lamento por ti- le dije, mas en broma que en serio- no me involucro con niñas.
Le sonreí y me deshice de su abrazo, cerrando la puerta tras de mí. Si no hacia eso, ella hubiese terminado en mi cama. Suspire apoyándome en la puerta. No tenía idea de lo que pasaría luego de esto, pero nadie sería capaz de quitarme la sonrisa del rostro.
Supuse que luego de lo que había sucedido con Bella, a estas alturas seriamos como mínimo amigos. Pero esta chica no era como las demás. Para nada. Eso lo note al momento.
La buscaba con la mirada cada vez que llegaba a casa, pero no volví a verla. Quizás finalmente había recapacitado. Trate de no sentirme decepcionado por este pensamiento, ya que sin duda eso era lo mejor que ella podía hacer. Alejarse de mí.
Pero no me sentí bien. Quería verla, quería hablarle… lo que fuese. Quizás si iba con mucha calma y paciencia…
No, ni hablar. Ella era una niña. Lo mejor era esto. No verla más. Se me hizo un nudo en el estomago. Quizás ella solo quería ese beso, como un capricho de adolescente y al conseguirlo, se canso de buscarme.
Me enfoque en este pensamiento, pero ere inevitable recordarla. Por las noches el asunto solo se ponía peor y mis hormonas alteradas no me ayudaban en nada. Tenía que recurrir a as antiguas técnicas que hace años no utilizaba. Masturbación.
Lo había hecho cada noche pensando en ella. Me sentí enfermo cada vez que lo hacía y prometía no volver a hacerlo. Pero invariablemente recaía, cuando el recuerdo de su frágil cuerpo pegado al mío me inundaba, junto con el sutil roce de sus labios.
Y así, pasaron diez malditos días.
Cuando llegue a casa y estacione, no podía creer que volvía a verla. Se veía tan hermosa sentada frente a su casa, leyendo. Bajé con una sonrisa en el rostro, olvidando de inmediato todos los días en que no la había visto. Hice más ruido del necesario para que se percatara de mi presencia. Sonrió cuando me vio.
Mi corazón comenzó a latir desbocado y le hice señas para que se acercara. No sabía muy bien que le diría, pero necesitaba hablarle, ver que aun quería ser al menos mi amiga.
"A quién demonios intentas engañar" gruño mi conciencia. Trate de no oírla.
- ¿Cómo estas Bella? – salude, algo nervioso, alucinando por su sensual caminar.
- Bien Edward ¿y tú qué tal? – pregunto ella, jugando con una hebra de su cabello.
Mi nombre se oía tan bien saliendo de sus labios…
- Bien- dije abriendo el automóvil y bajando algunos planos y proyectos- no te había visto hace algunos días… - dije mirándola para medir su reacción.
Más le valía no decirme que había estado con otro chico. Gruñí por centro. No sabía porque haba pensado eso.
- Bueno, he estado ocupada – dijo ella, sin especificar nada. Al menos no dijo que era por no querer verme.
- ¿No te gustaría pasar a tomar algo? – le pregunte casi sin pensarlo
Su rostro se ilumino por un momento, luego se puso seria y frunció el ceño, como si se lo estuviera pensando. Me dio un pequeño ahogo de pánico.
- Ahora no puedo- dijo, y mi decepción fue tal que sentí deseos de llorar. Patético. Estaba haciendo el mas competo ridículo con una chiquilla caprichosa- Pero te vendré a hacer una visita en cuanto menos lo esperes- dijo sonriéndome. Ok, estoy oficialmente confundido.
La confusión se apoderó de mí. Ella no reaccionaba como se suponía lo haría una chica cualquiera. Sentía que jugaba conmigo y peor aún, yo se lo permitía. Y ella causaba estragos en mí. Eso yo lo sentía. Ella pareció notarlo. La vi desviar su mirada hasta mi entrepierna y se sonrió.
Bruja. Pequeña arpía.
Fruncí el ceño, molesto por mi estúpida obviedad.
