Konnichiwa!; este capítulo lo re-edite; espero se noté XD aunque en realidad no cambie el contenido ni lo alargue, sólo modifique la redacción y puse uno que otro dato, pero con eso quede más satisfecha que con el que había públicado ^^

Espero les guste el cambio.

Disclaimer: KHR no me pertenece


Las iris esmeralda avistaban aquel rostro femenino a lado suyo, aún en medio de la oscuridad bajo la luna. Repentino soltó un quejido ante la punzada que sintió en su brazo izquierdo, sus heridas habían sanado con excepción de esta, la cual se encontraba enrojecida, viva; con un tenue color violeta.

"Veneno"

Pensó el medio-vampiro reteniendo los demás quejidos que amenazaban con salir; miró de nuevo aquella mujer; lentamente su respiración se agravaba y sus ojos se cerraban; aquellos masculinos parpados ocultaron las esmeraldas tras de sí; el muchacho se quedó dormido debido al dolor.

,,,…,,,

La madrugada empezaba a desaparecer, con ella la penumbra; a lo lejos se apreciaba el aviso del astro sol antes del amanecer; los parpados de aquel vampiro se abrían lentamente, gotas saladas surcaban su rostro, y su entrecejo se hallaba fruncido debido a la herida. Inmediatamente su vista se posó en la chica que había conocido hace unas horas; suspiró al verla aún ahí, recostada sobre el pasto.

― Tsk―. Expresó ante la aflicción de su brazo. "Necesito irme de aquí, tengo que encontrarle…". La verde mirada examinaba cada objeto a su rededor, en ese momento la muchacha a lado del albino empezó a despertar; su mirada somnolienta se abría con lentitud; exclamó un "¡Hahi!" al recodar lo sucedido; de inmediato sus orbes cacao buscaron al desconocido de la noche, el cual encontró sin mucho problema a lado de ella.

― Hahi! ¿Qué paso?― inquiría confundida por los sucesos, repentina se tocó su pecho, murmurando― Ya no le tengo miedo―. Dando cuenta de que sus prendas estaban algo desalineadas, Miura se sonrojo, acomodándose su yukata de forma correcta.

― Tch, idiota; eso es porque sorbí toda la sangre que manifestaba temor hacia mi persona― explicó con fastidio, mientras el sudor en su ser aumentaba a causa del veneno; así como sus sentidos de adormecían.

― ¡Haru no es una idiota!― protestó, pero dejando eso de lado; indagaba ante el desconocido.― No entiendo, cómo es eso de que se bebió mi miedo.

Los ojos chocolate estaban netamente confundidos así como su dueña; el hombre exhaló exasperado un suspiro.

― Soy un vampiro, baka-onna― el locutor esperaba una reacción de sorpresa, pero nada se mostró; así que continuó― los de nuestra especie beben la sangre de las personas, pero al mismo tiempo...

El ente lunar iniciaba su explicación, cuando la morena notó que a pesar que este parecía estar bien; se encontraba sudando, la herida en su brazo hacia qué empezará a hablar con dificultad.

― … y nunca regresan―. Terminó de decir a la mujer, quién parpadeo al salir de sus cavilaciones.

― Hahi! ¿Qué es lo que nunca regresa?― preguntó, pues se había perdido parte de la explicación.

― Tsk, nada baka-onna; ahora dime: ¿Dónde estoy? ¿Cómo salgo de este lugar?― ordenó de forma violenta, aunque algo débil.

― Etto…

'¿Estará bien decirle que este es el templo de Tsukuyomi no kami y Amaterasu no kami?; bueno él cruzó la barrera, así que supongo…'

― Estamos en la cascada sagrada en donde se purifica... mmm... bien, estamos en el templo celeste del dios Tsukuyomi y la diosa Amaterasu ― especificó.

El ser de cenizas hebras se sorprendió un poco.

"Perfecto, así encontraré a la sacerdotisa antes que el bastardo de Byakuran".

El albino estaba haciendo planes, cuando una voz medio-chillona le interrumpió sus pensamientos.

― En este santuario se prohíbe la presencia de hombres, a menos que tengan el permiso celestial o de la abadesa. Pero por lo que he visto, tú no pareces ser alguien que entró aquí a conciencia― dijo observándolo fijamente.

― ¿Qué?―. Replicaba con enfado, eso le arruinaba su perfecto plan de pasear libremente hasta encontrar a la miko; aquel chico observó la mirada cacao, y una idea le surgió.

― Baka onna; trae a la sacerdotisa de la luna aquí― ordenó con brusquedad.

― Hahi!, Haru no es una mujer tonta, y no puedo traerla, primero necesito que me digas para que la quieres― retó con demandante tono.

― Bien, iré a buscarla yo―. Las orbes cual gemas se clavaron inquiridoramente en las cafés con el sobrecejo masculino fruncido; la joven se ponía nerviosa con aquella mirada que parecía analizarla con cautela. El chico frente a ella suspiró en frustración e intento levantarse, pero cayó con torpeza; ahí fue cuando la miko se percató de que aquel muchacho se encontraba más mal de lo que aparentaba.

