Cap. 6: Después de la Tormenta, ¿Viene la Calma?
- Yo…- decía Hilary, con gran duda adherida a su voz.- bueno… no sé qué pensar.
Kenny estaba sentado junto a ella. Se encontraba cabizbajo y pensativo, con su preciada laptop descansando en sus rodillas y ambas manos posadas sobre ella de forma protectora. No emitía el más mínimo ruido, ni movía el menor de sus músculos.
Habían transcurrido los segundos más incómodos desde que Ray había finalizado el relato. Esperaba a oír cualquier tipo de acotación, crítica o regaño por parte de la joven o del menor… pero no pronunciaban vocal alguna, logrando un ambiente pesado y perturbador. Su nerviosismo se hacía notar con el rápido y continuo movimiento de su pierna derecha, mientras sus manos hacían gestos desconocidos, incluso por él.
Kenny elevó su rostro, enfocando su mirada en cada uno de los presentes y estudiando sus actitudes ante desagradable silencio. No estaba totalmente seguro de lo que iba a decir, pero… al fin se decidió a compartir su opinión.
- No hay mucho que decir.- Acotó el castaño con semblante serio.- Ni siquiera sabemos en qué nos estamos metiendo. Eso solo lo sabe Kai… y dudo que quiera contarnos... al menos no sin que le obliguemos.
Correcto y correcto. El menor gozaba de razón sin saberlo... ¿Cómo estar seguros de que ninguno corría peligro? Seguramente Kai tampoco sabría la respuesta, parecía estar tan confundido como ellos… ¿Cómo saber si este no era otro de los dementes proyectos de Voltaire por atrapar a "su nieto"? Y más importante, ¿podrían escapar esta vez? ¡Ah! Eran preguntas sin respuestas… al menos nadie se las daría por el momento. ¿Qué hacer entonces? Cruzarse de brazos parecía ser la única salida, pero ninguno estaba dispuesto a aceptarla como tal… ¿y entonces?, ¿qué?
- ¡Diablos! Esto está haciendo que me duela la cabeza.- Clamó Tyson posando ambas manos sobre su característica gorra roja.- Me siento inútil.
- "No eres el único"- Pensó Ray.- Lo único que podemos hacer por ahora, es esperar a que Kai despierte.
- Ray,- Llamó Max.- ¿aún tienes la carta?
- Claro.- respondió el chino con cierto grado de sorpresa grabado en su rostro.- ¿Por qué lo preguntas?
- Me preguntaba si… bueno…- dudó el rubio.- habría alguna pista, algo que nos diera cualquier tipo de información.
Cada uno de los presentes enfocó su mirada en los preciosos zafiros de Max, mientras sus mentes procesaban la información. ¿Cómo no se les había ocurrido antes? Con las prisas que llevaban, no habían estudiado correctamente las palabras escritas en la carta. Quizá… solo quizá, un error del autor era suficiente para aclarar la mitad del asunto.
- Tienes razón.- dijo Bruce Granger.- Ray, dame la carta.
El mencionado reaccionó rápidamente, introdujo una mano en su bolsillo y extrajo el papel, el cual se encontraba en condiciones bastante deplorables: arrugado y algo húmedo. Lo observó un momento, entretanto un millón de imágenes cruzaban su mente como fotografías nítidas e inmaculadas. Sacudió su cabeza y se estiró desde su asiento para ceder el documento al mayor, poniendo atención a sus movimientos mientras este lo estiraba y leía con detenimiento.
Todo fue silencio durante algunos segundos, esta vez no había incomodidad en ello, sino ansiedad… ansiedad por conocer el veredicto del Granger mayor. Pronto, se hizo oír su voz en la habitación taciturna.
- Es difícil.- declaró sin despegar los ojos del papel.- Lo único que se me ocurre destacar es el hecho de que haya citado a Kai a un parque de atracciones deshabitado y… aislado. Solo hay un nombre que se me viene a la cabeza.
- Voltaire.- se escapó de los labios de cada uno, y más de un recuerdo oscuro hacía acto de presencia en las mentes de los jóvenes.
- Correcto,- dijo el hombre.- no hay nadie más.
- Ese… bastardo.- murmuró Tyson para sí mismo, pero siendo escuchado por los presentes.- ¿Por qué no lo deja en paz?
