ENTRE DOS MUNDOS

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de J. K. Rowling. La historia es algo de mi invención.


CAPITULO I

LA CARTA

Draco Malfoy contemplaba con una expresión impasible el pergamino que sostenía en sus manos.

Aún no creía posible lo que allí se redactaba. Debía haber algún error.

Aunque, en honor a la verdad, sabía que no era tan imposible aquella posibilidad.

Contemplo con gesto imperrito nuevamente su alrededor su padre había muerto hace tan solo seis meses dejándole a él, por ende lógica, su único heredero la administración, guarda y custodia de toda su fortuna, así como también el peso de continuar con su estirpe.

No era que Draco no hubiese satisfecho ya tal requisito. En realidad, a lo que Lucius Malfoy se refería con la expresión "Continuar su estirpe" era más bien al hecho de "continuar con la pureza de su sangre".

El hecho de que años atrás hubiese habido una guerra para eliminar tal pensamiento "irracional" no había hecho mella en Lucius Malfoy, por el contrario, si bien es cierto que al final había logrado salir bien parado en tal guerra, lo cierto es que las viejas costumbres no se olvidaban.

Inconscientemente, Draco recordó las tres últimas palabras de su padre: "no me decepciones".

Draco quiso golpear y maldecir, pero en ese instante de nada le valían sus arranques. De nada le valía cualquier pataleta. Además, ya no era un niño como para hacer berrinches. Era un hombre, y como tal, debía afrontar las consecuencias de sus actos.

En aquel instante, al pie de la cama mortuoria de Lucius, ni por asomo había logrado imaginar a lo que verdaderamente se refería su padre.

Redirigió su mirada inspeccionando el lugar en el que ahora se encontraba. Hasta hace poco, era el estudio de su padre, el lugar donde grandes negocios se habían llevado a cabo; pero también, el lugar en el que comenzó su verdadera desdicha.

Con un deje de tristeza recordó cómo se habían pactado allí su matrimonio sin que el pudiese siquiera intervenir u opinar. Era algo impuesto, obligado por ser bien visto y por cumplir con una obligación para con su familia.

A todos los Malfoy les había costado algo, pero en ese instante, si bien no se arrepentía de lo hecho, sentía que era él quien más había perdido. Era el quien había pagado la factura más alta por recobrar la "reputación" de los Malfoy.

Su matrimonio, un bilateral acuerdo de negocios, en el que ambas partes obtenían algo a cambio, había durado más bien poco, casi nada.

Lo habían obligado a casarse con "Astoria Greengrass". Una Slytherin sangre pura y bien educada señorita de sociedad, en toda la extensión de la palabra. Una mujer hermosa, no lo negaba, sin embargo, también era una niña mimada, berrinchuda, caprichosa y consentida, acostumbrada a tener todo aquello que deseaba. Pero, al final del día una perfecta candidata, para ser la nueva señora Malfoy.

Era hija de un famoso auror, y con antecedentes familiares y de reputación impecable. En su árbol genealógico, no se vislumbraba ni de cerca algún pariente muggle. Mientras que su familia no era relacionada ni por asomo a la unión con el que no debe ser nombrado. Ninguna mancha, ninguna pizca siquiera de un poco de sangre sucia en su genealogía.

Bebió un sorbo de whiskey de fuego, lo único que le ayudaba medianamente a contener su furia y enojo. Maldecía su suerte, no comprendía que podía haber hecho para merecer tal castigo. No comprendía que había hecho para que su padre actuara de tal forma.

Por un breve instante creyó incluso, que su padre, de haber sido más inteligente, podría probablemente, haberlo dejado ser feliz.

Pero no fue así.

Si ponía todo lo acontecido en una balanza, sabía a ciencia cierta, y sin temor a errar, que los Malfoy hubiesen ganado una mayor y mejor reputación así como "limpiar" por llamarlo de alguna manera el nombre de los Malfoy, al haber permitido que él se casara con Hermione Granger.