― E-Espera, no puedes irte, estás ardiendo en fiebre― pronunciaba con inquietud, intentando retenerlo en su lugar.

― Che; es por el veneno― escupió con fastidio, mirando su lesión.

― ¿Veneno? ¿Estás bien? ― preguntó preocupada intentando tocarle.

― No finjas ser amable, odio las personas hipócritas― le gritó, alejando la mano de ella con un leve golpe.

Miura estaba a punto de replicar, pero escuchó a lo lejos una voz llamándole; era la de la sacerdotisa que estaba a cargo de entrenarla.

¡Haru-san! ¡Haru-san...!

― ¡Hahi! ― volteó a ver al albino preocupada― no puedes estar aquí, además tienes una gran fiebre y si te ven, lo más probable es que quieran acabar con tu vida.

― ¿Ah? ¡Estás loca! ― gritó con las cejas encorvadas.

― Shhh..., Haru no está loca; ven ― la fémina mano tendida para tomar la de aquel joven, que le veía con recelo, con precaución, pero al mismo tiempo con un brillo extraño en aquellos ojos, como si intentará confiar en alguien, aún a pesar de que su razón se negaba.

La observó por segundos que parecían horas, los ojos chocolate angustiados, suplicándole con las pupilas que se levantará, para mirar de reojo hacia dónde provenía aquella voz que le llamaba con insistencia cada vez más cerca.

Por favor...― había suplica en sus orbes cafés así como en su fémina tono al hablar.

El oji-esmeralda chasqueó la lengua; tomó la mano de la chica; y se recargó un poco en el femíneo hombro para poder caminar mientras la fiebre le hacía perder las fuerzas.

― Estúpido veneno ― gruñó jadeante. Observó a la persona a su lado, que le llevaba a la cascada ― Baka onna, ¿a dónde rayos me llevas?― preguntó con desconfianza al ver que iban directo al agua. Ella le miró ofendida, pero no dijo nada; su leve enfado se esfumó al escuchar la voz de una mujer mayor acercándose.

Ambos se subieron en las piedras salpicadas, la cascada les rozaba un poco, empapando ligeramente a los jóvenes; una vez cruzaron el umbral de agua, la morena ayudo al medio-vampiro a recargarse sobre las frías y húmedas piedras que yacían en la cueva.

― Escóndete aquí ― le dijo preocupada, posteriormente se acercó a la herida del muchacho, tocándola; analizándola; este intentó alejarse, pero el veneno le hacía sentir débil; así que bufó molesto ante el roce de su llaga con la suave piel de aquella extraña.

― Es un veneno extraño desu; pero Haru puede encontrar el antídoto ― afirmó; el albino le miró incrédulo; con los ojos a punto de cerrarse.

― ¡Haru-san….! ¡Haru-san…! ― gritaba una voz madura― ¡Miko-dono…!

¿Miko? ― preguntó cansino el de ojos turquesa, cayendo en un semi-estado de inconsciencia.

― Tengo que irme; regresaré al anochecer; no te vayas a ir ― dijo levantándose sin ver el rostro del muchacho. Dirigiéndose a la pared de agua; el albino ni siquiera podía hablar, su mente estaba aturdida de dolor; su cuerpo entumecido; pero su carácter le hizo pensar algo antes de quedar completamente desmayado.

"Tsk, ¡idiota! Como sí pudiera largarme a algún lado".

,,,…,,,

Fuera de aquella catarata, Miura corrió hasta llegar con aquella mujer de mediana edad; la cual llevaba un traje de sacerdotisa rojo con blanco.

― Aoi-miko-san; dígame ― preguntó saliendo de la nada la muchacha; la mujer brincó del susto.

― Niña no me espantes; ya va a amanecer y no has practicado los suficientes tus conjuros ni invocaciones; vine para ver que no estés holgazaneado ― le regañó.

― Sumimasen! Haru promete no vagar sin hacer nada-desu ― respondió animada, evitando mirar hacia la cueva escondida detrás de aquella cascada.

― Te he dicho que dejes ese molesto "-desu"― reprimió la mujer con dureza, Miura bajo la mirada; la señora de hebras negras con unas blancas debido a la edad gruño molesta― Eres muy infantil y torpe; no entiendo cómo puedes ser la sacerdotisa de la luna, deberías de ser hermosa, inteligente, cautivante; tu madre murió en vano por alguien como tú― espetó fría con la mirada decepcionada.

― Lo lamento…―susurró, apretando sus puños, mordiendo su labio inferior, mirando el pasto.

― Arg, olvídalo. La sacerdotisa del sol está progresando muy bien en sus rituales, mientras tú juegas quedándote atrás; este día no habrá desayuno ni comida; únicamente cena; así tu cuerpo aprehenderá algo de disciplina y no a holgazanear―. Aquella mujer le dio la espalda después de aquella reprimenda; Miura la observo sentida, exhaló; y caminó siguiendo a su tutora.


En cuanto pueda subo el capítulo siguiente; aunque aviso que una parte serán los sueños de Gokudera de cómo se encontró con Varia, y de cómo se enteró de que tiene que buscar a Haru, sí se fue antes de que Reborn lo dijera.

Ok, bye~!