- No lo sé.- respondió su padre.- Meramente puedo imaginar que Kai es una valiosa pieza de ajedrez en su tablero de juego.
- No hables con enigmas, papá.- habló Tyson, extrayendo algunas risas por parte de los espectadores.
- Un momento,- se oyó decir a Max, mientras señalaba la carta.- ¿qué es esa mancha roja?
Cada par de ojos se orientó hacia la carta, sorprendiéndose de hallar razón en las palabras del joven rubio.
- Es cierto.- dijo Kenny.- Por un momento pensé que era un decorado de la hoja, pero ahora que la observó mejor…
-… es irregular.- prosiguió Hilary.- Los aderezos de las hojas no suelen ser así. Por lo general son algo más simétricos.
- Además esta parece ser una simple hoja de carta,- siguió Max.- sin dibujos. Me pregunto qué será.
- Es curioso.- mencionó el mayor.- Dentro de la mancha, las letras están algo emborronadas.
- Puede haber sido causa de la lluvia.- acotó el chino.- En cuanto bajamos del carro, el agua me mojó hasta los huesos. Me parece increíble que la carta no se haya deshecho.
- Quizá, quizá…- prosiguió Bruce.- olvidémoslo. No creo que sea importante. Debemos centrarnos en el autor de la carta, Sophie Hiwatari.
- No creo que esto sea necesario.- dijo Tyson de pronto.- Sabemos perfectamente que Voltaire está detrás de todo esto. No nos sigamos friendo los sesos y dejémoslo pasar.
- Pero, Tyson,- objetó Kenny alzando levemente su voz.- si lo que quería era atrapar a Kai, tuvo la oportunidad perfecta para hacerlo, ¿por qué entonces…?
- ¡Yo qué sé!- exclamó el moreno, levantándose del sofá, donde anteriormente se encontraba sentado.- Esa mujer no es nadie. Solo quieren confundir a Kai para luego atraparlo cuando menos se lo espere.
- Por muy extraño que parezca…- se oyó decir a Max.- concuerdo con Tyson. ¿Quién más podría ser? No estoy seguro de por qué no se llevaron a Kai esta noche, pero no me cabe ninguna duda de que si Voltaire está en medio no será nada agradable.
- ¿Lo ven?- Se oyó decir a un Tyson lleno de convicción en sus palabras.- Olvidémonos de este asunto, al menos solo por hoy…
Los chicos parecieron reflexionar sus palabras. Era bien sabido por todos, que dar vueltas y vueltas a un tema sin llegar a un solución, concebía un desagradable mareo, seguido de un molesto dolor de cabeza.
Y… después de todo, Tyson tenía razón. Fuera cual fuera el veredicto al que sus mentes dieran cabida, no había nada que hacer… nada a su alcance.
- Además,- prosiguió el Campeón Mundial.- no hemos terminado de celebrar. Aún tenemos el pastel y hay un cumpleaños que festejar.
Todos observaron la sonrisa traviesa que curvaba los finos labios del moreno. Notaron como su mirada se orientaba hacia los rostros perplejos de cada uno y, acto seguido, una risa escapó de su garganta… Nuevamente estaba en lo cierto.
¿Fue un sueño?
Primer y único pensamiento que hizo eco en su cabeza. Anhelaba una respuesta que saciara su curiosidad.
Se talló los ojos y pestañeó varias veces para ahuyentar la pesadez en sus párpados. Posteriormente, permitió a sus orbes carmesí estudiar el entorno donde se encontraba. No recordaba el más mínimo detalle de la noche anterior… al menos no después de subir al carro.
Cual película dramática, la secuencia de imágenes recorrió su memoria… mas no lograba relacionar una con otra, sumando la confusión a sus pensamientos, lo cual le irritaba de sobremanera.
Se sentó para mayor comodidad.
- "No me cabe duda de que fue un sueño…- pensó para sus adentros.- pero el dolor fue muy real."
Largó un suspiro apesadumbrado.
¿Qué le ocurría?
Llevaba meses formulándose aquella pregunta y la respuesta no parecía querer cruzarse por su vida. Incluso su cuerpo le jugaba malas pasadas. ¿Es que a caso se estaba volviendo… débil? ¿Había perdido todo aquello que aprendió durante los torturosos años en la abadía? ¿Y su fuerza? ¿Dónde estaba?
