Capítulo cinco: ¿Te olvidaré?…
Otra mañana, como todas Watanuki fue despertado por Mokona que le pedía a gritos algo comestible o sufriría de anorexia.
-¡Watanuki! ¡Tengo hambre!-
-Ya voy-
Al despertarse Maru y Moru lo saludaban alegremente dándole su delantal de cocina.
-¡Watanuki tengo hambre!- no paraba de gritar Mokona
-Que ya te escuche-
-Pues anda ¡muévete!-
Era una mañana como todas las demás hasta que Mokona dejó de brincotear y Maru y Moru de comerse los ingredientes con los que Watanuki preparaba el desayuno porque se escuchó que personas entraban a la casa.
Watanuki dejó rápidamente lo que tenía en las manos y fue corriendo junto con los tres traviesos de la cocina para encontrarse en el patio con…
-Kohane-chan, ¡Yukko-san!-
En la entrada de la tienda se encontraban Kohane, Doumeki y Yukko sonriendo.
-¡Hey Watanuki!- gritó Yukko- ¡Te dije que me dijeras Yukko-chan!-
Al oír esa voz salieron disparados Mokona, Maru y Moru hacia Yukko y se le fueron encima.
-¡Señora!- dice Maru
-No, ya no es señora ahora es señorita- contestó Moru
-Mokona te extrañó- habló la pequeña bola de pelos con orejas largas
-Si y yo a ustedes- la pelinegra se encontraba sonriendo.
Si, el día anterior Kohane los había invitado al festival de otoño en donde se encontraron con Yukko. Watanuki no supo como reaccionar y lo único que pudo decirle era ¿por qué se había ido si iba a regresar?
Yukko, Kohane y Doumeki acompañados por Mokona, Maru y Moru entraron a la tienda y pasaron dentro de ella para tomar el desayuno con Watanuki.
-Kimihiro-kun, te ves feliz- le dijo la rubia a Watanuki
-¿Ah? Eso crees Kohane-chan-
-Si, de hecho te ves como cuando nos conocimos-
Era verdad, Watanuki estaba feliz porque Yukko se encontraba ahí.
-Pues gracias Kohane-chan-
En aquella habitación se escuchaban gritos de Mokona y las niñas celebrando por que Yukko había regresado, además de la conversación de Watanuki con Kohane.
-Kimihiro-kun-
-Mande Kohane-chan-
-Shizuka-kun y yo nos tenemos que ir-
-¿Por qué tan pronto?-
-Bueno es que nosotros si tenemos trabajo pero sólo venimos acompañando a Yukko-san-
-Entiendo-
-Pero si se puede vendremos al rato-
-De acuerdo Kohane-chan, yo te espero aquí-
La respuesta sólo fue para Kohane ya que a Doumeki lanzó una mirada de desprecio como siempre.
Una vez que se fueron Kohane y Doumeki Watanuki se metió de nuevo a la tienda con el delantal.
-Yukko-san-
-¿Mande?-
-Bueno pues… hace mucho que no estas aquí y ya que te trajeron ellos dos supongo que no has desayunado ¿o si?-
-No Watanuki, no he desayunado-
-¿Entonces te gustaría que te prepare algo Yukko-san?-
La chica que se encontraba sentada en el pasillo que salía al patio se levantó del suelo y se puso enfrente de Watanuki con los brazos cruzados.
-Ash deberas contigo Watanuki Kimihiro-
-¿Qué hice?-
-¡Qué no me digas san!-
Pero Yukko sonreía al regañar a Watanuki, y él le correspondía de la misma manera.
-De acuerdo Yukko-chan-
-Así está mejor-
-¿Entonces que quieres de desayunar?-
-Esta vez quiero ayudarte-
-¿Qué?-
-Si, todos los días que viví contigo tu me cocinabas, ahora quiero que me enseñes a hacerlo para ver cuanto te costaba-
-¡¿De verdad quieres cocinar?-
-Si-
-Bueno de acuerdo pero…-
-Pero nada-
-Bueno, si tú lo dices-
-Pero no quiero cualquier cosa-
-¿Qué quieres?-
-¡NEGI RAMEN!-
-Pero tendríamos que ir a comprar los ingredientes porque no tenemos-
-Pues está bien-
-¿Segura que quieres caminar?-
-Watanuki, que me digas chan no significa que sea una inútil-
Yukko y Watanuki salieron a la calle con Mokona dejando la casa a cuidado de Maru y Moru.
