Como siempre, los personajes no son mios, son de Meyer...:)


CAPITULO IX

Edward POV


"Cálmate Edward, cálmate" me repetía como una oración, constantemente. Estaba seguro de que si daba más vueltas en mi habitación, terminaría por hacer un agujero al suelo. Era ya la hora del crepúsculo, pero debía esperar hasta el anochecer. El refugio de las sombras. Todo para poder acceder al sagrado regalo de los dioses que resultaba ser mi Bella… el dolor diario de mi corazón, el delirio de mis noches. Mi amor.

Gruñí como un orate, pues aunque resultara ridículo ya estaba listo para ir a ella casi dos horas antes de que anocheciera. Quizás estaba excediéndome en la anticipación, pero no podía evitarlo. Era como saber que irías a probar tu próxima dosis de droga. Estimulante. Deseable y muy adictivo. Por ende, excesivamente peligroso…

Me aferraba el cabello sumido en la peor de mis angustias, sin saber si la hora era apropiada o si el momento había llegado. Yo solo quería verla. Y por primera vez en mi vida, no quería tirármela ni nada. Solo verla, oírla, sentirla, saber que estaba bien. Nada más.

Otee el aire de la noche como un sabueso, esperando cualquier señal que me obligara a decidirme. No llegaba la señal, de todas maneras. La casa de Bella tenía la mayor parte de las luces encendidas, pero la única luz que me importaba estaba apagada. No sabía si ella no estaba, o si estaba o si todo no era más que una trampa. De todas maneras, yo quería arriesgarme.

Cuando dieron eso de las doce, ya no pude más. Todavía estaba encendida una luz, pero me importo más bien poco. Salí de casa con el sigilo de una pantera y me deslicé entre las sombras, tomando la precaución de que la luz no me diera de lleno en ningún momento, para no delatarme. Me sentía bastante mal de estar haciendo todo esto, además, pensaba que esto no le cuadraba a mi edad. Era más bien una actitud de adolescente. Me reí de ello y seguí caminando. Para cuando llegue a casa de Bella, fácilmente habían pasado unos diez minutos y eso que estábamos uno frente al otro. Me carcomían los nervios casi tanto como las ansias. Me paré en frente de su ventana y me quede observando allí como un bobo alrededor de veinte minutos. Cada vez que creía que estaba listo para escabullirme al dormitorio de ella, algo sucedía que me lo impedía.

La primera vez fue un maldito automóvil, que por un momento creí que era Charlie, pero no fue así. La segunda vez pise a un jodido gato, que lanzo un maullido ronco que me hizo saltar, pero no me amedrentó lo suficiente. La tercera vez ya me encontraba bajo su ventana, casi temblando. Tome aire con profundidad, como si fuera a sumergirme y alcancé la ventana. Moví el marco tratando de abrirla, pero no cedía. Maldije un momento y luego volví a insistir, tratando de no meter demasiado ruido. Co un último crujido por fin la ventana se abrió, golpeándome con el aroma de ella, cuando metí mi cabeza por el negro agujero. Creí que me caería de espaldas, pero increíblemente me mantuve compuesto. Suspire y otee la oscuridad de la habitación, pero no logre distinguir nada. Me equilibraba peligrosamente en una de las tablas de la casa, así que decidí que era hora de entrar. Lo que tendría que ser, seria.

Di un salto sigiloso en el interior de la habitación, parpadeando para tratar de acomodar mi vista a la oscuridad que me rodeaba. Di un paso y me di de lleno con algún mueble que estaba allí. Maldije por lo bajo, me había dolido mucho. Era la desventaja de no conocer el terreno en donde estaba, así que me quede quieto, tratando de ver algo. Un minuto más tarde, lograba visualizar las sombras de algunas cosas y mis ojos la buscaron con desesperación. Por un momento, dude y creí que quizás me había metido en la habitación equivocada… ¡menudo desastre! No creí que a Charlie le gustara mucho que lo abrazara a mitad de la noche…

De pronto, sentí unos finos brazos atraparme por la espalda y supe en seguida quien era. El corazón se me desboco en dos segundos, y se me escapo un gemido un poco comprometedor, pero no importaba demasiado. Estar entre sus brazos, era todo que deseaba en esta vida.

Me di la vuelta y por puro instinto busque sus labios.

Y los encontré.

