Konnichiwa! Tsuki saludandolos con ojeras y un sueño que casi la deja fuera de combate . pero les traígo la actualización de hoy XD y eso libera uno de mis tantos cargos de consiencia pendientes (aunque suene dramatico ¬¬)
Onset: Inicio de cualquier cosa.
Y probablemente cambié los títulos de los capítulos al español, porque ando con tan poca imaginación que hasta mi inglés se esta tomando unas vacaciones, y el español; ni se diga TT-TT
Aclaración inicial: Originalmente, al empezar a escribir este fic; lo dude mucho. ¿La razón? los dioses que uso son muy conocidos, pero eran ellos o ninguno -los romanos, griegos, persas, chinos, nórdicos no iban con el fic -; pero son tan nombrados en las series -como la de Naruto de Kishimoto-san, o la de Tsukiyomi - que me andaba desanimando; pero no. Ellos son parte de la religión del Shinto, y nada tienen que ver con las otras series de anime en la que los hayan visto o nombrado. Sus personalidades han sido completamente distorcionadas en pro del fic.
Sólo salen ellos tres, y alguna alusión a su leyenda original; o invensiones mías.
Disclaimer: KHR! no me pertenece, ni los dioses tampoco.
Capítulo 5 – Onset Parte 1
—¿Eh? —la abadesa estaba confundida ante la declaración de la peli-violeta. —¿Haru se encuentra en peligro? —inmediatamente recordó parte de una leyenda del templo; se giró con brusquedad hacía la blonda; preguntando con autoridad.
—Kyoko ¿dónde está Haru? —la joven movió su cabeza en negación, su mirada miel preocupada observaba el pasto sin atreverse a levantar la vista.
—No lo sé… —no dijo más, y la superiora suspiró.
—Entiendo —fue su respuesta; posando su mirada en los entes desconocidos, les incitó a seguirla, los desconocidos asintieron.
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Caminaban en silencio, ninguno decía palabra; habían pasado varios minutos, hasta que por fin arribaron al templo principal.
Transitaron por varios pasillos, unos dorados, otros de color plata; con diversos adornos de piedras preciosas; la mujer de canas abrió una puerta a los —ahora — invitados.
La habitación era sencilla; una mesa cuadrada de caoba, diez sillas del mismo material; sólo eso; en realidad era austera, sobretodo sí se le comparaba con los pasadizos que habían cruzado.
La abadesa se sentó, miró fijamente a los extraños, invitándoles a sentarse; una vez todos estaban en una semi-cómoda situación; al igual que la sacerdotisa restante; la mujer canosa habló.
—¿Por qué Haru…? No; ¿por qué la sacerdotisa de la luna se encuentra en peligro?. Explíquense —ordenó dejando su lado afable.
—¿Oya~? Esa no es la forma de pedir información, pero ya que somos aliados temporales; le diré lo que sucedió en nuestro mundo.
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El efecto del veneno, empezaba a desaparecer. Había escuchado varios ruidos; voces. Al arribar al lugar del rió frente a la cascada observó varios metros calcinados; chasqueó la lengua; concentró se con el objetivo de percibir alguna presencia.
"Mukuro… rumbo al templo. Hibari… —cerró sus ojos con fuerza, agudizando sus sentidos— la mujer estúpida; ¿qué hace con Hibari? Espera… esa esencia es de…"
Arrugó sus cejas; caminando tambaleante; frustrándose por su condición actual. Empezó a mover las piernas a lo más que daba su cuerpo, tenía que llegar con la mujer tonta esa, o sí no… Sacudió su cabeza; esa tonta no debía de estar en peligro; no, cuando había sido amable con él.
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Caminaba rumbo a la cuenca del lugar, con la joven cargada cual saco de papas; sobre su hombro. Su expresión de fastidio cambió al sentir una presencia amenazante a la cercanía de aquel gran laguna formada por las montañas a las afueras del templo.
—O-ho; Byakuran-sama tenía razón. Varia no es de fiar, después de todo; son medio-humanos —escuchó una voz decir; aferró a la chica a su cuerpo. No se podía permitir perder a la sacerdotisa, aunque odiase que él fuera la persona en escoltarla a la luna, por orden del herbívoro de Sawada. Sacó una de sus tonfas; el fuego de su elemento la ilumino; y sus ojos azules brillaron ante la posible pelea.
