Capitulo 2
La silueta de la anciana había subido las escaleras que guiaban al primer nivel del subterráneo y avanzaba por el pasillo de éste hasta que dobló por una de las esquinas siguiendo la arquitectura del metro.
El hombre cubierto de sangre la seguía calladamente, mientras aceleró el paso para no perderla de vista al ver que la mujer había doblado, para su sorpresa la señora había dejado de caminar y estaba quieta por un momento a la vuelta de esa reciente esquina. Ella se encontraba a distancia media de él pero aún dando su espalda y sin notar la presencia de Walter, de esa manera, el hombre de áureos cabellos se vio obligado a retroceder súbitamente y a esconderse detrás del muro para que no lo viera. El pensamiento de observarla un poco más sin que ella lo notara, le dijo que quizás podría encontrar la respuesta a la llegada de esta dama.
La mujer volteó su rostro, presintiendo que alguien la seguía, pero no divisó a nadie detrás de ella, el imprevisto paro de su andar se produjo por su consternación al ver el estado de este sitio, su mirada examinaba cada rincón destruido, su olfato percibía el inevitable olor a humedad y su tacto captaba la frialdad inexorable de este lugar.
-¿Que habrá pasado…? ¿Porque está así este lugar? No es ni la sombra de lo que yo recordaba… –su debilitada voz preguntaba conmocionada, prontamente se resignó dejando a segundo plano el aspecto cambiado del metro, siguió caminando y continuó en busca del principal objetivo que la había traído de vuelta a esta ciudad. Los lentos pasos de la mujer resonaron en la base de la escalera mecánica, se desconcertó cuando vio solamente una de esas máquinas que sólo descendía, en sus recuerdos existían claramente dos escaleras, una de ellas ascendía y la otra tenía dirección opuesta.
– ¿Pero como es posible que sólo se dirija hacia abajo? ¿Que le hicieron a todo esto? –la extrañeza y la confusión se apoderaban de ella, pero no le importó. Necesitaba llegar al nivel superior y le urgía dirigirse a los apartamentos de South Ashfield Heights.
Sólo al pensar eso, se llevó una sorpresa, aquella máquina comenzó a seguir sus memorias y sus apremiantes deseos. Los escalones dejaron de moverse hacia abajo para dirigirse hacia la cima.
La senil mujer mostró en su mirada nebulosa el asombro, ante el inesperado espectáculo de aquella escalera mecánica, pero no titubeó, por más extraño que pareciera siguió su camino y colocó sus pies en el primer escalón de aquel aparato en movimiento.
El hombre rubio había asomado sólo una parte de su rostro para poder seguir con su vista a aquella mujer, como era de esperar, sus verdosos ojos también estaban pasmados al haber visto ese suceso. Lo que acababa de ver era inaudito, el único ser que podía controlar los objetos en su mundo, era él. Esa escalera la mayoría del tiempo estaba condenada a descender, excepto por las ocasiones en donde él decidía que este artefacto se conectara directamente a la entrada de los apartamentos en South Ashfield Heights para tener mejor acceso a sus víctimas, pero solamente esos momentos eran los que le permitían a la máquina cambiar de dirección bajo la supervisión y deseo de Walter. Ahora la confusión jugaba cruelmente con lo que le quedaba de juicio al hombre del abrigo, una invasión de preguntas le llovía en el cerebro por lo sucedido, debía averiguar que propósito tenía la anciana mujer y porqué era capaz de hacer algo que sólo él podía.
Por alguna razón, no podía acercarse a ella y encararla de una vez, era como si estuviera atado a algo invisiblemente desconocido, lo cual lo incomodaba tremendamente.
La presencia de la misteriosa anciana ascendía cada vez más por esta escalera hasta que se perdió llegando al otro nivel del metro, el cual era un espacio pequeño, unas luces con un brillo casi hipnotizante pero que creaban un inevitable recelo, iluminaban el lugar. A pesar del foco artificial, todo esto tenía el mismo aspecto lúgubre y vacío que el resto, el diseño del subterráneo estaba tan cambiado, según sus recuerdos este lugar tenía unas escaleras de cemento que se dirigían hacia las calles, pero en vez de eso, se encontraba una puerta doble, llena de áspero oxido entrelazado con lo que quedaba de la pintura y un ferroso olor a sangre. Esa entrada sí le parecía familiar, aún considerando el aspecto y el hedor, se atrevió a manipular la manilla con el intento de abrir la puerta, su frágil y fría piel sintió como el oxido raspaba su envejecida mano, al mismo tiempo la puerta cedió mostrándole la entrada principal de los apartamentos de South Ashfield Heights.