Cuando mi piel rozo con la suya, estaba seguro de que el tiempo se detuvo de nuevo por algunos segundos. Sentí el temblor de su boca, y abrí la mía, siempre dispuesta a calmar cualquier deseo que ella le expresara. Atrape sus labios entre mis dientes, dándole una pequeña mordida antes de deslizar mi lengua entre ellos y exigir su respuesta.

Ella entreabrió sus labios y nos enredamos, devorándonos en silencio.

EL beso fue furioso y lo único que se podía oír eran los suspiros contenidos de ambos. Quería decirle tantas cosas, pero era imposible despegarme de su boca. La acerque a mí y pude comprobar con delirio, que ella no estaba más que con ropa interior. Si me quería matar, este era un buen camino.

Deslicé mis dedos por su espalda, sin dejar de besarla, sintiendo que mis sentidos estaban alterados por la falta de visión. La sentía exudando deseo, casi tanto como yo. Cada caricia despertaba un poco más el monstruo interno que pugnaba por salir y tomarla en forma desesperada. Pero no podía permitirme perder la razón en este caso. Tenía que mantener mi mente fría y no dejarme llevar… demasiado.

Sentí como Bella se apretaba contra mi cuerpo y sus manos subían por mi espalda y llegaban a mi cabello, jalándolo con firmeza. Un escalofrío recorrió mi espalda y luche un momento por separarme de ella. Tenía que hacer bien las cosas esta vez.

La separe de mí casi con dolor. Mire sus ojos, que brillaban en la oscuridad. Su tibio aliente acaricio mi rostro, mientras trataba de recuperar el control de mi mismo. Mis manos temblaban, mientras mi boca buscaba las palabras adecuadas.

- Yo- murmuré casi con un hilo de voz- No puedo hacer esto… aquí-

- Si puedes- susurro ella, posando sus labios en mi garganta, haciéndome cerrar los ojos a causa del vértigo de su contacto

- No- gemí miserablemente, tratando de atrapar la milésima de cordura que aún me quedaba

La separe una vez más de mí e inhale el perfume de su piel, extasiado.

- Tu sabes cómo soy yo- le dije, roncamente- soy desastroso, demasiado rudo, y no pudo quedarme en silencio- la oí reír ante estas palabras- Así que… no puedo hacerlo, a menos que estas ansiosa por verme morir-

Bella tomo mi mano y me condujo hasta su cama, en donde se sentó. Dudoso, tome asiento a una considerable distancia de ella, ganándome una sonrisa. Suspire, esto iba a ser demasiado difícil, pero lo importante es que al menos estaba con ella.

- ¿Estás bien?- preguntó ella, apoyando su mano en mi mejilla

Sabía a lo que se refería.

- Si - dije yo- Pero me estuve muriendo de preocupación por ti… lo importante es saber si tu estas bien, ¿No te ha hecho daño… o…?

Me dolió incluso imaginarme que ella hubiese estado pasándola mal. Era extrañísimo, sobre todo considerando que la única persona que le había hecho daño realmente, era yo. Por más que ella lo negara, yo era el único dañino en todo esto. Pero además de eso, era muy egoísta. No podía quedarme sin ella, aunque supiera que era lo más correcto. Simplemente, no podía.

- Estoy bien - murmuro ella y pude ver brillar su sonrisa en la oscuridad

- Me alegro - murmure, aliviado.

Ella volvió a acercarse a mí, y mi cuerpo entro en tensión. Ella lo pudo notar aun en la oscuridad.

- Sé lo que te pasa- dijo ella, muy cerca de mi boca- tienes miedo de que no seas capaz de hacer el amor conmigo en silencio. Calmadamente. Crees que dejaremos un desastre como la última vez… ¿es eso?

La mire, preguntándome si ella era demasiado inteligente o yo sería demasiado obvio.

- Si - dije, asombrándome de lo temblorosa que sonó mi voz- recuerda que aunque tú digas que me quieras y que te gusta como soy, aun así no soy muy normal para… bueno… eso-

Bella volvió a reír, y esto ya comenzaba a irritarme. No le veía el lado divertido, por más que lo buscara.

- No te enfades- dijo ella, demostrando lo bien que me conocía- Se lo que temes y no es que me burle. Pero es extraño que actúes y hables así después de todo lo que sé que eres capaz de hacer. Además, tu temor es muy tonto. Claro que puedes hacer esto. Yo te enseñare como.

