― Anna― tocó a su puerta― Anna― volvió a llamar, era extraño que no le contestara, siempre que iba ya estaba despierta― ¿Puedo pasar?― nada. Tal vez le había pasado algo, pensó, por lo que corrió la puerta rápidamente y se adentró en la habitación. La encontró acostada en su futón durmiendo― hermosa― se escapó de sus labios al verla: su cabello esparcido por la almohada y algunos mechones rubios cayéndole en el rostro, los párpados cerrados, las mejillas con un suave tinte rosado y labios entreabiertos. Se inclinó a besarla, no hacerlo sería como un pecado.
La itako despertaba en medio del contacto respondiéndole sin dudar.

― ¿Qué haces?

― Venía a decirte que el desayuno ya esta listo.

― Ya lo dijiste. Déjame arreglarme― con una mano se alisaba el cabello y con la otra acariciaba el de su prometido.

― No, aún no lo he dicho― la besó varios minutos más, ella no se resistió. Iba a abrazarla pero se topo con las cobijas cubriéndola, era pleno verano y se tapaba― Te espero abajo― le dijo después de un rato y salió.

Se levantó con pereza para dirigirse a la ducha. Sentía que le había faltado descanso a pesar de haber dormido más de lo habitual.
Ignoró su estado y bajó a la cocina.

― ¿Qué habrá sido lo de anoche?

― Pues un shaman― tomó jugo, el castaño rió ante la broma.

― Me refiero a quien.

― No lo sé.

― Tal vez reanuden el torneo― dijo animado.

― Estás yendo demasiado lejos, Yoh, solo fue una presencia no un aviso de los Grandes Espíritus.

― Tienes razón― volvió a su desayuno― me pregunto por que no lo hacen― habló después de un tiempo.

― Que cosa.

― Iniciar el torneo, ya son 9 años y nada ha pasado.

― Creo que todos tenemos la misma duda.

― A lo mejor temen que pase lo mismo de hace años.

― ¿Y dejar al mundo sin el rey shaman? No lo creo, él es el que mantiene todo en equilibrio.

― ¿Entonces esperarán otros 500 años para realizarlo?

― Viendo como sucedieron las cosas y que no han dicho nada, tal vez― dijo irritada, gracias a la decisión de los Grandes Espíritus, si esa fue la que tomaron, su prometido no sería el rey.

― Y, ¿si no soy el rey no te casarás conmigo?― preguntó después de notar lo irritado en la voz de la rubia.

― Eso no es discutible, Asakura, no te librarás de mí.

― Debería asustarme por eso pero me encanta saber que siempre te tendré a mi lado― le sonrió haciendo que se ruborizara. Su relación se estaba acercando a lo cursi, pensaba ella pero entonces ella también se estaba volviendo cursi porque le gustaba escucharlo decir ese tipo de cosas.

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― Nueve años― dijo meditabundo el shaman.

― Si señor, han pasado nueve años desde que…― murió era una palabra muy dolorosa para pronunciarla― se fue.

― Nueve años― se repitió. Ahora más que nunca se preguntaba ¿Qué habrá sido de Anna?
La shaman observaba los cambios de expresión de Hao como intentando descifrar lo que pensaba aunque no era muy difícil deducirlo, los ojos añorantes lo delataban: estaba pensando en ella.

― ¿Y el torneo?― preguntó después de dejar el asunto de la itako, luego la buscaría y se respondería él mismo su duda.

― No ha pasado nada.

El shaman se enderezó en la cama.

― Descanse un poco más, por favor― le puso la mano en el amplio pecho para detenerlo, se ruborizó al tocar su cálida piel.

― No hay tiempo― retiró delicadamente su mano y se levantó con las mantas enredadas alrededor de la cadera.

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― Solo te faltan 30 minutos más y después podrás hacer la cena― se levantó del pasto con el libro que leía y caminó a la pensión.

― ¿A dónde vas?― paró el entrenamiento.

― A recostarme un poco, avísame cuando este preparada por favor.

― ¿Segura de que te quieres ir?― la voz profunda cerca de su oído y su cuerpo brindándole calor aún sin tocarla le hicieron olvidar el idioma― eso es un no― sonrió y tomándola por la cintura la regresó a su antiguo lugar, ella lo siguió sin chistar.

¿Desde hacía cuánto era él quien decía lo que se hacía? No sabía pero ciertamente no se quejaba.

La media hora le pareció una eternidad, se sentía tan cansada como si hubiera sido ella la que hubiera entrenado. Los músculos los sentía pesados y gritaban por descanso. No dijo nada, se limitó a ir a cenar, despedirse debidamente del shaman y cuando al fin estuvo sola fue cuando se permitió preocuparse.

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― No creo que esté aún en buen estado para entrenar señor― le dijo preocupada al verlo realizar acondicionamiento físico. Hacía apenas 2 días que había despertado y le parecía que se estaba exigiendo demasiado.

― Estoy bien, Mari. Debo hacer que mi poder despierte nuevamente, esta adormilado por así decirlo.― entrenaba con un tronco en medio de un claro en el bosque, muy cerca de donde la rubia vivía.

Se recargó en un árbol mientras lo observaba. Para esto lo había traído, para verlo de lejos, como siempre. Tenía la esperanza de tener un futuro juntos, pero él tenía otros planes que no la incluían a ella, sino a otra. Se estaba tragando su amor haciendo que le doliera como si estuviera en carne viva pero no se arrepentía, con verlo era suficiente para ella y más verlo con esas ganas y energía con la que había vuelto, se veía diferente no solo física sino mental y espiritualmente también, era como si fuera un Hao distinto del que ella había conocido.

― ¿Sabes si quedó algo de donde vivía?

― … no lo sé― sabía exactamente como estaba aquel lugar, ella lo había cuidado, decírselo llevaría a una confesión y no se lo diría nunca.

― Tendré que ir a ver― siguió golpeando el tronco.

― Queda dejos― era el único pretexto que tenía para evitar que fuera.

― Y creo que ya no tengo seguidores, ¿no es así?― se burló.

― Nos tiene a nosotras, señor, el Trío de la Flor.

― Solo te he visto a ti, Mari.

― Bueno… es que… vendrán hasta que esté mucho mejor, que yo lo vea en ese estado es suficiente. Cuando esté mejor― y esperaba que no fuera demasiado pronto para no separarse de él― le pediremos a Kanna que lo lleve ― tenía que cubrir con algo la petición que les había hecho a sus hermanas de dejarlos solos.

― Gracias por cuidar mi orgullo― le dijo después de dejar el entrenamiento y viéndola con especial atención haciéndola sentir nerviosa.

― ¿Tiene hambre?― fue lo primero que se le ocurrió para salir de esa situación.

― Ahora que lo dices― colocó sus manos en el perfecto abdomen― si― ambos caminaron de regreso a la pequeña casa de la rubia.

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― Demonios― soltó la rubia bajo la ducha después de recobrar un poco el equilibrio tras un intenso mareo. Tal vez el agua estaba muy caliente, si claro iba a ser solo eso, acostumbraba bañarse con agua a temperaturas altas y ¿hasta ahora le traía inconvenientes? Pero si no era eso ¿Qué otra cosa podría ser?


Tarde pero ey! sigue siendo viernes xDDD

De verdad, muchas gracias por sus comentarios snoopyter, lovehao y Candy-chan :DDDD

Sé que es algo confuso jaja pero es que esta cosa no me hace caso con los espacios xD así que recuerden, cada 00000 es un cambio d escena :D

Saludos :)