ENTRE DOS MUNDOS

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de J. K. Rowling. La historia es algo de mi invención.


Importante: Como ya se habran dado cuenta, el ff no nos esta permitiendo subir capitulos. Perdon por el retraso, al igual que con mis otras historias. Las actualizare conforme me lo permita la pagina.


CAPITULO IV

HECHOS

-¿Qué sucede, dragón? ¿Por qué te apareciste en tu oficina? –corrección ¿Por qué hiciste una aparición conjunta en tu oficina? Te das cuenta de qué el investigador pudo haber estado esperándote aún aquí. –Cuestiono severamente Blaise.

-No puedo Blaise. Necesito saber más de ella. Tu escuchaste a la mujer. No sé cuan profundo sea el daño qué le cause aún más, ni siquiera estoy seguro de qué quiera escucharme. Después de todo, yo fui el estúpido qué la abandono. Yo fui quien…

El discurso de Draco fue cortado por un sereno Theo qué observaba expectante el qué sus amigos hubiesen vuelto y el estado de ánimo de Draco, pues no era nada común verlo así de descontrolado y lleno de temor. Todos estaban acostumbrados a un Draco frio y carente de sentimientos.

-¿Has hablado con ella? –aunque mentalmente la pregunta era ¿Has visto a tus hijos? ¿La has dañado? ¿Los has negado?

Draco negó con un ligero movimiento de cabeza.

-Me alegra escucharte decir eso, Draco –dijo Theo, ante la incredulidad qué reflejaba la mirada de su amigo.

-¿Qué demonios…? –dijo Draco analizando la suspicacia en la mirada de Theo.

-Hay algo qué debes saber, dragón.

De un momento a otro, Draco paso de la media seguridad qué tenía en sí mismo al haber encontrado a la castaña, a la incertidumbre qué comenzó a apoderarse completamente de todos sus sentidos. Sin embargo logro recuperar la compostura.

Theo lo observo. Conocía a Draco y eso lo lleno de una ligera sensación a la qué no era capaz de ponerle un nombre para definirlo.

Comenzó a aparentar la misma serenidad con la qué lo había visto al llegar. Aunque no sabía si había funcionado.

Por su parte, Draco quien ya era más dueño de sus emociones observo a Theo, pese a la serenidad qué aparentaba el sé alerto. No en vano habían sido amigos por tantos años, en los qué había aprendido a conocerlo. Un ligero tic en su ojo izquierdo le advirtió a Draco qué algo sucedía. Y solo le rogaba a Merlín y a la magia más antigua qué a Hermione y a su hijo no les sucediera absolutamente nada.

Draco sé concentro en las palabras qué salían de la boca de Theo. El temor qué algo le sucediera a la castaña y a su desconocido hijo hizo qué volviera a perder el control sobre si mismo.

-Hay algo en el informe del investigador qué te sorprenderá, Draco. Dicho esto le tendió el informe qué Draco tomo como simple autómata.

Por un instante, Draco sé volvió aún más pálido temiendo qué lo qué le decía Theo fuesen malas noticias para él. O peor aún, qué en el informe del investigador descubriera algo qué no le gustara nada –como qué Hermione pertenecía a otro- aunque descarto ese pensamiento, pues el investigador había dicho qué nadie duraba a su lado. Sin embargo, nada, ni siquiera la aparición de Merlín en persona frente a él lo hubiesen preparado para la grata sorpresa qué leía en aquel informe.

Abrió la carpeta con manos temblorosas y cautas. No tenía ni idea de lo qué enfrentaría. Por una vez, su mente Slytherin no funcionaba como debiera y a él lo estaban gobernando cualquier clase de sentimientos. Desde los tormentosos celos, hasta el temor de saberla perdida.

Comenzó a leer aquel "informe" ¿Qué significaba cada color de carpeta? Ya no lo recordaba. Comenzó a leerlo. El escrito era un pulcro papel blanco escrito en computadora en el qué resaltaba la información sobre un delicado y detallado embarazo de Hermione.

Draco sintió qué el corazón sé le estrujaba. No había tenido –por lo qué sé leía en el informe- un embarazo fácil, de hecho había habido complicaciones durante el proceso del mismo. –Maldijo interiormente, a la vez qué agradecía el hecho de qué su castaña sé hubiese empeñado a llevar hasta el final el embarazo, pues incluso había una recomendación médica sobre lo prudente qué seria "abortar al producto".

Saco las siguientes hojas. En ellos había lo qué los muggles denominaban "ecografías". Eran las primeras fotos de su hijo. –Aunque era el único realizado, pues debido y según lo escrito por el médico qué atendía a Hermione, no era conveniente qué ella se sometiera a ninguna otra –ni siquiera tridimensional para evitar hacerle más daño al feto, pues era bastante riesgoso.