La mire extrañado. ¿Qué tramaba? ¿Drogarme? No se me ocurría otra forma de quedarme tranquilo teniéndola tan cerca.

- No creo que sea posible- murmure, tomando su mano y depositando un beso en su palma- No existe forma en que yo no me vuelva un loco cuando se trata de sexo…

- ¿Al menos lo has intentado?- preguntó ella

Pensé un momento antes de contestar. En realidad, no conocía otra forma de tener sexo que no fuera así, violentamente, con rudeza. Eso era porque me dejaba dominar por mis instintos en forma ciega, y no existía una ocasión en que hubiese estado tranquilo o sereno al hacerlo. Siempre parecía estar desesperado. Así que… no, no había intentado algo así.

- No- murmuré al final, sabiendo lo que me diría después de eso.

- ¿Entonces como sabes que no puedes?- preguntó, lógicamente

Gruñí a toda respuesta. No creía que fuese momento para probar si era o no capaz en esta situación. Era muy peligroso.

- ¿Por qué no puedo solo… abrazarte y dormirme a tu lado?- pregunte, temeroso

- ¿En realidad quieres eso?

Mierda. No. No quería eso, pero no se trataba solo de mí, se trataba también de ella. No quería meterla en más problemas de los que ya estaba.

- No… pero Bella…-

No me dejo hablar y me acerco a ella. Me dio un tierno beso en los labios y antes de que pudiera responder a su beso, me tumbo con firmeza en la cama, de espaldas. Ella llevaba la ventaja, pues yo ni siquiera sabía en donde estaba parado. Con suerte sabia donde estaba la ventana.

- Haremos esto. Lo he pensado. Sé que te va a sonar extraño, pero tienes que confiar en mí. Creo saber porque te comportas tan eufórico, y quiero comprobar mi teoría. Si todo resulta bien, me estarás muy agradecido al final. Así podremos estar juntos ahora... y todas las veces que queramos-

Me quede callado, sin saber que otra protesta lanzar, porque mi mente estaba tan entumecida por su aroma y su presencia que no le quedaban neuronas disponibles para coordinar palabras. Me limite a asentir estúpidamente, sin saber siquiera si me veía hacer esto. De todas formas ya estaba hasta el cuello… y vaya que si quería que resultara, sea lo que sea que estuviese planeando.

Ella rio despacio y la sentí levantarse de la cama. Mi mente embotada solo me hacia seguirla en la oscuridad, pensando en lo que haría para conseguir dejarme quieto. La oí remover algunas cosas y oí como se escurría algo de algún mueble, cayéndose al suelo y causando un ruido fuerte. Mi respiración se atoro y abrí los ojos horrorizado. Comencé a medir la distancia entre el punto en donde estaba y la ventana, analizando si me haría mucho daño al lanzarme de cabeza…

- Lo siento- murmuro ella, de nuevo a mi lado, aunque no parecía alterada.

- Te pueden oír- gruñí yo, molesto- Si Charlie viene y me descubre…- me lleve las manos a mi sexo involuntariamente. No quería perder nada allí abajo.

- Charlie no vendrá. Esta durmiendo como una roca. Confía en mí. Tengo algo de ayuda en esto… pero por ahora, tu solo quédate quieto y cierra los ojos.

- ¿Qué...?-

No alcance a decir más, porque de pronto tenía sus labios sobre los míos de nuevo, callando mis quejas. Mi cuerpo se estremeció y comencé a responderle ansioso, sintiendo como su dulce lengua acariciaba mis labios. Debo haber estado muy perdido en el beso, porque apenas si note cuando elevo mis brazos sobre mi cabeza y comenzó a… ¿atarlos?

- Bella- gruñí- tratando de hablar

- Shhhhh- dijo ella, mientras pasaba mis manos entre las amarras y la cabecera de la cama.

La deje hacer, aunque no entendía que esto pudiese ayudar. La última vez que me ató, en la silla, casi echamos la casa abajo cuando me soltó. Eso no podía ser una buena idea.

- Bella- dije una vez más, pero fui acallado por un nuevo beso. Ella se puso en pie para verificar que estuviese bien amarrado. Luego, se acerco a mí, y deslizo con suavidad una venda sobre mis ojos. Ok, esto no me lo esperaba.

