Como siempre, los personajes no son mios, son de Meyer.. :)

Esta vez, me salio un capitulo muuy largo. Espero que les guste. Disculpen por los excesivos detalles de los lemons... pero creo que me emocione con ello. Esta vez fui un poco muy grafica... espero que no les moleste :)


Capítulo VII

Bella POV


Cuando entré en esa casa, el temor me dominó por completo. Por unos eternos momentos, pensé seriamente en salir de allí y correr, pero la decisión ya estaba tomada y no volvería atrás. Debía hacerlo por Edward. Asimile sin mayor dificultad de que los chicos que amablemente me hacían pasar a una elegante sala, eran los hermanos de Edward. Se presentaron con cortesía, indicándome sus nombres. El rubio se llamaba Jasper y el otro chico, de pelo más oscuro y bastante fornido, se llamaba Emmett. Ya había oído bastante más de lo que hubiese querido de ellos por las chicas, que no habían cesado de contarme sobre sus encuentros.

Trate de no alargar mas la de por sí, ya tensa situación. Esto había que terminarlo rápido e indoloramente.

- ¿Dónde está él?- pregunte, luego de las formalidades

- Tranquila Bella, vamos con calma… si nos permites algunas palabras, te prometo que podrás hablar con el… aunque a mi parecer no es del todo recomendable.

- Quiero verlo- musite, algo molesta

- No creo que sea una muy buena idea Bella… creo que piensas que podrás afrontarlo ahora mismo, pero estoy seguro de que lo que sea que tienes que decirle, puede esperar… no creo que valga la pena…

- No quiero ser grosera- dije con voz algo temblorosa- Pero no me iré de aquí hasta ver a Edward. No tengo nada que hablar con Uds.

- Bueno… entiendo- dijo Jasper, sonriendo- pero creo que te gustaría saber que estamos dispuesto a llegar a un acuerdo muy ventajoso para ti… y así no tendrás que hablar con Edward ni nada…

- ¿Qué? - pregunté sin entender a donde querían llegar

- Mira, sabemos que Edward te hizo daño y lo lamentamos- agrego Emmett- Estamos dispuestos a darte lo que nos pidas… así podremos resarcirte de alguna forma…

- ¿Qué?- repetí como una idiota

- No es necesario que nos des un monto- dijo Jasper acercándose un poco a mi- te daremos un cheque en blanco y le puedes poner la suma que gustes. Lo que desees. Solo necesitamos saber que te olvidaras de todo esto y ya no te acercaras a Edward…

Un momento ahí. Un maldito momento. ¿Es que estos dos idiotas estaban tratando de comprarme? No me lo creía, y no sabía por qué clase de mujer me estaban tomando. Pero lo último que quería de ellos era su dinero… menos aun si eso implicaba alejarme de Edward. Mis sentidos se pusieron en alerta y me puse de pie, ofendida. ¿Qué mierda se creían? Solo esperaba que no estuviera Edward implicado en todo esto…

- Miren chicos- dije tratando de contenerme- no se con quien creen que están hablando, pero si creen que están arreglando algo de esta forma… ¡están malditamente equivocados! Yo lo único que he dicho es que quiero hablar con su hermano… y Uds. no me lo van a impedir. ¡De aquí no me voy hasta hablar con Edward!

Luego, todo lo que paso después fue como en cámara lenta para mí. Escuche un fuerte jadeo a mis espaldas y vi como Jasper y Emmett miraban hacia algún punto ubicado a espaldas de mi. Vi temor en sus rostros. Me volví para ver que era esto que había interrumpido nuestra conversación. Y lo vi. En todo su maldita gloria.

Edward.

El estaba de pie en el marco de la puerta, mirándome fijamente. Sus ojos verdes estaban muy abiertos, en una clara muestra de sorpresa. No dejo mis ojos y creo que mi cuerpo actuó movido por sí mismo. Me sentí acercándome a él, pero mi mente aun no analizaba lo que hacían mis piernas. Creo que me di cuenta solo cuando estuve a centímetros de él, tan cerca que lo pude oler. Fresco, varonil. El mismo aroma de su cuerpo cuando me hizo suya. Sentí la ansiedad por su cuerpo más fuerte que nunca, como si de una peligrosa droga se tratase.

Y entonces, me golpeo su recuerdo. Sus besos, sus caricias furiosas, su violencia tan exquisita, que causó esta hambre eterna de mi cuerpo por él. Maldito. Y el muy perro se había atrevido a correrme de su casa como si yo fuese peste. Y yo que lo único que hacía era desearlo. Y él y sus malditos hermanos tratando de comprarme.

La ira se apodero de mí con tal fuerza, que esta vez fue mi brazo el que cobro vida propia. Quizás se lo merecía, quizás no. De todas formas ya era tarde para pensar. Mi mano derecha se estampó con tal fuerza en su rostro que temí haberme roto la mano. Lo vi cerrar los ojos y tambalearse, algo atontado con la violencia de mi golpe. La ira se esfumo tan rápido como había llegado. Y creo que hasta me excité de golpearlo. Que perra me había vuelto.

- Eso es por correrme de tu casa, tratar de escaparte de mí y tratarme como mierda- le susurre, tratando de explicar mi comportamiento.

Lo quede mirando, esperando una reacción. No hizo nada, por supuesto. Solo vi un dejo de tristeza en su mirada y en un gesto casi infantil, frunció sus labios como si quisiese llorar… Y eso fue suficiente para mí. Deseé besarlo para que se olvidara de todo, deseé besarlo para volver a sentir sus labios, para que no creyese que estaba enfadada…

Me lance sobre él, hambrienta y desesperada. Mi reacción era del todo ilógica, pero no me importo. Lo besé rezando para que no me alejase de sus brazos. Y vaya que tengo suerte. No lo hizo.

Lo aferre del cabello y oí con claridad como un gruñido escapaba de su pecho. Abrió sus labios, recibiéndome, mientras el beso me devoraba el alma. La tibieza de su caricia, la dulzura de de sus labios me hicieron estremecer, recordándome los momentos más candentes de nuestro "encuentro". Lo único que quería era tenerlo de nuevo. Una vez más, vuelto loco entre mis brazos…

Parecía que queríamos tragarnos el uno al otro. Y todo fue peor cuando me aferró de las caderas y me aplastó contra su deseoso sexo. Gemí en respuesta, casi desesperada. Lo único que había en mi mente era una nublada felicidad. El me deseaba. Lo hacía. Eso significaba que todo lo demás, estaba olvidado.

Me separe de él, solo porque era necesario. Sus hermanos estaban allí y podía sentir la incomodidad e ellos al ver nuestra fogosa escena. Seguro no entendían nada. Yo sonreí a Edward y mis ojos se posaron en sus rojos labios entreabiertos y su boca jadeante. Quería más, pero no era el momento. Me acerque a su oído, para susurrar solo para él "Y eso es por todo lo demás"

Sus ojos derrochaban duda. Esperaba que entendiera.

Alguien carraspeó para llamar nuestra atención y recordé lo que había ido a hacer a esa casa. Ok, yo tomaría el toro por las astas y me saldría con la mía. Pero tendría que imponerme. No pensaba dejar que la situación me dominara a mí.

Caminé hasta los chicos, que tenían un rostro que derrochaba incertidumbre. Me aproveche de su momento de debilidad

- Ok chicos, este es el trato- les dije con la voz más firme que pude –

Sentí la mirada de Edward a mis espaldas, pero eso no me intimido. Al contrario, me dio más fuerzas para decir lo que era importante. Dejaría mi punto de vista muy claro. Solo esperaba que Edward no se negara. Los mire fijamente a los ojos.

