Cáp. 2: Confundido

Kai:

Sé que es raro que a estas alturas de tu vida por fin dé señales de vida, pero es ahora cuando he conseguido ser libre.

Revelo a ti, entonces, aquello que me tiene con el corazón destrozado y te pregunto: ¿Qué te hicieron, Kai? ¿Qué daño hicieron en tu vida, mi niño, para que odies tanto tu existencia en el mundo y solo desees tu muerte?

Cada corte en tu piel, cada vena que anhelas aniquilar, es una tortura para mi alma, el martirio más grande que he tenido que soportar, aunque sé que para ti fue peor.

Te he estado observando, y comprendo que el perdón no será fácil de obtener. Mi vida, te amo demasiado, y tan solo espero algún día algo de compasión hacia mi pobre alma desdichada.

Sé que es difícil, que solo he logrado confundirte, pero tienes que ser fuerte hoy más que nunca, pues pronto todo acabará y estaremos juntos hasta el fin de los tiempos, aún más allá de la muerte. Solo es cuestión de esperar y de que tu gran fortaleza reluzca como nunca lo había hecho.

Te amo, mi niño.

Sophie Hiwatari

Debía ser demasiado estúpido como para no reconocer el propio nombre de su progenitora. Sophie Hiwatari era, nada más y nada menos, que su madre… pero ella estaba muerta. Voltaire la había asesinado junto con su padre, era imposible que redactara aquella carta… y aún más imposible que le afectara de tan gran manera.

Se sentía tan confundido. Sus pensamientos divagaban, dando vueltas y vueltas por cada rincón de su mente, sin encontrar concordancia alguna entre la carta y sus conocimientos con respecto a su familia. Era tan extraño, y más a estas alturas de la vida, ¿qué podía pensar? Tan solo que debía de ser algún tipo de broma de mal gusto. Pero… le estaba haciendo mucho daño. Su corazón ya estaba hecho trizas antes, y ahora… era añicos.

Volteó su cabeza, descubriendo así su descuido: la carta estaba bañada en su sangre y las letras se habían emborronado por su causa, quedando gran parte del texto, casi ilegible. Maldijo al aire, pensando en lo idiota que había sido, al descuidar la única pieza de información valiosa que tenía. La recogió y sacudió, intentando escurrir aquel líquido escarlata del papel, mas solo consiguió que unas gotas mancharan su pantalón. Ahora tendré que cambiarme, pensó. Se levantó de la fría cerámica que cubría el piso del baño, abrió el grifo y posó su brazo bajo el chorro frío, para así apurar el flujo sangriento en la extremidad, además de lavarlo. Luego, limpió las salpicaduras de sangre en los azulejos del piso y pared.

- "¡Diablos!"- pensó antes de abrir por completo la puerta de la habitación de baño.- "Si me ven así, seguro me incordiarán hasta el día de mi muerte"

Dudó. Asomó media cabeza por el pasillo y se alegró al no ver ni un alma cerca. Salió del baño a pasos apresurados, pues no podía arriesgarse a que le vieran y descubrieran su situación psicológica. Él sabía que tenía un problema, quizá grave, pero se negaba y negaría siempre, a asistir a una terapia donde suplicarían por escuchar sus problemas e intentaran ayudarle como a cualquier personaje débil, víctima de los obstáculos de la vida.

Su mochila con la ropa de cambio, se encontraba en la sala. La había dejado ahí, explícitamente para tenerla cerca en casos como ese, ya que ambas estancias se hallaban frente a frente.

Recogió sus vestimentas y se dirigió nuevamente al aseo para cambiarse, justo en el momento exacto, pues sus compañeros acababan de entrar en la sala, donde seguramente verían televisión hasta altas horas de la madrugada.

Salió, nuevamente, del baño con la carta completamente arrugada entre sus manos. En su mirada habitaba el enojo y la tristeza; la confusión y el martirio…

Al entrar en la habitación de enfrente, sus compañeros tenían la vista posada en la pantalla de la televisión, tal como lo había predicho. Ray se volteó y le sonrió, como habitualmente hacía.

- Kai, ¿por qué no te sientas con nosotros?- preguntó el chino amablemente.

- Tengo mejores cosas que hacer.- respondió con voz de ultratumba.

- ¿Tú?- se volteó Tyson.- ¿cómo qué?

- Nada que deba importarte.- contestó con el mismo tono de vos.

- ¡Vamos, Kai!- dijo el de la gorra.- ¿Por qué no reconoces que no hay nada en tu vida que pueda ser interesante? Eres un aburrido.

- Tyson,- habló Kai.- cualquier cosa en el mundo es más interesante que alguien como tu.

- Si, claro.- ironizó Tyson.- Es imposible que alguien sea más atrayente que yo, el Campeón del Mundo.

- No tengo tiempo y, mucho menos, ganas de discutir contigo.- anunció Kai con los ojos cerrados. Acto seguido, caminó hacia la puerta corrediza y salió del lugar.

- Idiota.- dijo Tyson luego de que el ruso hubiese desaparecido de la vista del equipo.

- ¡Tyson!,- reprendió Ray.- estoy seguro de que algo le pasa y… solo lograste alejarlo.

El mencionado lo miró con cierta sorpresa en su rostro: Ray parecía enfadado, eso era algo completamente fuera de lo común.