- "¡Diablos!- maldijo internamente.- No puedo seguir permitiéndome esto, es simplemente ridículo… la debilidad no es una opción."
Se regañaba a sí mismo, repitiendo las exactas palabras que más de una vez oyó decir de boca de Boris en los años en cautiverio que vivió en Rusia.
"No te rindas", clamaba una nítida voz en su cabeza.
Y no había segunda opción.
Optó por levantarse. Tarde o temprano tendría que hacerlo... y era preferible adelantarse a cualquier hecho.
Sus fuerzas no le acompañaban en su totalidad, pero era suficiente para sobrellevar el tenso día que daba señas de haber comenzado.
Empezó poco a poco.
Estirar sus brazos le hizo ganar algo de ánimo y entusiasmo. Luego, salió de la cama y comenzó la búsqueda de sus prendas de vestir… mas solo halló sus vestimentas del día anterior, las cuales aún escurrían agua por cada hilo de su compostura.
- "¿Y ahora qué?"- pensó con cierto dejo de frustración.- "Mi ropa está en la sala… Qué más da, tendré que bajar por ella."
Salió de la habitación y se encaminó hacia las escaleras; bajando peldaño a peldaño, procurando hacer el menor ruido posible para evitar 'encuentros' que por el momento eran totalmente indeseados. En cuanto sintió la madera fría del primer piso bajo sus pies desnudos, supo que algo distinto decoraba el día que acontecía y le hacía diferente a los demás.
¿Algo sobraba… o algo faltaba?
Un curioso silencio sepulcral, pero nunca incómodo, le hizo reflexionar y comprender, que la nueva aventura que había decidido afrontar, tuvo como consecuencia un giro en su vida de pies a cabeza, obligándole a renovar su visión tan pesimista de las cosas y a tomar un nuevo rumbo en su vida. Este último con algo de duda, pues no estaba seguro de haber escogido el camino correcto. Sus decisiones afectaban tanto a él como a sus amigos… lo sabía por experiencia.
- "Si me dejaran en paz, todo sería distinto"- se decía.- "Podría actuar solo, arriesgarme… y no preocuparme por su seguridad… Son insoportablemente entrometidos, y lo saben."
Un par de ojos sobre sí, le puso en alerta. Lanzó una discreta mirada a su alrededor, y descubrió a un rubio-pecoso de orbes azules, cual laguna cristalina, observándole con agradable sonrisa. Kai esperó a escuchar lo que tuviera que decirle, rogando por que acabara de hablar lo antes posible.
- Ven con nosotros.- fue todo lo que dijo antes de desaparecer por la puerta que conllevaba a la sala.
Permaneció de pie, intrigado por la actitud de Max. Parecía como si nada hubiese pasado.
Sin previo aviso, un coro de voces conocidas se escuchó por todo el Dojo Granger, entonando una singular melodía característica de una única celebración anual.
Sus ojos se abrieron lo que no podían, en evidente señal de asombro. Y entonces, se animó a entrar a la sala, esperando cualquier tipo de idiotez que hubiera surgido de las mentes de sus amigos...
¡…Que los cumplas feliz!
- "…Idiotas"- No hallaba otro calificativo que definiera mejor el acto tan ridículo de sus compañeros de equipo.
- ¡Oh, vamos!- clamó Tyson con un entusiasmo casi insoportable.- ¡Es para ti!
Kai prolongó su silencio lo más que pudo, evitando que sus orbes irritadas se encontraran con la felicidad abundante en sus amigos. No deseaba hablar…y mucho menos opinar. Sus "brillantes" compañeros de equipo habían decidido arruinar la paz en su día 'post-cumpleaños' para hacer de las suyas sin si quiera preguntarle, o al menos… pedir permiso. Supongo que a esto es lo que llaman una 'agradable' sorpresa, pensó con gran ironía reinando en sus pensamientos, solo falta la fresa que culmine mi pastel…
Su reclamo pareció ser escuchado, pues en la sala hizo acto de presencia, el padre de Tyson, el cual acarreaba con gran dificultad una enorme caja de color opaco y con una pegatina gigante en el frente. Las palabras impresas en el adhesivo se podían descifrar desde lejos, pues eran de tonalidades que resaltaban con una exageración casi burlesca. En ellas se podía leer claramente: "Pastelería Giorgio Bonpetti", acompañado de una dirección, número de teléfono y una imagen de algún viejo regordete con ambas manos llenas de pasteles aparentemente deliciosos. Era imposible evitar fijarse en cada uno de los detalles de la caja y no estar de acuerdo en que la pegatina era ridícula, infantil y para nada cautivadora… al menos, así era para Kai Hiwatari.
