A los pocos días se acostumbró a la extraña rutina del campamento mestizo y a la cabaña 11, quizás esto se debía a que sentía que encajaba más allí que no en su propia casa.
Intentaba no pensar mucho en su casa, ni en la loca de su madre que seguramente habría vuelvo a los dioses saben dónde, para luchar contra los dioses saben quién. Hacía tiempo que Clarisse había decidido intentar saber lo menos posible sobre el trabajo de su madre. "Trabajitos sucios para el gobierno" era lo que le solía responder.
De vez en cuando, cuando la soledad empezaba a aburrirle, se juntaba con Benckerdorf, los Stoll, Silena y Chris, que eran lo más parecido a unos amigos que había tenido nunca. Bueno puede que Silena y lo Stoll no, ya que Silena se pasaba el día criticando su ropa y su aspecto y los Stoll haciéndole bromas pesadas, pero con Beckerdorf y Chris conseguía tener conversaciones civilizadas.
Y si no, caminaba por el campamento disfrutando y explorando su nuevo hogar.
Pero lo que de verdad disfrutaba era las clases de lucha, daba igual que especialidad; espada, arco o cuerpo a cuerpo, ella era la mejor de la cabaña 11 con diferencia. A veces podía ver a la gente murmurar a su alrededor, pero le daba igual que fuera lo que murmurasen sobre ella, allí a donde fuera siempre había gente murmurando a sus espaldas, estaba acostumbrada.
-Hola. –Clarisse se encontraba en un rincón del gimnasio donde entrenaban. Sola como de costumbre, pero Chris se dejó caer a su lado tranquilamente. –El capitán dijo: ¡Suban las velas! Y abajo se quedaron a oscuras. –Chris rió mientras Clarisse lo miraba con extrañeza
-¿Eso es un chiste?
-Se supone. Sabes, es la primera vez que veo que alguien le zurra a Benckerdorf. Y aun menos una enana como tú.
-¿Perdona? –Clarisse le miró con cara de incredulidad. –Si soy más alta que tu.
-Ya pero tú tienes 10 y yo 12, aparte yo llevo ya un año aquí y tu apenas unas semanas. –Chris le enseñó la cuenta que demostraba su supervivencia un año más. –Clarisse rodó los ojos y bufó.
-Quién lo diría. –Chris sonrió y se encogió de hombros.
-Una pregunta, ¿Riss viene de alguna parte?
-¿Importa? –Preguntó con desagrado
-No, pero me apetece hablar contigo. –Clarisse levantó una ceja con incredulidad. –No creo que seas tan mala ni tan borde como la gente piensa, quizás solo hay que darte cuerda.
-Pues lo lamento pero soy tan mala como la gente piensa. –Chris le lanzó una sonrisa ladeada. -¿Y tú de qué te ríes?
-Puede que la gente tenga razón, que realmente seas hija de Ares.
-¿Y tú de quién crees que eres hijo? –La felicidad permanente de Chris desapareció en un instante, como un globo deshinchado.
-No lo sé –suspiró. –Seguramente seré hijo de algún dios menor, con suerte, quien sabe, quizás soy solo un humano que ve a través de la Niebla.
-Eso no es verdad, solo tienes que esperar y ya verás. –Un chico de quince años apreció tras ellos dándole unas palmaditas alentadoras a Chris. Tenía el cabello rubio platino y los ojos azules y en sus rasgos se podía apreciar su parentesco con Hermes. –Luke Castelllan, creo que no nos habían presentado.
-Riss La Rue. –Se presentó con desagrado. Jamás le habían justado los chicos como Luke, tan felices y perfectos a primera vista, que por fuerza tenían que guardar algún oscuro secreto.
-Así que tú eres la famosa Riss de la que todo el mundo habla. La verdad es que si que tienes pinta de ser una hija de Ares. Pero bueno. Esta noche "Captura la bandera" prepararos para patear algunos traseros. –Y sin más, se fue.
-¡Genial! –Exclamó Chris con su optimismo renovado.
-¿Qué es "capturar la bandera"?
-¿Nadie te lo ha explicado? –Se extrañó Chris. –Cuando llega alguien nuevo al cabo de un tiempo se celebra "Capturar la bandera". Básicamente hay dos equipos y cada equipo tiene una bandera, el primer equipo que cruce el rio con la bandera enemiga, gana. La gracia es hacer tratos con las demás cabañas para que se unan a ti.
-¿Quién juega hoy? –La idea de una competición parecía haber encendido una especie de fuego dentro de Clarisse.
-Hermes contra Ares, los de Ares siempre suelen ganar ya que son los mejores luchadores y si Athena y Apollo se unen a ellos entonces sí que estaremos perdidos.
-¡Bah! Los pienso machacar a todos. –Chris no pudo reprimir una sonrisa ante la seguridad de la niña.
En eso momento profesor, el matón de la cabaña 5, Jonh, les dijo que la clase ya había acabado.
-Menos mal, este tío me pone nervioso.
-Es solo un idiota. Ahora hay actividades de libre elección, ¿no?
-Sí, yo me voy con Benckerdorf a las forjas, ¿te vienes? –Dijo señalando a la forja, que se encontraba a tan solo unos metros.
-Nunca lo he probado, pero supongo que no estaría mal aprender a construir tus propias armas.
La clase pasaba tranquilamente, Clarisse y Chris seguían las instrucciones que Beckerdorf les mandaban cuando de repente algo pasó. Encima de Beckerdorf apareció una especia de holograma rojo que representaba una H en griego.
Todo el mundo calló y Clarisse miró a su alrededor buscando una explicación, algunos chicos hacían lo mismo que ella, mientras que todos los demás miraban el holograma con la boca abierta.
-Chris, ¿Qué pasa? –Pero el castaño no respondió, sino que siguió mirando a Beckerdorf con una mirada que Clarisse nunca había visto en el, un mezcla de odio y celos totalmente extraña en él. Clarisse le puso la mano en el hombro y eso pareció sacarlo devolverlo a la realidad.
-¿Qué? A si, Beckerdorf ya ha sido determinado. Hefesto. –Y sin mirar otra vez a Beckerdorf cogió sus cosas y se marchó de la clase.
-¿Riss? ¿Dónde está Chris? –Beckerdorf apareció a su lado.
-Se ha marchado. ¿Qué le ha debido pasar? –Preguntó más para sí misma que para su acompañante.
-Chris aun está esperando su llamada y cada vez que ve que alguien que ha llegado después de él recibe la señal… bueno le mosquea un poco, ya se le pasará…
