El sonido del mar deleitaba sus respectivos oídos en aquella preciosa tarde de verano. El resto de sus amigos también yacían en esa cálida playa, mas en sus casos estaban divirtiéndose o descansando a sus propias maneras. En cambio, Lea y Cory habían preferido aislarse por un momento.

Luego de una tranquila caminata a la orilla del mar, agarrados de la mano y dejando que el agua tibia refrescara sus pies a lo largo de todo el recorrido, se detuvieron junto a una palmera que les ofrecía a la pareja tanto la sombra como privacidad perfectas. Tomaron asiento allí, sobre la arena, sus espaldas apoyadas contra el tronco, y el brazo izquierdo de Cory rodeando los hombros de Lea. Ésta miró al muchacho a los ojos, con una cariñosa sonrisa que decía mucho más que mil palabras: el sentimiento era compartido... no podían pedir mejor escena para protagonizar que aquella misma.

- Eres hermosa... - observó el canadiense, quizás como una afirmación más que otra cosa o, en todo caso, un recordatorio, pues definitivamente no era la primera vez que se lo decía.

- Y tú una ternura viviente. - agregó ella, aprovechando la ocasión para enterrar su cabeza sobre el hombro ajeno.

- Lea... - pronunció luego de un pequeño pero nada incómodo silencio en el que se había dedicado a juguetear dulcemente con los negros cabellos de la chica.

- ¿Sí? - inquirió mirándolo a los ojos, sin despegarse ni un solo centímetro de él.

- ¿Hasta cuándo seguiremos así? - se atrevió a preguntar - Ya sabes... escondiéndonos.

Dicha interrogación tomó a la joven por sorpresa, y al amagar a formular una respuesta ningún sonido fue capaz de salir de su boca.

- Es decir... - continuó, haciendo garabatos con su mano libre sobre una de las de ella - Yo te amo, y quiero que el resto lo sepa... No es que no entienda las razones por las que lo hemos mantenido en secreto hasta ahora, pero tal vez ya es tiempo de...

El suave dedo índice de Lea acariciando de repente sus labios le impidió finalizar su idea.

- Tienes razón, Cor. - soltó - ¿Qué podemos perder, de todos modos?

Al castaño se le iluminó el rostro por completo ante aquellas palabras, dibujándose en su cara una sonrisa que mostraba todo y cada uno de sus dientes.

- ¿Quieres decir que...? - corroboró.

- Sí, estoy lista para que confirmemos lo nuestro. También te amo, y no puedo esperar a actuar como tu novia en cualquier lado de una vez por todas. - explicó devolviéndole la sonrisa.

No había ya nada más que decir. Por eso, entonces, Cory se animó a, con la singular delicadeza con la que siempre la trataba, llevar su grande mano derecha hasta la rosada mejilla de su amada y así besar sus, al menos para él, irresistibles labios. Como de costumbre, la morocha no esperó demasiado para continuar aquél beso, su lengua después buscando algo de entrada para apasionarlo un poco más.

El brazo que rodeaba a Lea por detrás se las arregló para, con un ágil movimiento, trasladarla hasta su regazo. Ella, por su parte, envolvió con ambas de sus piernas el torso de su novio sin quitar sus labios de los de él en ningún segundo.

Y así continuaron por un largo rato, dejándose llevar por el incondicional amor que se tenían mutuamente, sin importar si algún paparazzi los atrapaba en plena acción pues, a partir de ahora, eran libres como el mar de por fin comportarse juntos de la manera que más quisieran.

Cortito, lo sé... Pero fue mi primer historia Monchele así que algo es algo :) Espero que les haya gustado, supongo que sus reviews me lo harán saber.

Love,

Mari.