Los personajes son de Meyer, a mi no me pertenecen... :), salvo la retorcida historia.
CAPITULO X
BELLA POV
Me sentía casi en las nubes. Relajada, feliz como nunca y envuelta en el intenso perfume mortal que era el cuerpo de Edward. Nada podía ser mejor que esta sensación, mientras sus manos reorganizaban en una tarea imposible mis cabellos y acariciaban la piel de mi espalda, que aun dormida respondía a su roce.
Podía oír el rítmico golpeteo de su corazón en mi oído, y esa era suficiente música para mí. El bamboleo suave de su pecho, respirando y el calor que me envolvía eran mi sinónimo de felicidad. No deseaba nada más. Excepto quizás un poco de silencio.
El rumor de una conversación lejana me zumbaba en el oído. No distinguía frases coherentes, pero estaba segura de que oía el tono suave de la voz de Edward unas decimas más altas de lo normal. Fruncí el ceño en sueños, percibiendo algo desagradable. Había otro murmullo en mi oído. Uno más bajo, y mas amenazante. No sabía de quien era la voz, pero si sabía que me era familiar. Gemí y me acomodé entre sus brazos, sintiendo como me apretaban más a él todavía, aprisionando mi rostro contra su pecho. Eso me gusto, pero el rítmico sonido de su corazón se elevó hasta convertirse en un repiqueteo constante y acelerado. Algo no estaba bien.
Luché contra el cansancio y removí mis ojos, tratando de volver al mundo lúcido, con mi mayor esfuerzo. Las manos de Edward acariciaron mi cabello delicadamente, devolviéndome rápidamente al mundo de los sueños. Ni siquiera pude moverme más de nuevo. El cansancio me tenía atrapada. Casi podía jurar que los murmullos descendieron, pero ahora el tono amenazante provenía de Edward. Sus músculos entraron en tensión, y su corazón volvió a acelerarse un momento, para luego retomar su suave ritmo. Se oyó algún sonido que no identifique y luego todo volvió a quedar en silencio. Mi sueño se volvió repentinamente oscuro, sin luces ni sonidos, y me vi envuelta solo en la negrura de la inconsciencia. No supe más de nada, ni de murmullos ni de palabras. Solo un silencio constante reino en mi cabeza, llevándome mas allá de la conciencia y regalándome un mundo de paz. Quizás debí quedarme en ese mundo. Quizás no debí despertar. Pero el destino aparentemente me tenía reservado otros planes.
EDWARD POV
Esos ojos. No entendí como no los reconocí antes, si estaban allí mismo y no los vi. Quizás era porque no me habían mirado con odio, ese mismo odio que había visto varios años antes y ahora volvía a verlos allí, atenazándome. Mis ojos no daban crédito a quien estaba en esa puerta, la última persona que pensé en que me encontraría, estaba en la puerta de la habitación de Bella. ¿Qué mierda hacia aquí?
- ¡Tú! - le sisee con un dejo de asombro en mi voz-
- Vaya, vaya… ¿de nuevo en tus andanzas Edward? – me preguntó con sarcasmo, con el mismo tono que yo había oído tantas veces. Que ciego había sido
- Rosalie- escupí su nombre, como quien lo hace con algún líquido amargo y ponzoñoso.
- ¿Tú no pierdes tiempo verdad?- dijo ella, acercándose a nosotros y sonriendo-
- ¿Qué mierda quieres?- le pregunte, tratando de conservar el tono de mi voz, para no despertar a Bella, que se movía entre mis brazos, amenazando con despertar en cualquier momento. No estaba de ánimo de entrar en conversaciones triviales con ella. La conocía demasiado bien como para eso.
- ¿Y no me saludaras primero Eddy? – pregunto, cruzándose de brazos y dando una concienzuda mirada a cuerpo de Bella semidesnudo, acomodado contra el mío.
La mire sin contestarle, no iba a caer en su mierda. No de nuevo.
- ¿Tú sabes que ahora mismo puedo ir y decirle a Charlie que estas tirándose a su hija en sus propias narices verdad? – me pregunto, sonriendo.
- ¿Ganarías algo con eso?- le pregunte molesto, sintiendo como la furia corría por mis venas - Porque a decir verdad en este momento lo único que me interesa saber es que demonios estás haciendo con mi hermano, si los dos sabemos muy bien que no lo amas ¿o me equivoco?
El rostro de Rosalie esbozó una sonrisa, y se arregló el cabello por sobre el hombro para hablarme
- Tienes razón, es obvio que no lo amo. Pero necesitaba mi coartada, ¿verdad?
