La líder de gimnasio de tipo veneno dio vuelta la cara. No quería que esos pensamientos volvieran a penetrar en su mente, por lo que se concentró en su lucha contra los soldados del Team Rocket.
Después: de lo que a ella le habían parecido horas, oyó la voz de Green gritar:
-El tren ha sido dividido, y el vagón en donde estamos… ¡Está acelerando cada vez más!
Todos los líderes de gimnasio voltearon sorprendidos ante la noticia. Janine abrió los ojos desmesuradamente. ¿Se iban a estrellar?
Derrotó a un par de soldados más, y miró hacia la pantalla que indicaba el trayecto del tren. A pesar de los intentos de Brock para parar el tren con sus Geodude, Janine vio que ya estaban en la recta final.
No se sentía muy optimista respecto al hecho de que seguramente todos morirían allí, pero aún así intentó acabar con tantos miembros del Team Rocket como fuera posible. Trató de no pensar en que su padre perteneció a ellos, y en algún momento fue un soldado. ¿Y si su padre estaba ahí?
"No seas tonta" se dijo a sí misma. Esos soldados estaban siendo controlados con las máscaras esas. No actuaban como su padre lo hacía para el 'anterior' equipo Rocket.
Estaba harta de pelear. Todos a su alrededor estaban cansados, tanto líderes como Pokémon. Sólo esos tipos del Team Rocket no paraban de atacar. El control mental funcionaba como un energizante para ellos. Incluso comenzó a darle la sensación de que a medida que derrotaban a más soldados, estos los atacaban con más fuerza.
"Es porque estamos cansados" se dijo "No son más fuertes que nosotros". Miró a su Ariados, agotado, pero todavía de pie. "¡Podemos con ellos!".
Antes de que pudiera hacer algo, oyó a Green gritar la frase que ella sabría que llegaría, aunque deseaba con todas sus fuerzas que no fuera así.
-¡Nos vamos a estrellar! 3 minutos… o menos… ¡Nos estrellaremos en menos de 1 minuto!
El corazón le dio un vuelco. Miró hacia abajo por alguna razón. Ariados se apretujó contra su pierna. Ambos sabían que era el fin. Janine acarició la cabeza de su Pokémon. No tenía la culpa de estar allí metido, en medio de un tren lleno de estúpidos criminales. Ninguno de los Pokémon allí presentes.
Era todo tan injusto. Últimamente todo había sido un asco. Su actuación en la competencia, el hecho de estar completamente sola, la invasión del Team Rocket, los Pokémon legendarios, el hecho de que su padre ya no se preocupara por ella…
Sintió algo estrellarse contra el vagón. Cerró sus ojos a los cuales casi se le escapaban las lágrimas, mientras se abrazaba a sí misma. No sabía exactamente como sería el impacto del tren. Creyó que sería muy doloroso pero rápido.
No se esperó que el único dolor fuera su rodilla contra el suelo.
…
Aparentemente, uno de los Pokémon de Red había detenido el tren. Eso fue lo que oyó decir a Erika.
Ella jamás había conocido a Red, el campeón, en persona. Sólo había escuchado a su padre hablar de él. Primero, para criticarlo y decir que era un chico iluso. Finalmente para admitir que era muy fuerte. Janine en ese momento no supo que tenía que pensar de él.
En ese momento tampoco lo tenía muy claro. Pero estaba segura que le estaba infinitamente agradecida por haber salvado la vida de todos. Incluyendo los idiotas del Team Rocket.
Se bajó del tren, y observó el agujero por el cual Red y Green habían desaparecido. Seguramente habían ido a detener al hombre del Pokémon legendario que parecía un ave escupe fuego.
Los únicos líderes que habían quedado fueron Erika, Brock, Sabrina, Claire, Chuck, Jasmine y ella. Habían derrotado a los miembros restantes del Team Rocket, y todos se dirigieron al estadio.
Janine había dado tan solo unos pasos, cuando Sabrina, misteriosamente, la sujetó del hombro. La joven líder la miró extrañada.
La psíquica miró a su alrededor unos instantes. Luego habló con Janine.
-Quédate aquí un rato-la mujer señaló a los demás líderes, que no se habían percatado que ellas estaban allí, y seguían caminando –Te garantizo que valdrá la pena esperar.
Janine estaba confundida, pero asintió levemente con la cabeza. Aún así no despegó la mirada de la líder de gimnasio de Ciudad Azafrán. Estaba a punto de preguntarle a Sabrina de que se trataba todo ese asunto de esperar. ¿Qué debía esperar?
Sabrina parecía estar leyéndole la mente, aunque Janine estaba segura de que no era posible. Aún así, la entrenadora de tipo Psíquico miró fijamente a Janine y esbozó una casi imperceptible sonrisa.
-Me recuerdas a tu padre-dijo Sabrina. Había retomado su camino para seguir a los demás líderes, pero al cabo de unos pasos giró a ver a Janine. Parecía estar estudiándola levemente con la mirada. La mujer suspiró y volvió a hablar.
-Me recuerdas a él-repitió-Pero no eres él. No olvides quién eres.
Después de esas palabras, Sabrina liberó a Kadabra de su Pokéball.
-Pero eso seguramente ya lo sabes-finalizó ella, y se teletransportó a donde estaban los demás líderes.
Janine se dejó caer en uno de los asientos que utilizaban los pasajeros para esperar el tren. Una lágrima se le escapó. Ese día habían pasado demasiadas cosas. Reflexionó sobre las últimas palabras de Sabrina. "Ya lo sabes".
Por supuesto que lo sabía….
-… Pero eso no cambia nada-finalizó ella en voz baja, consciente de que sólo Ariados podría oírla.
-De hecho, eso hace que todo cambie-respondió alguien.
Janine quedó paralizada. Conocía esa voz perfectamente.
Llevaba más de un año deseando volver a oírla.
