Seré sincera. Desaparecí porque tenía miedo. verdaderamente no le tengo mucha fé a este capítulo, y siento que perderé a más de un lector. Tenía miedo de las críticas y el bien conocido "Qué dirán". Pero hace poco descubrí algo... Que debía escribir para mi, esta era mi idea original y aquí está. Muchos pensarán "Oh, qué patético, dejémosle un anónimo" pero no me importa ya, esto es lo que quería y espero que les guste... y espero no perder tantos lectores.
Cáp. 5: Amigos.
- Kai…- comenzó Ray. Su mirada ambarina no se despegaban ni por un momento de la figura bajo la lluvia: entumida y empapada…
Sintió un escalofrío recorrer su espalda al encontrarse con las miradas lastimeras y penosas de sus amigos, ¿cómo había llegado a esto?, ¿a que ellos tuvieran que ir por él?, ¿tan inútil era como para no poder librar una batalla más en soledad?, ¿ahora necesitaba de un escuadrón de jugadores de beyblade para enfrentarse cara a cara con algún bromista escritor de cartas dolorosas?
De entre su revoltijo de sentimientos, el que más se hacía destacar era "desesperación". No podía evitarlo, pues aquellos que siempre habían visto en él una figura protectora y poderosa, hoy observaban el lento caer de los trozos de esa imagen quebrantada.
El grupo de jóvenes seguía observando. Era difícil reaccionar de una forma u otra ante el gran Kai Hiwatari, ¿cuál sería la mejor manera?, ¿cómo no hacerlo sentir débil? Al menos eso cruzaba la mente de Ray.
Tyson se sentía miserable, como nunca. Siempre había discutido con su capitán, fuese tontería o quizá no. ¿Y ahora qué? ¿Gritarle y exigirle un explicación por desaparecer de la noche a la mañana, encima en el día de su cumpleaños? No, no. Definitivamente no era, si quiera, una opción.
La confusión y tensión en el ambiente podía, incluso, olerse entre las ráfagas de viento que azotaban los poderosos troncos de robles y sauces.
Max nunca había sentido tales ganas de llorar y tantos sentimientos encontrados en un solo segundo. Sentía el dolor de su amigo, la pena, el agotador sentimiento de asfixia… Quería ayudarlo, pero ¿cómo? Él era… Kai, simplemente Kai. Solo el hecho de oír su nombre y saber que se encontraba cerca, era suficiente para auto-ordenarse enorgullecer al frío y duro capitán. Porque era alguien digno de admirar, al menos para él. ¡Cuantas veces no soñó con tener una cuarta parte de la fortaleza que tenía Kai!... y ahora, más que nunca necesitaba aferrarse a algo que se la otorgara.
¡Ah! ¡Y qué decir de Bruce Granger! No sabía si largar un suspiro de alivio al encontrar al desaparecido o subir al vehículo, presionar el acelerador y dejar atrás ese sentimiento que hacía oprimir su corazón, al punto de arder su pecho.
No podía ser tan cobarde, se dijo para recobrar el derecho de adulto entre los Bladebreakers. Mordió su labio inferior, descargando culpabilidad.
Ray bajó la mirada antes de pronunciar palabra alguna.
- Nosotros…- comenzó el chino después de un largo e incómodo silencio. Acto seguido, extrajo la carta bañada en singular tinte rojo de su bolsillo, la estiró y observó por última vez antes de seguir. Pensó que releerla sería una buena forma de propinarse valor para hablar.-…la leímos, Kai. Leímos la carta y… yo… bueno…
El bicolor tenía la mirada escondida tras sus desordenados cabellos azules.
- Era…- se escuchó salir de los labios del joven bicolor.- era… mentira... era mentira…
Los chicos sintieron un ligero temblor al oír la voz de su capitán. No era la de siempre.
- Todo… era mentira…- elevó la cabeza.- No era cierto.
No. Imposible.
Ante las miradas atónitas de los Bladebreakers, se presentó una lluvia de lágrimas más intensa que la tormenta presente, cayendo de las orbes de Kai.