- Eres una maldita- le murmure, aferrando a Bella a mi cuerpo-
- ¿Y tú? ¿Qué es lo que tú eres? ¿No podías resistirte a la tentación de ella, verdad? Me gruño con verdadera furia. ¿No podías simplemente dejarlo pasar y no ponerle tus manos encima?
La mire, tratando de tener algún argumento valido para rebatir sobre ese punto, pero no era posible. Ella tenía razón.
- No pude hacerlo – gruñí- Yo… la amo-
La suave risa de Rose lleno la habitación, haciendo que la rabia bullera de nuevo en mi organismo.
- Por favor, tú jamás podrías amar a nadie. Nunca. Yo te conozco. ¿Lo olvidas?
- No – gruñí yo, furioso- Y tú tampoco olvides que yo también te conozco.
Mi mente voló hacia atrás en el tiempo, cuando estaba en la clínica. Rose. Tan enferma como yo, pero de algo… diferente. En ese entonces se veía solo como una dulce e inocente chica, pero descubrí que no lo era para nada. Era manipuladora y mil veces más malvada que yo. Ella disfrutaba con lo que hacía, mientras yo lo sufría. Ella se aprovecho de mi debilidad para hacerme su títere. Ambos hicimos juntos mucho daño… solo que yo nunca quise hacerlo. Y no es que sea muy inocente. No lo era. No los soy y nunca lo fui. Pero jamás, y digo, jamás me podría sentir bien haciendo daño a propósito a la gente… Rose no pensaba lo mismo. Siempre me arrepentí de todo aquello… hasta que finalmente al darme el alta pude huir de ella y de toda la locura de ese sitio, que en vez de sanar no hacía más que enfermarme cada vez mas… pero no pensé que volvería a encontrármela. Menos aun de esta forma…
Nos quedamos mirando fijamente por algunos momentos. Ella estaba furiosa. Lo veía en sus ojos, que brillaban mientras me veía acariciar la piel de Bella. Celos. Hervía de ellos, pero yo nunca, jamás me imaginé que…
- Dejaras a Bella- me dijo amenazadoramente- Lo harás
- Estás loca- le gruñí, acariciando el cabello de ella, que trataba de alzar la cabeza.
- Si no haces lo que te pido y la dejas, ella se enterara de todo. Y recuerda que tengo pruebas para incriminarte
- Tú estás tan metida en aquello tanto como yo, Rosalie. No sacas nada con hacer eso. Te incriminarás-
- Si, puede ser que sea tan culpable como tú… ¿pero a quién crees que le creerán? ¿Al pervertido que maltrata a las mujeres o a mí, una linda y perfecta chica? ¿tú qué crees? Puedo decir que tú me obligaste…
- ¿Tu perfecta? Por favor, no eres más que una….- gruñí, acorralado
- Yo también te quiero tesoro… - me contesto, burlona- Así que ya lo sabes. Invéntate algo, déjala, engáñala, miéntele... no me interesa la forma, pero aléjate de ella. No vuelvas a ponerle un dedo encima. Disfruta tus últimos minutos con ella, porque no la verás más. No intentes ponerme a prueba. Ya sabes cómo soy.
Y dicho esto se alejo con una sonrisa, tal como había llegado, cerrando la puerta con cuidado y dejando antes de salir un manojo de llaves sobre uno de los muebles.
Apreté la mandíbula con furia, rechinando los dientes en un sentimiento devastador de pura impotencia. Era increíble que entre todas las personas, fuese justamente ella la que estuviese cerca de Bella. Su amiga, ni más ni menos. Pero yo sabía muy bien que Rosalie jamás podría ser verdaderamente amiga de Bella.
Recordé con tristeza los hechos que me llevaron a unirme a Rosalie, de alguna manera. Yo estaba interno en la clínica, para tratar mi supuesto problema mental, y fue allí que la conocí. Ella también tenía un problema, uno muy particular. Pero nunca imagine que pudiese haber alguien realmente peor que yo… alguien...realmente malo. Y esa persona, era Rosalie.
Me desvié de mis pensamientos al sentir la suave mano de Bella acariciando mi pecho, haciéndeme estremecer en un gesto involuntario. La mire y ella ya estaba despierta, mirándome con sus enormes ojos. No pude evitar darle una sonrisa, aunque debo haber tenido una cara de espanto, ya que inmediatamente Bella noto que algo pasaba
- Que sucede?- me dijo, acariciando la arruga de mi frente
- Nada amor… ¿que podría suceder? – dije, aunque su rostro evidenciaba que no me creía nada
- Edward...- murmuro en tono de advertencia
- Está bien. Rosalie estuvo por aquí. Nada importante… solo que es algo venenosa… no me quiere cerca de ti…
- ¿Rosalie?- pegunto ella, sentándose en la cama de un salto-
- Tranquila- le dije ya se fué. Dejo algo sobre la mesa… creo que son llaves.
