Releyendo el capitulo anterior me di cuenta de que había muchos errores, no solo de tipeo sino también en la narración, lamentable, lo se, pero no me pasa lo mismo con este fic que con "Allen..." el tipo de dinámica es diferente, lo llevé de formas muy distintas, (sin mencionar que uno esta basado en una novela y el otro no) por lo tanto este se hace un tanto mas tedioso.y quizás encuentren mas de estos errores en este capitulo, pero desde ya sepan disculparme, sigo tratando de enmendar mis errores, sin contar que este fic es mi enemigo Nº1 estuve todo este tiempo escribiendolo de a poco por que no encontraba la forma adecuada de seguir esta bazofia, lo se, no debería llamar ais a mi propio fic, pero de verad que me da muchos dolores de cabeza, a veces llego a odiarlo (sin contar que quise dejar de escribir por el) pero de una u otra forma lo voy a terminar. Ademas solia ser el fic que mas amaba, y en honor al amor que le tenia lo voy a seguir hasta el final jaja! xD
Raiting: M
Disclaimer: -man y sus personajes pertenecen a la impredecible y a veces desquiciada Hoshino katsura.
Advertencias: vocabulario obsceno y Lemon, (o un intento de lemon)
Enjoy!
~†» Confundido «†~
Su madre y único familiar había sido asesinada por un akuma nivel dos, y desde ese preciso instante su vida había perdido todo sentido, se encontraba sumergido en la penosa miseria de su tragedia, en un pantano con lodo espeso y oscuro como la noche misma, donde los recuerdos de sus épocas de júbilo se sumergían junto a él, sin siquiera luchar por salir a flote. Los colores ya no eran vívidos, los alimentos ya no tenían sabor, el día estaba siempre lluvioso dentro de él, las cortinas se habían cerrado lentamente hasta dejar su corazón inmerso en aquel lago lúgubre que era ahora su alma. Realmente no quería continuar ¿Por qué hacerlo? Ya no había nada para él en este mundo vano.
Empacó las cosas y se dirigió hacia la estación de trenes, buscó los pasajes que tenía en algún lugar de su gran saco color champagne y tomó lo que buscaba, algo calló a sus pies, instantáneamente se agacho y lo tomó, era una foto, una foto suya y de su madre fallecida.
Observo esa foto con nostalgia, ella estaba realmente radiante, tenía una sonrisa única, un cabello enrulado color dorado y unos majestuosos ojos color café.
Su corazón se detuvo ante una punzada seguida de una oda de dolor y de pronto una lagrima empapó la foto que observaba con tanto afán. "¿En qué momento empecé a llorar?" Guardó la foto y en el preciso momento en el que se disponía a sacar algo para limpiar sus lagrimas, una mano ajena le tendió un pañuelo… un joven de unos 14 años aproximadamente le miraba con una sonrisa empalagosa.
Ya habían trascurrido muchos años y sin embargo todavía no sabía bien porque había sido convencido de ir hacia ese lugar denominado "orden oscura" tan solo sabía que haría cualquier cosa con tal de permanecer junto a la persona que mas amaba, ese hombre que le devolvió la vida.
En aquel entonces Charlaron durante todo el viaje, y se convirtieron en amigos, el chico vivía muy cerca de donde su madre había crecido y su hermana lo esperaba en la estación. Había salido a comprar remedios para ella, su único familiar quien no tardó en morir en manos de un akuma (probablemente esa fuera la razón por la cual decidió que quería que se unieran a la orden oscura). Ahora solo se tenían mutuamente.
Creyó que jamás seria comprendido, porque lo suyo era imposible, estaba mal, muy mal, no podía amar a un hombre, trataba de negárselo a sí mismo, "no puedes" "no debes" "está mal" "estás enfermo" se lo repetía una y otra vez a si mismo tratando de infligirse alguna clase de auto castigo psicológico, realmente se torturaba así mismo y se sentía como atado por una piedra, pero no podía, no quería perder su amistad con él. Quería estar a su lado, a pesar de todo.
Pero cada vez que le sonreía, cada vez que le acariciaba suavemente el cabello, sentía que no iba a poder contra ese sentimiento, que iba a morir antes de poder olvidarlo. Había llegado a un punto en el que ya ni siquiera lo escuchaba cuando él le hablaba, solo repetía en su cabeza las mis mas palabras una y otra vez.
