Bueno queda poco para terminar este fic, el cuarto capítulo será el último, así que falta uno.
Capitulo 3
Walter ya se encontraba detrás de la puerta doble, pero aún no se atrevía a abrirla para ingresar al vestíbulo de los apartamentos, aquellas ataduras para encarar a esa persona se sentían más pesadas en el pecho del rubio, quien sólo escuchaba los gritos y el llanto de esa señora como el espectador de una desdichada actriz.
La mujer comenzó a reincorporarse lentamente, secó sus lágrimas con un pequeño pañuelo lila, a estas alturas no le importó nada, ni siquiera aquellas criaturas ni el ambiente que la rodeaba, había pasado por muchos obstáculos para llegar a los apartamentos y ya se encontraba aquí, por lo tanto debía seguir con su búsqueda. Alzó su mirada, ignorando la insana decoración, decidiéndose finalmente llegar al lugar que le interesaba.
Encaminándose ascendió por cada escalera pintada en sangre hasta llegar al tercer piso, atravesó aquella puerta, la mujer parecía no respirar, mientras desfilaba por el desordenado pasillo hirviendo en esa insólita carne que revestía las paredes, pero ese no era el motivo de que su respiración no pudiera manifestarse adecuadamente, la causa eran los recuerdos que como miles de agujas atravesaban su piel. Hay estaba en frente del apartamento 302, ahora esas agujas se hundían en su corazón y estaban hechas de culpa, arrepentimiento y tristeza. Finalmente reunió el valor que la mayoría de las veces se le escapaba de las manos, pero ahora no lo permitiría. Comenzó a golpear la puerta.
La silueta de Walter había llegado con lentitud al tercer piso, sin embargo ya había tomado una decisión. El rubio estaba camuflado por las sombras presentes en el final del pasillo y sin entender miraba como la señora estaba quieta frente a ese lugar tan sagrado para él. No pudo esperar más, se sobrepuso ante la inseguridad de enfrentar a aquella mujer e inició su caminar en dirección a ella. Sus pasos lo llevaron a situarse justo al costado de la senil señora, sin embargo guardaba su usual silencio y en su cara mostraba algo inquietante, algo que era habitual y que denotaba la inestabilidad en su salud mental.
El ruido repentino que escuchó la mujer en su lado hizo voltear su rostro y dirigir su mirada hacia la presencia que acababa de llegar. Los ojos nebulosos y cansados de la mujer se situaron en el rostro de este inesperado joven, los rasgos de su cara le indicaron inequívocamente quién era él. Al fin lo había encontrado. Aquella mujer quedó cara a cara con él e inmediatamente lo abrazó. Sus envejecidos ojos soltaron unas precipitadas lágrimas junto a unas palabras con matices de un fulminante llanto.
– ¡Walter! ¡Mi niño! ¡Mi hijo! ¡Te encontré, por fin te encontré!– la mujer seguía fuertemente abrazada de él sin importarle la sangre que lucía su abrigo, ni la que se encontraba en su cara o en su rubio cabello.
Dentro de la mente de Walter todo era un monumento perfecto a la auténtica petrificación, la palabra hijo resonaba en su cabeza, perforando su confundido cerebro que parecía estallar de todas las dudas que esta señora despertaba. El repentino comportamiento de ella también era motivo de estupefacción, él no estaba acostumbrado a este tipo de afecto por parte de otras personas, pero aquel rostro inexpresivo de este insano personaje todavía permanecía allí, después de tanto tiempo mostrando su faceta psicopática era muy difícil que se disipara totalmente.
-Disculpa…mi actuar, pero estuve tanto tiempo buscándote– la voz de la senil mujer se presentaba llena de conmoción–. Mi nombre es Lauren y… mi apellido es Sullivan. –los ojos de la dama lo miraban esperando alguna palabra de él, aún así aquel joven no decía nada, permanecía quieto tratando de resolver el puzzle que significaba esta señora en todo aspecto.
La mujer respiró profundamente y lo miró fijamente a los ojos.
–Sé que te parecerá demasiado…extraño– un silencio cortó sus palabras, mientras cerró sus ojos como luchando contra algo que no la dejaba hablar, apartó su rostro por un momento de la vista de él, muchos pensamientos pasaron por su cabeza después de un incómodo silencio, un poco de valentía envolvió la mirada de la anciana.