Ella miro hacia el sitio que le apuntaba y suspiro. La vi darse un golpe en la frente, como si de pronto recordara algo importante.
- Las llaves. Dios, cómo pude olvidarlo…. Yo le di ese juego de llaves. A ella y a Alice. Se suponía que podían entrar cuando quisieran por que eran mis amigas…. Yo… lo siento mucho Edward…
La vi hacer un puchero adorable y me reí de su consternación. Al final no era para tanto. Rose me hubiese encontrado de cualquier forma. Pero no podía decírselo… no ahora. No entendería… tendría que esperar un poco para aclarárselo.
- No te preocupes. Se fue finalmente ¿no? – le dije
- Si… pero temo que te haya dicho demasiadas pestes… ¿no la escuches ok? Ella puede ser muy apasionada con sus palabras….- murmuro Bella
Le sonreí mientras le acariciaba el cabello, tratando de desviar su atención a algunas materias menos retorcidas. Hablar de Rosalie me descomponía, realmente.
Cerré los ojos, admirando la suave claridad de la madrugada. Tenía que irme ya. Suspire ante la inminente despedida, y un frio me recorrió la espalda de pensar que Rosalie pudiese hacer realidad sus amenazas. ¿Sería realmente capaz de decírselo?
La respuesta me llegó automática a la mente, sin necesidad de pensarlo demasiado.
Si. Rosalie era capaz de eso y de mucho más.
Estaba tan perdido en mis pensamientos que no note en qué momento Bella se había deslizado bajo las sábanas y no fue sino hasta que sentí la suavidad de su boca en mi sexo que no note lo que hacía. Casi se me sale un gemido. Me tomo por sorpresa.
Levante las sábanas, mirando hacia abajo. No sé que pretendía realmente, pero lo que haya sido se vio vuelto polvo ante la visión de Bella haciendo desaparecer mi sexo en la dulce y roja prisión de sus labios. Los escalofríos me dominaron la espalda por completo.
- Bella – jadee demasiado hipnotizado por la visión como para dejar de mirar.
- Mmmmm – solo dijo ella, mientras introducía dentro de si cada vez más mi endurecido miembro, haciéndolo llegar casi hasta el fondo de su garganta. Esto era increíble.
Apreté mis puños, aferrando la sabana con más fuerza de la necesaria mientras mis caderas comenzaban a moverse instintivamente dándole cierto ritmo al ataque, y causándome cierto cosquilleo en la espalda y el vientre, que ya se me estaba haciendo familiar. Ya no era un martirio tener sexo. Ahora ya no tenía sexo. Ahora, yo hacía el amor.
La tome de los hombros, atrayéndola hacia mí, acallando sus quejas con un profundo beso, queme encendió casi tanto como sus atenciones orales.
Deslice mis manos entre sus piernas, abriéndolas y poniendo cada una a un lado de mi cuerpo, mientras la acomodaba de forma en que mi sexo quedó en su entrada, amenazando con hacerse paso dentro de ella de un momento a otro. Mi corazón latía furiosamente rápido y jadeaba en anticipación, mientras Bella me miraba con una inocencia increíble, mordiéndose el labio inferior.
La mire fijamente a los ojos mientras comencé a penetrarla, deleitándome en cada centímetro que conseguía arrebatarle. El calor en su interior me arrebató, parecía estar entrando al mismo infierno.
Mis ojos no perdieron contacto, mientras la veía entreabrir los labios cada vez que entraba un poco más en ella. Para cuando estuve por completo en su interior ella ya gemía con cadencia, con la boca abierta en una sensual expresión de pseudo asombro.
- ¡Ohhh Edward! - gimió despacio, pero lo suficiente como para que yo la oyera-
- Estoy dentro de ti- murmure con la voz pastosa, algo trastornada por el exceso de lujuria-
- Te siento… eres tan grande y tan duro…-
Fue suficiente para mí. Si seguía hablándome así, terminaría mucho antes de haber hecho nada.
La levanté y la deslice en mi erección, penetrándola con una suavidad que jamás creí que poseería. A decir verdad esto era peor que hacerlo a lo bestia. Esto era muchísimo más terrible… y requería mayor concentración.
Podía sentirla en cada centímetro de mi extensión. Mojada, suave y apretada. Gemí cuando ella se dejo caer con un poco mas de rudeza, enterrándose a sí misma hasta el fondo.
