Konnichiwa!
Finalmente escribí los detalles faltantes de este capítulo =) así que lo subí :)
Disfruten la actualización ;D
Disclaimer: KHR no me pertenece; es copyright de Amano-sensei.
Capítulo 6 – Onset Parte II
—Entiendo. Tenemos que realizar la ceremonia. Tanto Kyoko como Haru deben de preparase, aunque les advierto, no esperen mucho de Haru, es decir, la sacerdotisa de la luna. Ella es demasiado torpe, por alguna razón sus conjuros consumen mucha energía y se desgasta con facilidad, deberían de fiarse más de Kyoko-chan; ella es muy buena en conjuros y artes de sanación —sugirió la abadesa del recinto.
[***]
—Bien. Iremos al templo; luego con el décimo —. La miró fijo; Haru aceptó satisfecha.
—Tendré que explicarle a la abadesa que estarás un rato. Espero acepte —murmuró preocupada.
—No creo que haya problema. Al parecer Mukuro, y su novia están aquí —frunció las cejas al pensar en esos dos.
—¿Hahi? Gokudera-san; por cierto ¿qué haces aquí? —preguntó de forma inocente —¿Y quién era ese hombre extraño? —meditó —además… ¿qué hace Haru aquí? Se supone que estaba defendiendo al templo. Aunque no hice nada en realidad por defenderlo. Haru es inútil desu~ —terminó deprimida.
—¡Tsk! No eres tan inútil si por lo menos sabes hacer una buena mezcla que extraiga el veneno. Ahou —masculló; ladeando su rostro avergonzado por decir esas palabras de consuelo. Miura sonrió; ese chico era bueno en el fondo.
—Gracias.
—Hmp.
—¡Bien! ¡Ahora rumbo al templo desu! —. Ambos dirigieron sus pasos al lugar mencionado.
[***]
La abadesa les proporcionó habitaciones a los "invitados". Cada una constaba de una catre; una mesita de madera y de alumbrado un foco.
Mukuro y Chrome fueron colocados en diferentes habitaciones. El hombre mencionó algo de que tendrían dos invitados extra; la abadesa le lanzó una severa mirada que no le inmutó; y preparó otras dos habitaciones.
—No se permiten hombres en este recinto; pero su condición crea una excepción. Kyoko les ayudará en lo que necesiten.
Los seres asintieron. La chica mencionada les sonrió.
Se escucharon unos pasos rápidos. Miura arribo preocupada; no sabía que había pasado mientras ella era llevada rumbo al lago. ¿La abadesa estaría bien? ¿Kyoko-chan? ¿Todos estarían bien?.
—¡Hahi! —exclamó aliviada al verlos en perfectas condiciones y sorprendida por los desconocidos; justo como Gokudera-san había descrito.
Suspiró.
—Haru se alegra que estén bien desu —. Comentó aliviada. No pudo decir más al sentir un golpe en su rostro; la abadesa le abofeteó. Miura le observó sorprendida. La seca mirada de su mentora le heló la sangre.
Gokudera que acababa de llegar; alcanzó a ver la agresión; al igual que los otros seres presentes; y Kyoko.
—Deja de exclamar esos "hahi-es" y de hablar en tercera persona. No eres digna para ser una sacerdotisa; Kyoko corrió peligro por tú culpa; ni siquiera puedes proteger una parte del templo; menos podrás ayudar a estos extraños —le gritó en reprimenda. La chica bajo la mirada.
—Haru…Perdón. Lamentó mi descuido; entrenaré más —respondió modulado y con cautela; sin mirar los ojos recriminatorios de su maestra.
—Bien —aceptó; añadiendo —. Serás confinada en la bodega que ya no se usa; ahí meditarás tus errores y debilidades; tu castigo durará hasta el día de la ceremonia.
—Si —fue la breve respuesta firme.
El albino estaba por decir algo; recriminar el comportamiento; pero Rokudo Mukuro negó; no era momento. Por una vez le hizo caso; no quería meter en problemas a la chica que le ayudó. Eso no evitó que su mirada molesta se clavara en la superiora.
—Kyoko. Dirígelos a sus habitaciones.
—Hai.