El enemigo mostró su rostro; un hombre de cabellos verdes, igual a sus ojos; mirando por sobre el hombro al guardián de la nube.
—Hibari Kyoya. El más fuerte de los guardianes; una lástima haberte encontrado conmigo. Dame a la sacerdotisa y tal vez tenga piedad por haber sido habitantes del mismo planeta —burló se; no teniendo intenciones de sus palabras. Hibari frunció el entrecejo ofendido.
—No me interesan tonterías de herbívoros, me molestas —. Y aun sosteniendo el cuerpo de la morena, saltó varios metros en el aire; intentando asestar un golpe; falló. Kykyo sonrió.
—O-ho. Sí no somos herbívoros; sino depredadores que acabaran con ustedes por órdenes de Byakuran-sama —. La mujer le estorbaba en sobremanera; no necesitaba cargar con equipaje inútil, pero debía. Aunque no por eso se tragaría su orgullo y sus palabras. Encerró a la muchacha en una esfera picuda; esperando dejarla fuera de cualquier ataque. Sacó su otra tonfa, y haciendo uso de sus habilidades; empezó a golpear ágilmente a su oponente; siendo correspondido en golpes por este.
Sin percatarse; Hibari se alejaba cada vez más de las orillas de aquella cuenca. El de ojos verdes sonrió, detuvo su actuación; y en un segundo desapareció. Enfureciendo más a la nube de los Vongola.
A varios metros, espaldas a él; escuchó.
—Nyu! Si es tonto e impulsivo; mira que dejar a un lado su objetivo —. Las flamas moradas crecían por la furia del aludido; apretó el metal en sus manos; y arremetió con fuerza a la niña de hebras azules con cola de pescado que flotaba en el aire. La chiquilla le esquivó con facilidad; intentó acercarse a la esfera puntiaguda, pero esta le repelió. El moreno sonrió, definitivamente mordería hasta la muerte a esos dos insolentes.
—Kami korosu…—siseó. En movimientos agiles, y gráciles; encestó dos golpes en partes vitales de sus adversarios; estos le miraron con rencor.
—Parece que te subestimamos. O-ho —comentó uno de ellos. Kyoya cometió un error que los carnívoros usualmente no hacen; bajar la guardia frente a su presa. Deshizo la esfera de picos, mostrando la imagen de una muchacha de hebras cafés dormida. Guardó sus armas, y estaba por cargar a la chica cuando escuchó un grito.
—¡Cuidado imbécil! —viró hacía la voz ronca; un segundo. Fue lo que tuvo para de un golpe aventar a la joven fuera de aquella esfera de energía que estaba por dañarles; y saltar en dirección contraria en pro de evadir aquel ataque.
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Estaba agitado; descender todo aquel monte; rumbo a la cuenca cerrada; había sido un esfuerzo en su situación actual; contrario a su habilidad en condiciones óptimas. Al llegar; observó a la aprendiz de sacerdotisa tirada sobre la tierra, a unos pasos de un enorme lago; y probablemente profundo.
Hibari estaba alejándose de ella después de encerrarla en una esfera; intentó acercarse, pero su lento caminar no se lo permitía. Observó la pelea de la nube contra sus oponentes; y cómo este caía en la trampa de los Mare.
Al ver que un tercero llegaba, y formaba una bola de energía rojiza, no pudo hacer otra cosa que gritarle a Hibari a lo que su voz daba.
En un instante que pareció eterno; observó a la muchacha ser arrojada con un golpe brusco hacía el lago; mientras Hibari saltaba al otro lado. Los ojos de Gokudera se ensancharon al ver caer al agua a la joven que le había atendido; y por un fragmento de segundo; su pecho se estrujo.
"¡Tch! ¡Maldición! Mi cuerpo no responde como es debido"; pensó frustrado.
El ataque dejó un hueco de un metro de diámetro en el canto del lago. El moreno maldijo internamente; enfureciéndose por su error; mientras el albino miraba el lago recobrar su calma sin ninguna burbuja de aire salir de este.
