Cáp.3: Avistamiento y Citación

La gente pasaba por su lado sin importar si lo empujaban o no. La niña, sonriente, le miraba directamente a los ojos, infundiendo inocencia. Con sus pequeñas manitas aún le extendía el papel. Kai respondía con la confusión total en sus ojos, ¿quién era y por qué tenía un documento tan parecido al que había recibido? Ya ni estupideces se atrevía a pensar. Su cabeza era un revoltijo de posibilidades que podían, o no, ser. El tiempo parecía haberse detenido en su contra. Estaba nervioso. Una gota de sudor recorrió su rostro, a partir de su frente. Terminó quedando estático ante cualquier acción o pensamiento…

- Tómala.- le dijo la pequeña, rompiendo el silencio que los envolvía.

- ¿Q-qué?- respondió estupefacto, sorprendido.

- Que la tomes.- dijo nuevamente. Se acercaba.

Kai recibió el papel. Lo examinó con sus ojos bien abiertos. Las mismas letras. No cabía duda, aquella era una carta más, escrita por la que se hacía llamar su madre. No lo abrió, sino que buscó la mirada de la pequeña hasta hallarla, rebuscando en sus ojos, implorando por una respuesta en ella, que probablemente no podría darle.

- ¿Quién…te dio esto?- preguntó el bicolor, casi en un murmullo.

- Una mujer.- respondió con la misma sonrisa cálida, y posando sus pequeñas manitas tras su espalda, mientras jugaba dando saltitos con ambos pies.

- ¡¿Una mujer?!- salió de su trance nervioso, para lograr agitarse.- ¿Cómo era?, ¿recuerdas?

- Bueno…- dijo ella, reflexionando, y con el dedo índice situado en su barbilla.- no recuerdo bien, pero era muy amable. Me dio una bolsa de caramelos y sonreía mucho… ¡Ah! Ahora que lo pienso, se parecía mucho a ti. Tenía el cabello azul y muy largo…

No pudo continuar la descripción, pues el joven se agachó frente a ella y colocó ambas manos sobre sus hombros. Sus ojos estaban posados directamente en los suyos, suplicaba a través de ellos, y eso la intimidó.

- ¡¿Por dónde se fue?!- preguntó agitando a la pequeña levemente.- Dime… por favor.

- Bu-bueno, creo que se fue por ahí.- respondió ella y señaló una calle principal, por donde la gente transitaba abundantemente.

Kai soltó a la niña y se alejó corriendo, en la dirección señalada. Corrió a todo dar, empujando o tirando al suelo a quien obstaculizara su trayectoria. Dobló a la esquina, ayudándose de una farola. Inconcientemente, rogaba por alguna señal de el, o la autora de la carta. Pronto, divisó a lo lejos, a una mujer concordante con la descripción de la niña. Tenía el cabello azulado como el cielo nocturno y, a pesar de estar de espaldas, pudo notar en sus brazos, desnudos, la piel pálida característica de los hiwatari. Clamó el nombre que leyó en la primera carta: Sophie, esperando por una respuesta, suplicando en su silencio desesperado, por que se volteara y le dedicara una sonrisa, aquellas que recordaba con escasez de su niñez. Nada ocurrió. Llamó más fuerte, todo lo que sus pulmones le permitieron. Nada. Siguió corriendo, intentando alcanzarla. Dobló, nuevamente, en una esquina, y allí la vio ingresando a un automóvil negro y de alto estándar. El carro arrancó, con él detrás, clamando la atención que no había recibido en tantos años. La chamarra, con la que se había vestido esa mañana, caía sobre sus hombros. Su respiración agitada creaba una nubosidad frente a su rostro, dado el contacto de su aliento templado, con el frío del ambiente en el que se encontraba. Sus ojos daban a entender la desilusión en su interior. Era imposible que alcanzara el automóvil ya.