- Primero, pueden meterse su oferta de dinero por el trasero. Lamento ser tan grosera, pero Uds. me ofendieron primero, ofreciéndomelo. No quiero su dinero, así que olvídenlo. Segundo, quiero a Edward acá en Forks y en su casa. Si pone un solo pie fuera de la ciudad, lo denunciaré a la policía. Y tercero, si vuelven a negármelo, patearé sus bolas hasta que se les caigan. Si no cumplen con lo que les he pedido, es decir, Edward en su casa y normal como siempre, iré a la policía y no solo denunciaré a Edward, sino que también a Uds. como su cómplices. Y recuerden que mi padre es jefe de Policía. Lo toman o lo dejan –

Pensé que me dirían algo, pero en la sala solo hubo silencio. Dude por unos momentos de haber sido demasiado dura. Pero no podía ablandarme. Esperaba en mi interno que Edward notara que no estaba más que alardeando. Jamás lo denunciaría a ninguna parte, pero la idea era amedrentar a sus hermanos y de paso dejarme el camino libre. Como no vi respuesta alguna, excepto unas miradas espantadas, comencé a impacientarme.

Comencé a golpear el suelo con el pie, tratando de demostrar mis ansias.

- Bueno…- dije impaciente- ¿aceptan?

Los vi mirarse entre ellos, preguntándose con la mirada que mierda hacían. Casi podía oír los engranes de sus mentes, trabajando en lo mejor, lo más apropiado. Ambos miraron a Edward, y no sé si él les daría la respuesta, pero luego de un rato tenso, Jasper me contestó.

- Aceptamos. Edward volverá hoy mismo a su casa, pero debes prometer que cumplirás tu palabra y que no estás tendiendo algún tipo de trampa a Edward o algo… si lo haces, nos olvidaremos de este trato y Edward se ira de aquí sin importar nada-

- Es un trato- dije, victoriosa

Luego, lo único que quería era salir de allí. Si me quedaba un minuto más, seguro me lanzaba sobre Edward, lo cual demostraría lo obsesiva que era con él. Eso sería una debilidad. Así que pase por su lado, sin mirarlo y hui cobardemente de allí. Quizás no se dieron cuenta de que fue una huida. Con suerte, ellos la verían como una salida triunfal.

Gruñí una vez afuera recordando que se me había ocurrido ir hasta allí a pie. Ahora me estaba arrepintiendo de eso. Caminé calle arriba, deseando que mis pies me llevaran al menos dos veces más rápido de lo que lo hacían. La noche comenzaba a refrescar, y aun sin saber la hora exacta que era, sabía que era bastante tarde. Mis pasos resonaban en el silencio de la noche, pero yo estaba feliz. Lo había visto y lo había besado, y lo mejor, es que el me había respondido. Y no importaba lo que me dijese después, la respuesta a todo me la había dado su cuerpo. Y sus labios. Sus dulces y demandantes labios…

En mis pensamientos, no note que tanto conseguí avanzar. Pero de pronto sentí un vehículo detrás de mí, desacelerando y luego deteniéndose del todo. No voltee a mirar, pero mi corazón desbocado me dijo quien era. Edward. Sonreí solo para mí, pero no me detuve. Quería ver que es lo que hacía.

- Bella – oí que me llamaba con su característico tono sedoso. Me estremecí y no fue de frio.

Me detuve. Me di la vuelta y no pude evitar la sonrisa de mi rostro. Me encantaba mucho toda la situación. El buscándome, el llamándome…. Como siempre debió haber sido. Como siempre tenía que ser.

- ¿Vas a casa, verdad? – pregunto, algo dudoso

- Si- le dije- ¿y tú?

- También- me contesto acercándose a mí. Se notaba a leguas lo nervioso que estaba y la situación me divertía. Si no hubiese estado jadeando entre sus brazos y recibiendo sus arremetidas salvajes no hace mucho, creería que se trataba de otra persona. El continuó- es un poco tarde para estar por allí caminando… ¿te llevo?

- Si… es lo mejor – le dije, divertida-no vaya a salirme algún depravado por el camino…-

La cara de espanto que puso Edward al oír mi broma no tenia precia. Trate con esfuerzo no largar a reírme, para no ofenderlo, pero de veras que era muy gracioso. No sé de qué se estaba cuidando tanto, preferiría que fuese más natural. Yo conocía su esencia. Salvaje.

Me dirigí a su Volvo y me subí en el, evitando que viera el humor en mi rostro. No quería que se enfadase tampoco, aunque enfadado se veía realmente sexy. Demasiado tal vez.

Condujo en silencio, y lo oí suspirar en un par de ocasiones. Desee con fervor que esos suspiros fuesen por mí. El estaba nervioso, y sus manos apretaban el volante con demasiada fuerza. Se veía divino con el ceño fruncido, demostrando total concentración en su camino. Respiraba con dificultad. Quizás estaba tratando de controlarse.

Decidí hablar algo, sólo para romper el hielo.

- Me encanta tu automóvil – dije sonriéndole. Quería infundirle confianza.

- Gracias- dijo en un susurro apenas audible.

Bien, eso no resulto. Volvimos aquedar en silencio, y yo lo miraba de reojo, viendo como sus expresivos ojos parecían decirme todo lo que pensaba. Estaba pensando demasiado, y se removía en su asiento. No estaba cómodo, eso era obvio. Y entonces, me sorprendió dirigiéndome la palabra.

- ¿Tú crees que podríamos hablar ahora mismo? – dijo él, tratando de sonar casual. El temblor de su voz me hizo dudar de su autocontrol. Desvié la mirada y sonreí al ver el prominente bulto en su entrepierna. Dios, que excitante estaba resultando esto

- Hum… ¿seguro que quiere conversar? – le pregunte, emocionada

- Seguro- me dijo, algo irritado.

Dios, que excitante era verlo molesto. Quería que se molestara más y más… hasta enloquecerlo como la noche anterior. No sabía que decirle, así que mis palabras solo se deslizaron de mis labios.

- Nunca he tenido sexo en un Volvo- le dije, casualmente

Me miró con los ojos abiertos como platos, con un dejo de espanto. Seguro no se esperaba eso. Me reí por lo bajo. Decidí seguir con el jueguito.

- En realidad sólo he tenido sexo una vez antes… y no fue en un automóvil- le dije mirándolo, y tratando de sonar sexy. O lo intenté al menos. Eso no se me daba muy bien que digamos.

Edward se atraganto y comenzó a toser como si se hubiese ahogado. No pude evitar reírme y ver lo delicado que se había vuelto. Realmente parecía otra persona, pero lo extraño es que esta persona también me gustaba. Era excitante saber que bajo es capa de aparente calma, se escondía una bestia salvaje y sensual. Me moría por verla en acción una vez más.

Se detuvo y salto del automóvil como si el asiento quemara. Me reí de él abiertamente y no parecía gustarle, aunque sus ojos no demostraban nada de furia. Me abrió la puerta en forma galante y eso no hizo más que causarme más gracia. Lo oí gruñir, molesto.

- Quizás es muy tarde para hablar- dijo el secamente. Sabía lo que pretendía. Pero no le dejaría la salida fácil.

- No te escaparas de esta, Cullen- le dije, acercándome un poco a él

Cedió, con un gesto de derrota y se encaminó hasta su casa. Me dejo pasar antes y encendió la luz. Observe el sitio, recordando la noche intensa que habíamos vivido en esa casa. De pronto lo vi palidecer levemente y disculparse. Prácticamente corrió a su habitación y lo vi intentar de cerrar la puerta, luchando contra algo que obstruía la entrada. Reconocí lo que era. La cuerda con la que me ato. Quizás debí horrorizarme, pero yo me excite. Muy morbosamente. Me hubiese gustado que me atara de nuevo, pero no iba a presionarlo demasiado… no en ese momento, al menos.