Bruce Granger depositó el paquete en la pequeña mesita de té, en tanto el abuelo colaboraba situando platitos y utensilios de cocina. Ray también ayudaba con los vasos, refrescos y pequeños bocadillos caseros.
Todas aquellas personas presentes en la habitación esperaban entusiasmados y con grandes sonrisas grabadas en los rostros, alguna frase con un mínimo de dos palabras proveniente del líder de los Bladebreakers. ¿Un simple 'gracias' era mucho pedir para el capitán ruso? ¿O quizá aquel improvisado decorado en las paredes era muy extravagante para su gusto? Cualquier cosa podía ser.
-"Debo reconocer que…"- pensaba observando los globos en las paredes y la serpentina recorriendo el techo de esquina a esquina.- "esto no me lo esperaba"
- ¡Felices Dieciséis!- clamó Max, a sabiendas de que no podía denominarse del todo "Feliz"
Kai roló los ojos. Esa mañana, su lado irónico había tomado posesión de sus pensamientos, y no tenía el ánimo suficiente como para impedírselo.
Evitó hacer contacto visual. No deseaba que su molestia se hiciera notar tan pronto, pues aún le aguardaba un largo día que, evidentemente, le convenía tomarlo con una calma y sosiego tan improvisados, que hasta Voltaire habría creído en su actuación... Quizá exagero, pensó logrando extraer una leve mejoría en su ánimo sombrío.
Oyó un suave 'clic' que captó su atención por unos instantes. Orientó sus extravagantes orbes escarlata hacia el lugar de origen del sonido, y descubrió a Tyson presionando diversos botones en el nuevo, fabuloso y tecnológico 'Stereo', que el "Abuelo" Granger había ganado –aunque con algo de engaño- en la lotería, hace apenas unos días atrás. Este último se escandalizó y lanzó un grito aire, al ver a su nieto utilizando su aparato de forma incorrecta y bastante salvaje.
- ¡No toques eso, muchacho! - Dijo el anciano elevando la voz, mientras corría hacia el 'Stereo' y revisaba con sutileza que todo estuviese en perfecto orden.- Eres muy joven para utilizar uno de estos.
- Abuelo,- se oyó responder a Tyson, seguido de un largo suspiro- entiendo que estés emocionado por haber ganado la lotería, pero créeme, sé cómo usarlo…
El mayor se abrazó a la maquinaria de manera divertida, arrancando sonrisas de aquellos que presenciaban la escena. Pasados unos minutos, Tyson pareció darse por vencido al ver que su abuelo no se movería aunque temblara, tronara o un árbol amenazara con aplastarle… su determinación era tan fuerte como la del moreno comilón.
Kai paseó su vista un momento, hasta que se halló de frente con un curioso paquete oculto de manera descuidada y notablemente apresurada, tras el sofá. Se preguntó el por qué de su estadía en aquel lugar y lo observó un momento más, intentando descifrar qué sería o qué hacía allí.
Kenny se percató de la concentración de su compañero en el objeto vanamente escondido. Recordó fugazmente los planes del de la gorra y actuó rápidamente.
- Kai, ¿por qué no te sientas?- sugirió el pequeño castaño con algo de nerviosismo y tartamudeo en su habla.- Se-seguro estás cansa-sado…
Quiso dar un leve empujón al bicolor para que se adelantara y tomara asiento en el sofá, pero se retractó en el último momento al sentir la mirada fría que le lanzó el ruso… Debía reconocer que aún le intimidaban esos ojos rebosantes de odio e indiferencia, y que jamás se acostumbraría a ello… Al menos, hacía lo posible por llevarse bien con Kai y así lograr evadirlas.