A medida qué iba leyendo –y no es qué entendiera de términos médicos, ni mucho menos- sé dio cuenta de qué ella realmente había estado a punto de morir por su necedad de traer a ese bebe al mundo. Al parecer había estado hospitalizada varias veces.

Uno de los documentos detallaba su primer ingreso al hospital cerca de las 3:00 a.m. por una "amenaza de aborto". El médico le recomendaba estar en absoluto reposo, pues era el primer aviso sobre lo riesgoso del embarazo.

En otra de las hojas hablaba sobre un segundo reporte de ingreso, eso a las 21 semanas de gestación, pero los muggles no hallaban lógica a lo qué le estaba sucediendo, -sé veían unas fotografías de su pronunciado vientre. Además de las cosas extrañas qué sucedían cuando ella se alteraba. El mismo médico había recomendado no hacerla cambiar de humor, pues solía suceder qué de acuerdo a su humor algunas cosas en la habitación cambiaran de posición o de color, aunque algunas opiniones aseguraban qué era magia, otros tantos aseguraban qué ella estaba hechizada.

Siguió leyendo los documentos y volvió a sacar otros más. El siguiente reporte era de las 27 semanas de embarazo, en donde había sido internada de urgencia debido a una apresurada ruptura de fuente. En ese informe sé detallaba también el hecho de qué Hermione Granger había estado hospitalizada cerca de 72 horas con trabajo de parto, pues pese a qué si bien era cierto qué había roto en aguas, era muy riesgoso qué diera a luz en una temprana etapa del embarazo. El médico había hecho anotaciones acerca de los medicamentos qué sé le habían suministrado un par de inyecciones para madurar los pulmones del producto y así naciera lo más sano posible.

Draco sé descomponía a medida qué iba leyendo todo aquello. ¿Cómo era posible qué él hubiese sido tan cobarde como para enfrentarse a su padre y dejarla a ella afrontar sola la maternidad? ¿Cómo es qué había sido tan cobarde para no luchar por aquella a la qué amaba? Sentía como cada parte de su ser sé iba desmoronando ante aquella cruel realidad. Ella había demostrado toda su valía Gryffindoriana al aferrarse a sus hijos, sin embargo realmente la había pasado mal durante aquellos días.

Podría llamarse martirio auto inflingido, pero no podía dejar de leer lo qué allí se detallaba. No podía dejar de saber todo por lo que ella había pasado por traer a su hijo a este mundo, aunque él no mereciera estar cerca de ella.

La cabeza le daba vueltas. Sentía como cada palabra atravesaba su cuerpo cual filosa daga o una merecida maldición imperdonable qué recorría su cuerpo.

De repente, la verdad cayo aplastante sobre su cabeza. Ella podría haber muerto durante aquellos momentos. Por aferrarse a traer a su hijo a este mundo, ella podría haber muerto. El hubiera sido el culpable de todo por haberla abandonado.

Nunca, ni siquiera estando al servicio del qué no debe ser nombrado sé había sentido como en aquel momento. Como la peor escoria de la sociedad. Pues si lo pensaba detenidamente, también era su culpa qué ella hubiese dejado el mundo mágico y era aún más culpable qué su embarazo no lo siguiera un sanador mágico, como era lo correcto. Por su culpa ella había tenido qué ser tratada con la ineficiente atención médica muggle.

Blaise y Theo lo observaban. A ratos parecía qué sé desmayaría. Ambos intercambiaban miradas de soslayo preguntándose qué debían hacer. Sobre todo Blaise, pues creía qué Theo ya conocía la verdad. Aunque lo cierto solo era una verdad a medias, pues el solamente había visto las partidas de nacimiento de los mellizos y la ecografía.

Siguió leyendo sin prestar atención a las miradas qué le dedicaban sus amigos. No era qué no apreciara el hecho de qué estuvieran allí con él, pero la información qué poco a poco asimilaban sus neuronas lo hacían dudar cada vez más de si debía o no seguir con vida. Sé estaba planteando seriamente realizarse un avada kedavra por el sufrimiento qué le había causado a ella.

Al parecer si había tenido un parto normal. Hasta cierto punto, pues aunque había sido difícil, el médico muggle había dictaminado qué sería un parto normal, pues el bebe si venía en perfectas condiciones y no era necesaria "una cesárea", la cual sería más dolorosa para la paciente.

Sin embargo, sufrió un verdadero shock al seguir leyendo y descubrir qué al final del día, si había sido necesaria una cesárea, pues al parecer no era solo un bebe sino dos. Solamente qué al parecer uno tapaba al otro y ambos se movían en perfecta sincronía, por ello no habían detectado el movimiento diferente y era algo correcto lo qué el médico muggle decía sobre qué solo era un bebe.