Huí de allí con rapidez, buscando el refugio de mi hogar. Me esperaba una sesión de masturbación, eso era seguro. Bueno, era eso o explotar. Un par de horas más tarde, estaba igual o peor. No conseguía sacarme a Bella de la cabeza y el autosatisfacerme no parecía ser una opción útil ahora.
Necesitaba a Bella.
Me revolví en la cama, sin conseguir dormirme. Tenía que quitármela de la cabeza, como fuera. Y se me ocurría una sola forma de hacerlo.
Me levante y me di una ducha rápida. Me cambie de ropa, con lo primero que encontré. No me detuve a peinar mi cabello ni nada. Salí como un torbellino hacia mi Volvo, lanzando una última mirada de la casa de en frente, en donde estaba la causante de todas mis desdichas.
- Maldita niña del demonio – gruñí antes de subir a mi vehículo y perderme en la noche.
Exactamente dos horas más tarde, cerca de la medianoche, volvía a casa con una chica. Había sido fácil convencerla de venir conmigo a casa, con un par de tragos encima. Solo necesitaba desahogarme, olvidar mi insana obsesión.
No fui muy delicado con mi invitada y mis intenciones fueron obvias desde el principio. No estaba para sutilezas. No me demore mucho en estar sobre ella, besándola y masajeando sus senos. Pero había algo que no cuadraba. Algo que me desagradaba de toda la situación. El problema es que no era "ella". Podía estar con otra mujer, pero increíblemente mi mente no estaba allí. Estaba buscando el sabor, la forma y el aroma de Bella. Y la mujer que estaba allí, no llenaba ese vacío. Gruñí furioso y me obligue a sentir placer. Alguna forma de escape.
Tome a la chica en mis brazos y la lleve a mi habitación. Si no podía ser ella, pues sería otra. Cualquiera.
Me lancé sobre la chica hambriento, ávido de borrar los recuerdos de mi cabeza, los cuales no hacían más que torturarme.
Lo último que pensé fue en la pobre chica que estaba debajo de mí. No fui gentil con ella e hice caso omiso de su llanto. Estaba desgarrando su ropa y tocándola con demasiada rudeza. Ella se estaba quejando demasiado y eso me desconcentraba. Subí mi mano hasta su boca, impidiendo que chillara.
Esto solo lo hizo peor y la chica comenzó a patear, desesperada. Mordí uno de sus pechos sobre la ropa, y perdí una de mis manos entre sus piernas.
¡Dios, como quisiera que fuese Bella!
Entonces, oí un grito ahogado. Y no provenía de la chica que estaba en mi cama. Mis ojos se movieron con temor hacia mi izquierda…
Esto tenía que ser alguna clase de broma
Bella. Parada en la puerta de mi habitación. Mirándome. ¡Mierda!
Me puse de pie como un resorte, sintiéndome de golpe asqueado y miserable. Solo quería que la tierra se abriera y me tragase. Esto no podía estarme pasando. Ella me había visto siendo un animal… ¿Y que demonios hacia ella aquí?
Me quede en blanco, sin encontrar una explicación, demasiado horrorizado como para moverme. No podía ser. No me di cuenta de en qué momento la chica que estaba conmigo se había puesto de pie, pero si sentí cuando me golpeo. No me dolió demasiado, además sabía que me lo merecía.
Oí que me grito algo… no supe bien qué. Por ahora mi preocupación era la chica que me miraba horrorizada desde la entrada de mi habitación. No entendía como todo había terminado en este preciso momento.
La chica huyo de casa y Bella no se movió un solo milímetro, mientras me sostenía la mirada. Nos habíamos quedado solos los dos. Seguí mirándola. Vi su cara de desprecio. Asco. Furia. Todo en una sola expresión crispada. Ella me odiaba. La mire furioso. Ella no tenía porque haber estado aquí y haberme visto.
Y entonces, algo termino de enloquecerme. Ella me temía. Miedo. Lo había arruinado todo.