[***]
Oscuro; cada rincón lo era. El viento contra la madera; y una gota constante de agua era lo que se escuchaba.
Frío; el aire era intenso; y sus prendas no ayudaban a conservar su calor corporal. Su cuerpo temblaba.
—Haru puede con esto desu —se auto-animo; en cuanto saliera de ahí, demostraría que era una buena sacerdotisa; y seguramente la abadesa la apremiaría; sonrió.
—A practicar —dijo se; y empezó a recitar los conjuros lunares. Sin embargo estos era muy complejos; le absorbían bastante energía. Le provocaban mareos.
—Me preguntó… —dejó al aire; ¿los hechizos solares serían tan difíciles?. Kyoko-chan era muy buena en ellos. Haru la había visto y ayudado a practicar cientos de veces; intentaría uno. Al fin, no perdía nada, sólo distraerse; aunque no logrará nada, después de todo; ese no era su elemento.
Recitó unos canticos de sanación en su piel quemada por el relámpago que le había rozado; un aura cálida rodeo la parte afectada; y en segundos, el dolor y la herida; habían desaparecido.
—¿Hahi? Extraño desu —contempló su piel; intacta y renovada.
"La abadesa le dijo a Haru que jamás usará un hechizo de luz. Que consumiría el doble de mi energía por no ser mi elemento; y que era muy peligroso. Entonces… ¿por qué no sentí desgaste alguno?"
—Tal vez Haru se equivocó de oración desu —intentó convencerse; la abadesa no le mentiría —Si, eso fue.
[***]
—Así que eres la miko solar —preguntó sabiendo la respuesta; la muchacha sonrojada asintió.
—No temas; como expliqué. Somos aliados temporales; kufufu~ —observó a su pareja; y sonriente tomó su mejilla —¿Verdad? Mi querida Chrome.
—Hai. Mukuro-sama.
—Tch. Eso lo hacen luego. Primero que nada ¿qué hacen aquí? —bruscamente preguntó el medio-vampiro. Mukuro soltó su usual risa; respondiendo.
—Sawada Tsunayoshi envío a Lambo a Italia. Yo acaba de convertir a Chrome-chan en un ser como nosotros; ahí fue cuando me dio la noticia. Y con el conjuro de transportación lunar; viaje a la luna.
—Kufufu~ No es bueno que interrumpas un momento íntimo. Sawada Tsunayoshi —le miró frió, pero divertido.
—¡Hiii! Gomen. Pero de verdad necesito su ayuda —. Fue ahí cuando notó la otra presencia — Y ella es…
—Mi nuevo juguete. Kufufu~
—¿Trajiste a una humana? —exclamó sorprendido, pero en desacuerdo. Ya le había dicho muchas veces que no llevará humanos; y que las personas no eran juguetes.
—No; la he convertido. Es mía para la eternidad. Kufufufu~ —. Descaradamente; besó los labios de la muchacha; ella se desmayó de la impresión y la pena. Quería a ese vampiro; pero era demasiado directo y atrevido.
Sawada no reclamó; esa chica no era un juguete. Era la primera vez que Mukuro decidía convertir a alguien; por lo general; siempre les asesinaba.
—Herbívoro. Habla o te morderá hasta la muerte —. Reborn sonrió de lado; Tsunayoshi hipó.
—Quiero que vayan a la tierra y traigan a la sacerdotisa de la luna; al parecer es la clave para activar los anillos "Mare"; y sí Byakuran no la consigue; no podrán crear caos.
—Kufufu~ demasiado complicado; no me gusta mezclarme en estos asuntos.
—La vida de tu novia y tus juguetes alimentarios pueden estar en peligro —sentenció Reborn. Mukuro le sonrió y aceptó.
—Aunque es bueno divertirse de vez en cuando. Kufufu~
—Herbívoros.
—Hibari-san. Tú serás el encargado de traer a la miko; onegai —suplicó.
—No recibo órdenes de nadie.
—Así fue como venimos a la tierra; observamos el ataque enemigo al arribar y salvamos a la miko —observó a Kyoko —. Al llegar estaba seguro que la sacerdotisa lunar era aquella chica que encontramos, Hibari se la llevó; pero ella —señaló a la rubia —tiene más carisma; y emana un aura diferente a la primera; debo admitir que me confundí; y dudé.