Me acerque a él con sigilo.

- ¿Desorden en tu habitación?- murmure, muy cerca de él

- Un poco- dijo, algo consternado, probablemente por mi cercanía.

Me acerque a él, dispuesta a jugar mis cartas. Lo vi tragar, mientras sus pupilas se dilataban y su boca se entreabría. Me gustaba tanto, que estaba segura de que terminaría violándolo si él no cedía. Más le valía ceder, en serio. No sabía a qué venía tanta estupidez después de lo que ya había hecho. No lo comprendía.

- ¿Qué paso Edward? – le dije, acercándome a él y posando mis manos sobre su pecho. Podía sentir como su corazón parecía querer saltarle afuera - ¿Dónde quedo el furioso y apasionado hombre de la otra noche?

Lo sentí tensarse bajo mi toque. Frunció el ceño, demostrando inequívocamente que mis palabras no le habían gustado del todo. Quise descifrar su expresión, pero él era muy difícil de interpretar. No sabía que estaba pensando.

- Yo- balbuceo él, despacio- lo siento muchísimo Isabella. Quiero que sepas que nunca quise hacerte daño, yo… soy un imbécil y sé que no resolveré nada hablando, pero…

Dios, que exasperante se volvía este hombre por momentos. ¿Por qué mejor no se callaba y me quitaba la ropa? Hombre tenía que ser al fin y al cabo para hacer todo lo simple tan complicado.

- Tienes razón, no resuelves nada. Cállate- le espeté, con molestia.

Lo vi dudar nuevamente. Se estaba debatiendo. Quizás esa sería mi arma, si sabia ocuparla bien. El volvió a hablarme.

- Debe haber algo que pueda hacer para resarcirte… -

Hum, a los Cullen les encantaba "resarcir" los daños, evidentemente. Como se notaba que eran hermanos. No sé cuál era la insistencia en hacer algo a cambio por mí. Yo no quería nada que no fuese el mismo. Bueno, entonces quizás si podría pedirle algo… Sonreí satisfecha por el arma que el mismo me había dado. Creo que se dio cuenta, pero fue tarde.

- Claro que lo hay- le dije, acariciando los botones de su camisa y suspirando muy cerca de él. Esperaba que fuese inteligente como para captar las indirectas.

Abrió los ojos enormes. Que mono se veía así. Quería devorarlo de una vez, pero yo quería al hombre salvaje de la otra noche, no a un chico tímido… haría lo que fuera para que volviera.

- Dímelo – me dijo, con mirada anhelante- si está en mis manos…

"En realidad está entre tus piernas" pensé, antes de besarlo con furia contenida.

El eso desesperado, surtió efecto inmediato. Sus labios se movieron sobre los míos ansiosos, y sus manos me apresaron por el trasero, pegándome a su sexo endurecido y febril. Creí que el corazón se me saldría por la boca. Dios, como deseaba su cuerpo, sus labios sus manos… no podría jamás cansarme de él…

Gemí desesperada y hundí mis manos en su pelo. Me encantaba jalarlo del cabello. No sé por qué. A él también parecía gustarle, y lo sentí embestirme levemente, en forma muy sensual, restregándose. Su cuerpo parecía tener vida propia. Pero muy pronto, me separo de él. Lo hizo con brusquedad, lo que me hizo recordar nuestro encuentro… Dios, no había nada que hiciera que no me gustara…

- Bella, por favor… ¡no!-me dijo, con cara de ira.

- Te deseo… otra vez- le dije, mareada de éxtasis

Lo vi fruncir el ceño, por enésima vez durante la noche. Todo parecía disgustarle. Se alejo de mí y luego se volvió y sentí que me taladraba con su mirada llena de pasión contenida.

- Bella… ¿a qué estás jugando?- me dijo

- No es un juego. Lo que digo es la pura verdad-

- No Bella. No estás siendo juiciosa…

"¿Qué?" pensé enfurecida. Supuse que eso era una mala broma… no podía estar hablando en serio…

- ¿Juiciosa?- le grite- Así como tú lo has sido ¿verdad? ¿Se puede saber con qué moral me pides eso a mí?

Sabía que estaba siendo injusta, pero no lo pude evitar. Meter el dedo en la llaga no era mi intención… pero este hombre me exasperaba como ninguno.

- No tengo moral alguna. Admito eso- dijo, vencido- Pero es por eso mismo, que no tengo ninguna intención de agravar más lo que ya de por si es malo…

Bufe, desesperada. Ya me estaba hartando de su jueguito tonto.

- ¿Realmente estas arrepentido de lo que sucedió entre nosotros? –le dije molesta- ¿Desearías no haberte acostado jamás conmigo? Di la verdad.

Lo vi dudar. No sabía que estaba pensando, pero más le valía decirme la verdad. Si me decía que no… quizás lo mejor sería dejar todo allí. Pero no me contesto. En vez de eso, me devolvió la pregunta.

- ¿Y tú?- preguntó curioso – ¿tu estas arrepentida?

Suspire aliviada. Esa era una pregunta simple, y yo estaba segura de la respuesta. Esperaba darle algo de confianza de esa forma.

- Nunca me arrepentiría de la mejor noche de mi vida- dije, segura.

Me miro y yo me puse nerviosa. No supe definir la expresión de su rostro y me mordí el labio, riéndome como una boba. No paraba de mirarme y no sabía que sucedería a continuación. Solo rogaba porque cediera y me tomara como un loco… pero dudada ay dudaba. No parecía decidirse. Me miro, aun con un brillo especial en los ojos

- Bueno… no te asustes, pero… yo tampoco me arrepiento… siento mucho decirte esto, pero eso no quita que fue algo terrible. ¡Nunca debía hacer lo que hice! Por Dios, Bella, eras virgen –remarco la palabra y rodé los ojos– ¡y yo prácticamente te violé! ¡Fui un maldito depravado!

Por Dios, que testarudo era. No sabía ya que hacer para que dejara de pensar que me había hecho daño.

- Esa es tu opinión- le dije, molesta- Lo que es para mí, fue genial. Fue sensual, explosivo… ¡nunca en mi vida había tenido tantos orgasmos! Quiero repetirlo… y sé que tu también. Me lo debes Cullen.

Lo vi debatirse, contrariado. Su rostro demostraba las mil emociones que cruzaban por su cabeza. Gimió, evidentemente complicado. Lo bueno, es que al menos se lo estaba pensando. Ya era demasiada pérdida de precioso tiempo…

- No puede ser- dijo, dando un par de pasos lejos de mi

- Deja de negar lo que sientes Edward- le dije, tratando de convencerlo- Te gusta el sexo violento, no es ningún crimen, y yo acabo de descubrir que a mí también… ¿Por qué no hacemos algo al respecto?

- No puedo- gimió- No volveré a comportarme como una bestia contigo… te robe todo, tu inocencia, tu virginidad… la posibilidad de entregarte a quine amas y que te ame… ¡No merezco nada mas de ti! Aunque lo desee…

Me miro suplicante.

- ¿Por qué?- rebatí yo– Para mí es lo más normal…-

- ¡No lo es! – yo soy un enfermo, siempre lo he sido… no está bien…-

- ¿Quién lo dice? ¿Tu?- le conteste

- ¡Todos! –casi grito- Los médicos, las chicas a las que he dañado… ¡soy un monstruo!

- No para mí- dije convencida- Si no sale nadie dañado…. ¿Cómo puede ser algo malo?-

Lo vi intentar de rebatirme, pero se calló. Sabía que no tenía nada para hacerlo. Yo tenía la razón, solo que él se demoraba mucho en verlo. Pero siguió intentándolo, testarudamente.