No, no y no; esto definitivamente no pintaba bien. Kai si quiera conocía las lágrimas. Era una regla, ¡una ley en su vida! Él no derramaba lágrimas saladas, jamás. Sus ojos no eran capaces de secretar líquido, nunca. ¿Era la lluvia quien engañaba a sus ojos?
El chino no sabía qué decir. En ningún momento se le pasó por la mente que iba librar una batalla que le dejaría mentalmente agotado. Incluso, se había preparado psicológicamente para enfrentarse a Voltaire; no tenía nada adecuado que acotar para esa situación.
La lluvia azotaba con fuerza, mientras el viento le acompañaba trasladando el frío de lugar en lugar, de cuerpo en cuerpo. El cielo parecía querer compartir su sentimientos esa noche.
- "Kai."- pensó el pelinegro.- "Él…ha sufrido mucho…No puedo creer que, siendo su amigo, no me haya dado cuenta, ¿qué clase de amistad le estoy ofreciendo? Seguro no halló confianza en ninguno de nosotros... "
No pudo evitar sentirse culpable, sentir que podría haber impedido tanto de lo que ocurría.
Oyeron un segundo, y a penas audible, murmullo.
- No… no había nadie.- dijo Kai con voz quebradiza.- Nadie vino… No era cierto.
Mantenía los párpados fuertemente cerrados a pesar de que sus lágrimas seguían brotando por entre ellos. Temblaba exageradamente. El frío era estremecedor; y era evidente que la lluvia no cesaría en varios días.
- Kai…- susurró Tyson a los vientos. Se oyó un leve tosido proveniente de la garganta del mencionado. Sollozos casi imperceptibles hicieron acto de presencia.
- "Soy un desconsiderado. Siempre he creído pensar en los demás, en mis amigos… "- pensaba Ray.- "pero ya veo que no fui capaz, esta vez, de imaginarme, si quiera lo mal que lo estaba pasando uno de mis amigos más cercano"
- ¡Maldición!- se oyó gritar a Kai.- no es justo… no, no es justo… ¡me engañaron! ¿Cómo no me di cuenta? Todo era mentira, todo… todo…
Un nuevo llanto hizo compañía al primero. Nadie lo esperaba, nadie se lo imaginó. Fue tan repentino como tormenta en plena sequía, donde cada pétalo de flor se humilla por una ínfima gota de agua que sacie su sed.
-"Max…"- pensó Ray con ambos ojos muy abiertos, irrumpiendo en la habitual aura armoniosa que generalmente le rodeaba. No pudo obviar sorprenderse aún más… la situación era tan extraña.- "no…por favor"
Los hermosos zafiros de Max se habían convertido en dos caudalosas lagunas. Pues de sus ojos brotaban lágrimas que no era capaz de controlar… ni una sola, ni la más pequeña de ellas.
- Tanto…- se le oyó de pronto, al rubio. Su voz sufría de pequeños espasmos al hablar, temblorosa también era, además de estar llena de un desorden emocional, donde la tristeza predominaba, y el desconsuelo no se asemejaba a ningún otro sentimiento que en su vida hubiese sentido.- tanto… tanto tiempo que… permaneciste callado…
Avanzó dos pasos…
- ¡¿Por qué?!- gritó inesperadamente. Demasiado fuera de su personalidad e implantando una duda… ¿era realmente Max el que hablaba?- ¡¿Por qué, demonios, no dijiste nada?! ¡¿Por qué siempre tienes que esperar a que ocurra lo peor para entender que…?!
Se detuvo a final de frase. Sus manos estaban fuertemente apretadas, logrando que sus nudillos emblanquecieran.
Las lágrimas del bicolor se habían detenido abruptamente al escuchar a su compañero gritar. Ahora sus ojos permanecían abiertos y daban a conocer la enorme sorpresa que le llevó escuchar la reprimenda que el menor le daba. La lluvia golpeaba su rostro y enjuagaba las lágrimas que dejaban marcas en él.
Max respiró un momento antes de continuar. Había logrado sosegarse.
- …entender que...- continuó.- puedes confiar en nosotros, Kai. Somos amigos, ¿no?
¿Quién era el mayor ahora?, ¿quién había madurado realmente?