Pero no fue así, su padre y sus estúpidos prejuicios sobre la "pureza de la sangre", aunados al hecho de que "un Malfoy jamás se enamora", habían hecho de su vida un autentico infierno, por un lapso breve, pero infierno al fin y al cabo.

Su matrimonio con Astoria Greengrass no había durado más que un año y medio, como el bien recordaba, pues una insuficiencia cardiaca, producto de su anterior estado de gestación, que no había sido detectado, ni mucho menos diagnosticado a tiempo, había sido en parte, culpable por su muerte, pues cuando fue detectado fue muy difícil de atender.

Al momento de tomar una decisión, incluso por la vida del no nato y de la madre, ellos habían decidido por el pequeño, sin embargo, se había hecho todo lo mágica y humanamente posible por salvarla, pero lamentablemente no fue así.

Por lo que, irremediablemente, al momento de dar a luz y priorizar vidas, ella salió perdiendo parte de la suya pues aunque si habían logrado estabilizarla, al cabo de tres meses después del parto ella había sufrido un "cardiopatía fulminante o infarto al miocardio", como lo llamaban los muggles, dejando tras de si, huérfano de madre al pequeño Scorpius Hyperión Malfoy.

Ahora, un año después, de su muerte y justo dos meses después de la muerte de su padre, venía a enterarse de la verdad. Una que Astoria también conocía…. Ellos le habían negado el conocimiento de una carta de ella. Una que le ocultaron y que hasta ahora jamás había tenido conocimiento.

Él no sabía si odiar o agradecer a su madre, ya que, después de todo, justo después del sepelio de Lucius Malfoy, ella le había entregado un sobre, algo arrugado por los bordes, cuando el aún se encontraba en el despacho. Pero antes de tener siquiera la posibilidad de anticipar o darle un escueto "gracias" a su madre, ella salió, con un elegante movimiento de aquel lugar dejando tras de sí una palabra en sus labios: "perdóname".

Y así, sin mayor explicación o palabra alguna, Narcissa Malfoy deposito el ya gastado y arrugado pergamino dirigido a él.

Draco lo abrió extrañado. No tenía ni la menor idea e lo que pudiera tener. Aún más no encontraba explicación alguna para el "perdóname" dicho por su madre. Nada en el mundo lo había preparado para aquella noticia. Recordaba claramente lo escrito en el pergamino que ahora sostenía con rabia, fuerza y coraje en su puño izquierdo. Ni siquiera necesitaba abrirlo. Sus simples palabras, su escueta redacción se habían quedado grabadas a fuego en su memoria.

"No sé ni siquiera porque me molesto en escribirte. Supongo que no te importamos, ya que este es el tercer pergamino que te envió. Por si no lo recuerdas o acaso no los recibiste te recordare su contenido.

En el primero te anunciaba mi embarazo. Supongo que eso no te importo, pues al día siguiente, en todos los diarios aparecía anunciado tu compromiso con ella.

En el segundo, te avisaba que tenía un embarazo de alto riesgo, y con altas posibilidades de perder a nuestro bebé. Y te explicaba "nuestro bebe" y no "nuestra" pues la ecografía que me había realizado revelaba que era un varón. Sin embargo, eso tampoco te importo.

Este es el último pergamino que te escribo. Lo hago desde el mundo muggle que tanto odiaste. Desde un sanatorio. Hoy 4 de abril del año 2011 he dado a luz a nuestro pequeño. Lo hago antes de perder la consciencia, pues fue un parto muy difícil. Me tomo poco más de doce horas. No te preocupes por él, es un niño muy saludable, que ha heredado tu carácter y tus ojos. Sin embargo, tiene mi tono de cabello, acompañado de ese liso tuyo.

El pequeño ha pesado 3kg ½ y ha obtenido una calificación perfecta, pese a lo riesgoso de mi embarazo.