- ¿Cómo puede no haber sido malo? ¡Te hice sufrir! ¡Te deje marcas!-

- Edward, lo último que hiciste fue hacerme sufrir… Debo admitir que no lo tenía planeado de esa forma, pero al final me encantó…y en cuanto a las marcas, pues es una consecuencia del sexo desenfrenado… se que también te deje algunas a ti…-

- No. No hay discusión. No volveré a tocarte – sentencio, convencido.

No le creía una maldita palabra. Sus lindos labios podían mentir, pero no su cuerpo… y se lo iba a demostrar.

- ¿No me deseas? – le dije, acariciándome

- No- me dijo, pero vi como se le endurecía el miembro antes de darme la espalda. Maldito mentiroso.

Sus jadeos acalorados lo hacina quedar muy mal. Esto se estaba volviendo ridículo. Si nos deseábamos… teníamos que estar juntos. No había otra opción.

- No te creo ni una maldita palabra- le dije- Y te voy a demostrar que estas mintiendo-

Corrí lo suficientemente rápido como para que no alcanzara a detenerme. Salí corriendo por la puerta y prácticamente volé hasta mi casa. Me colé de vuelta en la habitación, solo para encontrarme a Alice y Rose en el mismo sitio, totalmente dormidas. Bien. No despertarían en varias horas más. Rebusque entre mis cajones hasta dar con lo que buscaba. Lo metí en mi bolsillo trasero y salte por la ventana una vez más. Corrí como un suspiro, justo para evitar que Edward cerrara la puerta.

- ¿Pensabas dejarme fuera Cullen?- le dije, divertida

- Yo no… mmm… lo siento- balbuceo.

Sonreí por su repentina timidez y me cole hasta la sala. Edward no sabía lo que tenía planeado, pero en mi interno sabía que al final le gustaría. Moví algunos muebles y deje la silla que había visto antes – una linda antigüedad en fierro forjado- al medio para mi acto grandioso. Seguro Edward no entendía nada de lo que yo hacía. Bien. Mucho mejor si era sorpresa.

Por el rabillo del ojo percibí que se me estaba escapando. Salte como un felino sobre él y lo atrape, justo antes de su huida. Lo tome por la camisa y lo senté en la silla, con fuerza. El no se escaparía de mí.

Me quedo mirando embobado. Me dirigí a él con fuerza y convicción.

- Te voy a decir esto solo una vez mas Cullen- dije- Lo que sucedió entre nosotros, no fue algo malo. Fue algo genial. Es verdad que fue violento, pero quiero que sepas que me gustó. En realidad no me gustó, me encantó. N yo misma sabia que me gustaban este tipo de cosas, hasta que lo hicimos. Y ya deja de decir que eres un enfermo o que me hiciste daño. Para mí, solo eres un tipo muy sexy al que quiero sentir dentro de mí de nuevo. Las cosas son malas cuando dañan alguien y aquí no hay daño alguno. Solo placer. No me hagas explicártelo mas… ¿es que no entiendes? Tú me gustas, lo que me hiciste me encantó… y quiero que lo hagamos de nuevo… Te deseo más que antes Edward. Y tú dices que no me tocaras de nuevo. Perfecto, es tu opinión. Pero yo hare que ruegues por estar conmigo. Te lo aseguro-

Lo vi tragar, nerviosos. Pero algo me decía que mis palabras le habían gustado. Esbozo una levísima sonrisa antes de contestarme

- No te tocaré de nuevo Bella- dijo seguro- Y es mi última palabra-

Eso era perfecto. Justo lo que quería escuchar. Le sonreí. Esta noche la iba a recordar toda su vida.

Me acerque de golpe, haciendo que se asustara un poco. Reí muy cerca de él y pase mis manos por su cabello, desordenándolo a propósito. Me encantaba verlo así, desordenado. Sabía que si intentaba tocarlo, el me quitaría las manos y lo impediría, asi que haría algo con ello.

Lo bese, sin previo aviso, haciéndolo gemir. Como sospeché, sus manos se apoderaron de mis brazos, tratando de alejarme. Pero utilizando todo mi arsenal de seducción, lo bese más profundamente, haciendo que sus piernas temblaran. Sus manos se aflojaron un poco, lo que aproveche para tomarlas y llevarlas hasta su espalda. El no noto que yo las cogía tras de él con una sola mano, y menos que buscaba algo con la mano libre en el bolsillo trasero de mi jean.

Solo lo vi mirarme impactado cuando oyó el click a sus espaldas y sintió el frio de las esposas puestas en sus muñecas. Hija de policía, aprende cosas de policía.

Trato de zafarse, pero lógicamente no pudo. Las esposas lo sujetaban firmemente de las muñecas, apresadas al respaldo de hierro de la silla. Bufó, molesto y se zarandeó, pero si seguía así solo conseguiría caerse. Camine hacia atrás, observándolo y reí, muy contenta. Esto se iba a poner muy pero muy bueno.

- Esto no es divertido – lo oí quejarse-

- Yo me estoy divirtiendo mucho, a decir verdad- le conteste

- Aun así no hare nada- me gruño, molesto

- Eso está por verse- le dije, admirándolo

Se veía muy sexy con su pelo revuelto y totalmente a mi merced. Le mostré la llave, y la guarde en un lugar seguro.

Me acerque a él lo suficiente como para que me viera. Pero no podría tocarme, aunque quisiera. Le sonreía mientras balanceaba mis caderas, y Edward mantenía su mirada fija en mí. Me di la vuelta y le di una muy buena vista de mi trasero, agachándome levemente. Lo oí gemir con angustia y pude ver que iba por buen camino. Lo miré desde mi posición, y le sonreí. Su cara de sufrimiento no tenia precio.

Moví mi trasero lentamente, justo frente a su cara y con lentitud me di la vuelta. Edward casi babeaba, pero trataba de no demostrarlo. Su erección se había disparado dentro de su pantalón y no había forma de que lo ocultara. Lo miré hambrienta. Esto iba a ser difícil para los dos.

- Te mostrare lo que te pierdes- le dije segura- y la única forma en que te suelte será cuando me ruegues por tomarme… y yo te crea.

Edward gimió ante mi comentario. Su mirada mostraba lo desesperado que ya se encontraba.

Me volví a alejar de él, esta vez, jugué con mi camisa, levantándola hasta dejarle ver mi vientre. Sus ojos seguían cada uno de mis movimientos, embrujado. No se oía más que su respiración en la sala. Cerré los ojos, imaginando que mis manos eran las de él. Estaba tan excitada, que un gemido se escapo de mis labios. Acaricie los botones de mi camisa, y repentinamente la abrí de golpe, desgarrándola y lanzando lo botones lejos. Mis pechos desnudos bailaron libres, y sentí la quemante mirada de Edward en mí. Abrí los ojos, y vi la negra mirada de Edward, pegada en mis senos. Apreté mis pezones, pellizcándolos y acaricie toda su forma. Edward jadeaba en la silla, revolviéndose incómodo. Saco su lengua y relamió sus labios, mientras su boca quedaba entreabierta, mirándome acariciarme.

- Edward- gemí mientras aferraba mis senos con fuerza- Hum, Edward, te deseo tanto…

- Tócate preciosa, tócate para mi-

Esa voz enronquecida era la que yo quería escuchar. Lo miré y le sonreí, mientras sus ojos ni siquiera parpadeaban para no perderse nada de mi espectáculo. Me excité bajo su ardiente mirada. Y deslicé mis manos por mis costados, acariciando mi vientre y mis caderas. Aferré el botón de mi jeans, y hice amago de abrirlo, pero antes mire a Edward. La erección de su pantalón parecía dolerle, pero su boca seguía entreabierta y me miraba.