- Ya no veo sin la luz encendida, no creo que esto sea necesario - dije

- Pero yo si quiero verte-

Moví la cabeza, poco convencido. Luego sentí como sus manos me quitaban los pantalones, y gemí ante su contacto. El no verla, ni poder tocarla, solo lo hacía peor. La oí maldecir luego de haberme quitado todo de la cintura para abajo.

- Olvidé quitarte la camisa primero- dijo ella- Ahora no podre quitártela.

Yo reí. Ese era un pequeño detalle.

- Rómpela- dije de pronto, excitándome con toda la situación.

- ¿En serio? Es muy bonita…

- Bueno, si no quieres, déjala puesta-

Sentí los pasos de Bella alrededor de la cama y de pronto sentí su peso en ella y como se deslizaba sobre mí. Jadee al sentirla, y mi miembro palpitó por la sensación. Sentí como abría los botones de mi camisa y acariciaba mi pecho, deslizando las uñas sobre mi estomago y haciéndome tragar en seco. De pronto y con una fuerza que no me esperaba, desgarró la camisa de los costados, para luego seguir con los brazos. Gemí despacio, pues la sensación era agradable. Luego de esta sesión, sentí que me quitaba los restos de la camisa y ahora estaba completamente desnudo.

- Esto hay que verlo- lo oí decir, mientras sus pies se alejaban de la cama.

Escuche el sonido del interruptor de la luz y percibí una leve claridad.

Bella lanzo un gemido que mi miembro registró en seguida. Sentí que mi dureza crecía, al saberme observado. Luego, todo quedo silencioso y necesité saber donde se encontraba.

- ¿Bella?- pregunte, sin saber de dónde vendría su voz

- Eres perfecto- oí su voz, más cerca de lo que pensaba, cerca de mi cuello

- Eso es porque tú no te has visto bien- conteste yo-

Bella se deslizo sobre mí una vez más y pude notar que ya no traía la ropa interior puesta. Entreabrí los labios, y los humedecí, expectante. No sabía lo que tramaba, pero estaba ansioso de comprobarlo.

- Escúchame Edward, estas son las reglas. No intentes soltarte, porque solo conseguirás dañarte y hacer ruido. Relájate. Tampoco te muevas demasiado, quiero que me dejes hacer las cosas, sin apresurarlas. Y quiero que me digas exactamente lo que deseas que te haga, cada cosa que pase por tu mente yo la hare. No te desesperes, y limítate a sentirme. Si no me ves y no puedes tocarme, creo que no será tan fuerte el golpe de lujuria y quizá así, puedas tratar de hacerme el amor normalmente. Si todo sale bien, te soltare. ¿Estás de acuerdo conmigo?

Moví la cabeza, asintiendo. No sabía si esto resultaría, pero quería de todo corazón que así fuera. Si en realidad el problema era que yo me entregaba demasiado a mis sentidos, quizás esto si ayudara. Levante levemente las caderas buscando su roce. Ella me dio un pequeño golpe en el pecho, regañándome.

- Quieto Edward o no te hare nada-

Me quede muy quieto. Dejaría que ella diera el primer paso.

- Muy bien Edward. Ahora dime. ¿Qué quieres que haga primero?

Me estremecí ante sus palabras, pues mi mente me dio un millón de ideas distintas, todas igual de excitantes. Pero pensé que lo mejor sería evadirme un poco de mi propio deseo y hacer algo que nos gustara mucho a los dos. Recordé algo que no había hecho desde la primera vez que estuve con ella y mi sexo palpitó, ansioso.