La vi dar dos pasos hacia atrás, retrocediendo. Pero no dejaría que ella huyera de mí.
Me moví con rapidez hacia ella y la tomo del brazo, evitando que escapara. Su rostro de terror me destrozaba. Esto jamás debió ocurrir.
- ¡Qué mierda haces en mi casa!- gruñí, zamarreándola
- ¡Suéltame!- me chillo, sin cambiar su expresión
Dios, ella nunca debió verme. Jamás. Yo quería que ella se alejara de mí, sin dañarla. Sin que supiera realmente. No de esta forma.
- ¿Te gusta meterte en problemas no? – y acerque su cuerpo al mío, casi sin notarlo.
- ¡Eres un puto degenerado! – me gritó furiosa. Podía ver el brillo de la ira en su mirada. No sabía porque ahora estaba molesta. Solo debía estar aterrada.
- ¡Y tu una estúpida entrometida!- le grité de vuelta
Me apreté a ella, sobrepasado por la situación. Todo esto era tan retorcido. Quizás esta sería la última vez que podría tenerla así de cerca. Olí su cabello, en un suspiro. La miré a los ojos. Eran como dos brasas encendidas.
Algo cambió en su expresión. La abrace más fuerte y la sentí tensarse. Probablemente el terror por mi había vuelto. Pero para mi asombro, la oí gemir.
Pensé que estaba oyendo mal. Pero no. Ella realmente había gemido entre mis brazos. Mire su rostro. Ella me miraba con deseo. Deseo puro.
Me sorprendí un momento, pero su rostro pegado al mío me descolocó. Sentí su calor y su jadeo en mi cuello, junto con el levísimo roce de su cuerpo sobre el mío. Lo perdí. Completamente. Se me escapó un gemido a la vez, sobrepasado por el deseo de tenerla. Y ella estaba allí, al alcance de mi mano. Y de mis labios. Y de mi cuerpo. Luego, todo lo que vi fue a ella y a sus labios dulces entreabiertos para mí. Dios, perdóname por lo que voy a hacer…
Primero, lo primero... mis sinceras disculpas por la demora... si alguien estuvo muy desesperada por la actu (yo lo he estado por otras y se lo que se siente) le digo desde ya que NO volvera a ocurrir. Por lo general actualizo muy rapido, pero hubieron un serie de "eventos desafortunados" en mi vida... nada directo hacia mi,(gracias por la que se preocuparon, son la mar de lindas) pero si con mi entorno. Cuando las cosas estan complicadas, simplemente no podia obviarlas y sentarme a escribir como si nada. Aunque me hubiese gustado, en serio, pero a veces uno debe hacer otras cosas, aunque no le gusten. Ahora ya llegan las vacaciones de invierno de mi hija y luego de eso, ya tendre mas tiempo. Terminare pronto esta historia para que no me maten... gracias por tener la mente aberta y no cricificarme en seguida... vi que muchas leyeron, pero pocas dejaron reviews... lo entiendo muy ine, porque creo que esperan a ver que es lo que sucede para opinar.. y me parece muy bien! no recibi ni un solo review en contra,.. y eso que esperaba que hubieran. GRACIAS por eso. Luego comenzare con una nueva historia, es un desafio... alli veran de lo que se trata... espero les agrade... a todo esto... vieron ECLIPSE? que les parecio...? yo la vi y todavia estoy con ataque de nervios... hahaha que emocion! solo encontre que todo sucedia muy rapido... y hasta corta la encontre... pero bueno, eran dos horas... hahaha... ame a Ed... pobre Riley... todo utilizado... pobre Jake desplazado... pobre Ed... engañado... y estupida Bella! hahahaXD! sorry... bueno, nos leemos muy pronto esta vez... cuidense y ahora que leyeron esto, espero que no odien a mi Ed... esta mal enfocado en la vida...ademas todos lo hace creer que esta mal... cuando en realidad no es asi... solo es... diferente... :) se me cuidan...
mordiscos!