La carta estaba en su mano derecha, algo doblada, pero al menos legible. Bajó la cabeza, para encontrarse con el papel escrito. Su nombre volvía a estar impreso con elegancia. Lo abrió, y, ansioso, comenzó la lectura.

Mi pequeño:

Una nueva carta te escribo, disculpándome si te he causado algún dolor en tu corazón. Solo busco la mejor manera de acercarme a ti, después de tanto tiempo y posterior a todos mis errores pasados… que seguramente aún deben dolerte.

Deseo verte. Pensé en esperar a ganar tu confianza, aunque llames "acto de cobardía" el comunicarme a través de una hoja de papel. Mas ya no puedo esperar a abrazarte y a que vivamos juntos, intentando reestablecer la familia.

Quiero darte un regalo, pues pronto será tu cumpleaños. Serán dieciséis inviernos, y anhelo estar contigo. Si aceptas, por favor, ve a las afueras de la ciudad. Ahí hay un parque de diversiones, nos divertiremos. Te suplico que asistas.

Me despido ya, hijo mío. Espero verte pronto.

Te amo, mi vida.

Sophie Hiwatari.

¿Asistía… o no? Si era un plan de su abuelo, seguramente no sería su mejor idea, pero… la había visto. Ella, su madre, había estado a solo unos metros de él, de su vida. Ahora decía querer darle un regalo. Si, tenía curiosidad, y mucha, pero… ¿qué hacer? Le llamaba la atención la parte de "a las afueras de la ciudad", le provocaba dudas y daba fuerza a la sospecha de ser algún plan de Voltaire. Éste, seguramente, le atraparía lejos de la ciudad, donde no pudiera pedir auxilio. Dobló la carta y la guardó en su bolsillo. Tenía mucho en qué pensar…


El teléfono timbró varias veces en casa de los Granger. Tyson corrió al aparato, tropezando y balanceándose por mantener el equilibrio. Levantó el auricular.

- ¡Señor Dickenson!- exclamó el de la gorra, involuntariamente. Logró que su grito atrajera a un Ray radiante y curioso.- ¿Qué tal los negocios?

- Muy bien, Tyson. Gracias.- respondió el anciano a través del teléfono.- Me preguntaba si Kai estaría por ahí.

- ¿Kai?- dijo el joven.- La verdad es que no lo hemos visto, ¿para qué necesita al iceberg?

- Bueno…- respondió Dickenson, con cierto dejo de tristeza.- me habría gustado desearle un feliz cumpleaños. Viajaré a Europa y no podré saludarlo personalmente.

- ¿Cumpleaños?- dijo Tyson, sorprendido.- Si no nos lo dice usted, nunca lo habríamos sabido.

- ¿No lo sabían?- preguntó el hombre, seguido de un suspiro.- Tú ya sabes como es Kai. Seguramente no le habría gustado que le hicieran una fiesta.

- Bueno, para disgustarlo más, se lo celebraremos.- respondió.

- Solo te pido que no lo hagas enfadar.- dijo a modo de sugerencia "vital".- Será dentro de dos días y…lo siento, Tyson, ya debo colgar. Pásenla bien, chicos.

- Adiós, señor.- Tyson dejó el auricular en su lugar y observó a Ray con complicidad.- Ya habrás oído. El cumpleaños de Kai.

- Si, lo oí Tyson.- respondió el chino.- y no me parece muy buena idea. Sabes que a Kai no le gustan las celebraciones… y más tan cerca de Navidad.

- El señor "D" dijo que sería en dos días, el veintitrés de diciembre.- razonó el de la gorra.- Un día antes de Víspera de Navidad, ¡qué ironía!

- Tyson, no hagas una fiesta.- suplicó el pelinegro.- Es su cumpleaños, dejemos que lo disfrute como guste. Sin celebración.

