Muchas gracias a los que se tomaron su tiempo para leerlo, esta historia ya tiene algunos capítulos adelantados (los cuales he ido subiendo a medida que estaban listos a otro foro de fics) pero tuve un problema por el cual no pude realizar ninguna clase de acción con mi cuenta, de verdad lo lamento pero es un problema ajeno a mi que obligo a la historia a quedar stand by, por suerte (mas bien por arte de magia) de un día para el otro me di cuenta de que mi cuenta había vuelvo a la normalidad, así que aquí estoy tratando de ponerme al día, probablemente el fin de semana actualice nuevamente.

Disclaimer: -man y sus personajes pertenecen a Hoshino Katsura ¬¬

Raiting: T

Advertencia: Lenguaje obsceno (es culpa de Kanda T.T )

Enjoy!


~†» Un buen comienzo «†~

Le había dicho todo lo que sentía, lo escupió de una sola vez, y ahora sentía que sus mejillas se teñían de un rojo intenso, y aunque sabía que el otro no podía observar ese detalle debido a la oscuridad, trato de esconder la cara.

El silencio se hizo eterno. Acababa de decirle que lo amaba, y sin embargo no escucho que ninguna palabra saliera de los labios del pelilargo.

Comenzó a desesperarse, sentía un mareo profundo, estaba a punto de desmallarse, Kanda lo había rechazado con su silencio. Le había confesado tan profundo sentimiento, y sin embargo no había obtenido respuesta. Se sentía avergonzado, al punto que Estaba a por salir corriendo de la habitación, pero de pronto pudo escuchar un sonido, algo como… como una respiración muy profunda muy parecida a la de una persona… DURMIENDO.

Kanda se había dormido y por lo tanto jamás había escuchado su confesión.

Ese idiota se había dormido antes de escuchar las más profundas de las palabras que Allen jamás había dicho. Tenía que admitir que Se sentía aliviado, y a la vez frustrado. Tenía tantas ganas de saber cuál sería la contestación del otro que no podía consigo mismo.

Quería que le contestara, y si la respuesta era no, lo iba a aceptar, prefería el rechazo y no la duda. Estaba a punto de despertarlo para exigirle que esta vez lo oyera, pero decidió que quizás este no era el momento indicado. Iba a esperar, lo iba a esperar.

Entonces solo se acerco al mayor y depositó un suave beso en la frente del mismo. Era un "buenas noches".

Se volvió a su cama e intentó volver a dormirse, pero al parecer no le resultaría tan fácil. Dio muchas vueltas, seguía reprendiéndose a sí mismo por el hecho de haberse enamorado de aquel japonés malhumorado. Seguía pensando en cual hubiera sido la respuesta del pelinegro si este lo hubiera oído.

De pronto, luego de mucho tiempo pensando pudo conciliar el sueño. Cayo en sueño tan profundo que no creía ser capaz de despertar alguna vez.

Ya era de mañana, podía escuchar los pájaros entonar las primeras melodías del día. Sentía como si hubiera vuelto de la muerte, realmente había dormido profundo la noche anterior.

Guió su mirada hacia la cama del mayor, esta se encontraba perfectamente tendida, Al parecer Kanda ya se había ido a entrenar, como era de costumbre.

Kanda, ese nombre le daba vueltas en la cabeza constantemente, el corazón le latía fuertemente, al parecer estas emociones incrementaba con el paso del tiempo.

Se sentía terriblemente culpable, estaba enamorado de un hombre, y de un hombre que jamás respondería a sus sentimientos. Sabía que tenía que olvidarse de todo eso, pero sin embargo deseaba fervientemente que el pelinegro sintiera lo mismo por él. Quería que lo quisiese como a nadie más y le dijese que lo amaba. Ahora que había aceptado que lo amaba era todo más difícil, porque era consciente de que este amor dolía más que ningún otro. Porque este amor, era prohibido.

Pero el hecho de estar en esa habitación le reconfortaba, el olor a Kanda estaba por todos lados, era un perfume fresco, y masculino, uno que jamás había sentido, no tenía idea de que perfume utilizaba el otro, si es que utilizaba alguno, pero sabía que era el más exquisito que alguna vez olió.