Recordó aquella vez en el lago, lo había invitado a nadar como solían hacer en el verano, su amor se quitó la ropa y se lanzó al lago con un entusiasmo increíble, el solo se sentó sobre la hierba y miró hacia el lienzo que formaban las nubes en contraste del azul cielo, se concentró mucho en aquellos blancos copos que salpicaban ese edén, no planeaba meterse al lago, menos con el ahí adentro.
Repentinamente sintió una caricia suave en la mejilla, no supo bien en qué momento su amigo había salido del agua y se había puesto a su lado. Sus labios estaban muy cerca, su corazón le latía muy fuerte y otra vez aquella repetición mental: "no puedes" "no debes" "está mal" "estás enfermo" cerró los ojos con fuerza y una lagrima rodó por su mejilla. Su compañero se acerco hacia él y lo abrazó muy fuerte, trató de quitárselo de encima pero no pudo y termino cediendo al abrazo.
—No, déjame, no quiero tu lastima, no la quiero—
— ¿De qué demonios estás hablando Andrey?—
—No merezco que me abraces, no merezco que seas mi amigo, yo… tengo estos sentimientos— dijo apartándose un poco y poniendo su mano sobre su pecho sin dejar de sollozar aun.
—Tienes que alejarte de mí, estoy enfermo, tu… tu no debes estar con alguien que te ve como yo— las lagrimas rodaban una tras otra y la voz se le entrecortaba.
— No te entiendo, ¿de qué hablas?— su amigo parecía realmente desconcertado
—Yo te amo, ¿entiendes? Yo, un hombre te amo—
La risa de su amigo sonó en contraste de los sonidos de la naturaleza retumbando en todo el lugar logrando sonar un tanto aguda.
— ¿De qué te ríes imbécil?— ¿te estás burlando de mí? Voy a mata- —no pudo continuar con sus reproches por que Lioshai lo había silenciado apresando sus labios contra los suyos. Se separo a penas para pronunciar algunas palabras.
—Esto no está mal, entiendes, esto es amor, el amor no puede nunca estar mal. Quizás el amor nunca triunfe, pero debes saber que sus adversarios siempre terminan por morir.
El siempre tenía las palabras adecuadas, él siempre lo podía tranquilizar con un solo gesto, él, era sin dudas, el amor de su vida, y ya no estaba arrepentido en los mas mínimo de que fue un hombre al que amaba.
Ahora estaba caminado por los pasillos de la orden escoltado del supervisor Komui, estaba tomado fuertemente de su mano, era una forma de decirle que estaba ahí con él, que pasarían a través de esto juntos, que lo amaba y no iba a dejarlo solo, ambos sabían a donde iban, y sabían bien cuál sería el resultado, pero no le importaba, estaba junto al amor de su vida, y por eso mismo nada le importaba.
¿Como lo habían averiguado?, ¿qué le dirían a los demás?, y ¿cómo silenciarían el exorcista que los vio yéndose?, no lo sabía, no tenia las respuestas, pero a donde iban no necesitarían mas de las respuestas.
Komui solo se frenó de golpe y apretó los puños, lucia furioso.
—pueden negarlo, lo saben, pueden decir que es todo una calumnia que alguien invento y todo estaría bien, ¿porque no pueden simplemente decir que es mentira?—
—No vamos a negar nada, jamás negare lo que siento por él como si fuera algo que está mal, el que está mal es aquel que cree eso de nosotros—
Se frenaron, habían llegado a la sala en la cual se encontraba Leverrier, quien seguramente ya se había comunicado con el vaticano y seguramente ya le habían dado la sentencia.
— el amor nunca triunfa, pero sus adversarios siempre terminan por morir ¿Verdad?
—Así es— dijo esbozando una noble sonrisa.
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Iba a paso ligero por los pasillos, quería encontrar a Lavi y contarle lo que había descubierto sobre lo que planeaba la orden, tenía que decírselo a alguien, ya no toleraba el peso que saber eso infligía en ella, ni siquiera podía dormir bien en las noches, siempre se despertaba a media noche sobresaltada por alguna pesadilla.