Pasados unos interminables segundos, Kai parecía tener la intención de responder, pero las palabras correctas no surgían de su garganta.
- Yo…- habló Hiwatari.- bueno… yo…
¿Tan difícil es aceptar que existe un grupo de personas que se preocupa por ti y… te quiere? Al parecer así era para él. Y ahora no sabía qué responder al rubio. No podía negar que tenía toda la razón. Tenían varios años de amistad y él aún no era capaz de confiar. ¿Cuántas veces habían demostrado quererlo y aceptarlo; preocuparse por él y ayudarlo; acercársele y procurar soportarlo, aún con su especial carácter? ¡Muchas, muchas ocasiones!
¿Por qué tenía que esperar a qué ocurriera lo peor para, al fin, confiar en sus compañeros de equipo, en sus amigos…? Porque… ¡si! ¡Lo eran! ¡Eran sus amigos!
- Si…- respondió al fin el bicolor.- lo… somos.
Max estalló en llanto, no pudo contener las lágrimas provocadas por la situación tan emotiva y sincera.
¿Podía ocurrir algo que sorprendiera más al grupo? Si, lo había… El joven rubio emprendió carrera hacia el ruso y, sin ningún tipo de consentimiento, sin siquiera conciencia de lo que hacía, un solo impulso lo motivó a rodearle con sus delicados brazos. Debido al empuje anterior del menor, Kai tuvo que retroceder un paso para mantener el equilibrio; aunque la sorpresa plasmada en su rostro en ningún momento sufrió alteración. Se dejó abrazar, después de todo no sabía cómo reaccionar. Era tan…repentino, portentoso, extraordinario y tantos sinónimos más… y le costaba asimilarlo.
No habían transcurrido muchos segundos cuando Kai sintió los quejidos tan dolorosos de Max sobre su hombro. Luego, reaccionó, y sus pensamientos encontraron salida a la confusión.
- "Soy tan… débil, no lo puedo creer. ¡No, no!".- pensó el bicolor. Los sentimientos que se arremolinaban en su corazón, al fin y al cabo, habían salido a relucir; se podría considerar que sus esfuerzos por mantenerlos a raya, fueron un fracaso… uno y otro más. Pues sus lágrimas se avecinaron nuevamente y cayeron como la lluvia, que cada vez azotaba con más fuerza.
Tyson observaba pasmado la escena tan conmovedora… una demostración de amistad que pocas veces se ve... sobre todo viniendo del iceberg Hiwatari. Sintió, también las ganas de llorar; pero no, ahora él debía ser fuerte por Kai, por Max, e incluso, por Ray. Pero… ¡es que era tan difícil! Observó a su lado a su compañero chino, a pesar de que la precipitación dificultaba su vista, estaba lo suficientemente cerca como para notar lo vidriosas que estaban las orbes de Ray. Entonces, y aunque dejó de ser inesperado, Tyson soltó su emoción y dejó que todos observaran como lloraba por su amigo, su querido amigo. Dio unos lentos pasos hacia delante y luego, se unió al afectuoso abrazo no correspondido por el ruso. Momentos después, sintió otro par de brazos que rodeaban, no solo a él, sino también a Max y Kai. Luego, una voz, que inmediatamente reconoció:
- Todo estará bien… a partir de ahora, todo estará bien…- fue la alentadora frase del chino, que también sollozaba.
Ahí estaban, cuatro amigos que por casualidades del destino, habían formado un equipo de beyblade. ¿En qué momento lo lazos nacieron?, ¿en qué momento comenzaron a quererse y cuidarse unos a otros; como amigos, como hermanos?, ¿cuándo, que ninguno se dio cuenta, formaron la más insólita y excepcional familia? Eso… no importaba ya, el punto es que estaban juntos y más unidos que nunca, ¿por qué? Porque uno de ellos se había visto en graves problemas y todos, todos y cada uno de ellos había arriesgado y abandonado todo por ir en su búsqueda… y, al final, había salido bien… sanos y salvos; aunque tenían claro que luego de este episodio, vendría una larga conversación, además de una molesta reprimenda…
- Aún no llegan, ¿y si les pasó algo?- se escuchó decir a Hilary, quien llevaba horas observando la lluvia caer, esperando que entre aquel diluvio apareciera el vehículo en el que vio a sus amigos salir en busca de Kai.- ¿qué tal si Voltaire los atrapó? ¡Quién sabe qué barbaridades les está haciendo!