El moreno pareció meditarlo. Seguramente Kai no lo pasaría bien en una fiesta. Era todo un amargado, ¿cómo no disfrutar de una noche de diversión?... Terminó por ceder, después de todo, era su cumpleaños, su día y su vida.

- Está bien.- accedió algo disgustado.- Pero compremos una torta, ¿si?

- …- El chino reflexionó un breve instante. Sin fiesta pero con un pastel, no tendría por qué molestar al ruso. Sonrió.- está bien, me convenciste. Hablemos con Max, Hil y Kenny.

Salieron al patio trasero, donde acostumbraban entrenar. Ahí se encontraban los mencionados anteriormente. Comentaron la idea de Tyson, de realizar una simple reunión entre ellos y comer pastel. Les había agradado. Conocían perfectamente el dificultoso y confuso carácter del ruso, y les pareció perfecto algo tan tranquilo como lo era aquello. Acordaron traer, además, un regalo cada uno.

Pronto, apareció Kai. Traía ambas manos en los bolsillos y parecía pensativo al traer la vista baja. No saludó. Se dirigió hacia el interior del dojo. Tyson lo siguió, sin malas intenciones, simplemente aún no sabía tratar con Kai.

- ¡Hey!- llamó el de la gorra, luego pasó su brazo alrededor del cuello del bicolor, a lo cual, éste se mostró claramente disgustado.- ¿por qué no nos había dicho que era tu cumpleaños?

- Tyson,- dijo Kai, dando a conocer su molestia, al haber sido desconectado de sus pensamientos.- quita tu brazo, ¡ahora!

- Tranquilo, viejo.- respondió el moreno. Se percató del "humor de perros" que traía su capitán.- Solo…quería saber. A mi me parece normal que un amigo se preocupe por otro.

- Solo déjame en paz.- habló con su característica frialdad. Comenzó a alejarse de Tyson, caminando por el pasillo.-… con respecto a mi cumpleaños, no lo considero algo importante.

Fue lo último que se le escuchó decir, antes de desaparecer por la puerta que conducía al baño.

- Ese chico si que es un misterio…-dijo Tyson para sí.- y un amargado.

Acto seguido, desapareció del lugar. Salió al encuentro con sus amigos, fuera. Éstos estaban ansiosos, pues Tyson no era la persona más adecuada a la hora de parlotear con Kai. Mas, les aclaró que problemas no hubo. Se escucharon varios suspiros de alivio en el lugar y prosiguieron con el entrenamiento.


En el interior del cuarto de baño, Kai jugueteaba con su secreto, su herramienta primordial a la hora de liberar tensiones, su pequeño y afilado cuchillo. No tenía intenciones de agredirse esta vez, más bien, reflexionaba a cerca de ello. No era nada bueno, pero, ¿quién podía juzgarlo? Cualquiera a quien confesara su historia, comprendería, y además de ello, hallaría en sí, una lástima inevitable. Suspiró y se apoyó en los azulejos fríos de la pared. Pasó el cuchillo por su brazo, sin mala intención, sin cortar la pálida piel. Luego, dejó el objeto en el suelo y con su mano libre, acarició los cortes. Releyó la carta de su, ahora, familiar más cercano. Sintió rabia, ¿cómo ella lo había dejado tan solo, tan abandonado?, ¿cómo no se había comunicado con él antes?, ¿cómo no había luchado por él?, ¿y por qué no lo quería tanto cómo decía en sus cartas? Su vida parecía de telenovela. Su abuelo lo odiaba, su padre estaba más muerto que una piedra, no tenía hermanos y su madre, después de casi dieciséis años, se aparecía por su vida solo para destrozarlo más. Su corazón anhelaba un descanso, su alma deseaba destrozarse antes de seguir sufriendo en tal magnitud. ¿Por qué?, ¿por qué? Podía gritar aquellas preguntas al mundo y ni el aire soplaría una respuesta. Desearía desaparecer, pensó para sí. Una lágrima jugaba una carrera en su mejilla. No la limpió, no se inmutó, no gritó, no hizo nada; solo dejó caer más.

