ENTRE DOS MUNDOS

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; son de la autoría de J. K. Rowling. La historia es algo de mi invención.


CAPITULO V

ESPERANZA

Draco se había aparecido en Malfoy Mannor con una sonrisa en los labios. Hacía tiempo que no sonreía y lo cierto es que de alguna manera el que ella le hubiese devuelto esa sonrisa era algo que agradecía.

Había evitado la red flu porque no quería hacer ningún ruido que alertara a su madre. Pese a que Malfoy Mannor tenía un hechizo anti aparición, había otro que le permitía hacerlo a los miembros de sangre, por ello Draco se había aparecido en su habitación. El lugar más seguro, después de todo.

De inmediato se desanudo la corbata y se desabrocho la camisa blanca de seda al tiempo que dejaba el saco de lado. Llevaba consigo el folder color crema y aún observaba embelesado el retrato de sus pequeños hijos.

-Amo Malfoy ¿Puede Clare servirle en algo? ¿Se ha sentido mal el amo? ¿Desea que llame a un sanador o a su madre? –pregunto el pequeño elfo domestico.

Fue en ese instante en el que Draco sonrió aún más. Tenía una manera de descubrir cualquier paso y movimiento de Granger sin que ella se diera cuenta. O por lo menos hasta que ella no sospechara absolutamente nada sobre que el ya sabía la verdad.

No Clare. No me siento enfermo y no, no deseo que llames a ningún sanador, aunque si me gustaría saber en dónde está mi madre y por supuesto, si necesito que me ayudes con algo. –Respondió Draco con cierto brillo en los ojos.

-En lo que el amo desee. Clare estará feliz de servir al amo Malfoy. –Decía con sus ojos brillantes como dos enormes pelotas de tenis la pequeña criatura.

La madre del amo está en el jardín jugando con el pequeño amo Malfoy. –Contesto la criatura ¿En que desea que le sirva Clare al amo?

-Necesito que vigiles a alguien las 24 horas del día, quiero un informe detallado, con quien sale, quienes la acompañan, todo, absolutamente todo sobre sus movimientos. Esto tiene que ser con la mayor discreción posible, Clare. Ella no tiene que darse cuenta. Ni los pequeños, de que los están vigilando. Además quiero que lleves a alguien contigo. Puedes elegir. Deseo que hagan turnos para que puedan descansar. ¿Podrías hacerlo Clare? Por supuesto su salario aumentara un galeón diario más.

-Clare estará feliz de hacerlo amo Malfoy. Pero el no debe aumentar el salario de Clare ni el de Wonki. Porque el amo es generoso con ellos. A Clare y a Wonki les gusta la libertad pero no quieren abusar y si les aumenta un galeón más al sueldo se podrían perder.

-¿Y si prometo depositarlo en su bóveda de gringotts? Allí no se perdería y es necesario que descansen. No quiero que mueran. Son unos maravillosos elfos domésticos y tal y como cualquier criatura viva necesitan descansar. Así que ese tema no está a discusión. ¿Entendido Clare?

-Sí, amo. Entendido.

Deben ir entonces a las afueras de Oxford, en Londres muggle. Hay una pequeña granja, cuando lleguen allí pronunciaran la dirección, está protegida por algunos hechizos fidelio para permanecer invisible a la vista de los magos. Aunque pueden aparecerse allí, si es lo que desean.

-Wonki y Clare trabajaran de inmediato, señor.

Habiendo despedido a su elfo, Draco se dirigió al jardín. Aún no tenía claro como le expondría a su madre el hecho de que tenía dos nietos más. Unos hermosos mellizos que seguramente serian el nuevo Merlín y la nueva Morgana de su generación. ¿Por qué lo pensaba con tanta seguridad? Simple. Por el hecho de que eran los hijos de la mejor bruja que había pisado Hogwarts desde hacía más de un siglo.

Su madre se encontraba con Scorpius en el jardín. Draco había mandado colocar un cómodo columpio en el que su madre y su hijo se mecían contemplando el atardecer, aunque su pequeño lo hacía más bien con una creciente sonrisa.

Su Scorpius. Era lo único bueno que le había dejado el matrimonio forzado con Astoria Greengrass; mismo que no dejaba de recordarse, había sido obligado por su padre.