Estaba por saltar, pero Kykyo se interpuso entre él y la corta distancia al borde de aquella laguna; su rostro se mostró molesto. Aparentando fuerza, cuando estaba débil y las plantas medicinales continuaban absorbiendo el maldito veneno.
Hibari pensó lo mismo; y antes de saltar, una nueva onda de llamas carmín le imposibilitaron el paso. Miró la tranquilidad del agua; la luna reflejada en este. Sí tan sólo pudiera hacer el conjuro de transportación; pensó. Pero no podía, no, sí él no sabía la posición exacta de la chica. Sus ojos se achicaron. Los herbívoros era un dolor de cabeza; asesinaría a Sawada por darle esta estúpida misión.
Los pensamientos de ambos guardianes se detuvieron al ver a Blue Bell lanzarse al lago.
Maldición. Pensaron unívocos. No creían que los Mare hicieran eso; ellos eran los que los habían subestimado. Sus contrincantes sonrieron.
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Sentía su cuerpo ligero; abrió los ojos con lentitud; algo de aire escapó de sus pulmones.
"¡Hahi! Agua…"
Alcanzó a divisar la luna en todo su esplendor; plateada y brillante; cautivadora y atrayente.
"Justo como Gokudera-san…"
Sentía cómo sus pulmones se quedaban sin aire gradualmente; veía la oscuridad de aquel lugar hacerse más profunda, las olas suaves se mecían rítmicamente; como un baile elegante al anochecer.
"¿Moriré…? ¡Hahi! Kyoko-chan se sentirá triste, pero Haru… Haru no tiene un motivo para seguir; tal vez, este destino sea lo mejor".
Y entonces cerró sus ojos, dejando el demás aire escapar; resignándose.
Una luz envolvió su cuerpo; separándola del agua; pero sin detener su caída al fondo de aquel lugar. Únicamente la transportaba a una visión de tiempo atrás; cuando alguien parecido a ella había vivido el inicio de algo que desconocía en la actualidad.
Japón – Hace 1530 años
—¡Rieka! Rieka!—gritaba una chica de 16 años, hebras doradas; y sonrisa luminosa. La morena, de hebras castañas, casi negras; volteó a mirarle con una inocente felicidad
—Chiyoko —pronunció suave, con finesa. Sus ojos oscuros se suavizaron ante su mejor amiga; casi hermana.
—Jeje, encontré un hermoso jardín de flores lunares, son igual de hermosas que tú. Acompáñame —pidió jalándola.
—Mou Chiyoko-chan. Ya voy —rió.
Al llegar, divisaron a un hombre de hebras azules. Ojos del mismo color; se encontraba herido, su pecho sangraba; oscureciendo su camisa roja dramáticamente. Este cerró sus ojos, intentando relajarse ante su laceración.
La muchacha morena corrió hacía el hombre; este reaccionó ágilmente, alejándose en un segundo de ella; mirándola como se mira a un enemigo; con precaución.
La muchacha sonrió.
—Soy Rieka Chiharu; miko del templo en estas tierras; señor viajero ¿me permite sanar sus heridas? —. Los ojos desconfiados del hombre no cambiaron, pero se acercó; después de todo; él podría con una mocosa como esa, se dijo.
—Nufufu. Deamon Spade —. Después de presentarse, se acomodó de nuevo, sentándose sobre la hierba y recargándose en el árbol. Observó a la otra muchacha; esta le veía con timidez; mientras la morena tenía un aire de belleza natural con un toque de sensualidad; la rubia se veía como una chica inocente, y brillaba por sí sola.
Al notar eso, la miko lunar; presentó a su amiga.
—Ella es Junko Chiyoko —. Al pensar que no era malo, le sonrió con esplendor; y como en su mundo no conocía la pureza; se dejó cautivar por la inocencia de aquella niña, sin saber que este tenía la atención de la castaña; poseedora de la misma bondad, pero con una apariencia distinta.
—Mm, hermoso nombre; significa 'niña pura de las mil generaciones' —comentó, la mencionada afirmó en un cabeceó.