—Lena, ¿qué haces caminando sola por aquí? ¿Me estabas buscando para confesarme tu amor verdad?— dijo el pelirrojo largando una pequeña risilla al final de la oración, pero al ver que la china solo lo observaba con los ojos vidriosos borró la sonrisa de su cara instantáneamente.
—Era una broma, no tienes que ponerte así—
—No es eso Lavi, hay algo de lo cual quiero hablarte…—
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Estaba dormido en la que ahora era su habitación, se encontraba soñando cosas muy lindas cuando de la nada escuchó ruidos que provenían de afuera, luego de un par de gritos que provenían de una de las riñas entre la Lavi y Kanda se acomodó de nuevo para seguir durmiendo plácidamente.
Kanda entró y se quitó la ropa para luego ponerse su pijama habitual. Se acostó en su cama y empezó a dar vueltas. Al parecer tenía algún tipo de problema.
—Deja de removerte en las sabanas, no me dejas dormir—dijo Allen con un tono un tanto enojado.
—Yo hago lo que quiero en mi habitación, estúpido—
El mayor siguió dando vueltas a un punto en el que el otro se había terminado por desvelar. Se puso boca arriba y observó el techo del lugar como si fuera la cosa más entretenida del mundo.
— ¿Estas despierto Moyashi?—
—Por tu culpa—
— ¿quieres pasarte a mi cama?—
¿Había oído bien? Kanda le estaba invitando a dormir con él, pero por algún motivo no se encontraba demasiado confiado, quizás era el hecho de que existía una remota posibilidad de que el otro quisiera tocarlo como lo había hecho hacía 3 días, no era que no le hubiera gustado, de hecho le encantó, pero había algo en el que le hacía sentirse avergonzado y le producía rechazo.
Inconscientemente ya se encontraba siendo rodeado por los brazos del de ojos café, al parecer su cuerpo había reaccionado sin su consentimiento y le había hecho caso al mayor. Se tensó un poco, esperaba que el otro tratara de propasarse (si podía llamarle así a lo que Kanda le hacía) o algo por el estilo, pero sintió el tibio aliento del mayor dándole las buenas noches. Sonrió para sus adentros e instantáneamente se quedó dormido.
La mañana llego pronto y los primeros rayos del sol lo despertaron, giró esperando encontrarse con su amante, pero no había nadie a su lado. Escuchó la puerta abrirse, era Kanda que volvía de darse un baño (si que había madrugado)
—Buenos días—dijo aún medio dormido.
Kanda no le contestó, solo se acerco hacia él, y se agachó poniéndose así a la altura de la cama, sus rostros estaban bastante cerca, los labios del mayor se encontraban a escasos milímetros de los suyos, podía sentir la fragancia del mayor recién bañado, cerró los ojos esperando el beso que nunca llegó puesto que el otro se había alejado con uno de sus usuales "Tsk".
Se pregunto qué rayos le pasaba pero Trató de ignorar el hecho del extraño comportamiento del pelinegro y se levantó, fue hacia su placar y se dispuso a tomar sus prendas diarias. Repentinamente sintió que Kanda lo abrazaba por atrás y repartía besos por toda su espalda, se sonrojó sin poder evitarlo y entrecerró los ojos.
— ¿Q-que... que estás haciendo Kanda?—
El mayor no le contesto, solo lo tomó de la cintura dándolo vuelta para luego atrapar sus labios con voracidad, trato de corresponderle lo mejor que pudo, sintió como el otro lo dirigía hasta la cama sin separar sus labios. Lo sentó y ante su mirada interrogante se arrodillo frente a él, ¿Qué pretendía hacer? sus dudas se esclarecieron cuando Kanda le bajo el cierre del pantalón lentamente sin despegar la mirada de sus ojos.
—Kanda... Ya deja eso quieres...— dijo con un rubor en las mejillas y trato de apartarlo, pero Kanda se estiro hacia arriba para besarlo nuevamente, esta vez fue suave, la lengua de Kanda masajeo suavemente la suya e inclusive le dejo que fuera él quien llevara el beso. Había colado su mano adentro de sus pantalones y ahora sentía la mano de Kanda acariciarle por sobre la ropa interior, poco a poco perdía la cordura y sentía que se dejaba ir, otra vez esa sensación placentera le recorría el cuerpo, y algunos sonidos guturales salían de su boca mientras que Kanda trataba de acallarlos con sus besos.