- Quiero probarte- dijo yo, casi en un susurro

- ¿Qué es lo que quieres probar Edward?- pregunto ella, con voz sedosa

- Mmm…. A ti, quiero… tu sexo en mi boca… por favor- gemí

Sentí hundirse la cama con sus movimientos y de pronto, pude oler a la perfección el aroma dulzón de su excitación. Levante mis labios ansiosos, tratando de alcanzarla, pues sentía su calor y sabía que estaba muy cerca. Una de sus piernas se deslizo con cuidado al costado de mi rostro y saque la lengua, en busca de lo que deseaba. Bella gimió, y de pronto, pude sentirla sobre mí. Mi boca se abrió y pude tener en mis labios una vez más, el inigualable sabor de Bella. Su esencia. El sexo de Bella estaba sobre mí, y ella tenía sus piernas abiertas, justo sobre mi cara. Levante la cabeza y enterré mi lengua en el, saboreando la humedad que allí había. Gemí al comprobar lo excitada que ella estaba, mi lengua recorrió sus pliegues, saboreando todo a su paso. Estuve a punto de tener allí mismo mi orgasmo, tenía los músculos completamente tensos. Jadeé un poco sobrepasado, pero me obligué a tomarlo con calma. Así fue que atrape su clítoris con mis dientes, cuidadosamente y succione con firmeza. Podía sentir como el cuerpo de Bella se estremecía, y que luchaba por mantenerse recta, pues su posición vacilaba de vez en cuando.

Me empeñé en este punto y lamí con devoción, devorando con placer su sexo por completo. Volví a deslizar mi lengua, esta vez de arriba a abajo, recorriendo toda su longitud. Bella luchaba por no gemir, y oía sus quejidos ahogados, que solo me excitaban más. Sentí que mi pene se humedecía, goteando en pura anticipación.

Introduje mi lengua en su interior, sintiéndola muy caliente y la curvé, buscando su punto de placer. Cuando se le escapo un pequeño grito, supe que lo había conseguido. Unos segundos después, pude sentir como Bella temblaba como una hoja y casi se derrumbaba sobre mí, pero se mantuvo en su sitio, permitiéndome lamer con lentitud su palpitante clítoris, extendiendo gloriosamente su orgasmo. Ahogo sus gemidos lo mas que pudo, pero de todas maneras pude oírla. Lamí la humedad que surgía de ella, deleitándome en su sabor. Mientras las caderas de Bella seguían delicadamente mi ritmo. Suspire cuando la sentí alejarse.

- No- me queje, al no sentir su peso sobre mi

- Shhhh- me calló ella y su voz sonó enronquecida - solo dime qué quieres ahora. Esto es para los dos.

Relamí mis labios, pensando sin duda que volvería a pedir esto después. Pero por ahora, estaba demasiado caliente y necesitaba con urgencia algo de atención…

- Quiero que tu dulce boca rodee mi pene. Ve allá y comete todo lo que tengo- gruñí

Percibí que se puso de pie, pero luego no oí otro sonido. Moví mi cabeza, tratando de captar algún sonido, pero no percibí nada. Era frustrante pero excitante a la vez no saber qué ocurría.

Espere pacientemente y justo cuando menos lo esperaba, sentí la calidez de su lengua en mi vientre, descendiendo y luego volviendo a subir, Suspire, agitado y mordí mis labios, mientras evitaba que se me escapara un gemido. Aspire aire y retuve la respiración. Y entonces, su boca me trago por completo y temblé de pies a cabeza. Solté el aire retenido de golpe, gimiendo por lo bajo, sin creerme en lo sublime de la sensación. La boca de Bella me rodeaba por completo, pero no conseguía sentir ningún otro punto de su cuerpo. Solo sus labios.

Apreté los dientes mientras Bella me tragaba una y otra vez, subiendo y bajando con ritmo constante. Mis piernas entraron en tensión y mis manos tiraron de las amarras en forma inconsciente. Bella noto esto y se detuvo de pronto. Comprendí la indirecta y deje de luchar, suspirando y tratando de relajarme. Bella siguió con su faena, esta vez incorporando sus manos, atrapando mis testículos y acariciando mi vientre. Sus labios apretaron mi miembro, succionando con fuerza, mientras sus dientes rozaban cuidadosamente mi extensión, entrando y saliendo de su boca a un ritmo cada vez más rápido. Abrí la boca, aspirando aire en bocanadas desesperadas, mientras sentía como mi vientre se apretaba y el placer se hacia insoportable.

Bella gimió, y la sentí deslizar su lengua por la punta, aprisionando mi pene de la base y dándole lamidas cortas. Mi mente quedo en blanco cuando volvió a introducírselo por completo en la boca, y mis caderas se arquearon involuntariamente. Ahogué de muy mala forma un grito y sentí como el orgasmo me golpeaba, furioso, mientras mi descarga llenaba la boca de Bella, quien tragaba con devoción, como si se tratase de algún helado delicioso. Si tenía que morir, por favor, que fuese justo ahora. Estaba en el cielo.

