Cuando estamos solos.

Parte 2

Recordó un suceso de su niñez, cuando aún eran mentes inocentes. Siempre hubo una conexión entre ambos y debía destacar que Yuta podía llevar las riendas de la relación perfectamente. Cerró sus ojos y se tiró encima de su cama, la de abajo. Odiaba estar abajo, nunca encontraría la satisfacción en eso; por momentos sentía que la cama marinera de arriba se podía caer, por lo cual no podía dormir tranquilo sabiendo que en algún momento iba a morir aplastado por su hermano gemelo.
No, tenía que ser un chico grande, dormir en la cama de abajo no debía ser tan malo, era más fácil el aseo, además que no iba a caer de dos metros si se movía por una pesadilla.

Yuki… –habló desde arriba su hermano gemelo.

¿Hm? –Yuki se removió en la cama he intentó no hablar, pero su hermano lo conocía mejor que si mismo.

¿Tienes miedo a que la cama se caiga encima de ti? –Yuki no contestó ¿para qué si su hermano sabía la respuesta? –. Si tienes miedo puedes subir.

"Si tienes miedo puedes subir", palabras, sólo tristes palabras infantiles. Yuki se destapó y comenzó a subir por las escalerillas al costado de la cama para acurrucarse junto a su hermano, éste le envolvió en sus brazos y le besó la frente, Yuki se sentía protegido.

No me gusta estar abajo.

¿Qué hubiera dicho su otro yo, su yo infantil si viera la escena?

Ya no era un chico de 5 años en busca de afecto, ahora era un joven de 17, con una vida recorrida, con un nivel de relación social prácticamente nulo pero con una intensidad que resultaba diferente a las demás.
Estaba debajo, se encontraba debajo de su hermano quien había truncado su promesa de no besarle, pues, cada beso resultaba una catástrofe para separar su vida familiar de la sentimental. ¿Cuándo había sido? ¿Cuándo se habían metido en una enfermiza relación donde el tabú se rompía tan fácil como el cristal?

Suspiró. Un delicado suspiro era suficiente para alertar lo que se avecinaba, Yuta era extremadamente cuidadoso en cada expresión del cuerpo, pues, sentía que se encontraba manteniendo relaciones consigo mismo, ¿extraño? Cualquiera diría que aún siguen con ese narcisismo infantil, que no pudieron superar esa etapa de unión que los gemelos tienen y ahora cosechaba sus frutos.
Una caricia. Suficiente para que Yuki tirara su cabeza hacia atrás y gimiera más roncamente, estaban solos, pero aún tenían miedo de ser escuchados, un departamento con paredes finas era difícil ocultar su relación, probablemente los vecinos ya se habían enterado que cuando sus padres salían y no volvían por horas los gemelos daban riendas suelta a una relación perversa, llena de tabúes y egocentrismos que cualquier persona tomaría como enfermo, pero que ellos creían era el verdadero amor.

Yuta acarició por debajo del pijama, y deslizó sus brazos hacia arriba ¿cómo lo sabía? Conocía mejor su cuerpo que el mismo, sabía que aquello le encantaba y más por encima lograba sacar ese guerrero que muchas veces había visto en el manga. ¿La fiebre había empezado a aumentar o sólo era el éxtasis que le provocaba el calor corporal que emanaba su hermano mayor?

Besos, suaves y enfermizos que ahogaban su respiración, que inundaban su boca y la quemaba a viva voz, que empezó a bajar por su cuello como tantas veces lo había hecho Yuki al ajeno. Las manos del menor comenzaron a despertarse, no se quedaría atrás, intentó de forma brusca arrancar la camisa, pero era imposible con los botones abrochados.

–Tranquilo –bufó Yuta mientras utilizaba su mano derecha para desabotonarse la camisa mientras la otra seguía con enriquecedores masajes en el vientre.

–Lo siento –simples, muy simples palabras llenas de confianza.

Se dejó hacer. Yuki estaba completamente entregado y más que por el hecho que Yuta siempre había manejado esas instancias de la relación era por su fiebre que estaba en aumento, ¿o sería que el calor de su cuerpo y el de su hermano le provocaba esa sensación de calentura? No quería quedarse quieto, intentó tomar el coraje de donde pudo y dio la vuelta impresionando a su gemelo.

–No me gusta estar abajo.

Sonrió. Recordó ese pequeño tema de la niñez y ahora era Yuta el subordinado por los enloquecedores besos de Asaba Yuki, el cual de forma húmeda e inusual se apoderaba de la situación. El niño estaba creciendo.