Se quedo en su cama un buen rato, solo inhalando y exhalando ese aroma que tanto le gustaba, de pronto recordó que tenía que ir a su (momentáneamente) antigua habitación para recoger algunas cosas que había olvidado en la mudanza. Se quejo un poco, para luego levantarse. Se puso su típica ropa informal, (camisa blanca, chaleco, y listón rojo) y luego se dirigió hacia la puerta, antes de salir, le hecho una mirada a la habitación, sabía que no podría quedarse ahí para siempre, cuando Lavi regresara se tendría que ir para la habitación de este.

No era que le molestase estar con Lavi, de hecho le agradaba bastante, era muy divertido quedarse con él. Pero estar en la habitación de Kanda y compartir las noches con él, aún cuando la distancia entre estos siempre era enorme, realmente le llenaba.

Era hora de ir a entrenar, tenía que mantenerse en forma, porque aunque no había habido ninguna misión en mucho tiempo nunca se sabía cuando se podría presentar un inconveniente.

Le hubiera gustado mucho solo holgazanear, pero tenía que dar una buena impresión cuando Link regresara. Oh, se había olvidado de él. Ese que era como una sombra para el pequeño. Estaba sumamente agradecido que el alemán se viera envuelto en un caso que requería de todo su tiempo.

L a mañana estaba helada, el cielo estaba gris, era un típico día de invierno. Se dirigió al bosque cercano para comenzar con su actividad, cuando estaba llegando, pudo ver a Kanda que se encontraba meditando, lo cual le pareció bastante extraño, ya que Kanda solía meditar siempre adentro.

Se aclaro la garganta y procedió a acercarse a él, sabía que Kanda no estaría contento con su presencia, pero el si lo estaba.

Se sentó a solo unos centímetros del samurái, no sabía si este se había percatado de su presencia, ya que permanecía con los ojos cerrados.

Era una visión encantadora, tenía el gesto relajado como pocas veces lo había visto y sus facciones tan delicadas resaltaban de su blanco rostro.

Lo observo muy detenidamente, como memorizando cada facción de el oriental. De pronto el silencio fue interrumpido por una voz un tanto profunda.

— ¿que tanto me observas pendejo?—

— ¿eh?, ah... Yo… estaba…— se ruborizo, no sabía que contestarle, pues el hecho de ir a entrenar no era escusa para quedársele mirando de esa forma, estaba tan avergonzado que ni siquiera corrigió a Kanda con respecto al apodo.

—Tsk, ¿a qué has venido?—

—Pues la verdad es que había venido a entrenar, pero al verte, no quise interrumpir tu meditación—

Alego el de pelo plateado con una sonrisa sincera. Kanda se quedo observándole unos instantes

—Siempre tan molesto Moyashi—

—¡Es Allen, bakanda!—

Kanda solo puso un gesto de fastidio y se levanto.

—No... no es necesario que te vayas, ¡puedes quedarte! ¡Quédate!—

Eso había sonado necesitado, demasiado para su gusto, sabía que había puesto un gesto de angustia en su rostro y que ahora Kanda iba a burlarse de él.

—Solo voy a buscar algo caliente, hace mucho frio aquí estúpido—

Allen solo puso un gesto infantil de enfado y asintió. Estaba perfectamente consciente de que lo que menos sentía en ese instante era enfado.

Kanda se la había dejado pasar, quizá no se había percatado.

Podía sentir como su corazón le latía fuerte todavía por la sola presencia del pelilargo

Trató de calmarse un poco, y una vez logrado esto, comenzó con su rutina diaria de entrenamiento. Ya había pasado un buen rato, y Kanda no regresaba, estaba seguro de que no lo haría, No tenia porque hacerlo.

Ya estaba un poco cansado, así que decidió parar unos momentos a descansar.

— ¿Tan pronto y ya estas cansado Moyashi?—

Era Kanda, que traía dos tazas humeantes, y a pesar de que estaba al aire libre se podía sentir en el aire un delicioso aroma a chocolate, mezclado con un olor más tenue que parecía ser el de té.

—Toma. A ver si con esto te dejas de temblar debilucho—

No se había dado cuenta pero, era verdad lo que el otro exorcista le decía, estaba temblando como una hoja, y sin embargo no tenía frio en lo más mínimo. No podía creer que Kanda se hubiera preocupado por él, el solo hecho de traerle esa taza con chocolate caliente hacía que olvide los sobrenombres que el pelinegro agregaba al final de sus oraciones. Se sentía simplemente dichoso. La alegría no cabía en su pecho. Quizás esto era lo que provocaba que su cuerpo se estremeciera de esa forma.