—Tsk.
"Aunque yo tampoco me di cuenta que la ahou-onna era la miko que buscaba"
[***]
Respiraba con dificultad; llevaba vario rato practicando; y poco avance notaba. Seguramente Tsukuyomi-sama se decepcionaría de ella al momento de presentarse como su sacerdotisa. Tal vez… sí mezclaba los conjuros de sanación e incrementación de aura; podría usar los conjuros lunares con mejor habilidad; aunque eso redujera lentamente su salud.
Nadie la necesitaba; así que no perdía gran cosa.
No lo hagas
—¡Hahi! —volteó a todos lados; no había nadie. Se preparó para intentarlo nuevamente.
Es prohibido. No lo hagas.
Hipó nuevamente. Era una voz fría; sedosa y gruesa; pero tenía un dejo de preocupación.
—Haru no entiende; pero tal vez sea una advertencia de Tsukuyomi-sama desu —murmuró para sí.
Conjuro un hechizo de luz; al menos le proporcionaría el calor necesario.
Al mismo tiempo; vigilándole sin ser visible. La deidad lunar observaba a su futura sacerdotisa.
"Sí tan sólo Rieka me hubiera escuchado…"
Los ojos de Tsukiyomi; se posaron en la fémina figura que temblaba. Esa niña era diferente y tan semejante a la vez. Tocó su frente.
Haru sintió un sentimiento cálido; el cansancio la embargo; sentía su cuerpo y parpados pesados; cayó en un profundo sueño. Transportándola a una visión del pasado.
A la mañana siguiente. Rieka buscó al hombre que amaba. Observó sus cabellos azules cerca de un árbol, con una sonrisa corrió hasta él; pero antes de llegar, se escondió por acto reflejo detrás de la maleza. Entonces fue cuando observó la escena que terminó por corromper su alma.
—Chiyoko… —escuchó la voz sedosa de Deamon pronunciar aquel nombre; observó la forma en que ella le sonreía. Percibió el suave ambiente entre ambos; y finalmente, aquel beso casto que le partió el alma. Aquella forma era una que él nunca había usado con ella, y eso le provocó la envidia; los celos y el sentimiento de venganza.
Regresó su camino hacia el templo. Entró al altar de Amaterasu y la invocó.
[***]
Spade recibía de Chiyoko las gemas del sol y del cielo; las más poderosas de todas; su plan estaba casi completo. Con eso regresaría a su tierra y se vengaría de aquellos que les habían traicionado, además de dominar a todos los que se opusieran a él, y a sus compañeros de labor.
—Están bendecidas por Amaterasu-sama. Le dije que eran para una importante tarea en las que Chiharu las usaría; por favor, devuélvelas pronto —sonrió con dulzura la muchacha.
—Gracias, eres especial. Después de esto; estaremos juntos. Chiyoko… —susurró su nombre.
Al poco rato, los amigos de aquel hombre arribaron. La sacerdotisa del sol les recibió con amabilidad; los presentes cautivados por la bondad que emanaba quedaron embelesados.
—Chiyoko. Sacerdotisa del sol, un placer —se presentó.
—Giotto; el placer es mío, miko-dono —sonrió como únicamente él podía; y con ese gesto; cautivo el cambiante y tierno amor de la doncella que se había abrumado por un desconocido al cual no amaba; su corazón se acongojo; se sintió avergonzada y culpable.
Sonrojada respondió.
—Gracias.
El cálido clima se tornó frio; la luz parecía opacarse, y de un lugar cercano. Una mujer de semblante gélido y mirada igual les observó; con sedosidad se presentó.
—Rieka Chiharu; miko de la luna —aquellos ojos oscuros, sin brillo y aun así cautivantes; como si te hundieras en ellos atraparon a los presentes.
El instinto de Giotto se alarmó. Sonrió cordial, pero no sincero; aquella mujer emanaba un aura que no le agradaba. Los demás saludaron debidamente a la chica.
—Tch. Pensé que las conocidas de Spade eran cortesanas, no sacerdotisas. No sabía que fuera un religioso empedernido —burló se el pelirrojo; recibiendo una reprimenda mirada de Primo.