Se levantó de donde estaba, quedando frente a frente con su reflejo en el espejo.

Lo odió. Se odió.

Todo su corazón estaba enfocado en detestarse profundamente. Sus ojos estaban rojos, haciendo juego con sus orbes. Las lágrimas caían y caían por sus mejillas, bañándolas en un Mar de aguas saladas. Estaba molesto, muy molesto. Su cabeza ardía en pensamientos oscuros, llenos de rencor.

Ansiaba poder gritar todo, todo lo que había en su corazón, todo cuanto le hacía llorar, todo aquello que ennegrecía su alma. Anhelaba confesar a los vientos de Norte y Sur la rabia acumulada, el odio.

Los sentimientos revueltos, le hicieron recoger el cuchillo, posarlo sobre la piel sana…

Reconsideró.

¡No! ¡Necesitaba más! ¡Más dolor!

Cambió el cuchillo de lugar. Ahora estaba sobre una de sus cicatrices más recientes. Respiró agitadamente. Oyó los ruegos palpitantes de su pobre corazón.

Una última lágrima derramada.

El grito desgarrador de su alma destrozada…

Dolía. ¡Ay, si! Cuanto dolía.


Los Bladebreakers (exceptuando a Kai), recorrían local tras local, buscando un pastel que les convenciera de servir al paladar de su capitán. Había de fresa, mora, vainilla, chocolate… pero, ni uno les persuadía lo suficiente como para comprarlo. Estaban cansados, y hartos de escuchar las constante quejas de Tyson, además de que éste babeada en cada establecimiento por el que se asomaban.

- ¡Oh, vamos!- se escuchó a Tyson, nuevamente.- Compremos cualquiera y ya.

- No, Tyson.- dijo Hilary.- Kai debe ser igual de exigente en la comida, como en el Beyblade.

- ¡Es que ya no soporto más ver tanto pasteles y no comer ni uno!- gritó a los aires, dando a conocer una faceta suya, realmente enfática. Sus amigos captaron la desesperación del moreno y decidieron comprar en el próximo local.

Luego de tener en sus manos, el enorme conjunto de bizcochos acaramelados, regresaron al dojo. Esa noche pretendían celebrar, humildemente, el cumpleaños de su capitán y amigo. Éste no se encontraba en el lugar. Había salido por la mañana, anunciando de antemano su ausencia durante todo el día. Eso les daba el suficiente tiempo como para organizar una ceremonia simple, al mejor gusto de Kai Hiwatari, serio y callado.

La bóveda estrellada, que era la noche, observaba la impaciencia en el dojo Granger.

Tyson se paseaba por toda la habitación, esperando a que su capitán diera señales de vida por el lugar. Había preguntado constantemente a Ray el por qué de la falta de presencia del ruso, y éste solo le respondía con la ignorancia de ello.

- Pero, ¿dónde se metió?- Repetía por enésima vez.- ¿cómo es posible que su actitud sea la misma en su propio cumpleaños?

- Tyson, tranquilízate,- pidió Ray, algo preocupado.- Sabes cómo es. Debe estar dando un paseo.

- Un largo, largo paseo.- se oyó decir a Max, éste ya concordaba con el de la gorra. Kai tardaba demasiado.- Tyson tiene razón, ¿no le habrá pasado algo?

- No… no lo creo.- dijo Ray, con cierto tono angustioso en su voz.- Bueno… es Kai, sabe defenderse solo, ¿qué podría pasarle?

- Voltaire.- dijo Kenny, serio.

- ¡No piensen así!- clamó Hilary, optimista.- Debe estar bien. Seguramente, por ser su cumpleaños, decidió pasarla en paz porque sabía que haríamos una fiesta… o al menos un intento de ella. No se preocupen.

