Janine no podía reaccionar. Era un maldito sueño, ¿No? Seguramente se había dormido en el tren, camino al estadio. Alguno de sus compañeros líderes de gimnasio estaría intentando despertarla.

Porque no era posible. No era posible que su padre este a unos metros de ella. Hablándole.

No quería voltear a verlo. Si volteaba, seguramente una sonrisa de bebé cruzaría su rostro, y entonces, ahí se despertaría, más frustrada y destrozada que nunca.

-Janine-dijo la voz de su padre, fuerte y clara.

La chica tragó saliva. Entonces giró la cabeza y se encontró con su padre. Él estaba igual que la última vez que lo había visto. No había cambiado en nada.

Al menos físicamente.

-Janine- repitió Koga –Hija, no me mires como si fuera una ilusión.

La joven líder de gimnasio no aguantó más quedarse callada. Tenía que decirle todo lo que pasó mientras él no estaba. Ella se sentía indignada. La había dejado sola, y ahora tenía el descaro de aparecerse, después de todo lo que ella había pasado sin su ayuda. Pero con todo el remolino de emociones que había en su interior, la única palabra comprensible que puso salir de sus labios fue "Papá".

Koga parecía levemente sorprendido. Janine siempre lo había llamado "Padre". Parecía tonto, pero era cierto que jamás le dijo "Papá". Eso sonaba más informal. Pero en ese momento a Janine no le importaba lo que su padre pensara de la formalidad. Si de eso se trataba, entonces era Koga quien debía sentirse mal por haberse despedido tan apresuradamente.

Janine sentía que iba a ponerse a llorar de un momento para otro. Pero debía mostrarse fuerte. No dejaría que todos los insultos que pensó para decirle a su padre salieran de su boca. Porque sería estúpido. Arruinaría el momento que ella pensó que jamás llegaría. El que añoró desde que su padre se fue del gimnasio. Algo en su interior le decía que lo que sucedía en ese momento, era definitivamente real.

A pesar del shock de Koga acerca del término empleado por su hija, el hombre recuperó su compostura.

"¿Acaso vendrá a… disculparse?" pensó Janine. No era imposible, aunque era poco probable que sucediera.

Al menos entendió las palabras de Sabrina acerca de quedarse a esperar. Lo que no estaba segura era de si se arrepentiría de haberle hecho caso a la líder de Ciudad Azafrán.

Ninguno de los dos decía nada. Pero alguien debía romper el silencio. Armándose de valor, Janine enfrentó a su padre, mirándolo a los ojos.

-¿Qué está pasando?-dijo ella. Bueno, esa pregunta era extraña, pero ella no sabía por dónde empezar. Y el silencio de Koga no ayudaba a iniciar una conversación.

-Tenía que hablar. Contigo-contestó Koga.

-Creo que te tardaste en darte cuenta- A pesar de que lo dijo con firmeza, la voz se le quebró un poco.

El entrenador de tipo veneno parecía sorprendido. Y Janine supo porqué. Ella jamás le había respondido así. Bueno, en realidad ella jamás le había respondido. Sólo se limitaba a hacerle caso y a decir "Sí, padre".

-Mira- dijo él –Esto no es fácil para mí. Me cuesta mucho.

-Soy tu hija. Nunca te costó hablar conmigo. –"Ni darme órdenes" pensó Janine. Seguía tratando de no llorar.

-Si de mantener una simple charla se tratara, habría venido hace tiempo.

"Genial" pensó sarcásticamente Janine. Era obvio. Su padre venía a pedirle algo. No debería tacharlo de interesado, pero era inevitable. Ella no se podría deshacer de su padre. No quería.

-¿Qué necesitas?-dijo ella lo más fríamente que pudo. Lo que era imposible, ya que cada vez que hablaba parecía más cerca de dejar caer lágrimas. Koga levantó una ceja. Janine decidió ser más directa: -¿Qué necesitas que haga? Porque seguramente has venido a pedirme que haga algo por ti.

Y al decir eso no pudo evitarlo. Janine se inclinó sobre su regazo, y tapándose la cara con las manos, comenzó a llorar. A pesar de que no hacía ruido, Koga podía oír la respiración entrecortada de su hija.

-Mierda -maldijo Koga- No llores, Janine. No necesito que hagas nada por mí.

-Entonces… ¿q-qué haces a-aquí?-tartamudeó ella, entre sollozos.

Koga suspiró, como si lo que fuera a decir le costara enormemente.

-Vine a pedirte perdón, hija.

Ante esas palabras a Janine se le cortó la respiración. Miró a su padre, sin importarle que sus ojos estuvieran hinchados y todavía hipara. La mirada de Janine era de pura interrogación.

-No debí haberte dejado. Al menos no sin explicación –Koga hablaba algo nervioso. Janine lo comprendía. Si había algo difícil para su padre, era disculparse. Y más con su hija. –Eres mi responsabilidad. Bueno, ahora no, porque eres mayor de edad. Pero te debo una explicación. Te contaré lo que he estado haciendo mientras estuve fuera.

