Capítulo 4

El silencio de aquel joven aparentaba ser de hierro y su figura parecía estar tallada en piedra, se encontraba estático e inmóvil.

-Por favor…por favor dime algo…además, ¿no tienes miedo? Mira este lugar…es horrible y peligroso, será mejor que nos vallamos de aquí –decía suplicante la mujer anciana, con sus arrugadas mejillas llenas de gotas de pesar. Walter no cedió a sus palabras rogantes, él sólo miraba casi ausente, mientras se cruzaba de brazos.

-Ya se… ya se por que no quieres hablarme, te sientes resentido por que te dejé aquí solo, cuando eras un bebé y porque no pude venir a buscarte antes, claro que estas en tu derecho de hacerlo y no te culpo…claro que no, pero Dios sabe que hubiera dado todo por haberte recuperado hace mucho tiempo atrás…–la mujer seguía derramando lágrimas, aún así, prosiguió–. Perdóname por eso por favor…–Decía aquellas últimas palabras casi con todo su aliento –. Ahora logré llegar hasta aquí porque…me escape de tu padre con la ayuda de…tu hermana, pero así era la única manera de encontrarte, además no me dejaba divorciarme de él, aún estoy casada. Nunca me dejó trabajar, de esa forma él se convirtió en el único sustento económico de tu hermana y yo, por supuesto así se aseguro de que yo no me fuera de su lado. La única razón de que pude criarla fue porque tu padre me lo permitió, en ese tiempo, fue la única vez que él pudo tener un trabajo con sueldo suficiente para eso. ¡Pero ahora todo eso acabó, ya no me someteré más a tu padre! tu hermana ahora es abogada y todo le ha salido perfecto, me prometió ayudarme para comenzar de nuevo una vez que te encontrara. Yo empezaré a trabajar de costurera en nuestra casa, ¡así podremos estar juntos los tres, hijo!

El tono de voz de aquella madre cambió siendo ahora entusiasta al sólo imaginarse comenzar una nueva vida con sus hijos, sin problemas económicos, su clase social ya no sería obstáculo, lo cual fue lo que la obligó al principio dejar a su primogénito a la deriva. Ella lo miraba con su rostro ilusionado y se atrevía a tomar con sus envejecidas manos, la diestra ensangrentada de su hijo, mientras le juraba aquella promesa de estar juntos.

El hombre de intimidante altura colocó su mano izquierda en el hombro de aquella mujer y moderadamente la empujó hacia atrás sin violencia, pero lo suficiente para lograr que la senil mujer guardara una distancia prudente y le soltara su mano.

-Escuche…señora…todo lo que dice es imposible, usted debe estar confundiéndome con alguien más– las secas palabras de Walter al fin habían aparecido en aquella conversación que más bien parecía un monologo. Esa historia recién contada era difícilmente digerida por lo que le quedaba de razón al hombre del abrigo, la imagen de una hermana y un padre recién hechos, le parecían casi personajes de cuentos de hadas, el hecho de que ella fuera su madre era totalmente ilusorio.

La mujer se enfrió por dentro, las palabras de su hijo entraron por sus oídos como navajas.

– ¿Cómo? ¡No! hijo estás equivocado, te estoy diciendo la verdad.

-Yo no soy su hijo –decía el hombre del abrigo con su voz calmada, pero enfatizando lo que más podía en cada palabra para que su interlocutora lo entendiera.

La desesperación que la senil mujer había cargado antes por el hecho de haber negado su maternidad al principio, la estaba carcomiendo viva en este minuto, la incredulidad de su hijo torturaba sus pensamientos, así la consternación dominó cambiando su debilitada voz y gritó.

– ¡Soy tu madre! ¡Por favor, créeme!

Walter sólo pestañeó lentamente, su pecho tomó una pausada inhalación y exhalación, sin inmutarse a aquellos repentinos gritos, así decidió terminar con esta escena que según su criterio no tenía sentido, entonces formuló una pregunta que aclararía las dudas que le causó esta señora desde el principio y que lo empujó a seguirla.

–Hay algo que necesito saber… ¿Cómo llegó usted aquí? –preguntó aquel joven rubio manteniendo su postura sosegada.