- ¡Hilary!- dijo el jefe -que se encontraba sentado en el piso- despegando su visión de Dizzi y enfocándola en la alterada jovencita.- Debes ser un poco más positiva… me pones nervioso.
- Lo siento,- se disculpó con una ligera sonrisa.- pero no puedo evitar preocuparme más de la cuenta.
- Lo sé,- respondió el pequeño.- y te entiendo, pero no ganamos nada asustándonos mutuamente, suponiendo atrocidades que seguramente no han pasado y… no pasarán.
Ella pensó un momento en el consejo de Kenny.
- Que sabias palabras, Jefe.- dijo Hilary, ampliando su sonrisa.- no las esperaba, ¿estás madurando?
- ¿De quién las esperabas?, ¿de Tyson?- rió el menor, siendo acompañado por ella.
Después de unos segundos, en la habitación volvió a reinar el silencio y la preocupación. Las palabras de Kenny ya no parecían surtir efecto… Ni siquiera en él mismo.
-¡Kai!- clamó Ray.- ¡No te duermas o puedes enfermar!
Acto seguido remeció al bicolor por el hombro, esperando que abriera los ojos.
Se encontraban ya en el vehículo del Sr. Granger, esperando que el regreso a casa fuera lo más corto posible. Estaban empapados. La lluvia no había cesado ni, mucho menos, aminorado su flujo.
Kai había subido primero al carro, seguido de Ray y luego Tyson (Max había cambiado de posición con este último.).
El ruso había comenzado a dormitar a penas el vehículo arrancó. Su intención era evitar a toda costa las miradas decepcionadas o lastimeras de cualquiera de sus compañeros. Era lo suficientemente humillante el tener que haberse "confesado" delante de ellos… ¿Qué peor para alguien cómo él? Cerrar los ojos pareció la única salida al silencio sepulcral… pero estaba tan cansado y hambriento que no tardaron sus párpados en caer. Cuando al fin parecía haber entrado al mundo de los sueños, el llamado de Ray le despertó; su visión era borrosa y su cuello ya no parecía ser capaz de soportar el peso de su cabeza… solo quería dormir, aunque fuesen cinco minutos y se arriesgara a enfermar.
- No permitan que se duerma, chicos.- Ordenó el padre de Tyson.- No, hasta que se encuentre totalmente seco.
Bruce presionó el acelerador, provocando que los jóvenes quedaran pasmados en su asientos, y también obligando al joven ruso a espabilarse… al menos por un rato.
Tyson pareció recordar algo de pronto, se inclinó hacia Max y dijo…
- Bajo tu asiento debería haber una manta, ¿puedes buscarla?
Max asintió y comenzó a buscar de inmediato y sin perder un solo segundo. Después de escarbar un buen rato daba señas de haberla encontrado. Rápidamente se la dio al chino y este cubrió a un adormilado Kai, aprovechando la ocasión para despertarle nuevamente.
- ¡Vamos, Kai!- clamó mientras le sacudía.- ¡Debes despertar!
El mencionado se giró hacia Ray, haciendo un esfuerzo por abrir los ojos, pero apenas y pudo mantenerse despierto por unos breves segundos.
- Quiero… dormir…- dijo en apenas audible susurro antes de volver caer en los brazos de Morfeo.
- Amigo, ya dormirás después todo lo que quieras.- habló Tyson, elevando la voz cuanto pudo y, al mismo tiempo deseando colaborar.- ¡Qué despiertes!
Lo sacudieron una última vez antes de que el señor Granger anunciara la llegada al Dojo. El vehículo se detuvo, y los primeros en salir fueron padre e hijo, seguidos de Max. Ray pasó el brazo derecho de Kai por su cuello y con su mano izquierda le sujetó desde la muñeca, luego, con su brazo libre, le rodeó la cintura.
- ¿Puedes, Ray?- preguntó el padre de Tyson, observando desde fuera del automóvil.