Janine podía esperar para saber porqué rayos su padre había estado fuera tanto tiempo. ¿Algo que tenía que ver con el Team Rocket? ¿Acaso estaba buscando a su jefe, Giovanni? ¿O estaba involucrado en algún asunto retorcido? ¿Alguna otra organización criminal?

-He estado entrenando- confesó Koga.

"¿Entrenando?" pensó Janine. ¿La había dejado… por un simple entrenamiento? Por un segundo se sintió aliviada de que su padre se dedicó a algo tan simple como un entrenamiento. Pero…

-… no era necesario irte tan bruscamente-le dijo ella, tratando de volver a un estado emocional medianamente aceptable.

Koga cerró los ojos, con cansancio, como si aquello fuera un peso gigante en su espalda.

-Lo sé. Pero no pensé. Después de lo ocurrido con el Alto Mando de Kanto, no podía quedarme tranquilo. Mi desempeño no fue el mejor, y tuve que pedirle ayuda a alguien-Esto último lo dijo algo resignado, recordando su batalla con Green como compañero.

Janine siguió en silencio. Apenas había logrado deshacer ese nudo que tenía en la garganta. Todavía tenía señales de haber llorado mucho.

-Perdóname Janine –volvió a pedir Koga.

Por supuesto que ella quería perdonarlo. Se moría de ganas por hacerlo. Pero había algo que todavía no resolvió. Varias cosas, de hecho.

-¿Porqué después de todos estos años, te das cuenta que tienes una hija?-Koga se sorprendió de lo dicho por Janine. Desde que Janine nació… no, desde que se enteró de que esa pequeña criatura estaba creciendo en el útero de su esposa, él sabía que tendría una hija. Janine se percató de la confusión de su padre –Me expresé mal. Mejor dicho, ¿Por qué después de todos estos años, te preocupas por lo que tu hija piensa de ti? ¿Por qué te preocupas acerca de si te perdono o no? ¡A ti no te preocupa… lo que la gente dice de ti!

Koga suspiró. Janine se dio cuenta de que eso era muy difícil para él. Dieciocho años siendo un padre completamente estricto, al que sólo le importaba su alto cargo en el Team Rocket… ¿Y ahora viene a disculparse? Era casi como de otro mundo.

-Tienes razón. No me preocupa lo que la gente piense de mí. Pero sí me preocupa lo que mi única hija piensa. Y siempre me preocupé por ti Janine. Sólo que no lo pude expresar de la forma correcta. Y por favor, no hagas más preguntas. Creo que esto es de lo más difícil que he hecho.

-Yo te perdono, papá. –Nuevamente la cara de sorpresa por parte de el hombre a causa del término empleado por su hija -Sólo… una pregunta más.

Koga maldijo por lo bajo.

-¿Viste mi pelea contra Falkner?

Su padre levantó una ceja, y la miró con desconfianza.

-¿Quién es… ese Falkner?

-Es el líder de gimnasio con el que…

-… Peleaste. Ah, sí, ese chico. –Janine lo miró, esperando su respuesta- Sí, vi tu pelea.

Por un lado Janine se sintió orgullosa. ¡Su padre había visto lo bien que peleó! Pero luego se dio cuenta de su gran error: ¡Había abandonado la pelea!

-Lo hiciste bien. Aunque no debiste irte-Esto último lo dijo severamente –No creí que fueras capaz de irte.

-Yo podría decir lo mismo de ti.

Koga comprendió la indirecta.

-Quedamos a mano.

Janine no sabía qué hacer. Estaba increíblemente feliz por la aparente reconciliación con su papá. Pero él se había levantado de su asiento y se dirigía a la salida.

-¿Te irás nuevamente? –preguntó ella. Había algo de tristeza en su voz.

-Sí-le respondió Koga-pero no creas que estarás sola. Volveré a visitarte al gimnasio- dijo él, y luego agregó por lo bajo "Y hablaremos acerca de cómo ese Falkner te miraba". El ex líder de gimnasio le dedicó una media sonrisa a su hija y le revolvió el cabello cariñosamente –Hasta pronto, Janine.

Ella se quedó ahí parada mientras veía a su padre alejarse. Estaba feliz. Necesitaba hablar con él. Le había hecho bien. A partir de ahora, todo mejoraría, estaba segura. Las cosas cambiarían. Pero aún así…

-¡Papá!-gritó ella mientras corría hacia Koga, que estaba a unos metros. Éste giró bruscamente la cabeza, y unos segundos más tarde, Janine había rodeado a su padre con un gran abrazo, que lo hizo retroceder un par de pasos a causa de la fuerza. Koga estaba atónito, pero como pudo, correspondió al abrazo que su hija le había dado.

Definitivamente. Las cosas cambiarían. Ya habían comenzado a hacerlo.

Fin.


Y aquí termina la historia. Muchas gracias a los que comentaron. Y a todos los que leyeron, espero que les haya gustado :) Nos veremos en otra historia. ¡Y gracias a todos nuevamente!