En otra época, quizás hubiese sido feliz con Astoria. Pero no se engañaba. Desde que tenía catorce sus pensamientos habían sido solo para ella. Vivía esperando cada nuevo amanecer por verla solamente a ella. Por conseguir una mirada única que solamente le dirigiera a él. Porque adoraba ver el brillo dorado de sus ojos con creciente furia. Furia que el degustaba porque era un sentimiento que había creado solo por y para él.

Ya no quería recordar. Porque inevitablemente sus pensamientos lo llevaban por un sendero cada vez más tormentoso que desembocaba inevitablemente en la boda que no había podido ser. Pasando por las interminables torturas que ella paso por su cobardía en esa misma mansión.

A veces, en momentos como ese piensa en que hizo lo correcto al no defenderla frente a su tía Bellatrix. Y aunque siente la impotencia que recorre cada fibra de su cuerpo, también recuerda que de no haberse contenido, su querida tía le hubiese lanzado una imperdonable y era preferible haber sufrido con ella la decepción que cruzo por sus ojos ámbar al hecho de verla muerta.

Alejando el miedo de su mente, recorrió el sendero que llevaba al jardín privado de su madre. Una nueva sonrisa tierna se instala en su rostro al pensar las veces que el mismo, cuando niño corrió por aquel sendero de la mano de su madre. Como persiguió a los pavorreales blancos de largas colas y como desplumo algunos y su padre los reemplazo por otros para que su madre no estuviera triste.

En verdad, Lucius, su padre era un hombre lleno de contradicciones. Jamás podría odiarlo, lo sabía de ante mano. Pero tampoco podría perdonarle jamás el hecho de haberlo separado de la mujer a la que realmente amaba. Pero tampoco podía olvidar esos pequeños detalles que hicieron de su infancia una muy feliz. Su primer vuelo en escoba, su complicidad, todo, absolutamente todas las cosas buenas de ese hombre.

Era que quizás, con los años Lucius se había vuelto un hombre duro. Probablemente era solamente eso. En el asenso por el poder había dejado de lado los sentimientos y simplemente se volvió un ser frio y sin escrúpulos al que solo le importaban los beneficios que pudiera obtener a cambio de….

Observo a Scorpius. El pequeño de tan solo dos años correteaba tras un enorme pavorreal. La imagen parecía surreal, pero no por ello menos encantadora. Con un conjuro silencioso invoco la cámara fotográfica y solamente hasta que el pequeño sintió el flash fue que se distrajo de su tarea.

-Buenos días, madre. –Saludo Draco al llegar hasta la bella mujer rubia de ojos azul zafiro.

-Buenos días, hijo. ¿No estabas en la oficina? Los elfos me han informado que habías salido temprano. –Respondió sonriente Narcissa.

-Y ha sido así, madre. Pero tengo noticias importantes que no pueden esperar y que tampoco se pueden comunicar vía lechuza o por chimenea.

Scorpius llego a los pies de su padre. Él lo tomo en brazos y le sonrió al tiempo que su madre lo miraba expectante.

-Por tu rostro deduzco que no ha de ser nada grave. Pero no encuentro cual puede ser el motivo de tu felicidad. Vuelves a irradiar luz, Draco. Como hace tiempo no lo hacías.

Madre, estoy feliz. Aún no se cuanto pueda o deba estarlo realmente, pero le pido que mejor se siente. Las noticias que le traigo también la harán muy feliz. Además, de alguna manera es usted quien me ha regalado esa felicidad.

A cada palabra de su hijo, Narcissa Malfoy cada vez entendía menos, pero no lo interrumpió. Dejo que fuese él quien siguiese hablando.

Cuando Draco quedo en silencio se atrevió a cuestionar.

-¿A qué se debe tanta felicidad, hijo mío? ¿Cómo es que he sido yo quien te la ha regalado?

La he encontrado madre. A ella y a mis hijos. Por fin la he encontrado madre.

Narcissa se sorprendió cuando dijo "Mis". Al parecer la señorita Granger no solo le había dado un nieto sino varios.

Unas ligeras lágrimas comenzaron a brotar del rostro de la bella mujer. Ella jamás había querido privar a su hijo de la felicidad, pero había sido lo suficientemente débil como para no interponerse en los deseos de su marido. Lo suficiente como para permitirle manipular la vida de su hijo, condenándolo así a la desdicha. Por ese momento había valido la pena arriesgarse al castigo que Lucius le hubiese impuesto. Por ese solo instante en el que era capaz de contemplar a su hijo con esa gran sonrisa había valido la pena absolutamente todo.