[***]
Los días pasaron; cada día Deamon visitaba el templo. Y conforme el tiempo pasaba se acercaba como un caballero hacía la doncella que deseaba. El corazón puro de Rieka, empezaba a oscurecer ante sus deseos por aquel ser.
Un día; entró al templo del dios de la noche; invocó a su deidad y le imploro el amor de aquel hombre; este le negó esa felicidad, diciendo.
"Rieka… Eres la sacerdotisa más noble que he conocido; pero la bondad y la inocencia puede tornarse en crueldad pura. No dejes que tus deseos consuman tu corazón"
Ella negó; blasfemó contra Tsukuyomi, recibiendo una triste mirada de este.
—¡No sabes lo que es el amor! ¡Eres un dios insensible! ¡Te odio! ¡Renuncio a ser tu sacerdotisa sí no puedes darme su amor!
'Rieka, sé lo que es el amor; yo…' pero jamás exteriorizó sus sentimientos. Un dios no tiene esas debilidades.
La chica salió corriendo del templo; sin saber que detrás de la puerta el hombre que deseaba escuchó toda la conversación. Sonrió con maldad; faltaba poco para ser dueño del corazón de la menor; y ahora tenía el corazón de la morena en sus manos; con eso podía obtener el poder que tanto había deseado.
[***]
Hace poco habían arribado en una ciudad de oriente; Japón era su nombre. Ellos no sabían nada de aquel lugar, su navío había perdido el rumbo; o más bien, les habían dejado a la deriva sus supuestos aliados. Deamon había insistido en cobrar venganza; en que regresarán a su tierra natal; pero él se había negado.
—¡Primo! ¡Podemos pedir un barco a ese sujeto que acabas de conocer y regresar a nuestras tierras! —replicaba frustrado. El aludido entendía los deseos de su amigo, pero simplemente no podía exigir poder y ser respetado si eso conllevaba someter por la fuerza a las personas. Negó se ante la petición.
Ese día, Spade desapareció; preocupando a Giotto.
Recuerda que G le dijo.
—No te preocupes por ese tipo; en unos días regresará —. Comentó intentando calmar a su amigo, este le miró, y pronunció su nombre con gratitud.
Había pasado un mes, y no había rastros de él. Empezaba a preocuparse más. Todos se hospedaban en la casa de un japonés de nombre Ugetsu; era amable y les había ofrecido su hogar sin preguntar nada. En ese escaso tiempo; se habían hecho amigos.
Ese día; caminaba por el jardín de Asari; cuando escuchó la voz del dueño de la casa.
—Primo; deberías de descansar. Seguramente Spade-dono regresará cuando sea el momento indicado —. En ese momento Nuckle entró corriendo por el lugar.
—¡Primo! Spade; regresó; y está extremadamente bien —sonreía. Giotto se relajó; dirigiéndose al salón del té de Asari.
Este empezó a preparar la delicada bebida para los presentes; es decir sus seis amigos y él mismo. El incienso, y las flores ornamentaban el espacioso lugar.
—Tsk, ¿Dónde has estado? Primo ha estado preocupado porque te fuiste con esa herida que recibiste al enfrentarse a los samuráis de la región —recriminaba G.
—Nufufu~ Me fui de paseo; a conocer la zona; y encontré a unas mujeres muy interesantes —rió; los demás le ignoraron; jamás decía algo productivo en momentos como esos.
—Que bueno. Espero me presentes a tus nuevas amistades. Es difícil que entables conversación con alguien —sugirió el blondo. Spade aceptó; sus planes empezaban a marchar a su favor.
[***]
La noche ocultaba todos los males; no los aliviaba, pero los escondía en sus sombras. Desde una fuente en la luna; igual a un espejo, Tsukuyomi observaba los actos de su sacerdotisa con pesar; esa niña inocente que quería, que apreciaba se había perdido.
En la tierra; en el centro de ambos templos; sol y luna. Platicaba un hombre y una joven de su supuesto amor.
—Rieka; no me había dado cuenta de mis sentimientos, pero estoy seguro de quererte. Aunque para poder estar juntos necesito poder; el poder de los dioses, y sólo tú puedes dármelo. Entrégame poder y te daré mi fidelidad y amor a cambio —ofreció en palabras manipuladores que para el nublado corazón de la joven sonaron a promesas de amor.