Kanda se sentó en un tronco que había entre los árboles, pero en ningún momento le dirigía la mirada. Solo se dedicaba a beber su té con sorbos cortos, tenía la vista perdida, parecía pensante, quien sabía en qué. Tampoco le interesaba, le gustaba ver como sus ojos se posaban en la nada, jamás había observado atentamente a los ojos de Kanda, siempre supo que estos eran profundos, pero nunca les observo como ahora.

Tenía una de las miradas más hermosas que alguna vez podía haber visto, era un color café muy intenso, tan intenso que parecía un mar de sentimientos , pero solo en ese momento, porque su mirada siempre era vacía, o fría.

No entendía que pasaba por la mente del mayor, pero fuera lo que fuese podía hacer que su mirada se mutara.

Dichoso de aquel que se encontraba en sus pensamientos en ese instante, hubiera dado lo que fuera por ser esa persona.

Fue arrancado abruptamente de sus pensamientos cuando Kanda levanto su mirada para posar esos hermosos ojos en él, su mirada no había cambiado en lo absoluto, a pesar de que era a Allen a quien miraba. Sus miradas se encontraron y permanecieron así un buen rato, sin decir nada, solo mirándose. Allen pensó que se perdería en los ojos del otro, pero luego de un rato, reacciono, sintiendo como un color rubí se apoderaba de sus mejillas, al parecer Kanda también había reaccionado, pues aparto la mirada del pequeño chistando como de costumbre.

El silencio se había vuelto incomodo, pero sin embargo no se atrevía a romper con ese hielo. No hizo falta que lo hiciera pues Kanda se levanto dispuesto a marcharse.

—Será mejor que tú también vengas adentro, está haciendo más frio de la cuenta y te vas a enfermar, y yo no voy a hacerte de enfermera, idiota—

—al rato voy—

—como quieras—

Kanda se había mostrado preocupado por el nuevamente, quizá era solo su imaginación, pero con el solo hecho de que hubiera una chance le alcanzaba.

Si su felicidad pudiera hablar, hubiera llenado el lugar con un ruido ensordecedor.

Decidió quedarse allí un rato mas y luego entrar, pues Kanda tenía razón, estaba por comenzar a helar o algo parecido porque hacia mas frio que de lo normal.

Había terminado con su entrenamiento, y ahora se encontraba en su antigua habitación buscando algunas pertenencias que allí habían quedado.

Pero algo no andaba bien, se sentía fatigado, sentía un leve dolor de cabeza. Pensó que no tendría la más mínima importancia así que tomo sus cosas ignorando los síntomas y se dirigió a la habitación de Kanda, quien se encontraba en la biblioteca según algunos de los que lo habían visto.

Todavía podía recordar la hermosa mirada de Kanda, sentía una gran tibieza cada vez que le miraba, ya no sentía como mil mariposas le revoloteaban en el estomago, cosa que le sucedía cuando recién lo conocía. Ahora con el paso del tiempo ese sentimiento se había convertido en algo que le llenaba el pecho y que no se podía definir con palabras

Iba tan ensimismado que no se percato de que camino a la habitación de Kanda se había cruzado con la siempre alegre Lenalee.

— ¿Nee Allen-kun, estas oyéndome?—

—lo siento Lenalee, estaba distraído—

— ¿Vas a la cafetería?— Pregunto su amiga mirando con curiosidad las cosas que llevaba en una caja

—No, solo llevo estas cosas a la habitación de Kanda— La chica lo miro con una expresión de pena.

Luego de decir estas palabras sintió un leve mareo que le hizo perder el equilibrio.

— ¿Te sientes bien Allen? No tienes muy buen aspecto, tienes las mejillas muy rosadas—

—estoy bien, no te preocupes—

Esbozo una gran sonrisa para su amiga, tratando de convencerla.

—De acuerdo pero si te sientes mal me avisas ¿sí?—

—lo haré—

Y así, cada cual siguió su camino.

Una vez que llego a la habitación de Kanda acomodo sus cosas lo mejor que pudo, tratando de no perder el equilibrio, realmente no se sentía muy bien, tenía que descansar un poco, quería ir a la cafetería por algo de comer, pero en ese estado no podría ni siquiera llegar a dar dos pasos.