- Eso creo.- respondió Ray, intentando sacar al ruso del vehículo… solo que había un inconveniente: Kai no colaboraba en lo más mínimo. Parecía profundamente dormido, lo cual provocaba la incomodidad del chino.
Después de mucho esfuerzo, logró sacarlo fuera del carro, pero el bicolor no hacía esfuerzos por ponerse de pie; todo lo contrario, se dejaba caer cargando su peso en el cuello del chino.
- ¡Vamos, Kai! No te rindas ahora, ya casi estamos dentro.- clamó el pelinegro.
- Max, ve a abrir la puerta.- ordenó Bruce. Acto seguido pasó un brazo por las rodillas de Kai y el otro por su cuello, cargándolo lo más cómodamente posible, y liberando a Ray de la tensión en el cuello.- Vayan dentro, chicos.
Los jóvenes obedecieron, confiando plenamente en que el mayor pronto les seguiría el paso cargando con un Bladebreaker hambriento y cansado.
Hilary daba vueltas por la habitación, haciendo el mismo recorrido una y otra vez, y murmurando palabras al azar. Kenny no hacía más que ponerse nervioso, no solo por la tardanza de sus amigos, sino también por las fuertes pisadas que daba la joven contra el piso del Dojo y el tic tac del reloj que no dejaba de hacer eco constante en su mente… sentía como si le faltara el aire a sus pulmones. De la nada, cerró su laptop, logrando que Hilary se detuviera y lo observara con cierto dejo de sorpresa.
- ¿Podrías dejar de pasearte de un lado para otro?- dijo Kenny con voz algo irritada, sentimiento que pocas veces es posible divisar en él.- ¡Con esas pisadas tan fuertes haces que pierda los estribos!
Intimidada por el novedoso sentimiento de frustración descubierto en el menor y la repentina reprimenda que le había dado, solo pudo inclinar la cabeza y espetar palabras de arrepentimiento. Repentinamente, notó como un nudo se formaba en su garganta y un profundo sentimiento de aflicción se mezclaba con la desesperación de no ver llegar a Max, Ray, Tyson y su padre, junto con el extraviado Kai.
- Lo siento, Jefe.- dijo ella apretando fuertemente los puños y dejando escapar algunas lágrimas.- Es solo que… estoy muy preocupada por los chicos. No temo a Voltaire, pero sí a las cosas horribles que pueda hacerles. No puedo evitar que aterradoras imágenes vengan a mi mente.
Kenny la observó por un momento. Ella también estaba muy angustiada, solo que su manera de tranquilizarse… era esa: caminar de un lado a otro murmurando palabras inentendibles para los que la rodean.
- Yo también lo siento,- declaró el menor sonriendo.- no debí gritarte.
Hilary respondió a su sonrisa con una aún mayor; la cual se ensanchó cuando oyó el sonido del motor del vehículo en el que habían marchado sus amigos. Emocionada, se secó las lágrimas y anunció su alegría.
- ¡Están bien!- clamó ella.- ¡No les pasó nada!
Kenny también amplió su sonrisa. Se levantó rápidamente de su lugar y corrió hacia la ventana, pretendiendo ver a través de la cortina de agua. Hilary también se asomó, luego de largar varios suspiros de alivio.
Pronto, advirtieron que la puerta de la cocina se abría. Se despegaron rápidamente del vidrio y giraron sobre sus pies, esperando a que alguno de los chicos hiciera acto de presencia. El primero en aparecer, fue Max, quien no lucía su habitual sonrisa.
- ¡Max!- clamaron Kenny y Hilary al unísono.
- ¿Qué pasó?- preguntó la castaña, recobrando la preocupación al ver su rostro tan serio.- ¡Estás empapado!
- ¿Hallaron a Kai?- siguió el menor.
- Bueno…- titubeó con la vista enfocada en las tablas que componían el piso.- si, pero… no como esperábamos.