El pelinegro se separo un poco y le besó muy suavemente la mejilla, se separó un tanto de el quedando nuevamente de frente a su cara, arrodillado y mirándole, le gustaba tenerlo en esa pose por que le hacía sentir que por fin podía tener un poco de control sobre la situación, pero se le hacia una posición incómoda para besarle. Y realmente esa suavidad repentina le excitaba mucho más que su normal trato brusco, cosa que le hacía desear más de aquello, incluso si algo dentro de él quería que se detuviera.
El otro seguía acariciando su entrepierna, el solo se limitaba a susurrar el nombre del mayor con timidez. Inclusive iba a decirle que cambiaran de pose, no le gustaba ser el único que disfrutaba mientras que estaba seguro de que el miembro de Kanda también necesitaba atención.
El mayor liberó el miembro de Allen de la ropa interior, el solo miró hacia el otro lado, le daba mucha vergüenza encontrarse expuesto de esa forma ante el otro.
El pelinegro sonrió un poco y continuo masturbándole, de pronto pudo sentir algo húmedo que rosaba el glande, sintió una corriente de placer que le invadía el cuerpo al ser su miembro devorado por la boca del mayor, un gemido un tanto más sonoro de lo que hubiera deseado escapo de su boca. Se sentía realmente bien, más que eso inclusive, era jodidamente placentero el sentir los labios del otro ejerciendo presión sobre el tronco de su miembro a la vez que movía su cabeza de arriba hacia abajo ayudándose de una de sus manos. La vista comenzaba a nublársele e inclusive lo había tomado del cabello incitándolo a hacerlo con más fuerza.
Pero estaba mal, era demasiado vergonzoso, recordaba que eso era un pecado, y que era despreciable, se sentía realmente apenado, era una mezcla agridulce entre vergüenza y placer.. Sus ojos se tornaron vidriosos y a medida que Kanda se movía más rápido más crecía ese sentimiento de placer y culpa. Pero no podía detenerse, su cuerpo le pedía más de aquella acción tan pecaminosa. El mayor engullía su miembro de una manera enloquecedora, había llegado a metérselo en casi toda la boca llegando hasta la garganta, lo dejo un momento esperando a acostumbrarse y hecho esto volvió a la carga.
Esa tibieza y humedad inusual sobre su pene estaba haciendo que perdiera la poca cordura que en ese momento tenía y cada vez que lo sacaba de su boca para lamerle la punta sentía que veía las estrellas. Realmente era bueno en eso, cada vez que su pene tocaba la garganta del otro sentía que se volvería loco del placer, Inconscientemente comenzó a mover sus caderas en busca de más de esa boca. El japonés lo complacía succionando con fuerza.
El ritmo iba en aumento y esos sonidos que tanto detestaba aparecían con más fluidez, sentía que iba a correrse como la última vez, pero no quería hacerlo en la boca del otro.
—k...Kanda, detente, si sigues así voy a…— observo que el mayor lo observaba con cierto brillo perverso en los ojos aumentando el ritmo con el que se movía. Sintió que su cuerpo se estremeció y vibro ante el clímax, Kanda se tragó todo el semen que se había descargado en su boca sin mutar su cara, el se dejo caer hacia adelante sobre un hombro del mayor que seguía en aquella pose, tenía la respiración agitada.
—Eres un asqueroso Moyashi, te has corrido en mi boca, pero debo admitir que sabía bien—dijo en un tono irónico con una sonrisa cínica.
Se sentía muy sucio, quizás esa no era la palabra adecuada, pero así se sentía, la ultima vez le había ocurrido algo parecido Kanda lo tomo por sorpresa y ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar, ni siquiera habían discutido sobre "eso" luego de hacerlo, el mayor actuó como si nada hubiese ocurrido. Su mente estaba pasando por una zona muy turbulenta así que decidió dejar de pensarlo, porque mientras que mas analizaba las acciones del mayor mas lugar le daba a su mente de dudar de los motivos de Kanda, "¿y si me está usando?" no, tenía que dejar de pensar en eso, tenía que salir de esa habitación lo más rápido que pudiera.
Se subió la cremallera y se levanto de la cama aun un poco agitado por el orgasmo que había tenido hacia unos segundos, hasta llego a sentir que tenía las piernas entumecidas.