-Yo…yo pude llegar aquí…porque ese detective del que te hablé, dijo que se había enterado de que alguien con tus rasgos estaba merodeando por aquí, especialmente por este apartamento, el 302… entonces él decidió venir a comprobarlo, efectivamente eras tú. Así que asumí que vivías aquí porque te habías enterado de tu pasado y querías encontrar respuestas. De esa manera tu hermana y yo planeamos mi huída luego nos fuimos a Brahms, la ciudad en donde viviremos, hijo…por favor Walter ven con nosotros y te prometo que haré todo lo que no hice por ti antes. Soy tu madre y te ayudaré en todo lo que necesites –la señora insistía fervientemente en sus suplicas a su hijo, contemplándolo con los ojos húmedos, desviándose completamente de la respuesta que Walter quería escuchar.

-Todavía no la comprendo…aún no me dice como llegó aquí exactamente…–el hombre del abrigo inclino su cabeza levemente hacia delante, mientras sus rubios cabellos tapaban ligeramente su rostro por el movimiento y así presionar de alguna manera a aquella mujer para que le otorgara una respuesta correcta.

-Bien…bien…–su madre biológica trató de centrarse en el objetivo, aunque todo su ser clamaba por convencer a su hijo y traerlo de vuelta con ella–. Desde Brahms tomé un bus y me trajo hasta Ashfield, luego sólo tomé el metro y aquí estoy, conozco este lugar, no me fue difícil llegar.

-¿Eso fue todo lo que hizo? –preguntó otra vez Walter, tratando de asegurar que la respuesta de esta improvisada visita fuera completa.

-Claro, eso fue todo lo que hice –decía ella con toda la seguridad que cabía en su voz y en su actitud. Por el contrario Walter no podía encajar el rompecabezas que esta señora construía cada vez más. Aún así él sintió que después de todo tenían historias similares, los dos seres presentes en este decadente pasillo buscaban a alguien. Pensó que ella solamente estaba desesperada por encontrar a su hijo y a eso se debía que lo confundiera, según él. Incluso así aquellos argumentos no explicaban totalmente como ella pudo ingresar a su mundo.

-Yo…podría ayudarla a encontrar a su hijo, pero primero debo terminar un asunto–proponía Walter, al parecer mostrando una extraña empatía por esta persona.

-No...No...Walter por favor…confía en mí ¡Tú eres mi hijo!, si quieres ¡Podemos realizarnos esos exámenes médicos para comprobarlo! verás que no te miento.

El hombre en frente de ella volvió a convertirse en un inmóvil retrato pintado con silencio, creyó que casi le era imposible evitar la insistencia de la señora, aun así él consideraba que todo era un espejismo creado por ella para confundirlo, pero lo que la anciana postulaba era sólo la verdad.

El vacío que la madre de Walter sentía en su estómago se volvió más intenso, al percibir el silencio sepulcral que emanaba de su hijo, otra vez recibía esa cruel respuesta inaudible por parte de él.

-Incluso el destino quiere reunirnos otra vez, no creo que el hecho de que te otorgaran el mismo apellido que yo tengo de casada….sea una vaga coincidencia – ella le mostró una pequeña sonrisa, aún considerando la amarga sensación que le dejaba su hijo cada vez que la miraba silencioso –. Si…no quieres volver conmigo al menos…créeme que soy tu madre, aún así te ayudaré en lo que quieras…–. La senil mujer le decía esto sólo para sacarle algunas palabras, aunque ella sabía que prefería mil veces tenerlo de vuelta.

Walter bajo su mirada realizando un ademán de negación con su cabeza.

-Usted no puede ser mi madre…mi madre es ella…el apartamento 302 –una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de este joven que orgulloso colocaba la palma de su mano cariñosamente en la puerta de su "madre".

La añosa dama soltó su cartera y esta caía deliberadamente al piso, su mente parecía estar flotando en una pesadilla que la comenzó a adormecer, lo único que su voluntad le permitió expresar fue una débil palabra.

– ¿Qué…?– su cabeza parecía sufrir un cortocircuito al no poder procesar debidamente ni entender lo que acababa de decir aquel hombre del abrigo manchado en sangre. Ahora era ella quién negaba con la cabeza mientras su voz acompañaba contrariando también. –No…no eso es… eso es mentira… ¿Cómo puedes decir eso? ¡No! ¡Yo soy tu madre! –.Su cara se desfiguro en una terrible angustia.

Por el contrario Walter mostraba un tono de voz pleno, al sólo hablar de su "madre".