- Hazlo pequeña… no sabes cómo deseo verte…

Seguí obediente sus peticiones, abriendo el cierre de mi pantalón y bajándomelo hasta las rodillas. Edward jadeó con fuerza. Se remeció en la silla y cerró los ojos con fuerza. Pero no se mantuvo ni un minuto así hasta que volvió a abrirlos.

Terminé de quitarme el pantalón, lanzándolo lejos con un pie. Quede desnuda ante él, y deslicé una de mis manos entre mis piernas. Como sospeché, estaba empapada.

- Dios- gemí al poder tocarme

- Bella… no … Oh, por favor…

Abrí mis piernas y acaricié mi sexo. Estaba caliente y húmedo, y mis dedos se deslizaron con facilidad. Me quede mirando fijamente a Edward mientras lo hacía. Su mirada lujuriosa me excitaba a más no poder. El pantalón de Edward mostraba una mancha húmeda evidente. Decidí torturarlo un poco más.

Me acerque a él, dando unos pasos cortos. Edward jadeaba con fuerza, y lo vi forcejear contra sus amarras. No era buena idea, pues terminaría dañado. Bueno, nadie le estaba diciendo que forcejeara.

Quedé tan cerca de él que si sacaba la lengua, hubiese podido lamerme. Edward aspiró con fuerza, y volvió a jadear.

- Bella, puedo olerte desde aquí… ¡mierda! No sabes lo caliente que me pones…

- Lo sé amor… pero no quiero que solo me huelas… quiero que me pruebes…

Dicho esto, metí mis dedos en mi sexo, sacándolos mojados. Acerque mis dedos a Edward, quien de inmediato los atrapó en su boca, mirándome con lascivia mientras succionaba. Creí que tendría un orgasmo allí mismo. La lengua de Edward se enroscaba en mis dedos, limpiándolos y absorbiendo hasta la última gota de mi humedad

- Bella… sabes tan bien… quiero saborearte… comerte…

Sonreí. Me estaba tentando, pero no era eso lo que quería escuchar. Lo deseaba loco. Frenético. Y faltaba para eso.

Me arrodillé frente a él y me apoderé del cierre de su pantalón. Estaba húmedo y caliente. Edward jadeo, echando hacia atrás su cabeza. Sonreí mientras abrí con extrema lentitud su bragueta, haciéndolo sufrir con deliberación. Bajé sus boxers y su pantalón todo junto. Su erección salto ante mí, húmeda y roja, endurecida al máximo. Mis ojos brillaron de la necesidad. Deseaba ponerla en mi boca, pero no lo hice. Solo la deje libre y me puse de pie.

- Bruja- lo escuche decirme- ¡No puedes hacerme esto…!

Sonreí. Lo quería así, enfurecido y malvado.

Me recosté en frente suyo, en la mullida alfombra. Abrí mis piernas al máximo, y me deleite en ver como su erección saltaba en ansias y se humedecía por mi . Acaricié el vello de mi sexo, y sentí los jadeos descontrolados de Edward. Lo hacía con tal fuerza que podía sentir como removía el piso con sus estremecimientos.

- Bella, estás tan mojada… mierda… quiero penetrarte, hasta que no puedas caminar… ¡maldita mujer endemoniada!

- Si… quiero sentirte aquí… - dije, mientras introducía uno de mis dedos en mi cavidad. Se sentía tan bien que agregue otro más…

- Bella… tu cuerpo… es una poesía… tan hermosa… tan perfecta… ¡Te deseo!

- Hummm – solo pude decir, enfebrecida por mis propias caricias

- Recuerda cuando te tuve así… abierta… y mi miembro se enterraba en tu cuerpo suave… Estabas estrecha y me apretabas tanto que apenas y soporte cuando me introduje en ti…

- ¡Edward!- gemí desesperada por sus palabras

- Bella… Dios, quiero tenerte… quiero sentirte… ¡no me hagas esto!

Seguí bombeando e introduje un tercer dedo. Mi otro brazo subió hasta mis pechos y los pellizque con furia. Levante la vista y observe el miembro de Edward, totalmente mojado y palpitante. Edward tenía el rostro descompuesto, al punto de la locura o el éxtasis. No sabía bien. Su pecho bajaba y subía hiperventilando y veía como sus piernas temblaban presa del más furiosos deseo. Estaba muy sudado. Sus manos jalaban con furia detrás de la silla.

- ¡Te hare mía de una forma tan salvaje que te olvidaras de tu nombre! Tú me estas buscando Bella… y te aseguro que me vas a encontrar…- me grito

- Eso quiero… que me destroces… que me dejes sin aliento…

- Quiero esa boquita sucia tuya para poner mi miembro en ella… y que te tragues hasta la última gota de mi semen…

Grité golpeada por un feroz orgasmo. Edward jadeo con fuerza, mirándome extasiado. Gimió conmigo en cada una de mis olas de placer. Mi cuerpo convulsionó, y mis piernas cayeron cansadas, mientras seguía acariciando mis pechos con suavidad.

- No se que eres… - murmuró Edward- No sé qué haces conmigo… jamás en mi vida había deseado tanto a una mujer…

- Solo soy Bella Edward- le dije, aun acariciándome- Soy tu Bella

- Mi Bella- repitió el, embobado

Me arrodillé de nuevo y respire en frente de su miembro. Edward gimió con fuerza y volvió a removerse en la silla.

No lo toque, solo me quede así, muy cerca. Sentía su aroma llenado mi mente. Era tanto o más grande de lo que recordaba. Era exquisito. Lo quería dentro de mí de nuevo. Con urgencia.

- ¿Te gusta? – oí que preguntaba Edward, con voz temblorosa

- Si- dije yo, simplemente.

- Lo tendrás de nuevo. Solo para ti pequeña- dijo en medio de jadeos

- Lo sé. Tu ya eres mío-

Edward no contesto. Lo oía jadear con fuerza, como si estuviese sufriendo. Lo mire, dudosa.

- Tócame- rogo- por favor tócame…. Solo una vez-

Lo mire, sin saber si debía o no. No estaba segura si era buena idea obedecerlo, aunque en realidad quería hacerlo.

Me puse de pie y me di la vuelta. Removí mi trasero en frente de él una vez más, mientras sus gemidos se elevaban de tono. Acercaba mi trasero a su miembro y luego lo alejaba. Edward gemía en frustración

- ¡Qué malvada eres…! no me hagas esto… te deseo como un loco… por favor…

- No- dije yo mirándolo- Ya sabes lo que debes hacer

Edward no dijo nada, pero siguió gimiendo. Trataba inútilmente de alcanzarme con su miembro, pero no podía acceder a mí. Mi humedad comenzó a correr por mis piernas de nuevo, anticipando.

- Bella… tu también lo deseas… no me tortures mas, vamos… acércate solo un poco mas-

Mi trasero estaba tan cerca, que podía sentir el calor de su miembro llamándome. Estuve a punto de ceder, pero no lo hice. Edward jadeó y me miró suplicante. Su miembro estaba muy rojo y se le pegaba al vello del vientre, mojándolo. Quizás solo un pequeño beso…

Me acerque a él, hambrienta. Me apreté los pechos frente a su rostro y los aplasté en su cara. Edward gimió extasiado y sentí su lengua recorriendo mi piel, mordiendo mis pezones, con furia. El dolor se apoderó de mi cuerpo y el placer me golpeó como nunca. Me quejé sonoramente y lo aferré del cabello, mientras solo podía ver su cabeza, moviéndose entre mis senos.