Ray había terminado de traer los utensilios de cocina necesarios, y acababa de entregarle a Bruce un enorme cuchillo que serviría para cortar el pastel recién sacado de la gran caja… Pero antes de que el chino tuviera la oportunidad de unirse a los demás, el padre de Tyson le solicitó un último favor. Se le acercó al oído y dictó algunas palabras. Kon, obedientemente, se dirigió a la cocina por postrera vez y volvió con una cajita de pequeño tamaño. Abrió el paquete…
El Abuelo dejó de abrazar el aparato y se sentó en el sofá esperando entusiasmado que el resto de los jóvenes se le uniera. El primero fue Max, acomodándose a su derecha; seguido de Kai en un sillón-único; y, al final, Kenny, Hilary y Tyson ubicándose al otro lado del Abuelo.
Bruce Granger extrajo de la caja, dieciséis velas de diversos colores cada una y las acomodó en el pastel, de manera ordenada y simétrica. Luego, de su bolsillo, sacó una caja de fósforos (cerillos) y encendió las velas… ante los ojos suplicantes de Hiwatari.
Kai se encontraba en un estado de hastío total. Observaba con disgusto cada vela mientras era encendida y su llama crecía hasta igualar a las demás… ¿Por qué la gente solía ignorar sus deseos? No, definitivamente ellos no conocían lo que significaba 'tranquilidad'.
- Bien, chicos.- Dijo Bruce con una sonrisa de envidiable tamaño embelleciendo su rostro moreno.- Uno, dos… tres.
Todos los presentes, (a excepción de Kai) entonaron la melodía de cumpleaños anterior.
- "¿Dónde está la salida?"- pensó el ruso con repetida ironía.
¿El pastel? Delicioso. ¿La 'fiesta'? Tranquila y pacífica. ¿Su vida? Un desastre. ¿Los regalos? Aún sin abrir…
Entablaron una conversación apacible, mientras que comían los bocadillos caseros y bebían de sus vasos. En tanto, Kai, a penas y había probado su pastel de cumpleaños. No era partícipe de la charla, pero en el fondo les escuchaba… a pesar de que su mirada se veía perdida y enfocaba el piso de madera. Tyson se percató de su aburrimiento y decidió iniciar la segunda parte de la celebración. Para ello, se levantó y recogió un paquete de detrás del sofá y lo posó frente a los ojos de Kai. Todos le observaban realizando su labor.
- Kai,- llamó el moreno intentando en lo posible, ser agradable con el bicolor.- esto... es para ti… ¿Qué es una fiesta sin regalos?
- Tyson…- respondió Kai hastiado.- yo no quería esto.
- Lo sabemos.- declaró Tyson.- Y antes de que te vayas y te alejes, queremos que lo abras… Quizá así te des cuenta de que para nosotros si eres un amigo.
Los espectadores sonrieron ante la excelente elección de palabras del Granger menor, quien nunca había gozado de ser un buen orador. Ante ello, el ruso parecía estar dispuesto a la petición con tal de retirarse después.
- Está bien.- respondió al fin.- Pero…
- Luego te dejaremos en paz.- interrumpió Ray.
Kai asintió y esperó a que Tyson le entregara el paquete, y así hizo este. El obsequio no era muy grande… más bien pequeño, envuelto en un papel de color carmín suave con estampados sencillos y aceptables a su gusto. El bicolor lo recibió con ambas manos, intentando percibir al tacto el contenido, y comenzó a rasgar el papel, rogando por no encontrarse con alguna otra sorpresa desagradable... Introdujo su mano dentro del paquete y sacó el objeto en su interior…
Tyson sonreía, mientras su mano realizaba el signo de la paz; Hilary a su lado, con una curva en sus labios y pose tranquila; Max estaba de rodillas, mientras alzaba sus manos hacia el cielo en evidente señal de gozo; Ray tenía grabada una risita en su rostro que le hacía perecer la persona más feliz del mundo.
Recordaba ese día. No habría pasado más de un año…
"¡Vamos, Kai!" le había dicho Tyson. "¡No seas amargado y sácate una foto con nosotros!"
Se hallaban en la entrada del Dojo, con una alegría empalagosa y sonrisas de oreja a oreja, que irritaban al aislado bicolor. Aguardaban impacientes a que el 'Abuelo' les tomara la fotografía que inmortalizaría para siempre el día en que el Granger menor se había convertido en Campeón Mundial por vez consecutiva.
