Clarisse se alejó de la armería sin poner mucha atención a donde iba. A sí que ser determinado era eso. Que ella recordase, nunca había aparecido ningún tipo de luz sobre su cabeza, ni nada que se le pareciese. Pero no le importaba.

No se sentí a gusto allí. Había demasiada gente y estaba en clara desventaja. Todos los demás chicos estaban mejor entrenados que ella Hasta algunos hijos de Afrodita estaban mejor entrenados que ella. Con un bufido de frustración se dispuso a dirigirse a la arena para practicar algo de espada. Con un poco de suerte Luke estaría allí y aunque le costase admitirlo, era muy buen espadachín.

Pero lo primero es lo primero, saber donde estaba para saber por dónde tenía que ir. Se encontraba en lo alto de la colina mestiza a unos metros del Pino de Thalia, y debajo del enorme árbol se encontraba una figura pequeña y rojiza. Un sátiro, aun joven. Se podría decir que tenían una edad similar. Clarisse se acercó a él con paso seguro y se plantó delante de él con los brazos en garras.

-¡Oye! ¿Cómo se baja a la arena? –El sátiro la miró asustado, definitivamente era un sátiro bastante pequeño, seguramente el más pequeño que había visto en el campamento.

-¡No me pegues! –Y soltó un lastimoso balido.

-No te quiero pegar, por lo menos no ahora. Jamás me peleo con alguien que ya está llorando. –Al sátiro le tembló el labio antes de ponerse a comerse su propia camiseta. Esa era una de las cosas que Clarisse había aprendido en el Campamento mestizo. No hay mejor camión escoba que un sátiro frustrado o asustado. –Me llamo Riss.

-Yo soy Grover. –El sátiro de puso de pie. Realmente era pequeño y con su pelaje rojizo y la camiseta del campamento, parecía una extraña y peluda zanahoria. El sátiro se apoyo en el tronco del pino. Clarisse había escuchado algo sobre que ese pino tenía una extraña y curiosa historia, seguramente aquel sátiro lo sabría, y Clarisse esperaba que el sátiro parara de llorar, normalmente los sátiros se alegraban de poder hablar de las historias de las plantas.

-Oye, ¿Por qué llaman a este árbol El Pino de Thalia? –Pero con esa pregunta solo consiguió que Grover llorase aun más amargamente y empezase a soltar balidos de forma horriblemente escandalosa. Clarisse se alejó de él como si tuviese una extraña y contagiosa enfermedad mortal y no paró de caminar hasta llegar a la arena.

En la arena encontró a Luke y a Chris practicando duramente con las espadas. Ninguno de los dos llevaba camiseta y el sudor conseguía que el pelo se les pegase a la frente. A unos metros de ellos, sentada en la tribuna leyendo una revista de cotilleos, se encontraba Silena. Aquella chica estirada y pija con la que no se había vuelto a hablar desde el día en que se conocieron.

Ahora que observaba a Chris sin camiseta, Clarisse pudo observar que Chris estaba más en forma de lo que parecía. Y aunque no fuese tan buen espadachín como Luke, era muy rápido y tenía unas cuantas fintas realmente interesantes.

Los observó luchar durante unos minutos en silencio, intentando registrar todo y cada uno de los movimientos que realizaban, hasta que Luke consiguió arrebatarle la espada a Chris.

-Bien hecho Chris, espero que a nuestro público le haya gustado. –Exclamó Luke mirando fijamente a Clarisse.

-He venido a practicar. Además vengo escapando de un sátiro llorón. –Comentó Clarisse acercándose a una mesa, en un lado de la arena, donde se exponían una gran variedad de armas. Clarisse paseó los dedos por las empuñaduras de las armas hasta escoger una espada.

-Todos los sátiros son llorones cuando son jóvenes. –Respondió con retintín Silena. Su voz cantarina se metió en la cabeza de Clarisse como un horrible pitido.

-Era naranja y muy joven.

-Seguramente sería Grover. ¿Qué le has preguntado? –Luke se acercó a ella con una sonrisa de oreja a oreja mientras Chris se dejaba caer sobre los bancos de la Arena.

-Porque el Pino de Thalia se llama así. –La sonrisa de Luke se quedó congelada en su rostro, convirtiéndose en una extraña mueca.

-¿Conoces a Annabeth Chase? ¿Hija de Atenea? –Clarisse asintió- El año pasado, Grover nos encontró a Thalia, Annabeth y a mí. Grover tenía órdenes de traer a Thalia al campamento lo antes posible. Thalia era hija de Zeus y por lo tanto una mestiza.

-¡Alto! Creía que los tres grandes no podían tener hijos. –Exclamó Clarisse extrañada.

-Por eso traer a Thalia era tan importante. Hades había mandado todo tipo de monstruos detrás de Thalia. Llevábamos mucho tiempo huyendo, y Thalia no quería vivir así, así que se sacrifico por protegernos y así Grover, Annabeth y yo pudiésemos entrar en el campamento para estar a salvo. Zeus viendo como su hija moría la transformó en un árbol. En ese árbol.

