-Vaya veo que tu eres la única que se dio cuenta Kohane-chan. Me alegro de haberte elegido para venir aquí- y sonrió aquella chica pelinegra
Capítulo 2: Estaré aquí
-Yukko-san- dijo Kohane
-O vaya, y yo que pensé que te sorprenderías pero veo que fallé- dijo en tono sarcástico la pelinegra
-Kimihiro-kun ha estado-
-¿Watanuki? Sí me lo imaginaba, pero no importa-
-Pero ¿por qué me trajo aquí Yukko-san?-
-Eso es a lo que iba Kohane-chan. Mira necesito que me hagas un favor muy grande ¿podrías ayudarme?-
-Claro Yukko-san-
La chica de cabellos dorados y la pelinegra caminaron hacia adentro de la propiedad de donde se asomaban las ramas del cerezo. Aquella casa era enorme, Kohane ya había entrado ahí un par de veces pero… por alguna razón veía aquel lugar algo diferente.
-Yukko-san-
-Mande-
-Aquí se supone que era el hogar de una señora, su esposo y la hija la cual eres tú, pero ¿dónde se encuentran esas dos personas?-
-Ya no están-
-¿Ya no están?
-Después de que ustedes vinieron a cumplir mi deseo con la ayuda de Watanuki hubo un accidente en el cual ellos dos ya no regresaron y como puedes ver dejaron a su hija huérfana-
-¿Estas sola en esta casa?-
-Sí pero eso no me da miedo, ya he estado viviendo en esta casa por años-
-Es verdad, alguien que le tenga miedo a su hogar quiere decir que en realidad no lo conoce o que ese no es su verdadero hogar-
-Hay Kohane-chan- y se detuvo enfrente de la rubia con los brazos en la cintura –Deberas que eres muy lista- y sonrió
- (día siguiente en otro lugar) -
Era una mañana tranquila, con el sol brillante y cálido. La tienda de deseos ya estaba abierta con su dueño y ayudantes andando por toda la casa (o bueno sólo sus ayudantes andaban de aquí para allá).
-Watanuki- dijo Mokona
-¿Mande?-
-¡Mokona quiere comer!-
-Ya voy no tienes por que mandarme-
Watanuki se dirigió a la cocina, se puso el delantal para no manchar su ropa. Una vez puesto sacó algunas cosas del refrigerador y empezó a cocinar.
-Watanuki- dijo nuevamente Mokona
-Ya te estoy cocinando no tienes por que andar mandándome, si sigues así no te haré nada y dormirás afuera de la casa hoy-
-Ha llegado Doumeki-
-Si, ya lo sabía pero pues el puede entrar solo hasta aquí ¿no crees?- (si es que Watanuki odia a Doumeki)
En la cocina entraba Doumeki con su traje, lo más seguro es que viniera de su universidad de trabajar.
-Deberas contigo ¿Quién te ha dicho que puedes entrar a la casa de alguien más? ¿Imagínate que un día te confunda con un vago (bueno cuando no) y te golpeara en la cabeza hasta dejarte muerto en el patio?- decía Watanuki
-Si también buenos días- contestó Doumeki, a él no le importaba todos los insultos que le dijera
-Bueno y se puede saber ¿Qué haces aquí? Y mucho mejor pregunta ¿si Kohane-chan?-
-¿No ha llegado?-
-No-
-Ella me dijo que nos veríamos aquí por la mañana antes de ir a la universidad así que por eso vine pero… lo más seguro es que ya no tarde en llegar-
-Mira idiota cuida a Kohane-chan por que si algo le pasa morirás al querer salir de tu casa de nuevo- y Watanuki lo miró de una manera tan fría que empezó a darle escalofríos a Mokona
Antes de que Watanuki pudiera seguir amenazando de muerte a Doumeki se escuchó como alguien entraba a la tienda.
-Watanuki, ya llegó-
-Sí Mokona gracias-
Ahora quien entraba a la cocina era Kohane.
-Buenos días Kimihiro-kun y Shizuka-kun-
-Buenos días Kohane-chan- saludó Watanuki alegremente – Kohane, ¿ya comiste algo o te gustaría desayunar con Mokona?-
-No muchas gracias Kimihiro-kun así estoy bien perdón por el retraso-
La mañana pasó. Kohane y Doumeki tuvieron que irse a la universidad después de comer lago con Mokona ya que esta los obligó.
Otra vez la tienda era invadida por el silencio. Ya era de tarde y como todos los días Watanuki se encontraba sentado en el pasillo de la casa que salía hacia el patio pero… claro a su lado estaba Mokona.
-Watanuki- dijo Mokona
-Mande-
-¿Viste que Kohane-chan traía algo en una bolsa?-
-Si-
-Pero no era cualquier cosa-
-No importa, yo jamás desconfiaría de Kohane-chan-
-Pero aquella cosa se sentía extraña, como si fuera alguien-
-Sí también me puse a pensar cosas pero mejor lo dejo así, además aunque Kohane-chan hubiera traído algo no creo que sea nada que le haga daño a nadie-
-Por esa parte tienes razón-
Siguieron viendo el cielo y entonces pudieron contemplar mariposas volando en el patio.
-Mariposas azules- miraba Watanuki con mucha calma
-¡Qué lindas y deliciosas mariposas!- gritaba Mokona mientras saltaba de la emoción para poder atrapar una.
-No Mokona, no son para comer- y Watanuki agarró al pequeño conejito para que no hiciera nada malo a las pobre mariposas.
-Ash- y Mokona se enojó
De entre todas esas mariposas encontraron una que era la más hermosa de todas. Aquella era de color azul con negro. Sus alas eran brillantes y largas.
La mariposa se acercó a ellos revoloteando como si fuese feliz.
Mokona y Watanuki se quedaron contemplándola cuando derrepente la mariposa se posó en la cara de Watanuki.
Enseguida los dos pensaron "Yukko-san" y cuando lo dijeron en sus mentes la mariposa se desvaneció lentamente.
-Watanuki…-
-Esa era…-
-Sí, Yukko-san-
Los dos quedaron sorprendidos al haberse imaginado que Yukko les habría enviado esa mariposa para ver como se encontraban.
- (pasó la tarde y mientras donde Kohane-chan) -
-Hiciste un muy buen trabajo Kohane-chan- decía la pelinegra comiendo una fruta
-Gracias Yukko-san pero… lamento que no haya funcionado como usted lo planeó- contestó la rubia
-Sí eso fue el problema pero no te preocupes Kohane-chan ya que no fue tu culpa. Algo no me deja darle todo a Watanuki y por lo tanto me encuentro aquí todavía y hasta que no le de todo lo que le falta a Watanuki no podré irme-
-Pero ¿por qué la mariposa se desvaneció antes de que pudiera hacer lo que usted le mandó hacer?-
-Eso es lo raro, al parecer si tendré que verme cara a cara con Watanuki, lo cual no quería pero tal parece que no hay más remedio-
-¿Quiere que le ayude?-
-¡Claro!-