La morena aceptó; le pidió un día. Ahí mismo se verían y ella le entregaría todo lo que los dioses les habían confiado.
Deamon carcajeó; todo era perfecto; nada salía de sus planes, menos una chiquilla como esa.
[***]
Esa misma noche, la miko lunar invocó a Tsukuyomi. El dios la miro con piedad; él la quería, pero ella amaba a un mortal que le haría daño; le había advertido, pero sabía de las emociones humanas y la obstinación.
—Puedo darte mis poderes; pero no los de mis hermanos, ellos son independientes a mí, y viceversa; el sol, el mar y la luna somos entes separados. Además Susanoo es un ser desterrado; necesitarías mezclar su espíritu con el de un dios puro, y *Amaterasu no le quiere por su maldad natural y por ostentar ser el dios de los cielos y el sol; además de destruir el hogar de mi hermana y asesinar el caballo celestial.*
Rieka medito las palabras; y sabiendo de que a pesar de sus blasfemias, el dios de la luna le favorecía, dijo.
—Sí… —murmuró para después gritar al dios en el altar del templo—. ¡Sí soy de verdad tu sacerdotisa y no me abandonas, entonces ofrécete como el contenedor de Susanoo y traerlo de su destierro! —. Los ojos gélidos de plata del dios, brillaron de tristeza; la destrucción era el camino de la desesperanza y el deseo, pero no quería ser odiado, a pesar de que eso le provocaría el repudio de su hermana. Asintió.
Toda la noche se escucharon canticos sintoístas, al amanecer…
Las hebras de plateadas de Tsukuyomi oscurecieron a un negro profundo, sus ojos gris metálico tornaron se azul oscuro; como el mar.
—¡Eres una estúpida mortal! Pero amo a los idiotas que dan todo por poder. Haz condenado a Tsukuyomi a ser uno conmigo, y con el paso de las décadas y los siglos me adueñaré de él con fuerza hasta lograr recuperar mi cuerpo original.
—No me importa lo que le suceda. Ahora dime ¿cómo puedo obtener tus poderes? —demando con ansiedad. El dios sonrió con burla ante la estupidez de la humana.
—Cuando todo pase, serás mía —sentenció, ella asintió, pero demando la respuesta a su pregunta.
—Ten, son tres perlas. En ella están mis poderes; el mar, la tierra y el rayo. No utilices las primeras dos; esas guárdalas en las profundidades del templo lunar para que adquieran fuerza y se dispersen de acuerdo a su propio elemento. El rayo puedes otorgarlo a cualquiera que desees —. El cabello negro tornó se gris, y los ojos azules en plata.
La mirada condescendiente de Tsukuyomi se clavó sobre su sacerdotisa; esta le pidió sus poderes y él se los otorgó.
—La luna. Tendrás la niebla; las ilusiones que son como el amor, mentiras que se convierten en realidad, y realidades que se tornan mentiras. La tormenta, que es una mezcla de los poderes de mi hermano y míos; una pasión jamás conocida y aun así bondadosa y entregada. Controlaras las nubes, una libertad que siempre viaje en el cielo; de día o de noche, independiente pero perene en el firmamento; y la lluvia, el llanto puro y limpio que puede lavar el más grande pecado. Eso es todo lo que te puedo dar, pero en ninguno de ellos viene la esperanza.
La miko recibió las piedras; se viró sin mirarle y caminó a la salida del templo.
—Lo lamento Rieka, pero no puedo decirte el camino a tomar, sólo tú puedes escogerlo. Pero… todavía confió en ti, y en tu fuerza de voluntad.
[***]
El agua empezó a burbujear, igual a una tetera hirviendo; pero se podía apreciar lo fría que estaba. El estanque se ilumino de un azul metálico. Paulatinamente se empezaban a divisar unas hebras plateadas mezcladas en tonalidades azules y violetas. El cabello se tornaba negro en segundos y regresaba a plata. Rayos salían de aquel ente; se escuchó un gritó femenino. Blue Bell salió disparada del agua; con quemaduras en toda su piel. Los ojos plata; fríos como el hielo, pertenecientes al ente la miraron sin emoción. Conforme este salía del líquido; se apreciaba que en sus brazos, llevaba a la chica castaña.