Bella se aferro a mis piernas, ya que estas temblaban demasiado. Deposito un beso en mi vientre y suspiro sobre mí, mientras yo dejaba caer mi cabeza sobre la almohada, sin creerme la sensación que había experimentado. Al menos todavía no me volvía loco y eso era buena señal.

Ella subió y se recostó sobre mí, y me volvieron los deseos furiosos de poder tocarla… o al menos verla. Quería amarla.

- Bella- gemí

- ¿Qué es lo que quieres amor?- pregunto ella, depositando suaves besos en mi cuello

- Mmmm- murmure, extasiado- Yo… quiero tenerte entre mis brazos-

- No todavía. Sé bueno-

Gruñí, dispuesto a quejarme, pero mi boca se abrió de asombro cuando sentí con claridad su sexo húmedo justo sobre el mío. Mi erección volvió furiosa e inmediata. Un estremecimiento me recorrió la espina dorsal, y levante las caderas un poco, probando suerte. La sentí lanzar un leve gemido y supe que era lo que quería.

- Quiero estar dentro de ti…- gemí- Ahora-

Ella no se movió de su sitio y comenzó a moverse levemente, mientras mojaba mi miembro con su humedad. La desee más que nunca, y gruñí, ansioso.

- Déjame sentirte, estas tan mojada y caliente…-

No hubo contestación, pero sentí como se alzaba un poco hasta dejar mi sexo justo en su entrada. Abrí mis labios, esperando el momento con ansias. Bella deslizo la punta de mi pene por sus pliegues, restregando su clítoris con mi glande, produciéndonos estremecimientos a ambos a la vez. Levante las caderas, ansioso.

Sentí como Bella comenzó a descender despacio, enterrándose con tal lentitud que mi garganta se seco por mis excesivos jadeos. Y entonces, descendió de golpe y se enterró hasta la raíz, y tuvo que ponerme una mano en la boca, porque casi se me escapa un gemido desgarrador.

- Shhhh- me dijo, y yo apenas y podía con las sensaciones.

Bella se movía sobre mí con lentitud y firmeza, enterrándose completamente. Jadee y sus labios acallaran mis gemidos, mientras lo único que se oía era el chocar rítmico de nuestros sexos empapados. Bella movió su lengua dentro de mi boca y su calor me erizo los vellos de la nuca. Devolví el beso con lujuria, mordiendo sus labios sin dañarla. Era increíble, pero a pesar de todo lo que sentía, no me estaba volviendo loco. Solo estaba inmerso en Bella y su cuerpo, sus piernas , sus ojos… todo de ella.

Ella siguió moviéndose sobre mí, saliendo y dejándose caer, mientras mi cuello dolía por el exceso de tensión. Estaba caliente y húmeda y su sexo me apretaba haciéndome delirar. No quería que todo terminara tan rápido.

- Quiero tu sexo en mi boca otra vez... ¡ya!

Mi orden tuvo efecto inmediato y Bella se sentó sobre mi cara una vez más, dejándome su sexo justo donde lo quería. Saboree su cavidad como un hambriento, mordiendo con suavidad sus pliegues hinchados y mi lengua rodeo su clítoris, que palpitaba en mi boca, haciendo gemir a Bella con desesperación. Enterré mi lengua en su cavidad una y otra vez, bebiendo la humedad que ya corría por sus piernas. Estaba eufórico. Bella me atrapo del cabello y enterró mi cabeza en su sexo con desesperación, a la vez que llegaba a un nuevo orgasmo. No estaba ni cerca de dejarla tranquila.

- Arriba de mí, ahora… no te demores, déjame sentirte…

Sentí un gemido leve de protesta, pero volvió a sentarse sobre mí y la busque tanteando hasta que mi pene se deslizo de nuevo en su ya muy mojada cavidad. Ambos gemimos a la vez, pero esta vez, Bella se quedo quieta. Yo comencé la levantar las caderas, tratando de enterrarme lo más posible en ella, y pronto siguió mi ritmo, levantándose un poco para permitirme llevar mejor el movimiento y darme un mejor acceso. Mi miembro endurecido se enterraba en ella con firmeza, pero sin el empeño salvaje de otras ocasiones. Jadeé y sentí como mi cuerpo se mojaba, bañado en sudor, al aproximarse de nuevo mi orgasmo. Y entonces, me desesperé.