Bella comenzó a llevar al ritmo, suavemente primero, pero a media que pasaban los segundos fue adquiriendo cada vez mayor velocidad, hasta que llegó el momento en que la cama se estremecía visiblemente, y yo abría la boca en busca de oxigeno, esforzándome por no vaciarme de un momento a otro en su interior, por lo menos no todavía.
- Bella- gemí desesperado- Bella… más despacio- supliqué
- No- me dijo, mientras me lanzaba su mejor mirada de asesina, causándome un golpe nuevo de excitación.
Bella se aferró a mis hombros y levanto un poco mas las caderas, deslizando mi miembro hacia afuera. No preví lo que en realidad haría, pero jamás lo hubiese imaginado. Con un movimiento certero, pero suave, Bella cambio el ángulo de penetración y me hizo entrar de una sola vez por su culo. Creí que moriría. Gemí audiblemente.
Abrí la boca, sin poder articular palabra alguna. Bella se movía rítmicamente sombre mi tembloroso pene, estrujándolo con sus nalgas, mareándome de placer inimaginable. Si su sexo era el cielo, su culo era el paraíso.
Bella aumento las embestidas, y me deleité en la vista de su rostro, crispado por el placer, mientras yo entraba y salía de ella a una velocidad asombrosa. Mi mano viajo a su sexo, introduciendo dos dedos y asombrándome al notar lo mojada que estaba. Ella me lanzó una mirada lasciva.
Seguí introduciendo mis dedos, mientras Bella comenzó a temblar, y yo aumente el ritmo, apretando los dientes y rogando por que tuviese su orgasmo antes que yo. De pronto mis dedos se sintieron estrujados, con tal fuerza que casi no podía quitarlos de su interior. Eso fue todo para mí. La mezcla de sensaciones fue demasiada, y me derramé en su interior, llenándola una vez más, en incontrolables espasmos, mientras Bella se acercaba a mis labios y los devoraba con los suyos, enviándome una vez más al mismo cielo.
Quede allí tendido, tembloroso y sudando, con los ojos cerrados y mis manos crispadas sobre su cuerpo. Apenas y quería moverme, porque estaba seguro que me desarmaría o algo. Estaba oficialmente destruido. Nunca me había pasado esto. Jamás había tenido sexo tantas veces en una noche.
- ¿Qué sucede Cullen?- oí su voz de seda en mi oído- ¿Demasiado para ti?-
La mire divertido, pero frunciendo el ceño por su atrevimiento. ¿Con quién se creía que estaba hablando?
- Chica mala, nada mas espera a que pueda ponerme de pie- le gruñí, mientras la abrazaba por la cintura y la atraía hacia mi – Te estas comportando muy mal últimamente…
- Solo hago lo que he aprendido… - me contestó, mirándome de reojo, con aire pícaro.
- ¿De quién si se puede saber?- dije yo, sonriente
- De un vecino muy sexy que he conocido… y que además es un total pervertido…-
- ¿Pervertido? Pues suena entretenido ¿no crees?-
- Pues creo que solo esta alardeando… no creo que sea capaz de nada…- dijo ella, mirándome de reojo.
La silencié con un furioso beso, que me devolvió de buena gana, haciendo que mi corazón latiera con violencia dentro de mi pecho. La deseé de nuevo. Bella iba a hacer que muriera de calentura de un momento a otro. Si no me iba de su habitación en ese momento, terminaría por morir de cansancio, deshidratación o peor: atrapado por Charlie. En ese momento no estaba preparado para morir de una sobredosis de plomo, si me entienden. Descansamos en silencio, acariciándonos sin decir palabra. Nos transmitíamos todo con solo mirarnos.
- Debo irme amor- murmure, mirándola a los profundos ojos chocolate
- No quiero que te vayas- me dijo haciendo un puchero y aferrándose a mi cuerpo desnudo
- Tengo que hacerlo… no es que en realidad lo desee- gemí, acariciándola
- Quiero que antes de irte me des un beso – me dijo - por favor…
No tuvo que pedírmelo dos veces. Sus labios estaban hechos para pecar. Los mordí con suavidad e introduje mi lengua en su boca, con lentitud, pero sus movimientos me hacían perder la cordura con suma facilidad. No supe de qué forma estuve de nuevo sobre ella, restregándome sobre su sexo, mientras nuestras respiraciones se hacían pesadas y solo se oía el latir frenético de nuestros corazones.
- Bella- alcance a gemir, con debilidad
Pero era evidente que ella no pensaba dejarme escapar con facilidad. Alzo sus caderas de forma que nuestros sexos chocaron y perdí la cordura por enésima vez en esa noche.