Antes de que pudieran seguir interrogándole, oyeron unos apresurados pasos. Luego, Tyson pasó frente a ellos, pero no les dirigió la mirada, sino que siguió su camino hasta las escaleras. Tras él se aproximaba Bruce Granger, cargando a un bicolor que escurría agua de cada prenda que traía consigo. Tampoco se detuvo, pero sí pronunció unas rápidas palabras. Luego, y, tal como su hijo, subió las escaleras y llevó a Kai hasta la habitación de Tyson.
- Tranquilos, chicos.- fue lo que dijo Bruce al momento de sentir las miradas de los jóvenes sobre sí.- Todo está bien.
Y luego desapareció de la vista de los que en la sala se encontraban.
Por último, Ray hizo acto de presencia; pero su paso no era tan apresurado como el de los dos anteriores.
Hilary no se contuvo y comenzó una ola de preguntas.
- ¿Qué pasó, chicos? ¿Kai está bien? ¿Voltaire está metido en esto?- pronunciaba cada pregunta a una gran velocidad.- ¿Están heridos o algo? ¡Díganme qué fue lo que ocurrió!
- Hilary, tranquila.- habló Ray, con una pequeña sonrisa dibujada en el rostro.- Ya oíste al señor Granger, todo está bien. Kai está a salvo… y no, no nos encontramos con Voltaire.
La chica largó un suspiro y posó una mano en su pecho, demostrando lo aliviada que se sentía.
- Será mejor que se cambien, chicos.- Sugirió Kenny.- Parece como si hubieran nadado en una piscina con la ropa puesta.
Max y Ray rieron ante el comentario.
- No te preocupes, Jefe.- dijo Max recuperando su característica sonrisa tan amigable.
Ray se giró y recogió su mochila que se encontraba en una esquina de la habitación. Max le imitó y se encaminaron hacia el baño, buscando deshacerse de las prendas mojadas. Antes de dar un paso fuera de la habitación, Hilary llamó su atención.
- Chicos,- llamó ella con voz más calmada.- luego nos contarán qué pasó, ¿verdad?
Ray le dirigió una mirada a Max, dudando; buscando la respuesta en su rostro. Max le correspondió, para luego encogerse de hombros y dejar la decisión en sus manos.
- Claro.- afirmó el chino con una pequeña sonrisa. Luego, se retiraron de la habitación.
Dejaron a Kai solo unos minutos para que pudiera cambiarse con total tranquilidad.
Seguía bastante adormilado, pero hizo un esfuerzo por deshacerse de las ropas mojadas. Las lanzó a un lado y se vistió con un pantalón negro y ancho, el cual caía en sus caderas al ser varias tallas más grande, y una camiseta de mangas largas que también le venía bastante grande. Luego, se dejó caer en la cama, ingresando rápidamente al mundo de los sueños…
- Kai, ¿estás listo?- preguntó el padre de Tyson desde fuera de la habitación. Al no recibir respuesta, se aventuró a entrar sin consentimiento. Le descubrió ya dormido, pero algo llamó su atención…
Su rostro.
Sus mejillas estaban muy coloradas, y temblaba de una manera exagerada. Solo pudo atinar a palpar su frente y descubrir lo caliente que estaba.
- Tiene fiebre.- dijo más para sí que para su hijo, quien se encontraba misteriosamente callado en el marco de la puerta.- Tyson, trae unas toallas y un lavamanos con agua fría.
- Si.- respondió el menor poniéndose rápidamente en marcha.- "¡Diablos! Me siento un inútil, ¿qué puedo hacer?"
Fue hasta la cocina y ahí halló los utensilios.
Transcurridos unos minutos, Tyson volvió a aparecer cargando con el pedido de su padre. Este lo depositó junto a la cama y sumergió la primera toalla en el agua fría, luego, quitó todo el exceso de agua y lo colocó en la frente del bicolor. Con una segunda toalla, también sumergida y estrujada, limpió el rostro del ruso.
- Papá…- dijo Tyson de pronto.- bajaré con los chicos.
- Yo también bajaré.- respondió él.- Será mejor dejarle dormir.
Dejó la toalla sobre la mesita de noche, apagó las luces y salió de la habitación cerrando tras de sí la puerta. A paso lento bajaron las escaleras y se dirigieron a la sala, donde se encontraban el resto del equipo. Al momento de entrar, todos dirigieron sus miradas hacia el padre y el hijo.