Se separo un momento de mí para respirar. Me alejé en cuanto lo hizo. Me miro con deseo en la mirada y le volví a sonreír.

Edward jadeaba desesperado.

- Bella… no sé qué es esto… pero yo creo que… estoy a punto de…

Y lo hice. Me arrodillé frente a él y su miembro quedó frente a mi rostro. Nunca creí que podría ocurrir algo como lo que sucedió. Pero lo hizo.

Mis labios se acercaron al endurecido miembro de Edward y lo besé. Apenas la punta. Y eso fue todo.

Edward gimió tan fuerte, que casi me asustó. Retrocedí un poco, por instinto más que nada y pude ver, en primera fila, como Edward alcanzaba su orgasmo con solo haberlo rozado. El blanco liquido salto lejos, con fuerza, cayendo sobre su pecho, sus piernas y el resto de su ropa. Y no era poco, era bastante. Por largos dos minutos el pene de Edward estuvo estremeciéndose y escurriendo semen, hasta que no quedo más que una solitaria gota en la punta. Su miembro quedo semi erecto, algo de lado y goteando. Se me antojó terriblemente, pero no hice nada. Edward permanecía con la cabeza hacia atrás y los ojos muy cerrados. Respiraba con fuerza. Menos mal que lo hacía, porque por un momento pensé que le había dado un ataque o algo.

El levanto la cabeza con pereza y abrió sus verdes ojos. Me miró algo avergonzado, y me sonrió de lado.

- No creo que eso pase todos los días-

Reí por su comentario. El también rió conmigo. No se movía mucho en la silla, pero me acerque a él y lo besé en los labios. Se tensó en seguida ante mi contacto y luego de un par de segundos, me devolvió el beso con toda la ansiedad contenida. Su lengua casi arranco la mía, furiosa, y mordió mis labios varias veces, como queriendo impedir que me alejara. No lo haría, de todas formas.

- Bella… te deseo más que a mi vida… tú eres lo único que deseo tocar por el resto de mi existencia. Te ruego por lo que mas quieras que me dejes amarte. Tócame, hazme lo que desees… soy todo tuyo. Para siempre. Eres lo que tanto he esperado. Eres ella. La mujer de mi vida. La única. La mejor. Por favor…déjame demostrarte lo que te estoy diciendo. Déjame quererte. Realmente te lo estoy rogando… y yo jamás he rogado a nadie-

Sentí que mi corazón se derretía de golpe. Una mezcla de deseo y emoción desbordaron mi pecho. Busqué la llave de las esposas, ansiosa y me di la vuelta para deshacer la prisión de sus manos. Las esposas cayeron al suelo, con un sonido seco. Por algún motivo, retrocedí hasta que choque contra la fría pared, expectante.

Edward se puso de pie, con cuidada lentitud. Se masajeó las muñecas y pude ver con asombro como tenía heridas que sangraban. Se me abrió la boca de la impresión. Debió tirar mucho de su amarre. Estúpido.

De todas formas, no parecía quejarse de dolor alguno. Dio una patada a sus pantalones y quedo desnudo para abajo. Luego, se quito la camisa con lentitud, y se limpio el pecho y el resto del cuerpo que estaba aun húmedo. Edward estaba desnudo ante mí, de nuevo muy erecto.

Entonces, me miró. El silencio fue absoluto por unos eternos segundos.

De alguna forma, estuvo frente a mí en menos de un segundo. Juro que casi no lo vi venir. Me estampó con tal fuerza contra la pared que la casa entera debió estremecerse. Gemí con descontrol. Los labios de Edward devoraron los míos, mientras sus manos me tocaban en tantas partes a la vez, que no estaba segura si tenía dos manos o cuatro. Se aferró a mis pechos con devoción, y sus labios bajaron a mis glúteos, levantándome y volviendo a apoyarme contra la pared, con furia.

Entro en mí de un solo golpe, y ambos gritamos a la vez. El placer era increíble.

La sensación del miembro de Edward en mi, era demasiado inexplicable. Me llenaba, tanto en cuerpo como en alma, como si fuese lo que me faltara para estar completa. Edward arremetió en mí con fuerza, remeciendo los muros de tal manera, que los adornos que estaban en el mueble de pared cayeron a nuestros pies, rompiéndose. A ninguno de los dos nos importo mucho. Jadeé en su boca, robando su aliento. Edward gemía y gemía, apretando mis glúteos con sus largos dedos. Lo mordí con furia en el cuello y lo sentí estremecerse.

- Bella…. Bella- jadeo entrecortadamente.

- ¡Edward!- grite, sobrepasada.

Un orgasmo devastador me remeció, mientras Edward mordía mis pechos enrojecidos. No me dio tregua alguna. Me beso nuevamente, y me puso con los pies sobre el suelo, solo para llevarme contra otra pared y estamparme de nuevo, esta vez de espaldas a él. Mas cosas cayeron de los muebles, volviendo la casa un campo de batalla.

Volvió a entrar en mí, con fuerza. Grité, superada por tanto placer.

Edward abrió mis piernas con la suyas, y se acomodó a mi altura. Me tomo por las caderas, entrando en mí en toda su longitud. Lo hacía rápidamente, haciendo chocar su pelvis contra mi trasero, con tal fuerza, que era lo único que se oía, además de nuestros gemidos. Como si la vida se le fuera en ello. Acercó sus labios a mi cuello y deslizó su lengua por él, de arriba abajo, haciéndome marearme de puro gozo.

- Eres el regalo más dulce que me ha dado la vida… mi Bella… mi locura-

- Edward…

Fue todo lo que pude decir. El orgasmo volvió a tomarme, esta vez, casi por sorpresa. Aprisioné el miembro de Edward, a causa de mis convulsiones, lanzándolo al abismo a él, de paso. Sentí como descargaba su semen en mi interior, llenándome de su calidez, jadeando, mientras su pecho sudado se resbalaba sobre mi espalda. Nuestros cuerpos irradiaban calor.

Me volteó y quede frente a él. Volvió a besarme, con un poco mas de calma esta vez. Pero la calma en el caso de Edward, duraba muy poco.

Me movió y vi que su intención era llevarme a la habitación. Me hizo retroceder, mientras me besaba, pero tropecé a mitad de camino y caí sobre la alfombra. El cayó sobre mí, pero no me aplastó. Se me quedo mirando y supe que no llegaríamos al cuarto.

Me vi reflejada en sus profundos ojos verdes. Temblé ante su mirada, profunda y deseosa. Parecía que podía perderme para siempre en esos ojos.

- Que hermosa eres – murmuro sin dejar de mirarme- la cosa más hermosa que estos ojos han visto…

Me besó con suavidad en los labios y luego descendió por mi cuello. Gemí, deseando más de Edward. Siempre más. Sus labios siguieron bajando, trazando un camino de besos por mi pecho. Me comencé a estremecer, cuando su lengua salió de su boca, deslizándose por la suave curva de mis pechos dispuestos. Mis pezones se endurecieron al contacto, y mis manos se fueron instintivamente a su cabello, tirando de él. Edward siguió en su faena, bajando peligrosamente por mi cuerpo, sus manos acariciando mi piel hasta el último rincón. Mi cuerpo completo respondía a sus caricias, erizándose ante su toque.

Y luego, volvió a ser él.

Mordió la curva que hacía mi cadera y grité ahogadamente, mezcla de dolor y deseo. Sus manos apretaron con fuerza mis pechos, tomando posesión de mi cuerpo, mientras su lengua zigzagueaba por mis muslos, enviándome olas de placer increíbles. Quería que me devorara o que hiciera de mi lo que quisiera. Era suya. Su esclava.