— ¿Tan rápido te vas pequeño marica?— dijo Kanda con una sonrisa en el rostro.
Por alguna razón esas palabras hicieron un clic en su cabeza y un escalofrío le recorrió la espalda.
—Aquí el único marica eres tu—Allen dijo eso muy seriamente, enfadado, Kanda frunció el seño y se quedo recostado en la cama.
Salió por la puerta, estaba realmente enfadado ¿Cómo se atrevía a llamarlo así si era él quien empezó todo eso? Porque así había sido, Kanda lo había besado, pudo haberlo apartado con un golpe diciendo que a él jamás le gustaría un hombre, pero sin embargo lo había besado, y a él le había encantado, porque si, maldita sea, a pesar de estar enfurecido por los comentarios del samurái, y enfurecido consigo mismo por tener esos pensamientos tan confusos, a pesar de eso y mucho mas, el estaba enamorado de aquel idiota que quizás lo estaba utilizando. Estaba enamorado y quizás aun más.
— ¡Maldita sea!— dijo en voz alta golpeando una de las paredes de los pasillos.
— ¡Oye! ¿Qué te ha hecho la pared eh?֫— dijo Lavi que venía justo detrás de él.
— ah... Lavi, no te vi— iba a fingir una de sus normales sonrisas, pero recordó lo falso que le decía Kanda que se veía, apretó los dientes.
— ¿Vas al comedor Moyashi?— dijo el pelirrojo poniéndose a su par
—No me digas Moyashi Lavi…— el peliplateado trató de contenerse lo más que pudo.
— ¿qué te sucede? ¡Ah ya veo!, te has peleado con tu parejita ¿verdad?
—No sé de qué me hablas— dijo para luego salir a paso rápido del lugar
Su paciencia tenía un límite, quería que lo dejaran en paz, justamente en el preciso momento que su mente había colapsado se le daba a la gente por ser más molesta de lo que ya era, realmente no sabía que le estaba pasando, pero sentía una furia interna que jamás había experimentado, siempre fue un chico sumiso y gentil, pero en esos precisos momentos se sentía otro completamente diferente a lo que solía ser. Solo Kanda podía causarle tremendo desorden mental.
Llegó a la cafetería, pidió su desayuno tratando de parecer lo más normal posible ante Jerry. Buscó una mesa apartada de todos y allí se sentó, comió con un tanto de molestia, no sabía bien porque pero la comida no tenía el mismo gusto que tenia la noche anterior. Terminó con sus alimentos y se levanto, Iba a ir a entrenar para descargar su energía acumulada, pero al hacerlo chocó con un buscador accidentalmente.
—Fíjate por donde andas marica—
Esas palabras llegaron a sus oídos y le golpearon como mil agujas, estaba furioso…
— ¿¡pueden dejar de joderme de una puta vez! ¡Yo seré marica pero tú eres un imbécil que no sabe qué mierdas hacer de su miserable vida! — Gritó haciendo que todos voltearan a verlo —¿¡y ustedes que mierda me miran maldita sea!—
Se fue del lugar dando zancadas profundas, ¿qué carajo le había pasado? Había estallado, había cruzado la línea. Pero realmente eso se sentía mejor que guardarse las cosas como normalmente hacía. Odiaba admitirlo pero Kanda tenía razón.
Estaba caminando con mucha rapidez había el patio del lugar, no quería cruzarse a nadie, seguía molesto y quería tomar aire hasta que se le fuera la confusión, pero en el camino se chocó contra quien menos quería o debía hacerlo; Kanda que iba en dirección contraria.
— ¡ohh! Lo que me faltaba a mi—dijo con un tono sarcástico.
—Oye Moyashi, ¿qué te sucede? ¿No te gustó lo que te hice?—dijo Kanda sonriéndole abiertamente, pero esa no era una sonrisa de las buenas
—Ahorita mismo no quiero hablar contigo— trato de seguir su camino.
—No deberías enojarte, ambos sabemos que eres un pequeño marica— otra vez esa palabra.
Kanda se acercaba cuidadosamente al rostro de Allen, que por cierto no parecía ser el mismo, tenía la expresión deformada en una mueca particular, entre enojo y deseo.