Tiré de las amarras, haciendo crujir la cama, y Bella se recostó sobre mí, tratando de calmarme. No podía dejar de embestirla y gruñía, desesperado.

- Edward- me dijo, tratando de callarme

- Dios- gemí, al límite de la angustia. Quería amarla… como un loco

- ¡No… nos oirán!- murmuro Bella, pero aun así no cesamos de movernos

Apreté los dientes y jadee. No debía descontrolarme.

- Bell… gemí- yo voy a … ohhhh-

Me tensé por completo. Si no hacia algo ahora, iba a romper la cama o mis manos. Lo que resistiera menos.

- Muérdeme- gemí al límite- hazlo, pero hazlo fuerte-

- ¿Qué?- pregunto ella, sin comprender

- Bella… ahora… ¡ya!- rugí, al borde del colapso- ¡Muérdeme!

Bella se acerco a mi cuello y sentí sus dientes hundiéndose en mi piel. Pude sentir la fuerza de su mordida y la desesperación se mezclo con el placer y el dolor, en una forma delirante. Sentí espasmos incontrolables y el temblor de Bella sobre mí. Su sexo me aprisionó, presa del orgasmo que estaba sintiendo y yo sentí que mi mundo quedaba de cabeza. Me estremecí por completo y de pronto, me quede muy quieto. Mi mente estaba segura de una sola cosa. Amaba a Bella. Con toda mi alma. Suspire. Mi corazón era lo único que escuchaba latiendo con fuerza. Bella se quedo muy quieta también.

- Suéltame- dije con voz serena, pero firme

- ¿Seguro?-pregunto Bella, algo insegura

- Nunca he estado más seguro- respondí

Bella corto mis amarras y yo baje mis brazos, acariciando mis muñecas. Me quite la venda de los ojos yo mismo y parpadee antes la luz de la habitación. Bella estaba a mi lado, más hermosa que nunca y le sonreí. La atrape entre mis brazos, y la abrace con fuerza.

- ¿Estás bien?- pregunto ella, algo sofocada por mi efusividad- Quizás te mordí demasiado fuerte -

- Nunca he estado mejor - le corte.

Tomé a Bella con delicadeza y la puse sobre la cama, mientras ordenaba su cabello.

- Te amo- dije mirándola con profundidad a los ojos – Y nada, escúchame bien, nada me va a separar de ti. Eres mi alma, mi corazón y mi vida. Si te alejan de mi, estaré muerto, o peor que muerto. Estaré incompleto.

No la deje contestarme, porque ahora, se trataba de ella. Se trataba de lo que debí hacer desde un principio. Amarla, adorarla y entregarle solo lo mejor de mí.

Me posicioné sobre ella y entreabrí sus piernas, mientras deslicé mis dedos por su hendidura, acariciándola. Bella abrió los ojos y luego los cerró, dejándose llevar por la sensación. Toqué con suavidad su entrada e introduje un dedo, causando que se estremeciera. Siempre húmeda para mí. Subí una de sus piernas hasta mi hombro, mientras ella me miraba confusa.

- Edward… ¿qué…?

Esta vez, fui yo la que no la dejo hablar. La besé, acariciando con mi beso su boca, mientras me deslizaba en su interior una vez más. Nunca podría cansarme de su cuerpo, ni de sus caricias ni mucho menos de sus gemidos dulces.

Estaba muy lejos de querer tener sexo con Bella. Lo que yo quería esta vez, era hacerle el amor, y que sintiera en este acto, todo lo que sentía por ella. Me quede allí, sintiéndola, mientras mis caderas comenzaban un suave vaivén, que nos estremeció a los dos. Esto era sublime, y no podía entender como no lo había hecho antes.

Acaricié las piernas de Bella, y deposite besos dulces en cada lugar de piel que mis ojos vieron, sintiéndome regocijado en el placer que le entregaba.

Bella se arqueo bajo mí, yo aumenté un poco el ritmo de mis estocadas, admirando el brillo de sus ojos, perdiéndome en su belleza.

- Edward- gimió ella, aferrándose a mi espalda

- Bella… mi amor- susurre, besando su labios entreabiertos

- Te amo… Edward-

Aspiré el perfume de su cabello y gemí, sintiendo mi cuerpo estremecerse. Entrar en ella era como una poesía, su claro me arrebataba el alma y me hacia quedar sin aliento. Levante la otra pierna de Bella, cambiando el ángulo de mi entrada, haciendo que se comenzara a quejar más y más rápido cada vez.