Se deslizó entre mis piernas, abriéndolas para poder posicionarse, una vez más. Sentí su aliento cálido sobre mi piel y de pronto, sus ojos volvieron a toparse con los míos.

No dejó de mirarme nunca, ni aun cuando me penetró, con furia, como solo él podía hacerlo. Mi cuerpo se curvó por el placer otorgado, amoldándose al suyo, como un engrane perfecto, que hacia girar la maquinaria de nuestras propias vidas.

Gemí mareada en éxtasis, mientras Edward entraba y salía de mí, con ritmo frenético. Su boca estaba entreabierta, mostrando la punta tímida de su lengua, sus jugosos labios rojos me llamaban y yo obedecía, besando y mordiendo con ímpetu arrebatador. Subió mis piernas sobre sus hombros, haciendo así que la penetración fuese más profunda. Volví a respirar con fuerza, y esta vez se me unió en el coro de gemidos. Me aferré de pronto a lo que tuve a mano, y moví demasiado la alfombra, haciendo que se cayeran otras tantas cosas al suelo, desde una pequeña mesa lateral. Ambos nos quejábamos a la vez, sintiéndonos por completo. El orgasmo fue potente, y me hizo gritar de placer como nunca.

Edward se aferró de mis tobillos, levantándose un poco, como si quisiera observar su obra. Suspiró, pero no me pareció que estuviese cansado. Solo me estaba esperando a mí.

Me alzó entre sus brazos y esta vez si me llevó a la cama. Por el camino a la habitación, hizo algo más de desastre, al enredarse con una silla caída y patearla lejos, lo que destrozó unos de los jarrones decorativos. Ni siquiera se inmutó.

Me dejó caer en la cama, y se me quedo mirando, como si fuese algo maravilloso. Sonrió torcido y creo que los colores se me subieron al rostro.

- No sé cómo voy a hacer para detenerme- murmuro dejándose caer a mi costado y aferrándome a él con uno de sus brazos- no puedo dejar de tocarte… eres como una droga… intoxicante y adictiva…

- No dejes de hacerlo entonces- murmure, abrazándolo

- No pienso hacerlo de todas formas… tu ahora, eres mía-

Me tomo posesivo, y rodó en la cama, hasta dejarme sobre él. Me jaló por el cabello y me acercó a su boca, obligándome a besarlo. No necesitaba hacerlo, yo me moría por sus labios, de todas formas. Pero me gustaba su forma agresiva, y gemí sobre su piel. Sentí como se le erizaba la piel de la nuca, y me sentí poderosa, con ganas de hacerlo sentir más y más… tanto como él a mí.

Lo bese en el pecho, deleitándome de la forma suave y firme de su cuerpo. Parecía hecho para mí.

Baje de golpe hasta alcanzar su entrepierna, que ya estaba más que lista y dispuesta para mis caricias.

- Bella- lo oí gemir, cuando detectó mis intenciones

- Shhhh- lo hice callar, mientras mi boca se apoderaba de su cálido y duro miembro.

- Dios, como soñé con esto- susurro, tembloroso.

Introduje su miembro en mi boca, todo lo que pude, no pudiendo abarcar más que la mitad de él. Era largo y grande, y por más que me esforcé, no conseguí tenerlo todo en mi boca. Lo aferré desde la base con mi mano, y comencé a succionar, metiéndolo y sacándolo de mi boca, mientras daba algunas mordidas a su punta, lo que lo hizo gemir con descontrol.

Pronto sus manos bajaron hasta mi cabello, empujándome hasta su sexo, haciéndome tragarlo mucho más de lo que creí posible. Gemí, sintiendo que me tocaba hasta la garganta, mientras sus caderas tomaban vida propias, embistiendo en mi boca. Su sabor era enloquecedor.

- Así, preciosa… amo tu dulce boca… que cálida eres, tan suave… ahhh-

Sentí un furioso golpe de lujuria al sentirme penetrada tan firmemente por la boca. Me aferré a sus caderas, enterrando mis uñas en su piel, ganándome algunos gritos desacompasados. Pronto lo sentí temblar, mientras su sexo entraba y salía de mi boca con suma rapidez, indicándome que sui orgasmo estaba cerca.

- Bella… No… yo… -

No pudo seguir hablando, porque di un último mordisco en su punta, lanzándolo al orgasmo con tal violencia, que casi me sentí ahogada con su descarga. La calidez de su emisión llenó mi boca, y devoré todo lo que él me entregaba, ansiosa y sedienta.

Su miembro aun erguido salió de mi boca, y pase mi lengua por mis labios, mientras Edward me miraba sin creérselo.

- ¿Quién eres tú?- dijo con una leve sonrisa, jalándome hacia arriba

- ¿Quién crees tú?- le devolví la pregunta

Quedó en silencio un momento, pensando, mientras sus manos dibujaban círculos en mi piel.

- Tú eres mi complemento. Eres como yo. Es como el día y la noche- murmuró

- ¿Diferentes?- pregunte

- No- dijo él, sonriéndome… más bien, complementarios. No existe el día sin la noche, ni el calor sin el frío. Tú eres mi otra mitad. Sin ti no funcionaba. Ahora sé que estoy completo, porque te tengo a ti. Ahora soy feliz

- ¿Te me estas declarando?- jugueteé, acariciando los vellos de su pecho.

Una risa suave escapo de sus labios.

- ¿Quieres un declaración?- murmuro mirándome

Reí despacio

- Creo que ya lo has hecho- dije

- Si- admitió el- creo que mi cuerpo se declaro antes que mis labios-

- El mío también- dije yo, acurrucándome a el

- Si, aunque el tuyo estuvo un poco obligado- dijo frunciendo el ceño- al menos la primera vez

- No- dije- solo necesitaba el empujón

- Eres increíble- murmuro, besando mi caballo

Lo mire hacia arriba y besé sus labios, despacio.

- Mmmm-murmuro- No empieces, Bella…

- Quiero empezar- le dije, acariciando sus piernas con las mías-

- Eres mi perdición, ¿lo sabes verdad?

Lo bese, por toda respuesta. El devolvió mi beso, mientras sus manos bajaban por mis muslos, aferrando mi trasero.

- Podría estar haciendo esto hasta el amanecer- dijo él, oliendo mi cabello

- ¿Estás ciego? ya es el amanecer. Nos hemos pasado la noche muy ocupados-

- No he notado el amanecer. Creo que me han robado algunas horas. Las noches deberían ser más largas-dijo, perdido entre mis pechos

- Mmmm- dije yo, por toda respuesta

Edward abrió la boca, y capturó uno de mis pezones, mordiéndolo con suavidad. Deslizó la lengua por mi pecho, saboreándolo y su otra mano comenzó a viajar hasta mi entrepierna, tanteando mi calidez y mi humedad.

- Mas Edward, mas- gemí desesperada

- Todo lo que quieras preciosa… soy todo tuyo, eternamente….-

Me apretó entre sus brazos, abrazándome tembloroso. Sus ojos me miraron, como tratando de leer mi alma. Lo bese, mareada de felicidad, y enterré mis uñas en su espalda, ganándome otro gemido en mi cuello.

- Me gusta que me trates mal- murmuro en mi cuello

- Eso lo he oído antes- le dije, enterrando más mis uñas, hasta que casi me dolieron los dedos.

Me levanté sobre mis brazos y salté sobre su cuerpo. Ahora me tocaba a mí.

Me subí sobre él y busqué su miembro, enterrándome al momento. Comencé a moverme, con fuerza. Edward se aferró de mis caderas y se mordió los labios, haciéndome estremecer al verlo. Su cabello alborotado caía sobre unos de sus ojos, otorgándole un aire tan sexy que llegaba a dolerme. Comencé a balancearme furiosa sobre él, cabalgándolo como la mejor de las vaqueras. Edward cerró los ojos, lanzando suspiros ahogados. Me volvía loca su rostro, contraído en placer, sus labios rojos, hinchados de tantos besos y todo lo que fuera suyo. Mi Edward.