Creí conveniente que supieras que eras padre. Descuida, no te pediré nada. Esto es solamente la despedida. No pienso volver a tu mundo, y cuidare y criare a nuestro hijo, mi pedacito de cielo, en el mundo en el que yo fui feliz y no tuve que abandonar hasta que. Bueno, hasta que tu sabes… mi carta. El no sabrá nada de magia, no hasta que llegue su carta, mientras tanto, viviéremos tranquilos aquí, en el mundo muggle.

Hasta siempre

H. G.

Recordó claramente como salió furioso "cual dragón", haciéndole honor a su nombre, a exigir una explicación. Por respuesta, su madre le había dicho que había logrado rescatar de las garras de su padre ese pergamino, ya que, según le había explicado Lucius, los otros dos habían sido devorados por las llamas, borrando cualquier rastro de su existencia.

Antes siquiera de que el pudiese ponerse más furioso, su madre argumento su ya bien consabido miedo a su padre, por lo cual, no había sido capaz de entregar antes tal misiva. Sin embargo, ahora que el ya no estaba, y sin temor a ser dañada, casi tres años después de haber sido recibida aquella carta en la mansión, esta llegaba a su destinatario.

En un inicio, Draco se enfureció y maldijo, sin embargo, cuando se calmo creyó que su madre había actuado de la mejor manera. Internamente dio gracias.

Ella pudo, de haber querido hacerlo, no entregar tal misiva, -aunque en esos momentos, lo cierto es que no tenía tiempo para pensar tampoco en los motivos que ella había tenido para entregársela- y por ende lógica él jamás, o bueno, quizás hasta que su hijo Scorpius fuese a Hogwarts, enterarse del suceso o conocer a ese pequeño.

Era padre mucho antes de que el pequeño Scorpius Hyperión naciera. Agradeció a su manera, tal gesto a su madre y tan solo le informo acerca de la decisión que había tomado.

La buscaría y aclararía todo. Enfrentaría sus culpas y pecados hasta su última consecuencia.

Pero, seis meses después, de búsquedas sin resultados comenzaba a desesperarse. Lo cierto es que también algo le hacía sentirse incomodo.

Pansy y Luna aunque lo apoyaban, no dejaban de repetirle día a día, que lo mejor era no buscarla, aunque, sentía que algo le ocultaban, pues gracias a ese sexto sentido, había intentado leer sus mentes y se dio cuenta de lo buenas oclumantes que eran. Por el resto, tanto Blaise, como Theo lo apoyaban.

Hasta ese momento, en el que casi perdía la esperanza y los nervios, había sonado "su celular".

Podrían ser buenas o malas noticias. Las únicas personas que conocían ese número eran sus más allegados amigos, su madre y por supuesto, el investigador muggle que había contratado para localizarla.

-Hemos localizado a la mujer y al pequeño –dijo con una voz fría e impersonal el locutor, del otro lado de la línea. Vive cerca de Oxford. Es profesora a tiempo parcial. Mañana tendrá el informe completo, señor. Estaré a las 9:00 a.m. en su oficina.

Una vez que recibió la noticia, y después de que la asimilo, les marco a las dos únicas personas que podrían ayudarlo. Blaise Zabini, quien sería capaz de hacerlo olvidar su dolor y Theodore Nott, quien lo haría entrar en razón, ambos, sus viejos amigos de colegio y cómplices en su relación con la castaña. Los dos únicos hombres en los que realmente podía confiar.


Mil gracias a todos por leer, por sus reviews, por sus alertas y sus favoritos. Pero también a quienes solamente leen los invito a dejar su comentario. Un hola yo te leo, Es genial para la moral de esta pseudo escritora, que se divierte imaginando a sus personajes favoritos en esas situaciones.

Pd. Los invito a leer mi otro Dramione, Amor al Caer el Crepúsculo. Les aseguro que les gustara. Es algo completamente distinto a esta historia.

¿Reviews?

Pies para que los quiero, si tengo alas de imaginación y puedo volar

(FRIDA KHALO)