"No me molestes" le había respondido aquella vez, para luego ignorarlo.
"¿Para qué quiero enemigos si contigo me basta?" murmuró el de la gorra, mas fue escuchado por el ruso, quien lanzó un gruñido al aire.
Kai se encontraba de brazos cruzados, apoyado en la puerta que daba paso al interior del Dojo. Hacía un esfuerzo sobrehumano por que la situación no le hiciera perder los estribos suficientes como para golpear a alguien. Su rostro no denotaba su frustración, pero su mente se bloqueaba con aquel creciente fastidio.
El señor Dickenson, muy feliz por la victoria de Tyson, también había hecho acto de presencia en el lugar. Reía constantemente y culpa de su buen humor, había cumplido varios de los caprichos del moreno Campeón, pues ahora también insistía para que el ruso posara en el retrato.
"Por favor, Kai. Sólo por esta vez" le había dicho con mirada suplicante. "Es una foto, nada más… Te aseguro que no morirás."
El anciano hombre sonreía irritantemente. Luego, le dio un leve empujón para que se acercara a los chicos. El joven bicolor, resignado, accedió a las súplicas del Señor Dickenson. Buscó una posición hacia la esquina de la fotografía y ahí esperó a que todo acabara.
¡Quién diría que aquella estúpida foto acabaría en sus manos!
Si. Su regalo era una foto tomada hace ya tiempo, en la que había participado contra su voluntad.
Todos los presentes observaban al bicolor, esperando por algún gesto que diera a conocer su gratitud… pero nada ocurría. Él observaba la foto y parecía analizar cada particularidad, cada minúsculo detalle o pormenor que fuera posible hallar. Mas no movía ni un solo músculo, y eso llamó la atención de los 'espectadores'.
Al cabo de un momento, Kai sacudió su cabeza y pestañeó varias veces, volviendo a la realidad que aguardaba impaciente su llegada. Sus ojos le llevaron hacia los rostros de la concurrencia, percatándose de la situación y silencio incómodo. Decidió actuar velozmente, con objetivo de desaparecer lo antes posible de aquel sitio, pues mucho necesitaba reflexionar.
- Bueno…- dijo con voz neutra. Suspiró.- Gracias.
Se levantó rápidamente, con su presente sujeto con ambas manos. Dio la espalda y avanzó rápidamente hacia la puerta que daba paso a la libertad… Pero se detuvo un momento antes de salir. Volteó y estudió cada mirada sobre él, para luego salir al fin y dejar a todos con grandes pensamientos y preguntas en el aire.
Tyson exhaló y se permitió hablar.
- Eso fue…- dijo extrañado.- muy raro.
- Si, Tyson.- respondió Hilary.- Nos dimos cuenta de ello.
El moreno se echó a reír, sin saber por qué, e invitó a sus amigos a carcajear con él. Éstos le siguieron, y pronto, todos reían de lo desconocido. Mientras, sus mentes daban por hecho que todo era el feliz final de un sueño curioso… o quizá, el principio de una extensa y perturbadora pesadilla.
Al caer la bóveda estrellada, cada uno de los Bladebreakers se encontraba sumido en un profundo sueño, mientras sus rostros daban a conocer la paz y tranquilidad que llevaban tiempo echando en falta… Pero había uno que no era capaz de conciliar el sueño, por temor a que una nueva pesadilla atormentara su alma en pena.
Se encontraba en el jardín de la gran casa de Tyson, observando a su fiel compañera nocturna y testigo de miles de vivencias: La Luna. Ella llevaba años de amistad con el joven Hiwatari, siendo la única que prestaba sus oídos para atender a sus experiencias, penas, pruebas, malos y buenos momentos. Y ahora, era ella quien observaba el pesar y confusión en los ojos escarlata del ruso. Ella contemplaba la vida de Kai desde su propio punto de vista.
- "Dame un respuesta"- clamaba el joven bicolor desde el interior de sus pensamientos.
Como si la luz de aquella hermosa Luna Llena fuera a darle una respuesta, suplicó con sus ojos la solución y aguardó a que el fulgor en su vida se hiciera presente a través de un milagro divino.