Mi boca bajo a sus pechos, deslizando mi lengua sobre sus cimas endurecidas, que se movían rítmicamente cada vez que entraba en ella. Abrí mi boca, buscando la suya, y ella devolvió el beso con dulzura, llenándome de un placer desconocido para mí. Sus manos ascendieron desde mi espalda hasta mi cabello, enredando sus dedos y haciéndome gemir una vez más.

- ¡Dios, me gusta como lo haces… tu pene tan duro…! - murmuró ella, haciendo que mis vellos se erizaran

- ¿Te gusta pequeña?- murmure, acariciando su piel con mis labios- es todo para ti…

- Mas fuerte, Edward… mas….-

Temblé ante su petición y apresure un poco mis embestidas, jadeando. Moría por hacer que tocara el cielo una vez más.

- Anda pequeña… quiero verte gozar , quiero saber que te gusta sentirme- gruñí

- Uhm, Edward, yo voy a… yo-

Bella se arqueó bajo de mí y yo levante mis caderas, enterrándome con profundidad y ganándome un nuevo orgasmo, el cual me arrebató la cordura. Sentí como mi propio orgasmo llegaba a la vez, poderoso y me aferré sus piernas, temblando, mientras sentía los espasmos arrebatadores del sexo de Bella, succionarme la vida. Gemí lo más despacio que pude, recordando donde estaba. Bajé sus piernas con delicadeza y me recosté a su lado, acariciando su cabello y mirando su rostro sonrojado.

- ¿Creo que pudiste hacerlo, verdad? – pregunto ella

Reí con alegría verdadera cuando lo pregunto.

- Claro que sí. Ahora sé cuál era el problema. No era nada más que necesidad de hacer sentir a alguien. Yo siempre busqué mi placer. Pero contigo, solo quería ver como disfrutabas . Y eso me calmó. Solo me importa que seas feliz pequeña mía, nada más.

- Soy feliz contigo- dijo Bella, abrazándome

- Sabes que no te dejare-

Bella rio, con suavidad, y sentí como mi corazón se expandía dentro de mi pecho. Estaba en el paroxismo de la felicidad.

- ¿Edward, puedo pedirte una cosa?- dijo Bella, mirándome.

Me pregunte que se estaría fraguando en esa cabecita loca. Sus ojos no me indicaban más que alguna locura.

- Claro, lo que sea amor, solo dime- respondí

- Mmmmm… ¿podemos hacer el amor… pero también tener sexo salvaje de vez en cuando?

Reí de buena gana con su petición. Mi Bella estaba tan loca como yo.

- Claro que si amor. Te prometo una gran variedad- respondí, dándole un beso en el cabello

Ella sonrió también, y se apretó a mi pecho. Nada podía ser más perfecto.

Descansamos un momento, mientras mis ojos se perdían en la ventana, observando la noche. Mi mente divagaba sobre las diferentes formas en las que enfrentar los problemas que teníamos... quizás si nos casáramos… Mire a Bella y a su pequeña nariz arrugarse mientras dormía. Sonreí y la cubrí un poco con la sábanas. Se veía increíblemente dulce dormida. Lástima que nuestra historia hubiese sido al revés. Se suponía que uno partía siendo dulce y terminaba siendo un canalla. Bueno, yo partí siendo un canalla…

De pronto, la puerta de la habitación de Bella se abrió de golpe, y di un salto, asustado, pero no alcance a hacer nada en absoluto. Un par de ojos nos miraban con odio contendido. Mis ojos se posaron en esa mirada, una que yo había visto antes. Mi boca se abrió de asombro y apreté a Bella más contra m mi cuerpo, quien ya casi se despertaba, abriendo apenas los ojos por la interrupción.

Y entonces, recordé donde había visto esos ojos antes. No podía ser.

- ¡Tú!- gemí yo, sin creérmelo. Esa persona no podía estar de pie allí, en la entrada de la habitación de Bella. No podía ser.

- Vaya, vaya… ¿de nuevo en tus andanzas, Edward?- preguntó con sarcasmo

El mundo se mi vino encima.


Solo una pregunta... ¿quien sera la persona que llego? si le aciertan, aunque creo que no sera facil, les dedico el proximo capitulo... gracias por todo y como siempre... mordiscos!