Entre en ella de una sola vez, deleitándome en su humedad, atrapando su boca con la mía para evitar que gimiera y aferrando sus brazos sobre su cabeza. Sabía que el tiempo nos apremiaba, pero no quise dejar de disfrutarla. Mire de reojo por la ventana y vi que el sol ya estaba por salir. La volví a mirar a los ojos y me perdí en ellos.
- Edward- gimió mi nombre, con una dulzura que solo podía provenir del amor. La mire, ebrio de adoración.
- Te amo Bella. Nunca olvides eso. Tú eres lo único hermoso en toda mi vida. Lo único que realmente me ha importado-
Y dicho esto, la penetré con fuerza, ahogando sus gemidos una vez más. Las manos de Bella se deshicieron de mi agarre y me rasguñaron la espalda con furia, dándome una extraña mezcla de dolor y placer. La sentí temblar bajo de mi cuerpo, y el calor de su sexo me anunció que su orgasmo se avecinaba. Gruñí al sentir que llegaba mi hora también, a la vez que ambos gemíamos el uno en la boca del otro y el amanecer que entraba por la ventana, pintaba nuestros temblorosos cuerpos, del suave brillo de la aurora.
Bella era el amor. Bella era mi amor.
De alguna forma conseguí levantarme de su cama sin que sus brazos me lo impidieran. Había vuelto a dormirse, pero aun en sueños no quería dejarme ir. Me solté de su agarre con suavidad y me vestí con rapidez, mientras mis ojos no dejaban de observarla. La belleza de Bella era increíble. No sabía si fue siempre así o era que el amor me hacía verla de esta forma, pero en realidad no me importaba. Lucharía por ella, de una u otra manera tendríamos que estar juntos. Esa sería mi meta en esta vida.
Arregle su cabello y acomode su ropa de cama, de forma que quedase lo más cómoda posible. Ella comenzó a murmurar en sueños una vez más y sonreí. Arreglé su sábana y deposité un beso sobre su frente, aspirando su dulce aroma antes de decidirme a marchar de una vez. Dios sabía que no quería marcharme, pero era necesario. De un momento a otro aparecería Rosalie o peor aún, Charlie.
Despacio camine hasta la ventana y mire hacia afuera antes de decidirme a saltar a la rama del árbol. Cuando estuve seguro di el salto y la cabeza me dio vueltas, mientras cerraba los ojos, mareado. No era buena idea esto de estar saltando ventanas y árboles sin haber dormido nada. Luego de unos momentos de vacilación, conseguí armarme de valor y baje con lentitud hasta una de las ramas más bajas, pero la debilidad hizo mella en mí y mi pie vacilo en la última rama, haciendo que resbalara y cayera con estrépito al suelo del jardín, justo entre los matorrales espinosos. Dios debía odiarme.
Maldije por lo bajo y a pesar del golpe no salí herido, solo algo rasguñado. Los arboles y yo no congeniábamos, eso estaba claro.
Me acaricie la adolorida espalda y me estire, haciendo que sonaran todos mis adoloridos huesos. Luche contra los matorrales un poco y me quite algunas espinas y por fin conseguí liberarme. Mire a todos lados y cuando estuve seguro de que nadie me estaría viendo corrí como una pantera por la cálele, hasta llegar a mi casa. Esto de pasar desapercibido se me daba bien, a menos que no hubiese aboles de por medio. Lo que si era seguro era que deberíamos buscar alguna otra fórmula para vernos, porque no volvería a subir ese maldito árbol ni una sola vez más. O quizás solo una vez más…
Entre en casa, y cerré la puerta dando un suspiro de alivio. Al menos Charlie no me había atrapado, peo eso no significaba que me hubiese liberado de Rose. No, ella no me dejaría en paz con tanta facilidad. Suspire y me dirigí directo a la ducha, para tratar de calmar un poco los músculos de mi adolorido cuerpo.
Me quite la ropa y la deje en el suelo del baño, y mire con una sonrisa los rasguños de mi espalda. Y ni hablar de la cantidad sorprendente de moretones que tenía en todo el cuerpo. No sabía bien el motivo por el que los tenia, ni como me los había hecho. Solo sabía que no importaba. En ese momento, a pesar del dolor de espalda y de todo lo que me dolía el cuerpo, no podía estar más feliz.
Luego de la ducha, me tire sobre la cama y creo que me quede dormido en cuanto mi cabeza toco la almohada. Nunca en mi vida había estado más cansado. Me dolía todo pero era inmensamente feliz.