Desesperado. Nunca imaginó llegar a tal punto de locura. Estaba en el límite del abismo de la demencia.
De su bolsillo derecho, sacó su blade y observó la majestuosa imagen de su Fénix de fuego.
- "Mírame, Dranzer, en qué me he convertido"- Sus pensamientos era regidos por el pesar. Alzó el rostro hacia el cielo- "Debí morir hace mucho tiempo"
Fue su último pensamiento antes de ingresar al Dojo…
- ¡Adelante, Dragoon!- clamaba Tyson con su característico vigor.- ¡Acaba con él!
- ¡Driger! – exclamó en respuesta el chino.
Habían acordado un pequeño entrenamiento antes del almuerzo para no perder la práctica, además de que así podrían animar al joven Hiwatari. Este último descansaba apoyado en la pared, con brazos y piernas cruzadas y ojos cerrados. Ante los Bladebreakers, Kai parecía volver a la normalidad, volvía ser el mismo chico antipático y frío de siempre. Esto era motivo suficiente para dar vuelta la página y dejar atrás los malos momentos que habían vivido últimamente, y así iniciar un nuevo capítulo de su historia como equipo.
- ¡Chicos!- se escuchó el llamado del 'Abuelo' Granger- ¡Chicos! ¿Dónde están?
- ¡Estamos aquí, 'Abuelo'! – respondió Hilary.
El mayor hizo acto de presencia, junto con su gran sonrisa y mirada repleta de vitalidad; llevaba ambas manos tras la espalda y su traje de Kendo.
- Los estaba buscando.- dijo el anciano.- Más bien, a Kai.
Dirigió su mirada hacia el bicolor, quien había abierto sus ojos y ahora le observaba atentamente.
El mayor extendió su brazo derecho hacia el joven Hiwatari, con un sobre entre sus manos. Pudo leer claramente su nombre impreso en el papel.
'La historia vuelve a repetirse'
- Acabo de revisar el buzón, y junto con las facturas, estaba esto.- finalizó el hombre de cabellos plateados.
Kai recibió el escrito con desgano y una leve frustración implantada en su mirada escarlata. El 'Abuelo' fue capaz de percibir aquellos sentimientos y decidió entrar al Dojo para evitar cualquier tipo de conflicto. Mientras, el joven bicolor observaba el papel con el seño fruncido, ¿es que a caso su madre no era capaz de deducir que ya no le interesaba verla? ¿Quién querría encontrarse con quien lo abandonó y traicionó?
- Viejo…- se oyó decir a Tyson. Recibió una mirada fría del ruso, lo cual hizo que un escalofrío recorriera su espalda de punta a punta y su corazón palpitante se detuviera por unos momentos.
El líder de los Bladebreakers abrió el sobre, olvidando la sutileza. Para sorpresa de todos los presentes, comenzó a leer en voz alta.
Mi Dulce Kai:
Perdóname. Perdóname, perdóname. He obrado mal, lo sé, y estoy consciente de lo mucho que me odias en este momento. Sé que no atenderás a razones. Me siento culpable por haber provocado una herida más en tu vida y llego a odiarme.
Amor, el destino me ha impedido llegar a ti. No puedo explicártelo ahora, me perjudicaría a mí misma y acabaría con la esperanza que me queda por volver a verte. Sé también que te pido demasiado, pero debes aguardar un poco más… Ya no falta mucho.
Perdóname, corazón mío.
Ahora estoy en peligro y no puedo escribir una palabra más. Me toca huir nuevamente.
Soy una mujer cobarde, ¿no piensas eso?
Obviaré tu respuesta.
Kai, pronto verás cómo el fruto de mi propósito da resultado. Obtendrás las respuestas que buscas y todo cuanto quieras.
Paciencia.
Te amo, mi pequeño.
Sophie Hiwatari
Fijaron sus ojos en la expresión insulsa del ruso. A pesar de la experiencia, continuaba siendo sorprendente el nunca hallar sensibilidad en el rostro del bicolor, pues este era un tema delicado y que no se podía tocar sin más.
Ray quiso decir algo, mas fue interrumpido por las palabras y el gesto brusco del joven Hiwatari.
- ¡Ja!- rió con una irónica sonrisa curvando sus labios.- Realmente piensa que esto me importa. Sea cual sea su plan, no pienso colaborar en sandeces.