No era como si se hubiese planteado algo como aquello. Después de la conmoción saco los últimos documentos qué había en aquel sobre.

Las primeras hojas eran una detallada historia sobre el nacimiento y los primeros meses de los mellizos. Aunque lo dejo para después. Más bien sé fijo en las partidas de nacimiento qué sobre sus ojos se alzaban imponentes.

Leyó sus partidas y un sentimiento de calidez y de perdón de parte de la castaña lo recorrió. No pudo evitar qué por sus ojos resbalasen un par de lágrimas con el nombre qué había elegido para sus hijos.

Abraxas David Malfoy Granger había nacido a las 7:02 a.m. del 4 de abril del año 2000. Abraxas era el nombre de su adorado abuelo y ella lo había elegido para su hijo, pero no solamente eso, sino qué además lo había registrado como un Malfoy, como su hijo.

El otro certificado estaba fechado a las 7:33 a.m. del mismo 4 de abril del año 2000. En el aparecía el nombre de la pequeña registrada como Sara Elizabeth Malfoy Granger. El recordaba qué Sara era el nombre de la abuela qué tanto había consentido a su castaña en la niñez y eso lo hizo feliz. Sus hijos llevaban el nombre de las dos personas qué más habían influido en la vida de sus padres para bien.

Sin embargo no todo era felicidad, pues siguió leyendo los documentos qué había dejado para después. Su corazón sé oprimió cuando se dio cuenta de qué si bien su hijo había sido todo un Malfoy superando los obstáculos de su nacimiento, y solo había necesitado un par de semanas en esa cosa qué los muggles denominaban incubadora, su nenita era quien más había resentido su falta, pues al parecer su pequeña Sara Elizabeth no había tenido la misma fortaleza.

Su condición era delicada y los médicos no pronosticaban qué ella viviera, por el contrario, le habían pedido a su madre qué realizara el conocido ritual religioso muggle denominado "bautismo" sobre su pequeña, pues era muy probable qué no resistiera más de un mes de vida.

Al parecer durante los minutos qué había permanecido dentro del vientre de su madre había tragado liquido amniótico lo qué le había producido una severa infección qué afectaba su pielecita de alabastro.

Había estado durante tres meses en un aparato muggle denominado incubadora para darle el calor y apartarla de todos los virus y bacterias qué había en el ambiente, pues su delicada piel parecía quebrarse al mínimo roce. Eso aunado a su necesidad por suministrar el alimento vía intravenosa no le daba muchas esperanzas de vida.

Sin embargo su pequeñita era muy fuerte había resistido todos esos cambios y al cabo de tres meses "como por arte de magia", y justo después de qué los médicos muggles decidieran qué lo mejor era dejarla morir tranquilamente sin seguir haciéndola sufrir como hasta entonces, la pequeña sé había recuperado misteriosa y milagrosamente de aquella rara enfermedad. Aunque al final también había una nota del médico muggle en el qué explicaba qué era increíble como las mujercitas solían aferrarse más a la vida qué los varones y qué era muy probable que por ello esa pequeña hubiese superado esa rara enfermedad.

Draco no daba crédito a todo lo qué leía. Sentía tantas emociones contenidas en su cuerpo qué incluso llego a pensar en matar al maldito imbécil qué había dicho qué era mejor qué su hija muriera. Sentía la rabia y la frustración recorrer cada centímetro de su piel. No había nada qué lo hiciera entrar en razón.

Minutos después cuando sé calmo les conto lo qué el informe muggle decía y tanto Blaise como Theo sé quedaron pasmados ante aquella información. No pensaron ni por un segundo qué Mya hubiese recorrido un camino tan tormentoso como el qué Draco les describía. La felicidad qué le había dado enterarse de qué era un autonombrado tío de un par de mellizos desapareció de los ojos de Theo para dar paso a la culpa, pues aunque varias veces quiso buscar a Hermione después de qué sé fuera al mundo muggle no lo había hecho por lealtad hacía Draco y ahora sé arrepentía.

Algo similar ocurría con Blaise, quien sé maldecía interiormente por haberse dejado guiar por sus sentimientos de lealtad hacía Draco, pues el después de todo si había formado una extraña unión con la Gryffindor y era en igual medida su amiga como Draco.

Después de unos minutos en silencio, Draco extrajo el último contenido de un sobre. Unas fotografías de los mellizos y su madre a medida que habían ido creciendo.

El tormento qué sé había formado en sus ojos grises desapareció por unos minutos al contemplar las imágenes qué sobre sus ojos sé posaban.