Gokudera abrió sus ojos sin mesura; Hibari sólo unos milímetros; soltando un "wao"; olvidando a su actual oponente; mirando con desafío al ser sobre el lago.
—¿Los guardianes de la luna? —preguntó con una suavidad escalofriante el sujeto. Los Mare no dijeron nada; Kykyo corrió hacía la peli azul en su ayuda. Zakuro bufó.
—¡Tsk! ¿Quién eres? ¿Y qué haces con esa mujer estúpida? —preguntó Gokudera molesto; el aludido no respondió; y sin expresión afianzo más el cuerpo de la chica hacía él.
—Suéltala, o te morderé hasta la muerte —anunció el moreno; con toletes en mano. La entidad esbozó una ligera sonrisa; cercana a la prepotencia.
—Ustedes son; se parecen a ellos —fue lo único que dijo. Ahora, con una sola mano; la que sujetaba la cintura de la chica, acarició el rostro de la misma, alejando los húmedos cabellos de su rostro.
—Pero ella… es diferente. Haru… —susurró; los parpados de la muchacha empezaron a moverse. La deidad observó fijamente los ojos verdes de Gokudera; igual a estar midiendo un oponente; se acercó a él; y le dijo.
—Soy Tsukuyomi —dijo sorprendiendo a los guardianes, agregando— ella será mi sacerdotisa en unos días, y cambiará en varios aspectos —comentaba, ahora observando en detalle a la joven que empezaba a despertarse; molestando con su acto al medio vampiro.
—Esa mujer estúpida no puede ser la sacerdotisa de la luna; es muy torpe —. La deidad le miró por segundos sin decir nada; sus hebras seguían cambiando de color de un momento a otro.
—Lo es, y es la clave para romper su maldición o hacerla eterna. Pero no será considerada sin la miko del sol; deben de cuidar al sol más que a la luna, porque el sol es el brillo y la única voz que escucha Amaterasu, mientras Haru es la oscuridad; pero… no sólo las sombras y frialdad del astro plata habitarán en ella, sino la furia del mar. Mi hermano Susanoo; planea hacerse con sus poderes para derrotar a mi hermana —. Las hebras plateadas cambiaron totalmente a negras; la mirada plata y fría; cambió a una rojiza feroz.
—Eres un idiota, Tsukuyomi; estos mocosos no pueden hacer nada —. Pasó su vista a los Mare, y les dijo.
—¡Hey! Espero que le digan a Byakuran que el trato no se ha roto; si quieren activar el poder de sus anillos, necesitan a esta chiquilla; luego dármela de ofrenda —sonrió; pero nuevamente sus cabellos cambiaron de color.
—Déjala Susanoo; Ella no es como Rieka; no es Rieka —. Nuevamente miró a Gokudera, y demandó con frialdad.
—Cuídala. No sólo es importante para mí; para ustedes también lo será. No dejes que la luna sienta envidia del sol jamás; la luna es bella, y aunque no parezca brilla por sí misma cuando es necesario —. Dicho eso, desapareció; el cuerpo de la sacerdotisa empezó a caer lentamente; el medio vampiro la sostuvo en sus brazos; mirándola hasta que despertó por completo.
—¡Hahi! ¡Gokudera-san! ¿Qué hace aquí?, es peligroso desu —exclamaba al tiempo que veía de un lado a otro; y debido al movimiento de esta; ambos cayeron al suelo.
—Tsk. ¡Fíjate lo que haces ahou-onna! —gruñó; la muchacha hizo un mohín.
—Haru no es ninguna tonta desu —. En ese momento Hibari se acercó a callar a esas dos molestias.
—Gokudera Hayato. Si dejaste de tontear, debemos irnos —dijo calmando su exaspero. Este se levantó de golpe, dejando a la chica tirada; dándole la razón al moreno.
—Tenemos que explicarle al décimo lo sucedido —. Miraron a varios lados, pero sus enemigos se habían retirado. En ese momento Haru reaccionó y decidida dijo.