Su corazón se aceleró, su respiración corría cada vez más agitada, la misma y vieja ansiedad que tuvo cuando dejó este lugar renacía con intensidad en su pecho, provocando que un llanto profundo naciera en su voz, no podía evitarlo, lágrimas de culpa mezcladas con tristeza viajaban demoledoramente por los irregulares pliegues de su piel envejecida.
Todas esas sensaciones la golpearon al situarse en aquel vestíbulo de los apartamentos, a pesar del aspecto exageradamente inusual del lugar, su mente sólo se preocupó por darle aquellas emociones como bienvenida, dejando lo otro en segundo lugar.
Lanzó al aire una exhalación vacía, después de que su ser se calmó un poco. Pero aún dejando las garras amargas que causaron su llanto.
Ahora sus ojos se mareaban, no podía creer el estado descompuesto de los apartamentos, la extrañeza que sentía, se convertía en un incómodo miedo que se acentuaba cada vez más al ver como las paredes de este sitio, parecían ser huesos mostrando carne viva casi moviéndose sobre estas. Conjuntamente las ideas obvias que la mujer tenía previamente acerca de este recinto se derrumbaban, ¿Por qué este lugar se había transformado en una especie de tejido viviente? ¿Cómo era posible que el metro esté tan estrechamente adjunto a los apartamentos?, sin duda ella estaba perdiendo la razón o algo fuera de la concepción humana mental estaba sucediendo.
Su mirada se alzó temerosamente al sentir un metálico y rechinante sonido, su rostro se mezclo con confusión al divisar tétricas jaulas pendidas del techo, las cuales lentamente se balanceaban, luego un ligero movimiento captó su atención, aquello parecía una persona colgada con la cara cubierta, piel magullada y casi transparente, realizaba la misma oscilación errante que las jaulas. La senil mujer tapó su propia boca mostrando un shock petrificante. La visión que tuvo la hizo correr instintiva y precipitadamente lo más que podía, lo cual era un problema que sus cansadas piernas no podían solucionar adecuadamente, aún así la adrenalina creciente en su sangre mantenían su movimiento.
Su asustada condición la había dirigido a una doble puerta conjunta, la cual se conectaba a uno de los pasillos, reconoció este pasadizo inmediatamente, allí se encontraba el apartamento del superintendente, el #105, pensó que Frank Sunderland podría estar en su hogar, pero aquella esperanza se aplastó cuando distinguió la puerta, esta permanecía cubierta con fuertes cadenas que parecían imposibles de quitar. El músculo viviente también se posaba febrilmente en estos muros del pasillo, esto último se encargó de aniquilar su fe, dando así lugar a la desesperación que en su ser se agrandó, ayudándola a golpear la puerta insistentemente, mientras acompañaba con su voz, la cual pronunciaba.
-¡¿Hola? ¡¿Hola, hay alguien ahí? Por favor… ¡Alguien responda! -Nadie se manifestó. Pero mientras miraba alrededor con la esperanza de que alguna persona apareciera, unas criaturas con desgarrada y maltratada figura canina doblaron por el pasillo que llevaba hacia los departamentos #106 y #107. Estos monstruos arrastraban su desproporcionada larga lengua rugosa por el enrejado y sangriento piso. Esos entes se acercaban lentamente a ella, se detuvieron quedando estáticos e izaron sus cabezas como para tener una mejor visión de aquella mujer, parecía ser que sólo ellos habían acudido a su llamado.
Su mirada aterrada y sus gritos de miedo fueron un tributo placiente para el mismísimo horror infaltable en este desahuciado mundo. Su pecho casi reventaba, su mente pensaba sólo en correr, sus envejecidas extremidades inferiores parecían quebrarse a cada paso que corría pero aún así el miedo era mayor y la permitió avanzar hacia la puerta por la cual había venido, sus ojos abiertos de par en par buscaban espantados la salida que se dirigía a la entrada principal del complejo de apartamentos, en su cabeza ya nada tenía orden racional, empujó precipitadamente la puerta cerrándola de la misma manera, mientras con un movimiento desesperado, tomó una barra de metal encontrada dentro de unos escombros que estaban en el rincón y la atascó en las manillas. Se alejó retrocediendo y mirando aquella puerta, ahora su presencia trataba de esconderse cerca de las escaleras, cerró sus ojos derramando lágrimas que caían bruscamente en el piso hecho de organismo aparentemente vivo. Su senil silueta se desvaneció quedando sentada en uno de los arruinados escalones, mientras tapaba su rostro llorando imparablemente del terror producido por el macabro paisaje y de la incertidumbre de que si realmente encontraría a quién venía a buscar, vivo.