Procedió a quitarse el saco que tenia puesto, lo hizo lo más rápido que su cuerpo se lo permitió, lo cual no fue muy rápido, hizo lo mismo con las otras prendas, abrió el placar de roble que se encontraba en a los pies de su cama contra una pared, ahora estaba dividido, una parte con las cosas de Kanda y otra con las de él. Tomo un pijama color pastel, era su favorito, era una tela muy delgada pero acogedora, y aunque le iba un poco grande le encantaba.

Se lo puso y se metió en la cama que estaba helada, al parecer tardaría un poco en entrar en calor, tenía mucho frio, más de lo común.

Sin darse cuenta se puso en posición fetal, y comenzó a temblar, al rato quedo dormido.

Debió haber escuchado a Kanda.

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Había ido a la librería para despejar un poco la mente, había leído un par de libros, y hacia un buen rato que estaba ahí metido, sin embargo no podía apartarse de la mente al Moyashi. Su objetivo era guardar todos sus sentimientos, y algún día (muy lejano) cuando fuera lo suficientemente fuerte, afrontarlos, pero el pequeño imbécil se lo hacía difícil.

Si tan solo no hubiese ido al bosque, todo se encontraría en normales condiciones, pero esa mañana cuando se dirigió a hacer su meditación acostumbrada en uno de los salones, se encontró con unos estúpidos buscadores, al parecer eran los amigos del nuevo aprendiz de su estúpido maestro. Creyó que ya sabrían que esa era la hora en que Kanda meditaba, por lo cual no debían estar ahí, pero como eran relativamente nuevos no tenían por qué saberlo. Entonces se vio obligado a ir al lugar que más práctico le fuera.

Cuando se encontró en el bosque, solo se limito a hacer lo que tenía que hacer, pero luego de transcurrido un rato llego el Moyashi y sin decir nada se sentó a su lado. Se hizo el enojado y le dijo un par de palabras al peli plateado. No quería quedarse allí, porque inconscientemente algo crecía dentro del, algo que le asustaba, eran unas ganas de lanzarse sobre el pequeño y hacerle cosas que jamás creyó que querría hacerle a un hombre. ¡Pero joder, Ese no era cualquier hombre!

Aterrorizado por sus propios pensamientos, se levanto dispuesto a irse, y claro que lo hubiera hecho si el menor no le hubiera pedido de una forma tan suplicante que se quedara.

Entonces cedió al pedido del otro y más tarde volvió con algo caliente (tal y como su excusa decía que haría) le trajo al Moyashi chocolate, pues sabía que al niñito le gustaban las cosas dulces e infantiles. Cosa que para él eran asquerosas. Lo único dulce que le gustaba era ese estúpido Moyashi, y quizá… no, nadie más.

Cuando se sentó en aquel tronco recordó lo que le pareció haber oído la noche anterior, por alguna extraña razón esa noche estaba muy cansado así que se quedo dormido en cuanto Apoyó su cabeza en la almohada, sin embargo hubiera jurado que escucho la voz del pequeño decirle que le amaba. Algo completamente imposible, estaba seguro de que se trataba de alguna broma que le quería jugar su cabeza. Sin embargo estaba casi seguro de haber sentido algo tan suave como un beso en la frente. Debía estar loco.

Y entonces se dio cuenta de la mirada insistente del Moyashi. Y se produjo ese instante de incomodidad.

Pero ahora debía olvidar esas cosas, era hora de volver a la realidad, observo el reloj de la biblioteca y se exalto al ver que había pasado más de la mitad del día metido en la puta biblioteca leyendo unos jodidos libros, tratando de olvidarse de ese crio. Era muy tarde, así que se dispuso a dormir.

Llegó a la habitación, las luces estaban apagadas, y se podía ver un pequeño bulto en la cama, que supuso que era el Moyashi.

Se quito la ropa y se puso la parte de debajo de un pijama y se dejo la camisa blanca que llevaba puesta.

Se recostó y paulatinamente cerro sus parpados quedando rendido ante el dios de los sueños, Morfeo.

Estaba profundamente dormido, pero algo lo despertó, no sabía qué horas eran ya, pero supuso que era de madrugada, se encontraba todavía medio dormido cuando pudo escuchar al Moyashi gimotear, le observo, y noto que estaba temblando, ese idiota de seguro no se había puesto las cobijas necesarias

Pero sus quejidos no cesaban, no eran quejidos normales, así que se levanto y busco unas colchas para ponérselas al chiquillo, a ver si con eso detenía sus quejas.