—Mm~ Y yo no sabía que querías conocer la aristocracia del país; no para alguien de tan bajo nivel —mofó se.
—¡G! ¡Spade! No hablen así frente a las sacerdotisas —dijo enfático Primo, los dos asintieron.
Rieka se acercó a Deamon, entregándole todas las gemas; con un plan de traición en su mente. Cuando este las recibió, ella invocó a la diosa celeste; Amaterasu.
El cielo se nubló; Spade lanzó una joya a cada compañero suyo, estos por inercia la recibieron al atraparla en el aire.
—¿Qué…? —preguntó Asari, pero no terminó.
—Demasiado tarde —se escuchó decir a una fría voz de mujer junto a un eco profundo—. Insulsos humanos que buscan el poder de los dioses; intentando sobrepasar su origen efímero y frágil. Su castigo se hará presente por su osadía.
Ninguno entendía; con excepción de las chicas y Spade.
El primero en caer de rodillas al piso fue el bermejo; su tatuaje ramificado empezó a brillar intensamente; quemándole. Giotto se acercó, pero este le gritó.
—¡No vengas! —. Posterior a eso; los demás empezaron a caer, sintiendo un dolor profundo en su ser; y sus gargantas secas, sentían que su vida se esfumaba; los únicos que no sintieron malestar alguno, fueron Knuckle y Giotto, pues sostenían las perlas de Amaterasu.
El aire les faltaba, no podían respirar.
G continuaba peleando por no someterse al ardor de un fuego consumiéndolo. Lampo soltaba unas lágrimas, sentía como sí una descarga cruzara por todo su cuerpo; entumeciéndolo y a la vez dejando sus sentidos latentes. Asari buscaba un método de relajar su tensado cuerpo, pero era difícil; sentía dolor, agujas en su ser, pero al mismo tiempo rigidez. Alaude se mantenía perene, con ninguna mueca de dolor, pero por dentro sentía que su cuerpo se partía en miles de pedazos como sí explotasen y se volvieran a unir. Spade tenía la sensación de sus órganos deshacerse en finas partículas, acabando con él lentamente.
—¡Basta! —exclamó Giotto. La deidad le observó como sí de una cucaracha se tratase —. Son mis amigos, déjalos libres, no sé qué sucede, pero intuyo tiene relación con las piedras en nuestras manos. Las regresaremos, ni siquiera las hemos pedido.
—¡Mienten!; tienen lo que se merecen. No es mi culpa, ni soy injusta ni cruel. Simplemente cumplo mi labor de castigar al osado.
De las aguas de una pequeña fuente oculta en las sombras; apareció Tsukuyomi. Amaterasu le miró con frialdad y estuvo a punto de darle la espalda, pero no lo hizo.
—Hermana; perdónalos. Son mortales, no piensan o siente igual a nosotros; sus emociones terrenales son distintas; se piadosa con ellos. ¿Acaso no miras la bondad reflejada en los ojos de este hombre? —le preguntó señalando a Giotto—. Además, sí él fuera de malvado corazón o el otro que sostiene tu otra perla; ya estarían al borde de la muerte, pues nadie impuro puede tocar lo que es tuyo.
La diosa medito las palabras; y llegando a una solución, expresó ahora mirando a los humanos.
—Ustedes… serán maldecidos por varias generaciones al igual que todas las personas que les hayan conocido.
—Eso es injusto —expresó Giotto —las personas que hemos conocido no tienen culpa de nada, es sólo nuestra; aunque no lo sea en realidad —. La diosa le ignoró.
—Culpen su destino y a esa mujer de hebras oscuras por haberlos traicionado; he sado mi sentencia, y es irrevocable. Sus conocidos también serán maldecidos. Estarán bajo el cuidado de Tsukuyomi, vivirán como entes lunares debido a la traición de la miko de la luna, y a la intromisión de mi hermano por ustedes. Serán seres de oscuridad y deseos; su humanidad y cualquier buen atributo desaparecerá de su ser; dejándose dominar por instintos como las fieras, eso es en lo que se convertirán —. La tortura interna de los varones desapareció, pero sus ojos se nublaron, y empezaron a sentir cambios en su cuerpo. La luz les molestaba, y tenían apetitos no conocidos por ellos; se miraron con temor y horror sus manos. En apariencia eran los mismos, pero algo en ellos internamente había cambiado.