Pasaron varias horas, en donde apenas y recordaba lo que soñé. Eran suelo extraño, plagados de clores y luego sombras. No tenían forma alguna, pero me inquietaron. Termine de despertarme del todo cuando unos golpes fuertes y secos resonaron en mi puerta de entrada. La piel se me puso de gallina al comprobar que eran casi las nueve de la noche. Había dormido más de doce horas.
Con pesadez me dirigí a la puerta y dude al último segundo de abrir, pues temí que fuese Charlie. Para cuando ya había decidido dejar que echasen a puerta abajo, me sobrecogió la voz de Rose
- Abre de una vez Eddy- la oí decir – tenemos una conversación pendiente…
Por un minuto preferí que el que golpeaba hubiese sido Charlie.
Fui a buscar una bata de baño, y me la amarre con firmeza por la cintura. Suspire profundamente antes de abrir la puerta y encontrarme con una sonriente Rosalie, que traía una botella de vino en su mano y dos copas. Esta mujer estaba loca
- ¿Qué estás haciendo en mi casa Rosalie?- pegunte hoscamente
- Vaya manera de saludar a una antigua amiga Eddy- murmuro ella, pasando y sentándose en el sillón de la casa – cualquiera diría que no nos conocíamos…
- Ve al punto Rosalie- le gruñí, mirándola con el ceño fruncido
- Está bien Eddy, si es lo que quieres- rio ella, cruzándose de piernas y sonriéndome
La observe hacer todo un gran show, descorchando el vino y sirviéndolo en copas. Me tendió una a mí y la volvió a dejar en la mesa cuando noto que no lo aceptaría. Pero seguía sonriendo, impasible. Era una maldita.
- Terminaste ya con Bella?- pregunto Rose, bebiendo de su copa
- No- gruñí, mirándola- Ni creo que lo haga, maldita loca- escupí, demasiado molesto para tratar de ser delicado.
- Deberías medir tus palabras cariño… - me dijo ella, bebiendo. Ya sabes que estás en mis manos…
- ¡Pues no! – grite, demasiado molesto para pensar coherentemente- ¡No me tienes en tus manos ni nada! Yo le contare a Bella… y sé que ella entenderá…
Rosalie me miro como si estuviese loco y de pronto se largo reír con esa irritante risa de suficiencia, la cual se me antojaba ahogar metiéndole el maldito vaso en la garganta.
- Tú sabes que nadie entendería lo que hiciste. Y no trates de hacerte el inocente. Eres tan culpable como yo, digamos… culpable por omisión. Pero culpable al fin.
- Sé que entendería si le contara- gruñí, poco convencido
- Adelante- me dijo poniéndose de pie, de pronto molesta – ve y cuéntale a ver cómo te mira a partir de eso
Mire a Rosalie con ganas de ahorcarla. ¿Porque justo ahora tenía que venir a poner mi vida de cabeza? Maldita loca
- ¿Se puede saber que ganas con todo eso tú? – le pregunte de pronto, mirándola con furia
- Tú sabes cuales son mis gustos Edward…- así que es fácil adivinar lo que deseo….
La mire algo dudoso y suspire. Sí, claro que sabia sus gustos. Los conocía muy bien, habíamos compartido nuestras vidas en ese aspecto años atrás. Pero pensé que lo de Rosalie solo era algo pasajero, Al parecer me equivoqué. Ella siempre obtenía lo que deseaba, pero en este mundo no puedes tener todo lo que quieres.
- Nunca sucederá- le escupí, furioso, mientras tomaba la botella que había dejado en la mesa y le daba un largo trago.
- Yo no hablaría con tanta seguridad de ser tu… - dijo sonriéndome, mientras se acercaba a mí con aire felino, característico de su andar.
Se me acercó e instintivamente comencé a retroceder. Ella era puro veneno, y con solo acercarse era capaz de envenenarte. De mala manera, por supuesto. Rosalie no me movía un solo cabello, pero yo bien sabía lo peligrosa que era, y el que se me acercara de esa forma no era presagio de nada bueno…
- ¿Qué sucede Edward? ¿Es que acaso Bella te ha vuelto una nena? Recuerdo que no podías esperar por ponerme las manos encima… ¿a qué esperas que no lo haces ahora?
La mire parpadeando, sin entenderla. Era no podía estarme proponiendo esto, porque ella…
- Basta Rose. Tú y yo sabemos que todo esto que haces no es correcto y además estas mintiendo. Yo no soy de tu gusto precisamente… Detente. ¿Es que no puedes aceptar que Bella y yo estamos enamorados?
Pero Rosalie parecía dispuesta a utilizar toda su caballería, acorralándome contra la pared. La mire furioso.