-Me acuerdo de ese día. –Murmuró Chris. –Los truenos nos despertaron a todos. Creo que ha sido la única vez que visto al Señor D sorprendido. –Durante unos segundos todos permanecieron en silencio sumidos en sus propios pensamientos, hasta que Clarisse miró el arma que tenía en las manos y recordando la importante razón por la cual se encontraba allí.

-Bueno Luke. Ya te he dejado descansar bastante. Ya es hora de empezar a practicar en serio.

Clarisse se apoyó con sigilo en el árbol, asomándose para comprobar el terreno. Vio la bandera roja brillando en medio del claro con un par de vigilantes.

-Fred Dominic, hijo de Ares, y Megan Scerbasky, hija de Apolo. Fred es mucho más fuerte de lo que parece y Megan es realmente rápida con el arco. Esto va a ser complicado –Le susurró Chris. Luke detrás de él asintió.

-Somos tres contra dos. Podremos, por muy buenos con el arco y fuertes que sean. Vosotros seguro que sois más rápido, despistar a esos dos. Yo cogeré la bandera.

-Riss no creo que sea bue… -Pero antes de que Chris pudiese acabar la frase, Clarisse ya había levantado su espada contra sus dos oponentes.

-Como un árbol –Se carcajeó Luke. Chris le envió una mirada interrogativa. –Te han dejado plantado como a un árbol.

-Por lo menos a mi no me han dejado plantado un árbol –Respondió de mala manera Chris, antes de salir de su escondite para ayudar a Clarisse. Pero la escena lo dejó helado. En el suelo semiinconscientes se encontraban los cuerpos de los dos vigilantes. -¿Cómo has hecho esto?

-No lo sé. –Clarisse miraba estupefacta a los dos chicos y a la espada que llevaba en la mano. Luego sacudió la cabeza y cogió la bandera. -¡Vamos! Tenemos que llegar al rio.

Los tres niños empezaron a correr en dirección a la frontera cuando tres corpulentos guerreros se interpusieron en su carrera. Eran John y dos de sus hermanos.

-Vaya. Cara bonita, Flash-boy y Riss. –Exclamó con su hosca voz. Clarisse le enseñó los dientes de forma amenazadora, aunque John no pareció ni inmutarse. –Dejarme a la niña para mí. –Los otros dos chicos, aun más grandes y feos que él se lanzaron contra Luke y Chris. –Tienes dos opciones, o darme la bandera por las buenas o por las malas.

-Y que hay de la opción patearte el trasero y ganar. –El adolecente soltó un gruñido antes de cargar sobre ella.

Clarisse comenzó a esquivarlo, con una mano aferrada a la bandera y la otra parando estocadas no era fácil atacar directamente. Pero en ese momento alguien paso por su lado, cogiéndole la bandera y corriendo en dirección al rio, John se dispuso a seguirle, pero Clarisse con una rápida estocada en la rodilla consiguió darle una gran ventaja a Chris. John gruñó, lleno de ira y odio, dándole una rápida y dolorosa estocada en la muñeca, obligando a Clarisse a dejar caer la espada y su viejo amuleto, una pulsera de hilo con un medallón colgando. John volvió a levantar su espada golpeándole el casco y tirándola al suelo. En ese momento lo único que Clarisse podía ver era el viejo medallón, en el centro había representado un pájaro negro al que nunca había conseguido identificar.

Recordó el día que se lo dieron. Era su séptimo cumpleaños, el medallón llegó en el correo, sin remitente. Cuando su abuela lo vio se puso roja de la rabia y salió de la habitación gritando maldiciones en francés, su madre miraba la pulsera como si fuera los más valioso del mundo. Su prima Tine, se tiró toda la noche haciendo hipótesis sobre quien lo podría haber enviado.

En ese momento Clarisse comprendió quien le había enviado ese medallón.

Había sido un regalo de su padre.

Y en ese preciso instante Clarisse comprendió lo que debía hacer. Con una rápida voltereta se puso de pie agarrando el amuleto, que al presionarlo se convirtió en una lanza de un metro y medio. Con seguridad le golpeó con la lanza en los brazos, que por puro egocentrismo, no llevaba ningún tipo de protección. En cuanto el bronce de la lanza toco la camiseta, esta se empezó a chamuscar seguido de un grito de dolor por parte del rubio.

-¡Maldita sea! ¡Es eléctrica! –Clarisse le mostró una sonrisa fiera, pero antes de que pudiese alzar la lanza para dar el golpe final, gritos de alegría se escucharon desde el rio.

-Ya hay ganador. –Exclamó Luke. Clarisse se sobresaltó. Había olvidado la presencia de Luke y los otros dos hijos de Ares. Si pararse ni un segundo, los cinco chicos salieron disparados en dirección al río, donde Chris alzaba una bandera azul con un caduceo rodeado de todos los integrantes de la cabaña 11. Clarisse sonrió, mirando con suficiencia a los chicos que se encontraba a su lado.

-Mira por donde chaval. Mi opción era la buena. –John abrió la boca para decir algo, pero en ese momento la lanza había vuelto a su forma original para empezar a brillar con una luz brillante y roja. Clarisse observó como algo se empezaba a escribir en el reverso del medallón en griego antiguo. Quirón se acercó galopando hasta ellos y con cuidado cogió el medallón, leyendo en voz alta lo que ponía.

-"Este medallón pertenece a Clarisse La Rue, hija de Ares".