Sus palabras alentaron al equipo a sonreír. Tenía razón, probablemente, él sabía lo que pretendían. Era un chico listo. Llegaría más tarde, cuando se dieran por vencidos de seguir esperando.

- Gracias, Hil.- dijo Ray, tan sonriente y positivo como lo era.- Por estar aquí, y por apoyarnos.

- De nada.- respondió sonrojada. Luego, sintió como la naturaleza la llamaba.-Voy al baño, en seguida vuelvo.

- Bueno, pues,- se oyó a Tyson, más calmado.- a seguir esperando…


Caminaba por las calles de la ciudad, dudoso, con sus manos en los bolsillos de la chamarra. ¿Feliz cumpleaños? ¡Claro que no! De todos sus cumpleaños, éste era el más extraño, y el que probablemente afectaría de un modo más interno en el transcurso de su vida.

- "¿Voy?"- meditaba, sumergido en el silencioso ambiente de su mente.- "¿O, quizá, me quedo?"

Había llegado a aquel parque silencioso, donde había dejado volar los pedazos de su primera carta. Ésta vez no estaba apoyado en la baranda, sino que, se balanceaba en los columpios para niños. El viento pegaba en su cara. Era la sensación más cercana a volar, que podría experimentar.

La luna le observaba, impaciente por conocer su decisión. Pronto lo vio partir del lugar. Se dirigía a las afueras de la localidad. No llevaba la carta.

- "Fui lo suficientemente idiota como para ensuciar la carta otra vez".- pensó, dando solución a la incógnita del trozo de papel escrito por su familiar.- "Bien, iré. No pierdo nada. Y si me captura Voltaire, no hallaría forma de arruinar más mi vida, así que, ¡qué más da!"

Caminó lentamente, en la dirección que más se alejaba de la ciudad.

Ahora su mente estaba en blanco. Sabía que al menor razonamiento, daría marcha atrás imaginando que el autor de las cartas podría ser Voltaire, y que la mujer que vio, no era nada más que una actriz pagada.

Divisó a lo lejos el punto de reunión acordada. Solo hubo algo que le llamó la atención, ¿parque de diversiones para niños?, ¿o parque de diversiones completamente abandonado y convertido en "hogar" de indigentes sin techo, y mendigos?

- "De que este es el lugar, no me cabe duda"- pensó pasando saliva.- "de que sea realmente un encuentro con mi madre, si que dudo"

Entró en el penoso lugar, a pasos lentos y angustiosos…


Hilary lavaba sus manos y se observaba en el espejo, alegremente. Estaba dispuesta a salir del cuarto, cuando, de su bolsillo, cayó su brillo labial. Éste había caído muy cerca del papelero. Se inclinó a recogerlo, mas se llevó una gran sorpresa…

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Bu-bueno, estoy nervioooosaa! me pareció que este cap. fue un poco más aburrido y...

creo que pude haberlo hecho mejor, pero... busqué y busqué y no encontré forma así que...

¡AQUÍ ESTÁ! ojala les guste =D

y...

P. Lolita: no, no odio a Tyson ^^, siento haber dado a entender eso, lo siento mucho... esque mi idea pricipal era armar una pelea, pero no me resulto :( asi que lo modifique, para que se adecuara más a lo que yo puedo escribir ^^ y bueno... siempre he tenido problemas con Quise y Quice. Gracias por tu ayuda, sino, estaría escribiendo mal :D otra cosa: ¿Yo? ¿una de tus autoras favoritas? Wow... ¡Que fuerte! ¡¡¡es mas de lo que me habría esperado al ingresar a la pagina!!! GRACIAS GRACIAS, ¡¡¡ME DESMAYOOO!!! *o*

Y gracias a Todos los que leen y dejan reviews...

ojala dejen algunos ahora...por fiss *o* dejen algoo, me gusta saber que siguen mi fic por favooorrr!

si, si, si?

si?

^^ Gracias! Se cuidan!