—Haru no puede ir con ustedes. Necesito quedarme para estar en la ceremonia en la que se me entreguen los poderes de Tsukuyomi-sama; así que hasta ese momento no me iré del templo desu —. Los varones giraron los ojos.
Hibari pensó que sería fácil noquearla y llevarla a la luna sin su consentimiento, pero Gokudera le miro anticipando su pensamiento.
—Ni lo pienses Hibari; eso sólo provocaría que la baka-onna armara un escándalo en el castillo del décimo, y yo; como su mano derecha no puedo permitir eso —. El moreno le ignoro y desapareció con ayuda de la luna reflejada en el lago.
[***]
—Entiendo. Tenemos que realizar la ceremonia. Tanto Kyoko como Haru deben de preparase, aunque les advierto, no esperen mucho de Haru, es decir, la sacerdotisa de la luna. Ella es demasiado torpe, por alguna razón sus conjuros consumen mucha energía y se desgasta con facilidad, deberían de fiarse más de Kyoko-chan; ella es muy buena en conjuros y artes de sanación —sugirió la abadesa del recinto.
Muchas gracias por sus reviews a:
Angelzk: Gracias por el review. Respondo a lo de Chrome, si; es vampira, pero eso lo aclararé después, pues no es de sangre pura.
Vicki27: Hola Vicki-chan, espero que te haya gustado el capítulo, y pues no salió bien eso de la expresión de Gokudera al enterarse, pero al menos hubo negación XD Para mí también Haru es mi personaje favorito, aunque me agradan otras chicas de la serie; Haru se me hace muy cómica y de personalidad sincera, y demás; me encanta la chica XD Saludos.
Mary-chan: Gracias, espero este capí no haya desmerecido n_n Ja ne~!
Ichigo: Gracias y disculpa mi tardanza, tenía ciertos asuntos que resolver antes y la imaginación no venía; gomen.
Valeria: Hola; gracias :D No, valeria no es una baka-ona; a mí también se me olvidan las cosas. Por cierto, escuché la canción que me dijiste y es genial; tienes razón, se acerca a la trama; gracias :D Bye!
Aclaraciones:
El nombre de Chirahu, significa; mil primaveras. Su apellido es "hermosa flor" en japonés y si se busca en otro idioma (no me crean, así lo encontré) significa "el poder del lobo o la fuerza del hogar".
Primero; Ella y Haru se asemejan físicamente, pero con personalidades distintas y son diferentes. Igual a Chiyoko y Kyoko. Spade salió ooc; pero es que andaba en plan de conquista, no por estar enamorado, sino por interés personal al saber de los poderes de los dioses y de ellas.
Si tienen dudas sobre la maldición pregunten, por favor; pues ahí la líe un poco; y creo que está más enmarañada que al inicio; pero sí para ustedes está clara, entonces no hay problema (a menos que lo haya contemplado ya, pero no lo he escrito, también puede ser el caso; sí eso pasa, yo les diré n_n)
No odien a Chiharu, aunque yo lo hice cuando escribía; en el capítulo que viene, sabrán su final y lo que sucede con los demás de la primera generación (creo que es para el próximo, ya lo tengo escrito :D)
¿El romance?; sí, yo también me lo preguntó ¬¬ no les digo cuando, porque ni yo sé T-T (pero ya me idearé algo y tal vez les salga con una de mis clásicas sorpresas extrañas y a la vez comunes en eso del amor). ¿qué más?; !ah! sí, las preguntas a lo del capítulo anterior; ya vendrán, lo prometo; eso y más.
*frase*; lo que esta dentro es parte de la leyenda de Susanoo.
Muchas gracias por leer el fic, esperar pacientemente; y por sus lindos reviews que incentivan mi imaginación ya sea con sus preguntas o sugerencias, comentarios, etc.
Saludos, y abrazos.
Ja ne~!
Pd: ¿Les gustó? Espero que sí, y no haberla regado en algo. La verdad mi imaginación estaba en esta historia en un 30%, pero pensé, y divague y volví a divagar; hasta terminar con un 60% de creatividad y salió este capítulo. Espero sus comentarios para saber sí salió bien o escribí algo que no u_u
