Cáp. 4: Desilusión. Buscando a Kai.
- ¡Chicos!- se oyó la voz de Hilary, por todo el dojo Granger.- ¡Chicos!
Sus fuertes pisadas daban a entender la desesperación con la que se aproximaba a la sala, donde se encontraba gran parte del equipo de los Bladebreakers. Éstos, pronto la vieron atravesar el umbral de la puerta. Su rostro denotaba preocupación. Entre sus manos se pudo observar un arrugado papel, pintado con un extraño y llamativo tinte rojo…
- Chicos, encontré algo…- dijo ella con voz temblorosa y expresión triste.- y creo que… no es nada bueno.
Kai daba vueltas y vueltas por el abandonado y aislado parque de atracciones. Hasta el momento, no hallaba rastro o alguna señal de que alguien hubiese estado por los alrededores.
Comenzaba a hacer frío. Con las prisas que llevaba por la mañana, había olvidado abrigarse correctamente. No resistiría mucho antes de que el frío penetrara en sus holgadas ropas y le hiciera estremecer, más aún cuando anunciaban tormenta específicamente para esa noche.
Registró el lugar una última vez, llevando la decepción grabada en sus facciones rusas. Incluso con éste último sentimiento rondando en su interior, mantenía una pequeña chispa de esperanza en su corazón por encontrar a alguien en aquel deshabitado lugar…
Su entorno comenzó a parecerle macabro. Caballos falsos, payasos inexpresivos. Un ruido le puso en alerta. Provenía de unos arbustos mal mantenidos. Éstos se movían. Luego, una voz tras ellos.
Comenzó el temporal, inaugurándose con un sonoro estruendo. Las gotas de lluvia humedecían la tierra donde se encontraba.
Estaba listo para atacar ante cualquier acción agresiva, procedente del desconocido tras los matorrales. El extraño se descubrió ante los ojos del bicolor…
- "Borracho. No era nadie más que un borracho"- pensó más calmado y relajando los músculos de su fornido cuerpo. Luego, largó un suspiro.- "Creo que… será mejor que me vaya, no quiero mojarme más"
Se olvidó de ponerse la máscara de indiferencia, pues su rostro se mostraba triste, y sus ojos mirando al suelo le daban un aspecto… normal. Se encaminó en dirección a la salida. Iba con los brazos cruzados, intentando dar calor a su, ahora, frío cuerpo; culpa de las ropas mojadas haciendo contacto con su piel. Levantó la vista, solo para descubrir a algún desconocido cerrar la verja del parque, con cadenas y un candado robusto, quedando atrapado dentro del escalofriante lugar. Corrió hasta la salida.
- ¡Hey!- gritó, intentando llamar la atención del hombre que lo había encerrado, pero éste no le oyó. Se subió a su automóvil, encendió el motor y se marchó.- ¡No, vuelva…!
Suspiró resignado, ¿qué podía hacer? A su lado descubrió un viejo teléfono público. Podía llamar a sus amigos y pedirles… ¿ayuda? No, no haría tal cosa, no se humillaría de tal manera pidiendo auxilio a sus compañeros de equipo. Se acercó al aparato y levantó el auricular, contrariando a sus pensamientos. Sería lo único que les pediría, nada más…
- "¡No!"-pensó sacudiendo su cabeza. Era demasiado orgulloso como para admitir que necesitaba de alguien.- "No les pediré ayuda, mucho menos a ellos"
Dejó el objeto en su lugar y largó un nuevo suspiro, ¿es que todo tenía que salir mal? Había creído, realmente, que las cartas las escribía su madre, que la había visto… Se había equivocado, debía admitirlo. Fue tan estúpido como para caer en una broma como aquella.
Se enfureció consigo mismo.
El que hubiera escrito la carta, debía estar mofándose en ese momento, de su inocencia con respecto al tema de su madre. O… simplemente, su progenitora no se había dignado a aparecer por miedo a su reacción o quizá a Voltaire. Pero si lo amaba tanto como decía, debía haber reunido el suficiente valor para verlo y para explicarle el por qué de su desaparición… Quizá por eso los hiwatari necesitaban de una abadía y de castigos para volverse fuertes, porque sin ellos, eran unos cobardes, tal como su madre.