Tomo un par de frazadas del placar y se las tiro por encima. Trato de establecer el menor contacto que pudo, sin siquiera mirarle, pero accidentalmente su mirada se cruzo con la cara del chico de ojos plateados, entonces no pudo evitar abrir mucho los ojos, el Moyashi tenía una expresión de profundo dolor, acerco una de sus manos a la frentes del Moyashi.

Estaba ardiendo.

— ¡oye Moyashi, despierta!—

Pero por más de que le llamara No obtenía respuesta alguna, el Moyashi tenía mucha fiebre y debía hacer algo rápido antes de que comenzara a convulsionar por la fuerte temperatura.

Tomo una toalla que tenía siempre a mano y la humedeció con el agua del vaso que se encontraba en la mesa de luz que separaba su cama de la del Moyashi.

Coloco la toalla mojada en la frente del Moyashi, obteniendo a cambio un fuerte gemido ahogado de dolor.

—iré a buscar ayuda Moyashi, ya vuelvo—

—no… no te vayas—susurro el pequeño con voz angustiada. Sin siquiera abrir los ojos

Kanda se sorprendió

—Debo hacerlo— dijo con un tono uniforme

—ya… estoy mejor—

Sabía que era mentira, pero el Moyashi no quería soltarle el brazo, le estaba apretando tan fuerte que le lastimaba, aun con fiebre y todo tenía una fuerza increíble.

—de acuerdo, me quedare, ahora destápate un poco—

—No quiero, tengo mucho frio—

—Lo sé, pero tenemos que hacer que tu fiebre baje—

Lo destapo un poco observando como el pequeño se encogía tanto que parecía un ovillo

Prendió la luz del velador que se encontraba en la mesa de luz, justo al lado de su reloj con la flor de loto.

Entonces observo claramente la cara del Moyashi con las mejillas súper coloradas, y los ojos cerrados. No podía dejar de temblar. Le preocupada enormemente que estuviera en este estado. Tenía que llevarlo a la enfermería. Aunque sabía que para esas horas ya no debía haber nadie allí, supuso que encontraría los recursos necesarios como para hacer que la temperatura del menor disminuyera.

— ¡Levántate Moyashi! Tenemos que ir a la enfermería—

El Moyashi no le contestaba, solo temblaba cada vez más, si no detenía la fiebre entraría en shock, y podría sufrir algún tipo de daño irremediable. No tenía otro remedio, tendría que cargarlo hasta la enfermería. Así que lo tomo de los brazos y los coloco alrededor de su cuello. Para su sorpresa el chico no opuso resistencia, y por el contrario de aferro con fuerza al japonés. Justo como una película romántica. Asqueroso.

Lo cargo así hasta la enfermería, pero como supuso, no había nadie. Siempre que se necesitaba algo, esa puta gente no se encontraba en el lugar.

Al parecer la puerta estaba abierta puesto que apenas empujo un poco con el cuerpo esta se abrió de par en par.

Conocía de memoria ese lugar, puesto que luego de algunas misiones debía ir allí para hacerse unos tratamientos, después de todo su tatuaje ya no era tan rápido como antes.

Apoyo al Moyashi en una de las camillas, y se dirigió al baño del lugar. Abrió una de las canillas (la de agua fría) y lleno la bañera hasta la mitad. Volvió hasta la sala principal tomo al chiquillo nuevamente y se dirigió al baño, le quito la parte superior de pijama con mucho cuidado, quedando el menor solo con esos pantalones que le quedaban tan holgados. Estaba por introducirlo en la bañera pero su intento se vio frustrado por un Moyashi que no le quería soltar la camisa. Inconsciente y todo, se rehusaba a entrar a la tina tal y como lo haría un gato.

—necesito que cooperes Moyashi, de otra forma no podre ayudarte—

—lo… lo siento, lo siento mucho—el Moyashi por fin había entreabierto los ojos, y le pedía perdón, un perdón que no necesitaba, no había por qué pedir disculpas, después de todo, a Kanda le gustaba ayudarle. Tener ese pequeño cuerpo tan cerca, le gustaba todo eso, aunque no le gustaba que fuera en esa situación.

—estas disculpado, ahora deja de patalear, y metete—

El Moyashi hiso lo que el mayor le ordenaba, no pudo evitar emitir un fuerte grito, ya que el agua estaba muy fría a comparación del hirviente cuerpo de Allen. No lo culpaba, eso debió ser doloroso.