–Walter…soy tu madre…
Aquella senil señora pronunciaba palabras hechas solamente de pura verdad, ella era su madre biológica.
Él ni siquiera pestañeó, sus músculos ni siquiera se habían movido un milímetro, todavía tenía su insana expresión y su cerebro proceso las palabras de aquella anciana como testimonios falsos, lo que decía ella le parecía inmensamente imposible.
-Sé que tuviste momentos muy difíciles …aquí te encontró el superintendente… fuiste trasladado al hospital… luego pasaste tu infancia en Wish House y decidiste ir a la universidad en Pleasant River…y… –terminó momentáneamente de hablar, a la vez sus labios abordaron debilidad por lo que debía decir luego, su lengua comenzó a trabarse–.Y…por supuesto yo…yo me en-enteré…de tus crímenes… ¡Pero quiero que sepas que aún así eres mi hijo y te quiero como tal! –dijo ella mientras se aferraba del brazo del hombre del abrigo, ahora ella misma también lucía sangre en sus ropas por el contacto de las vestimentas de su hijo. Desde que la senil mujer lo vio, se dio cuenta que esta sangre en su ropa no era de él y seguramente tenía que ver con sus crímenes…probablemente no había abandonado su siniestra profesión, pero eso era irrelevante, ella era su madre y estaba segura de que ayudaría a erradicar la insanidad de su hijo.
Walter no permitía ni una sola palabra dejar sus labios, toda esta escena parecía ser una broma de muy mal gusto, creía firmemente que aquella mujer venía con intenciones de detener su ritual, pero ella lo estaba distrayendo con crueles afirmaciones que no había escuchado de nadie más.
Ella siguió insistiendo, sacó una fotografía de su cartera y se la enseñó a su silente hijo.
–Este eres tú, cuando estabas en Pleasant River…– efectivamente era él, con la misma mirada acuosa y perdida, en el fondo aparecía la inconfundible arquitectura de la universidad en la que había estado antes de comenzar su carrera como asesino, aún así no le dio más importancia a aquella imagen, después de todo no podía confiar en ella ni en nadie.
La mujer exhaló fuertemente al ver que no conseguía ni siquiera algún sonido por parte de él. La expresión de la dama adquirió fuertes rasgos de tristeza.
–Hijo…esa fotografía la tomó un detective que es amigo mío, desde luego lo contraté para que siguiera tus pasos y así fue, me mantuvo informada de toda tu vida– ella sabía todo acerca de la existencia de su hijo, sin embargo la misteriosa religión a la que pertenecía todavía le era una vaga idea e ignoraba por completo la verdadera motivación de sus crímenes, los 21 sacramentos. Cuando este ritual había comenzado, este detective inexplicablemente perdió el rastro de Walter y con impacto su madre se enteró de sus delitos únicamente por el periódico.
La señora continuó argumentando sus afirmaciones.
–Pero tu padre…tu padre me descubrió. Él no quería que yo te recuperara…por eso no pude hacerlo antes, cada vez que trataba alcanzarte, tu padre siempre lo sospechaba y cuando se enteraba, me golpeaba… además era peor cuando estaba ebrio…después me mantenía encerrada y me vigilaba todo el tiempo, por esa razón tuve que pedirle al detective que me ayudara y que me mantuviera informada sobre tí para después buscarte cuando se me presentara la oportunidad–la voz de la anciana comenzó a quebrajarse a medida que avanzaba en su discurso.
Unas dos lágrimas cedieron otra vez.
–Es cierto…te dejé aquí solo y abandonado, es verdad que…al principio no quería saber nada de ti, pero eso cambio totalmente ¡Te lo juro, te lo juro, hijo! –sus ojos se bañaron ahora en abundantes lágrimas y sus palabras luchaban con un intenso llanto, especialmente en la última exclamación.
Esta señora sólo parecía una desafortunada y confundida careta ante los ojos del joven rubio, pero ella había confesado verídicos hechos de su grisácea vida, había delatado la mano agresiva de su esposo alcohólico, el instinto maternal que había rechazado al principio también salió a la superficie, dentro de ella eso último era lo que más la sentenciaba en su alma, pero eso tuvo un vuelco inesperado hace mucho tiempo atrás, sus entrañas ya vacías y su regazo, clamaban con desespero la presencia y el perdón de aquel ser que había abandonado. Completamente daría su vida por conseguir a su hijo de vuelta.