Un pequeño niño de cuatro años se erguía imponente con una mirada profunda como la gris tormenta del cielo contrastaba con su sonrisa, mientras sostenía la mano de una niña de su misma edad qué contrastaba con él, con sus profundos ojos azul zafiro y su cabello rubio qué caía en suaves ondas sobre su espalda. Ambos con su piel blanca como el alabastro y mirada tan penetrante sujetos en un fuerte abrazo por las manos de una bella mujer castaña de ojos chocolates.

-¿Qué harás ahora, dragón?

-No lo sé, Blaise –respondió Draco sin una idea clara sobre cómo actuar a futuro. No sé si le causaría más daño el qué yo me volviera a acercar a ella a luchar por algo qué ya perdí por mi cobardía –admitió el rubio.

-¿No crees qué deberías decidir dejar eso a Mya? –Lanzo Blaise. –Piensa qué aún hay una posibilidad de qué te perdone.

-¿Le contaras a tu madre de sus nuevos nietos? –Interrumpió Theo al darse cuenta de lo bochornoso qué sé estaba tornando el ambiente.

-No sé si debería, después de todo, ni siquiera estoy seguro de poder merecer estar cerca de ellos –respondió en un susurro el rubio.

-¿No crees qué lo más sensato es descansar por ahora, para qué puedas pensar? Si, antes de qué me repliques yo me hare cargo de todo como si fueses tu quien lo supervisa, y creo que Blaise no sé negara a ayudarme. Aunque también creo prudente qué le informes a tu madre qué has encontrado datos sobre Hermione y su hijo. Después de todo, ha sido ella quien te ha entregado ese pergamino qué por años guardo con temor por las represalias de tu padre. Después de todo Draco, ella también merece un poquito de felicidad. Aunque esa es tu decisión.

-Creo qué les tomare la palabra. Volveré a la Mansión Malfoy y estaré con Scorpius hasta qué sepa qué hacer. Sin embargo también tienes razón Theo. Debería contarle a mi madre sobre sus nuevos nietos.

Draco sabía qué el nacimiento de Sara Elizabeth le daría una gran alegría a su madre. Además de qué su madre adoraba el nombre de Elizabeth. Pues aunque nunca sé lo conto a Hermione, el sabía qué de haber tenido una hermana ese hubiese sido su nombre. –Y no es qué no sé alegrara por el pequeño Abraxas David-. Creo qué estará feliz de saber qué tiene una pequeña damita a la cual consentir y hablarle sobre cosas de mujeres –aunque eso lo dijo con una ligera sonrisa.

Si, después de todo, el también estaba feliz y supuso qué incluso su padre aunque sé estaría revolviendo en su tumba, también estaría feliz de tener una nieta qué era el vivo retrato de su esposa. Incluso por breves instantes sé permitió soñar con qué su padre le hubiese consentido estar al lado de la mujer qué tanto amaba al saberse abuelo de una pequeña niña, qué no nacía entre los Malfoy desde hace ya cuatro generaciones atrás.

Aunque aún había algo qué no entendía. Según la lista del hospital de visitas había dos mujeres cuidando a los pequeños Malfoy de edad similar. No podía dejar de pensar en quien seria aquella mujer qué había estado con Hermione durante su embarazo y en los momentos más difíciles de la vida de sus hijos. El registro no tenía nombre alguno, pues había desaparecido misteriosamente, como por arte de magia. Lo qué lo llevaba a cuestionarse también, acerca de la milagrosa recuperación de su hija. "Como por arte de magia". O de pociones, pensó él. Aunque no le dio mas vueltas. Lo ultimo que necesitaba eran teorias absurdas o algo asi.


¿Qué les pareció? Me inspire un poco en mi historia de nacimiento para los mellizos. Yo también fui una bebe prematura y estuve un par de meses en incubadora –según mi madre- y bueno lo cierto es qué los médicos no me daban muchas esperanzas de vida y heme aquí después de superar aquella difícil etapa. Aunque no me quiero poner sentimental.

Mil gracias a todos por leer, por sus reviews, -aunque son poquitos - mismos que no coinciden en el gran número de alertas y sus favoritos. Pero también a quienes solamente leen los invito a dejar su comentario. Un hola yo te leo, Es genial para saber qué les gusta está historia, aunque también acepto cualquier tipo de critica mala y consejos para mejorar la historia.

Pd. 1 Los invito a leer mi otro Dramione, Amor al Caer el Crepúsculo. Les aseguro que les gustara. Es algo completamente distinto a esta historia.

Pd. 2 Pues como sé pueden dar cuenta, la publicación será cada quince días. Prometo ya no abandonar está historia.

¿Reviews?

Pies para que los quiero, si tengo alas de imaginación y puedo volar

(FRIDA KHALO)