Tuvieron que ir al mercado ya que ninguna tienda cercana vendía lo que se necesitaba para el Negi Ramen. Mokona rodaba en la bolsa de compras mientras Yukko y Watanuki caminaban tranquilamente.
-Bien necesitamos ir a comprar lo último-
Yukko miró la lista que tenía Watanuki en la mano y dijo
-Eso lo vendían en aquella tienda-
-Pues entonces vamos-
-Watanuki-
-¿Mande?-
La cara de Yukko cambió a una tierna con una chapita en su mejilla.
-¿Puedo ir a comprar dulces?-
-Pero Yukko-sa-
-¿Qué dijiste?-
-Yukko-chan no vas a querer comer al rato-
-¡Ándale!-
-Bueno puedes ir-
-¡Yupi!-
Por un momento Yukko se alejó de Watanuki y corrió hacia un puesto con una señora vendiendo grandes paletas de caramelo.
-Hola, me da esta-
-¡Claro!-
Yukko escogió la más grande de color rosa con morado.
-¡Qué rico! Gracias- y se fue caminado pero al dar un paso más escuchó una voz conocida
-Hola Yukko-
Esa voz la hizo sorprenderse. Giró rápidamente y para su sorpresa no podía creer quien estaba enfrente de ella.
-Clow-
-Si, pero por ahora mi nombre no es ese- -¿Qué haces aquí? Se supone que ya se arregló lo de Sakura y sus plumas ¿no?--Claro que se resolvió-
-Entonces ¿qué haces aquí?-
-Bueno estoy aquí para otro asunto pero no esperaba encontrarme contigo-
-Me imagino que vas a ir a ver a la otra Sakura-
-Si exacto, iré a ver a la pequeña Sakura Kinomoto-
-¿Por qué? Tú me habías dicho que ya atrapó todas las cartas Clow-
-Si pero todavía le falta hacerles saber quien es su dueño o bueno en este caso dueña-
-A ya veo-
-Que curioso, los dos reencarnamos en personas menores-
-Si pero a mi no me importa-
-Hablando de reencarnar, ¿por qué lo hiciste tu? Si ya no tienes nada que hacer aquí-
-Bueno lo que sucede es que todavía no puedo dejar la tienda-
-Acaso será por tu heredero ¿Watanuki Kimihiro?-
-Si, algo no me deja darle toda la herencia-
-Pobre de ti Yukko-san, estas atada a este mundo-
-No puedo hacer nada más que esperar a que la herencia pase bien-
-Y después dejaras este mundo-
Yukko no quería recordar que pasaría después de dejarle todo a Watanuki. Dejar este mundo, ella tenía que hacerlo porque ya no pertenecía más aquí.
-Yo también lo tendré que dejar. Después de que Sakura aprenda a manejar bien las cartas mis recuerdos se irán desvaneciendo hasta que ya no quede ni uno solo y Eriol Hiragizawa podrá vivir una vida tranquila-
-Es inevitable que yo me vaya ¿verdad?-
-¿Cómo es posible que pueda ver a la persona que no cree en las coincidencias dudando de sí misma?-
-Tienes razón-
-Bueno Yukko me dio gusto verte y espero que regreses pronto a donde perteneces para que puedas descansar-
Eriol se fue y con él las esperanzas de Yukko de poder quedarse un poco más.
-¿Por qué me quiero quedar más tiempo? Se supone que yo deseaba pasarle la herencia rápido a Watanuki e irme pero… cuando pienso en irme me siento triste-
Antes no había sentido eso, sólo una vez. En aquel sueño de despedida.
En el momento en el que Watanuki dijo esa palabra…
-¿cómo puedo perder a la persona más importante para mí?-
Era el mismo dolor. Sólo que no sabía porque lo sentía hacia Watanuki.
-Yo no puedo sentirme asi-