Instantáneamente le agarró del rostro parando sus besos y comenzó él también a disputarse el liderazgo, era un constante tire y afloje que se cobró la vida de la camisa de Yuta y que ahora había terminado a dos metros de la cama. Se incorporó llevando a Yuki con la mirada a quedar los dos sentados, difícil problema dado que se cobró un par de golpes con la cama de arriba por haber crecido varios centímetros más.
Se arrinconó y dio la espalda de Yuki contra la madera que unía a la cama de arriba con la de abajo, quedando entre la espada y la pared. Yuta se sacó los pantalones y Yuki intentó hacer lo propio sin entender aunque el beso se había trasformado en una completa relación sexual.

Se sintió como la primera vez, intimidado, nervioso, taciturno, mientras Yuta se le arrojaba encima y cargaba su cuerpo de dulces besos que comenzó a hacerlo gemir, esos gemidos que necesitaba y comenzaron a aumentar su intensidad. Fue cuando sintió, esa erección que estaba creciendo en los pantalones de su hermano y le provocaba placer, aun le calentaba.

Yuki tenía miedo, miedo que algún día Yuta dejara de "gustar" de él, aunque imposible era como dejar de amarse a sí mismo, lo cual en Yuta podía llegar a ser un imposible. Se movió, embistió por encima de su ropa, separó las piernas y volvió a embestir, los gemidos comenzaron a acallar el horrible sonido del celular que comenzó a temblar marcando la hora del remedio de Yuki.

Al joven Asaba no le importó, estaba tomando la mejor medicina. Nuevamente las manos entraron en acción y Yuta comenzó a deslizarlas por todo el cuerpo y las piernas, entrando al combate la lengua quien también acarició lentamente la piel. Ya no eran ellos, esa pequeña línea entre hermanos y amantes se había cruzado hace ya tanto tiempo que era imposible volver atrás.
Entre los potentes tiren y aflojen que se podía dar en una escena de cama, Yuki terminó nuevamente abajo y de espalda, siendo perseguido por los fogosos besos de su hermano quien comenzó por su cuello para acariciar los hombros con sus largos dedos.

Una pequeña reacción y la leve erección comenzó a sufrir los altibajos que le producía tener a su hermano completamente dominado, pues Yuki no era un hueso fácil de roer, más que nada era un incansable luchador que no le gustaba ser domado.

–Vamos, vamos, he visto más acción en Candy Candy –rió Yuki, recordaba cuando su mamá comentaba sobre los mangas que le gustaba y mencionó a esa intrépida niñita.

–Esto no lo verás en ningún manga –susurró y se bajó el bóxer frotando su miembro por encima de la ropa de su hermano.

–Aaaaah –gimoteó.

Algunas cosas son más divertidas experimentarlas que verlas en los mangas, pensó el homólogo más joven tirando su cabellea, un poco más larga de lo norma, hacia atrás. Le apartó los celosos hilos castaños del cuello para volverle a devorar mientras agitaba sus caderas contra el más bajito. Era como hacerlo con el espejo, dado que en ocasiones ambos tenían las mismas reacciones; pudo sentir un ligero calor corporal que lo asimiló con la calentura de ese momento pero que muy probablemente era la fiebre que aumentaba.
No, no soy ninguna carmelita descalza. Esas fueron las palabras mentales del menor antes de darse la vuelta y tirar a su hermano al suelo de un sacudón, era la quinta o cuarta vez que Yuki le traía problemas en la espalda y suponía que llegando a viejos sería una de las razones por las cuales se acordaría de él más que de cualquier otro miembro de la familia. Rió, por primera vez Yuki rió y se arrojó encima de su hermano aun él en bóxer para apoderarse del miembro y tomarlo con una mano, era como manejar un auto y la palanca de cambios era lo más importante a la hora de andar, más que el acelerador o el embrague, aunque pensar en esos momentos en conducir le produjo un extraño ceño que no fue notado en ningún momento por su gemelo, quien estaba preocupado por el inquietante tironeo en su región más sensible.

–Nunca he hecho ésto, me gustaría practicarlo –con su risueña mirada de siempre Yuki bajó su cabeza y metió la punta del pene en su boca, comenzando a chuparlo como si fuera una pajilla de la caja de jugos que bebía regularmente en el recreo.

–Aaaah, cuidado Yuki, los dientes no –murmuró cerrando los ojos al sentir un filo.