La deidad se viró a la miko lunar.
—Tú… —señaló —. Me has dicho que mi sacerdotisa me mintió y traicionó, pero la que dio las perlas no fue otra sino tú. Rieka Chiharu, tendrás un castigo por tu codicia y deseos. Serás exiliada del paraíso, tú alma no reencarnará, pero permitiré que un pedazo de ella viva en las futuras generaciones de mikos lunares; ellas cargaran con tu pecado y maldición.
Rieka sintió furia, e injusticia; empezó a gritar y desahogarse.
—¡Es injusto! ¡Yo era la sacerdotisa del sol!; ¡nací para serlo! ¡Era la mejor en las artes solares! Mis conjuros, mis hechizos, mis poderes de sanación, todo era mejor que Chiyoko, pero en cambio la escogiste a ella, y a mí me enviaste con Tsukuyomi no kami; entonces empecé a fallar, mis conjuros no salían con facilidad, necesitaba de mucho entrenamiento, mis fuerzas se consumían con mayor rapidez, todo era más difícil…—la voz le empezó a fallar y torpemente prosiguió—. A Chiyoko le permitiste vivir con su familia, tener a su madre, hermanas; a mí… me quitaste todo, me hiciste la sombra de ella, y justo cuando quiero algo, me lo niegas, me castigas; ¡y ahora me dices que yo tengo la culpa de todo! —frustración acumulada salía de sus labios, pero lo que más le dolía era el hecho de que sus palabras parecieran nada ante los oídos de la que debería ser su diosa; pasó su vista hacía la que una vez considero hermana y la vio mirarla con lastima, rió irónicamente. Ella le tenía lástima. Rieka murmuró —Chiyoko también… ella…—detuvo sus palabras y preguntó a la miko solar con dolor en sus palabras —¿le amas? —esta miró a Spade, luego al hombre que acababa de conocer de hebras doradas, y devolviendo la vista a la morena; negó, y todo en la miko lunar desapareció, dejando nada, pero a pesar de todo, seguía queriendo a la chica como su hermana. Miró a Amaterasu fijamente antes de hablar.
—Yo… fui la culpable —confesó se culposa sin serlo en su totalidad, observó a su amiga para proseguir —robé las piedras engañando a Chiyoko, y… —contemplo detalladamente a los varones que acababa de conocer — use a estos hombres para mis beneficios —cerró sus parpados, forzándose a ser fuerte; volvió a mirar esos fríos ojos dorados de Amaterasu— Sí… Sí les castigas, al menos déjales la esperanza; una pequeña, pero fina luz que haga no se pierdan en la oscuridad como yo —los ojos de la diosa se clavaron en los oscuros de la mortal. Rieka continuó.
—No les quites el cielo ni el sol; permite que encuentren su camino, y permíteles que encuentren su humanidad en sus corazones. Estoy segura de que algún día… ellos sabrán lo qué es el amor, la bondad, el desinterés, la compañía, la felicidad, lo que es reír con alguien después de llorar silenciosamente en soledad, y… conocer la amistad.
Sentía que no podía más, y desvió su vista hacía el piso; apartando sus orbes de la deidad.
—Perdóname… —susurró, y tomando aire, aguantando las lágrimas que sentía saldrían en algún momento, pronuncio con fuerza y determinación—. Pero aunque a mí se me castigue, perdona a mis descendientes y a estas personas otórgales ese rayo de esperanza en sus prolongadas vidas de solitud.
—Rieka… —aquel nombre salió de los labios de Tsukuyomi como un suave murmuro.
Amaterasu la observó sin emoción. Miró a su sacerdotisa y suavizo su semblante, sonriéndole le preguntó.
—Chiyoko, ¿estás de acuerdo? Esta mujer te hizo daño e hizo sufrir; ¿la perdonas? —. La mencionada respondió afirmativa; la deidad sonrió.
—Sabía que eras la mejor sacerdotisa para el sol; piadosa y bondadosa, sin pizca de maldad en tu alma. Por ti, escucharé la petición de esta sacerdotisa infame, y otorgaré una esperanza a estos humanos —. Rieka guardó silencio, no tenía rencor a nadie; había entendido que ella era la culpable de sus propias acciones o deseos; lástima que demasiado tarde, pensó.