–Ahora está durmiendo pero pronto despertará –una sonrisa insana nuevamente se posaba en sus labios, mientras pensaba que así aquella mujer podría entender ahora porqué él no era su hijo. Aquel joven se había mentido a sí mismo durante todo este tiempo, incorporando a su vida esta estructura como su querida madre biológica y así lo fue creyendo fielmente. Toda esa creencia era un truco de su magullada mente que lo único que buscaba era escapar de la realidad para conseguir una dulce mentira en vez de una cruel verdad. Una verdad que supo cuando era pequeño, sus padres lo habían dejado abandonado en este apartamento. Pero su alma enterró este hecho en su ser casi olvidándolo todo, huyendo de aquel dolor y perdiéndose en aquel sueño de despertar a su madre, el apartamento 302. En su subconsciente, él aún guardaba aquellos momentos que le señalaban que fue abandonado, sin embargo sólo permanecían allí erradicados, casi inexistentes.

La senil señora tapó parcialmente sus labios y sus ojos no paraban de derramar lágrimas.

– ¿Que te pasó, hijo mío? –decía con una voz debilitada y entrelazada de tristeza. Su madre recordó aquel artículo escrito por un hombre llamado Joseph Schreiber, en donde describía el lado oscuro de Wish House. Se acercó a él y comenzó a acariciar sus rubios cabellos y pronunció–. Fueron ellos ¿verdad?...ellos te hicieron esto. Ese culto de Wish House…los rumores eran ciertos ¡Te arruinaron la mente! .–Teorizaba ella desesperada, tratando de encontrar alguna posible lógica a la actitud de su hijo.

Walter se apartó de nuevo, todo esto era demasiado, los afectos que ella mostraba, comenzaban a hacerlo perder más su poco juicio, la mayoría de la gente sólo lo insultaba o golpeaba, no lo trataban gentilmente, la única persona que lo había tratado con cortesía y con un gesto amable antes fue la señorita Galvin, cuando le dio su muñeca. Pero nadie se había acercado a él para abrazarlo ni mucho menos.

Ahora una sollozante señora que decía ser su madre lo enredaba más con su actitud, incomprensible para él.

-¿Qué pasó allí, hijo? ¡Respóndeme, por favor! –su madre lamentaba una y otra vez, soportando el peso de la culpa de haber abandonado a su hijo ahora más intenso. Y si alguien le dijera o el mismo Walter le contara a esta señora lo que realmente había sucedido en el orfanato que estaba bajo las influencias del culto, jamás asimilaría el horror que habían vivido aquellos niños.

El hombre del abrigo notó contusiones en la muñeca de la señora que estaba en frente de sus ojos, supuso que su relato de maltrato por parte de su esposo era cierto, incluso parecían recientes, siguió observándola, ahora notando con más detalle los rasgos de su persona, los ojos almendrados de aquella mujer senil, portaban la misma mirada acuosa y esmeralda que él poseía, su cabello moderadamente encanecido y encerrado en un sencillo peinado, revelaba algunos mechones rubios que resistían teñirse de blanco y desafiaban al tiempo. La insistencia rebelde de ella por decirle que él era su hijo, se parecía tanto a la insistencia que él profesaba por los 21 sacramentos, el anhelo de tener a su hijo de vuelta, era tan similar al que él se aferraba por tener a su madre despierta.

El rostro de Walter comenzó a reflejar una exasperada duda, quedó pensativo profundamente, después de realizar esas observaciones, se preguntaba así mismo. "Además... ¿Cómo pudo controlar la escalera mecánica? Los perros…los perros no la atacaron como es de costumbre, sólo…se acercaron a ella. ¿Será posible que realmente ella sea mí…? ¡No, eso es absurdo!". Él mismo detuvo sus propias conjeturas violentamente, regañándose a si mismo por eso. Disipó la confusión y duda que esta señora había sido capaz de formular, abrazando ferviente y nuevamente la indesterrable idea de que el apartamento 302 era su verdadera madre. Aquel pensamiento y suposición de que esta dama podría ser su progenitora, le pareció una blasfemia. Pero no tenía caso culparla, después de todo ella sólo estaba desorientada y confundida, pensó.