- Estábamos explicándoles a Hilary y a Kenny qué fue lo qué pasó.- anunció Ray.
- Siéntense.- sugirió Max.- La historia es larga. No se quedarán ahí parados, ¿no?
Ambos tomaron asiento, esperando a que el chino iniciara el relato. Después de unos cuántos suspiros, comenzó…
- Cómo vieron, salimos de aquí en el carro del señor Granger,- narraba Ray.- dimos vueltas por la ciudad, hasta que…
Siguió contando la historia, omitiendo ciertos detalles que quedarían guardados en las memorias de los cuatro jóvenes, tales como el momento de llanto unido y el cambio de personalidad de Max, entre otros…
Su cabeza daba vueltas y vueltas, y su estómago clamaba por comida; sus párpados le pesaban como nunca y no hallaba fuerzas para levantarse. Se esforzaba por abrir los ojos, pero cuando lo hacía, solo veía oscuridad a su alrededor; era muy intensa y no encontraba ni una fuga de luz, como una ventana o algo parecido.
Sintió un fuerte ardor en sus brazos… no, en sus brazos no; eran los cortes profundos que se había provocado hace unos días. Dolían… demasiado para su gusto. Se esforzó por enfocar su vista en cualquiera de su extremidades superiores, y al lograrlo, se sorprendió de poder observar, entre aquella oscuridad tan densa, cuánta sangre emanaba de sus brazos: ¡Era muchísima! Y lo que le dejaba boquiabierto, era que esta fuera tan luminosa como para verla entre tanta negrura, ¿estaría soñando? ¿Se encontraría inmerso, quizás, en uno de sus sueños? ¿O quizás era una pesadilla?
Sus ojos parecían jugarle una mala pasada, pues todo parecía mancharse con su sangre; las tinieblas se marchaban, para dejar atrás un rojo vivo pintado en las paredes de su mente.
¡Duele!, le habría gustado clamar, pero su lengua parecía estar trabada.
El ardor se mezcló con una horrible sensación punzante en todo su cuerpo, como si le clavaran mil enormes agujas.
Sintió una pequeño "crac" proveniente de su pecho. Intentó hacer algún movimiento, pero el dolor se incrementó. Sus costillas no estaban rotas, pero el dolor tan grande decía todo lo contrario.
Intentó gritar con todas sus fuerzas…
Ni un ruido salió de su garganta.
Un segundo "crac" ahora proveniente de sus piernas. Esta vez no quiso si quiera moverlas, para no arriesgarse a que doliera.
Una enorme peso en sus extremidades inferiores le hizo abrir la boca, intentando gritar. Era como si alguien se le hubiese subido encima y que con un martillo diera cien veces a cada pierna.
Cuanto le habría gustado pedir ayuda. ¡Dolía tanto! Morir habría sido una mejor opción.
¡Me duele, me duele!
Querer que alguien te oiga no es suficiente. Pretender que no te importa tampoco basta para superar las pruebas de la vida.
Por favor… por favor… ¡basta!
Todo se detuvo. Como si oyeran sus súplicas.
Pudo oír algo distinto, algo que no solo entró en sus oídos, sino también en su corazón de piedra.
Un melodía, una suave y delicada melodía. No supo identificar de donde venía, pero no le importó. El dolor se había ido, y había sido remplazado por una paz infinita. Nunca había sentido nada igual. Deseaba poder oírla todo lo que quedaba de su vida.
Percibió cómo una mano cálida se posaba en su pecho y apaciguaba el dolor.
Era una mujer.
No veía su rostro, pero si sentía su voz junto a él. Era tan fina y delicada.
Pronto, sus párpados cayeron. La paz le acompañó a lo largo de sus sueños.
No sentía felicidad, tampoco tristeza; pero estaba bien así. Estaba protegido por la melodía encantada, que cautivaba su corazón, y mecía suavemente su alma dolorida.
Y al fin, pudo dormir en paz.
Bueno, supongo que todos saben por qué un se enferma cuando está mojado y encima se duerme, así que sería tonto de mi parte explicarlo.
Y... ¡eso!
Esperaré las críticas con ánimo =D