Rasgó el papel una vez, obteniendo dos mitades. Posteriormente arrugó ambas partes de la carta, logrando una bola, y lo lanzó al aire. Inmediatamente, dio media vuelta y se adentró en el Dojo Granger.
A Ray jamás dejó de asombrarle la frialdad e indiferencia con la que actuaba Kai. Asuntos que a cualquiera herirían en los profundo de su corazón… a él parecían no importarle. Era inhumano. Era una máquina. ¿Sería Voltaire la causa de esto? No lo dudaba, pero ¿qué diablos le había hecho? Suponía que antes de entrar a la abadía, Kai habría sido un niño totalmente normal, con amigos, familia, madre, padre, ¡quizá hasta primos o más familia! Sospechaba que Kai había sido feliz alguna vez, ¿qué habría sido de ese niño? ¿Vivo o muerto?
¡Pobre chico! ¡Atormentado por los fantasmas de su pasado! ¡Marcado con las cicatrices de un dolor brutal y sanguinario! Perseguido por los recuerdos de aquello que 'pudo ser'…
Tyson recogió el papel dividido y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Iba a mencionar algo, pero fue interrumpido por las fuertes palabras de su abuelo, que dentro del Dojo se encontraba…
- ¡¿Qué hace usted aquí?- se le oyó gritar, con evidente tono de enfado.- ¡No es bienvenido en esta casa! ¡Váyase y no regrese!
- ¡Rayos!- clamó Tyson y se golpeó la frente con la palma de la mano.- El 'Abuelo' está discutiendo con el lechero, otra vez.
Los chicos corrieron hasta la cocina, donde se encontraba el anciano Granger. Pretendían evitar cualquier tipo de conflicto que fuera a armarse, pero la sorpresa que se llevaron ni siquiera cabía en sus rostros.
Kai se encontraba nuevamente en el tejado, recostado e intentando alejar de su cabeza las bellas palabras de su supuesta madre, las cuales hacían caer la máscara de indiferencia que cargaba a diario. Pronto, no pudo aguantar más; y comenzó a imaginar la gran vida que habría llevado si tan solo su progenitora le hubiera acompañado en el transcurso de su niñez y ahora guiándolo en el camino de la adolescencia… ¡Oh, qué hermoso habría sido! ¡Qué grandes historias podría contar! ¡Qué orgulloso se habría sentido de decir: "¿Mi madre?… si, una gran mujer; luchadora y amorosa"!
Una lágrima rebelde trazó una trayectoria en su mejilla. Patético. Engañando a sus recuerdos con todo aquello que 'habría podido ser' y olvidando que no eran más que fantasías infantiles. Patético. Quizá merecía todo cuanto había vivido, merecía el dolor de nunca haber reído. Patético. Era un idiota, un chiquillo débil, escoria… era patético.
Los gritos del 'Abuelo' llamaron su atención y decidió averiguar qué ocurría. Bajó rápidamente del tejado y se aventuró hasta la cocina, donde se encontró con los Bladebreakers, quienes observaban atentamente hacia el interior de la habitación con expresiones desagradables.
Se asomó para ver aquello que tenía a sus amigos tan absortos y se encontró con la desgracia mayor ante sus ojos.
-"Mierda"- pensó. Un escalofrío recorrió su espalda. Sintió temor y furia al mismo tiempo.
Era… patético.
Sé que me he tardado bastante. Pero al fin ya está aquí el capítulo seis... y para compensar... ¡Lo he hecho tan largo como he podido! Me costó, debo decirlo.
Mencionaré que el capítulo siguiente a este es uno de mis favoritos, ¿por que? Ya lo verán en su momento...y bueno, pedir disculpas por la tardanza, pero tengo excusa: El Colegio. Me tiene muy ocupada con tantos exámenes, pero me ha ido bien ^^
Empezaré mañana mismo el capítulo siete.
Bueno... si les gusto, ¡dejen su comentario! ^^ Asi sabre si les gusta o si tengo algun futuro en la litertura, cosa que me fascina. Además, podrán decirme qués es lo que les gustaría leer, o qué aspectos debería mejorar (por favor, críticas constructivas)
Y... ¡eso!
Saludoooooos =D