-Está bien Walter…no importa si me desprecias, pero no descansaré hasta convencerte de que eres mi hijo y cuando lo haga te recibiré con los brazos abiertos, te esperaré y te daré tiempo, sé que es difícil entender la idea de que soy tu madre…quiero que sepas que me alegró mucho saber que estabas vivo, nunca creí en esa horrible noticia en la que decían que te habías suicidado en tu celda, sé que todo fue un complot, nada más. También es bueno ver que conseguiste salir de ahí –hablaba la mujer con un aparente muro. Él sólo la miró.

-Sí, hijo yo sabía muy bien que no estabas muerto…

-Lo estoy…Si estoy muerto y ahora puedo darme cuenta que usted también lo está –afirmaba el joven rubio, mientras señalaba a la distancia la cabeza de su madre biológica. Ella sintió un dolor quemante y constrictor en su zona parietal, acompañado con el desliz del tibio líquido llamado sangre por el costado de su rostro. Instintivamente, pero con la actitud de una máquina en shock, llevó su mano para examinar su cabeza, una herida que recién se hacia presente pudo ser palpable por los dedos de la dama, quienes sentían su cuero cabelludo recién partido, húmedo por la sangre que brotaba de esa lesión. Su mano comenzó a temblar, su tacto pudo revelar los espinosos bordes del hueso roto de su cráneo, mostrándole una letal fractura que le había dado la muerte. Un violento y repentino flashback la golpeó; ella estaba colocando sus pies en la acera iluminada por un resplandeciente sol, después de bajarse del bus que recientemente la había traído desde Brahms a Ashfield para encontrar a su hijo. Al cruzar la calle para tomar el metro que estaba en frente, un automóvil a exceso de velocidad que era regido por un hombre ebrio, impactó con el frágil cuerpo de la senil mujer, otorgándole el destino que recién ahora como espíritu, recordaba.

-Es-estoy…estoy…muerta –musitaba aquel revelado fantasma, que aún era capaz de sentir. Ahora ella era igual que su hijo, un espíritu errabundo. Una aguda sensación fría lastimaba su pecho y mente.

Entonces el joven del abrigo formuló la teoría de que los poderes usados en su ritual habían llamado a los espíritus de gente que habían muerto violentamente cerca de South Ashfield Heights para aprovechar esa energía espectral y expandir el poder del ritual y despertar a su madre, así superficialmente se convencía así mismo, evitando a toda costa la ansiedad y desconcierto que tuvo por esta señora. De esa manera fue más fácil, ya no quería enfrentar nada que lo incomodara, ya había llegado muy lejos con su ritual, estaba tan cerca de terminar con todo, eso era lo único que el joven rubio quería.

Walter desvió su determinante mirada hacia un lado, ese gesto fue provocado al sentir la presencia de dos seres, ellos estaban cerca…los dos sacramentos se aproximaban al complejo de apartamentos, ya era hora, tenía que parar esta "conversación".

-Escuche…es tiempo de completar los 21 sacramentos, tengo que partir – Walter dejó impresas estas últimas palabras en los oídos de su madre biológica y se encaminó, ahora dando la espalda. Lo que este joven ignoraba era que el deseo incesante de percibir la presencia de su madre había llamado finalmente a esta señora a su mundo maniático, sin embargo los matices de insanidad, de dolor, de tristeza que bañaba la historia pasada de Walter y su madre, no excluyó que el destino nuevamente jugara con ellos, ahora un terrible accidente había citado a la muerte como invitada de honor. Era demasiado tarde, él estaba cegado y ya tenía su objetivo plasmado en su ser. El deseo de su madre biológica por dar absolutamente todo con tal de tener a su hijo de vuelta, tomó su vida como precio.

Los ojos de la senil señora se abrieron de par en par cuando lo vio marchar, trataba de sacudir de su cuerpo aquel abrumante shock que toda esta situación recién experimentada le había dado.

– ¡No! ¡Hijo, por favor! ¡Espera! –gritaba la mujer con todas las fuerzas que le quedaban, mientras sus debilitadas piernas corrían detrás de él, alzaba su mano como para alcanzarlo, pero en frente de su llorosa vista, la figura de Walter se desvaneció, siendo teletransportada al destino que él había planeado.

La figura de aquella añosa dama se desplomó sobre sus rodillas, desvaneciéndose en llanto y dándose cuenta que estaría condenada a vagar por el retorcido mundo creado por un hijo que nunca la reconocería como su verdadera madre.