-Ray, ¿estás… bien?- preguntó. El chino relajó los músculos de su cara, a pesar de que no se había percatado del momento en el que se habían tensado.

- Yo…- habló el pelinegro.- lo siento, creo que necesito algo de aire.

Se levantó de su cómodo lugar en el sofá y salió al patio, donde habitualmente entrenaban. Esperaba encontrarse con su amigo bicolor, pero éste no se encontraba en el lugar.


Kai se encontraba en un parque no muy lejano, el cual tenía vista hacia el Mar. Había venido ahí muchas veces, y no siempre solo, también con los Bladebreakers. Debía ser sincero, había pasado momentos inolvidables con ellos: lo habían perdonado cuando los traicionó, siempre estaban ahí cuando los necesitaba (a pesar de no ser capaz de reconocerlo), e infinidad de situaciones más… Pero la más importante y la que más valoraba y llamaba la atención: lo habían aceptado, tal y como era, con sus virtudes, con sus defectos… realmente lo querían, a él y no a la máquina en la que lo había convertido su abuelo.

Se volteó y apoyó los codos en la baranda, quedando de espaldas al Mar.

Las cosas habían comenzado a marchar estupendamente hasta hace un tiempo, incluso se había abierto un poco más, había disfrutado de su compañía en reiteradas ocasiones… pero se arruinó. Sus sentimientos habían atacado, se salieron de control llevándolo a la desesperación, a la confusión… a la locura. Estaba perfectamente conciente de que aquellos cortes en sus brazos no los tenía por ser una persona de lo más cuerda. Se consideraba una persona cercana al trastorno.

- "… Pero si lo pienso bien,"- razonó.- "no debo estar tan demente. Un niño cualquiera ya se habría aventado de un edificio."

No, no estaba loco. Tampoco estaba cerca de ello. Solo estaba... dolido, muy dolido.

Dejó sus pensamientos a un lado y se concentró en la carta. Ese pedazo de papel había llegado a confundirlo más de lo que estaba. No sabía qué pensar, ¿sería algún plan de Voltaire?, ¿o quizá de verdad era su madre? y aunque lo fuera, le era muy difícil de creer. Simplemente, se había resignado a la idea de no tener a sus padres, a no tener una familia. Estaba acostumbrado a la soledad, a pesar de afectarle…

Tanto pensamiento inútil comenzó a provocarle mareos. Pestañeó varias veces y se frotó los ojos. Frunció el ceño. Con su cabeza dándole vueltas, no podía pensar con claridad, y eso le hacía enfadar.

¡Estaba harto! cada vez que comenzaba a disfrutar, a valorar su vida; algo pasaba, cualquier cosa, lo que fuese, pero el punto era arruinar sus momentos felices, sus escasos momentos felices.

Extrajo de su bolsillo la carta arrugada y bañada en su sangre. La rabia poseyó sus actos. Posó ambas manos en la parte superior del papel y lo rasgó hasta abajo, una y otra, y otra vez; hasta dividirlo en mil pedazos. En una ráfaga de viento, extendió su mano y, mientras su cabello danzaba al ritmo de la brisa, dejó que lo papelillos se esparcieran en el aire. Lo mejor sería olvidar, por el momento, era lo mejor…


Las semanas habían transcurrido con lentitud. Kai había hecho lo posible por ignorar los sentimientos que le atormentaban en gran manera, e hizo un esfuerzo por acercarse a los Bladebreakers, para, al fin, reconocerlos como amigos. Ray no olvidaba aquella semana en la cual su compañero y amigo había entrado en un estado incomprensible y preocupante. Reconocía en Kai una mejoría, pero un fuerte sentimiento de desasosiego hacia su capitán asaltaba su mente cada vez que pretendía relajarse.

Kai caminaba por las calles de Tokio, sin rumbo alguno, simplemente pretendía relajarse, mas le era imposible con tanto movimiento callejero. Todo, por donde se asomara, estaba decorado con lo típicos adornos navideños, los típicos viejos con sobrepeso vestidos de rojo y un saco, el típico aire navideño…

- "... ¡Típico!"- pensó el bicolor.

Siguió caminando, rogando por encontrar un lugar tranquilo y libre de tanto movimiento característico de la fecha. Para él, no podía haber celebración más absurda que aquella, ¿qué tenía de interesante decorar tanto para terminar desvelándose por ver a un viejo panzón entrar por tu chimenea y dejarte regalos? Sobre todo si con el tiempo descubrías que aquel "viejo panzón", es tu padre o madre.

Con cierto enfado dibujado en su rostro, dobló en la esquina, con dirección a un parque cercano y habitualmente tranquilo. Sintió un toque en su espalda y se volteó. Al dar media vuelta, se encontró cara a cara con una pequeña niña rubia y de ojos claros, ésta le sonreía y con ambas manos le extendía un papel con su nombre escrito en letras elegantes, tal como la carta que había recibido. Esto cada vez era más confuso…

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Ojala les guste, quice poner más texto... vi otros fics donde había mucho texto y eran muy bueno asi que lo intente

¿Qué les parece?

aun no se me pasan los nervios cada vez que subo :O

pero me alegra saber que tengo 3 REVIEWS!!!!

es todo un logro =D asi que estoy super super feliz ^^

Gracias por todo, y si pueden dejen Reviews!

Bye Bye!