- Aléjate de mi Rosalie.- Le dije, apartándola levemente con mis manos desde los hombros
Pero ella seguía en su afán de torturarme y me mordió con suavidad el cuello, tratando de causar una reacción en mí. Debo reconocer que a pesar de los gustos retorcidos de Rosalie, en otra época no lo hubiese pensado dos veces y la hubiese tomado si tanto se me ofrecía… pero ahora todo era distinto. Su presencia no podía propiciar anda bueno y era demasiado extraño lo que estaba haciendo, por lo que mi instinto me decía que huyera de ahí. Y rápido
Trate de zafarme, pero ella parecía estar en todos los sitios. Podría haberla empujado, pero tampoco quería hacerle daño, aunque se lo mereciera. Así que gruñí y le di un empujón leve, pero lo suficiente como para dejar mi punto en claro.
- Déjame en paz Rosalie- murmure, tratando de moverme
- Creo que no te dejaré… si no haces lo que te pido, gritare y diré que me estas violando… ¿o no me crees capaz?
- ¿Qué? - pregunte atónito
- Ya me oíste. Quiero que me toques y hagas lo tuyo o gritare y todo mundo se enterara de que tienen a un violador de vecino… y créeme, puedo ser muy convincente-
La ira me subió por la espalda, y mire a Rosalie con furia.
De un solo movimiento la tome por el cuello y la estampé contra la pared cercana, mirándola con tal nivel de odio que las manos me temblaban… ella y sus malditas maquinaciones no me separarían de mi Bella.
- ¡Deja de lado tus mierdas Rosalie… ya no soy tu juguete… mételo bien en la cabeza dura esa que tienes….! No sé qué pretendes, pero no te resultara.
Ella me miro con diversión en los ojos y se me quedo viendo con insistencia, mientras yo le devolvía la miraba furioso. Ella se acercó como para besarme, y me alejé de su rostro. Ella hizo un ademán de grito, pero le volví a dar un empujón contra la pared para callarla. Me acerqué en tono amenazador, siseando, solo para que ella me escuchara.
- No te tengo miedo maldita mujer-susurre tembloroso – Así que si quieres gritar, grita, yo siempre negare todo… finalmente no harás que caiga en tus jueguitos…
Ella me miraba fijamente, mientras mi respiración resonaba más pesada de lo normal, gracias a una insana dosis de furia. Se me acercó amenazante y nos quedamos mirando el uno muy cerca del otro…
Y ocurrió el desastre. Debí preverlo. Esto era lo que Rosalie quería justamente, pero lo comprendí demasiado tarde.
De alguna manera oí la puerta de casa abrirse, distracción que Rosalie aprovechó para ponerme las manos al cuello. Me di la vuelta. Si lo pensaba bien la situación era comprometedora. Yo estaba en bata, Rosalie acorralada entre mi cuerpo y la pared y nuestras respiraciones agitadas, pero no por lo que alguien pudiese haber pensado… El problema es que ese alguien que había entrado tenía que ser justamente Bella. Y para colmo, no venía sola.
Me quedé sin movimiento cuando vi los furiosos ojos de Bella sobre mí y detrás de ella la cara algo complacida de Charlie. Esto estaba resultando ser una mierda.
- Que pasa aquí- gruño la voz fría de Bella, taladrándome con la mirada
Yo balbuceé una respuesta, estaba hecho un atado de nervios. Saqué con poca delicadeza los brazos de Rose de mi cuello y me di la vuelta, con mirada suplicante. No por favor, no pienses lo que no es…
- Lo siento Bella, es que no puede resistirme a él… yo lo siento tanto…. Pero el insistió… - sollozó Rosalie a mis espaldas
Mi cerebro estaba golpeado por la fuerza de la impresión. Solo abrí mi boca para balbucear incoherencias, mientras miraba a Rosalie, quien ahora fingía una cara de dolor e inocencia increíbles. No podía ser más cínica.
Bella me miro y su rostro cambió. De la ira absoluta paso a la mas infinita tristeza en un solo segundo. Di un paso hacia ella, para evitar que se fuera, pero ella no se movió más de su sitio. Solo miró a Charlie.
- Vete por favor… necesito hablar con ellos- la oí murmurar a Charlie.
Charlie medio sonrió. El maldito estaba disfrutando de mi desgracia.
- Estaré en el auto – dijo Charlie, dándome una última mirada de advertencia.
Luego, se hizo el silencio. Yo estaba en medio y tanto Rose como Bella me miraban analizando mi próxima movida. Tenía que hacer que Bella confiara en mí aunque eso significase ponerme en evidencia.