-¿Cómo ha sido, Draco? ¿Le has visto? ¿Podre conocer a mis nietos? –Cuestionaba ansiosa la bella dama.

-Sí, madre. La he visto. Pero desafortunadamente aún no es el tiempo en el que puedas conocer a tus nietos personalmente. Me temo que no he tenido el valor suficiente como para acercarme a ella. Además, su casa estaba protegida por un fidelio a la vista de los magos. Ha sido una suerte que pudiésemos encontrar a una muggle que nos parara frente a ella. Pero hemos desaparecido en cuanto la hemos visto. Lo lamento madre. Es solo que en el último instante he temido que no me permitiera acercarme a mi hijo que me acobarde y volví a la oficina donde había dejado al investigador muggle es allí en donde me he llevado otra sorpresa.

-No entiendo Draco. ¿Por qué estas tan feliz entonces? Y porque mencionas "mis" hijos en plural.

-Le explicare, madre. Ayer por la noche, el investigador muggle que he contratado ha dado por fin con el rastro de Hermione. El hombre ha realizado bien su trabajo y la ha estado vigilando durante un espacio de tres meses, además de investigar cualquier cosa que tuviera relación con su entorno. Gracias a ello es que he descubierto que Hermione ha tenido a unos preciosos mellizos. Un niño y una niña madre. Y he de decir que me ha sorprendido mucho el parecido. Sobre todo el de Sara con usted, madre.

Draco le tendió las fotografías a su madre. Ella las tomo temblorosa. Jamás hubiera creído que una simple fotografía pudiera hacerla tan feliz. En ella aparecían dos pequeños frente a un pastel de cumpleaños, con la velita del numero 4 encendida. Ambos pequeños sonreían e irradiaban luz. Esa que caracterizaba a Draco cuando niño.

En ella se observaba a una niña de cabello rubio claro a media cintura con una brillante sonrisa que hacía destacar más su blanca piel, así como sus preciosos ojos celestes, que eran idénticos a los suyos. Vestida con un brillante vestido que asemejaba al de una princesa de los cuentos de Beddle el Bardo. Y a su lado, un pequeño de ojos grises y cabello castaño rizado.

A la bella mujer no pudo sino escapársele una bella sonrisa, junto a un par de lágrimas de felicidad. Mismas que se intercalaban con un deje de tristeza, pues se había perdido de cuatro años de vida de ese par de ángeles, pues aunque amaba al pequeño Scorpius, sabía que en su corazón había lugar para esos dos pequeños seres que le habían devuelto la sonrisa a su hijo.

Una vez que su madre recupero el aliento Draco la abrazo fuertemente permitiéndose llorar. ¿Una niña madre? ¿Verdad que es una niña idéntica a usted, madre? Tengo una pequeña princesa. La que siempre soñé. –Decía entre sollozos el rubio intentando convencerse de que no era más que una alucinación.

Narcissa contemplo a su hijo y no pudo evitar pensar en su difunto marido. La expresión de jubilo y de alegría que tenia era idéntica a la suya cuando el sanador les había informado que serian padres de un niño. Esa era una de las ultimas veces que Lucius había sonreído.

Se acerco hasta su hijo y comenzó a acariciarle el cabello. –Claro que no es una alucinación, mi cielo. Tienes un par de hijos preciosos.

Draco no supo si fueron horas, minutos o segundos los que estuvo abstraído. Recordaba simplemente la ultima vez que ella estuvo entre sus brazos. La ultima sonrisa y sus últimos momentos felices. Habría sido tan feliz con ella. ¿Por qué su padre no se lo había permitido?

-¿Qué piensas hacer, mi cielo? ¿La traerás pronto a Malfoy Mannor? ¿Podre conocer pronto a mis nietos? Son unos niños preciosos, Draco. Dicho esto, tomo la fotografía que Draco sostenía, como temiendo que fuese a desaparecer.

En ese momento Narcissa se dio cuenta de algo que era muy probable que su hijo ni siquiera hubiera notado debido a que su atención se había centrado exclusivamente en sus pequeños hijos.