La cama comenzó a removerse peligrosamente, rechinado como nunca por nuestras locas embestidas. Edward ayudaba, levantando sus caderas cada vez que yo bajaba, chocándonos y haciéndome gemir como una desesperada. El respaldo de la cama comenzó a golpear con fuerza contra la pared, remeciendo una vez más, la casa completa. Varios cuadros se cayeron de las paredes, estrellándose en el suelo. Comencé a temblar, sintiendo cerca el orgasmo, una vez más. De pronto, Edward tomo el control y me dio la vuelta de alguna forma, quedando sobre mí. Y comenzó a embestirme con locura, mirándome con los ojos salvajes, oscurecidos y la mandíbula apretada. La cama se remecía peligrosamente y Edward se tensó, jadeando. Nuestras pieles sudadas resbalaban entre sí, y sentí una vez más el calor en mi vientre, anunciándome el desenlace. Mi orgasmo me golpeó una vez más, fulminante, erizando toda mi piel.

Edward gritó y dio unas últimas furiosas estocadas, en un orgasmo tan arrollador como el mío, remeciendo la cama a tal punto, que cayó sonoramente sobre uno de sus lados, con un crujido sordo. Mierda. En todo nuestro arrebato habíamos roto la maldita cama.

Edward cayó sobre mí, riendo, pero yo estaba demasiado agotada como para reír. Aun así lancé un par de risas estúpidas, mientras Edward me abrazaba y me atraía a su lado.

- ¿Agotada?- pregunto él, alzando una ceja

- Solo un poco – mentí-

Sonrió de lado y deslizo sus dedos por mi piel, haciéndome estremecer. No había forma en que me cansara de este hombre.

- Pues mala suerte para ti. No te dejare dormir todavía pequeña… tú te metiste en esto… ahora… debes afrontarlo.

Acalló mis protestas con un beso. Creo que perdí un poco el conocimiento para la sexta vez que lo hicimos.

Desperté varias horas más tarde, cegada por el sol que entraba entre las cortinas. No sabía qué hora era, pero estaba segura de que debía ser muy tarde. Trate de moverme, pero un brazo me tenia firmemente sujeta de la cintura y no me dejaba moverme. Me volví para ver a un muy sonriente Edward, dormido a mi lado. Era increíble, pero parecía que era más hermoso aun dormido. Sus muñecas tenían muchas marcas, dejadas por las esposas que le había puesto la noche anterior. Su cuerpo tenía muchas mordidas, hechas por mí, y también noté que mis dedos estaban marcados sobre su piel en varios puntos. No recordaba haberlo apretado tan fuerte como para eso. Yo debía estar peor, pues cuando me moví, sentí que me dolía hasta el último pelo de mi cabello. Sonreí a pesar de eso, recordando entre los recuerdos de la pasión desbordada, sus hermosas palabras "Eres ella. La mujer de mi vida. La única…"

Trate de recordar que tenía que volver a casa, pero para esta hora, ya habrían notado mi ausencia. Con suerte las chicas cubrirían mi escape, como yo lo había hecho con ellas antes, innumerables veces.

Me acurruque en contra de Edward, quien suspiró y abrió un ojo, mirándome. De inmediato sonrió y me abrazo con fuerza.

- Hola tu – dijo perezoso-

- Hola tu – respondí, sonriendo

Edward acaricio mi cabello y suspiró. Se veía relajado y tranquilo, no como el día anterior. Me gustaba verlos así.

- Voy a ratificar algo- dijo él, mirándome

- ¿Qué cosa?- pregunte yo, intrigada

- Si me quiero declarar- me dijo, rodando hasta quedar sobre mí.

Sonreí.

- Isabella Swan… estoy enamorado de ti. Y no hay retorno sobre esto. Lo siento, pero es la verdad. Te amo, con todo mi corazón.

- No lo sientas- murmure, al borde de las lagrimas, y acariciando su rostro. - Yo también te amo. Desde mucho antes que tú te dieras cuenta

- He sido un ciego y testarudo horrible- dijo besando mis manos- ¿Me perdonaras eso?

- Solo si me besas- le dije, abrazándolo

Me beso con cuidado, como nuca lo había hecho. Era diferente, pero también se sintió bien.

- Se siente bien estar por el camino correcto- me dijo entre besos- Aunque este amor haya comenzado un poco enfermo.

- Te habías tardado mucho en darte cuenta- respondí

- Lo sé. Estaba aterrorizado de haberte hecho daño y que me odiaras. No soportaría eso- murmuro, besándome.

- Te dije que no me habías hecho daño- dije yo- Estamos hechos el uno para el otro-

- Si, tienes razón. Nada existe solo en este planeta. Todo viene en pares. Así es que… tú eres mi par. Mi otra mitad malvada y pervertida – rio.

Reímos abrazados. Esto era tan bueno y tan perfecto, que debí pensar que algo empañaría mi felicidad. Nada tan genial podía durar tanto. A mí siempre me pasaba eso.

Fuimos interrumpidos de la peor forma por un horrible ruido y unos gritos. Edward se sentó en la cama y me abrazó, protectoramente. Mi infierno estaba solo por comenzar.

Por la puerta del dormitorio emergieron muchas personas, pero solo tres me llamaron la atención poderosamente. Armado con un rifle y con los ojos negros de furia, estaba mi padre, Charlie y a sus costados la traición: Rosalie y Alice.

Edward me cubrió con la sábana, y me puso tras de sí, mientras enfrentaba a mi padre. Charlie estaba desencajado en ira y furia. Se le escapaba por los ojos.

- ¡Suelta a mi hija degenerado!- grito Charlie, apuntando a Edward.

Me pare de un salto aferrando la sábana a mi cuerpo, delante de Edward, interponiéndome entre él y el arma. Nadie le iba a hacer daño a mi hombre.

- ¡Vete de aquí Charlie, esto no es de tu incumbencia!- le grite

Pero las cosas estaban planeadas en forma maliciosa. De alguna forma, Alice y Rosalie me tomaron y me arrastraron lejos de Edward, mientras yo chillaba impotente.

- ¡Suéltenme malditas perras traidoras…! ¡no se atrevan a tocarme!-

Edward salto hacia mí, dispuesto a defenderme, pero un feroz culatazo del arma de Charlie en la nuca dejó Edward fuera de combate, gimiendo en el suelo.

- ¡Maldito hijo de puta, Cullen! Como fuiste capaz- gruño Charlie, al borde del colapso por indignación- Te vas a secar en la cárcel, te lo garantizo-

- ¡No! – chille yo desesperada, tratando de zafarme del agarre de las muy malditas, inútilmente- ¡Déjalo, no le hagas daño… no te atrevas a separarme de él…!-

- Llévensela de aquí- mascullo Charlie, sin mirarme-

Grite desesperada, estirando mis brazos hacia Edward. Lo último que pude ver fueron sus ojos verdes anegados en lágrimas, y su mano estirada hacia mí, queriendo alcanzarme.

- ¡Bella! – escuche que grito

Luego, todo fue silencio.


Vaya, esto se complico un poco. Veremos que hace Edward para el proximo capitulo... U.U... este es el capitulo mas largo que he escrito nunca... son 22 paginas de Word...! espero que haya sido de su agrado. Que creen que hara Edward? tendran algo que ver sus hermanos? Hum... yo tambien me lo pregunto... gracias por su lindos comentarios...

Mordiscos!