- Bella, yo…-
- ¡Ni se te ocurra dirigirme la palabra maldito!- siseo Bella, intimidante
Enmudecí, algo turbado con el nivel de furia que podía ver en Bella. Ella no me miraba a mí, estaba mirando a Rosalie.
- ¡Eres una maldita perra!- siseo Bella, apuntando a Rose- ¡Tú sabías lo que ocurría, nos viste juntos…! ¿y aun así pretendes tirarte a mi hombre? Y eras la primera diciéndome que no me involucrara con el… ¿siempre lo quisiste verdad…?
Rosalie la miraba sin decir palabra. Bella creía que… Oh, mierda esto se estaba poniendo complicadísimo. Tenía que abrir la boca pero ya.
- Bella…- comencé, pero ella me grito
- ¡Que te calles! -
- ¡No!- respondí yo, para sorpresa de ambas – ya basta de esta mierda. Diré toda la verdad aquí y ahora y mas te vale que estas preparada Rosalie, porque ahora ya no me tendrás más en tus manos
Vi el rostro de Rose palidecer levemente, y a Bella mirándome sin entender palabra. Esta noche seria movida.
- Bella, yo y Rosalie nos conocemos de antes. Ella y yo estuvimos ingresados en la misma clínica siquiátrica hace años atrás…. Ella era una niña, pero te aseguro que de inocente no tiene ni un solo pelo… así como yo. Nos poníamos de acuerdo para drogar chicas y abusar de ellas… yo no me siento orgulloso de esto. Pero es la pura verdad. Rosalie es culpable, pero yo también. Ella nos quiere separar ahora mismo, date cuenta. Nunca me cansare de pedir perdón por todo lo que hice… Pero además Rosalie tiene otro secreto…- intente seguir, pero Bella no me dejo continuar.
- ¿Estás enamorada de él verdad?- chilló de pronto Bella, interrumpiéndome. Dio dos pasos hacia Rose y estaba simplemente encolerizada- ¡Desde un principio fue así, por eso no querías que estuviese con el… lo amas y me mentiste todo este tiempo!-
Ni siquiera dijo nada sobre la confesión que le acababa de hacer. A ella aparentemente le importaban más otras cosas…
Rosalie estaba con el rostro lívido y se acercó a Bella, tratando de calmarla. Pero Bella no se iba a calmar con facilidad.
- ¡ Bella, no!- trate de explicarme, pero no me lo permitió
- ¡Y tu… cómo pudiste hacerlo! Son una mierda los dos… - chillo de pronto
Bella se dio la vuelta, tratando de huir de allí. Rosalie fue más rápida que yo y la tomo de un brazo, evitando su huida.
- ¡Suéltame maldita puta! – grito Bella
- ¡No, Bella, no… no es lo que crees! – chillo Rosalie, de pronto muy preocupada. La mire bien y en dos segundos lo comprendí. El asunto era mucho más grave de lo que yo imaginaba… Mierda, ¿sería que Rosalie…?
- ¿Qué?- grito Bella, mirándola con ira- ¿te atreverás a negar que estas enamorada, te atreverás a decirme en mi propia cara que lo que sientes no es amor?
Se hizo un agudo silencio en la habitación. Rosalie estaba entre la espada y la pared. La mire expectante, para saber si sería capaz de hablar.
- Yo…- balbuceo Rose, nerviosa.
- ¡Niégalo!- grito de nuevo Bella, aferrándola de la ropa
- ¡Está bien!- grito Rose de pronto- está bien, no lo negare. ¡Estoy enamorada… desde hace muchísimo tiempo!
Bella y yo nos miramos. Rosalie estaba algo histérica, aferrándose con demasiada fuerza a Bella y mirándola a los ojos.
- Estoy enamorada… continuo Rosalie, mirando a Bella con los ojos aguados – desde hace tiempo, de su rostro, de sus ojos y su boca… yo quiero que este conmigo, pero…
- ¿Porque él?- pregunto Bella con debilidad-
- ¡No Bella!- dijo Rose con firmeza- No estoy hablando de Edward, ni de Emmett. Yo estoy enamorada y lo he estado siempre… pero de ti. Yo estoy locamente enamorada de ti, Isabella Swan.
Y lo último que mis ojos vieron, fueron los labios desesperados de Rose sobre los de Bella.
Ok... eso se llama giro inesperado. Solo quedan dos capitulos... lamento la tardanza, pero estaba bloqueada con malas vibras y estuve apunto de matar a todos los personajes... ahora ya se me paso. Dos capitulos mas y comienza mi nueva historia, que se llamara UNDISCLOSED DESIRES.
Mordiscos!