Narcissa alcanzo a vislumbrar una cabellera rubia, perteneciente a la esposa de Blaise Zabini, además de ese par de ojos profundamente azules y soñadores que no habían cambiado desde pequeña. A su lado la flanqueaba una muy embarazada castaña y una coqueta pelinegra, que pese a que se notaban los hechizos de transfiguración, ella podía ver los cambios inequívocos. Sobre todo en la pelinegra y la castaña. Las señoras Potter y Nott.

Prefirió omitir ese detalle y con un hechizo silencioso oculto a la vista de su hijo lo que aquellas fotografías reflejaban, aunque eso lo hacían levemente. Ya después investigaría.

No lo se, madre. –Había respondido Draco, no percatándose del estado de shock de su madre, y de haberlo hecho, probablemente supondría que era idéntico al suyo, pues no habría manera de interpretar ese comportamiento de diferente manera. Han pasado muchos años y es probable que ella ni siquiera quiera verme. Es probable que ella ni siquiera….

-¿Esta casada? –pregunto y solamente recibió una negación con la cabeza. ¿Comprometida acaso? Y obtuvo el mismo gesto. No madre es solo que…

¿Desde cuando te has rendido tan pronto, Draco?

-Tengo miedo, madre. Ella debe odiarme por haberla abandonado, por no haber estado allí en los momentos que ella mas me necesito y yo no podría reprochárselo. Ella estuvo a punto de morir por traer a mis hijos a este mundo y yo… -Decia Draco cada vez mas rápidamente y con la frustración evidente en cada palabra.

-Pero aun puede remediarlo hijo. No permitas que nada se interponga esta vez entre tu y Hermione. Además, este par de angelitos necesita a su padre y Scorpius una madre. Porque, admitámoslo cielo, no se si yo podre educar al pequeño como se debe.

-No diga eso, madre. Por favor. Usted es maravillosa.

-Pero Scorpius necesita una familia, Draco.

-Pero…. Es probable que aclare sus dudas si le muestro lo que el muggle ha descubierto. Por lo pronto ya he puesto a un par de elfos a trabajar. Necesito saber de ella y de mis hijos, madre.

-Creo que lo mejor seria enfrentarla de frente, Draco. Ella no te perdonaría si no eres capaz de confrontarla. Además, aun le debes una explicación y ella a su vez te debe una a ti. No creas que olvido que también te daño…

Con un nuevo pensamiento. El de recuperarla Draco se dirigió a su estudio. Su madre tenia razón. El la había abandonado, pero tenia fuertes razones para hacerlo. No solo su vida había estado en peligro por las amenazas de Lucius, sino también ella lo había engañado. Su padre se lo había dicho y le había mostrado las pruebas de ello.

D&H

Habían pasado un par de semanas. Las suficientes para idear un plan de ataque. Si bien, su madre le había dicho que lo mejor seria enfrentarla de frente, también había pensado en llevar alguna ventaja. Es por ello que cada noche había recibido un informe de sus elfos y con ello y con la ayuda de sus amigos había ideado un plan para hacer que ella lo perdonara y volviera a su lado.

Había pensado en que quizás necesitara un poco de ayuda femenina, pero al final la había descartado. Solamente había hablado con su madre de ello y de hecho, las primeras veces solamente había sido para consolarla por lo mal que ella también se sentía debido al hecho de saber como había sufrido por traer a sus dos adorables nietos al mundo. La admiro porque supo que era una mujer muy fuerte, y otras veces simplemente lloro junto a ella.

Ambos lo necesitaban. Y la necesitaban a ella y a su fuerza de vivir en sus vidas. Por ello, justo tres semanas después de que sus elfos confirmaran que ella no salía con nadie y que solo vivía para sus hijos y su trabajo, Draco decidió que lo mejor seria actuar ya. Por lo que aquella tarde y con Theo y Blaise cubriéndole las espaldas, decidió que por fin volveria a verla, y volveria a traerla de nuevo a su vida. Pero esta vez. Como su mujer.


Después de mucho tiempo por fin vuelvo. Había querido escribir antes está historia pero la inspiración caprichosa musa se negaba a aparecer por aquí. Pero, por fin ha vuelto. Espero que se quede por mucho tiempo por aquí.

Pd. Los invito a leer mi otro Dramione, Amor al Caer el Crepúsculo. Les aseguro que les gustara. Es algo completamente distinto a esta historia.

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Pies para que los quiero, si tengo alas de imaginación y puedo volar

(FRIDA KHALO)