- "Soy un idiota"- pensó para sí. Cubrió su cabeza de la lluvia con la capucha de la chamarra. Luego, se apoyó en la verja y se deslizó lentamente por ella, hasta caer al barro formado por el temporal.- "¿Cómo fui capaz de creer a un trozo de papel escrito por cualquiera?, ¿cómo…? ¿Cómo fui tan débil para terminar así?"
Se lamentaba en silencio. Se sentía tan débil, tan abatido, tan… triste. Deseó desaparecer, olvidar que el frío le estaba paralizando, olvidar que había recibido cartas que tocaban la fibra más débil de su ser, olvidar el dolor que le provocaba el estar tan solo en ese mundo cruel, sin una familia que le diera calor cada día, sin nadie que lo abrazara, nadie que de niño le contara cuentos y el cantara, nadie que velara su sueño al anochecer… ¿por qué le había tocado a él vivir todo eso?, ¿por qué el destino había querido hacer de su existencia un infierno?, ¿por qué nadie le daba respuestas?, ¿tanto lo odiaban?
Comenzó a llorar. Kai Hiwatari lloraba por estar solo, Kai Hiwatari lloraba por que lo habían engañado. Kai Hiwatari… el duro y frío capitán de los Bladebreakers, lloraba…
- "No es justo, ¿qué hice de malo?"- pensó entre su quiebre emocional.- "¿por qué yo no tengo papá?, ¿por qué no tengo mamá?, ¿por qué estoy solo?"
Cualquiera que le hubiese visto en ese momento diría: "imposible, no puede ser él", y seguiría su camino, dejándolo ahí, bajo la lluvia torrencial y entre el lodo ensuciando sus ropas.
Es que, era demasiado, ya no podía aguantar más. Podía ser muy fuerte, podía ser el hombre más musculoso de la tierra, pero eso no hacía que su alma aguantara tantos castigos que le regalaba la vida. Era un chico listo, atractivo, fornido y a simple vista parecía ser frío y duro, mas, su corazón guardaba un secreto; y era un dolor tan grande, un desgarre tan enorme cruzando su alma… Todo tenía un límite, y tras doce años de dolor (desde que ingresó a la abadía), lo había traspasado, y con creces.
Se quedó ahí, sentado en el barro formado por la lluvia. Rogando por una salvación a su vida, gritando en silencio por que alguien viniera a rescatarle de la oscuridad de su corazón quebrantado…
- ¿Qué…qué es esto?- preguntaba Ray estupefacto ante lo que leía y sin esperar respuesta alguna.
- ¿Qué dice, Ray?- insistió Max, una vez más.- ¡Dinos, por favor!
En la sala, hizo acto de presencia el padre de Tyson, que al escuchar el ruego de Max, había sufrido cierto espanto.
- Chicos, ¿qué sucede?- preguntó el hombre, observando la expresión confundida de cada uno de los jóvenes.
- Ray, por favor.- rogó Tyson, impaciente.
- Se-señor Granger.- dijo Ray, temblando.- necesitamos encontrar a Kai, ¿puede llevarnos?
- Si, por supuesto.- respondió Bruce.- pero, ¿puedes decirme que sucede?
- Es que…- dudó el chino.
- ¡Kai también es nuestro amigo!- clamó Tyson, con cierto enojo por la reservada actitud de Ray.- ¡También queremos saber!
El chino se dejó caer en el sofá. Su mano derecha cubría su frente y, la otra, tenía firmemente aferrado el papel que había recibido de Hilary. Ésta, había llegado minutos atrás con aquel documento. En aquel instante, un profundo sentimiento en su interior, le decía que algo andaba mal.
La castaña, en primer lugar, se había acercado a él y le había entregado el papel. La sorpresa de Ray, no cabía en su rostro cuando leyó lo que estaba escrito en el documento… No era un pape ordinario, sino, una carta… una carta para Kai. Lo que más le llamó la atención, fue la persona que firmaba al final de la hoja: Sophie Hiwatari. Según estaba informado, Kai no tenía más parientes que su abuelo.
Ese sentimiento en su interior, creció, y pudo identificarlo como una gran preocupación por su capitán y amigo.
Lo primero que se le vino a la cabeza fue BioVolt, ¿quiénes más que ellos podían andar de todo aquel embrollo?
Lo que le pareció más cruel, fue que firmaran con el nombre de algún familiar, y con tan bellas y profundas palabras. Luego, pensó: ¿desde hace cuanto Kai recibe éstas cartas?