—O me vas a decir que ahora mismo no te mueres por besarme— Kanda daba en el clavo una vez más. Por supuesto que se moría por besarlo una vez más, no podía estar cerca de aquel rostro sin desear fervientemente morderle la boca.
Y estaba muy enojado, pero esa cercanía y la forma en la que ahora Kanda le acariciaba un mechón de pelo mientras que miraba fijamente a sus labios le producían algo mucho más fuerte que todo el enojo del mundo. El pelilargo se acercó aun mas pegando sus cuerpos, sus labios estaban rosando los suyos, pero el mayor quería que fuera él quien le besara, luego de unos segundos de alejarse y acercarse el menor sucumbió ante el deseo.
Se abrazó a la espalda del mayor con un brazo y con el otro lo tomo de la nuca devorándole la boca con un beso cargado de furia, Kanda le respondió de la misma forma. Allen le había mordido el labio inferior tan fuerte que le había hecho sangrar, pero a ninguno de los dos pareció importarle puesto que siguieron con aquel beso cargado de ira y deseo, Allen había ganado terreno en la boca de Kanda siendo él quien llevaba el mando, Kanda lo había dejado liderar el beso tan solo respondiendo a las lamidas del menor. De pronto el albino lo separó bruscamente con una mirada de odio.
— ¿Por qué me besas... por qué haces todas esas cosas?—
— ¿no es obvio? Porque me gustas— dijo Kanda como si tratara de lo más obvio.
Se le llenaron los ojos de lagrimas sin entender por qué, había estado bien que le dijera eso cuando apenas salían, pero ahora le dolía, ¿acaso esa respuesta significaba que le gustaba su cuerpo? ¿Que solo lo quería para hacerle esas cosas pervertidas? El no entendía muy bien de esos asuntos y quizás no fuera eso, quizás estaba bien el tan solo gustarle, pero le dolía que el mayor no sintiera como él.
Kanda trato de besarlo nuevamente, lo dejó hacerlo, pero no respondió demasiado, el pelinegro se abrió paso hasta su cuello lamiendo a lo largo de este, el solo se ladeo mirando con melancolía hacia el piso sucio de ese lugar. De pronto sintió que las manos de Kanda se posaban en su trasero.
¡Lo sabía!, era solo eso, cada vez que el mayor quería estar cerca suyo era para hacer esas cosas, solo por eso. Siempre que hubiera una caricia tenía que haber algo más de por medio. A él solo le alcanzaba con compartir el tiempo con él, pero al parecer para el otro no era lo mismo.
Lo alejó nuevamente.
— ¿y ahora qué demonios te pasa Moyashi?— dijo hastiado de la situación
—Mañana me mudaré de habitación—
— ¿qué? ¿Porque me saltas con eso cuando te estoy besando?—
—No habrá más besos. —
— ¿eso qué significa?—
—Es un adiós. —
— ¿A que se debe todo este drama?—
—No es ningún drama Kanda—
—De acuerdo, haz lo que quieras idiota—
— ¿de acuerdo? ¿Solo vas a decirme eso?
— ¿y qué rayos quieres que haga? si no quieres estar más con migo no hay nada que pueda yo hacer—
—me has estado usando Kanda?—
— ¿usando? ¿De qué hablas? Vamos Moyashi no seas estúpido… — Kanda lo tomo del brazo y trato de besarlo nuevamente, pero se opuso, ahora lo había besado de prepo. Kanda intentaba introducirle la lengua pero el mantenía los labios fuertemente apretados. Y de pronto escuchó unos pasos…
—Kanda! Quería hablar con-—
A penas escuchó esa voz trato de alejar a Kanda, pero este no cedía, así que le surtió un puñetazo en la cara.
—¡Déjame en paz marica! ¿¡No te das cuenta de que no quiero estar contigo!—le grito mirándolo directo a los ojos.
Lenalee solo se quedo observando a ambos chicos, con los ojos abiertos, no era nuevo que se pelearan pero había otra cosa... Allen no era el mismo de siempre.
Allen salió corriendo hacia afuera, sabía que Kanda se quedo mirándolo, pero no dijo nada, a él le había tomado mas por sorpresa su nueva actitud que a cualquiera…
Y ahí estuvo otro de los capítulos que tanto cuestan, ¿bueno? ¿malo? ¿carente de material? ustedes lo juzgaran.
Meiko!
