Terminaron las clases y mi humor no fue a mejor, sigo cabreado, y maldita sea, me rugen las tripas, estúpido Weasley. ¿Pero que tenemos ahí? Dos niños de primero comiendo en el corredor sin autorización… Soy un prefecto he de salvaguardar el orden en la escuela.

Vostros dos - los niños me miran atemorizados. - ¿Qué haceis comiendo aquí?

Se miran el uno al otro, y tartamudean algo que no entiendo, así que con la mejor de mis sonrisas se los confisco, advirtiéndoles que la próxima vez no haré una excepción e informaré al profesor más cercano… Idiotas.

Pero sigo cabreado, no escucho a nadie. Voy por el pasillo como si fuese un huracán, siembro el caos por donde paso y no me importa el daño que pueda causar. Voy gritando a la gente que no se aparta, la empujo si es necesario. Pero un chico de segundo decide plantarme cara.

¿Quién te has creido?

En el pasillo se hace un silencio sepulcral, de esos que da hasta miedo.

¿Qué quien me he creido? ¿A caso no sabes con quién estas hablando?

¿Debería importarme? – dice con arrogancia.

Debería, Michael Brooks – digo dejándole atonito – porque a partir de ahora, no vas ha hacer nada sin que yo me entere, y estate por seguro que acabas de sentenciarte. Da igual lo que hagas, fracasarás en todo, y me encargaré personalmente de que eso ocurra.

Y voy a culminar mi amenaza, el se da cuenta de que ha jugado con fuego… Pero una mano toca mi hombro.

¿qué haces aquí? – me pregunta Zabini con una sonrisa.

Arruinar una vida – digo sonriendo de lado.

No te asustes, es solo que no ha desayunado – le dice al chico pero tras aguantar unos segundos mi mirada dice- yo que tu me iba corriendo antes de que memorice tu cara.

El chico obedece sin planteárselo si quiera, por lo visto doy más miedo del que me propongo, y esa sensación de poder me gusta.

Qué coño quieres tu – digo mientras echo a andar.

Venía a recordarte que tenemos entrenamiento en media hora.

Ya lo sé, no hace falta que hagas de reloj alarma. – digo con sarcasmo.

Estas cabreado por lo que te ha soltado Weasley. ¿Verdad?

Y esas palabras me golpean en el estomago. Y sin hacerme consciente de lo desmesurado de mi reacción empujo a Zabini contra la pared.

El motivo de mi aparente enfado ni te va ni te viene, está claro. – digo mientras veo miedo en sus ojos.

Si.

Nos vemos en el entrenamiento. – digo mientras me alejo con paso firme por el pasillo.

Normalmente una buena dosis de deporte, me relaja, pero hoy no ha sido así. La mitad del equipo no ha venido porque está demasiado ocupada para entrenar… ¿A caso piensan que puedo perder el tiempo con tonterías?.

Por suerte a la vuelta casi no había nadie por el pasillo. Y los pocos que pasaban dirigían su mirada al suelo. Después de darme una buena ducha de agua fría, para intentar calmarme, me dirijo a mi cuarto, con un único objetivo, tirarme en la cama y descansar, para que este horrible día se acabe. Pero parece que el destino adora que esté cabreado…

Draco – me llama Pansy.

Que – digo de mala gana.

¿No te toca hoy guardia?

¿Guardia? Me cago en todo lo cagable, se puede saber quién coño fue el que hizo la mierda de horario de las puñeteras guardias de los cojones. Cojo mi capa, es invierno y se de sobra que hará frio en el pasillo. Menuda mierda. Salgo de la sala común, chillo a los pocos que hay que se vallan a sus puñeteras casas si no quieren que les mande yo de una patada en sus mágicos traseros.

Subo hasta el segundo piso, por estos corredores no suele haber nadie, al menos a estas horas de la noche. Pero oigo un llanto. Odio a las chicas. Normalmente necesitan a alguien que las consuele, pero ese alguien no voy a ser yo. La chillaré un poquito y en su estado volverá corriendo a la casa que le corresponda. Como me joroba estar con estas chiquerías.

A ver chica…

Pero enmudezco de pronto, no puedo continuar la frase, me quedo embobado mirando a la chica que hay sentada en el pasillo, no la veo la cara pero sé perfectamente quien es. Y su llanto me duele, pienso enterarme de quién la ha hecho llorar y pienso arruinarle el resto de su existencia. Pero de repente se da cuenta de mi presencia y se levanta de un salto. Quitandose los restos de las lagrimas y con la mejor voz que puede poner, me mira desafiante y dice:

Esta todo bien, en este pasillo ya no quedan alumnos

Granger, no te toca guardia hoy.

A no? – dice haciéndose la despistada.

Y en ese momento no puedo más, mi debilidad aparece con su debilidad. No sé porqué llora, ni por qué no puede parar, pero ahora no hay nadie en el pasillo, ya me he encargado de eso. Así que en un acto que ni yo comprendo agarro su mano y la atraigo hacia mi abrazandola.

Valiente idiota – digo mientras la apreto entre mis brazos, no quiero dejarla ir.

Y levanta la cara para mirarme, hay un leve sonrojo en sus mejillas, y sé que en las mias también. Sonrio, pero no como acostumbro, sino de verdad, sonrio para que ella lo vea. Le muestro la sonrisa que nadie ha visto, la sonrisa que quería que ella viese, la sonrisa que me hace humano y débil a la vez. Y es entonces cuando en sus labios se dibuja una timida sonrisa.

Y vuelvo a no poder más, acerco mi cara lentamente a la suya, ella es lista, sabe lo que va a pasar, pero no impide que lo haga. 10… solo un poco más cerca, 9… no se si voy a llegar al cero, 8 … aprieto su cintura, 7… su mirada se clava en mis ojos, buscando algo que no entiendo, 6… un poco más cerca, 5… sigue sin apartarse, 4… debería plantearme lo que voy hacer, 3… Noto su olor, 2… su respiración, 1… su corazón…

Y sus labios me responden el beso, no se como describirlo, solo sé que cada vez quiero más, mis manos empiezan a recorrer su maravilloso cuerpo, y noto como ella enreda sus dedos en mi pelo y aprieta mi cabeza hacia la suya, mientras con la otra mano recorre mi cuerpo.

Y me atrevo a buscar debajo de su falda y sentir la piel de sus muslos, ¡ay!, me ha morido, será… pero al mirarla su rostro me hace olvidar el dolor, noto de golpe como sus manos estrujan mi trasero con fuerza.

Maravilloso, Malfoy, - y desabrochándome la camisa añade – vamos a ver que más tienes por ahí.

Mucho más de lo que imaginas – digo mientras la vuelvo a besar.