No tenía tiempo para reflexionar todo eso, debía encontrar a su amigo… y pronto, porque BioVolt no dudaría en atrapar a Kai y, mucho menos, tardaría en hacerlo antes que él. Pero, una duda asaltó su mente: sus amigos. ¿Qué hacer con ellos? Le exigían respuestas. Él no deseaba ponerlos en peligro, para nada. Kai no haría eso, y él tampoco.
En el momento en que Tyson le sacó en cara su derecho de amigo, entendió que no podía negar al equipo lo que ocurría con el capitán. No los podía privar de ser amigos sinceros de Hiwatari.
- Es una carta.- respondió el chino, al fin.- Una carta para Kai.
- ¿Q-qué?- se escuchó el titubeo de Max.
- Ray, no debería leer su correspondencia.- dijo Kenny, asaltando su calma.
- Es diferente.- habló Ray, serio como nunca.- Citaron a Kai a un encuentro, firmando como algún familiar.
- ¿Familiar?- preguntó Tyson.- Pero… Kai no tiene familiares, solo Voltaire.
- Así es,- afirmó el chino.- creo que es una trampa y…
- cayó en ella.- continuó Max. Con expresión preocupada, tal como la de Hilary.- ¿Qué hacemos?, ¿y si es BioVolt que intenta atraparlo de nuevo?
- Lo sé.- dijo el pelinegro.- Por eso debemos encontrarlo y lo más pronto posible.
- ¿Y a qué esperan?- se escuchó decir al padre de Tyson.- Los llevo en el automóvil del abuelo. Rápido.
- ¡Si!- respondieron al unísono, pero Ray detuvo a la castaña, quien corría a la salida junto con los demás.
- Hil, creo que es mejor que te quedes.- recomendó el chino.- Si es BioVolt, puede ser muy peligroso, ¿entiendes?
- ¿¡Qué!?- clamó ella.- Pero… sé que pueden necesitarme.
- Si, puede que requiramos de tu ayuda,- le dijo.- pero no nos servirás de nada si te atrapan junto con nosotros…y Kai.
Ella pareció meditar y comprender. Él tenía razón, sería de mayor ayuda estando fuera del tema. Si BioVolt tenía a Kai y ellos pretendían rescatarlo, lo más probable es que los descubrieran… y ella podía ser de mayor utilidad estando fuera.
Kenny estaba en la puerta, escuchando.
- Creo que también me quedaré.- dijo luego de un rato.- No soy tan atlético para escapar de los matones de Voltaire, así que, ayudaré desde afuera.
- Bien, Jefe.- sonrió el pelinegro. Luego, corrió hacia el carro en marcha, donde lo esperaban sus amigos. El automóvil arrancó, con Hilary y Kenny observando preocupados.
- ¡Tengan cuidado, chicos!- gritó la castaña.
Después de que el coche desapareciera de su vista, entraron de vuelta al Dojo, se sentaron en el sofá y esperaron…
Kai saltó la verja. No tenía sentido que se quedara ahí bajo la lluvia esperando a coger alguna enfermedad, aunque poco le importaba. La calle estaba totalmente enlodada, al igual que sus pantalones; el resto de sus ropas, estaban tan empapadas que podría estrujarlas y juntar suficiente agua para una pecera. Caminaba de brazos cruzados, proporcionando algo de calor a su cuerpo congelado.
No sabía donde ir, no tenía a quién acudir. Estaba solo.
El único lugar que se le venía a la mente, era una callejón cualquiera. Si encontraba alguno en la ciudad, podría refugiarse de la lluvia hasta que se detuviera. Era eso, o presentarse en el dojo Granger como perro callejero buscando un refugio acogedor.
- "No puedo ir ahí"- pensaba, observando sus zapatillas cubiertas de barro y su tembloroso caminar.- "No puedo depender de ellos, no lo haré"
Siguió caminando. Ya ni siquiera la Luna estaba presente para iluminar su vía solitaria.
Un carro pasó por su lado, sin cuidado alguno, salpicando el agua acumulada en la carretera y empapándolo aún más. Ni siquiera maldijo, no echó palabrotas al aire, nada. Daba igual, ya todo daba lo mismo. Estaba mojado hasta los huesos, tenía frío y, después de tantos días sin deseos de comer, ahora le pasaba la cuenta: también tenía hambre. Debía olvidarse de sus molestias y seguir caminando, buscar un techo donde cobijarse de la tormenta.