Kanda solo se limito a tomar un jarro y vertió agua sobre el cuerpo del Moyashi, esperando con eso que la fiebre desapareciera. Así se paso un buen rato, solo sentado en el suelo al lado de esa bañera en la que estaba esa persona que le producía todos esos sentimientos tan encontrados, esos que quería olvidar. El tonto Moyashi le ofrecía una vista realmente encantadora, estaba con los ojos cerrados, y un gesto de incomodidad, las mejillas ya no estaban tan coloradas como antes. Ahora estaba más bien pálido, pero los labios de un rojo intenso, casi como si llevara puesto algún labial de mujer.

Al parecer la fiebre había disminuido pues ya no temblaba. Intento corroborarlo poniendo su mano sobre una de las suaves majillas del Moyashi, a penas su mano rosó esa delicada piel, el menor lo tomo acurrucándose aun con más fuerza contra su mano. Al parecer la fiebre había disminuido bastante. Era hora de llevar al Moyashi de nuevo a la habitación.

Recorrió los largos y desiertos pasillos de la orden con un Moyashi empapado en brazos, mientras que todos dormían plácidamente él tenía que llevar a cabo el trabajo de otros, uno que, debía admitir, no le molestaba realizar. Una vez en la habitación lo sentó en la cama.

—Quítate los pantalones que están empapados Moyashi—

El pequeño obedeció, se quito los pantalones y se puso lo que el otro le había dado, Kanda no le miraba, solo tomo un pijama y ropa interior que saco de la parte que correspondía al Moyashi de placar y se lo arrojo diciéndole que se lo pusiera y tratara de descansar un poco

Se retiro de la habitación, iba ir a la cafetería en busca de agua para el menor.

Al regresar pudo observar que Allen estaba completamente destapado sentado en la cama, tenía el rostro cubierto por un leve sudor, tenía la mirada cansada, al parecer tener tanta fiebre lo había agotado.

— ¿qué traes ahí Kanda?—

—Es agua, seguramente ya estas empezando a sentir los efectos del antifebril que te di, por lo tanto estas comenzando a sudar, vas a perder mucho liquido así que necesitaras re-hidratarte—

Dijo mientras que se sentaba en la punta de la cama del chico.

— ¿sabes mucho de esto verdad?—

—Pues… eso no viene al caso—

—entiendo… no voy a obligarte a que me cuentes—

—pues aunque me obligaras no me harías decírtelo—

El menor solo se limito a poner una mueca de desagrado que cambio repentinamente por una de agradecimiento.

—Gracias—

—si, como digas—

Era Kanda quien quería agradecerle por el solo hecho de dejase ayudar. El menor solo lo observaba como queriendo decir algo, pero cada vez que entreabría los labios para decirlo se callaba de golpe. Finalmente dejo escapar lo que quería decir.

—de verdad te agradezco… yo… debí hacerte caso y entrar, de esa forma no tendría s que haberte tomado todas estas molestias—

— ¿Por qué te sientes tan agradecido?—

—Porque me gustas—

Abrió los ojos como dos platos cuando escucho esto, estaba seguro de que había oído mal.

El de ojos plateados Se acerco lentamente hasta quedar frente al pelinegro, no supo en qué momento pero el Moyashi había tomado uno de los mechones de su pelo y había comenzado a acariciarlo con mucho cuidado.

—Recuéstate Moyashi, ya te está subiendo la fiebre—

— ¡No es fiebre baka! ¡Es lo que siento!—

No sabía que decirle, la verdad que lo que sentía por Allen iba más allá de un "me gustas", era algo tan profundo que aunque quisiera decirlo no podría expresarse de la forma correcta. Pero suponía que un "me gustas" era un buen comienzo. Quería salir de allí. Alejarse. Porque estaba por cometer algo que se encontraba prohibido por la iglesia y por la sociedad… esperen un minuto, ¿desde cuándo le importaban la iglesia y la sociedad? Los aborrecía.

—Al carajo con la iglesia y la sociedad—

E hizo lo que había querido hacer desde hace mucho tiempo…


Espero que haya sido de su agrado a pesar de los horrores que contiene, sepan comprender y como ya saben cualquier queja me la hacen saber :) (me salio en rima o.o ) reviews son bienvenidos!

saludos!

Meiko!