–Mmm, lo siento –susurró.

Nuevamente tomó la voz cantante y comenzó a succionar, los quejidos de dolor por la inexperiencia se mezclaron con los de placer al captar la idea, tenía que chuparlo, no morderlo, pues eso podría lastimar la virilidad de aquel joven que proveía de placer; a decir verdad, el único, pues sabía Yuki que no había otro igual que su hermano para brindarle todo aquello que necesitaba.

¿Pero hasta cuándo?

Cuando Yuki ceso Yuta reaccionó y comenzó a frotarse sus testículos, pues comenzaba a sentir dura la erección y no era fácil mantenerla así, una vez que Yuki se había separado completamente el mayor se alertó que su hermano tal vez no quería continuar, pero al volver a la lluvia de besos nuevamente la calentura comenzó.

–Te gusta más ésto ¿no? –susurró Yuta cerca del oído de su hermano mientras le bajaba los pantalones.

–Es aburrido sólo chupar –bufó molesto pero enseguida fue callado.

Los bóxer del menor desaparecieron entre tantas manos y piernas enredadas. Los gemidos y gritos inundaron completamente la estrecha habitación, fue cuando el mayor dio cuenta que llegó el principio del fin, el momento crucial en que colocó la punta de su miembro en la entrada. Apretó sus dientes y comenzó a entrar lentamente sin prepararlo, cuando Yuki gritó le tapó la boca con la mano y continuó entrando, aun no estaban tan acostumbrados a prepararse, seguramente porque pensaban que sería más doloroso que la penetración, pero que desacertados estaban.

–¡Hhhmmmm! –Yuki comenzó a incomodarse y se movió bruscamente, pero Yuta se encontraba completamente dentro de él.

–Shhh, si sigues haciendo ruido se enterará mamá que está a 20 kilómetros de aquí –murmuró y le apartó la mano para besarle.

Un poco más, sólo un poco más.

Comenzó a embestirlo rápidamente deslizando sus manos por los brazos de su hermano hasta enredar los dedos con los ajenos y presionarlos contra el piso. Besos calientes, movimientos excitantes, piernas entrelazándose en las caderas ajenas que se movían con un ligero vaivén, demasiados sentimientos encontrados y desencontrados, era estar en el paraíso. No es que no lo hayan hecho antes, pero nunca mientras uno ardía en fiebre, tal vez ese calor extra lo hacía más interesante.
Gimió y volvió el golpe contra las caderas, sintió abrirse, sintió que no era dueño de su cuerpo, el calor y el espeso líquido deslizándose en su interior y en las piernas, el semen se derramaba con cierta facilidad y la cara de satisfacción del menor se hizo notar enseguida.
El calor, la sensación del orgasmo, de ajeno y el propio, el tener el miembro en su interior, el sentirlo, el besarse, abrazarse, sentir la piel del otro desnuda.

–Te amo –susurró Yuta. Yuki sonrió.

–Te amo.

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Cuando Yuki se había aseado notó que la temperatura de su cuerpo había bajado radicalmente. Caminó sin tambalearse, curioso, ya que hacía unos momentos estaba completamente embobado por la escena de sexo y se había quedado con un ligero mareo.
Se acercó a la cocina y observó que su hermano cocinaba de nuevo la sopa, se sentó en su silla y comenzó a jugar con los palillos, esta vez tenía mucha hambre.

–¿Aun no quieres la sopa? –preguntó Yuta quien comprobó si estaba caliente.

–No, dámela, tengo hambre.

–Lo sé, yo también, pero me iré a bañar –susurró apagando el fuego–. Sírvete la sopa.

–Yuta…

–¿Si? –contestó mientras caminaba a su cuarto a buscar ropa limpia.

–Dejaste prendido el fuego.

–¿Qué? –desde el lumbral observa la cocina y ve que el fuego está apagado–. No es cierto, está apagado.

–No hablo de ese fuego.

Yuta comprendió y volvió a meterse a su cuarto riendo suavemente, sólo ellos dos entendían sus códigos, porque eran gemelos, eran hermanos y amantes.

Fin.

Sé que la parte interesante del lemon la dejé muy corta, perdón por eso pero creo que se me estaba haciendo un poco largo y jamás terminaría si los hacía moverse y seguir eternamente. Gracias por leer y por favor, comenten, pues los comentarios son lo que hacen crecer al escritor y tener más ganas de escribir.

Besos.