—Cuando llegue el momento en que la maldición se debilite y los seres maldecidos puedan viajar libremente de la luna a la tierra; encontrarán al guardián del sol, este conocerá y asimilará la maldición; sí su nobleza es verdadera, podrá dominar mi elemento. Y sí las generaciones venideras obtienen eso llamado amor, entonces consideraré levantar la maldición de sus descendientes. Mientras; No podrán pisar un pie en la tierra.
Dejó de observar a esos humanos –ahora –malditos, y miró a Rieka sin emoción, finalizando.
—El destino de tu descendiente, depende de mis deseos; pero probablemente ella nunca conozca el amor. Y te aseguro que también ocupará el mismo rango que el tuyo. Lamento su destino, pero es parte de ti, por el simple hecho de que será tu sucesora en varios siglos; pues ese es mi castigo. Sí ella es débil o sí es fuerte, de eso dependerá el futuro de tu alma y de los demás. Mientras, acabaré con tu vida; y el fragmento que quede de tu espíritu destruido será el que coloque en algún infante para que este sea atado a tu destino.
—Entiendo…—fue la respuesta al castigo, y la resignación —pero… tengo otra petición, por favor —Amaterasu la miro tajante, ofendida por el descaro de aquella miko, pero bondadosamente le permitió hablar.
—Dila —Chiharu dirigió sus suplicantes ojos a la deidad, y rogó.
—La sacerdotisa que cargue con mi maldición, por favor… no la dejes ser igual a mí; no la hagas la sombra de alguien más; y te suplico que por favor; le permitas tener una familia, y no le arrebates el amor sí llega a conocerlo. Además… que sea una verdadera miko lunar, no una doncella solar con una estrella como la mía, que siendo sol, tuvo que pasar a ser luna; por favor.
—No puedo prometer eso; sí ella no sufre, entonces no tendrá caso mi maldición. Lo lamento —. Los dedos de Chiharu se clavaron en la tierra, hasta formar un puño, señal de su frustración, y ácidamente soltó.
—Comprendo… —Sacó de sus prendas dos perlas restantes, y destinando su mirar a Giotto, le sonrió con sinceridad; este le miró confundido. Chiharu se levantó con lentitud, camino hacía el chico y sonriendo tomó sus manos; entregándole las dos gemas. El blondo estaba por decir algo, cuando ella le dijo.
—No sé si servirán de algo; pero ya que tanto ustedes como yo hemos sido castigados. Te pido que las custodies hasta que cambien su forma y se dividan en partes iguales y a la vez diferentes; guárdalas en el rincón más oscuro que encuentres, te lo suplico —. La mirada serena y oscura, el aura cálida; totalmente diferente a minutos antes; le hizo entender a Primo que esa era la verdadera naturaleza de la muchacha, no aquella oscura frialdad, sino esta reluciente bondad; sonrió y asintió. Sin palabras Rieka entendió que las joyas de Susanoo estarían en buenas manos.
Segundos después; Tsukuyomi desapareció por orden de su hermana, junto a las perlas que encerraban los poderes de los dioses y los humanos convertidos en entes lunares. Rieka pereció, desapareciendo en hermosas luces de colores brillantes cuando su alma fue hecha pedazos; Chiyoko quedó como la sucesora a abadesa y sacerdotisa legitima del sol en aquella época.
Las vidas de cada uno se repartieron de acuerdo a su destino; esperando a que la rueda del futuro empezará a girar, y con ella; un nuevo camino.
Sus ojos se mantenían cerrados; su mente continuaba en aquel mundo abstracto de recuerdos que no eran suyos.
Y lágrimas silenciosas resbalaban sobre sus mejillas.
Aquel sueño; dolía.
Gracias por sus reviews a; Angelzk; Vicki27; Priscila; Valeria; Shirley; Uzumaki-tsuki. Ustedes son mi motivación con cada comentario :D gracias.
Espero este capítulo haya sido de su agrado; y como lo había dicho; esta es la segunda y parte final del pasado.
Saludos.
Ja ne~! ;D