Un rayo atravesó el cielo, dando impresión de quebrantar el firmamento.
Sus pies parecían pesados: por la lluvia y por el cansancio. ¿Cómo podía empeorar la situación? Mejor ni pensarlo. Solo faltaba que Voltaire apareciera, con el perro faldero de Boris meneándole la cola. Suspiró nuevamente. ¿Dónde hallaba la solución ahora? Y prosiguió su camino.
Bruce conducía lo más rápido que la ley le permitía, siguiendo las indicaciones de Ray. Éste último tenía la vista fija en el paisaje, buscando alguna señal de su amigo perdido; solo hablaba para tranquilizar a sus amigos nerviosos y para recordar al señor Granger el lugar al que se dirigían: El Parque de Atracciones abandonado.
Max también observaba atentamente por la ventana, por si a Ray se le pasaba de vista algún de talle importante en el panorama fuera del vehículo.
Tyson temblaba. Siendo él uno de los más temerarios del grupo (después de Kai), era algo extraño y que preocupaba tanto como la ausencia inesperada del ruso en el día de su cumpleaños. El de la gorra no sabía si vigilar o rezar, estaba muy preocupado. Últimamente había discutido mucho, tanto con Kai como con Hilary, con la diferencia de que Kai podía estar en problemas…
- ¿Falta mucho?- preguntó el moreno, con voz temblorosa.- El Parque abandonado no está tan lejos, ¿o si?
- Hijo,- habló su padre.- al estar nervioso y preocupado, los segundos te parecen horas. No te inquietes, ya falta poco.
Tyson volvió a su posición anterior: indefinida, a decir verdad, pues se movía constantemente.
Al cabo de un rato, Ray abrió enormemente sus ojos, cuando vio a un pobre chico caminar abrazado a sí mismo por el frío. Llevaba capucha, pero un presentimiento le impedía seguir avanzando y averiguar si era o no.
- ¿Kai?- dijo él.- ¡Creo que es él!
- ¿Cómo lo sabes?- dudó el padre de Tyson.- Tiene la cara tapada.
- No lo sé, pero…- respondió el chino.
- Debe ser él.- dijo Max.- No hay nadie más por aquí, tiene que ser.
- ¡Detente, papá!- clamó Tyson.
El bicolor seguía caminando, sin novedad alguna, sin pensamientos de consuelo. Unas luces iluminaron su visión del paisaje, miró hacia atrás, descubriendo un nuevo carro aproximándose. Otro chapuzón que tendría que enfrentar. Lo que llamó su atención fue la disminución a la velocidad que hizo el vehículo. ¡Se había detenido! Si, había parado unos metros más allá, ¿quién sería? Espero que no sea el viejo, se decía interiormente. Más se llevó la enorme sorpresa de ver bajar a sus compañeros de aquel automóvil. No llevaban paraguas, se exponían a la lluvia para verlo. Luego, vio bajar a Bruce Granger
Quedaron parados de pie, junto al vehículo, observándolo…
- Kai…- comenzó Ray.
Hasta aquí el capitulo 4, ojala les guste. Mi intención era hacer ver que Kai también puede estar triste o llorar, como vieron ^^
Bueno, dos notícias mas un bonus:
1º Mañana empiezo las clases :'( y no podré subir capitulos tan rápido como hacía antes. Es el horror más grande del mundo pero tengo que ir :S Solo les pido que esperen ahora un poco más entre cada actualización :)
2º (Espero que les parezca cuando lo vean) El siguiente capítulo pienso hacerlo tieerno :) asi que... ehm... jiji... ojala les parezca bien que sea asi, tierno... porque es algo raro meter la ternura en un fic así. Pero será tierno en el sentido amistoso, es decir, la amistad saldrá a relucir y eso hará que se vea tierno el capítulo (o eso espero)
BONUS: Ya empecé mi nuevo proyecto, pienso publicarlo el mismo día que termine éste ^^ No es tan trágico, es más de aventura y un poco de diversión para los personajes.
Y eso es todo, disfruten del cap.
¡Saludos a todos y gracias por pasar! ^^
Ah! Y dejen Reviews, que cuando los leo me alegran el dia! :3 jijiiji
